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El despertador muggle de Lily sonó a las ocho menos cuarto de la mañana. Lily lo apagó y se giró hacia el lado opuesto. No le apetecía levantarse.

Frente a Lily, en la cama que estaba a la izquierda de la suya, Sam se removió. El despertador también la había despertado. Por un momento, la morena también se giró poniéndose de cara a Lily y abrió los ojos. Lily los cerró inmediatamente y se hizo la dormida. Sam suspiró, consciente de que Lily se estaba haciendo la dormida y se giró de nuevo para darle la espalda. Como Lily, Sam también se estaba haciendo polvo uno de sus hombros por dormir todas las noches dándole la espalda.

Con cuidado, entonces, Lily abrió el ojo que tenía más pegado a la almohada, por si acaso Sam seguía mirándola. La encontró dándole la espalda, como siempre últimamente. La tensión que había sentido se esfumó.

Era una situación tan absurda e incómoda...

Cuando el despertador de Kaienne sonó diez minutos más tarde, Lily se levantó y le dio los buenos días a su amiga. Kaienne arrastró un buenos días con los labios. Necesitaba al menos unos diez minutos para desperezarse.

Lily abrió su armario, sacó ropa interior limpia, un par de calcetines nuevos, el uniforme de la escuela y buscó debajo de su cama los zapatos. Comenzó a vestirse. Para cuando ya estuvo lista, sonó el despertador de Anthea. Kaienne ya estaba sentada en la cama estirazándose.

'Buenos días, dormilona.' – Le susurró a Anthea con una sonrisa, cuando la rubia la miró.

'No tan buenos…' – Replicó Anthea estirándose como un gato. – 'Me espera un día agotador. Hoy tenemos entrenamiento y todavía tengo agujetas del pasado.'

El despertador de Sam sonó y como activada por un resorte, Lily agarró una toalla pequeña y se metió en el baño. Anthea y Kaienne se miraron apenadas. Llevaban cuatro días así y todo por la estúpida temeridad de Lily al adentrarse en el Manantial a solas. Sam y Lily no se dirigían la palabra y evitaban estar demasiado tiempo juntas.

'Buenos días…' – Musitó Sam y antes de meter la cabeza bajo la almohada dijo:- 'Despertadme en cinco minutos si no me he levantado.'

'¡Oye! ¡Cada mañana igual!'- Anthea le tiró su almohada. – 'Ni soy tu madre, ni Sirius, ni Li…' – Anthea se mordió la lengua. – '¡Que te levantes ya! ¡Vamos!'

'Qué pesada...' – Bufó Sam reincorporándose en la cama. Miró a su izquierda y como no vio a Lily, se relajó y soltó: – 'Merlín, tengo el cuerpo dolorido todavía… No sé cómo voy a volar hoy con estas agujetas.'

En ese momento Lily salió del baño y como la puerta estaba justo delante de la cama de Sam, se la encontró de frente. Lily reaccionó antes, aunque apartando la mirada:

'Buenos días.'

Al menos la educación no se había perdido, pensó Anthea.

'Buenos días.'

Se hizo un silencio incómodo en la habitación que duró el tiempo justo en que Lily tardó en coger su mochila, con sus libros ya preparados y abandonar la habitación.

Lily sintió ganas de llorar una vez más cuando bajó por las escaleras de los dormitorios de las chicas. Había pasado solamente una semana desde la sacaron del Manantial y a ella le parecían meses. Se sentía tan sola… Sirius, Sam, James, Peter e incluso Remus no le hablaban desde entonces. Lily se sentía mal, avergonzada y también muy incomprendida. ¿¡Tan difícil era ponerse en el lugar de ella!? ¡No había hecho nada malo! Lily suspiró y se secó una lágrima que amenazaba con resbalar mejilla abajo. Traicionar la confianza de sus amigos, como ellos le habían dicho, le estaba saliendo caro. Pero Lily no estaba segura de que se mereciera ese trato tan frío por parte de ellos durante tanto tiempo. Suficiente había tenido con estar encerrada en la Torre de los Premios Anuales por cuatro días seguidos sin ver a nadie. Había sido un castigo agotador psicológicamente, pero mejor que la expulsión de la escuela. Dumbledore había sido comprensivo al fin y al cabo.

