Ni la historia ni los personajes son míos x.x, los personajes son de la grandiosa Stephenie Meyer y la historia pertenece a Georyiska Vanessa Causadia, es una adaptación de su propia novela, en mi perfil les pondré su link en donde tiene la novela original, sin mas que decir léanla y me nos cuentan que les pareció.
Capitulo 9.
Al llegar al área de espera lo vi sentada en un sofá leyendo un libro llamado "padre comprensivo". En todo el tiempo que había visitado la Clinica vi a muy pocos hombres leyendo ese libro. Saber que él estaba interesado en mi angelito me dejaba triste, porque lastimosamente él no disfrutaría la paternidad al 100% como debería ser. Edward levantó la mirada y noté el rubor en sus mejillas. Estaba candente en un traje negro, camisa color salmón y corbata negra. Fui a paso lento hasta donde él. Mi instinto fue querer besar sus labios, pero era imposible. Me senté a su lado y podia sentir la mirada de todas las mujeres en la sala. Estaba segura que la envidia las invadía, si ellas supieran que tampoco es mío.
"¿Cómo ha sido tu día?" su voz suave y aterciopelada me distrajo de las miradas sobre nosotros.
"Bien, solo un poco de dolor de cabeza. La enfermera dice que tengo la presión arterial alta. Dijo que seguramente por lo sucedido con el auto."
Edward tomó mi mano, cosa que me sorprendió por completo. "Tranquila, todo está bien." asentí concentrada en la gama de sensaciones que su toque me producía. Podria jurar que mi piel temblaba solo de la emoción de sentir su mano en la mía.
"¿Quieres algo? ¿Café, té, agua?" su voz era dulce y sentía que me arrastraba a las puertas de la tranquilidad. "Preciosa, ¿estás bien?"
Por un momento me sentí acalorada. El calor que emanaba de mi piel no era normal. Pero mi calor era de puro deseo. Lo deseaba tanto en ese instante. Era capaz de tener un orgasmo solo con escuchar su voz una vez más. "Agua estaría bien." logré decir. Necesitaba unos minutos para distraer a mis hormonas y todo mi cuerpo. Edward asintió y caminaba con seguridad hasta la máquina de agua. Como idiota lo admiraba en cada movimiento. Llevé mis manos a mi frente y bajé mi cabeza. Estaba por entrar en combustión por el deseo que tenía.
"Hola."
Levanté la vista para encontrarme con una mujer. Debia estar en los treinta y tantos. De cabello castaño y ojos azules. Su barriga estaba gigante.
"Hola." respondí de vuelta. Jamás la había visto.
"¿Es tu esposo?" señaló con su barbilla a Edward, que esperaba su turno por comprar una botella de agua.
Sonreí intentando ocultar la tristeza. "No, es solo un amigo. Vino para hacerme compañía, mi esposo está de viaje."
Sus ojos reflejaban la alegría a mi comentario. Con una sonrisa tuve que disimular el pinchazo de decepción y celos que me provocaba su reacción.
"Tienes suerte," dijo mirando a Edward. "Por lo menos te acompaña alguien a tus citas... y muy guapo por cierto." volteó a verme y vi el matiz de un rubor en su rostro. "Lo siento, es que es muy apuesto. Aunque es un niño para mi... Dudo que tenga inclinación por una mujer de treinta y cuatro." vaya que era mayor.
"Disculpa aceptada. Sé el daño que un chico como él puede causar. Soy Bella." dije extendiendo mi mano.
"Irina." su nombre me sonaba conocido. Repetía su nombre una y otra vez en mi cabeza pero no recordaba quién era.
Edward caminaba hacia mi totalmente enfocado en mis ojos. Irina se despidió y fue hasta su asiento. Antes de llegar al sofá llamaron su nombre, dio vuelta e iba caminando al consultorio no sin antes darme una sonrisa amistosa. Irina se detuvo antes de que Edward llegara a mi. Solo segundos y luego siguió su camino. Creí que le diría algo, pero no sucedió nada. Ella bajó la mirada y caminó mirando a sus pies.
"Ten." Edward me dio la botella de agua, tomé un sorbo. "¿La conoces?" preguntó estrechando los ojos.
Negué estrechando los mios. "Se acercó a mi y me preguntó por ti."
"Es la ex de Mike. Jamás pensé verla embarazada..."
Levanté una ceja. "¿Cómo la conoces?"
Frunció los labios. "La vi un par de veces cuando estaba casada con Mike. En cenas y eventos de sociedad. Parece que no me reconoció hasta que estuvimos cerca. Hay algo diferente en ella..." lo ultimo era pensando para él mismo. "... ya sé. Su cabello era color rubio y ahora está oscuro... y subió algo de peso por el embarazo." la curiosidad me picaba. ¿Por qué no saludó a Edward si lo reconoció?
"¿Qué sabes sobre ella?" de pronto ella me dejaba intrigada.
