Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de la gran señora Stephenie Meyer. La historia si es mía.

Edward me agarró por la cintura, cuando me había soltado de sus brazos, y me llevó hasta la sala –aún con mis lágrimas cayendo por mis mejillas– y me sentó junto a él en un sofá tan blanco como la nieve. Alice nos venía siguiendo, pisándome los talones.

Alice parecía ansiosa, nerviosa, agitaba y cruzaba sus piernas constantemente, y mordía las uñas de sus manos hasta dejarlas deformadas.

–Mierda –cuchicheó ella–. Voy a tener que ir a la peluquería a que me arreglen las uñas.

Y siguió con sus constantes movimientos de piernas. ¡Me voy a volver loca sí sigue con eso!

–Alice, cálmate, es a mí la que quieren matar unos espíritus –susurré con tono amenazante.

Estoy segura que desde el pecho de Alice emitió un gruñido sordo y profundo, sino es que ya he perdido la cabeza.

–Tienen que ayudarme con esto –continué cuando nadie dijo nada después de la intervención de Alice.

–Lo haremos –respondió, instantáneamente, Alice. Ella se quedó mirándome por unos minutos, luego pestañó y apartó la mirada–. Edward –lo llamó ella.

Miré a Edward de reojo, llevaba puesta una mirada de ansiedad y preocupación, igual que la de su hermana. En ese momento quise agarrarle sus manos y apretarlas contra las mías. No lo hice, ya que mi fuero interno temía ser rechazado.

–Bella –intervino él con su voz llena de ansiedad y ronquera. Volteé la mirada a su dirección. Me pareció escuchar a Alice maldiciendo, por lo bajinis, por sus uñas rotas. Bufé–. Desde que tenía cinco años mi vida estaba llena de horrores, estaba llena de cosas que no se podían explicar, cosas que no son de éste mundo.

Edward torció el gesto, Alice había extendido sus piernas en todo el sofá en el que estaba sentada, y yo, en cambio yo, había soltado otra lágrima y un jadeo. ¿Qué rayos me anda pasando en estos días?, estoy muy emotiva.

Edward continuó.

–Yo viví mi infancia en Forks, cerca de Port Angels, en realidad toda mi familia vivió su infancia en ese pequeño planeta alienígena.

Edward soltó una risita la cual hizo que empezara a hiperventilar, pero Alice soltó un gruñido e interrumpió a nuestro acompañante.

–Edward le llama a Forks, desde que tenía cinco años, pequeño planeta alienígena –me explicó ella. Volteó los ojos y soltó otro gruñido.

No conozco del todo a Alice, pero por lo que me ha contado Renée de ella, es que, en algunas ocasiones, se pone toda gruñona. Y ese es el modo en el que ella se está comportando ahora, debe ser por sus estúpidas uñas rotas.

Le hice un gesto a Edward para que continuara.

–Vivíamos en una casa más pequeña que ésta, cerca de Port Angels, tenía sólo dos pisos y tres habitaciones; odiaba compartir habitación con Jasper y Emmett, no era fácil –soltó un suspiro–. Rosalie odiaba ese planeta alienígena, se quejaba todos los malditos días que quería alejarse Forks y nunca regresar, eso no me ayudaba en la situación por la que estaba pasando.

En ese tiempo Rosalie y Jasper tenían ocho años de edad, Alice, Emmett y yo teníamos, más bien, cumplíamos cinco años, los tres nacimos en el mismo día que yo, el veinte de junio, a los cinco años fue donde empezó todo.

Recuerdo que al día siguiente, después que cumpliera mis cinco años de edad, en la mitad de la noche, escuchaba golpes en el techo y ladridos de perros, ni Jasper ni Emmett estaban despiertos ni los oían. Estaba muerto del miedo, como todo niño inocente de cinco años.

A mi cerebro le llegó un flashback en blanco y negro donde Edward estaba corriendo por toda la casa y gritando con su voz aterciopelada pidiendo auxilio. Un profundo dolor en mi pecho gobernó en mi corazón. Imaginarme a ése pequeño Edward de cinco años, con ésos grandes ojos verdes, gritando, implorando auxilio, me partía el alma en mil pedacitos. La sangre se me heló de sólo pensarlo.

–Cada noche todo empeoraba, oía golpes en la puerta de mi habitación, el rasguño de las uñas en la puerta de la entrada… Veía sombras, ojos rojos, sombras, hasta hubo un día en el que susurraban mi nombre cuando tuve que quedarme solo en la casa.

–Las voces –cuchicheé–, ¡a mí me sucede lo mismo! Como te dije anteriormente: me susurran Bellis, Bella, ¡es una completa tortura para mí!

–Te comprendo. Desde mi quinto cumpleaños me había sucedido todo eso… –tomó un respiro profundo y luego lo botó–. Lo peor fue que ni mis padres ni mis hermanos oían o veían el fenómeno paranormal, pero al menos me creían.

Apenas se los dije a Esme y a Carlisle ellos fueron a la única iglesia que había en Port Angels. El padre de la iglesia les dijo a Carlisle y a Esme que tenían que contactar a un grupo paranormal y luego acudir a él.

