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-¡¿trajiste las bengalas de emergencia?!-preguntó Zen. Kin venía corriendo a través del bosque a toda máquina.
-había un par de linternas bajo el asiento del conductor del auto de Seishi, las he traído también… y el encendedor-contestó mientras jadeaba una y otra vez por el esfuerzo.
-bien-dijo Zen mientras quitaba las cosas de los brazos del chico y empezaba a repartirlas.
Taka miró el cielo, gruñó al ver que casi estaba completamente oscuro. Hace más de una hora que debían haber vuelto a casa.
-vuelve con Gin, quédense con los niños-ordenó el castaño. Kin asintió.
-no se separen, es peligroso-miraba el cielo con el ceño fruncido-tengan cuidado y suerte-les dijo antes de dar media vuelta y regresar por el mismo camino por el que había llegado.
-vamos, antes de que se oculte el sol-apresuró a decir Zen, esperando encontrar a Kagome antes de tener que internarse en el bosque de noche.
El resto asintió. Okami y Taka tomaron las linternas y el resto las bengalas, deseando no usarlas se separaron levemente los unos de los otros buscando en el suelo del bosque algo que les indicara el camino que había tomado la azabache.
-¿Qué tan lejos pudo haber ido?-preguntó en voz alta sintiéndose inútil.
-ojala no tan lejos-le contestó Okami. Ambos se miraron unos instantes, sin ese brillo competitivo sino que con viva preocupación.
-¡¿Kagome, dónde estás?!-llamó Yuriko, pero no hubo respuesta.
-¡Kagome!-gritó Shinju esta vez.
Kagome saltó sobre un arbusto siguiendo los cuerpecitos flotantes de los Kodoma sin mirar atrás ni prestar atención a las voces lejanas de sus amigos que la llamaban insistentemente.
-¿hacia dónde me llevan?-les preguntó mientras apartaba las ramitas de un arbusto para no arañarse la cara.
Ya casi…
Respondieron con suavidad. Kagome no los cuestionó pues sabía que sus intenciones eran totalmente buenas. Intentaban salvar el alma de un pequeño, le habían traído su mensaje y lo único que podía hacer ella era confiar ciegamente.
Tomó su arco con más fuerza, si tatarimokke se volvía contra ella utilizaría su fuerza… ¿Qué fuerza? Kami, en el lío que se había metido, sabía que si se metía con él podría arrastrarla al infierno… esa idea no le agradaba, pero solo esperaba que la situación no se saliera de control y que la conciencia de aquella pequeña criatura no hubiera sido absorbida por completo por la maldad.
Y de repente se oyó un sollozo leve. Kagome puso sus sentidos alerta ante cualquier cosa que no fueran los Kodoma y aquel espíritu que vería en cuestión de segundos.
Aquí es…
Kagome se detuvo un par de metros más lejos que los Kodoma. Miró el cielo al escuchar que nuevamente la llamaban, pero ella no tenía pensado volver hasta que solucionara éste asunto. Ya se podían distinguir una gran cantidad de estrellas en el cielo. Se hacía tarde. Entonces avanzó con paso decidido, no debía perder tiempo.
-deberían haber vuelto ya-comentó la Señora Mine, caminaba de un lado a otro murmurando cosas y mirando el reloj de la sala de estar. Un grupo de adultos se encontraba sentado y miraba de igual forma el reloj. Dos niños, unos de ellos era Souta, apartados en una esquina hacían lo mismo y apretaban las mandíbulas nerviosas, tensos por el ambiente.
-deberíamos llamar a la policía-comentó una señora de cabellos rojizo.
-deberíamos ir allá-dijo otro adulto.
-Seishi y Suzume están con ellos… abrían puesto orden….-decía la Señora Mine.
-llamemos a la policía-volvió a repetir la misma señora.
-tranquilos… ¿Qué tal si se entretuvieron un poco?-la voz suave y cándida de la madre de Kagome llamó la atención de los demás-deberíamos asegurarnos que están bien primero, no sea que llamemos a la policía por nada… vamos allá-los demás parecieron de acuerdo.
-bien… entonces mi mujer y yo iremos con usted, el resto quédese aquí por si llegan noticias de los chicos o algo por el estilo-dijo el Señor Mine saliendo de su mutismo anterior.