"No mucho en realidad. En las cenas fue muy reservada. Es más, diría que no hablaba a menos que Mike le diera permiso." frunció el ceño. "Hace años que no la veia. Desde el escándalo del divorcio..." sus ojos se abrieron de par en par. "Si seguimos aquí es probable que llegues tarde a la cena."
Mis labios se movieron hacia un lado. Me estaba escondiendo algo. "Vamos, Masen, ¿qué sabes? No diré nada a Mike."
Edward también torció los labios. Hizo un suspiro. "No es un secreto de estado de todas formas. Quizá aun lo encuentres en la web.
Irina solicitó el divorcio alegando maltrato físico y psicológico. Incluso se fotografió unos hematomas y cicatrices en la piel. Cuando ésto estalló la prensa se dio un banquete. Imagínate, uno de los mejores abogados del país siendo acusado de maltrato conyugal. La cuestión es que Mike no tuvo más remedio que dejar a su esposa en ridículo, probando que las fotos sí eran reales, pero que los hematomas se los había hecho ella misma. El juez la envió a medicatura forense. Éste confirmó que fueron hechos por ella misma."
Estuve con la boca abierta. Pensar que estuve hablando con alguien tan inestable. ¿Qué les pasa a la gente con dinero? ¿No pueden ser normales? "¿Y qué ganaba ella con acusarlo de maltrato?" pregunté.
"Preciosa, cuando el dinero está de por medio, muchas personas hacen locuras. Ellos tenian un tipo de acuerdo. Si el divorcio era por razones normales, como que se acabó el amor, incompatibilidad, situaciones como esas, Irina tendría derecho a los bienes adquiridos durante el matrimonio, las cuentas bancarias entre ambos, etc. Pero si el divorcio era por infidelidad o maltrato físico, Irina tendría derecho a la fortuna de Mike, dejándolo en la calle."
"Increíble..." fue todo lo que pude decir.
"Sí, fue todo un escándalo. Mike no presentó cargos por intento de fraude. Pero los medios crucificaron a Irina. Jamás se supo de ella... supongo que huyó del escándalo. Me sorprende verla ahora."
"Fue muy amable... ahora me da hasta escalofrío." fruncí el ceño. "No entiendo por qué Mike no me ha contado sobre esto..."
"Mike no es de los que se concentra en el pasado. Hace más de cinco años desde lo de Irina, jamás lo había visto salir con nadie..." y nos cayó la realidad encima. Ambos teníamos pareja. Llamaron a mi nombre en ese momento. Quiero pensar que fue suerte, porque no tenía ganas de llorar por no estar con Edward.
La ecografía fue espectacular. Escuchamos el corazón de nuestro pequeño, mientras Edward sostenía mi mano. Jasper felicitó a Edward por ver al padre por primera vez en una cita. Tuve que mentir diciendo que era solo un amigo, que el padre estaba de viaje. El rostro de Edward era inescrutable, pero su mirada decia tanto. Estaba dolido, y más que dolido, estaba destrozado. Le comenté a Jasper lo de la presión arterial. Una excusa para distraer el humor de Edward. Jasper volvió a tomarme la presión arterial, diciendo que todo estaba en orden. Pero si tenia algún dolor de cabeza prolongado o desmayo, que acudiera inmediatamente a urgencias.
Iba en mi auto rumbo a mi departamento. Edward había insistido en seguirme, pero no quería chismes de paparazzi. En el camino pensaba en la historia acerca de Mike e Irina. Ella parecia ser muy atenta y buena persona. Pero como dice Edward, las personas pueden hacer locuras por el dinero. Yo era prueba de eso. Hace meses atrás, estaba convencida que casarme con un hombre millonario haría la diferencia en mi vida. Quizá lo hizo, después de todo, mi sueldo no bastaría para tener todas las comodidades que tengo. Quizá no tenga la resistencia para ese tipo de pobreza. No sé, quizá la vida me da lo que necesito sin pedirlo. Pero justo en estos momentos desearía estar con Edward, aunque ninguno de los dos tuviera algún tipo de riqueza.
Esta vez antes de bajar del coche revisé el área varias veces. Mi Ferrari se lo habían llevado para investigación y luego se enviaría al taller. De pensar en cuánto me costaría arreglarlo, estaba tentada a venderlo por partes o algo así. Bajé cuidadosamente mirando hacia todos lados casi a la vez. Prácticamente corrí hacia la puerta y abrí con rapidez. Por suerte no soy de las que le tiembla la mano al estar nerviosa, por lo menos no en este tipo de situaciones. En el elevador me sentía sola. Estaba nerviosa. En el piso diez una chica subió, iba para el piso veinticinco, exactamente mi piso. Ahora me sentía más tranquila y hasta me burlé internamente de lo absurda que era. Ambas bajamos y cada quien caminó a su destino. Llegando a la puerta otra vez ese sentimiento de ansiedad acariciaba mis entrañas. Introduci la llave y esta vez la puerta estaba con seguro. Mi cuerpo se relajó al instante e hice un suspiro de alivio. Cuando entré todo estaba tan tranquilo como siempre. El reloj decía las seis quince, llegaría tarde a la cena. Como siempre busqué algo de frutas para mitigar el hambre mientras llegaba a la cena. Me duché y vestí con un traje semi formal color rojo vino. Llevaba los zapatos en la mano y en la otra las llaves del Porsche y mi cartera. Habría la puerta con una mano y con la otra me ponía un zapato. Repetí el proceso pero esta vez cerrando la puerta. Salí corriendo prácticamente al elevador. Estuve esperando por diez minutos que llegara a mi piso.
