X-X-X-X-X: Cambio de escena.

*w*w*w*w*w*: Escena que transcurre al mismo tiempo en diferente lugar.

NOTA: Aparecerán unas palabras en Cursiva las cuales son dichas por la versión adolescente de 74.239. En cuanto lean, entenderán mejor.


Transmisión restablecida.


Pisadas fuertes que sonaban contra el concreto. Sus brazos se balanceaban al ritmo de sus pies. Tenía el cabello despeinado y el ceño fruncido. Quien pasaba a su lado decidía apartarse, puesto que suponían que no estaba de buenas. Y no se equivocaban. Deseaba estar sola, sin amigos, colegas, amantes o cualquier persona con la que estaba acostumbrada a rodearse. Aquella frustración e ira le estaba ocasionando cansancio, y no tenía cómo desahogarla. Nunca había sido de las personas que gruñían o gritaban a los cuatro vientos. Apoyó sus manos en la fuente de agua más cercana con el propósito de relajarse, respiró profundo y se dispuso a beber, manteniendo su cabeza agachada. Dio un salto ligero y sus ojos se abrieron de golpe al sentir que alguien le estaba brindando un fuerte abrazo repentino.

—¿Te asusté? Porque ese era el punto. —bromeó el muchacho.

—Eres un tonto. —La asiática le dio un suave manotón en el hombro mientras le escuchaba reír. — ¿qué te trae por aquí?

—He venido a animarte, reconozco cuando la señorita Sanban está deprimida.

Ella sonrió en muestra de agradecimiento y sostuvo las manos del muchacho.

—Ay, Patton ¿por qué no hay más hombres como tú en este planeta?

—Sabes que soy único, linda. —Con su dedo índice tocó delicadamente la fina nariz de la chica, quien parpadeó levemente al sentir aquel tacto y no pudo evitar contagiarse de la risa de su acompañante. Patton acomodó su distintivo flequillo y rodeó con sus brazos los hombros de la japonesa. Ambos caminaron por el pasillo.

Él estaba consciente que, con ella distraída, las cosas podrían resultar más fáciles.

*w*w*w*w*w*

—Y luego, tomé a ese bastardo, lo estampé contra la pared y, finalmente, escupió la verdad. Todo gracias a mis asombrosas tácticas de convencimiento.

Con total seguridad y confianza, Hoagie relataba los acontecimientos ocurridos en el interrogatorio al par de muchachas que tenía agarradas en cada brazo. Ambas impresionadas con cada palabra que pronunciaba.

—Yo pienso que eres muy eficiente. —respondió una de ellas mientras jugueteaba con un mechón de cabello del castaño. Las dos rieron de manera pícara entretanto que el muchacho agarraba sus cinturas.

—Entonces, ¿lograron atrapar al traidor? —expuso la otra.

El castaño mantuvo silencio, pensó por unos segundos en una respuesta que lo haga salir con su reputación en alto.

—¡Vamos afuera! Hay mucha gente aquí y no quiero que me tengan celos por andar con dos hermosuras como ustedes.

Ambas se enternecieron ante su cumplido e hicieron caso a su petición. Con su reputación todavía intacta y tras haber logrado cambiar el tema, cuando llegaron a los exteriores, ignoró casi cualquier parloteo que aquellas chicas les comunicaban, tan sólo fingía el interés. A final de cuentas lo que hubiera dentro de sus cabezas le era irrelevante, más importaba lo que hubiera debajo de sus faldas.

Pero cuando él giró la cabeza hacia otra parte, precisamente en uno de los stands de la convención, sus ojos captaron la imagen de aquel artefacto que habría reconocido en cualquier lugar. Quedó perplejo al encontrarlo mal escondido dentro de una mochila arrimada en el suelo. Ese aparato consistía en el cabo suelto que faltaba para descubrir quien realmente era el traidor de los ninjadolescentes. Fue ahí cuando se convenció de que el portador de la mochila era quien estaba buscando. Por supuesto, ahora lo veía con lógica, una hazaña como aquella, necesitaba de una mente con suma inteligencia. Dedicó unos minutos para idear un plan para poder llevárselo sin llamar la atención; una vez formulado se deshizo de las chicas apartándolas de su agarre. Ellas le miraron alejarse con cierta intriga y bastante molestia. Pero la mente del chico estaba concentrada en alcanzar su objetivo. Se acercó al stand donde se exponía los últimos descubrimientos científicos que se habían realizado durante esta década en América. Los tres expositores se asustaron en gran manera al notar que el jugador de fútbol se aproximaba hacia ellos.

—¡Que onda, perdedores! Necesito una ayudita en algo.

Dos de los chicos se miraron con intriga.

—S-seguro, ¿qué necesitas? —dijo uno de ellos.

—No te hablaba a ti. —respondió de forma áspera.

Dirigió su mirada hacia el muchacho que se mantuvo al margen apenas vio al castaño acercarse. Recién en ese momento alzó la mirada, observándolo fijamente. Hoagie tenía el ceño fruncido, esperando a que diga o haga algo, lo que sea, no importaba qué; de todos modos, ya estaba perdido. Incluso el sabelotodo lo sabía, tenía bien claro que en, el momento que uno de los DNT se dieran cuenta, ya no habría escapatoria. Pero también sabía que el castigo sería severo y cruel. Sea lo que sea que haga, estaba muerto, todo iba a llevar al mismo resultado. Sin embargo, él siempre se había caracterizado por ser bueno guardando secretos, de los cuales nadie jamás pudo descifrar. Por algo fue número 74.239 en su niñez, debía idear algo, su propio pellejo dependía de ello.

*w*w*w*w*w*

El muchacho de descendencia rusa realizaba mímicas de sus jugadas en el partido anterior. Kuki se encontraba sentada, justo en frente de él.

—Y después de mi lanzada, ganamos el juego. Razón por la que tengo esta hermosa medalla. —descubrió el medallón de su cuello, mostrándoselo a la japonesa. Ella solo se limitaba a sonreír.

—Vaya… me apena haberme resfriado ese día.

—Deberías —presumió él—. Así que, la señorita Sanban me debe unas barras.

Ella lanzó una risa seca.

—No manches. Ni siquiera tengo ánimos para verme al espejo. ¿No se supone que ibas a animarme a mí? —reclamó ella con las manos en las caderas. Ella sonrió al escuchar la risa de Patton.

—Tienes razón, mis disculpas. —posó su mano en el pecho.

Después de eso, se sentó a lado de ella, acortando cada vez más su lejanía. Cuando ella sintió eso, su rostro mostró seriedad, incomodidad por tal acto. Después de lo que había pasado entre los dos, y que habían acordado en no pasar el límite de "solo amigos", no veía eso como algo apropiado.

Mas ella se equivocó al pensar que las intenciones del muchacho eran inapropiadas. Sintió como las manos del ruso se acercaron lentamente a su cuello, colocando esa dichosa medalla que había recibido. Kuki quedó impactada, tocó la insignia de oro con sus dedos, para después mirarlo a él sorprendida.

—La razón por la que gané eso, no fue por mí, fue por ti. Quiero que lo conserves.

Ella volvió a ver ese medallón, encontrando la excusa perfecta para no verlo a los ojos. Nunca le gustó cuando un chico rogaba por su perdón después de lo que hayan hecho, y aquella conversación parecía ser un señuelo. Patton no era un santo, y ella no estaba en el plan de disculparlo.

—Lo nuestro acabó, Patton. No puedes curar las heridas del pasado.