Parecían nerviosos, afuera el sol se había ocultado por completo y la noche estaba bastante oscura… no había luna.
-luna nueva-susurró el niño. Sus ojos estaban abiertos hasta los límites, no emitían brillo alguno ni siquiera de maldad, parecían simplemente ausentes. Sus manos, su rostro y sus ropas estaban cubiertas de sangre y suciedad y en el costado derecho de su cabeza tenía un agujero pequeño, un agujero que sin duda era de bala.
-es cierto… es luna nueva-dijo Kagome mirando el cielo. Inuyasha debía haberse convertido en humano. Su corazón se encogió-dime… ¿Cómo te llamas?-preguntó. El niño bajo la vista la miró fijo.
-¿no le tienes miedo a mi apariencia?-
-¿Por qué habría de tenerle miedo?-preguntó ella-debiste morir de una manera horrible, pero eso no te hace un ser terrible-
-m-mi nombre es Ha-Haru-dijo entrecortado.
Las manos del niño comenzaron a temblar, su cabello oscuro ocultó su mirada.
-él me llevará… después de lo que hice…-
-tatarimokke no te llevará a ninguna parte si tú no lo deseas…-
-no puedo revertirlo… ya está sellado…-
-si tu destino está sellado no me hubieras traído aquí... tu corazón sigue vivo aún después de la muerte-contestó.
-tú no entiendes… ¡yo asesiné, soy un asesino!-exclamó mientras un dedo acariciaba el borde de la herida en su sien.
-… no entiendo, es cierto, debes contarme tu historia para poder entenderte-la distancia entre ambos seres era corta, Kagome podía sentir claramente el temblor del alma de aquella criatura.
-… fue ese maldito… él me obligó… él me obligó…-Kagome lo miró, estaba definitivamente muy traumatizado.
-¿aquel sujeto… te obligó a hacer daño a un ser querido?-preguntó casi por inercia.
- mis padres… estábamos bien… estábamos acampando y él llegó… llegó… me obligó… él me obligó…-Kagome no lo miró con lástima, lo miró con comprensión, poniéndose en su lugar, pues ella sabía perfectamente lo que era ser obligado a hacer algo que no se quiere-…los maté… los maté… yo vi sus rostros me pedían que no lo hiciera y lo hice… los maté…-
-¿asesinaste a tus padres?-él asintió levemente-ya veo… ¿pero ese no es el fin de tu historia, verdad?-el niño negó esta vez.
-después de eso… me suicidé…-Kagome no perdió la calma, necesitaba escucharlo para poder guiarlo.
-¿tenías miedo y quisiste reunirte con ellos, verdad?-
-me sentía culpable… por eso… no pude cruzar y sentí odio… quería matarlo-la voz suave y triste del niño comenzó a tener un tono malicioso. Kagome se preocupó, eso no estaba bien- nadie hizo nada, lo pasaron por alto… me culparon a mí… yo soy la víctima… él me obligó, pero todos me culparon… todos…-decía mientras enmarcaba su cara con sus manos y sonreía como desquiciado.
-Haru, tranquilízate… tienes que tranquilizarte o él vendrá-le advirtió al ver las actitud del niño.
-… nadie se acordó de mí y los odié por eso… él me hizo esto y fui a por él…-
-Haru…por favor, ten calma-
Seishi miró hacia otra dirección, parándose en seco.
-¿lo han oído?-preguntó a sus compañeros que también se habían detenido.
-no, nada-dijo Shinju-¿Qué escuchaste?-
-la voz de Kagome-contestó sin rodeos.
-¿por dónde?-preguntó Yuriko, alarmada.
-¿asesinaste a tus padres?-
Era leve, pero todos lo escucharon claramente, la voz de Kagome venía del norte. Se miraron extrañados por la frase y asustados. ¡Kagome estaba conversando con un asesino!
-¡muévanse, rápido!-bramó Taka mientras echaba a correr con la linterna encendida hacia donde provenía la voz.
El grupo encendió rápidamente las bengalas y fueron tras Taka. El miedo los consumió lentamente ¿y si para cuando llegaban Kagome estaba…?
-¿tenías miedo y quisiste reunirte con ellos, verdad?-
Seguía hablando Kagome, pero parecía que nadie le respondía, o él tipo hablaba muy bajo o estaba sola.