Cuando llegué a la mansión Cullen, estaba más ansiosa de lo que estaba en mi casa. El portero dejó pasar mi auto. Estacioné el auto con mucho cuidado. Mike nunca se había puesto protector con el auto, pero no quería agregar otra ida al taller.
Al bajar Alice y Jake esperaban en la entrada. Tenia dias de no verlos. Ambos me saludaron muy animados. Me invitaron a pasar. Por supuesto que por dentro era todo lo que esperas ver en una casa como esa. Lámparas de cristal en el techo, suelo de mármol, pinturas caras, etc. No dejé que el lugar me afectara. No quería que mi mente viajara a lo que hubiera sido crecer en ese lugar.
Los mellizos me llevaron a una sala de estar. Sillones de un fino tapizado, y el lugar decorado con buen gusto. La sala de estar era del tamaño de mi habitación, el closet y mi baño unidos. Del pasillo, un hombre llegando a sus sesenta, caminaba de traje azul marino, camisa blanca y corbata azul pastel. Su cabello era rubio. Su gracia al caminar era perfecta. Hombros atrás y mirada al frente. Se acercó a mi sonriendo. Quise devolver la sonrisa, pero por alguna razón me sentía hostil hacia él. Estiró su mano a mi, yo hice lo mismo.
"Carlisle Cullen, encantado de conocerte, Isabella."
¿Qué se supone que debo contestar, "encantada"? Sonreí con diplomacia, algo aprendido de Edward, y asentí.
"Disculpa no estar presente en tu llegada, estaba en una llamada importante." del mismo pasillo caminaba con un aire de sumisión una mujer en sus cuarenta. Reconocí el uniforme de servidumbre por la falda de color lila a las rodillas, y una camisa blanca con la inicial C. bordada en el lado izquierdo de su camisa. "Sr. puede pasar al comedor cuando guste." Carlisle asintió e hizo un gesto de pasar a cenar.
Edward me había enseñado todas las costumbres, lo que se debe hacer y lo que no, en una cena de sociedad. Estaba tan agradecida.
Con más claridad pude ver la tonalidad de los ojos de Carlisle. Ambar, igual que los mios. Yo parecia más su hija que los mismos mellizos.
"Y, ¿qué me cuentas sobre ti, Isabella?" preguntaba Carlisle. Se veía interesado, pero no quería alentar mis expectativas.
"No mucho, Sr. ¿Qué desea saber?" su sonrisa fue amistosa. Era evidente que había un bloque de hielo entre ambos. Que yo había puesto.
"¿Estudias, trabajas, qué te gusta hacer?"
Mi sonrisa fue sarcástica. "No estudio, señor. El presupuesto no dio para ello. Trabajo en una bufete de abogados." había soñado muchas veces conocer a mi padre, y no entendía ahora que lo conocía, por qué era tan hostil.
Por el tono de mi voz supo que no deseaba hablar de mi vida. Alice sintió mi cambio e interrumpió comentando a todos sobre el colegio y algunas cosas. Alice quería ser veterinaria y quería estudiar en el extranjero. Luego fue el turno de Jake de hablar sobre su carrera en la universidad. Él quería ser Neurólogo. Nosotros tres hablábamos muy animados. Podía sentir la mirada de Carlisle, pero no tenia intención de devolverla. Había llegado la hora del postre y honestamente estaba cansada de fingir educación. No le debia nada a Carlisle.
"Yo creo que es hora de retirarme. Ha sido un día muy movido para mi." los tres me miraron con asombro.
"¿Me acompañas al tocador, Bella?" fulminé con la mirada a Alice. Asentí.
Ni siquiera llegamos al baño. "Por favor no te vayas." su mirada era suplicante.
"Alice, no me siento..."
Ella tomó mi mano. "Él es un hombre fuerte, es cierto, pero quiere conocerte, saber de ti. Él nunca creyó que tuviera una hija y cuando supo de ti entró en pánico. Debes darle una oportunidad."
Estreché mis ojos. "¿Por qué ahora y no cuando supo de mi? Esta bien una semana después, o tres semanas hubieran sido comprensibles, pero no meses." dije negando.
"No sabia cómo llegar a ti. Además está la presión de la sociedad... sólo dale una oportunidad... de verdad lo está intentando, ¿qué tienes que perder?"
Suspiré derrotada. Asentí y regresamos a la mesa. Comimos postre y luego Alice insistió en dar un tour por la casa. No les voy a mentir, la mansión era hermosa. Incluso más grande que el apartamente de Edward. Bien decorada, muchas habitaciones, piscina, gimnasio, etc. Alice fue a contestar una llamada y yo me quedé en el jardín admirando las rosas.