El la miraba fijamente a los ojos mientras escuchaba esas palabras. Lanzó un suspiro, para después posar su mano en la mejilla de la japonesa. Ella quiso rechazar ese tacto, pero había olvidado cuán suaves y cálidas eran las manos del ruso.

— ¿Tú crees eso? ¿Crees que el tiempo no nos puede dar una segunda oportunidad? —Él giró el rostro de la asiática delicadamente hacia su persona, para que lo vea a los ojos—. Kuki... permíteme demostrarte que he cambiado. ¿Ya has olvidado los buenos tiempos?

Ella no pudo evitar sonreír al escuchar esas palabras. Por supuesto que lo recordaba, y la verdad, ya era tiempo que jugaba de esa manera con un chico que ya estaba en una relación. Exactamente hacía tres días. Las cosas que habían sucedido provocaron que se olvide de lo que realizaba en su vida cotidiana. La japonesa entrelazó los dedos de su mano en el cabello negro del ruso, despeinándolo ligeramente.

—Ven.

Sin más preámbulos, ella tomó la mano de Patton y lo jaló hacia su destino, lo más rápido que podía, él solo se dejó llevar por ella.

A una esquina de ellos, alguien estaba observándolos. Él siempre había visto a Kuki Sanban con un nuevo chico cada día. La diferencia estaba que ahora sintió un pequeño cosquilleo por la espalda; era como si se preocupara de sus acciones. ¿Acaso debería importarle? Ella podía decidir lo que se le antojara hacer con su vida así como él con la suya. Es más, nunca le interesó lo que ella haga o deshaga, aquel momento no debería ser la excepción. Y sin embargo, sentía una pequeña intuición sobre algo malo. Quizá, le interese lo que le pueda pasar.

¿Por qué?

Agitó su cabeza para pensar en otra cosa. Caminó hacia el lado contrario escondiendo su cabeza en la capucha de su chamarra, para tratar de fijar su mente en cosas más importantes que ella. Le dio cierta repugnancia al recordar que hace unos segundos se preocupó por eso.

Y entonces, un fino pitido detuvo sus pasos. Era su intercomunicador. Apenas lo vio, arrugó el entrecejo, no tanto por el llamado, más bien porque, si lo llamaban a él, también a ella; todo miembro de DNT sabía que con un llamado, inmediatamente debían dirigirse a las coordenadas indicadas ¿por qué, entonces, la asiática seguía caminando tranquilamente con Patton?

Cuando el ruso sintió un ligero vibrar del intercomunicador de Kuki, con rapidez lo tomó para apagarlo y lo arrojó al basurero más cercano.

*w*w*w*w*w*

Él apoyó las manos en ese stand, aproximando su rostro hacia el del pelinaranja. Su propósito era intimidar al sabihondo, pero al ver la serenidad del muchacho, sintió furia. Furia que debía disimular ya que nadie le ganaba en una discusión.

—Entonces... dime. —Inició la conversación el castaño— ¿De qué se trata esta fachada?

—No pensé que te interesaban este tipo de temas. —respondió 74.239.

—La verdad es que no. Pero necesito puntos extra, no por aprovechamiento ya que, como sabes, soy más inteligente que tú. —El científico rodó los ojos—, pero me faltan unos cuantos en conducta, tengo que demostrar que al menos me interesa lo que ustedes, retrasados, hagan.

Los otros dos chicos se sintieron ofendidos por lo que el castaño habló.

—Bueno, este es el árbol genealógico de la ciencia. Te muestra todos los aportes industriales y tecnológicos, desde la primera calculadora, hasta un rayo cuántico de protones.

Hoagie prestaba poca atención a lo que el ñoño decía, solo caminaba lentamente inspeccionando el stand, miraba con lujo de detalle cada implemento y jugaba con los recuerditos de la mesa. Pero el pelinaranja no era ningún tonto, sabía bien a qué había venido, así que solo necesitaba hacer tiempo para pensar en lo que iba a decir.

Aunque el tiempo no estaba de su lado.

—Hey, esto refleja mi hermoso rostro. —habló el castaño mientras se veía reflejado en el papel aluminio.

—Solo es un protector. —Respondió el agente de manera cortante— ¿ya estás satisfecho con tu buena acción del día?

—Oye, oye, no me estarás botando, ¿verdad?

Esa última amenaza asustó a los otros dos compañeros de atrás que no hacían nada más que ver y temblar. El joven científico lanzó un suspiro.

—Mira, hay más personas que mostrarle nuestro proyecto. En unos minutos vienen los jueces. —reclamó.

—Ta bueno, ta bueno. De todos modos, tengo a más ñoños que molestar. —rió después de su propia broma.

Pero 74.239 no se había dado cuenta que quien realmente estaba haciendo tiempo, era Hoagie. Al disimulo, envió el aviso a sus secuaces.

Cuando Hoagie estaba por irse, "accidentalmente" tropezó con una de las sillas del stand, tirándola al suelo. Precisamente donde estaba colocada la mochila de 74.239. Mostrando un fingido asombro, miró el aparato que bien sabía iba a caer de ahí dentro.

—Viejo, eso parece un arma de anime. —bromeó por segunda vez el castaño y tomó el aparato.

El pelinaranja no podía estar más nervioso. Sus ojos zigzagueaban por todos lados tratando de pensar en una respuesta favorable. Y ,de pronto, se dio cuenta de un detalle. ¿Acaso Hoagie no conocía ese rayo? Después de todo, quien estaba encargado de crear el armamento nijadolescente, era él mismo. Quizá se haya olvidado de la existencia de esa arma, después de haber creado un montón de prototipos. Vio aquel momento como la oportunidad ideal para desviar el tema hacia otro asunto.

—En realidad, es un succionador de bacterias facial. —dijo el científico.

—Un ¿qué? —Hoagie inspeccionó el artefacto.

—Te enseñaré.

Inmediatamente, 74.239 le arrancó el arma de las manos del castaño. Encendió la misma, y comenzó a succionar los supuestos poros de la cara.

—Es un proyecto que pienso mejorar en unos meses, y al fin solucionaremos todos nuestros problemas típicos de barros y espinillas.

—Entonces, ¿mi perfecto rostro sería aún más perfecto con esa cosa? —preguntó Hoagie con emoción.

—Asombroso ¿no? —exclamó su acompañante.

El ninja no podía creer tanta maravilla que comenzó a celebrar y reír. 74.239 decidió seguirle la corriente. Ambos mostrando la risa más fingida que cada uno podía dar.

Al segundo, el semblante del castaño cambió a uno de furia.

Él tomó al pelinaranja de la nuca y estampó su cara en la mesa, con tanta fuerza que el científico respiraba con dificultad. Los dos restantes cogieron el poco valor que tenían para salir corriendo lo más lejos posible. Hoagie no prestó atención a eso, tenía a quien quería, siempre lo supo, incluso antes que el mismo agente doble lo haya pensado.

—¿Crees que soy un estúpido? —regañó con un tono más profundo. Presionó la cara del científico con más fuerza sobre la mesa— ¿Crees que por tener puesta una chaqueta de football me vas a ver la cara de pendejo? ¡¿Eh?! —Le gritó en el oído—. Yo sé muy bien que eso es un neutralizador de magnetismo que provoca ondas eléctricas, creando una explosión de la magnitud tal como la que hubo en el día del interrogatorio a número 55. Pensaste que con esa bomba toda evidencia quedaría eliminada, pero olvidaste una cosa, Yo creé esa estrategia, fue Mi idea hacer esa nueva arma, y yo siempre dejo una parte tangible de ella porque así lo ordena Padre. Olvidaste una cosa, imbécil, te olvidaste que yo estoy encima de ustedes, malditos ñoños de pacotilla. ¡A mí nadie me engaña! —Acercó más su rostro hacia el acusado—. Mucho menos tú.