Lily había decidido volver a dormir en su habitación de siempre junto a Anthea, Kaienne y Sam, porque la única vez que se había encontrado con James en su torre de Premios después del castigo, habían acabado gritándose como dos locos. Todo eso después de que Sam, Remus y Sirius ya le hubieran gritado enfadados, cuatro días antes, nada más despertarse en la enfermería de Pomfrey.

Lily no tenía ni ganas ni cuerpo para pelearse con nadie otra vez. Demasiado triste y enfadada estaba, pues después de sus cuatro días de confinamiento sin poder salir ni ver a nadie, solamente Anthea y Kaienne fueron a su encuentro. Ni siquiera James… Le había dolido tanto que no fuera a buscarla. Le hacían pensar que James igual ya no sentía lo mismo por ella después de esa traición a su confianza, al acudir al Manantial. Que James no la mirara a la cara, ni siquiera por los pasillos, le dolía en lo más profundo del alma. Y sí, Lily podía haber demostrado que no confiaba en ellos, cosa que no era cierta del todo, aunque ellos lo afirmaran con absoluta rotundidad. Pero James, Sam, Sirius, Peter y Remus eran unos mente cuadradas que no podían entender la presión a la que ella había estado sometida todo ese tiempo. Lo había hecho por sus amigos. Así que no, Lily no tenía toda la culpa de lo que estaba pasando. Su único consuelo en aquellos días era que por fin había dejado de temer por las vidas de sus amigos, al haber cumplido su trato con las Náyades. Había podido volver a dormir sin ninguna pesadilla y podía vivir por fin, con las mismas preocupaciones que sus compañeros de escuela. Se daba fuerzas a ella misma repitiéndose eso una y otra vez, porque a pesar de todo lo que estaba pasando, para Lily había merecido la pena.

Lily agradeció la amabilidad de los prefectos de Ravenclaw cuando la invitaron a sentarse con ellos para desayunar al llegar al Gran Salón.

Todo Hogwarts parecía saber que Lily y James se habían peleado. Los cotilleos eran algo habitual en la escuela, pero no le hacía ninguna gracia ser parte de uno de ellos. Lily no sabía donde meterse cuando tenía que ir de un aula a otra. Si por casualidad no estaba con Anthea o Kaienne, era casi imposible llegar a su destino sin que la pararan un par de chicos muy amables e interesados en saber qué tal le iba todo y porqué estaba tan seria últimamente. Obviamente esperaban escuchar que lo había dejado con James, pero eso no había ocurrido muy a pesar de ellos. Aunque al paso que iban ella y James, podía ser algo cierto en un par de días más.

Por otra parte, el gran club de fans de James había vuelto a la carga con mucho entusiasmo. Estaba claro que no había nadie que todavía no supiera que Lily y James se habían peleado. James se las apañaba como podía para eludirlas, pero tampoco ponía mucho empeño en ello. Sabía que verle rodeado de chicas molestaría a Lily y aunque pareciera estúpido e infantil, le apetecía que Lily rabiara. A pesar de ello, el club de fans de James había notado un malhumor inusual en él, pero según parecía, el malhumor iba dirigido a todo el mundo que se le cruzara por el camino. A James se le había borrado la sonrisa de la cara y no parecía que fuera a recuperarla por el momento.

El grupo de los Merodeadores entró en el Gran Comedor armando el revuelo habitual de siempre. Sirius le guiñó el ojo a una niña de segundo al pasar por su lado y al momento esta comenzó a lanzar grititos histéricos con sus amigas. Remus se rió por lo bajo cuando Peter le imitó con una chica de quinto y esta le sacó la lengua. Le guiñó un ojo a él, pero no vio necesario comentárselo a Colagusano. James guiñó un par de ojos a diversas chicas con las que se cruzó y les dedicó una corta sonrisa. Fue suficiente para que se volvieran locas. James las ignoró y activó su radar para Lily, la buscó con ansiedad por todo el Gran Comedor. El líder de los Merodeadores maldijo a la casa de Ravenclaw y en especial al capitán del equipo, Allan Looper, cuando distinguió la cabellera rojiza de Lily en su mesa. ¿Tan amable y encantador tenía que ser siempre con su novia? ¿¡Por qué estaba Lily desayunando con los de Ravenclaw!? Una vocecita en su interior le dijo que porque ninguno de sus amigos ni su novio le hablaban.