"¿Puedo?" preguntó Carlisle dándome un gran susto. Asentí. "Los chicos estan locos por ti. No dejan de hablar sobre su hermana." asentí. "Entiendo que no quieras saber de mi, pero debes comprender que tu madre no fue la mujer más honesta del mundo."
Volteé a verlo. "Renee nunca fue honesta, pero, ¿por qué no hacer una prueba de ADN o intentar saber de mi? ¿Por qué hasta ahora después de meses de saber la verdad?" mis preguntas sonaron más a reproches que a simples preguntas.
"Cariño, no intento disculparme por los errores del pasado. Sé que fui un hombre llevado por la lógica más allá de mis instintos, no lo niego. Solo quiero dejar atrás a ese hombre lleno de prejuicios por la sociedad, y formar algún vínculo con mi hija, si ésta me lo permite." nos sentamos en una banca. "Otro de mis motivos es porque me enteré de que serás madre. No te diré el discurso de ser muy joven para eso. Tienes la madurez de una chica de veinti tantos. Lo sé por tu mirada. No sabes cuánto me pesa saber que, detrás de esos hermosos ojos, hay amargura por una vida que pude haberte evitado.
Quiero conocerte, saber tus planes, que pueda compartir una tarde con mi nieto. Pero nada de eso será posible si no dejamos atrás el pasado."
"Es fácil para alguien que no ha vivido con la incertidumbre de quién es su padre. Soñando con la remota posibilidad de ser rescatada de esa miseria."
"Por favor, solo dame una oportunidad de enmendar las cosas."
Mi mente era un remolino. Podría seguir con mi hostilidad, pero eso no ayudaría en nada. Además, sería lindo que mi bebé tuviera un abuelo, tíos, padre, ¿por qué negarle la posibilidad de tener todo lo que yo no tuve?
"Supongo que no le haremos daño a nadie con intentarlo." ofrecí mi mano a él. Carlisle tomó mi mano y me dio un beso en la mejilla.
"Lo primero que quiero hacer es que lleves el apellido Cullen... seria un honor para mi."
¿Llevar el apellido de un multimillonario? "No sé, sería llamar la atención de los medios..."
"Olvida los medios, es lo menos que puedo hacer." asentí. Me sentía emocionada por la acción. No por llevar un apellido pudiente, sino porque después de tanto tendría el apellido y mejor aun, el cariño paterno que siempre quise.
"¿Puedo hacer una pregunta que no es de mi incumbencia?" fruncí el ceño, asentí. "Newton, ¿no es el padre?"
Lo miré en shock. ¿Cómo lo sabía? "No, no lo es."
"Es Masen, ¿verdad?" asentí. "Isabella, si es por dinero que estás con Newton, yo puedo..."
Negué con fervor. "No es por dinero. Seguro no eres amante a los chismes. Edward está comprometido, se casa el próximo viernes. El no puede dejar a su prometida y yo debo seguir mi camino."
"Es inaceptable que siendo el padre del bebé..." lo fulminé con la mirada. El sonrió cabizbajo. "Sí, quién soy yo para señalar cuando le di la espalda a Renee. Espero que sus motivos sean tan fuertes que valga la pena el sacrificio. Algo te puedo decir muchacha, los errores se pagan tarde o temprano, yo soy un ejemplo de ello." sonaba tan resignado y abatido. Tal vez era muy dura con él. Acerqué mi cuerpo un poco más a él y coloqué mi cabeza sobre su hombro. Carlisle suspiró y me dio un beso en la cabeza. Era agradable. Después de años me sentía amada por una figura paterna.
La noche estaba por terminar y yo estaba exhausta. Muy cansada. Los mellizos querían quedarse en mi casa, pero yo no era buena compañía, estaba tan cansada que solo quería dormir. Me despedí de mi familia y subí a mi Porsche. En el camino pensaba en la noche. Tenia una familia, se sentía maravilloso. Cuando llegué a mi casa el cansancio no le daba paso al miedo que sentí en la tarde. Había sido un día de emociones. Me senté en mi sofá favorito, encendi la TV, quité mis zapatos y no supe de más nada. Pudo haber un sismo de 10.9 y yo ni por enterada. Ni siquiera me di un baño.
A lo lejos escuchaba una música. Era tan distante. La escuché tres veces más y desperté. Esta vez escuché el sonido claramente, era mi BlackBerry. Salté del sofá a la isla de la cocina. Era Mike.
"Amor, llevo rato llamándote. ¿Qué hacías?" su tono era malicioso, como si estuviera haciendo algo malo. A veces sobre-actuaba cuando no respondía el celular.
"Lo siento, estaba dormida. Fue un día muy movido."
Mike estuvo en silencio. "¿Saliste?"
"Aja..." dije un poco dormida.
"¿A dónde fuiste?" mierda, había olvidado por completo contarle de la cena.