Esme estuvo varios días pegada al teléfono y a la computadora investigando a ese grupo.

Una semana más tarde Esme había contactado al mejor grupo paranormal de Washington, ellos vinieron a Forks al día siguiente por la noche –él soltó un gemido de dolor y yo otra lágrima–. Cuando ellos llegaron ordenaron a mis padres que todos mis hermanos salieran de la casa, excepto yo. Y así fue cómo empezó todo el proceso de tortura, por decirlo de ese modo.

En ese momento sentía miedo, estaba horrorizado, no estaba consciente de lo que podía pasar si convocaban a un alma o a un demonio del más allá.

Devolví mi vita hacia Alice instantáneamente, ella contemplaba a su hermano con expresión horrorizada, tenía sus ojos como platos y se estaba mordiendo las uñas –de nuevo– por los nervios.

–Un hombre del grupo paranormal me había preguntado en qué parte de la casa se manifestaba más el fenómeno paranormal. En mi habitación, le había dicho. Me pidió que los guiara hasta allá, y apenas entraron una mujer le susurró a otro hombre que no quería estar ahí, supuse que el fenómeno paranormal era demasiado… ¿aterrador?, ¿peligroso? Las dos cosas, diría yo.

El hombre empezó a analizar mi habitación con un aparato, no sé cómo rayos se llama; por lo que había visto ese día, había mucha actividad paranormal en la habitación. El hombre ordenaba al fenómeno que se presentara en el lugar, que hiciera una señal cuando estuviera presente, éste lo hacía.

En cuanto se presentó las luces del cuarto se apagaban y prendían, Esme, que contemplaba la escena, me tapó con su espalda toda la escenita que se estaba formando, ella no quería que viera eso, y se lo agradecí. Una mujer había puesto otro aparato en la mesita de noche, ella exigía al espíritu que diera su nombre, le exigía que respondiera el porqué estaba en esta casa y demás cosas.

También recuerdo que el grupo paranormal había hecho un círculo en el centro de la habitación, recitaban oraciones que no les comprendía, pero oía gritos, muchos gritos; Esme me tuvo que sacar de la casa por pura intuición maternal, yo ya no podía soportar aquella escena, el único que quedó en la habitación fue Carlisle.

Alice y yo clavamos nuestras miradas en las de Edward. Trataba de no jadear o llorar delante de ellos, pero me era casi imposible, la historia de Edward me hacía querer gritar y llorar a mares. Me tuve que contener lo más que pude.

–Sentí un enorme alivio al salir de ese lugar, Esme me repetía una y otra vez que Carlisle estaría bien… En cuanto salimos de esa casa, Alice fue la primera en correr hasta a mí y abrazarme.

Devolví la mirada hacia Alice, la pobre estaba sonrojada y aun comiéndose las uñas.

–En mi defensa sólo puedo decir que estaba preocupada por ti.

Los tres soltamos una risita. Me devolví hacia Edward.

–Esme, mis hermanos y yo estuvimos media hora afuera de la casa; en el otro lado de la calle estábamos los seis muriéndonos del miedo, sólo preocupados por Carlisle, para ese momento, lo único que me lograba calmar y parecía funcionar era mi madre.

Carlisle había llamado a Esme por teléfono media hora más tarde, él le había dicho a ella que no era seguro entrar a la casa, que era peligroso, y que el grupo paranormal volvería mañana en la mañana para decirnos quién era ésa alma en pena y cómo murió.

Alice soltó un gemido.

–¿Qué pasó después? –exigí saber.

Por mi piel corrió una corriente eléctrica que hizo que diera un saltito en mi asiento. Respiré profundo y traté de calmarme. Después de unas cuantas respiraciones más, estaba más relajada.

Edward prosiguió haciendo una mueca de dolor.

–Todos nosotros tuvimos que dormir en la casa de una amiga de Esme, mi mamá no iba a permitir que pasáramos otra noche más en esa casa. Tuvimos apenas cinco minutos para recoger todas nuestras cosas y correr hacia la casa de la amiga de mi madre –él tomó un respiro y fijó su mirada en el piso.

–Si no quieres continuar, lo entenderé –mascullé con voz ronca, traté de aclarármela pero no obtuve resultado alguno.

Edward me devolvió la mirada, pero quedé petrificada, sus ojos no mostraban la más mínima gota de alegría, todo lo contrario, sus grandes esmeraldas verdes transmitían dolor y miedo.

Por puro instinto –y tampoco pude evitarlo– me arrojé a sus brazos. Quería que sintiera que lo protegía bajo el manto de mis brazos, y que todo estaba bien, que podía sentirse seguro conmigo. Edward puso sus brazos en mi espalda, casi cerca de mi cintura, y me obligó que me acercara más a él; enrollé mis brazos en su cuello y le susurré en su oído que todo estaba bien.

–No sigas más; si esto te afecta, ya no te sigas torturando.

Me separé de él, aunque mi fuero interno deseaba estar más cerca de Edward, y pude ver cómo una lágrima se escapaba de su ojo izquierdo y resbalaba por su rosada mejilla.