-me sentía culpable… por eso… no pude cruzar y sentí odio… quería matarlo-
Entonces se escuchó claro y bajo la voz de un niño. Taka se alarmó ante la última dos palabras 'quería matarlo'. ¿Qué mierda hacia Kagome hablando con un niño desquiciado? La iba a matar. Entonces corrió más rápido.
- nadie hizo nada, lo pasaron por alto… me culparon a mí… yo soy la víctima… él me obligó, pero todos me culparon… todos…-
La voz se hizo cada vez más clara.
-Haru, tranquilízate… tienes que tranquilizarte o él vendrá-
La voz de Kagome ahora era más fuerte. Estaba calmada se sentía al escucharla hablar, seguramente trataba de tranquilizar a aquel sujeto. Entonces la pregunta afloró en la mente de cada uno de los que estaban corriendo a través del bosque ¿Quién vendría?
-… nadie se acordó de mí y los odié por eso… él me hizo esto y fui a por él…-
-Haru…por favor, ten calma-
Kagome no perdió el contacto visual y se mantenía tranquila para darle seguridad. Sin embargo, el niño tomaba cada vez más una expresión diabólica en el rostro.
-… y lo encontré… y acabé con él… lo manipulé de la misma manera en que él lo hizo…-
-¿a quién hiciste que él matara?-preguntó mientras apretaba el arco con más fuerza. Su cerebro estaba trabajando a toda máquina buscando la manera de hacerlo entrar en razón.
-no soy tan cruel… pero hice que se disparara el mismo-contestó sonriendo. Kagome cerró los ojos.
-Haru, contra tatarimokke yo no puedo hacer nada… eres tú el que debe hacer algo-le contestó. El niño se sobresaltó y le dirigió su inexpresiva mirada-él reta tu alma, la lleva al infierno porque está corrompida… yo no puedo hacer que no vallas, eres tú el que debe tomar la decisión…-decía.
-¡pero se supone que debes ayudarme!-exclamó. Kagome sintió una leve onda expansiva chocar contra ella.
-lo sé, pero no puedo hacer mucho… es un reto a tu alma, no a la mía-contestó sin desviar su mirada ni un centímetro-…solo tú puedes hacer algo por ti-
-¡ERES LA PRINCESA DEL TIEMPO!-bramó enojado. Kagome sintió como sus pies se elevaban unos centímetros de la tierra y era expulsada unos metros hacia atrás-¡SE SUPONE QUE DEBES AYUDARME!-
-Haru… no puedo hacer nada por ti… debes ser tú el que se dé cuenta, solo tú puedes controlar tus sentimientos-dijo mientras recuperaba el aliento y se levantaba del suelo.
Taka y Okami se detuvieron. Vieron a la figura de la chica levantarse pesadamente del suelo y mirar directamente a los ojos a la figura de un niño semitransparente que la miraba con furia y odio. Yuriko y los demás se quedaron helados al ver como la chica era expulsada hacia atrás y golpeaba contra un árbol.
-¡Kagome!-exclamó Taka y tan pronto dio un paso la chica volvió a hablar.
-son tus sentimientos los que te están condenando Haru, no yo… si no te das cuenta no podré ayudarte a cruzar… ¡tatarimokke te llevará al infierno si no dejas de irradiar maldad!-
-¡CREÍ QUE PODRÍAS!-
-¡es tu decisión no la mía, date cuenta!-le rogó. La situación estaba fuera de control.
-¡ME CREES CULPABLE, ERES IGUAL A ELLOS!-su rostro estaba desencajado.
-¡es lo que tú quieres creer, pero no te he juzgado!-contestó rápido-él no tenía derecho a hacer lo que hizo, eres un niño a pesar de todo… no es justo lo que pasó, pero por la venganza que tomaste… ¡cometiste un error!-
-¡NO LO COMETÍ, EL MERECÍA MORIR Y MUCHO MÁS!-
-¡la vida es dolorosa, pero tarde o temprano hay justicia, él debió pagar en vida y luego en muerte!-contestó mientras se incorporaba y se sobaba el brazo izquierdo-no puedo hacer nada… entiéndelo, contra tatarimokke lo que vale son tus sentimientos no tu poder-
-¡NO!-chilló y Kagome salió disparada hacia atrás dándose de lleno en la cabeza.