"Carlisle me llamó para invitarme a cenar."
"¿Por qué no dijiste nada?" sonaba alterado, incluso enfadado.
"Calma tigre, lo olvidé. El jueves estuve llamándote pero tu recepcionista dijo que estabas en reunión. Luego llamaste y estaba pensando en lo de las pizzas. Y para colmo llegas tarde y no sé más de ti hasta hoy." en realidad culpa mía del todo ni en broma.
Suspiró "Lo siento, nena. Sabes que me preocupo cuando no estás. ¿Cómo estuvo la cena?"
"Increible... Carlisle me dará su apellido y quiere conocerme." dije entusiasmada. "Oh Mike, sucedió algo ayer..."
"¿Estás bien?" rodeé los ojos.
"Sí, pero escucha, mi Ferrari está destrozado. Algún loco le rompió los vidrios, el tapizado está destrozado... pero dejó todo el equipo de sonido dentro."
"¡Mierda! ¿Llamaste a la policía?"
"Sí, estan investigando. Por cierto, estoy usando tu Porsche, espero que no te moleste."
"Para nada, muñeca. En realidad nunca me gustó ese Ferrari." fruncí los labios. "El lunes te compro uno... estaba pensando como en un Audi, Mercedes... ¿te gustaría?" pues un auto nuevo... no estaba mal.
"Ok."
"¿Qué harás hoy?"
No había pensado en eso. "No sé, tal vez llame a la ingrata de Rose para ir al cine o algo. Te diré cuando sepa qué haré."
"Está bien. Te llamo más tarde. Te amo." y colgué la llamada.
El sofá se veía muy tentador, pero no quería quedarme en casa aburrida. Llamé a Rose y para mi desgracia, estaría ocupada cenando con los padres de su novio. Bueno, parece que mi fin de semana sería estar en casa.
Había hecho la limpieza, había lavado la ropa de estar en casa y llevado la de trabajo y otras prendas importantes a la lavandería. Hice unos espagueti a la carbonara. Escuché mi celular timbrar cuando terminaba de cocinar.
"Hola." dije sin ver quién era. Seguramente era Mike.
"¿Cómo estás preciosa?" di un salto al escuchar su voz. La tapa de la olla se resbaló de mi manos.
Escuché la risa burlona de Edward. "Termino de cocinar." dije recogiendo la tapa.
"¿Qué hiciste?"
"Espagueti a la carbonara."
"Suena delicioso. ¿Puedo ir? Tengo ganas de una comida casera."
"¿Y tu prometida?" hizo un bufido.
"¿Puedo ir o no?"
"Ok..." los hombres estaban con la luna ese día.
"Listo, ya salgo para allá."
Mi subconsciente me torció los labios, ¿qué estás haciendo? preguntó. Fruncí el ceño y mentalmente le saqué la lengua. Pensaba demasiado, además un poco de compañía no me mataría.
Edward llegó a los pocos minutos. Serví su porción de espagueti y una copa de vino tinto. Hablamos durante la comida de cómo me había ido en la cena. Estuvo alegre cuando le dije que el lunes iría con Carlisle para lo del papeleo para darme su apellido. Sin querer quedamos en el area sobre su boda.
"Tanya está vuelta una loca con los preparativos. Toda esta semana me tiene comiendo en restaurantes porque Sue está de vacaciones."
"No puedo creer que esté tan ocupada." negué.
"Para cocinar y hacer las cosas del hogar está ocupada. Y mejor así, no quiero pasar la tortura de su cocina." sonreí. "Es cierto, hasta el pan tostado se quema."
"No quiero ni saber lo que harás el resto de la semana. ¿Cuándo regresa Sue?"
El alivio recorrió su rostro. "Unos dias después de mi luna de miel." se notaba incómodo. Lo entendía perfectamente. Me levanté sin decir nada y recogí los platos. Los llevé al fregadero. Edward estuvo a mi lado en segundos. Me abrazó pegando su pecho a mi espalda. Ninguno dijo nada. Las palabras terminaban sobrando en esos momentos. Volteó mi cuerpo y su mirada era intensa. Me decia tanto con su mirada. Una fuerza me empujaba a sus labios, su hechizo estaba puesto y estaba por morder la manzana prohibida. Sentir sus labios es como el agua fría en una quemadura. Sientes que te refresca y calma el dolor. ¿Cuánto tiempo soportaría este suplicio? Sus labios eran como la droga más dulce en el universo. Sentía sus manos sobre mi trasero, me apretaba fuertemente a él, yo enterraba mis dedos en su cabello. Entonces con una mano acariciaba mi trasero y con la otra mi clítoris. ¿Alguna vez han tenido un orgasmo con ropa puesta? Pues yo estaba por sentir uno. Lo sentía venir, ese calor comenzando desde mis dedos de los pies y extendiéndose por todo mi cuerpo. Movía mi pelvis al ritmo de sus dedos, mis gemidos eran escandalosos, allí estaba ese cosquilleo maravilloso... y el celular comenzó a sonar. Se fue, toda esa sensación exquisita se fue. Tenia dos llamadas perdidas. Y era Mike. Edward seguía con su tortura de besos. Y estaba entrando en calor de nuevo cuando el celular volvió a sonar.