Y de pronto, a los oídos del castaño llegó una risa, seca, fría, serena, escalofriante, y su rostro pegado a la madera de la mesa lo hacía ver más terrorífico.

—No puedo creer que hagas tanto por tu reputación. Te gusta verte bien delante de todos, ¿verdad?

Recién en ese momento, Hoagie sintió las miradas de media secundaria hacia ellos, prestando suma atención, mirando con cautela cada movimiento, murmurando cosas entre sí. ¿Por qué siempre le gustó hacer un teatro en frente de todos? El pelinaranja siguió con su monólogo.

—Si realmente hubieras descubierto que fui yo desde un principio, ya estaría encerrado hace tiempo. Pero tuviste que pasar primero por la vergüenza de haber atrapado a los traidores equivocados para darte cuenta de la verdad.

El científico sintió como las manos del castaño hicieron menos fuerza en él. Continuó hablando.

—Solo me aproveché de mi "invisibilidad". Porque debes admitir que, si yo soy el culpable, nadie, mucho menos tú, se la esperaba.

*w*w*w*w*w*

La morena recorría por todos los salones, los pasillos, los exteriores, y nada, no estaban por ninguna parte. Su paciencia se estaba agotando, no podía evitar golpear o empujar a cualquiera que se meta en su camino, se trataba de una frustración que no solo se iba a apaciguar solo con berrinches. Quería verlos, tenerlos frente suyo una vez más, porque ella se dio cuenta que le habían engañado, y eso no lo perdonaba, no iba a permitir que se salgan con la suya.

Creo que debieron empezar a sospechar de ese tipo de personas. Aquellos que son capaces de aparentar dos caras a la vez.

*w*w*w*w*w*

Aquellos que pueden decirte "confía en mí" mirándote fijamente a los ojos, pero en realidad no sienten el más mínimo aprecio hacia ti.

El pelinegro tomó la cintura de la asiática, sus manos comenzaron a pasear por todo su cuerpo, el la agarró de los muslos para cargarla, logrando que sus labios se acerquen a los suyos. Ella lo besaba con suma pasión, abrazando su nuca como si no estuviera dispuesta a soltarlo jamás. Sus labios mordían los del ruso, quien después se balanceó hacia la pared estampándola contra ella, la japonesa lanzó un quejido. Ambos entregándose en ese estrecho armario, donde nadie los veía, donde nadie podía encontrarlos.

Donde ella no se daría cuenta de los planes del pelinegro.

*w*w*w*w*w*

Ustedes piensan que están a punto de ganar la batalla, pero ni se asoman. Esto apenas comienza.

Wally logró diferenciar el objeto que estaba tirado en el depósito de basura, cuando lo tomó, unió cabos. Sabía que debía confiar en su intuición que le obligaba a protegerla y, aunque le pareciera raro, sintió como si ese siempre había sido su propósito. Apretó el intercomunicador con fuerza, para después dar aviso. Caminó a paso rápido viendo hacia todos lados, buscándola, pero ni siquiera sabía por donde empezar.

*w*w*w*w*w*

Estamos en todas partes, y aunque les duela admitirlo, estamos a un paso delante que ustedes.

Cuando él recibió el llamado, no pudo ponerse más molesto. Su aura emanaba el fuego más candente que podía mostrar. Su respiración era profunda, porque ya estaba harto de que haya alguien más que se lleve la última palabra, harto de que todo el mundo se entere de sus fracasos.

Harto de estar luchando una batalla de nunca acabar.

Inmediatamente, tomó su intercomunicador, de los cuales tres estaban activos. Aquella acción le causó más furia a su ser. Finalmente lanzó ese fuego contenido a lo primero que se le avecinó. Quienes estaban cerca de él tuvieron que correr lejos de ahí para protegerse. Sin esperar más caminó hacia ese dichoso stand, donde estaba el verídico, el causante de todo esto. El traidor.

*w*w*w*w*w*

Digan lo que digan, hagan lo que hagan, Chillen cuánto quieran. Al final, ya saben quién ganará la batalla.

"Admítelo. Tú causaste esto".

Leía una y otra vez esa nota, que estaba en el último lugar que tenía por buscar, el garaje, donde siempre iban a hacer tonterías. Aquella nota reposó ahí, porque ellos sabían que iría a ese lugar a buscarlos, la conocen.

Era ella quien no los conocía del todo.

*w*w*w*w*w*

—¡Kuki!

Sinceramente, no le quedó más alternativa que gritar su nombre, sea lo que sea que esté haciendo no le importaba, no quería que ese hombre le haga el más mínimo daño.

Tomó su intercomunicador al sentir que alguien lo estaba llamando.

—Nada aún. —respondió antes que el emisor hable.

*w*w*w*w*w*

—No me importa si dejas la secundaria patas arriba, ¡Encuéntrala! —gritó.

De tanta furia logró derretir lo que antes era un intercomunicador. Después de eso, el líder presionó un botón de la perilla de su reloj, que activó una cápsula subterránea, para poder entrar en ella. Esta ascendió al cielo con suma potencia rompiendo el tejado, directo a La Mansión de Padre con mucha furia.

El nuevo hogar del traidor.

Yo sé cuánto te duele que golpeen tu ego, pero esto lo crearon ustedes, es por su culpa que todo esto haya pasado, así que...

*w*w*w*w*w*

—¿Aún crees que es un triunfo haberme atrapado?

Él siempre se caracterizó por ser de esas personas que se le ocurrían una mejor respuesta para todo, y en aquel instante, por primera vez, no tenía palabras, era como si su cerebro había olvidado cómo hablar, se mantuvo estático, sintiendo las declaraciones del pelinaranja como las punzadas de una espada. Respiraba profundamente, su coraje era cada vez más notorio, nadie osaba a contradecirle en frente de todos, porque eso vendría a ser lo último que quisiera, que todos se enteren de sus debilidades, de sus falencias y, sin embargo, ese sabelotodo apareció desafiándolo.

Y ganando el reto.

El castaño debía disimular. Chasqueó los dedos e inmediatamente unos mastodontes con el uniforme del equipo aparecieron a ambos lados de él. Hoagie lanzó al científico hacia ellos.

—Llévenlo a La Mansión de Padre, ¡Pero ya! —gritó autoritariamente.

Los jóvenes se llevaron al pelinaranja, quien rogaba por piedad y forcejeaba sin buen resultado.

—No, no, no, esperen. Soy inocente, ¡Exijo mis derechos! —Sus reclamos fueron bajando de volumen a medida que se alejaba.

Después de unos segundos de silencio, el castaño golpeó con ambas palmas de sus manos esa mesa de madera, con la mirada baja, gruñendo entre dientes, ya que nunca se había sentido tan frustrado. Sus contrincantes siempre resultaban ser inferiores a él, pero este... ciertamente, logró encerrarlo, pero no se sentía victorioso, y odiaba perder de ese modo.

Pero de nuevo, había olvidado que no estaba solo. Tras segundos transcurridos, unos aplausos se hicieron notar, que poco a poco fueron aumentando su potencia.

—¡Bravo Hoagie!

—¡Sabía que tú podías hacerlo!

—¡Eres el mejor!

Toda esa gente que lo observó solo veían a un DNT atrapando al culpable, y no podían hacer más que felicitarlo. Hoagie reclinó su cabeza levemente en muestra de agradecimiento, con una sonrisa que a todas las chicas les encantaba.

