9._ La cueva del tesoro- Parte 2
Los pokemon se acercaron al túnel. Para ese entonces ya se habían acostumbrado a la oscuridad de la cueva, pero el túnel era aun más oscuro. Mikeas tuvo que ir por delante, no porque quisiera, sino porque no podían ver sin él. Bajaron una escalera de piedra fría, angosta y oscura. Luego por un pasillo. El aire era helado; Holly y Priscilla tenían que apegarse a Mikeas para aguantar el frío, mientras que Snisy estaba de lo más bien.
No mucho después, llegaron a una segunda puerta. Era alta y ancha como la boca del túnel que habían pasado, pero esta no tenía ningún acertijo, solo una palanca. Miraron alrededor, pero no había nada más. Solo la pared y la palanca.
-¿Tan fácil?- se extrañó Snisy, escéptico.
Los pokemon se miraron, preguntándose si sería una trampa, mas solo había una forma de saber. Holly estiró la mano hacia la palanca y la accionó.
Inmediatamente la puerta se abrió, tan ruidosa y pesada como la anterior. Ante ellos se abrió una salón amplio y alto. El suelo y las paredes eran completamente lisos, el aire era helado y el eco presente en cada minúsculo paso. A diferencia del túnel, había cierta luz proveniente del cielo. Holly miró arriba, extrañado, y se encontró con cristales azulados que brillaban, pegados al cielo.
-¿Qué son esos?- inquirió Mikeas.
-Ni idea- contestó Priscilla.
Tener tanto espacio para ellos solos era extraño. Al otro lado se veía el esqueleto de una gran lámpara de lágrimas, sin ni una vela, colgando de una cuerda vieja. Más allá se hallaba una salida, así que no perdieron tiempo y echaron a caminar. Sin embargo, apenas dieron un paso adentro del salón, un temblor los sacudió. No fue suficiente para botarlos al suelo, pero definitivamente algo andaba mal. De pronto un crujido a los lados los hizo mirar a las paredes.
Para su sorpresa, estas comenzaron a moverse, lentas, pero visiblemente. Poco a poco fueron tomando el espacio del salón, volviéndolo más angosto. Los pokemon rápidamente se dieron cuenta que, si se quedaban ahí, morirían aplastados.
Su primera reacción fue darse la vuelta y dirigirse al túnel por donde habían llegado, pero antes de dar un paso, las puertas se cerraron de golpe y los dejaron atrapados.
-Está bien, nosotros podemos atravesar las paredes- indicó Mikeas.
Tranquilamente se dirigió a la puerta para atravesarla, pero en vez de ir a través de ella, chocó y se golpeó la nariz.
-¡Ay!- exclamó.
-¡No, tonto! ¡Solo podemos atravesar paredes delgadas!- le recordó Priscilla- Estas son demasiado gruesas para nosotros.
-¡¿Entonces qué vamos a hacer?!
Holly miró hacia el otro lado del salón. Era un buen trecho, pero creía ver una puerta abierta.
-¡Solo hay una opción!- exclamó- ¡Vamos, todos debemos correr!
-¡No lo lograremos!- alegó Mikeas.
-¡No con esa actitud!
Holly lo tomó de un brazo y lo obligó a pararse. Físicamente era más débil que el Lampent, pero su actitud fue todo lo que necesitó para que su amigo se incorporara.
-¡Vamos!
Echaron a correr a toda prisa, a medida que las paredes alrededor se cerraban sobre ellos. Holly miró hacia arriba, buscando un lugar por donde al menos Priscilla pudiera huir, pero no había por dónde; el lugar estaba diseñado para atrapar a cualquiera. Todos debían correr.
Luego miró a sus compañeros: Mikeas iba adelante, Priscilla a su lado y Snisy por atrás. Por un momento se concentró solo en correr, pero luego su mente perspicaz advirtió que Snisy no tomaba la delantera a pesar de ser el más rápido del grupo. Priscilla también le ganaba en las carreras, pero permanecía a su lado. Percibió sus emociones, pero estas no le decían mucho, solo que estaba preocupada de llegar a la meta, por ella y por los demás.
-¡Pris, Snisy! ¡Corran, sálvense!
-¡No te dejaré aquí!- alegó Priscilla.
Entonces Holly entendió; lo estaban esperando. No querían abandonarlo, porque sabían que era el más lento del grupo. Pero a ese ritmo solo conseguirían morir con él. Debía haber otra forma.
~Tengo que encontrar una manera de salvarnos a todos~ pensó, desesperado.