–Tú no debería estar llorando, ese episodio de tu vida ya se concluyó, yo soy la que debería estar echando fuentes de agua por mis lagrimales –le limpié la lágrima con mi pulgar.

Los dos compartimos nuestras carcajadas.

–Lo que sí necesito saber con urgencia, es en dónde está situada la casa donde ustedes antes vivían y cómo se llamaba ese espíritu.

–No lo recuerdo, yo sé que la casa era comenzando Port Angels, pero…

–Edward, está bien, tranquilo, no te voy a obligar que hables más del tema –le aseguré haciendo una pequeña sonrisa en mi rostro–. ¿Puedo hacerte una pregunta?

Él asintió.

–¿Tú crees que sí los dos vamos por los alrededores de Port Angels, puedas reconocer la casa? –no quería seguir con este tema si a Edward le afectaba tanto, pero necesitaba su ayuda y la de su hermana con urgencia.

–Sí es posible que la reconozca, pero, tardaría un poco.

–¿Y cuándo puedes ir hasta Port Angels, conmigo? Claro, sólo si tú quieres, entenderé si no quieres ir a ese capítulo de nuevo.

–Si tengo que revivir ese momento de mi vida sólo para ayudarte a que resuelvas esto, con mucho gusto lo haría –afirmó dibujando una sonrisa en su rostro, ésa sonrisa que me derrite, y haciendo que sus esmeraldas brillaran de la alegría. Le devolví la sonrisa más grande que pude hacer.

¡Alice! Maldita sea, nos olvidamos completamente de ella, la estábamos ignorando. Obligué a mi fuero interno voltear hacia donde estaba situada Alice. Ella estaba abrazando sus piernas con los brazos y arrojaba grandes lágrimas provenientes de sus grandes ojos marrones.

Fui hasta el otro sofá en el que estaba sentada ella y puse su cabeza en mi pecho, le acaricié la espalda contantemente hasta que ella dejó de llorar un poco.

Edward miraba con preocupación a su hermana favorita, había desaparecido esa sonrisa suya que tanto me derretía. Él se dirigió hasta el otro lado del sofá y se sentó al lado de ella.

–Alice, ¿qué es lo que va mal? –prosiguió Edward con cautela.

–Es que… yo… -le costaba un enorme esfuerzo hablar, pero pudo continuar su oración–: Yo odio cuando cuentas esa maldita historia, con otra persona, delante de mí, y tú lo sabes.

Ahora me sentí culpable conmigo misma, si hubiera estado al tanto de eso no le hubiera hecho a Edward que me contara esa historia. Empecé a excusarme con mi mejor amiga.

–Lo lamento, Alice, yo no tenía idea que a ti te afectaba la historia.

–No lo viví como Edward, pero entiendo su dolor porque soy su hermana. Tú no debes disculparte, Bella, tú no tienes la culpa.

–Alice, hermana, te prometo que esa historia ya no se oirá en ésta casa –juró Edward con el corazón mientras acariciaba con dulzura el rostro de su hermana.

–Gracias, Edward –concluyó ella haciendo una sonrisa.

Hola, mis amores!

Cómo está todo? Bien? Eso espero! :D Mi última actualización fue el 19 de noviembre, no? Sip, creo que sí, el día siguiente que fui a ver Amanecer con mi BFF! :D Bueno, ya dejé de llorar, PORFIN! Pero es un fastidio aguantarse todo un año para saber qué va a pasar ¬¬

Qué les pareció el capítulo? Me encanta Edward :) Y Alice, pues, es un caso serio con sus uñas xD

Chicos, el lunes me voy de viaje a Táchira (un estado de Venezuela) al principio quería ir porque mi prima Osmary iba a ir conmigo, pero ya no quiero ir porque ella no va :S Creo que no voy a actualizar hasta enero, cuando llegué a Caracas, porque son vacaciones, navidad, y hay que disfrutar! xD

Me tardé mucho con el capítulo, con el otro me voy a tardar más, eso creo, por eso les quiero dejar un adelanto del próximo capítulo que ayer lo empecé a escribir, aquí les va:

Edward se estacionó enfrente de una zapatería y luego de ahí caminamos cuatro cuadras a la derecha hasta encontrarnos con un lugar lúgubre y aterrador (no es un cementerio, por si ya lo pensaron). Era el vecindario donde vivió la familia de Edward anteriormente. En el vecindario sólo había diez casas en total, todas una al lado de la otra, y todas estaban pintadas de un color gris fúnebre.

¡Reconozco éste lugar! Éste es el vecindario donde vivió Jacob cinco años atrás. Ya estaba quedándome sin aire en los pulmones. ¡Cómo odio éste lugar!

–Bella, ¿estás bien?

Y ese fue el adelanto del próximo capítulo ;) Esta cortico, sí, pero es que sólo llevo 2 hojas escribiendo :S

Con este capítulo me identifico bastante porque he experimentado algunas cosas que Edward experimento en su pasado, como sonidos, golpes, voces, susurros, cosas de ese tipo, pero actualmente ya no me ha pasado, gracias a Dios!

Bueno, chicos, espero que les haya gustado el capítulo y me dejen reviews!

Bye! ;) Los quiero!