-¡KAMI, KAGOME!-gritó Shinju. El grupo se abalanzó hacia donde estaban. Kagome lo miró con los ojos abiertos como un par de platos y luego miró el rostro enfurecido de aquel niño. Kagome se levantó del suelo lo más rápido que sus piernas respondieron.
-¡Haru, no, cálmate!-le rogó mientras se colocaba enfrente de ellos. Él niño soltó un grito atronador y poco después una fuerza invisible volvió a expulsar a Kagome hacia atrás.
Okami y Taka la sostuvieron antes de que su cuerpo volviera a golpearse contra cualquier cosa. Kagome no les miró ni les dio las gracias, ignoró a cada uno de ellos porque su atención estaba fija en la criatura que acaba de aparecer y que tocaba su flauta.
-tatarimokke…-susurró cuando estuvo bien parada. Los ojos de aquella aparición se abrieron por completo y cadenas se ataron a las manos del ensangrentado fantasma.
-¡NO!-bramó el niño al verse atrapado.
-¡no te lo lleves!-clamó Kagome antes de que la aparición despareciera y se llevara al niño con él. Kagome respiró con dificultad susurrando maldiciones. Entonces se apartó unos metros de sus compañeros y los miró furiosa-¡NO DEBIERON HABERME SEGUIDO!-bramó. Eso estaba mal, muy mal… debía salvarlo antes de que se convirtiera en un espíritu maligno y que ese sujeto se lo llevara al infierno.
-¡estábamos preocupados por ti, saliste corriendo sin decir nada!-exclamó Yuriko. Los otros seguían callados. Kagome seguía mirándolos furiosa.
-volveré sola… váyanse antes de que él pueda llevárselos al otro mundo-les dijo con más calma mientras ajustaba su carcaj que estaba medio caído de su hombro.
-¿Qué es todo esto, Kagome?-preguntó Zen.
-una vez les dije que no se metieran conmigo-miró de reojo a Shinju, Yuriko, Zen y Taka-ésta es una de las razones… ahora váyanse, no quiero saber que les ha pasado algo por mi descuido-les dijo mientras miraba hacia los árboles-¿dónde murió?-preguntó al aire. Los Kodoma salieron de los troncos de los árboles y le miraron.
En el río… síguenos…
-el camino debe ser rápido esta vez, no tenemos mucho tiempo-les dijo.
Taka le miró seriamente y se posó a su lado.
-iré contigo-le dijo.
-no-dijo ella mientras comenzaba a caminar rápidamente.
-¡iremos contigo, te guste o no!-clamó él. Kagome no le prestó atención y echó a correr tras sus guías.
La luz de un auto llamó la atención de los hermanos. Ambos bajaron de la camioneta de Okami para mirar a quienes habían llegado y se detenían unos metros más lejos que los demás autos.
-¡Kin, Gin!-una mujer bajó del vehículo.
-¡Mine-sensei!-exclamaron al verla.
-¿Dónde están los demás?-preguntó angustiada mientras su marido y la madre de Kagome bajaban del auto.
-en el bosque… aún no regresan-contestó Gin-los niños están aquí en la camioneta-agregó.
-¿fue Kagome?-preguntó la señora Higurashi con seriedad.
-Higurashi salió corriendo al bosque… no sabemos por qué y no la hemos vuelto a ver-contestó Kin.
Kagome soltó sobre un tronco caído seguida por sus compañeros que le llevaba el paso silenciosamente.
-¿por dónde?-preguntó a los Kodoma.
Por aquí…
-realmente les entiende…-comentó Shinju que mantenía la bengala en alto-yo solo oigo un par de silbidos-le comentó a Zen, quien iba a su lado.
-eso es por que de seguro ella es una médium o algo…-comentó este.
-una médium no le alcanza ni a los talones-habló Taka. Su vista estaba fija en la chica que iba corriendo delante de él y que de vez en cuando le hablaba a aquella pequeñas criaturas luminosas que flotaban a su alrededor.
Kagome se detuvo de un momento a otro frente a un claro, no había rastros de aquel río en donde había muerto Haru.
-¿Por qué nos detenemos?-escuchó que preguntaba Suzume. Kagome no los miró, había algo allí adelante, entonces dirigió sus ojos cafés a los Kodoma sobre ella.
