Iba a publicar un capitulo diferente a este, pero me di cuenta, que falta mas como este. Y antes de publicar el que tengo en mente, primero este.
En este capítulo me base en otra canción en hacerlo, no es de disney. La diré esta vez al final. Hasta me inspiro en este capítulo y puse una parte de la letra implícita en este capítulo.
El titulo me parece algo raro, pero en cierto modo perturbador. Y combina con la canción.
El hombre de piedra y la mujer monstruo
El tiempo sigue su curso, el día vuelve a salir. Eran apenas las ocho de la mañana. Los pidgey's surcaban el cielo, aleteando y sonando. Y en un pequeño bosque estaba un niño durmiendo cómodamente. El infante no se despertaba para nada.
-Despierta.- Una voz lo trata de despertarlo.
El niño solo gime y se mueve asía otro lugar.
-Despierta.- Dice la voz.
-No quiero.- Decía la voz algo molesta y muy somnolienta.
-¿Desde cuándo te volviste como un Slakoth?
El niño abría sus ojos, un poco.
-¿L- Luna?- El niño veía a su Pokemon, que su rostro estaba sobre el.- ¿Qué haces?- Y pregunta confuso.
-Despertándote.- Dice Luna a secas, dando una sonrisa.
-¿Qué hora es?- Pregunta el somnoliento.
-Las ocho.
-¿Enserio me levantas tan temprano?- Pregunta el molesto.
-¿Temprano?- Dice ella un poco molesta.- Pero si te levantas a estas horas.
-Si. Pero estoy algo cansado por todo el recorrido que hemos hecho.-El niño agarra su cobija y se tapa hasta la cabeza, se voltea al lado contrario y se enrosca.
-Carlos… levántate.- Y Luna, dando un tono medio triste lo agarra y lo empieza a mover.- levántate, levántate, levántate.
Carlos es sacudido ante la mano de su Pokemon.-Ok. Ya, ya. Ya voy.- Dice ya un poco molesto.
-Muy bien, empacare todo.- Y Luna motivada sale de la casa de campaña.
Carlos se vuelve a acomodar, dando una cara de molestia. Pero después sonríe, el nunca iba a estar molesto con su amada. Ella estaba tan alegre y no era de menos. Para ambos sus vidas habían cambiado.
****Mientras tanto: Dos horas después****
No todo era alegría, no todo era hermosos momentos. No todo era bueno para todos, al menos para un hombre que siempre está activo y presente ante su trabajo.
En la mansión que se encontraba en Hoenn, en Ciudad Petalia. En el cual siempre se sentía un ambiente frió y algo desolador, un ambiente en el cual solo personas frías de carácter podrían hacerlo.
Pero hubo un tiempo, años atrás, en que dicha mansión no se sentía de esa forma, era alegre, siempre estaba un niño que era muy activo en ese tiempo y que siempre portaba una sonrisa consigo, era una de las cosas que alegraban dicho lugar, también su padre lo hacía y su abuelo.
Para algunos sirvientes que han estado mucho tiempo en aquella mansión, lo vieron. Su tiempo de gloria, su decadencia, su resurrección. Que desgraciadamente no fue la misma desde entonces. Los criados que recién entraban se iban al poco tiempo después, no aguantaban la energía que emanaba aquel lugar. Y los tratos de lo que residían, los dueños, en especial dos de ellos. Uno de esos dos se había marchado, había vuelto para un evento y dicha energía se pudo sentir. Pero fue por corto tiempo. Aquella energía era negativa, demasiado que no se podía soportar.
Y lo único que había para que dicha energía no se apoderase de toda aquella mansión era un hombre, un hombre poderoso que regularizaba todo en aquella residencia. Diario a diario era una batalla para él. Pero eso no quería decir que alguien saliera afectado.
