Regreso
Para encontrar un nuevo camino, hay que salirse de la huella y dejar el caminito seguro por el que andamos siempre, animarse a lo nuevo...al peligro de lo nuevo.
Un camino nuevo tiene sobre todo dudas, miedos, preguntas. Un camino nuevo...solo nos dice que nos llevará a un lugar desconocido, mejor o peor que el anterior, pero eso no lo sabemos, y eso es lo divertido.
Siempre tuve los pies en la tierra, pero mis ojos mirando hacia el cielo, anhelando un destino para mí, y este es...mi destino es estar a tu lado...Elsa...
Uno cree que llega a nuevos caminos por inercia... pero la realidad es que los caminos llegan a ti, y eso no es coincidencia. Cada paso que damos...va marcando nuestro recorrido.
Si quieres que algo distinto pase, tienes que hacer algo distinto.
Escapa de lo seguro, enfrenta el peligro y todo cambiará.
-/-
Interrumpieron un poco el largo trayecto para curar las heridas de Elsa en la cabaña de Oaken, que por suerte, tenía los medicamentos precisos.
-¿Estás mejor?- inquirió la pelirroja, rozando su rojizo hombro, con sus dedos.
Un tímido rubor apareció en sus pálidas mejillas, al notar su suave tacto -estoy bien...no te preocupes...
En ese momento se dio cuenta. Volver a ser su antiguo yo no sería fácil, no con tantos sentimientos de por medio. Con la oscuridad de la mano, podía controlar sus emociones y miedos...pero ahora, se sentía desvanecer con solo una mirada de su adorable hermana.
-¿Elsa? ¿De verdad estás bien?
Posó sus marinos ojos en ella, y al instante los desvió. Le costaba mantenerle la mirada -lo estoy... ¿Cómo descubriste este lugar?- trató de cambiar de tema, sonriéndole al simpático hombre.
-es una larga historia...pero cuando salí en tu búsqueda, me perdí...obviamente...
-claramente...- la imitó, riendo por lo bajo, mientras reforzaba la venda que la cubría.
-y encontré este lugar, y al misterioso Oaken- lo señaló, saludándolo.
-¡Yah!- atinó a decir felizmente, el robusto hombre.
Antes de poder continuar su monólogo, de nuevo, imágenes de su rubio amigo aparecieron en su mente.
-Aquí fue...donde lo conocí...- pensó, impregnándose de nostalgia.
La reina percibió su repentino cambio, preocupada -¿Anna...?
-¡Oigan! ¿Qué es este lugar? es taaan caalidoo...- .Olaf cortó el tenso ambiente, para variar.
Con total inocencia, este, se dirigió al sauna que se encontraba allí.
-¡Espera! ¡Sal de ahí!
De inmediato, lo arrastró fuera, al darse cuenta de que el muñeco de nieve, comenzaba a derretirse -¡Sabes bien que no puedes tolerar tal temperatura!
-oh...no, no lo sabía...- emitió, entristeciéndose -creo que nunca podré ver el verano...
-Olaf...
-claro que lo verás- escuchó ahora, a su creadora, para luego posar sus brillosos ojos en ella.
-¡¿De verdad?!
Dibujo una grata sonrisa, para luego extender su brazo -aguanta ahí, amiguito- de sus manos emanó un resplandor plateado, posándose sobre su extraña cabeza. Este mutó de forma, transformándose en una nube.
-¡Oohh!- exclamó desaforado, al percibir la nieve cayendo de esta -¡Mi propia nevada! ¡Gracias!- se abrazó a su cuerpo, saltando de felicidad.
Anna les dedicó una amorosa sonrisa, al observar el amable acto de su hermana. El alivio la invadió. Elsa realmente había vuelto.
-bien, creo que es hora de continuar- dijo, tomando a ambos de la mano.
Asintieron, despidiéndose del carismático dueño de esa cabaña.
Después de un largo viaje, animado por el pequeño compañero, actitud que ambas agradecieron desde el fondo de sus almas, llegaron a la entrada del castillo. La tormenta aun azotaba su tierra y las caras de los ciudadanos, eran de pocos amigos.
Tragó saliva con fuerza, al observarlos ¿Serian capaz de perdonarla?
-Elsa...
Deslizó la mano por su espalda, tratando de calmarla -tranquila...todo cambiará cuando vean quien eres realmente...