Intentó buscar algo que los ayudara en sus alrededores, pero el esfuerzo de correr le impedía observar detenidamente. Antes que nada necesitaba detenerse, pero eso podría ser un error fatal. Si tan solo tuviera una patineta o un carro que lo llevara.
Entonces se fijó en Priscilla, a su lado.
-¡Pris, te necesito!- le pidió.
-¿Eh?
-¡Levántame un momento!
La Haunter lo tomó con sus garras y lo sentó sobre su cabeza, como habían hecho la noche que se conocieron. Desaceleró un poco por el peso extra, pero desde ahí Holly pudo ver con mayor claridad su situación; las paredes habían tomado la mitad del ancho de la sala, ya apenas cabían dos pokemon al lado del otro, debían ir en fila para correr. Mikeas flotaba desesperadamente, pero se iba cansando, la salida aún se veía lejana. Con la velocidad que llevaban, calculó que morirían aplastados apenas unos metros antes de alcanzar el otro extremo.
Entonces se fijó en el cielo; más adelante había un hueco por donde Priscilla podría huir. Más importante, por ahí estaba el esqueleto de la lámpara de lágrimas, colgando sobre la altura de las paredes. Holly tuvo una idea.
-¡Snisy, adelántate!- le ordenó.
-¿Y entonces qué? ¿Me dejarán solo en esta cueva?- alegó el Sneasel.
Holly se extrañó de verlo tan preocupado por unos extraños, bien podría haberlos adelantado desde el principio y nadie lo habría retado por eso. Pero Holly agradeció para sus adentros tenerlo ahí consigo.
-¿Ves esa lámpara?- le señaló- ¡Necesito que la bajes! ¡Solo tú puedes lograrlo!
Snisy pasó bajo Priscilla para adelantarla y mirar la lámpara.
-¿Crees que funcione?- inquirió.
-¡Tiene que funcionar!- exclamó Holly.
Snisy asintió. Luego aceleró rápidamente, saltó sobre Mikeas y corrió a toda velocidad hasta el final. Holly comprendió que nunca estuvo en riesgo, fácilmente podría haber huido en cualquier momento. Pero en vez de dejarlos, en medio de su carrera saltó hacia una de las paredes y se le pegó helando sus pies. De esa manera corrió en diagonal hacia arriba por la superficie lisa, se metió al hoyo con la lámpara de lágrimas, la escaló hasta la cima y de un tajo de sus garras cortó la cuerda que la sostenía. La lámpara cayó pesadamente, un par de metros delante de Mikeas.
-¡Aaaaah!- gritó el Lampent.
-¡Vamos! ¡Vamos! ¡No se detengan!- exclamó Holly.
Las paredes la alcanzaron pronto, tocaron sus extremos, luego la apretaron, pero por un momento se detuvieron. La resistencia de la lámpara contuvo las paredes mientras los pokemon pasaban encima. Los mecanismos chillaron, las paredes intentaban volver a moverse, pero la lámpara se los impedía. Los pokemon corrieron a toda prisa por el camino que les quedaba. Entonces la lámpara cedió, su estructura metálica se dobló bajo la presión. Las paredes continuaron, pero ya no importaba. Mikeas, Priscilla y Holly pasaron con varios segundos de ventaja.
Los tres se desplomaron sobre el suelo, agitados. Snisy los miró desde el frente, con su sonrisa de suficiencia marcada. Luego los cuatro se giraron hacia atrás, para ver cómo las paredes aplastaban a la lámpara por completo.
-¡Eso estuvo de locos!- alegó Mikeas- ¿De quién fue la idea de venir a esta cueva?
Priscilla bajó la mirada.
-Lo siento.
-Está bien, Pris. Nadie se esperaba esto- le espetó Holly.
-Fue divertido- comentó Snisy- pero parece que las paredes no van a abrirse pronto. Supongo que no queda de otra que seguir.
Los pokemon miraron hacia el túnel a sus espaldas, preguntándose qué peligros habría más adelante. Holly se puso de pie y comenzó a andar, los demás lo siguieron.
Atravesaron otro largo trecho a oscuras, avanzando con precaución por si volvían a activar otra trampa, aunque no sabían bien cómo funcionaba la anterior. El pasillo era oscuro, pero pronto se vieron iluminados nuevamente por la luz que emanaba de la siguiente sala.
Esta no tenía ninguna puerta que la precediera, solo continuaba desde el pasillo y se abría en un salón, no tan grande como el de las paredes que se cerraban, pero bastante grande. Había cristales por las paredes y el cielo, iluminando la habitación con una luz cálida, amarillenta, en contraste con el frío azul de la anterior. También les llamó la atención que había un montón de lianas colgando desde el cielo, como si de pronto se encontraran en una jungla.