—Solo hacía mi trabajo. —dijo de forma prepotente.

El muchacho siguió fanfarroneando por un rato más, con la frente en alto.

Y el orgullo pisoteado.

X-X-X-X-X

Un pequeño pitido sonó del bolsillo de la bermuda del ruso, que él no sintió debido a que estaba ocupado besando a Kuki, pero la japonesa sí.

—¿Qué es eso? —habló con dificultad.

—No le hagas caso. —dijo en respuesta.

El apretó más la cintura de la asiática para desconcentrarla mientras él disimuladamente buscaba donde estaba ese intercomunicador. Sin embargo, Kuki comenzó a preocuparse. Ella separó más sus labios de Patton.

—Hablo en serio, déjame ver qué es ese sonido.

—No arruines el momento.

Él volvió a besarla una vez más. Pero la japonesa ya no estaba a gusto. Ella lo empujó con fuerza.

—Patton, ese sonido es una llamada a todos los ninjadolescentes, así que es importante.

—Y desde cuándo te preocupan tanto. Quizá por eso es que estas tan estresada. —le dijo con calma.

En cuanto él intentó una vez más el querer besarla, solo se topó con el rostro enfurecido de la muchacha.

—Quítate de encima.

Pero el pelinegro tomó los dos brazos de la asiática con fuerza.

—¿Vas a echar a perder todo por una simple llamada?

—Lo nuestro se echó a perder hace mucho tiempo. Y te recuerdo que fue tu culpa.

Kuki quiso apartar sus brazos del agarre, pero Patton opuso más fuerza en ella.

—Hablo en serio, ya suéltame.

—No hasta que sepas quien ordena cuándo detenerse.

Entre la ultrajada, el ruso no se percató que alguien abrió la puerta de golpe, y al segundo, lo tomó de la hebilla del cuello de la camiseta. Cuando lo volteó, un puño se aproximó a su cara, golpeándolo con suma potencia. Al instante, volvió a tomarlo de los hombros.

—Y cuando se te ocurra volver a faltar el respeto a tus autoridades, ¡tenlo por seguro que recibirás mucho más que eso! —Exclamó su contrincante tan fuerte que su voz retumbó por los pasillos.

El ruso rió sarcásticamente. Masajeó levemente su mandíbula.

—Beatles, metiendo las narices donde no lo llaman.

Cuando terminó de hablar, se incorporó rápidamente para propinarle un buen golpe al australiano, pero la japonesa contraatacó dándole un rodillazo en el estómago. Esta vez, el deportista mostró dolor en su rostro por el golpe, se encorvó nuevamente con las manos en el estómago.

— ¡Largo de aquí! ¡No quiero volverte a ver! ¿Oíste? —gritó la asiática, quien seguía empujándole con el fin de que se vaya de ahí.

Él trataba de detenerla sin buen resultado, mientras que Wally solo se limitó a ver, mostrando cierta sorpresa, era la primera vez que veía a Kuki perdiendo los estribos.

Porque era la primera vez que un hombre quería domarla de ese modo.

— ¡Y toma tu maldito medallón! —Ella lanzó esa medalla a la cara de Patton, quien ya estaba a unos metros de distancia.

— ¡Solo te molesta que haya encontrado a alguien más buena que tú! No te creas tan especial. —hablaba a medida que se alejaba.

— ¡Imbécil! —insultó la pelinegra con más potencia en su voz, hasta perder de vista al futbolista.

De pronto, sintió como alguien la jaló con fuerza hacia el lado contrario de donde se había ido Patton. Wally tomó el brazo de Kuki y la encaminó a su paso rápido, incluso si ella puso cierta fuerza debido a la incertidumbre.

Cuando se dio cuenta que estaban a solas, detuvo su caminar. Fue ahí cuando ella separó su brazo de él con fuerza.

—Me lastimas. —le reclamó.

Wally mantuvo silencio por unos segundos. Se quedó pensando en qué hubiera pasado si no la hubiera encontrado, cuánto daño le hubiera hecho Patton a ella, algo que no se lo hubiera perdonado jamás. La miró fijamente, su semblante disimulaba hasta cierto grado, pero sentía vergüenza de que alguien la haya visto de ese modo. Ella, al notar la mirada del güero, giró sus ojos hacia otra parte.

— ¿Cómo me encontraste? —preguntó aún sin mirarlo.

—Fingí un llamado de emergencia a su intercomunicador para saber su localización. Era obvio que ibas a estar con él por un buen rato. —Acercó su rostro hacia el oído de la asiática, susurrando—. Debiste prever lo que te pasaría.

— ¿Y ahora te importa con qué chico salgo?

—Desde que perdimos comunicación contigo, sí, me importa.

— ¿A qué te refieres?

—A que me tienes caminando por toda la secundaria tratando de averiguar en dónde te estabas arrinconando. ¿Acaso ya no estás pendiente de tu intercomunicador?

— ¡Claro que lo estoy!

Ella posó su mano en el bolsillo de su falda para buscar el dichoso teléfono, y nada. Su mirada mostró sorpresa, para después inspeccionar sus otros bolsillos.

— ¿Buscas esto?

La japonesa abrió ligeramente la boca al notar que Wally poseía su intercomunicador.

—Lo encontré en un basurero.

—No es posible. —Kuki arrancó el intercomunicador de las manos del güero.

—Encontraron un sospechoso y probablemente él sea el culpable así que debemos ir al interrogatorio ahora, Nigel nos espera ahí. —Le dijo.

Aguardó unos segundos sin recibir respuesta, pudo notar el rostro cabizbajo de la muchacha, lo que hizo que él lance un suspiro. Ella miró el artefacto por unos segundos, como excusa para no dirigirse a Wally. Porque sinceramente, él debería ser la ultima persona en verla en esas situaciones. Aunque cuando ella lo vio, se dio cuenta que la mirada del rubio denotaba cierta preocupación, disfrazada con el mandato de sus autoridades. En ese momento notó que él realmente sintió pesar, lástima y pena.

Nadie merecía verla con pena.

—Mira Kuki, si quieres tomarte un tiempo para...

—Escúchame bien, güerito, quiero que te quede clara una cosa. Yo puedo defenderme sola, no necesito a un lambiscón mendigando por mi seguridad, si te gusto solo dímelo pero no mantengas esa cara de perrito bajo la lluvia solo porque me viste en aprietos, preferiría que te alejes porque no soporto esas miradas. Puedo ir sola hasta el interrogatorio, gracias por avisarme.

Y sin más que decir, empujó levemente el cuerpo de Wally para alejarse de él. Pero la asiática olvidó que con quien estaba hablando era Wallabee Beatles. Por mucha pena que le haya sentido, esa actitud no iba a tolerar.

El güero tomó el brazo de la pelinegra, y la jaló con fuerza hacia su persona, provocando que ella se queje por la zamarreada. Apenas ella iba a reclamarle, se detuvo en seco al ver otra mirada en el australiano, la que siempre había visto, la que ella provocó que surgiera.

—No, tú escúchame. Ni pienses que conmigo te vas a creer especial, porque la única razón por la que te fui a buscar fue por ordenes directas, de ahí me importa una verga lo que hagas con tu vida. Que ni se te pase por tu ignorante cabeza hueca que yo me intereso por ti, porque el hecho de que abras las piernas frente a todos los hombres no te hace única, te hace una puta cualquiera... y esas no son mi tipo.

