Soy un asco, perdón la demora... no puedo creer que me haya tomado tanto pensar en esto D: No sabía cómo unirlos. Pensaba: «Sessho no es un ser muy sexual, si pasa algo es porque ella lo dice, el problema es que es muy inocente. ¡Sessho y Rin jamás se unirán! Moriré, no puedo hacerlo *hiperventila* ¿porquéee?» Jajajaa. En fin, lean. Ya hubo mucho spoiler.


Demonio y Mujer

#10


—No puede hablar así de su señora esposa —se quejó Rin y él negó con la cabeza. Una pelea con ella había bastado para darse cuenta que su lugar estaba con el demonio blanco. La señora Jaken odiaba la devoción que su esposo le tenía a su señor. Ochocientos y un años de buena conducta se habían desvanecido cuando una hembra y el instinto de apareamiento aparecieron. El matrimonio no era para demonios, era la conclusión—. El matrimonio es hermoso, no debe decir esas cosas tan feas —terminó la humana mientras espiaba al demonio blanco. Sesshōmaru estaba a buena distancia de la pareja de seres parlantes.

—Tonterías, niña.

—No lo son —resolvió ella y miró al demonio blanco otra vez, recordó que había pedido vivir en una casa todos juntos, debía ser grande para su humanidad no molestaran a la señora. Dormiría cerca de su amo en ese caso, él aguantaba su olor; recargada sobre su hombro o su pecho sería feliz.

Comió moras silvestres que guardó en las alforjas del dragón una vez que se detuvieron para que la humana descansara un poco. No se sentía cansada ya que había viajado sobre Ah-Un, y aunque le molestaban un poco los muslos adormilados, casi se sentía ofendida. Tomó una de las últimas moras que le iban quedando y notó que esta teñía sus dedos con rojo oscuro, rosaba el negro. Sonrió, no quería que la siguieran viendo como una niñita. Ella era toda una mujercita y llevó la mora a sus labios y la apretó para que el jugo se regara en ellos uniformemente. Luego, se la tragó. El señor Jaken se fue ruidosamente hasta el río que seguían desde hace dos días. Rin se escabulló hasta donde Sesshōmaru estaba parado con una de sus manos apoyada en sus espadas.

Se paró a su lado y suspiró para captar su atención. El demonio la miró y no pudo evitar preguntarse qué era lo que le había sucedido. El aire olía a frutas dulces y se concentraba en la boca de la humana. Rin sonrió y la mora se metió entre los pliegues de sus labios secos, Sesshōmaru levantó la mano que reposaba sobre sus armas y repasó los labios de su protegida. Rin cerró sus ojos y disfrutó mientras duró. Jaken observó petrificado la escena.

La mujer se subió al dragón cuando el demonio retomó la marcha. Jaken seguía sin palabras y se quedó así hasta que la noche se cerró sobre ellos. Rin se había pasado el día relamiéndose los labios y observando cómo se mecía la cabellera blanca enfrente de ella.

—No encontramos ninguna casucha humana —se quejó Jaken para desviar el tema endemoniado de la cabeza de la chiquilla—. Te dije que todo esto era una tontería.

—Ajá —dijo ella como un murmullo lejano, sacó de las alforjas más abrigo y se tumbó junto al dragón para comenzar a dormir. Desde que viajaban todos juntos otra vez, la humana dormía con Ah-Un para su desgracia. Jaken se sorprendió por su rapidez y se contentó, ni siquiera tenía que ir por su cena y temer lo que sucedería si los dejara solos. Se tumbó a una distancia prudente de la humana para no quedar tan apestado, ya que todavía tenía la esperanza de que su esposa volvería arrepentida.

Cuando la humana oyó los ronquidos del señor Jaken, se sonrió por fin. No había dormido en todo ese tiempo, respiraba profundo para hacerle creer al demonio verde que sí lo estaba, y en vez de eso se había pasado observando al demonio blanco como todo el día anterior. La luz de la luna lo hacía brillar. Se escabulló y mordisqueó la última mora que quedaba en las alforjas en el camino.

Sesshōmaru reposaba con la espalda apoyada en un árbol y, aunque tenía los ojos cerrados, la sabía acercándose. Lo que no sabía era qué era lo que quería y porqué el aroma a frutas dulces había vuelto a impregnar el aire. Abrió los ojos y allí estaba. Arrodillada ante él con los labios amoratados. Volvió a repasar sus labios con sus dedos y la humana se estremeció.

—Señor Sesshōmaru—dijo quedamente, temerosa de lo que quería hacer. Llevó sus manos hasta el pecho del demonio, la armadura estaba fría al tacto pero no le importó, temblaba pero no era a causa del frío. Estaba nerviosa y se acercó lentamente hacia su amo, sus narices se tocaron y ella se sonrió. En ese punto se acomodó mejor sobre sus rodillas para quedar a menor distancia del demonio.

—¿Realmente quieres esto? —indicó él con su voz profunda. Él era un demonio y podía vivir sin los placeres mundanos del cuerpo; la mujer se estremeció, tembló y asintió con las mejillas sonrojadas. Rin suspiró y el demonio blanco permitió que ella lo besara. Tomó la nuca frágil de la chiquilla con una de sus manos mientras repasaba el sabor a frutas dulces hasta que éste se extinguió, dejando solo la humedad sobre sus labios.

La mujer pedía y el demonio proveía.


Gracias a todas las que leerán :D