Al final de la sala había una especie de altar. No era una puerta o una pared como habían visto antes, pero tenía una palanca de la que se podía jalar.
Los pokemon buscaron por todos lados de la estancia, pero no había otro lugar por donde pudieran continuar. Algo nerviosos, se miraron los unos a los otros.
-¿Creen que sea una trampa?- inquirió Mikeas.
-La otra nos engañó y nos dejó con las paredes que se cerraban- recordó Holly- esta podría ponernos en una situación similar.
-¡Entonces que nadie la jale!- alegó el Lampent.
Pero los demás lo miraron con pena.
-Miki…- le espetó Priscilla.
-No hay otra forma de salir- le hizo ver Snisy.
Mikeas miró hacia todos lados, frustrado.
-¡Debe haber una manera! ¡Vamos, busquemos!
Con eso, el Lampent se puso a recorrer todos los rincones de la sala. Palpó las paredes, sopló el polvo del suelo y tiró de las lianas, pero nada ocurrió, solo le cayeron algunas de las lianas más viejas sobre la cabeza.
-¡Esto es de locos!- exclamó al final.
Holly miró a los demás.
-No queda de otra que tirar de la palanca- les avisó, aunque solo por formalidad. En verdad los tres entendían perfectamente que debían hacerlo- prepárense para lo que sea.
Priscilla y Snisy asintieron.
-Miki, voy a hacerlo- le espetó.
-¡No, no lo hagas!
-Solo prepárate ¿Sí?
Mikeas echó a correr hacia él.
-¡No te atrevas!
Holly estiró la mano hacia la palanca y la tiró. Mikeas se detuvo a su lado, espantado. Por un segundo no ocurrió nada. El Kirlia miró a sus amigos, dejó escapar un suspiro nervioso, pero en ese momento el suelo se abrió y los dejó caer hacia un abismo oscuro.
Descendieron rápidamente en caída libre. Pensaron que caerían a una trampa con espinas o algo similar, pero pronto se golpearon con una superficie en diagonal, por la que se deslizaron. Se hallaron en un tobogán antiguo. Parecía estar hecho de piedra, pero no podían contar con el roce contra la roca para desacelerar su caída, puesto que estaba completamente embadurnado de una sustancia aceitosa que les impedía sujetarse. Bajaron y bajaron por lo que les pareció una eternidad, pero que no fueron más de diez segundos. Al final, el túnel se terminó y ellos se estrellaron contra el fondo de piedra.
Los varones cayeron uno sobre otro, mientras que Priscilla apareció tras ellos. Ella no había caído, dado que podía flotar.
Adoloridos, Holly, Snisy y Mikeas se levantaron y examinaron sus alrededores. Habían caído a una especie de cámara de drenaje. Por fortuna no olía muy mal, solo a aire viciado y a sala vieja. Holly de inmediato tomó una muestra de la sustancia aceitosa para examinarla. Era una especie de lubricante, pero no era aceite. Luego miró a Mikeas. Este estaba cubierto de la sustancia, pero esta no se prendía en llamas. Holly suspiró con alivio.
~Estamos a salvo, de momento~ pensó.
-¿Están bien?- inquirió Priscilla.
-¡Estoy empapado en baba!- alegó el Lampent.
-Eso dolió- admitió Snisy, mientras se sobaba el poto- quizás no debimos hacerlo.
A Holly también le dolía el trasero, pero sentía que iban avanzando, y eso era bueno. Miró hacia todos lados: la sustancia aceitosa caía desde el tobogán hasta ese piso, pero no estaba lleno, se drenaba a través de una rendija al centro de la sala. Más allá había otra rampa que llegaba hasta ese nivel desde arriba, por el lado contrario.
-¡Ahí está!- indicó Holly.
Todos los demás miraron y advirtieron el otro tobogán.
-¿Qué pasa con eso?- quiso saber Mikeas.
-Por ahí podemos continuar. Esta no era una trampa, sino un camino.
Mikeas se cruzó de brazos, un tanto enfadado de que tuvieran que pasar por todo eso simplemente para continuar. Luego se acercaron a la salida del tobogán por donde supuestamente debían seguir su camino, pero este estaba tan impregnado de la sustancia aceitosa como el de atrás. Intentaron subirse encima, pero solo consiguieron resbalarse y caer de nuevo. No conseguían ni siquiera avanzar un metro.