Aquella mansión a la que alguna vez reino alegría, se fue desmoronando hasta convertirse en algo triste. Una mansión llena de miseria. Pero a pesar de ello, había una pequeña alegría. Hace poco, había un niño alegre que a pesar de todo llenaba con una cierta alegría aquel lugar, que podía dar una sonrisa a pesar de todo, a pesar de su carita llena lagrimas, sonreía, agarrado de la mano de una pequeña Ratls que lo consentía y lo ayudaba a seguir sonriendo.
Pero el infante harto de recibir miseria en su ser y preocupado por su Pokemon si pudiera aguantar, se marcho, llevándose a su Ralts con él.
La casa decayó en su totalidad, la energía negativa se apodero de todo el lugar volviéndolo miserable para todo aquel que la pisase.
Pero por ahora dicha mansión a su vez está en calma. Y a esto se debe a su vez que el gran factor positivo y negativo no estaban, no chocaban entre su lucha eterna entre el bien y el mal.
Pero el golpe ya estaba hecho.
Ahora. Dentro de aquella mansión, se encontraba un hombre sentado en su escritorio privado. Dicho lugar era muy silencioso, por no decir que a su alrededor se sentía una gran tensión que aplastaba a todo aquel que entrase, simplemente no se podía soportar estar ahí adentro.
En los alrededores se podían ver retratos de algunos familiares, el fundador de una empresa y aquel que construyo aquella mansión, de sus sucesores hasta ahora. También estaban las fotos de algunos familiares y entre ellos los que estaban actualmente, dentro de la familia.
En la mesa del escritorio estaban varios documentos, papeles importantes y aquel que estaba sentado los llenaba y revisaba. No se sabía que pensaba aquel hombre, que recorría en su cabeza.
Pero algo lo interrumpe, al menos una carta que estaba en su mesa. Esa era una carta de renuncia. El hombre arruga un poco su rostro, solo encorvando sus cejas. A diferencia de las demás cartas esta era diferente al resto. Se podría decir que dolía al leerla.
El hombre solo da un suspiro de forma lenta y muy larga, se sobaba la frente, poniendo sus dedos en medio de esta y frotándola en círculos, mientras cierra sus ojos. Pero a pesar de todo conserva postura y calma.
-Veo que no puedo evitar ni que ustedes se vallan.- Pensaba el hombre en voz alta.- Y la única razón por la que se quedaron más tiempo fue por Carlos.
Y mientras pensaba eso, un sonido interrumpe sus pensamientos, puerta se abre y rechina, alguien entra al estudio.
-¿Así que no te has movido de lugar en todos estos días?… Javier- Una voz femenina se escucha, sonaba muy seria, se podría decir que molesta.
La mujer era de una edad de cuarenta y cinco años, pelirroja y ojos del mismo color, de tez clara, portaba un vestido casual de color negro, debido a su trabajo lo portaba. Ella era hermosa a pesar de su edad.
Javier solo ignora y sigue en sus cosas, que eran más importantes para el.- Pensé que te había llegado mi obsequio, Lucia.- Dijo sin mirarla.
La mujer no dice nada y se acerca.- Pero no es lo mismo que lo envié uno de esos criados… ¿Así de bajo he caído para ti?- Pregunta, mientras se acerca y se sienta al frente de su marido.- Que envías a la gente corriente a mi cumpleaños.
El hombre solo ignora.
-Ni siquiera te presentaste a ver a tu hijo.
Javier deja de escribir, al escuchar eso.- No lo quería ver.- Responde a secas.
-Pero él. al menos es leal, no como Carlos que se fue.
-No sabes lo que dices.- Javier se levanta de su escritorio y camina, solo para no oír a su esposa, que no la soportaba ver y se dirige asía una ventana.- ¿Sabes por qué se fue al menos?- Le pregunta.
Lucia calla, ante eso, lo tenía que admitir.
-Si sabes que nosotros somos los culpables, ¿Sabes lo que el sintió?- Y sigue preguntando.
-Pero es débil.- Dijo la mujer, desviando su mirada asía una de las fotos.- El volverá a nosotros.
-¿Cuándo?
-Pronto, no soportara.
