Hola. Felices fiestas. No pude actualizar por ese motivo asi que subiré 3 caps. Bss.

Capítulo 10

Los excelsior.

La orden estaba reunida. Intentando descifrar donde estarían Hermione y Ron.

Habían recurrido a toda las guaridas de mortífagos que conocían e investigado, en ocasiones de forma poco ortodoxa, realizaban interrogatorios sobre nuevas células.

Los Weasley nunca habían visto a Harry actuar de esa forma, parecía un desquiciado, y en algún punto temieron que se extralimitara demasiado con los prisioneros.

- ¡Espera Harry! – Le decía George cuando él le impartía un crucio sin piedad a un mortífago.

- ¿Qué crees que están haciendo ahora con Hermione y Ron? ¡Tomando el té! – Le gritaba – No, en este momento deben estar torturándolos, no estoy seguro a Ron, pero Hermione no debe estar pasándola bien, y menos en su estado.

Fue entonces cuando un rayo impactó sobre el prisionero, ambos miraron desde donde salían y vieron a Ginny desplegando todo su poder.

- ¡Les juro que no se nada! – Gritaba el mortífago.

- Más te vale que así sea – declaraba la pelirroja saliendo de la habitación.

- Que lo trasladen a Askaban y bórrenle la memoria – Le decía Harry a George saliendo tras Ginny.

La encontró en el pasillo llorando y la abrazó.

- Me duele todo el cuerpo – le decía ella – aún más, me duele el alma.

- Son las consecuencias de un crucio – Le decía Harry – Ya pasará.

- Ni me imagino por lo que estará pasando Hermione. Pero más me preocupa Ron, él estaba irreconocible cuando desapareció, parecía muy bien adonde iba y a quienes se iba a enfrentar. Temo por su vida, temo por los dos.

- Tranquila.

- ¿Tranquila? ¡Tranquila! ¿Tú lo estás?

- ¡No! ¡No lo estoy! Ya pasé por esto, ya pasamos por esto pero estábamos juntos, ahora no sé con quien estoy lidiando, no sé contra quien debo pelear. Y no tengo a mis mejores amigos a mi lado para apoyarme.

- Me tienes a mi – Harry la abrazó más fuerte.

- Ya lo sé, de solo pensar que tú me faltaras… - Y negó con la cabeza sintiendo un escalofrío – prométeme que te quedarás aquí.

- No puedo prometer eso.

- Promete que ante el menor peligro escaparás y te salvarás, nada de actos heroicos.

- Yo lo intentaré.

- Luego de encontrar a los chicos, y descubrir lo que sucede. ¿Te casarías conmigo? – Ginny se quedó estática.

- ¿A que viene eso ahora?

- ¡A que te amo! ¡A que no quiero que te suceda nada! Y a que, como te conozco la única forma de que te cuides es prometiéndote algo que deseas para que cumplas con mi pedido.

- Esta es… ¡La propuesta menos romántica que he recibido en mi vida! – Le decía Ginny golpeando a Harry en el hombro.

- ¿Has recibido muchas? – preguntaba él sonriendo.

- En mis sueños, todas las noches, tú me proponías matrimonio, pero definitivamente esta es la forma más desastrosa de hacerlo.

- ¿Y?- preguntaba

- ¡Por supuesto que si! Por fin me lo pides, ¿Y piensas que te diré que no? – Y sin más se besaron, la pelirroja acarició los cabellos de Harry acercándolo más a ella y aferrándose a su cuerpo, el morocho la abrazaba posesivamente e intensificaba el beso. – Prométeme que te cuidarás y cumplirás con tu promesa.

- Siempre cumplo lo que prometo – Le decía entre los labios.

De repente un estallido desde la chimenea, anunciando la llegada de alguien los hizo separarse y dirigirse a la sala donde toda la orden investigaba dónde podrían estar Hermione y Ron.

Era Madame Pince que portaba un libro en sus manos.

- Buen día – saludó – Creo tener una idea contra quienes lidiamos y no son buenas noticias. Verán – Explicó – los libros de la sección prohibida tienen un hechizo por los cuales yo puedo saber quien los leyó y en que pagina. El último libro que la señorita Granger junto al Señor Weasley vieron fue este y lamentablemente no es para nada favorable lo que estaban investigando – declaró arrojando el libro abierto sobre la mesa.

Arthur leyó en voz alta

- Los excelsior – Y un sepulcral silencio se hizo en la habitación.

