10. Sobre el tapiz

La chupa de cuero de Kanon cayó olvidada sobre una de las altas mesas que circundaban el billar y las mangas de su camisa negra fueron arremangadas hasta la altura de sus codos. Radamanthys también se había dirigido a la pared donde estaba anclado el soporte de los tacos, y después de inspeccionarlos como si de un profesional se tratara eligió el que creía más adecuado para él, pasándole la tiza azul por la punta con rapidez y habilidad.

- ¿Cómo quieres jugar?- Le preguntó Kanon, ya dispuesto a dar el primer toque de la partida.

- Sencillo...Uno a lisas y el otro a ralladas, dejando la negra para el final.

- De acuerdo.- Kanon se inclinó sobre la mesa y con un rápido y seco toque mandó la bola blanca a romper la triangular formación de las demás, esparciéndolas por toda la mesa, con la suerte de colar en primer lugar una de las bolas ralladas.- Irás a lisas Wyvern...si te dejo.

Rhadamanthys alcanzó su vaso para saborear otro sorbo del amigo de conveniencia Jack mientras observaba los movimientos de Kanon, que seguía con el turno de jugar, y después lo depositó en otra de las altas y circulares mesas que tenían alrededor al tiempo que apoyaba su espalda en ella. Después de un rápido balance de la situación del juego, Kanon eligió la siguiente víctima, y repitió sus movimientos, pero tocando la blanca con demasiado ímpetu, hecho que hizo que la bola rallada rebotara en la entrada de su destino y decidiera no colarse en él.

- ¡Mierda!

- Te precipitas demasiado, Kanon. Siempre te lo he dicho.- Le recordó Rhadamanthys, sonriendo con naturalidad.- Me toca. Ve buscando algún asiento para disfrutar del espectáculo, porqué ya no vas a jugar más.

- Porqué tú lo digas...- Otro cigarrillo fue extraído del maltrecho cajetín, y rápidamente acudió a los labios de Kanon, que temía sinceramente no volver a jugar, puesto que la última vez que compartieron una partida fue un monólogo absoluto de Rhadamanthys, abriéndola y acabándola él mismo, sin dar ninguna opción de juego a Kanon.

- ¿Cuándo empezará el juicio?- Preguntó Rhadamanthys sin dejar de estudiar la distribución de las bolas sobre la mesa, eligiendo la mejor opción.

- En tres semanas...

Una vez con la jugada en mente, Rhadamanthys se inclinó sobre la mesa y puso su mano izquierda de base mientras con la derecha sostenía el taco y calibraba la potencia necesaria para perpetrar su jugada sin peder el turno. Kanon le observaba intensamente, sin disimulo alguno, regocijándose en la imagen que el ofrecía Wyvern desde el otro lado del gran tablero de juego.

- Aún tienes tiempo para armar una buena defensa.- La mirada de Rhadamanthys se posó sobre Kanon por un instante, antes de volver a su objetivo y ejecutar el seco golpe que introdujo la bola lisa en su destino.

- Si te soy sincero, no tengo ni puta idea de por dónde empezar, Rada...- Una exhalación de humo envolvió a Kanon en una neblina que difuminó un poco el miedo que se desprendía de su mirada.

Los pasos del rubio le llevaron al lado de la mesa dónde estaba Kanon aguardando por un ilusorio turno, y con complicidad posó una mano sobre el abatido hombro de Kanon, apretándolo con fuerza, ofreciéndole una mirada cargada de apoyo incondicional.

- Algo se te ocurrirá. Confía en ello.

Dicho ésto Rhadamanthys se volteó de nuevo hacia la mesa, y no demoró en elegir su siguiente movimiento, viéndolo totalmente claro frente a él. Acto seguido se volvió a inclinar sobre el tapiz, de espaldas a Kanon, que no pudo evitar fijarse en las líneas que seguín conformando ese cuerpo que tantas veces saboreó, y que desde hacía un largo tiempo se le resistía. La sugerente posición de Rhadamanthys, con los brazos extendidos y apoyados sobre la mesa, la mirada casi al nivel del juego, su baja espalda desprovista de la protección de su rockera camiseta, que se había deslizado hacia arriba obedeciendo los dictados de los movimientos de sus brazos, el firme apoyo de sus piernas, ligeramente separadas para dotarle del equilibrio preciso, los repetidos movimientos de su brazo derecho, calibrando de nuevo el movimiento a realizar...Una oleada de nostalgia, de añoranza del pasado invadió a Kanon, que no quería dejar de llenarse de la visión que le ofrecía su amigo, maldiciendo el momento en que su vida se truncó y todo empezó a navegar por tortuosos ríos de confuso final.