-Je.- Ríe un poco el hombre, siente algo de gracia al ver cómo piensa su mujer, de una forma algo inmadura, que niega lo sucedido.
Lucia al ver eso, se molesta.- ¿Y tú que has hecho?, no lo pudiste encontrar y cuando lo hiciste, lo dejaste escapar.- Comentaba, mientras se paraba.
Javier solo baja un poco la mirada y no responde ante eso.
-¿Dónde está?- Pregunta la madre.- ¿Dónde?
-No lo sé.- Eso responde el padre.
-Ahora que vino de visita tu otro hijo, no lo quieres ver.
Pero Javier esta vez molesto se voltea y responde.- El no es mi hijo, es mas tuyo que mío.- responde con una gran ira que emanaba, de forma disimulada en su voz que era gruesa y de forma severa.- Tú estás ciega mujer y no vez lo que en realidad es.
-¿Cómo puedes decir eso, de tu hijo?- Pregunta horrorizada Lucia.
-No le importamos, entiéndelo.
-Tal vez tu no le importas y no es de extrañase eso.- La mujer se acerca, furiosa a su marido.
-Y que te hace pensar que a ti si.- Pregunta el, sin inmutarse.- Me temo decirlo, pero él es un mon…
-¡Cállate!
La mujer indignada, le suelta un gran bofetón a su marido. Pero este no retrocede, solo mueve su cara para un lado debido al golpe.
-Mira quién habla de monstruos.- Lucia sigue aun molesta, con rabia en su voz lo dice.- Se te olvida que tu eres uno. A aquel que no tuvo compasión de…
-Cállate.- Trata de callar Javier a su errática mujer.
La mujer indignada ante esa falta de respeto, suelta otra bofetada, pero su esposo la detiene esta vez con su mano derecha, antes de que llegase a la mejilla, acto seguido…
-¡AHHHHHH!
El esposo le aprieta con gran fuerza la mano de su mujer, esta grita y gime de dolor que sigue, tanto que llora. Ella se agacha poco a poco, hasta arrodillarse y seguir llorando.
-Tú no eres y nunca serás nadie para decirme a mí que soy.- Dice Javier, sin ningún cambio en su voz, en su rostro encorvaba sus cejas asía abajo, mostrando su ira.- Se te olvida él porque nos comprometimos. Nunca nos amamos, compartimos nada más la cama por una ilusión, nada más. Somos como animales, que nada mas procreamos por nuestra naturaleza en hacerlo. Yo te veo nada mas como nada y tú… ¿Sigues pensando que soy algo en tu vida?
Javier suelta la mano de Lucia, mientras esta se queda aun en el suelo y llora. Mientras ese sonido era acompañado por los pasos del magnate.
-Solo eres una mujer estúpida.- Menciona el hombre, mientras camina de nuevo a su escritorio.- ¿Qué no vez que pasa al tu alrededor?, O… ¿Solo te haces la tonta?
-Javier… Yo alguna vez, te quise.- Dice entre lagrimas Lucia, mientras arrodillada, veía a su marido- Recuerdo que tu antes me querías, me decías que era hermosa, me decías cosas bonitas al oído. Inclusive tu y yo alguna vez soñamos en formar una familia… ¿Recuerdas que tú me lo decías, lo recuerdas?
- Como tienes esa costumbre. Tú siempre valoras todo cuando lo pierdes… Pero se me hace raro que no valores a Carlos, aun cuando este ya no está.
El hombre se sienta nada mas, mientras frunce el ceño, en señal de molestia, como si una vocecita molesta fuera para él.
-En la parte de "soñábamos"… Al parece eso lo pensaba yo cuando te lo dije, de ahí en fuera eso fue cierto.- Dice, mientras recarga su espalda a en cojín de la silla, pero suelta una leve sonrisa de malicia.- ¿Tu cuando me empezaste a valorar?, después de ese acontecimiento, te diste cuenta ya tarde o solo con odio expresabas tu amor asía mi. De ahí te empezaste a dar cuenta lo que yo era antes para ti. Yo estaba ciego en esa época, no sé que veía en ti. Una mujer que no ha cambiado a partir de los años.