Se giró, confundida, para encontrarse con su amable mirada -¿Y quién soy...?
Aquella cuestión sonó dolorosa.
Anna solo atinó a dibujar una sonrisa en sus labios, desconcertándola -Eres la reina de Arendelle y también...la reina del hielo...
Abrió los ojos de par en par, pasmada por sus palabras.
-pero más allá de esos títulos...- tomó entre sus manos, sus acaloradas mejillas -eres mi hermana, la persona más maravillosa que he conocido en mi vida...no debes temer...
-Anna...
-me tienes a mi...y siempre me tendrás, no lo olvides...
Cerró los ojos con rudeza, evitando derramar sus carcomidas lágrimas. No se sentía capaz de continuar, pero con solo una palabra de ella...todo cambiaba, lograba serenarla.
-vamos, puedes hacerlo...- la incentivó, dándole palmaditas en su espalda.
La miró agradecida, para luego pasar la vista a su alrededor, todo se encontraba completamente congelado.
Era el mismísimo reflejo de su corazón en el pasado.
Sin percatarse de su propia acción, tomo su mano. La necesitaba para lo que estaba por suceder.
La pequeña le sonrió con gentileza, aferrando el agarre.
Elsa dio un paso al frente, tomando aire, para luego, elevar ambas manos en dirección al cielo, y con un movimiento de estas, empezó a descongelar lentamente todo a su paso.
El reino volvía a desprender la calidez que antes irradiaba. Los pétalos de las congeladas flores volaron a sus alrededores, brindando a aquel acto, una magia extremadamente especial.
Escuchó como los niños reían contentos, y la gente bailaba ante la felicidad de haber recuperado el verano.
Finalmente había aprendido a deshacer su magia, era tan simple como impensado. Amor. Solo eso necesitaba.
Solo el amor de Anna...su extremo calor, pudo darle las fuerzas necesarias para descongelar su afligida alma. Su hogar ahora...era como un espejo, resaltando lo que sentía en el presente...esperanza.
El primero en correr hacia ellas, ante su acción, fue el más indeseado, El conde de Weselton.
Lo observó de arriba a abajo con desdén, reprimiendo sus ganas de congelarlo ahí mismo. Estaba segura de cortar cualquier vínculo con su país. Aquel hombre jamás aceptaría su naturaleza, y muy internamente sabía que no era una buena persona, ya que fue el primero en llamarla monstruo, y desconfiar de ella.
Así pasaron el día, tratando de en mediar lo acontecido, dando explicaciones casi poco razonables. De forma extraña, todo resulto bastante bien. Manifestaron también el porqué de su defensa al atacar a los soldados, y de la traición del príncipe Hans, otra tierra con la que cortaría lazos. No tenía intenciones de abrirles las puertas a sus doce hermanos.
Al comenzar a tomar decisiones, cayó en la cuenta de que ciertamente era la reina, y ahora debía asumir su lugar. No podía dejar a su país abandonado, al igual que sus fallecidos padres lo habían hecho. Tenía que enmendar sus errores.
Pero dentro suyo, sabía que la mayoría de la gente había perdonado sus actos, al ver a su dulce hermana, no separarse un segundo de ella.
Era la máxima ilustración de transparencia e inocencia. Todos cayeron rendidos ante su presencia.
Para compensar sus culpas, al final del día creó una pista de hielo, en la que todos admiraron su poder, y comenzaron a patinar en esta, divirtiéndose a más no poder. Aceptándola.
Descendió los ojos, con una extraña paz, y se dirigió de vuelta a su hogar, entrando, con la menor detrás.
Admiró su castillo con nostalgia. Al instante su vista se derivó al cuadro de sus padres. Frunció el ceño, pidiendo perdón por dentro.
¿Pero cómo iban a disculparla? ¿Si ella misma todavía no era capaz de perdonarse por completo?
-lo lograste, Elsa...- la despertó, su cariñosa voz.
-si...gracias a ti- murmuró, volteándose y tomando su mano, esta se encontraba extremadamente cálida.
Anna la admiró unos segundos. A pesar de haber solucionado casi todo, su semblante aun desprendía cierta tristeza. No podía culparla, todo había sucedido muy rápido.
-¡Ya se!- la sorprendió, sujetando ambas manos entre las suyas -¡Mudaremos tus cosas a mi habitación y volverás a dormir conmigo!