'Hermoso día…' – Masculló con ironía, lanzando una mirada furibunda a la mesa de Ravenclaw.

'El sol brilla, los pajarrillos cantan, la suave bris…'

'Cállate un rato, ¿quieres Canuto?' – Espetó James al instante con una mirada asesina que hubiera dejado frío a cualquiera.- 'No estoy de humor.'

Los cuatro tomaron asiento en su lugar habitual en la mesa. Saludaron a sus compañeros de casa y comenzaron a servirse el desayuno.

'¿De verdad?' – Ironizó Sirius mientras agarraba la jarra de zumo de calabaza y se servía. – 'Mira que no me había dado cuenta. Pero ahora que lo dices, si que es cierto que llevas varios días siendo bastante insoportable.'

'No me busques. En serio te lo digo.' – James golpeó la mesa con el vaso que acababa de coger y salpicó de leche todo a su alrededor.

'Pues si que estás gilipollas, sí.' – Le dijo Sirius, cogiendo una servilleta y limpiándose el uniforme, donde le habían caído varias gotas.- ¿Necesitas ser borde conmigo para sentirte mejor o qué? Yo no tengo la culpa de lo que ha pasado. La tiene tu pelirroja.'

'¿Te crees que no lo sé?'

'James, Sirius, haya paz.' – Intervino Remus fulminando al último con la mirada. – 'Empecemos bien el día, ¿eh?'

'Ya ha empezado mal.' – Gruñó James señalando a Lily.

'¿Qué esperabas? ¿Que se sentara sola?' – Remus alzó una ceja. – 'Además, a ti tampoco te falta compañía.' – Señaló con la mirada a un grupito de chicas que pasaban justo por detrás de James, comiéndose a los Merodeadores con la mirada.

'Es tonto.' – Espetó Sirius encogiéndose de hombros. – 'No quiere divertirse y no le faltan oportunidades.'

'Porque esté enfadado con Lily no me voy a liar con otra. No lo hemos dejado.' – Se defendió James fulminando a su amigo con la mirada. Sin embargo la palabra "todavía" resonaba en su mente una y otra vez.

'Cornamenta…' – Remus suspiró. – 'Creo que ya va siendo hora de que todo vuelva a la normalidad, ¿no? Me cansa esta situación y creo que todos nos merecemos un respiro.'

Los tres aludidos levantaron la cabeza de inmediato. James alzó ambas cejas en un gesto serio y Sirius achicó los ojos. Peter se zampó un bollo en silencio.

'¿Quieres decir que perdonemos a la pelirroja después del pollo que nos montó el otro día?' – Sirius se rió sarcásticamente y negó con la cabeza. – 'Lo siento pero no. Yo no me juego la vida por una estúpida niñata a la que después de salvarla, le sobraron los cojones para gritarnos todo lo que quiso y más.'

'Todos nos pasamos de la ralla en la enfermería. Para ella no debió ser un agradable despertar.' – Remus la miró a lo lejos. – 'Si lo piensas fríamente, verás que Lily nos dio sus razones y que no son tan estúpidas como os parecen. Ponte un poco en su lugar.'

'Pues si que te has vuelto un cobarde rápido, Remus.' – Espetó James. – 'No sabía que Lily te diera tanto miedo.'

'James, no me toques las narices, ¿quieres? Lily no me da miedo. Trato de ser razonable.' – Saltó Remus. – 'Y yo tampoco estoy de un humor divino hoy.' – Avisó.