-Perdón.- Dice la mujer.- Yo fui estúpida, tienes razón. Yo vi en nuestro compromiso, una oportunidad de hacerte volver.
-Y seguir recibiendo ese trato… No gracias.
Lucia recuerda a un joven de quince años que se enamoro de ella, eran vecinos. Sus padres eran amigos. El joven era muy alegre. Mientras una joven de un año menor, era tímida y no solo eso, era muy gruñona, pero de forma agresiva. Nadie le hablaba a esa joven, porque era egocéntrica y grosera con los que no era de su clase y de lo que lo eran también, era una niña caprichosa, como todo rico. Mientras el chico era lo contrario a ella.
Después de que los padres se habían rencontrado después de varios año. Aquellos jóvenes se conocieron.
El joven se enamoro a primera vista de la chica y este de él. Pero siendo lo opuesto. Hubo algo curioso en eso.
El joven Javier viendo algo en ella debajo de toda la amargura, decidió cortejarla. Pero la joven Lucia al ser tímida lo rechazaba y de una forma grosera y altanera.
-Te gustaría ser mi novia.
-Yo. Siendo novia de alguien idiota como tu… ¡Nunca!
-Entonces porque el rojo esta en toda tu cara, ¿Por qué te sonrojas cada vez que te digo algo lindo?, ¿Por qué tiemblan tus manos ahora mismo que las sostengo?… ¿Por qué lloras?- Eso lo dijo mientras le limpiaba sus mejillas a la chica.
La joven Lucia tuvo siempre una vida de tragedia, su madre no estaba para ella, debido a su muerte y su padre casi nunca estaba con ella. Adoptando esa actitud por sí misma. Carlos tenia la misma vida, solo que él, era un caso único.
Lucia siempre le tenía envidia, puesto que el a pesar de todo era alegre y ella no.
Y después de la declaración sin respuesta alguna, Javier le roba un beso a su amada, mientras esta no reacciono y se impresiono. Acto seguido, después Lucia lo separa de él, le da una bofetada y empuja y el joven cae al suelo, de sentón.
-Puedo ver que te gusto.- Comenta el joven a pesar de todo feliz.
Lucia empieza a llorar con más fuerza.- ¡¿Qué vez en un monstruo como yo?!, ¡¿Qué?!- Pregunta ella con rabia, pero triste, seguía llorando con más fuerza.
-Yo. A una chica. Y sé que esa chica se enamoro de mi.
Lucia no dice nada y sonrojada, solo se va corriendo. Ella no podía expresar su amor, lo amaba, también pero no sabía cómo sacarlo. Ella no podía creer que alguien se enamorara de ella, en su vida solo había personas que la odiaban.
Pero a pesar de todo no quería decir que hubiese un cambio en todo eso.
Un día en que el joven Javier se había escapado de una de las aburridas fiestas que tenían lo ricos, simplemente decidió irse a ver qué asía. En eso la lluvia lo había agarrado y el solo se cubría debajo de una tienda.
Y como iba elegante y no podía cruzar, ni ensuciarse.
-Parece que necesitas ayuda… No cabe duda de que eres un tonto.
Lucia estaba ahí, con un paraguas. Ella a ocultas lo había seguido, a ocultas de él.
-Hola.- Pero Javier solo saluda, con la mano, sonrojado al ver a Lucia tan hermosa, con un vestido azul, un poco escotado en la espalda.- ¿Tienes otro paraguas?- Pregunta el.
-No.- Responde ella a secas.- Pero no te puedo dejar ahí, así que ven.- Responde con algo de timidez y con su voz gruñona.
-¿Enserio?- EL pregunta extrañado.
-Si no quieres…
-No ya, ya.
Pero el paraguas era pequeño para los dos. Javier se iba poco a poco, de él y eso era conociéndola la chica amargada. Pero ella le jala el brazo y se lo pega mas a ella, mientras ella recarga su cabeza al hombro.