Kuki mantuvo un silencio fúnebre. Nadie jamás, le había dicho ese tipo de cosas en la cara. Ni una persona se atrevía, incluso si lo pensaban. Pero Wally lo hizo, y a decir verdad, llegaron al fondo de su duro corazón, que sintió un extraño dolor al notar que esas expresiones vinieron de él; no quisiera que la tenga en ese concepto. En ese momento reaccionó. ¿Acaso le preocupa su opinión? ¿La de Wally? ¿Desde cuándo? De todos modos, el lado débil de Sanban también era un mar de misterio, no se lo había mostrado a nadie, y no pensaba hacerlo con él.

La japonesa rió ligeramente, tapando su boca con los dedos de su mano, para después verlo directamente a nos ojos.

—Cariño, esa actitud de fingir autoridad no funciona conmigo. —respondió finalmente.

Luego, se acercó a paso lento hacia el rostro del rubio, acercando sus labios hacia su oído.

— ¿O qué? ¿Celoso porque lo he hecho con todos, menos contigo?

De la misma forma que se acercó, se alejó, con una sonrisa picarona en su rostro. Ella le dio la espalda para dirigirse al lugar de los hechos, dejando a un Wally desconcertado. Bien la conocía, pero ya era tiempo que tenía un confrontamiento con ella, y había olvidado cuan selectiva con las palabras podía ser, sabiendo elegir las indicadas para atrapar a su presa, y dejarla tal y como ella quiere.

—Sí... lo estoy. —respondió para sus adentros, mientras veía como la asiática se alejaba de su vista.

X-X-X-X-X

Una pequeña cabaña subterránea, deshabitada, maloliente y a punto de desmoronarse, estaba por ser incautada. Un gran cañón impactó esa débil pared, dejando la estructura más frágil de lo que ya era. La nave aterrizó en medio del lugar. Cuando la puerta se abrió, los ninjas y el espectro joven salieron con todas las ganas de atacar. Cada uno con su Rayo de Decomisión se puso en posición de batalla, atentos a cualquier contraataque.

Pero nada. Ahí no había nada.

Todos mostraron el mismo rostro de fastidio, menos uno. Wally empujó a todos y comenzó a disparar al aire, sin haberse dado cuenta del pequeño detalle.

—Wow, ¡alto, güerito! —exclamó la japonesa.

Recién en ese momento, Wally dedicó tiempo a ver los alrededores, para darse cuenta que las únicas almas vivientes ahí dentro, eran ellos mismos.

—Ma, pos ora.

De inmediato, un estruendo retumbó por el lugar. Era el líder, quien volvió a mostrar la furia que tanto le caracterizaba.

— ¡Se supone que éste era el lugar! ¿O qué? ¡¿Te equivocaste de dirección?! —Le reclamó al castaño. El mencionado chasqueó con la lengua.

—Claro, siempre es culpa del piloto. —regañó.

—No podemos estar mal, el ñoño confesó. —Concluyó Abby—. No pudo habernos mentido, estaba acorralado.

—Maldito... —Susurró el inglés al recordar a ese traidor— ¡Buscaremos por los alrededores! Sanban, llama al escuadrón beta y diles que traigan la excavadora, no nos iremos de aquí hasta obtener el chip.

—En realidad...

Todos se sobresaltaron al escuchar una voz que no pertenecía a ninguno de ellos. Al segundo ya estaban en posición de ataque con armas en mano.

—... se quedarán aquí más de lo que imaginan.

El silencio aguardó en esos segundos, los cuales dedicaron para inspeccionar el origen de esa voz tan peculiar. La sorpresa no era saber quién era, sino descubrir dónde diablos estaba escondido. Todos sabían que, apenas él se entere lo que hicieron con el Sector X uno de los escuadrones más fuertes que tenía la organización, que atraparon al mismo líder supremo, que descubrieron a algunos agentes infiltrados... simplemente, aquel agente no dudaría en mostrar su presencia. Sabían que estaría ahí, solo debían esperar cuándo.

El momento de su aparición había llegado.

Una larga y fina tela azul marina golpeteaba con la brisa del viento cual bandera, identificando más su ubicación. Justo en frente de DNT, tapaba su rostro con su brazo para mantener el suspenso. Los seis elementos estaban quietos, esperando quién sería el primero en atacar. Los villanos tenían bien claro que, pese a ser menor que ellos, había dado una fuerte batalla. Nunca fue de temer, pero no entendían cómo no podían atraparlo.

Nigel le dedicó una fría sonrisa, la cual el agente respondió. El rostro tapado por la postura de su brazo también mostraba la misma serenidad que los malvados.

— ¿No les advertimos? Quizá piensen que van ganando... pero esto apenas comienza. —dijo el jovencito.

"Tan predecible como siempre", probablemente era el pensamiento de los adolescentes. Sus entradas extravagantes, sus frases innecesarias, sin olvidar esa molestosa capa que lo hacía ver, para ellos, ridículo. La verdad era que ese muchacho se estaba quedando sin nuevas ideas de ataque. La risa baja de Nigel fue el único sonido que retumbó por el lugar.

—Vaya, vaya, vaya. Miren a quién tenemos aquí. El "poderoso", el "invencible", Número T.

Tras las palabras del espectro, el mencionado expuso su rostro, dejando su capa volando tras su espalda. Los cuatro años acontecidos habían provocado grandes cambios en él también; aún mantenía puestos esos googles con lunas amarillas, y su distintiva capa que llegaba hasta el suelo, mas su físico, de hecho, era más formado, su rostro más maduro, su voz más gruesa y varonil. Pero lo que realmente cambió, era su punto de vista hacia esos personajes que tenía frente suyo, quienes lo obligaron a regresar a la organización, con el deber de luchar de que permanezca con vida.

—Espero hayas lavado los platos antes de venir acá. —bromeó de forma sarcástica su hermano mayor. Quien hace unos años fue su ejemplo a seguir, ahora se transformó en su archienemigo.

El menor rió burlonamente.

—Creo que en este momento, ese será el menor de tus problemas.

Al instante que dijo eso, detrás de él apareció una vitrina que contenía lo que tanto estuvieron buscando los adolescentes. El dichoso chip que estaba protegido simplemente por una fina capa de vidrio a sus alrededores.

—No se preocupen, DNT, no se equivocaron. El agente doble les dio las coordenadas correctas. Están en el lugar indicado, es más, están justo donde yo los quería. Pónganse cómodos y siéntanse como en casa. El Sector W estará encantado de brindarles... una cordial bienvenida.

Y al son de una señal, como si vinieran del cielo, cuatro chicos descendieron del techo con armas de pirañas en las manos. Los ninjas esquivaron el ataque, deslizándose al lado contrario, estando frente a frente a ellos. Los agentes cayeron justo a los lados de su líder, quien no podía estar más ansioso por derrotar a este sombrío grupo de villanos.

Los agentes corrieron hacia los ninjadolescentes, quienes procedieron a hacer lo mismo; movidos con el mismo propósito: derrotar de una vez por todas al sector que más victorias había tenido en la época actual, esos cinco agentes que siempre fueron el pequeño rayo de esperanza para la organización, los cinco muchachos que tienen la sed de venganza suficiente como para hacer sus enfrentamientos una experiencia más divertida y excitante. El "legendario" Sector W: los únicos agentes suicidas que podían ser capaces de entrar en la boca del lobo con el anhelo de poder salir triunfantes en esa ocasión.

El problema era que, para DNT, acabaron de ponerse la soga al cuello.