"Debo contestar..." decia jadeando.
"No lo hagas... llamará más tarde..." decia entre cada beso depositado en mi cuello.
"Se preocupará, Edward... debo responder."
"Está bien, responde..." dijo dando pasos hacia atrás.
"Hola." respondí. Era imposible que el no se diera cuenta de mi jadeo.
"Hola..." contestó cauteloso. "¿Qué haces?" mi mente se congeló un segundo. Miré a Edward con pánico y este alzó los hombros.
"Eh... estaba acomodando unos muebles en el cuarto del bebé. Estaba aburrida y pensé en hacer algo." Edward me miró sorprendido.
"¿Pero no estarás moviendo los más pesados no? Parece que has estado corriendo... ¿te sientes bien?"
"Sí, sí, no te preocupes." miré a Edward e hice una mueca diciendo "¿ves?". Edward negó.
"¿Por qué no me esperas y lo hacemos juntos?"
"Porque últimamente no tienes tiempo. Llegas tarde de la oficina o tienes viajes que hacer. A este paso, estaré en la sala de partos y el cuarto no estará listo." mi tono salió en reclamo.
Mike suspiró. "Lo siento, muñeca. Sabes que tengo una gran responsabilidad en la empresa. Te prometo que esta semana te ayudo con la habitación, ¿de acuerdo?"
"Está bien..." Edward se acercó a mi y comenzó con una tortura de besos en mis pechos. Hice un gemido.
"¿Seguro que estás bien?" suspiré antes de responder.
"Sí, lo que pasa es que me quemé con la tapa de la olla... estoy haciendo espagueti..." como pude logré suprimir otro gemido.
"Te llamo más tarde, muñeca..." sin querer presione el botón de alta voz. "... recuerda cuidar a nuestro bebé... te amo." Edward dejó de besarme al escuchar esas palabras. Su ceño se frunció y apretó sus labios. Lo vi con la intensión de tomar el celular y rápidamente me moví unos pasos lejos de él.
"Está bien... hablamos luego." respondí a mike.
La mirada de Edward era ira pura. Estrechó sus ojos y llevo su mano a su frente. Masajeaba su cien. "¿Le has dicho que lo amas?" su voz fue suave, pero sentí la furia contenida. Negué. Me agarró fuertemente por el brazo y pegó su cuerpo al mío. Fue tan violento y salvaje que mi espalda quedó presionada al refrigerador. "¡Tú siempre serás mía, Bella!" me besó con ira y aún así sus labios sabían a cielo. "¡Yo fui el primero en tener tu cuerpo, en amarte, hacerte mujer!" y con la misma furia rasgó mi blusa y besaba mis pechos. Mi pezon que estaba tan susceptible por el embarazo me hacia delirar. Era capaz de tener un orgasmo solo con Edward masajeando mis pezones. Y creo que no estaba lejos, porque aquel delicioso calor dentro de mi se hacia intenso. Pegaba su cabeza a mis pechos con mi mano. Estaba en la deriva, presa del delirio de su boca y su lengua en mi pezon. La explosión llegó tan deliciosamente, que estaba gimiendo ruidosamente.
"Jamás nadie podrá causar ese efecto en ti, Bella. Siente como estoy..." llevó mi mano a su miembro. Estaba listo para ser introducido en mi. "... nadie tiene ese efecto en mi... te deseo. Te deseo tanto... te quiero aquí, en la cocina..." soltó el botón de mi short, los empujaba hacia abajo junto con mis bragas. Separó mis piernas y solo sentí su lengua sobre mi clítoris. Oh... ¡qué sensación! Estaba vuelta solo jadeos. No paraba de arquear mi espalda y mover mi pelvis al ritmo de su lengua. No aguantaba más, necesitaba su lengua en mi. Subí una de mis piernas a su hombro. Con su lengua jugaba con mi clítoris y con dos dedos penetraba mi cavidad. Era tan delicioso. Sentía como mi vientre succionaba sus dedos. "Sí, amor... dejalo salir..." y solo sentí la explosión de mi cuerpo. Edward continuó pasando su lengua unas cuantas veces más sobre mi clítoris. Bajó mi pierna de su hombro y le daba pequeños besos a mi empeine, mis muslos, mi cadera, mi ombligo. Besaba mi cuello sin tregua, estaba exhausta pero mi cuerpo quería más. Edward introdujo un dedo en mi interior y lo extrajo rápidamente. "Prueba..." dijo con su voz seductora. Su mirada quemaba mi interior. Era un fuego voraz... solo él lo podia apagar. "... prueba como sabes... eres deliciosa..." esa mirada que quitaba mi aliento. "te voy a tomar aquí..." besó mis labios mientras subía mi pierna derecha a su cadera. Su miembro firme penetró mi interior. Acerqué mi cuerpo al suyo y sentía como entraba y salía. Enterraba mis uñas en su espalda, en sus hombros. Sin