-¡Wow!, Y eso.- Pregunta el joven, que sentía esta vez raro, y sonríe al ver eso.
-Cállate.- Dice ella, que solo le aprieta con fuerza el brazo, en el mero musculo, lastimando al joven y con ese tono de voz, pero su cara estaba sonrojada.- Lo único para lo que eres bueno es para recargadera. Así que sigue siendo una recargadera para mi cabeza y guarda silencio.
A partir surgió su relación. Poco a poco ella se estaba desenvolviendo, al menos con Javier y solo con él. Con los demás era lo que siempre había sido fría y cruel.
Su relación duro cinco años, hasta que se separaron. Lucia entro en depresión, hacia berrinche al dejarlo, como si de una niña le quitasen el juguete. Carlos sabia que tarde o temprano se volverían a ver.
Solo pasaron tres años y en esos tres años algo había ocurrido con Javier.
-No has cambiado Lucia. Tú no eres una santa.- Dice Javier, mientras escribe.- Me dices a mí un monstruo, pero… ¿Tenias puesto a pensar que tu también lo eres?, hoy recibí otra carta de renuncia por parte de la servidumbre. Y obviamente por ti y por "tu hijo".
Lucia se para con rabia en su ser. Para ella el único que lo podía cambiar era Javier. Pero antes de que ella se fuera, Javier sufría de dolor y cuando se fue ella, lo dejo solo y ese factor, que ella sabia y que era muy injusto para su amado lo hiso cambiar, hasta no ver más aquel joven de quien se enamoro. Ella se arrepiente de lo que no hiso y es abandonar a Javier cuando más lo necesitaba, pero ella se sentía impotente y débil mentalmente.
El pasado para ella es solo un cuento, que ella lee en su mente cada vez que trata de buscar ese cariño que su amado alguna vez le dio, parecía casi una mentira que eso había ocurrido. Ella podía haber sido feliz como él. Pero ahora que Javier ya no está, dejando ver un vacio en su frio corazón de piedra, como la grieta de un cañón seco. Dejando a ella casi igual que el.
Javier da un suspiro.- Desgraciadamente los que se fueron… Tenían varios años.- Dice con algo de desdén.
Lucia frunce el ceño, sabe quiénes son. Ese par de criados eran maravillas de personas y duraron mucho tiempo, y ella siempre los trato y rebajo como siempre, ella y su hijo mayor.
-Ahora si no me tienes nada que decir… Vete por favor.- Dice mientras vuelve a revisar, documentos y esta vez policiacos.- Que a ese hijo que tanto defendiste, me acaba de meter en un gran problema… ¿Sabes cuál?- Y habla con severidad.- Por supuesto que no sabes, tú no sabes nada, tu nunca sabes nada. Y eso es también por mí. Espero que te des cuenta… Pero conociéndote solo te sentaras, sin hacer nada.
La esposa no dice nada, no sabe nada de su hijo mayor. Pero ella sin responder se va del lugar, dándole la espalda y con gran ira se va. Ella ya no siente amor, siente odio asía Javier y este a ella, pero en el fondo de su ser aún le queda una pizca para ese hombre, que inconscientemente guarda cuando este regrese, pero al parecer eso es imposible.
-¿Lo valoraste mas a él, que al otro, no es así?- Pregunta el hombre a su esposa, antes de irse.- Carlos se fue… Porque tu viste mi imagen en el. Tanto me odias que le diste un peor trato del que me dabas a mí, en nuestra juventud.
-Tú tampoco eres un buen padre. Y eso tú también lo sabes.- Responde la mujer a espaldas, mientras sigue llorando
Javier no dice nada y sigue escribiendo. Lucia sale y solo se escucha el rechinido de la puerta que azota.
Javier sigue escribiendo aun, pasa un rato y una vez que acaba todo. Se dispone a pensar un poco, después ve las fotos de sus antecesores y de él y ve su figura, cuando era pequeño. El hombre solo da un suspiro, pero como si fuese un Tauros en lugar de un humano. Después el se para y camina un poco asía la misma ventana otra vez.