Los fieles agentes, números 83 y 84, evolucionaron de ser agentes novatos, a estelares. Eran la pareja más respetada por la organización, demostrando un sinnúmero de veces lo fuertes que podían ser y lo leales que se mantuvieron a los Chicos del Barrio. Sonya se abalanzó a la líder de los ninjadolescentes, quien fácilmente se la quitó encima, provocando un enfrentamiento entre las dos. Lo que Abby no veía venir, era un alambre que se desenroscaba como yoyó hacia su dirección. Lee lanzó su defensa para proteger a su (oficial) novia, pero unas estrellas ninjas impactaron con el alambre, partiéndolo en dos. El mayor de los Gilligan atacó a 84 con más de estas mini bombas, pero el agente las lanzaba lejos con sus diversos yoyós que sacaba de sus manos.

Por otro lado, Wally y Kuki eran acorralados por los dos agentes restantes, los más jóvenes, menores que sus tres compañeros, pero con el mismo ímpetu que los inspiraba a destruir a esos adolescentes... pese a ser su propia sangre.

—Qué adorable reunión familiar, ¿no les parece? —mencionó una de los menores.

Y sin esperar más, los cuatro se acercaron directo a atacarse entre sí. Su propia familia, sus propios hermanos, eran protagonistas de la infinidad de ataques que habían recibido los Chicos del Barrio. Y no les quedaba otra alternativa que atacar.

Aunque para la pequeña Sanban, no era algo tan difícil que digamos. Con una mente tan maquiavélica a tan corta edad, y siendo un par de años menor que su propio líder, Tommy, él mismo solía atemorizarse de sus planes psicópatas. Mushi Sanban, quien ahora era número 73, nunca tuvo opción a elegir, no hubo tiempo para decidir hacia qué bando ir. Lo único que se había propuesto a hacer era enfocarse en una cosa: detener a su hermana.

Las dos japonesas eran tan parecidas en sus técnicas de ataque que, por ahora, no se podía descifrar quién dominaba la ocasión. Lo frustrante para Kuki era que, siendo su hermana menor, pocas veces lograba vencerla, y parecía que ahora tampoco sería un triunfo de su parte.

Por otro lado, Wally se encontraba en una situación parecida. El agente saltó con una pierna estirada para patear su rostro, pero él lo agarró con una mano, y lo lanzó lejos de su alcance. El pequeño cayó de pie al suelo, usando este empujón como impulso y, ahora sí, propinarle un golpe.

— ¿Qué pasa, güero? ¿Ya me tienes miedo?

Joey Beatles, número 74, era el más joven del grupo, pero con una osadía y fuerza de admirar, convirtiéndolo en alguien temible incluso para agentes mayores que él. Joey era audaz, fuerte, física y moralmente, y le encantaba correr riesgos; podría hacer lo que esté a su mayor alcance con el fin de conseguir esa paz que todos los agentes mencionaban. Para él, los Chicos del Barrio se trataba de guerras y supervivencia, ya que nunca llegó a conocer la organización como era antes, por eso sus fuerzas siempre habían estado más activas que incluso sus propios compañeros. Nunca dedicó tiempo a pensar en qué momento su hermano y sus amigos se habían convertido los malos de la película, pero estaba consciente que derrotarlos era la única manera de que todo volviera a la normalidad, para él lo valía.

Mientras tanto, Nigel emanó su fuego para eliminar al único obstáculo entre el chip y sus manos: Tommy. Pero el muchacho saltó lo más alto que podía y posicionó sus pies en la vitrina. Al coger impulso, lanzó su cuerpo hacia el adolescente, quien estuvo a punto de caer por el impacto. Sus manos se llenaron de fuego, y comenzó a lanzar puñetazos hacia su oponente, quien se esforzaba por esquivarlos. De pronto, el puño de Nigel se clavó en una pared, estancando su extremidad entre la madera. El inglés gruñó al escuchar la risa de su oponente, quien aprovechó para tomar el chip y reprochárselo en la cara.

— ¡Deja de jugar a ser niño! —reclamó el malvado adolescente.

Este provocó una explosión para liberar su mano. Tommy y Nigel siguieron peleando.

—Y tú, deja de meterte en juegos infantiles. —refutó el castaño.

—No creo que tienes la autoridad para decir eso. Dejaste de ser niño ¡Hace mucho tiempo!

Nigel levantó su mano llameante y finalmente logró propinar ese golpe que tanto le hacía falta lanzar. Tommy tambaleó un poco, agitaba su cabeza para tratar de volver en sí. Instintivamente apretó con sus dedos el chip, para percatarse que aún lo tenía bajo su poder. Alzó la mirada para ver los ojos de su opresor, quien seguía siendo más alto que él.

— ¿Sabes? Cada día me convenzo más de que serías un excelente ninjadolescente. Tienes una técnica de batalla peculiar. Lo único que hacen los Chicos del Barrio contigo es desperdiciar tu talento.

—Nunca formaría parte de la abominación que formaron ustedes.

Nigel se encoge de hombros.

—Luego no digas que no te advertí.

Al comenzar a levitar, se lanzó con rapidez prendido en llamas hacia el muchacho para lograr derrotarlo. Y al segundo, todo su fuego desapareció cuando una fría sensación se apoderó de sí. Tommy tenía en sus manos una pistola que lanzaba helado de fresa. Lanzó la mayor cantidad de helado, logrando apagar las llamas del espectro. El inglés se ahogaba por toda la crema saborizada que caía en su rostro. Número T recuperó su sonrisa.

— ¿Padre no te dijo que sus poderes no pueden con el helado? —siguió riéndose.

El inglés estaba concentrado en esquivar el helado, que no vio venir la patada en el rostro que le propinó el joven líder tirándolo al suelo.

—Tenías razón. Tengo buenas técnicas.

Pero en ese momento, sintió un fuerte golpe en su nuca que logró doblegarlo de rodillas.

—Eso no significa que seas el mejor.

Tommy no necesitó voltear para reconocerle la voz. Lanzó un suspiro de furia, porque siempre, por alguna extraña razón, podía vencer a cualquiera que tenga frente suyo, al mismo Nigel Uno, incluso se arriesgaría con Padre. Pero tenía un Talón de Aquiles, y era su propio hermano.

—De nada. —Se dirigió Hoagie a su líder, quien lo miró con odio por su típica presunción.

Después de eso, el menor de los Gilligan sintió una boquilla presionando la sien de su cabeza. Tampoco necesitaba voltear para saber qué era, y no podía negar que su cuerpo se heló, sintiendo una extraña corriente por la espalda. Sin embargo, se prometió a sí mismo que lo último que perdería era la dignidad. Esbozó una risa seca.

—Siempre quisiste estar en esta situación, ¿no es así?

El mayor imitó la risa de su hermano.

—No tienes idea cuánto. Debiste parar cuando aún estabas a tiempo, pero no… tú solo te metiste en asuntos que nunca fueron de tu incumbencia.

A los oídos de número T llegó el sonido de un arma cargada. Su respiración era serena, escondiendo el temor que llevaba dentro, era la primera vez que estaba al filo de perder la memoria.

— ¡No! —Exclamó número 84, sintiéndose impotente al tener sus propias piolas de yoyó amarrando su cuerpo. — ¡83!

Recién en ese momento, Sonya se percató de la apremiante situación en la que se encontraba su líder.

— ¡Número T! —Corrió a su ayuda.

—Oh, no lo harás.

Abby agarró a la muchacha de la cintura, y la elevó para lanzarla al suelo, colocando su pie en la espalda de la rubia. Ella crujía entre dientes uniéndose a la frustración de probablemente solo ver la escena.