compasión besaba sus labios. Era el sexo más salvaje y carnal que habíamos tenido. Edward apretaba mi muslo y besaba mi cuello, le daba cada cierto tiempo un ligero mordisco. Estaba tan mojada, tan fuera de mi. Jamás pensé que el sexo duro fuese tan placentero. Y me refiero a duro porque Edward jamás había sido tan explícito, me había mordido, ni empujado al hacer el amor. Sentía sus embestidas tan fuertes que gemia llena de placer. Y ahí estaba esa deliciosa succión que mi vientre hacia sobre su miembro. Tuve mi tercer orgasmo. Ambos llegamos al clímax casi al mismo tiempo. Me dio un tierno beso en los labios y su mirada me decía cuanto me amaba. "Te amo tanto, que duele como el infierno." dijo acariciando mi mejilla. ¿Cómo decirle que era un error? Que ambos teníamos pareja y que era imposible. Lo cierto es que no podíamos estar lejos del otro. Y mi mayor temor era que alejarnos por completo podria matarnos de dolor. Tal vez suena dramático, sacado de una novela del siglo antiguo, pero era lo que sentía al ver su mirada tan llena de dolor y amor. Su mirada era el reflejo de la mía. Y esa muestra de pasión, ese sexo tan apasionado, intenso y abrumador, solo era la superficie del iceberg de nuestro amor. Era simple, yo sin Edward moriría, y lastimosamente, a él le esperaba el mismo destino.
Estabamos en la cama que compartía con Mike. Edward miraba mi rostro mientras jugaba con un mechón de mi cabello. Yo acariciaba su pecho. No podia creer lo que mi mente estaba pensando. De verdad lo estaba pensando. "No quiero perderte." dije sin pensar más. Edward me miró tiernamente.
"Tampoco yo."
"Lo haré..."
Frunció el ceño. "¿Qué?"
"No puedo estar lejos de ti... quiero estar contigo... aunque estés con ella..." la ultima frase fue un susurro.
"¿Harias ese sacrificio por mi? Pero tú dijiste que..."
"Sé lo que dije, Masen. No sé si funcionará. Pero mi amor es tan grande que prefiero tenerte a ratos que no tenerte en absoluto." sonreí tímidamente. "Y bueno, prácticamente ya somos amantes... solo que vivimos engañados que podemos ser amigos."
"Y, ¿qué sucederá con Mike?"
Suspiré. "Edward, debes entender que esto es un egoísmo de nuestra parte. Pero así como yo respeto tus razones para estar con ella, aunque no esté de acuerdo, espero que tú también apoyes mi razón para estar con él." Edward estaba por refutar pero lo detuve. "Nuestro bebé tendrá todo lo que se merece y lo que nunca tuve. Tendrá tíos, un abuelo, incluso un padre... a tiempo completo." Edward asintió.
"¿Crees que esto de ser amantes funcione? Sabes que soy celoso." su rostro era serio.
"Antes no decías nada..."
Negó sonriendo con ironía. "Solamente escuché que te decia "te amo" y todo en mi se pintó color rojo sangre... aunque me gustó mucho el sexo, fue muy intenso." sonrió, luego su rostro volvió a la seriedad. "Pero antes me decia que no tenía derecho, porque eramos solo amigos... pero eso no quitaba los celos que tenia."
"Por favor, si queremos que esto funcione debemos tratar de disfrutar el momento. Si nos concentramos en los celos nada avanzará."
Edward besó mis labios fervientemente. "¿Puedo quedarme hasta el Lunes temprano?" lo miré boquiabierta. "Mike no llegará hasta el lunes en la tarde. Tqnys está en no sé dónde, haciendo los últimos detalles del vestido. Puedo decirle a Eric que traiga ropa... ¿Qué dices?"
Me daba pavor, ¿y si Mike adelanta el vuelo? "No sé... me da miedo que Mike quiera darme una sorpresa." estaba dudosa.
"¿Y si te quedas en mi apartamento? Si él llega y no estás te llamará. Puedes decir que estás donde los Cullen." me gustaba más su idea.
"Sí, me parece mejor. Voy a recoger un par de cosas." hice una pequeña mochila y estaba lista para estar donde Edward el resto del fin de semana. Estaba cometiendo una locura. Y estoy segura que terminaré quemada, pero con tal de estar con Edward podria caminar sobre fuego.
Fuimos a su apartamento en carros separados. No recuerdo la ultima vez que estuve en ese lugar. Entrar fue como retroceder el tiempo, donde eran dias felices y nuestro amor vencía cualquier tormenta. Era extraño no ver a la Sue. Recordé por qué no estaba y una punzada de tristeza quiso asomarse, pero la detuve justo a tiempo, se supone que disfrutaría de Edward cuanto fuese posible.