El seco toque se dio, y como era de esperar, la bola elegida también entró.

- Te lo advertí. No volverás a jugar...- Dijo Rhadamanthys sin desplazarse mucho, con su mirada fija sobre la mesa.

Otra víctima elegida. Otra vez sus sugerentes movimientos y posiciones. Una última calada al cigarrillo por parte de Kanon, que lo apagó a medio fumar en el cenicero de la mesa, y la obediencia de sus impulsos de acercarse a Wyvern y dejar deslizar su mano por la espalda de aquél que le seguía despertando mil y una pasiones, y a quién había intentado enterrar entre incontables noches de motel. La mano siguió su recorrido a lo largo de la espalda, provocando que Rhadamanthys cerrara su mirada por un momento de secreto erizamiento de todos sus sentidos, hasta que llegó a la zona de piel descubierta, y allí se coló por debajo de la camiseta, viajando hacia uno de sus costados con sensualidad.

- No...Kanon...para...- Inmensos habían sido los esfuerzos del rubio para pronunciar esa petición, y Kanon le obedeció...a medias. La mano se había detenido en su particular excursión a través de la piel de esa fuerte espalda, pero no había abandonado su contacto.- Apártate...por favor...No me dejas tirar bien así.- Añadió Rhadamanthys fingiendo muy mal una supuesta indiferencia.

Kanon suspiró con resignación y cortó el contacto, pero permaneció a su lado, dejando que su trasero se arrimara contra el borde del billar mientras sus manos se afianzaban al extremo superior del taco clavado en el suelo. El siguiente ataque de Rhadamanthys no se hizo esperar, pero la proximidad de Kanon le había atribulado la precisión, propiciando que fallara en su tiro. Profiriendo casi mudas maldiciones se incorporó, y su curiosa y amarillenta mirada se posó sobre Kanon, a un palmo de él, observándole con ineludible intensidad.

- Te toca.- Rápidamente la distancia fue impuesta entre los dos, y el vaso de whisky reapareció para regar una garganta que se había secado por la inevitable tensión del momento.

Un imperceptible suspiro traspasó a Kanon, que antes de estudiar su jugada decidió apurar la botella de cerveza que hacía rato que tenía olvidada. Las bolas ralladas presentaban una buena disposición sobre el tapiz, y Kanon vio la estrategia a usar con rapidez. Con la misma que imitó los anteriores movimientos de Rhadamanthys, dejando que su despreocupada cabellera azul se desparramara por su espalda hasta rozar la mesa mientras posicionaba su mano izquierda casi en medio de la superfície de juego, apoyando en ella el taco que impactaría en la blanca e introduciría una rallada en la esquina opuesta del verde mantel. El turno seguía siendo suyo, pero ahora la distribución había cambiado, y no había ninguna jugada directa que le diera opción de seguir con él. La decisión fue mal pensada, y Rhadamanthys, viendo que Kanon iba a tirar sin razonar, se acercó a él y le detuvo.

- No, así no...si tiras así fallarás.

- Ya lo sé, pero no veo otra opción.- Dijo Kanon secamente, no pudiendo olvidar el rechazo que acababa de sufrir segundos atrás.

- Mira...si golpeas la blanca por aquí y buscas la carambola allí...si calculas bien el ángulo impactará sobre ésta, que irá a parar al agujero de aquí...- Rhadamanthys había señalado con su dedo todos los movimientos necesarios para hacer que Kanon consiguiera colar otra de sus bolas, pero Kanon no había visto absolutamente ninguna de las indicaciones de su amigo. Sólo le había visto a él. A su concentrada expresión. A sus eternamente revueltos cabellos rubios. A los movimientos de sus labios al hablar. A los gestos de sus manos señalándole el camino a seguir. A lo sugerentes que eran esos ajustados vaqueros negros, que insinuaban todas sus formas ocultas a la perfección.- ¿Me has escuchado Kanon?