'Y conforme pase el día peor.' – Apuntó Peter, vocalizando la palabra luna.

'¿Entonces qué, Remus?' – Preguntó Sirius medio burlón. – '¿Te da pena Lily?'

'Ni pena ni miedo. Es simplemente Lily. Nuestra Lily y no el enemigo.' – Remus rodó los ojos. – 'Fue una discusión estúpida. Estábamos todos encendidos por culpa del estrés de sacar a Lily de allí y ella obviamente se sintió atacada cuando se despertó con todos nosotros encima, gritándole.'

'¿Atacada?' – Chilló Peter indignado.- '¡Ella me atacó a mi primero! ¡Me encerró en la lechucería y casi se me comen las lechuzas!'

Sirius ahogó una risa. Peter le dio una patada por debajo de la mesa, picado.

'Lo sé, Colagusano. Sé que eso no estuvo bien por su parte. Pero ella recibió su castigo. Estuvo cuatro días encerrada en la torre y creo que ha sido suficiente.' – Remus suspiró y se masajeó la sien. Miró a sus tres amigos y les dijo con franqueza: – 'Mirad yo le he estado pensando y he llegado a la conclusión de que esto es absurdo. Todos cometemos errores. Nosotros somos número uno en ello.' – Apuntó. – 'Así que por mi ya ha sido suficiente, no tengo ganas de seguir peleado con Lily y con esta tensión en el grupo. Es de tontos seguir así. El Manantial ya pasó y todo se solucionó así que borrón y cuenta nueva. Lily cumplió su trato y ahora por fin, podemos decir que todo lo que empezó el año pasado ha terminado. Yo por mi parte, voy a hablar con ella y voy a disculparme por haberle gritado el otro día.' – Remus se levantó de la mesa. Se le habían pasado las ganas de desayunar. - 'Es nuestro último año en Hogwarts. Lo último que querría es acabar peleado con alguien que me importe este curso.'

James se pasó las manos por el cabello y suspiró sonoramente. Sirius se guardó la Graciela que tenía preparada cuando vio que los ojos de James se habían vuelto rojos y brillantes. Igual si que era momento de arreglar las cosas y terminar por siempre con el tema del Manantial.

'¿Te marchas ya?' – Preguntó Peter a Remus, con la boca llena de bizcocho, cuando le vio coger su mochila. – 'Todavía falta un rato para empezar las clases.'

'¿Vas a hablar con Lily ahora?' – Quiso saber James con voz estrangulada.

'Voy a decirle que quiero hablar con ella y que me reserve unos minutos.' – Remus se despidió con la mano. – 'Luego iré a buscar a Ió. Os veo en clase.'

James, Sirius y Peter le despidieron con la mano o con un asentimiento de cabeza. En silencio vieron cómo Remus se acercaba a la mesa de Ravenclaw y primero preguntaba a un par de chicas de sexto. Pensaron que debía estar preguntando por Ió. Luego, después de recibir un encogimiento de hombros como respuesta, Remus se dirigió hacia los de séptimo, entre los cuales se encontraba Lily.

James inspiró hondo.

'No sé que hacer con Lily.' – Confesó delante de Sirius y Peter.- 'Me da miedo pensar que lo nuestro pueda terminar aquí…'

Lily se giró al sentir una mano posarse en su hombro delicadamente. La pelirroja no pudo evitar sorprenderse al encontrarse a un sonriente Remus. Sin poder evitarlo una débil sonrisa estiró sus labios. ¡Era Remus!

'¿Me darás cinco minutos cuando puedas? Me gustaría hablar contigo.'

'Sabes que te daré todo el tiempo que quieras.' – Lily acarició la mano que estaba en su hombro con cariño. – 'Yo también quiero hablar contigo. Os echo de menos.'

'Bueno, no es que sea el representante de nadie…' – Remus torció un poco el gesto. Si Lily pensaba que venía en nombre de todos, tenía que entender que no era así. – 'Yo vengo por libre, porque…' – Se detuvo un segundo al ver que todos los Ravenclaws de su alrededor les estaban mirando. Lily también se dio cuenta. – '¿Vamos al claustro?'