Tommy sintió más pavor al ver otra arma cargándose frente suyo. Nigel estaba de pie con el Rayo de Decomisión en la cara del joven.

—Si un disparo borra la memoria, ¿qué harán dos? —bufó el ninjadolescente.

— ¿Por qué no lo averiguamos? —añadió el líder.

Era un desafío, Número T debía aceptarlo y salir con la frente en alto, como siempre lo había hecho. Pero ahora, el entorno fue distinto. El joven extendió los brazos, vaciando el contenido de sus manos, lo que incluía el chip. Tanto Lee como Sonya abrieron la boca del asombro, era como si finalmente lograron que número T se rindiera. Un suceso el cual creyeron jamás iban a presenciar. Ninguno de los dos villanos se agachó siquiera a ver lo que había tirado, ya que ni ellos podían creer que estaban a un disparo de terminar con el mejor agente de la organización en aquel tiempo.

Mushi empujó a su hermana mayor de su alcance, topándose con esa escena. Quedó impactada. Nadie osaba a lastimar a ningún miembro de su equipo, mucho menos a su propio líder. La asiática no lo pensó ni dos veces, no había tiempo para considerarlo. Debía actuar, pronto.

— ¡Mushi! ¡Espera!

Joey llamó a su compañera en un vano intento por detenerla. Pero ella corrió lo más rápido que pudo hacia ellos. Sin esperar, los dos villanos lanzaron el rayo decomisionador al mismo tiempo. Y en un segundo, Tommy sintió como alguien lo empujó con fuerza al suelo, la suficiente para salvarlo del impacto.

Pero no lo suficiente para salvarse a sí misma.

Los rayos se fusionaron a un solo ritmo, su sonido fue ensordecedor, algunos taparon sus ojos por la intensa luz. Todo fue contemplado por el agente, y no quería concebirlo. Vio como su compañera fue noqueada por el disparo, como su cuerpo perdió movilidad y cayó inconsciente al suelo. Los adolescentes también quedaron atónitos al darse cuenta que quien recibió el rayo fue número 73. Nigel solo alzó una ceja, pensando que al menos se deshizo de alguien. Pero Hoagie, su sorpresa fue tanta que sus manos ya no pudieron sostener el arma, y esta se resbaló hasta caer al suelo.

—¡NO!

Reaccionó el joven líder, y no pudo hacer más que gritar, estremeciéndolos a todos. El castaño agarró a su compañera, trataba de despertarla pero no había respuesta, exclamando "¿Por qué hiciste eso?" una y otra vez. De pronto Joey se unió a ellos; entre lágrimas continuaba con la acción de su amigo.

Abby contuvo la respiración al ver esa escena. En estos días ya le era difícil no sentir pena al ver a alguien sufrir. Ni siquiera se había fijado en qué momento Sonya se zafó de su agarre. Ella desató a Lee y ambos corrieron hacia su sector.

Pero había alguien que no podía procesar todo lo que sus ojos presenciaban. La asiática mayor sentía como todo su cuerpo tambaleaba, comenzó a sentir un fuerte ardor en el pecho, y su rostro se tornó pálido. Tantas decomisiones que había visto, muchas por su propia causa, y sabía que en algún momento su hermana era la siguiente, pero nunca pensó que sentiría tanto dolor como en ese momento. No podía creer que haya dejado a tantos niños en esa posición. Podía ver a su hermanita con los ojos cerrados, era como un espejo que la reflejaba a sí misma, y, por primera vez, después de tanto tiempo, empezó a sentir remordimiento de sus acciones.

Se olvidó de su dignidad, de su ego, incluso de su juramento, simplemente vio que alguien le hizo daño a un familiar suyo. Así que las lágrimas no pudieron contenerse más. Lágrimas que se transformaron en llanto, llanto que se transformó en sollozos, sollozos que llegaron a los oídos de todos los ninjas. Su berrinche aumentó al grado de acercarse al castaño. Al tomarlo por desapercibido, no vio venir la bofetada que ella le propinó en la mejilla.

—¡¿Cómo se atreven?! —pronunció entre llanto, con ganas de seguir golpeándole.

Pero el güero se acercó a la ninja tomando sus brazos con fuerza para detenerla, presionando aun más debido a que ella se oponía al agarre.

—Tranquila. ¡Ya pasó! No puedes hacer nada.

Kuki lo vio a los ojos, él seguía haciéndole señas de que se calme, pero no podían pedirle algo imposible. Wally aprovechó esta oportunidad para recostar su cabeza en su hombro, lo cual de manera sorpresiva, cedió. La japonesa ocultó su rostro en el pecho del rubio para continuar con su llanto.

Pero, tal como ya lo había demostrado, Nigel Uno no sentía sensibilidad en ese tipo de escenas. Razón por la cual, le pareció inconcebible el acto de la asiática.

Los pensamientos de los adolescentes se interrumpieron al notar que la pequeña recuperó el movimiento de su cuerpo lentamente. Su equipo la observaba ansiosos, aún si sabían en qué estado se encontraba, no hacía daño mantener algo de esperanza. Mushi miró hacia los agentes con intriga y confusión.

— ¿Qu... qué pasó? ¿quiénes son ustedes? ¿cómo llegué aquí?

De manera inevitable, el sector W había perdido un miembro. Joey agachó la cabeza para esconder las lágrimas que recorrían su rostro; Lee abrazó a su chica al escuchar la exclamación de ella. La pequeña asiática seguía sin entender que había acontecido para que esos desconocidos estén tristes. Su líder gruñó entre dientes, hubiera preferido haber sido víctima de la decomisión antes que cualquiera de su equipo, mucho menos ella. Inmediatamente dirigió su mirada hacia los mayores.

— ¡¿Es esto lo que querían?!

Un silencio se apoderó del lugar antes de que siga hablando.

— ¡Vamos! ¡No se hagan!, siempre quisieron vernos así. Ya nos tienen, ¿de acuerdo?

—Tommy... —Sonya susurró a su lado tomando su hombro. Podía ver las lágrimas correr por sus mejillas, nunca lo había visto tan desconsolado.

El inglés estaba dispuesto a aceptar lo que él llamaría un "desafío". Como dijo el agente, estaban vulnerables, era el único momento que tenía para dejarlos tal y como siempre quiso... no iba a dejarlos ir sin cobrar todo percance que ellos hayan hecho. Y en eso, sintió que alguien tomó su brazo, no necesitaba voltear para saber quién era. En realidad no comprendía cómo, a su lado, la conciencia de su interior actuaba. La miró, ella negó con la cabeza, sin hablar le dijo una sola palabra que demostraba con su semblante: "Vámonos". El cuerpo del inglés no actuaba; pensaba una y otra vez qué le detenía, eran unos niños entrometidos como cualquiera, nunca tuvo afinidad con ninguno de ellos, y sin embargo, su reacción estaba siendo contraria a otras ocasiones. Quizá... no quería que sus mayores contrincantes sean eliminados tan rápido, ya que nunca pensó que un día como ese llegaría. Al pasar unos segundos, la ninja contempló la mirada de su líder, pudo sentir como su semblante se fue apaciguando ligeramente, teniendo la leve esperanza de que le haga caso.

Y de pronto, el sonido del Rayo de Decomisión cargándose llegó a sus oídos.

El agente T se veía ahora frente a frente con su hermano mayor, quien fue el que cargó el rayo. Al instante, los agentes restantes del sector W le apuntaron con sus armas, mientras resguardaban a Mushi. Por otro lado, los mayores se obligaron a sí mismos a sacar sus rayos para ponerlos en posición a los niños, quedando todos estáticos, cada agente y ninjadolescente estaba a un gatillo de ganar o perder.