No. No le había escuchado. Ni le importaba en absoluto lo que le había dicho sobre carambolas aquí o allá.

- ¿Por qué has cerrado el pub y nos hemos quedado aquí, Rada?- Preguntó directamente, clavando su verdosa mirada dentro de la de su amigo.

- Ya te lo he dicho. No me apetecía que entrara nadie más. Estoy cansado hoy.

- Y si tan cansado estás...¿por qué no te has ido a casa y me has mandado a mí a la mía?

Rhadamanthys tuvo que tragar saliva al verse atrapado en una pregunta de la cuál no quería revelar su verdadera respuesta.

- Creía que necesitabas hablar.- Dijo al fin, para escapar del atascamiento de la escena.

- ¿Y tú que necesitas?

- Nada, Kanon.- Respondió Rhadamanthys casi con rudeza, sabiendo a la perfección dónde quería ir a parar su amigo.- Nos prometimos no herirnos más...encauzar cada uno nuestras vidas por otros caminos. ¿Lo recuerdas?

- Pero tú no lo has hecho, Rada...y como es obvio, yo tampoco...¿no crees que ésto significa algo?

Kanon había agotado la distancia que les separaba, y sus respiraciones se mezclaban en la proximidad de sus rostros, enlazados por unas miradas cargadas de recuerdos y frenada pasión.

- No me apetece volver a formar parte de tus juegos, Kanon.

- Tú nunca fuiste un juego.- Kanon se había aproximado tanto a Rhadamanthys que el trasero de éste se apoyó contra el borde de la mesa de billar, sintiéndose prisionero de un renacido deseo y pasión que nunca pudo enterrar del todo.- ¿Y por qué confías tanto en mi después de todo, Rada...?

- Ya...lo sabes...

- Dímelo.

Kanon había dejado apoyado el taco contra el borde del billar y sus manos se hicieron con el de Rhadamanthys, que pasó a acompañar el suyo, para seguidamente dejar que viajaran hacia la cintura de Rhadamanthys, el cuál en contra de su razón no hizo nada para evitar ese íntimo contacto. Sus ojos se empezaron a devorar con la pasión que siempre había consumido a los dos, y sus alientos quemaban al roce contra sus rostros, separados apenas unos pocos centímetros.

- ¿Para qué, Kanon?- Dijo Rhadamanthys, tragando otra vez saliva con esfuerzo, notando la inevitable aceleración de su corazón.

- Necesito oírlo de tus labios, Rada...¡Joder! Te necesito...¿Cómo te lo tengo que decir?

Las palabras de la canción "Sweet Dreams", interpretadas por el siempre angustiante Marilyn Manson les envolvían con esa voz que las interpretaba cargada de oscura seducción, acallando sus propias palabras, hablando por los dos...

"Sweet dreams are made of this, who am I to disagree?, I travel the world and the seven seas, everybody's looking for something..."

- Sabes que como amigo me vas a tener siempre...- Murmuró el Wyvern, incapaz de dejar de perderse dentro de la profunda mirada que le dedicaba Kanon.- Cómo amigo y nada más...nuestro momento ya pasó.

- Nuestro momento siempre ha seguido estando ahí, Rada...- El tacto de las manos que descansaban sobre la cintura de Rhadamanthys se intensificó, propiciando que sus cuerpos se acercaran más hasta quedar el uno contra el otro y la frente de Kanon casi rozándose con la del Wyvern.- Sólo que lo olvidamos por un tiempo...

- Tú me echaste de él...Tú conseguiste que me alejara de él, Kanon...

- Y siempre me arrepentí...

"Some of them want to use you, some of them want to get used by you, some of them want to abuse you, some of them want to be abused..."

Y allí el Wyvern se rindió. No pudo soportar más su tortuosa proximidad, el ardor de sus alientos quemándoles por fuera y por dentro, la incontrolable pasión que estaba naciendo en sus respectivos cuerpos, y sí. Rhadamanthys, en contra de su razón, claudicó. Sus labios atraparon los de Kanon con determinación, fundiéndose en un conocido contacto. Profundizando un beso lleno de recuerdos y desazón, al que le siguió la intención de sus manos de atrapar el rostro de Kanon para evitar una impensable separación, enredándose entre los largos cabellos azules que siempre habían conseguido enloquecerle sin medida, disfrutando en la presión que el cuerpo de Kanon ejercía contra el suyo, y al fin, abandonándose por completo a las razones que sólo conocía su desenterrada pasión.