-¿hay un campo de energía, cierto?-las criaturas asintieron levemente ante la pregunta de la chica. Lo sabía, el río estaba oculto porque él recordaba cómo había ayudado a Mayu a reencontrar su alma, evitando que fuera al infierno.
Kagome tomó una flecha del carcaj. Se puso en posición. Tensó el arco y apuntó hacia adelante, aparentemente sin ningún objetivo al qué tirar. Y lanzó, la flecha rompió la calma del aire haciendo en leve ruido y fue a parar unos metros más allá, cuando chocó contra una barrera invisible que se distorsionó un poco ante el contacto y luego… la flecha se convirtió en cenizas.
"justo ahora que más los necesito…"
Apretó su mandíbula y volvió a coger otra flecha.
Nuevamente, la flecha no emitió su energía espiritual y al igual que su predecesora terminó hecha polvo. Kagome soltó aire pesadamente y volvió a tomar otra.
Tomó aire y cerró los ojos esperando que eso funcionara, el tiempo estaba en su contra, debía hacer algo antes de que fuera demasiado tarde y que la pobre alma de Haru terminara torturada en el fuego eterno. La flecha se deslizó siguiendo el mismo camino que las anteriores, teniendo el mismo final.
-por qué…-dijo antes del caer de rodillas al suelo, impotente.
-Kagome…-la llamó Okami. Pero ella solo miró fijo el arco.
"¿Por qué justo cuando más te necesito te rehúsas a ayudarme?... ¿tan inútil soy?"
Los ojos ausentes de aquel niño volvieron a su mente. Haru, fue obligado a asesinar y su apariencia delataba su edad, no tenía más de diez años… tan pequeño… tan inocente y fue obligado a hacer algo atroz. Fue arrastrado y el odio que lo consumió estaba a punto de marcar el destino que llevaría por el resto de la eternidad.
Ella realmente quería ayudarlo… realmente quería guiarlo al Cielo, su alma era tan pequeña, no tenía porqué sufrir un destino como ese. Entonces recordó.
Sus ojos se abrieron de par en par, 'nunca los perdí'… esas tres palabras. Kami, la verdad estaba surgiendo frente a sus ojos, sus poderes habían dejado de fluir el mismo día en que derrotaron a Naraku, el mismo día en el que el hanyou la ignoró, el mismo día había empezado a desaparecer… durante esos dos días siguientes no sintió nada ni siquiera la presencia de algún monstruo o algo en los alrededores y luego ocurrió la pelea con Inuyasha… el día que se marchó a casa.
Kami, la palabra que se estaba formando en su cabeza no le agradaba nada.
MIEDO. Ella tenía miedo, la confianza que se había creado durante todo el viaje en Sengoku-Jidai se desmoronó el mismo día en que derrotaron a Naraku y se destruyó por completo el día en que ella regresó. Tenía miedo a que volviera a ocurrirle lo mismo, por eso…
Kagome se levantó de repente y miró hacia atrás con determinación.
-aléjense lo más rápido que puedan… cuando la barrera se rompa, él se llevará a cualquier alma humana al infierno-les advirtió con determinación.
-¿y tú? ¿Qué pasará contigo, Kag?-preguntó Yuriko mientras apretaba sus manos sobre su pecho-él te arrastrará ¿no?-Kagome sonrió y volvió a tensar el arco.
-es cierto, seré arrastrada, pero esa es la idea… si todo sale bien, volverán a verme-contestó mientras apuntaba.
-¿a qué te refieres con eso de 'si todo sale bien'?-preguntó Zen, alarmado.
-que si hago un movimiento en falso pasaré el resto de mi eternidad en el infierno-contestó sin rodeos.
-¡¿estás loca?!-Taka la miró alarmado y avanzó hasta ella en tres zancadas.
-Taka, es mi trabajo… es lo que hago, mi deber es este y no pienso dejarlo… no ahora-le dijo sin mirarlo a la cara-vamos, aléjense antes de que sea tarde-ordenó, sus manos comenzaron a temblar por el cansancio de estar en una misma posición por tanto tiempo.