Mi fin de semana fue... maravilloso. No tengo otra forma de describirlo. Algunas veces me sentí con culpa, como cuando Mike me llamaba, pero luego recordaba lo feliz que era antes de esa llamada y me obligaba a dejarlo en el olvido. Me pregunto, ¿cómo logré sobrevivir sin Edward? Eramos perfectos juntos, no había un solo centímetro de su piel que no hiciera juego con la mía. Eramos compatibles en todo, incluso en aquello en lo que no estabamos de acuerdo.
Lastimosamente las cosas que más disfrutas, son las que sin darte cuenta, terminan con más rapidez. Ya era lunes y hora de volver al mundo real.
Cada uno iba de regreso a su propio mundo. Prometiendo vernos cuanto tiempo fuese posible, y estar en comunicación todo el tiempo. Iba en el Porsche rumbo al trabajo meditando. Y para variar, meditar trajo consigo algo desagradable, tristeza. Me sentía triste porque no sabia cuándo lo volvería a ver. Y entonces comencé a extrañarlo de la manera mala. Comencé a extrañarlo con esperanzas de volverlo a ver, cuando unos dias atrás lo extrañaba, pero estaba resignada de que todo seguiría igual. Había moldeado mi corazón a extrañarlo con resignación, ahora esa resignación se había esfumado con el hecho de que habíamos pasado un increíble fin de semana. Suspiraba viendo la lluvia caer. Dentro de poco él estaria casado con esa arpía manipuladora. En mi cabeza, mi entrometido subconsciente comenzaba con el bombardeo de preguntas, ¿será así toda la vida, esperando que ella no esté para amarlo? ¿Y si nunca la deja? ¿Puedo soportar ser solo su amante? Fruncí el ceño. Eran preguntas muy fuertes para un lunes por la mañana. Encendi el equipo de sonido y conecte mi BlackBerry para escuchar algo de música.
Llegar a mi trabajo era un analgésico para mi. Era un día ocupado con un caso de un asesino en serie. Jane quería mi opinión en cuanto al caso, ya que su asistente estaba enferma con neumonía. En buena hora se tenía que enfermar, yo no sabía nada de leyes. Como siempre Jane le restaba importancia a las cosas, diciendo que no era nada complicado y que hasta un niño podria ayudar. Sí claro, si fuese tan fácil, todo el mundo lo haría, decia mi subconsciente, que al parecer se había levantado del lado equivocado de la cama.
Mike llamó para decir que ya estaba en casa. Quería buscarme al trabajo para ir a comprar mi nuevo auto. El sentido de la culpa tocaba en mi mente como un pájaro carpintero molesto. No estaba segura cómo haría para mirarlo a los ojos, pero contaba con que sería muy difícil.
Luego de un día entero haciendo conjeturas, armando la evidencia e investigando a los futuros testigos, estaba lista para ir a mi hogar. En realidad no me fue tan complicado, pero tantas leyes y libros me iban a dejar demente. Hice un bufido saliendo de la oficina, solo había sido el primer día y sentía que había pasado años. No quería imaginar lo que era para Mike.
Él me esperaba en el lobby. Lucía tan informal en jeans y sweater azul. Para nada el abogado de traje y corbata. Al verlo me dio un abrazo y un beso en los labios. Aun no me acostumbraba a ese gesto. Mi subconsciente hizo una pregunta que me dejaba pensando, ¿algun día te vas acostumbrar? Odiaba cuando estaba en ese modo observador y analítico. Otra vez le fruncí el ceño y mentalmente le dije que se ocupara de sus problemas. Por supuesto que sus problemas eran los mios, pero no estaba de humor para pensar en nada.
Fuimos a un concesionario de Mercedes-Benz. Estuve pensando que ahora sería madre, los autos deportivos ya no eran para mi, entonces quizá algo de cuatro puertas o un 4x4. Me gustaba el Porsche, era espacioso, lujoso y con su toque deportivo. Tal vez un Mercedes... no, me gustaba más la idea de un BMW. Fuimos al concesionario de BMW y conseguí mi 4x4, modelo del año, color rojo.
Mike manejaba su Porsche, mientras que yo iba en mi nuevo auto. Me sentía emocionada, pero a la vez triste. Algo me faltaba y ese algo o quizá debería decir alguien, era Edward. Por más que hiciera mi esfuerzo en frenar esa necesidad de verlo, por más que me repitiera una y otra vez que debia tener paciencia, no lograba sentirme mejor. Odiaba ésta espera de no saber cuánto pasaría antes de verlo otra vez. ¿Lo vería antes de su boda? ¿Y si pasaban semanas? ¿Despues de su luna de miel? Deseaba verlo, ahora que mi cuerpo había sentido su amor por tantas horas, ya no sabia cómo explicarle que lo único que podia hacer era esperar. Esperar para dar el amor que tengo acumulado.
Niñas les agradezco mucho que nos lean y nos pongan como favoritos o nos sigan, GRACIAS TOTALES! no olviden que si tienen alguna, duda, sugerencia o reclamo pueden dejar review y les contestaremos.