Las manos de ambos no demoraron en reconocer unas musculaturas que ya se sabían de memoria, pero que siempre descubrían como si del primer viaje se tratara y los sutiles gemidos que se ahogaban entre sus labios eran tapados por la música que continuaba inundando el lugar. Sus corazones se habían acelerado sin compasión y el calor que empezaba a quemar dentro de ambos propició que cortaran el beso para permitir que las manos de Kanon arrastraran hacia arriba la camiseta de Rhadamanthys, lanzándola sobre la mesa de billar. Los dedos del Wyvern luchaban a contrareloj para desabotonar la camisa que cubría el imponente torso de Kanon, y él mismo le ayudó en su cometido, perdiendo la prenda en el suelo. El ímpetu que se había apoderado de Kanon hizo que éste volviera a buscar los labios de Rhadamanthys, que entreabiertos esperaban su nueva invasión. La mano de Kanon se alzó hasta la nuca del rubio, enredándose entre sus cabellos, agarrándolos con fuerza al tiempo que su lengua violaba su boca sin piedad, estremeciéndose al notar cómo las manos de Rhadamanthys buscaban desabrochar el cinturón que mantenía sus vaqueros aún en su lugar. El nuevo beso únicamente fue truncado cuando una de las manos del Wyvern consiguió colarse entre los vaqueros de Kanon y comenzó a torturar divinamente su despierta excitación, arrancándole un gemido de placer que aún dió más alas al rubio para continuar.

Pero éso no iba a seguir así. Kanon no estaba dispuesto a convertirse en víctima tan pronto, y con fuerza cerró su mano entorno a la muñeca de Radamanthys y le obligó a retirarla de su entrepierna, apoyándose con todo su peso sobre él hasta que el Wyvern se encontró de espaldas contra el verde tapiz, notando como un par de bolas se clavaban maliciosas en ella, hasta que con un rápido acomodamiento consiguió desplazarlas del lugar. Sus muñecas estaban presas del agarre al que las sometía Kanon, que las mantenía clavadas sobre la mesa mientras sus labios se dedicaban a torturar el cuello y hombros de Rhadamanthys, que se estremecía sin cesar por los influjos de esa avispada lengua sobre su piel y por las traviesas carícias que los largos mechones de Kanon esparcían por cada porción de su cuerpo, que se revolvía de placer bajo el peso que le aprisionaba.

Sus excitaciones se encendían más y más bajo la presión de los sugerentes movimientos de sus caderas, unidas en un erótico contacto proferido a través de sus ropas. Y ya no hubo solución alguna para escapar con dignidad de esa situación. La única salida posible era entregarse por completo al desquiciante deseo que se había apoderado de su razón, siendo la voz del inquietante Marilyn la que puso banda sonora a su desbordada pasión.

"Sweet dreams are made of this, who am I to disagree?, I travel the world and the seven seas, everybody's looking for something...Some of them want to use you, some of them want to get used by you, some of them want to abuse you..."

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El arrebato de lujuria que había asaltado a los dos consiguió dejar exhaustos unos cuerpos que no podían evitar entregarse por completo cada vez que la providencia o el azar los unía en su camino de bajas pasiones, vaciando su alma en ello y secando unas gargantas que reclamaban algo de compasión después de haber saboreado a placer los frutos de los más mundanos delirios.

No hubo palabras al respecto por parte de ninguno de los dos. No hacía falta ahondar en algo que siempre se había presentado desnudo frente a ambos. Kanon se limitó a abrocharse de nuevo el cinturón de sus vaqueros después de haberlos puesto a sitio, y recuperó su camisa del suelo, vistiéndose con ella otra vez, aunque sin abotonarla, dejando su sudado pecho al descubierto. Rhadamanthys no había ni mostrado la intención de volverse a enfundar su camiseta, perdida todavía sobre el billar, y tampoco se había abrochado sus negros jeans. Sólo los había acomodado al lugar, juntamente con su ropa interior, y a través de la obertura que las telas dejaban a la vista se escapaba la imagen de la cola de un escorpión que hacía tiempo que adornaba su bajo vientre para toda la eternidad.