Se sonrojó con intensidad por su petición. De inmediato, la duda la irrumpió.
-p-pero...ya somos mayores...no es necesa-
-¡Sí lo es! ¡Hemos perdido muchos años, es tiempo de recuperarlos!
Sus palabras y el ferviente brillo en su mirada la despojó de toda incertidumbre. Siempre caía rendida por ella.
Asintió, con una leve sonrisa. Temía descontrolar sus poderes y herirla de nuevo.
-No lo harás- sentenció, adivinando sus miedos -y si lo haces...créeme...sabré como calmarte- atino a decir, guiñándole un ojo, provocando que sus mejillas se tornen aun mas carmesíes.
Empezaba a amar con desesperación a aquella Elsa tan inocente.
La noche llegó. Sus fieles sirvientes, Kai y Gerda, transportaron sus cosas al cuarto de la princesa, más que felices por su reencuentro.
Después de un merecido baño, se acomodaron a su nueva habitación.
Y allí estaba de nuevo, admirando el lugar, como si el tiempo hubiese retrocedido. Su cama, enfrente de la de su hermana. Las muñecas con las que solían jugar...en la cama de la pequeña.
Se acercó con sigilo, agarrándolas con cariño -las guardaste...
-por supuesto...son mi tesoro- soltó, sin percatarse de lo fuerte que esas palabras retumbaron en su herido corazón.
Abrazo la muñeca con el semblante de Anna en su pecho, como queriéndose fusionar con ella.
-puedes abrazarme a mí en su lugar...- susurró detrás suyo, rodeando su cintura, dejando caer el mentón en su hombro.
La miró de reojo, con una tenue sonrisa. Todo era tan irreal, tenerla a su lado de nuevo así...casi no podía procesarlo...
Se giró en sus brazos, cayendo rendida en ellos, largando un gran suspiro que escondía alivio.
-Anna...gracias...por todo...- musitó, ocultando el rostro en su cuello, para posteriormente besarlo con timidez.
La nombrada sonrió en la unión -gracias a ti, por volver a estar conmigo...sé que debe ser difícil regresar aquí...
-Anna...
-vamos...ponte el pijama, hoy dormirás conmigo- se reincorporó, tomándola de los hombros con sutileza.
Un nudo se formó en su garganta, al escucharla -¿Solo hoy?
-y siempre...
Sus palabras provocaron que una esperanzadora sonrisa se dibujase en su rostro, agradeciéndole de verdad a la vida, por tenerla a su lado.
Se desvistieron y pusieron su pijama, para luego acostarse con lentitud, quedando ambas de lado, observándose con profundidad.
La cálida mano de la pelirroja se reposo en su mejilla, provocando que cerrase los ojos, dejándose acariciar.
-eres tan hermosa...
-tú lo eres mas...
Las miradas continuaron, despertando nervios en el interior de sus cuerpos.
Se acercó, tentando a su suerte, quedando a pocos centímetros de su pecoso semblante -Anna...te quiero...
Ante su cariño, sonrió complacida, acortando la distancia -y yo a ti...Elsa...- rozó sus labios, para luego besarlos con ternura.
La platinada cayó vencida, ensimismada, al sentir las gratas sensaciones invadirla. Entreabrió su boca, anhelando sentirla más. Anna la dejo entrar en su interior, percibiendo como la recorría por completo, gozando de su cariñoso pero apasionado acto.
Era diferente a sus otros besos...ahora podía sentirlo, el amor que emanaba de ella.
Se separaron, un poco agitadas, sin perder sus sonrientes gestos. Elsa se acurrucó en su pecho, buscando su calor.
La envolvió con sus brazos, aferrándola más a si, hundiéndose en su cabello y aspirando su delicioso aroma.
-no te vayas nunca...
-no lo haré...nunca más me alejaré de ti...- susurró, deslizando las manos por su espalda, dejando caer leves lagrimas de alegría.
La pequeña sonrió en la oscuridad.
Finalmente tenía lo que siempre quiso...a su hermana...a su lado...a la persona que mas amaba en el universo.
La reina cerró los ojos, y por primera vez en mucho tiempo, pudo dormir con una tranquila sonrisa en sus labios.
Ojo! que todavía no llega el final... ¿Habrá Elsa realmente desechado toda su oscuridad? eso lo van a ver en el próximo capitulo!
Besos!