Entonces Holly miró a Snisy.
-¿Tú no puedes congelar este líquido? Seguro que así podríamos subir.
El Sneasel se miró su garra, luego el tobogán, dubitativo. Puso cara de "podría intentarlo" y a continuación heló su puño y golpeó la superficie de la pendiente. Sin embargo, a pesar de que el aire alrededor se volvió frío y salieron algunas escarchas desde el punto de impacto, la sustancia aceitosa se vio inafectada.
-¿Mmm? ¿Le pusiste empeño?- alegó Mikeas, aprovechando la ocasión para dañar su orgullo.
-Debe tener un punto de solidificación más bajo de lo que puedo producir- indicó Snisy, ignorando el tono burlesco de Mikeas.
-Jejeje ¿Qué pasa? ¿Te falta "potencia"?
-Eso es un problema- comentó Holly.
Miró las paredes, de los huecos y grietas también caía la sustancia deslizante. No había forma de pasar a través usando hielo.
-¿Y qué hay de la dama?- inquirió Snisy, girándose hacia Priscilla.
-¿Eh?
-Tú puedes flotar ¿No? ¿Crees que podrías cargarnos hasta arriba?
-Oye, oye, no te precipites- se adelantó Holly.
Priscilla y Snisy se lo quedaron mirando, extrañados por su reacción. Pensó que Priscilla sería la primera en negarse, por eso su reacción lo tomó por sorpresa.
-Digo…- balbuceó- digo… ¿Llevarnos a todos no será mucha carga?
-Oh, no. Todos son bastante livianos- aseguró la Haunter- si los llevo a uno a la vez, no es ningún problema.
-¡Yo voy primero!- exclamó Mikeas.
Los tres se giraron hacia él.
-¿Eh?
-¡Yo voy primero!- repitió, victorioso.
-Oye, oye, no vayas decidiendo por tu cuenta- alegó Holly.
-Mira quién habla, señor "voy a tirar de la palanca aunque mi amigo me esté rogando que no lo haga"
Holly apretó los labios. No podía creer que Mikeas lo hubiera acorralado.
-Da lo mismo, al final los llevaré a todos- le restó importancia Priscilla.
Holly admiraba su falta de preocupación en esos momentos. Supuso que no estaría mal imitarla un poco y relajarse. De momento estaban seguros, estaban bien.
Priscilla tomó a Mikeas, lo puso sobre su cabeza y comenzaron a flotar tobogán arriba. Pronto se perdieron en la primera vuelta y continuaron ascendiendo, sin embargo, no mucho después, Holly y Snisy oyeron el grito del Lampent acercándose. Pronto este volvió a aparecer por la esquina y cayó a sus pies, cubierto de baba.
-¡Aj, lo que faltaba!- exclamó, frustrado.
-¿Qué pasó?- inquirió Snisy.
-No te pusiste a balancearte sobre ella ¿Verdad?- quiso asegurarse Holly.
-¡No! ¿Qué? ¡No!- se sobó el plato en la cabeza- había una entrada muy chica. Intentamos pasar, pero no cupimos los dos juntos.
Snisy meditó un momento.
-El camino se vuelve angosto. No podemos pasar este reto usando a la dama, tampoco podemos subir por nuestra cuenta. Tal parece que estamos atrapados aquí.
-¿Y dónde está ella?- alegó Holly.
-No sé, pasó por la entrada, creo. Pensé que había caído conmigo.
Miraron hacia arriba, esperando a Priscilla. Holly temió por un momento, pero luego de un par de minutos ella volvió, flotando sin problemas obre la baba.
-Lo siento, Miki. No quise dejarte caer- se disculpó.
-Mmm- gruñó, sobándose la cabeza- está bien.
-Miki nos contó lo que pasó- indicó Holly- ¿Pero qué había más allá?
-Una sala como la de antes, solo que sin lianas. Había una puerta por donde se podía seguir. Nada más.
-Tal parece que solo ella puede continuar- observó Snisy.
-Para nada, no voy a seguir yo sola- alegó ella- vamos todos o nadie.
Holly sintió una oleada de esperanza. Esa era sin duda la Haunter más maravillosa de todas.
-¡Así se habla!- exclamó.
-¿Pero qué vamos a hacer?- alegó Mikeas.
-Tengo una idea- indicó Holly- Pris ¿Puedes volver a la sala de atrás? Vamos a necesitar un puñado de esas lianas.
-No sé si pueda cortarlas- indicó.
-Entonces yo iré contigo- aseguró Snisy, sacando a relucir sus garras afiladas.