Kanon se había dirigido a una de las mesas que colindaban las paredes. Esas mesas que estaban acompañadas de unos cómodos bancos, y dónde se dejó caer con claro agotamiento dibujado en sus facciones. Sus dedos volvieron a conseguir otro cigarrillo, y lo prendió con facilidad, dándole la más placentera calada después del desenfreno vivido momentos atrás. Rhadamanthys había acudido tras la barra, de la cuál salió con otra cerveza en una mano y un nuevo vaso con hielo y la botella de Jack Daniel's en la otra. La cerveza fue a parar sobre la mesa dónde le esperaba Kanon, y el cigarrillo que colgaba de sus labios fue robado de inmediato, hallando en los del Wyvern un nuevo destino donde consumirse.

- Creí que lo habías dejado.- Dijo Kanon, no sin cierta sorpresa, sacando otro cigarrillo para sustituir el vacío que le había ocasionado su amigo.

- Un fumador lo es toda la vida...No fumo mucho, pero en momentos así es delicioso...- Kanon ladeó sus labios con una sonrisa de complicidad. Una sonrisa que no tardó en teñirse de tristeza, y agarró la botella de cerveza para disimularlo como pudo, sin dejar de ser perceptible por Rhadamanthys.- ¿Qué te ocurre ahora?

- Esta mañana lo he revivido todo tan nítidamente...entrar al tribunal ha sido...duro.

- Supongo que no debe ser fácil afrontar esas paredes de nuevo.

- No. No lo es, Rada...- La mirada de Kanon se había perdido entre los derroteros de su pasado, y su voz emergía como en un susurro vestido de culpa y remordimiento.- Vi de nuevo esos dos cuerpos tendidos en la calle, tan pequeños, con toda la vida por delante...Una vida que yo mismo les arrebaté...- Rhadamanthys le observaba desde su respetuoso silencio, en la distancia que le ofrecía el apoyo buscado de la mesa de billar.- Y ahora tengo que defender a un chaval acusado de arrebatar la vida a una muchacha que también la tenía toda por delante aún...y ni siquiera estoy seguro que no fuera él el malnacido que la destrozó.- Las dudas, los miedos...el pasado...Todo afloraba siempre que la intimidad unía a Kanon y Rhadamanthys, creando una atmósfera de sinceridad que Kanon no conocía en ningún otro lugar.- Era tan joven la chica...era una belleza de mujer, y no puedo entender cómo alguien la destrozó de la manera en que lo hizo...simplemente no puedo. No lo concibo, Rada...

- ¿Así que tu cliente está acusado de haber asesinado a una chica? Ésto no me lo habías contado...- Jack regó con calma la garganta del Wyvern, que inconscientemente hacía chocar los hielos entre sí, con movimientos circulades del vaso preso entre sus dedos, que seguín sujetando a su vez el necesitado cigarrillo.

- Sí...- Respondió Kanon en un susurro.- Acércame la mochila, te voy a mostrar el caso...

Rhadamanthys obedeció, y agarró la mochila que dormía en uno de los taburetes de la barra y que siempre acompañaba a Kanon, y se la tendió. Acto seguido también tomó asiento en el cómodo banco que ocupaba Kanon, el cuál abrió la cremallera de la bolsa y extrajo el dosier, mostrándole las fotos de la muchacha. Las crudas imágenes de su cuerpo destrozado y sin vida, y una fotografía conseguida de los archivos de la facultad donde estudiaba, y donde aún rebosaba de juventud y vida.

Wyvern se fijó en la fotografía, y dejando el vaso descansar sobre la mesa la agarró, mirándola con atención y palideciendo al instante.

- ¿Qué pasa, Wyvern?

- Esta muchacha...¿es la víctima?- Preguntó, con el cigarrillo colgado de sus labios distorsionando un poco su voz mientras miraba a Kanon directamente a los ojos.

- Sí...Era guapa, ¿verdad?

Rhadamanhthys agarró el cigarrillo entre sus dedos y exhaló una larga bocanada de humo que les envolvió a ambos antes de desaparecer a su alrededor.

- Kanon...esta chica...yo la conocía...