- ¿Quiénes son? ¿Dónde los encontramos?- preguntaba Harry pero nadie le respondía.- ¡Alguien puede explicarme que cuernos pasa!

- Los excelsior son una logia de magos puros, se suponía extinta, aunque muchas veces corrían rumores en el ministerio que la logia aún existía y que Voldemort era utilizado por ellos para dominar al mundo mágico. Es una secta compuesta únicamente por magos puros, que hacen uso de magia ancestral, poderosa e imposible de vencer.

- ¿Qué tiene que ver con Ron? No entien… - pero Harry miró al frente temiendo decir lo que pensaba - ¿Ron es un excelsior?

- Aparentemente – declaró la señora Pince,- pero estaba investigando como salir de la secta, al parecer de seguro habría firmado un contrato verbal y no uno sanguíneo, el cual podría ser descartado pro un contrato superior, como el matrimonial o el de paternidad, como lo dice el libro.

- Por eso raptaron a Hermione, para que no pudiera renunciar y por eso él sabía donde ir. ¿pero adonde fue?

- La tía Muriel – Declaró Ginny – Yo sé que él la visitaba.

- esa bruja maldita – declaró Molly poniéndose de pie – Como le haya puesto un dedo encima a alguno de mis pequeños la mataré. – declaró desapareciendo, tras ella lo hicieron todos los miembros de la orden.

- Yo iré a Hogwarts y enviaremos más ayuda – declaró la bibliotecaria desapareciendo a su vez.

Pronto todos aparecieron en la casa de la tía Muriel y una fuerza inexplicable comenzó a quitarles el aire.

Invocaron un hechizo para poder respirar oxígeno y se adentraron distribuyéndose por toda la casa, pero la misma parecía desierta.

De repente un grito llego a sus oídos, era Hermione y sin dudarlo volvieron a encontrarse en el vestíbulo, intentando ubicar el origen de los lamentos. Pronto otro alarido, esta vez de Ron les indicó que su destino era el sótano.

Súbitamente algunos aurores y otros funcionarios del Ministerio se le unieron, pero realmente no sabían en quien confiar.

- todos son mestizos – Declaró Arthur dando a entender que difícilmente fueran miembros de la secta y sin más bajaron a rescatar a los chicos.

Mientras tanto Ron corría desesperado por los pasillos, los poderosos magos a los cuales alguna vez admiró, habían invocado un laberinto que no le permitía acercarse a Hermione y sin embargo no le impedía escuchar sus desgarradores alaridos.

- ¡Los voy a matar a todos! – Gritaba desesperado. Intentando derribar paredes que volvían a rearmarse instantáneamente. – Piensa Ronald, piensa. ¿Qué haría Hermione en este momento? - Se pasaba las manos por los cabellos intentando dilucidar como salir de allí.

- ¡ya lo sé! – Exclamó – Siempre doblar a la derecha ¿O era a la izquierda? - Y sacudiendo la cabeza tomó el primer pasillo a su diestra.

Pronto se le apareció un basilisco, cerró los ojos y exclamó

- ¡Mortis serpens! – Y chocó ambas manos; al instante el animal se desintegró. - ¡Así haré con cada uno de ustedes! - Gritaba, cuando otro alarido de Hermione lo terminó de desquiciar.- ¡Hermione! ¡Hermione! ¡Resiste! ¡Malditos! ¡Ella espera un bebé, mi bebé! - Bajó la voz - La pagarán caro.- Y continuó corriendo siempre doblando a la derecha.

De repente al virar sobre uno de los pasillos lo detuvieron una tela de araña.

- Incendio! - Declaró desapareciendo con el fuego el material y al avanzar una docena de arácnidos se enfrentaron a él.

Alineados tal cual ejército militar se apostaron en el suelo en cuatro hileras de tres arañas cada una.

Mediante maldiciones, hechizos y otros encantamientos, expulsó, incineró, desmaterializó y pulverizó a las criaturas y continuó avanzando.

Entonces se detuvo bruscamente llevó su varita a la altura de su recio rostro, apuntó al techo manteniéndola en forma trasversal al piso y exclamó nuevamente

- Incendio! - Avanzó unos pasos y segundos después a sus espaldas cayó una enorme araña con su cuerpo completamente cubierto de fuego. La bestia volteó, apuntó al pelirrojo y se dirigió hacia él que sin siquiera voltearse, levantó una mano y la bestia salió expedida contra una pared, donde otras de las criaturas avanzaban, provocando que las mismas y el muro se llenara de fuego.