Que había pasado que lo hiso ser así. El fue alguna vez como es su hijo menor. A diferencia de Lucia, el aún conserva parte de su esencia, no rebajaba a los sirvientes y los valora, pero permanece neutro ante ellos, pero aun sigue teniendo humildad en su ser. El no era como su esposa, pero si era frio, demasiado, casi de piedra. Ahora solo es una sombra, de lo que alguna vez fue, un vacio cascaron sin sentimientos.
Javier empieza a ver el jardín de su mansión y en especial una parte, una parte que se convirtió en especial para él. En ciertas ocasiones el siempre iba a ver por la ventana, a ver algo.
-¡Luna usa confusión!
Fantasmas del pasado volvían, en ese jardín ve a su hijo menor, cuando recién empezaba a practicar con su Pokemon. En este caso Carlos cada vez que entrenaba era con una figura grande de felpa, en forma de dinosaurio y de color verde.
(NDA: El peluche que ocupas cuando usas sustituto, solo que mucho más grande)
La fémina Pokemon, que era una Kirlia, en lugar de usar esa técnica y al ver el tamaño de ese peluche, rápidamente se va y se oculta detrás de las piernas de su maestro.
-Tranquila. Solo es un muñeco.
Carlos se acercaba y le golpea al muñeco.
-Lo vez, es fal… ¡AHHHH!
El muñeco cae sobre el niño.
Luna al ver eso y sacando valor al ver a su amado maestro en peligro, usa confusión, alza al muñeco y lo empuja, al menos un poco, al ser resistente y hecho para aguantar ataques de Pokemon. Y después de quitar el monstruo de felpa, la Kirlia corre rápidamente asía su maestro, que se había desmayado, con los ojos en espiral y con la boca abierta.
-¡Carlos, Carlos te amo no te mueras!
Y ella con lágrimas lo sacudía, una y otra vez y de forma errática. Pero eso no ayudaba mucho.
El hombre saca una leve sonrisa al recordar eso. Ese fue el primer día. Y cada vez que Carlos entrenaba a Luna. Javier se tomaba el lujo de verlo desde lejos, viendo como se volvia mas fuerte. Solo que aun no lo suficiente, una cosa era entrenar a un Pokemon y otra era el carácter. Y a Carlos aun le faltaban las dos.
-Carlos… Por tu bien espero que te vuelvas más fuerte antes de volver aquí.
Y el hombre vuelve a su escritorio, a seguir su trabajo. Mientras en su mente ha seguido esa preocupación, sabe que pasara y lo peor es que el no estará ahí, sabe que es solo cuestión de tiempo para que eso pase.
Como dije antes, dije que contaría la historia de los padres, al menos un poco más.
Ahí redacte como eran en su juventud de esa pareja, que antes Javier no era así. Y Lucia, seguía siendo casi igual, enamorándose de su opuesto, viendo como una esperanza en Javier para cambiar y este a su vez sabia que la podía hacer cambiar.
Ok. La canción en que me base. Si eres mexicano probablemente conozcas a la artista y acto seguido me odiarías y si la llegases a escuchar, bueno realmente queda con este capítulo y con lo cruel que soy.
Música: Castillos.
Artista: Amanda Miguel.
Esta es una de las dos canciones principales que inspiraron también este fic. Esta es de Javier y Lucia. La otra es de Carlos y Luna, solo que esta no la diré.
Quiero agradecer y mandar saludos a James anderson, LinkAnd606, KRT215, KevinDarius, dragon titanico, pokemaniacrafter y a MarkPaul777.
Y a aquellas personas tímidas que no opinan pero están ahí ara leer y a aquellos que no tienen cuenta XD.
Esta vez no me canse en escribir XD. Bueno muchas gracias por sus comentarios a este fic. Vaya que no pensé que les gustaría tanto cada capítulo. Es difícil mantenerlo a raya.
Bueno sin mas que decir me despido.
Adiós y cuídense. Hasta la siguiente actualizaion.
