Mientras convergen las horas, mientras el globo circunnavegaba en el vacío, todo parecía ser normal, mientras existiese la vida, la muerte sería siempre un fantasma. Pues escrito está con sangre que el dolor mortal no le importa a un mundo muerto y por la misma causa inmortal.

Y habrían sido tantos los dolores y tan insondables los pormenores, que a la luz de la luna los clamores se hicieron ruina, bajo la penumbra de sus alas extendidas el cielo se hizo tan puro que le cegó, bajo sus alas ya nada importó.

Lejos de este mundo muerto, él se había elevado sin tocar puerto. Un cuento maravilloso envuelto en una magia no resuelta. Una vuelta en cruel picada le envió hasta lo que con indiferencia llamamos realidad.

Y se atrevió a volar cual soñador, gestando en un embrión ímprobo un amor tan propio como ajeno. Bueno y malo se hicieron un cristal y su ceguera trazó en él su camino. Si no orgulloso de lo vivido sí alegoso por un ir calcino.

Así, se encuadraban palabras vacías en lápida marmolea.

"Amado poni y amigo entrañable"

Allí yacían oyentes una rosa, un clavel y una magnolia. Yacían ponis sobre la tierra que para separarles de los muertos valía. Historia, que se escapaba del cuerpo y se repartía entre llantos entre anécdotas y aquel que mentía, hacía de pulmones, voz y presencia de una vida que ya ni existía.

Su féretro bajaba para darle cobijo hasta ser comido por gusanos. Pétreo espectro corporal, esculpido por un aliento frío, congelado entre anhelos profanos. Y las lágrimas trataron de revivirle, una yegua blanca con velo negro irrisible, al menos así era hasta escuchar su motivo invisible: ese era el velo de la novia del repudiable.

Más joven, más hermosa, en sus ojos llorosos se escondía su ingenuidad. Plausibles sentimientos por un ser que detestaba la trivialidad y brindaba toda su vitalidad. Mismo ser que construía figuras para la frivolidad.

Coloratura sintió cómo todo parecía ser una caricatura. Los amigos de Svengallop acudían por montones componiendo su propia partitura, una donde el dolor común su nombre juraba guardar en una parte de la cultura.

Cantantes, músicos, escritores, teloneros, curiosos, celebridades, incluso una aprendiz. Todos veían allí a un ser amable, serio, pero de un aire como los dandis. Y en ese momento los pesares de Coloratura se hicieron indulgentes.

Svengallop no había vivido ni amado. Había vivido su amor. Solo entonces lo comprendió.

El color del funeral, iluminado por el sol y por hojas amarillentas de un árbol, pareció pintar una sonrisa en el difunto. Al farol de su consciencia cada día, cada año, cada mes fueron difuminados por cada minuto. Y se quedó esperando hasta que todos los allegados expresaran sus sentimientos profundos.

Hasta que la novia se quedó llorando con el maquillaje corrido y cantándole entre sollozos con voz exhausta. Coloratura se vio a sí misma en aquella novia, de no ser por los pormenores, de no ser por Svengallop, ella en su lugar se hubiera sentido fausta.

Y el cielo compasivo escuchó los deseos de Coloratura y dejó caer su propio llanto. La novia tuvo que dejar reposar en paz al muerto. Pero dudó y se empapó mientras aguardaba parada observando la lápida ya con espanto. Gritó a causa del abandono que sintió.

Pero, eventualmente, dejó al corcel, acompañada por varios buenos amigos artistas, que forzaban su escape.

En ese momento, dudó de su sensatez, en la soledad bañada por la lluvia que enjuagaba sus propias lágrimas, oyendo los relámpagos, se acercó hasta la lápida, pisando la tierra que resguardaba el féretro de Svengallop.

¿Amor? ¿Duda? ¿Venganza? Por alguna razón estaba allí… mientras su melena se pegaba a su rostro, cerró sus ojos y dejó que una lágrima corriera por su mejilla. "Descansa en paz" Dijo su voz, después de dejar caer un ramo de lavandas sobre la tumba.


Les agradezco a los pocos que todavía siguen este fic y especialmente a Vwallacebrother, quien me ha animado a terminar con este escrito que tenía olvidado en un rincón.