Giró hacia su derecha y sintió que la temperatura subía, pensó que era por el incendio provocado en el otro pasillo, pero pronto notó que estaba equivocado, frente a él se materializaron dos dragones que inmediatamente lanzaron sus llamaradas de fuego sobre él.

- protego! - Exclamó protegiéndose y luego contraatacó.

- Acuamenti! - Y un chorro de agua inundó los cuerpos y luego con un movimiento de manos exclamó - crystallus - provocando que el agua se convirtiera en hielo, quedando tal cual heladas estatuas a los animales.

Avanzó, y luego declaró

- Gladius, spatha. - Y en sus manos apareció una enorme espada romana de gladiador, se colocó delante de las figuras y cercenó ambos cuerpos provocando que estrepitosamente los pedazos de hielo cayeran al suelo.

Tantos retos le suponían que iba por buen camino, cuando de repente se le aparecieron siete excelsior frente a él.

- Roger, Richard, Cornelius, Damián, Federico, Thomas. – Los enumeró y luego miró a la única mujer del grupo – Leonor sabes que no lucharé contra ti y todos saben que no deseo luchar contra ninguno, simplemente quiero salir de la logia. ¿Por qué retenerme en contra de mi voluntad?

- No podemos dejarte ir, no a ti. – Le contestaba la dama con pánico en sus ojos. Ron aspiró hondo.

- ¿Me temen? Ustedes me instruyeron, son más expertos y experimentados que yo. ¿Por qué temerme? - Los hombres retrocedían – Saben que no dudaré en matarlos, ni un instante pero no es lo que deseo. ¡Déjenme salirme de la logia! – Entonces otro grito desgarrador de Hermione llegó a sus oídos. - ¡Avada Kedavra! – Y el rayo impactó en uno de los magos matándolo al instante. Ron levantó la vista, sus ojos estaban negros de odio y dolor.

Por detrás de los magos apareció Muriel.

- Sabía que esto sucedería, que apenas ver a esa mugrosa tus dudas aparecerían. – Le decía – Pero no vamos a permitirte claudicar. Maldita Astoria por no cumplir con su trabajo.

- Soy sólo un mago más, no veo el porqué de tu maldita obsesión. ¿Es por tu reputación? ¡Al diablo con ella! – La dama comenzó a reír descolocándolo.

- ¿Mi reputación? Hace mucho tiempo dejó de interesarme, con mi primer fracaso. Tu madre. Pero sabía que algo bueno vendría con su unión con Weasley. Lo que me sorprendió es que fueras tú, siempre pensé que Percy era el indicado, pero tú.- Meneó la cabeza – Es una pena que te hayas enamorado de una impura, y es inconcebible que tengas un primogénito con ella.

- Si los tocas…

- ¡Vamos! Despliega tu odio, eso te hará más poderoso e impotente de continuar. – Era verdad, más odio y dolor en su corazón más lo alejaban de la conexión que tenía con Hermione y nuevamente se calmó.

- Libérala y me uniré a ustedes. – Declaró. La dama pareció reflexionar.

- Puede que la liberemos, pero de ninguna manera podrá portar tu hijo en su vientre.

- Si algo le sucede a los dos te juro… - Y le sobrevino un mareo. La dama sonrió - ¿Qué me sucede?

- Él está resurgiendo en ti, tú nos llevarás al triunfo sin necesidad de lucha, todos caerán rendidos a tus pies. ¿No es lo que querías? Poder absoluto e ilimitado, ser respetado, elogiado, envidiado, deseado, querido, amado.

- Yo sólo deseo salir de aquí junto a mi futura esposa.

- ¡No será posible! ¡Y esa sangre sucia no es digna de ser tu esposa! ¡Esa unión es imposible, inaceptable! ¿Por qué no aceptaste a Astoria?

- Porque no la amo, yo amo a Hermione y con ella me iré. Y ninguno – Declaró mirando a todo el grupo – Me lo impedirá.- Otro grito desgarrador. - ¡Mortis Damián Hinggins! –Y sus palmas se batieron dando muerte instantánea al mago nombrado. – Cada vez que escuche un grito de ella uno de ustedes morirá. – Entonces notó una luz azulada que provenía del final de pasillo.

Los magos se hicieron a un lado y la luz impactó en su pecho sin darle tiempo a nada.

Sintió una poderosa fuerza ingresando en su cuerpo, por su sangre corría una marea de fuego líquido.