-¿pero… vas a…?-
-no te prometo nada, Tani…-contestó-¡VALLÁNSE, YA!-bramó. El grupo se alejó rápido hasta perderse de vista, susurrando cosas que seguramente eran palabras de anhelo y aliento-que sea lo que deba ser-dijo para sí antes de soltar la flecha. Una luz la envolvió, Kagome sonrió levemente al verlo, sentía el calor que el arco tenía bajo sus manos y se sintió en parte satisfecha. La flecha chocó de lleno contra la barrera y al contacto con ella se desvaneció rápidamente y pareció que nunca hubiese existido. Entonces soltó y el arco y dejó que el carcaj se deslizara al suelo.
-¿Qué fue eso?-el señor Mine apuntó hacia arriba, una luz rosada contrastó contra el cielo nocturno y se difuminó hasta desaparecer.
La señora Higurashi sonrió levemente para sí y apretó sus manos contra su pecho, todo estaría bien, lo sentía. Ellos iban a regresar con bien.
La niña sonrió al ver el resplandor, bien, no tardó tanto, se dijo, mientras se acomodaba en el asiento para conciliar el sueño, todo saldría bien.
-¡Es hora!-exclamó antes de sentir que algo la envolvía y la transportaba a alguna parte.
-d-desapareció…-dijo levemente Zen mientras asomaba levemente la cabeza por un lado del árbol.
-Kagome… ¿va a regresar, verdad?-soltó Yuriko levemente mientras se abrazaba a sí misma.
-tranquila, Tani… Kagome regresará, no creo que se deje arrastrar al infierno-le dijo Okami mientras posaba una mano sobre el hombro izquierdo de la pelirroja.
Yuriko lo miró con ojos llorosos al sentir el contacto de su mano sobre su hombro y se abalanzó hacia él y ocultó su rostro en su pecho mientras temblaba de pies a cabeza. Okami le abrazó y le dio leves palmaditas en la espalda para que se calmara.
-¿y si algo sale mal?-preguntó Shinju mientras su rostro mostraba lo asustada que estaba.
-téngale confianza ¿quieren? Ella regresará estoy seguro-les dijo mientras apretaba sus puños con fuerza.
Suzume y Seishi se miraron fijamente por unos instantes. Había muchas cosas que solo ellos podían transmitir sin que los demás se dieran cuenta.
-ya estoy…este es el fin…-decía el niño mientras apretaba la pistola contra su sien y miraba los cuerpos ensangrentados y sin vida de sus padres frente a él.
-Haru…-lo llamó. El niño no le prestó atención. Empezaba a jalar el gatillo- ¡Haru, detente de una buena vez!-exclamó mientras tomaba bruscamente el brazo del niño y arrebata de un tirón el arma de fuego.
-¡eres tú!-exclamó al verla por fin cuando sus ojos inexpresivos se posaron en los caoba de ella. Kagome lanzó a un lado el arma que se desvaneció en el aire como si nunca hubiera existido.
-¡Haru, lo único que puedo hacer por ti es esto!-exclamó mientras soltaba suavemente su brazo-sino te das cuenta pronto de la realidad, de que veas las cosas como realmente son y no como crees entonces no podrás salvarte-
-¡eres una sacerdotisa, deberías poder guiarme!-exclamó enojado.
-no puedo hacer nada por ti si te rehúsas a ver las cosas como son-contestó.
-¡¿ENTONCES POR QUÉ HAZ VENIDO?!-bramó furioso, el sonido de la corriente del río fue aplacado por lo que parecía ser el sonido de un terremoto. Pronto la tierra se abrió bajo sus pies y las cadenas comenzaron a jalar a Haru hacia el agujero.
-¡no!-exclamó Kagome antes de abrazarlo instintivamente y jalarlo lejos de aquel agujero del demonio, pero su fuerza no era nada comparado con lo que estaba jalando la cadena y sus pies fueron desliándose lentamente por la superficie-¡Haru, escúchame, por favor!-el niño había cerrado los ojos y gritaba por el dolor que le producían las cadenas-¿realmente piensas que todos te odian?-le preguntó mientras daba un paso atrás buscando de qué sostenerse.
-¿Qué?-dijo él suavemente.
-lo que pasó… tu no querías hacerlo y estoy seguro de que tus padres lo saben-le decía, buscaba la luz en aquella alma, tenía que encontrarla antes de que fuera demasiado tarde-por sobre todas las cosas eres su hijo… ellos te aman, estoy segura… ellos no te odian, ni yo… no es tu culpa nunca lo fue ¡entiéndelo!-exclamó mientras sus pies dejaban de tocar el suelo y ambos eran arrastrados hasta el borde del abismo.