Hoagie no entendía de dónde sacó fuerzas para hacerle eso a su hermano, pero algo en él le ordenaba a eliminarlo. Lo veía fijamente, la verdad era que ninguno de los dos se bajaba la mirada, ambos esperando en qué momento el rayo saldría de esa boquilla, porque ni siquiera el tirador lo sabía. Y Tommy lo notó, se dio cuenta de sus nervios, podía asegurar que estaba más atemorizado que él, quien tenía la sentencia de ser el próximo decomisionado.

—Anda... quiero verte haciéndolo. —dijo número T.

Algo no cabía en su cabeza. Se suponía que DNT ansiaba acabar con todo Chico del Barrio, más aún al Sector W, más aún al líder. ¿Qué sucedía entonces? Su mente le gritaba "tira del gatillo", mas el resto de su cuerpo no cedía a sus pensamientos. Un nudo extraño se formó en su garganta, no quería desistir, pero esa sensación no desaparecía. Todos los presentes estaban a la expectativa de lo que sucedería, estaban bajo su merced, si disparaba, debían atacar, si no, se les enfrentarían de todos modos. No había escapatoria alguna, todo llevaría a la misma conclusión, el fin del Sector W.

—Esto me dolerá más a mí que a ti. —El ninja logró pronunciar con voz entrecortada.

—Quisiera creerte.

Ninguno había sentido que el tiempo transcurriera tan lento como ahora. Pero ya era momento de acción, sea lo que sea que se efectúe llevará una gran consecuencia.

Y de pronto, el techo se desplomó con rapidez. Todos se dispersaron a los lados para evitar estropearse. A la vista de los villanos llegó una nave que lanzaba diversas municiones hacia ellos, las cuales tuvieron que esquivar con su contraataque. Dicha nave dio un giro inesperado en deceso y en cuestión de segundos ya había despegado por los aires, alejándose de su vista.

Nigel fue el primero en componerse y se dio cuenta que el sector W había desaparecido. En el momento preciso, sus ojos observaron aquel niño clavo de anteojos oscuros que lo veía de forma desafiante, parecía que lo invitaba a que lo persiga, o al menos eso sintió él. Gruñó con fuerza, no importaba cuánto la conciencia lo repudie, seguía odiando que un niño ganara, sobretodo, esa supuesta versión de su pasado.

— ¡No escaparán! ¡Malditos imbéciles!

Al escuchar esas palabras, el resto se dio cuenta que el líder no iba a permitir que den un paso hacia atrás, y tenía razón, no iban a escaparse otra vez. Todos subieron a la nave que emprendió el vuelo.

El vehículo KND se mantuvo a la expectativa por si algún intruso se avecinaba. Y no se equivocaron. Los disparos provocaron que la nave tambalee. Esta se compuso al contraatacar al enemigo, encontrándose en una batalla aérea, sin poder diferenciar quien iba ganando.

El asunto era que DNT tampoco percibió el detalle que esa nave era la equivocada.

Una pequeña aereonave flotaba en un escondite tras unos altos árboles. Al ver que ya no había moros en la costa, despegó lejos de ahí. Finalmente, sanos y salvos, los cinco agentes del sector V lanzaron un suspiro en conjunto al darse cuenta que su plan funcionó; enviar una nave extra mientras que ellos estaban en otra fue un plan improvisado, pero efectivo. Aunque, a decir verdad, obtuvieron ayuda del desesperante científico, quien descubrió la huída de los agentes del pasado. Él contactó a los "conejillos de indias" indicados que iban a ser perseguidos por un largo tiempo. Ahora podían dedicarse al verdadero dilema que tenían frente suyo, verificar el bienestar del sector rescatado. Los seis agentes del pasado se hallaban en la base de control con la escotilla cerrada.

—Odio cuando siempre ganan las peleas —regañó con recelo número 74.239—. Espero que esta travesía de andar planeando cosas a mis espaldas no se haga una costumbre. —Les apuntó con el dedo.

Fue en ese momento que la puerta se abrió rápidamente por uno de los pasajeros salvados. Precisamente el líder del sector W.

— ¡Dije que no necesitaba tu ayuda!

Mas su regaño se detuvo en el instante que sus ojos contemplaron a aquellos cinco niños que creyó jamás volvería a ver, agentes que el tiempo había borrado con ímpetu estaban a solo metros de distancia. Sus pupilas se dilataron, su boca se abría lentamente mientras contenía la respiración.

—Se supone... se supone que habían abortado el plan. —continuó el exaltado agente.

—Y creo que hubiera sido buena idea al ver lo resabiados que son. —murmuró el científico para sus adentros.

— ¡¿Esto siquiera lo sabe infinito?! ¡Creí que solo debían venir ustedes, no este sector! ¡¿Los trajiste sin permiso?! —El castaño continuaba con sus reclamos.

—Mira, no tienes corona ni nada como para tener que contarte todo lo que...

—Permíteme.

El líder veterano decidió interrumpir al pelinaranja para evitar una posible discusión. Se acercó a paso lento hacia el agente, quien los observaba con furia, coraje. Uno podía sentir el desprecio en su mirada.

—Número T, sé que es difícil procesar todo esto tan rápido pero...

—"¿Sabes?" ¡¿Sabes?! Ni tú, ninguno de ustedes —Señaló al resto del sector— tienen la más mínima idea de lo que ha sucedido.

—Hermano.

Al segundo, el líder adolescente giró su cabeza hacia ese niño que causó los mayores problemas que haya tenido en el presente. Hoagie tragó saliva al presentir que su recibimiento no sería tan grato, estaba consciente que era el hermano mayor, mas en aquel instante Tommy resultaba tener la delantera en edad.

—Solo vinimos aquí para ayudar. —continuó diciendo número Dos.

Tommy comenzó a respirar con más intensidad, formando sus manos como puños, provocando un tembleque en todo su cuerpo, se podía notar que en cualquier momento iba a explotar. Hasta que finalmente sucedió.

— ¡Tú...!

Logró decir esa palabra, y en eso, corrió con fuerza hacia su alcance, con arma en mano, estando a punto de jalar el gatillo. Número Cinco fue la primera en actuar poniéndose en frente de Dos para protegerlo, sacando un arma de bolsillo y gritando al joven que se aleje. Cuatro imitó tal acción mientras Tres, debido al temor, abrazó a su amigo con fuerza. Tanto Uno como 74.239 tomaron al agente de cada brazo, quien forcejeaba a tal manera que los dos niños no podían sostenerlo demasiado.

—¡Oigan!

Tommy escuchó esa voz, proveniente de la única persona que podía hacer o deshacer cualquier acción que realizara, siempre tuvo control sobre él. Todos se encontraban estáticos en su respectiva pose, atentos a cualquier paso en falso que el "oponente" diera, y en el momento que los chicos decidieron mirar a la progenitora de la voz, no pudieron hacer más que sorprenderse.

— ¿Mushi? —Salieron esas palabras de la japonesa del pasado. Después de ver la terrible escena de cómo decomisionaron a su hermana, ahora la tenía frente suyo, actuando como si no hubiera olvidado nada.

Número 73 observaba a los forasteros con suspicacia, mas les restaba importancia. En realidad dedicaba la mirada a su líder, instándolo, solo con su presencia, a que detuviese tal capricho, no veía la necesidad de pelear en aquel momento.

— ¿Por qué no me sorprende que el Sector V esté aquí? —Se dijo a sí misma.


Transmisión interrumpida.


¿Review? :3