- ¡NOOOOOO! – Gritaba.

- No te resistas. Acepta tu destino, acéptalo, eres nuestro nuevo líder. ¡Mortunicot! ¡El espíritu de nuestro creador está corriendo en tus venas! Acéptalo.

- ¡Nooo! No lo acepto, lo rechazo, no quiero el poder infinito, sólo quiero estar con Hermione Granger. – Gritaba Ron.

- No te atrevas a nombrar a una impura frente a él.

- La nombro, la nombro - repetía - y sólo acepto la comunión con ella, no deseo tu posesión, no te pertenezco, sólo pertenezco a Hermione Granger, mi esposa, la madre de mi hijo, la única. – Y por su mente se plasmaron todos los momentos íntimos que compartió junto a su amada, escuchó un nuevo grito de ella y en lugar de atacar, se aferró a los intensos momentos, los más alegres, los más sublimes, los más poderosos.

No había poder más grande que el amor y este no sería la excepción, la única forma de no ser poseído era demostrando que ya pertenecía a otra persona, y que nada se podía hacer.

Entonces un haz de luz luminoso salió de sus ojos y boca. El expedido resplandor tomó forma humana, translúcida, fantasmagórica. Los magos se postraron al suelo en señal de reverencia.

- ¿Te atreves a rechazarme? – Le decía el ente con una voz de ultratumba.

- No te rechazo, no te pertenezco, que es diferente.

- Mi sangre corre por tus venas.

- ¡no! Yo no he hecho el pacto sanguíneo. – La figura rió fuertemente.

- ¿Y crees que yo poseería a alguien que lo necesitara? ¡Iluso! Mi sangre corre por tus venas desde el momento de tu concepción. Eres el elegido para reemplazarme y tomar el control total de una vez y para siempre.

- No, yo soy Ronald Billius Weasley, un mago común y corriente, he luchado contra los tuyos, destruí a tu sirviente, y estoy enamorado de Hermione Granger, una impura, que es mucho más valiosa que tú. – Un latigazo lumínico salió de la figura, golpeándolo y haciéndolo caer al suelo, por el dolor.

- ¡No te atrevas siquiera a mencionar a una impura! Mucho menos a creer que es mejor que yo. – Ron se levantó del suelo, el corte le ocupaba todo el pecho, había rasgado sus vestiduras y brotaba sangre de él.

- No lo creo. – Decía mirando directo a la luz – Definitivamente es mejor que tú, y que todos nosotros juntos.- Entonces un nuevo desgarrador grito llegó a su oídos. – hace más de tres horas que la torturan y continúa con vida, ella no morirá fácilmente, ella dará pelea y eso demuestra muchísima más grandeza de la que tienen todos los aquí presentes. – Un nuevo latigazo impactó ahora en su espalda y el con esfuerzo se incorporó nuevamente del piso donde había caído– Yo también la daré, porque no hay nada en este mundo más poderosos que la fuerza que nos une.- Y un brillo salió de su pecho, el medio corazón que Hermione le regaló comenzó a brillar.

- purus benedicere cor - Exclamó la etérea luminosidad – Es imposible conseguir el metal para generar el corazón bendito puro y aún más difícil invocar su hechizo– Sus ojos demostraba un terror y los magos levantaron la vista al medallón que cada vez se iluminaba más.

- Al parecer una sangre impura encontró la forma de destruirte, aún sin conocerte, si eso no es poder, no sé que será. – Declaró Ron desprendiéndose de la cadena y arrojándola a la luz que ante el contacto con el metal comenzó a girar como un tifón obligando a todos a arrojarse al piso.

Los gritos desesperanzados de los magos, que imploraban por el espíritu de su maestro, para que luchara contra esa fuerza que lo atacaba, aturdían al pelirrojo.

Ron sentía que algo faltaba que nada terminaría si no destruía a esa endemoniada figura entonces declaró.

- Accio medio corazón de Ron – Y a sus manos llegó la pulsera de Hermione que también fulguraba y sin más la arrojó al ente, ambas partes del medio corazón se unieron, haciendo que una rayo amarillo cruzara por todo el pasillo y apenas pasados algunos instantes la aparición explotó provocando que el laberinto desapareciera y que una de las paredes a su lado cayera y le dejara ver a Hermione siendo alcanzada por un rayo pero a diferencia de las otra veces, ningún grito salió de su boca y su cuerpo quedó inerte sostenido por las cadenas que la amarraban.