-pero ellos... yo los traicioné…-
-no pienses en eso, eres un niño… no tienes la culpa de lo que ese tipo te hizo… solo él…-decía mientras intentaba llevarlo nuevamente lejos. Entonces gritó al sentir que parte de su cuerpo ya estaba suspendido sobre el borde-dime ¿ellos estarían orgullosos de verte así? ¿Piensas rendirte tan fácilmente? ¿No pelearás por alcanzarlos?... ellos te están esperando… ve con ellos, crea tu propio destino-le decía. Kagome resbaló por el borde hasta que solo su mano izquierda estuvo fuera del abismo sujetándose como fuera y la otra sostenía al niño que estaba gritando por el dolor.
-mi papá… yo quiero a mi papá y a mi mamá-dijo sutilmente y su rostro ensangrentado fue limpiándose lentamente mientras gruesas lágrimas caían por sus ojos-¡yo no quería hacerles daño! ¡Jamás quise que eso pasara!... ¡QUIERO IR CON ELLOS, QUIERO IR CON ELLOS!-gritó y las cadenas se rompieron y al igual que la primera vez, Kagome vio como se hundían en lo profundo del abismo.
Ambos parecieron flotar en ese lugar puesto que el borde del que Kagome se había estado sujetando había desparecido y la tierra se unía bajo sus pies. Ya estaba arreglado.
-ya todo está bien-le susurró mientras su alrededor volvía a tornarse como antes. El niño alzó la mirada, la herida en su cabeza ya no estaba y su cuerpo y sus ropas estaban completamente limpias. Los ojos del niño habían vuelto a tomar ese brillo que representaba la inocencia y la jovialidad de aquella edad. Kagome le sonrió.
-gracias… por hacerme entrar en razón-le dijo suavemente mientras le devolvía la sonrisa y su figura iba desintegrándose.
El grupo se acercó temeroso e impresionado al ver como de los brazos de Kagome una gran cantidad de pequeñas esferas salían y subían hacía el cielo perdiéndose en la oscuridad.
-de nada, Haru…-dijo ella en voz alta sin dejar de observarlo hasta que la última pequeña esfera de alma desapareció en la oscuridad.
-¡Kagome!-la voz de Taka hizo que volviera a la Tierra. Ladeó la cabeza un poco para observarlos y sonrió.
-él ya descansa en paz… no era un niño malo solo estaba traumatizado-les dijo mientras se levantaba lentamente del suelo.
-si… pero, no estás herida ¿verdad?-preguntó mientras se acercaba a ella preocupado. Kagome negó con la cabeza.
-¿y tatarimokke?-preguntó Shinju.
-se ha marchado, como el alma de Haru fue salvada… el no pudo llevársela al infierno y por eso ahora debe estar tocando su flauta para las almas de los niños que aún no han cruzado al otro lado-su expresión estaba serena mientras iba y recogía su arma-él no es malo… solo cumple con su deber-terminó.
El resto la miro seriamente, la mayoría de ellos incrédulos de todo ese espectáculo que acaban de vivir.
-volvamos al campamento-dijo Taka al notar como las facciones de la azabache se tensaban-ya es muy tarde-
Kagome sonrió internamente, agradecida por el oportuno comentario. Pero Kagome no pudo dar ni un paso más, llevó una de sus manos rápidamente a su pecho, parecía como si le estuviese oprimiendo el corazón, le faltaba el aire y sentía como su sangre hervía…
-Tak-ka… no pued-do… respirar…- forzó la voz. El chico la miró alarmado.
El brillo de sus ojos se perdió y su cuerpo se ladeó, iba a caer.
Taka se precipitó hasta ella y la atrajo hacia sí antes de que golpeara el suelo.
-¡Kami!-exclamó Yuriko.
La madre de Kagome corrió a su encuentro al ver a su hija en brazos de Taka, inconsciente, la examinó con la mirada buscando alguna herida, con los nervios de punta, mientras las subían al auto y todos volvían a casa.
-Kagome, hija, tus amigos vinieron a verte-dijo con la mirada fija en la puerta.
-que pasen, mamá-le dijo suavemente del otro lado.
La señora Higurashi giró sobre sus talones y les asintió levemente. Taka, Yuriko, Shinju, Zen y Okami sonrieron tímidamente.