'Claro.'

Remus se apartó para dejarle espacio para salir. Lily se levantó, agradeció con una sonrisa y amables palabras la cortesía de los Ravenclaws y se marchó junto a Remus. Dos personas la siguieron con la mirada. Una fue el Capitán de Ravenclaw, quien con fastidio retomó la conversación de sus compañeros de casa. La otra persona que vigilaba a Lily mientras abandonaba el Gran Comedor era James. Lily, antes de salir se giró para mirarle también. El corazón de ambos se encogió en el momento en que sus miradas se cruzaron.

'¿Qué tal estás?' – Preguntó Remus, mientras caminaban sin rumbo fijo. Lo de ir al claustro había sido sólo por decir algún lugar en el que estuvieran solos.

'Bueno… No muy bien la verdad…' – Confesó Lily encogiéndose de hombros y con voz apagada. – 'Pero al menos ahora estoy muy tranquila. Ningún trato me ata a nada.' – Afirmó muy segura.

'Ya.' – Remus se detuvo y la agarró del brazo para detenerla. Con cara de arrepentimiento dijo. – 'Escucha, siento lo del otro día. Estaba fuera de sí, Lily. Desde que pasó lo de los Sangre Pura… Ha sido la primera vez después de aquello en la que nos veo en una situación tan comprometida. Estaba histérico.'

'No hay nada que perdonar, Remus. Yo también siento lo arrogante que fui.' – Lily negó con la cabeza. – 'Según la situación que vivimos cada uno, actuamos en consecuencia. Si tú fueras yo y yo fuera tú, seguramente estaríamos en las mismas. Yo me hubiera puesto como una loca y tu creerías que hiciste lo correcto.' – Lily miró hacia el suelo y movió un hombro. – 'No creo que tu tengas la culpa de lo que está pasando al cien por cien, así como no creo que la tenga yo.'

'Imagino que todos tenemos una parte de razón en esto. No sólo hay culpa.' – Murmuró Remus con una suave sonrisa. – 'Simplemente quiero disculparme por no haber actuado como siempre contigo. Por no haber sido un buen amigo y no haber sabido entenderte durante estos días.'

Lily sonrió y se le echó al cuello. Le abrazó fuertemente y Remus le correspondió el abrazo, además de besarla en la mejilla. Sin llegar a soltarla, le dijo:

'Quiero darte un buen consejo, Lily. Un consejo que todo buen amigo debe dar.' – Remus se separó lo justo para mirarla a los ojos y con sinceridad le dijo: - 'Déjate ayudar, siempre. Nunca estás sola, aunque a veces así lo parezca.'

'He aprendido la lección.'

'No es que quiera parecer tu padre o algo así…' – Remus suspiró. – 'Simplemente te lo digo por experiencia. Que otros lleven una pequeñísima parte de tu carga, sea cual sea, hace disminuir mucho la tuya.'

Lily volvió a abrazar a Remus con muchísimas ganas y mucha fuerza.

'Gracias, amigo.'

'De nada, amiga.' – Remus le sonrió y le guiñó un ojo. – 'Ya verás como tus demás amigos cabezotas no tardan nada en venir a verte.'

'¿Y mi novio cabezota?' – Preguntó esperanzada.

Remus se sintió un poco mal por no poderle asegurar que James fuera a venir corriendo a suplicarle perdón, pues ni siquiera estaba seguro de que fuera a hacerlo. La cara de Lily cambió de la esperanza a la decepción y a Remus le dio pena.

'Es posible que tarde un poco más.' – Remus abrió las manos, puso las palmas hacia arriba y miró al techo. – 'Paciencia para el egocéntrico de James.'

Ió Keith no había tenido ganas de bajar a desayunar aquella mañana. No se sentía con fuerzas suficientes para seguir con su vida normal en Hogwarts. Como si no estuviera pasando nada en el Mundo Mágico o como si no hubiera desaparecido un miembro de su familia. Le era imposible ser ella misma, ser la chica alegre y simpática de siempre.