El Sneasel se encaramó sobre la Haunter y ambos subieron por el tobogán anterior, hacia la sala donde habían tirado de la palanca.
Entonces Holly se fijó en Mikeas, quien miraba el lugar donde los otros dos desaparecieron, con sospecha.
-¿Qué se trae ese Sneasel?- preguntó al aire cuando estuvieron él y Holly solos.
-¿Eh?
-Creo que quiere separarnos- se aventuró Mikeas- ¿Me entiendes? Como enemistarnos unos con otros. Romper nuestro equipo.
Holly se giró hacia él, contrariado.
-¿Y tú qué te tomaste?
-Es que es sospechoso ¿No te parece?
Holly se llevó una mano al mentón.
-Supongo que es misterioso, me gustaría saber más de él.
-Sí, es muy sospechoso.
-Pero hasta ahora parece un buen chico, solo es algo callado.
-¡Vamos, no me lleves la contraria!
Holly miró de nuevo a su amigo. Sintió frustración de su parte, pero no entendía bien por qué. Llevaba un rato así. Holly meditó un momento y, para su sorpresa, no le tomó mucho dar con la razón.
-¿Sigues enojado con él porque nos ganó en el parque de diversiones?- inquirió, sorprendido.
Mikeas también parecía extrañado.
-Bueno… sí. Pero eso no le quita lo sospechoso.
-Miki, él solo estaba haciendo su trabajo.
Mikeas bajó la cabeza. Holly sentía su frustración, literalmente. Comprendió que no estaba enojado precisamente con Snisy, sino que por haber perdido en el torneo anterior, luego de haber llegado tan lejos. Holly suspiró.
-Bueno, si no te agrada, podemos dejar de juntarnos con él.
Mikeas levantó la mirada, sorprendido.
-¿Qué?
-Apenas salgamos de esta cueva, le diremos que no queremos verlo más ¿Te parece?
-Pero… ¿Y a ti no te molesta?
-Me cae bien, es raro encontrar a alguien tan tranquilo y maduro. Más encima saltó a ayudarme cuando estábamos en problemas, creo que habría hecho lo mismo por ti.
Mikeas miró el suelo cubierto de baba, meditabundo.
-¿Eso crees?
-Claro. Lástima que no lo volveremos a ver luego de hoy.
Mikeas apretó los dientes. Tuvo que pensar rápido.
-No… no le digas nada. No aún. Quiero tenerlo cerca por si intenta algo.
-Está bien- contestó Holly, aunque sabía bien que Mikeas ya no estaba tan seguro de echarlo del grupo.
En eso aparecieron Priscilla y Snisy, cargando con unas lianas. Entre los cuatro las hicieron una trenza y las ataron para hacer una cuerda improvisada.
-¿Y qué hago con esto?- inquirió Priscilla.
-Sube de nuevo a la sala de adelante y ata un extremo a alguna saliente que haya por ahí. Necesitamos que resista al más pesado de nosotros.
Priscilla asintió y echó a andar con la cuerda. Pasó por la ranura angosta, se elevó hasta la cámara y buscó por todos lados; había muchas paredes lisas, no podía usar la cuerda ahí, pero no le tomó mucho tiempo encontrar una saliente que se veía resistente. Era como un brazo de piedra que sobresalía de un altar, detrás del hoyo en el suelo por donde ella había emergido. Era corto, pero lo suficientemente largo para atar la cuerda. Más encima, al final se ensanchaba, como para asegurar que la cuerda no se saldría. Era extrañamente perfecto para la ocasión.
Priscilla ató la cuerda al brazo de piedra y alargó el resto a través del camino hasta abajo, donde sus amigos la atajaron. Bajo las instrucciones de Holly, subieron uno a uno, primero Mikeas, luego Snisy y al final Holly. Escalar por la pendiente fue más fácil de lo que pensaron, y en poco tiempo emergieron en la cámara con el brazo de piedra, empapados en baba.
-Muy bien hecho, Pris- le espetó Holly- no lo habríamos logrado sin ti.
-Oh, no fue nada.
-Sí, estuviste muy bien- concordó Mikeas.
Snisy no dijo nada, pero cuando Holly se giró hacia él, lo encontró mirándolo con una sonrisa misteriosa, inquisitiva, como si viera algo en él que nadie más había visto nunca. Pero solo fue un momento. Pronto Mikeas y Priscilla lo apremiaron a continuar, y Holly los siguió por el túnel. Volvió a girarse hacia Snisy, pero este ya no lo miraba.