-gracias-dijo Taka mientras la madre de Kagome se apartaba para darles el paso. Giró la perilla y abrió la puerta.
Kagome estaba sentada sobre su cama, cubierta por las sábanas hasta la mitad, miraba fijamente la ventana, observando el cielo.
Yuriko cerró la puerta tras ella suavemente.
-¿Cómo te sientes?-preguntó la pelirroja. Kagome les miró y sonrió ampliamente.
-bien, pero mamá no me ha dejado ir a la preparatoria… por si tengo una recaída-contestó.
- ¿segura?-preguntó Shinju con sus ojos morados mirándola de arriba abajo buscando algún signo de malestar en la azabache.
-sí, estoy bien-volvió a afirmar.
-¿Cuándo vuelves a clases?-preguntó Zen mientras se sentaba en la silla giratoria del escritorio.
-mañana si no hay ningún inconveniente-
-que bueno…-dijo Okami sin dejar de mirarla.
- les voy a pedir un gran favor-dijo firme-no le digan a nadie sobre lo que vieron anoche, podría ser peligroso-les dijo mientras apretaba las sábanas.
-no te preocupes, no pensamos decírselo a nadie… además ¿Quién nos creería?-contestó Zen. Kagome volvió a mirar la ventana y sintió la nostalgia crecer en su interior.
-será un secreto de amigos y estoy segura que Seishi-san y Suzume-san no dirán nada-continuó Yuriko.
-por esa ventana, él venía a buscarme-dijo mientras se levantaba cuidadosamente y ponía en vilo a sus amigos-siempre venía por mí… al tercer día y yo, de cierta manera, estaba feliz… cuando no lo hacía realmente me preocupaba-continuó mientras una lágrima se escapaba de sus ojos.
-Kagome…-Taka frunció el ceño e hizo una mueca al escucharla hablar de esa manera.
-no puedo volver atrás…-comentó mientras apoyaba su frente contra el cristal-…tendré que pelear sola esta vez…-
"¿Y ahora por qué? ... ¿Por qué me pongo nostálgica, por qué extraño tanto tu compañía? ¿Por qué no me dejas ir?"
La imagen de Inuyasha vino a su cabeza como un relámpago. No entendía que estaba pasando con ella. No entendía lo que estaba sintiendo su corazón. ¿Qué debía hacer? Y ¿Por qué, cuando nada de esto tenía que ver con él, venía a su mente su imagen y su sonrisa y sus ojos… y su todo?
Nada de eso tenía que ver con la primera conversación y eso lo hacía enojar hasta cierto punto, por qué simplemente no se olvidaba de él y comenzaba de nuevo. Claro, para él era fácil decir eso pero en la práctica no era tan sencillo. Quizá Kagome nunca amaría a nadie tanto como amó a ese estúpido hanyou.
Hizo una mueca y sus ojos fueron a parar directo al suelo, la situación era incómoda.
-Taka… perdóname, si te he hecho sentir mal-habló ella. Parecía como si le hubiese leído la mente, ambas miradas se cruzaron, Kagome lo miraba de una manera extraña, en sus ojos se veía un mar de emociones confusos… no podía, simplemente no lograba descifrar los sentimientos que ella trasmitía con esa mirada. De lo único que estaba seguro es que ella estaba triste.
-todo está bien… 'preciosa'- le dijo suavemente y sus ojos se dirigieron hacia un costado de la habitación, incapaz de sostener su mirada.
"Mentira… no todo está bien, lo veo en tus ojos…"
Kagome cerró los ojos y volvió a abrirlos solo cuando su rostro apuntó hacia el exterior. A lo lejos podía ver al Goshimboku…
"Nada está bien…"
Continuará…
Bien, bien, hoy no tengo muchos comentarios, solo que lamento haber tardado tanto en poner el décimo capitulo XD.
Agradeciendo todos los reviews que he recibido hasta ahora, les dejo el adelanto del onceavo capitulo:
Y en su silencioso sollozo dirigió su vista nublada por las lágrimas hacia la ventana. Estaba abierta, como la había dejado la noche anterior, esperando como una estúpida que él viniera a verla desde hace ya una semana. Llevó sus manos a su boca y reprimió un pequeño quejido que amenazaba salir de su boca y se encogió para seguir llorando ahora con más fuerza.