Además tampoco tenía ganas de serlo. No tenía ganas de quedar con sus amigas, no tenía ganas de ir a clase… ¡Ni siquiera había quedado con Remus! Y eso que ya hacía tres días desde que había vuelto. Solamente había recibido un par de cartas de él, pues tampoco se habían visto entre clase y clase. Claro que eso, en parte, era culpa de ella. Le había pedido un par de días a Remus para que la dejara tranquila. Necesitaba estar sola. Pero estar sola no le sentaba para nada bien. Sólo había llorado y llorado cada día hasta hartarse. Sabía que tenía a sus amigas preocupadas, pero no podía parar de llorar.

Ió se había visto feísima aquella mañana. Los ojos hinchados y rojos de llorar, las ojeras de haber pasado toda la noche en vela. El pelo desarreglado y despeinado. Había perdido peso y se veía demasiado flaca. Ió sabía que debía ser fuerte y seguir adelante, pero no tenía ganas. Todo lo que sucedía en su familia la estaba consumiendo y no dejaba de pensar en ellos, ni siquiera un segundo. Le era imposible estudiar o hacer cualquier cosa que no fuera preocuparse por su familia. Y le extrañaba, porque en casa de sus tíos, a pesar del desolador ambiente no lo había pasado tan mal. Claro que había llorado, se había sentido muy triste y se había lamentado, pero ahora era diferente. Le parecía que el mundo se le venía encima. ¡Era pura desesperación lo que sentía! La anestesia a la que su corazón y su mente habían estado sometidos mientras estuvo en casa de sus tíos había desaparecido. Ió estaba casi segura de que alguien, su madre probablemente, le había estado mezclando la comida con alguna pócima relajante.

Ió se peinó un poco con el peine y se lavó la cara con agua. Tras secarse con una pequeña toalla, salió del baño y apenas hubo dado tres pasos cuando se le nubló la vista. Tuvo que agarrarse al marco de la puerta, lo que más a mano tenía, para no caerse. Estaba muy mareada.

'Voy a caer enferma…' – Se dijo a si misma.

Claro que esa certeza no le impidió salir de su torre para ir a la lechucería a enviar la carta de cada mañana. La rutina que compartían muchos alumnos de Hogwarts.

Sin embargo, cuando dejó tras ella el águila guardiana de su torre y miró al frente, se quedó sin respiración. Remus Lupin estaba esperándole junto a las escaleras. Apoyado en la pared con los brazos cruzados y una expresión mezclada entre los remordimientos por haber ido a verla y la felicidad. Estaba guapísimo, pensó Ió. Casi se le había olvidado que tenía un novio tan guapo. Sus ojos color miel, su cabello castaño claro, la nariz recta y los finos labios… Remus le sonrió, quizás confiado por la expresión tranquila de la Ravenclaw, que le demostraba que no le desagradaba que hubiera ido a buscarla. Ió se arrepintió al momento de no haberse maquillado un poco. Aunque con lo fea que se sentía últimamente eso no hubiera ayudado mucho.

'Buenos días, Ió.' – Le dijo mientras se acercaba a ella. – 'Necesitaba verte. Lo siento, sé que me pediste un par de días. Pero ya no he podido alejarme más.'

Remus le acarició la mejilla y luego le alzó un poco la barbilla para besarla rápidamente en los labios. Ió se dejó hacer.

'¿Estás enfadada porque he venido?' – Preguntó un tanto asustado Remus, al notarla tan pasiva.

Ió se encogió de hombros. Tampoco sabía decir si se alegraba de verle y se sintió un poco culpable. La verdad era que no le gustaba que la viera en aquel estado y además su corazón bombeaba lento y perezoso, aletargado. Toda ella estaba adormilada, sus sentidos, su voluntad, su energía… ¿¡Qué le pasaba!?

'¡Ió!' – Exclamó Remus cuando su niña se echó a llorar. – 'Merlín, lo siento. ¿Estás enfadada porque he venido?'

'No…' – Ió se agarró a él y hundió la cabeza en su pecho. – 'No sé que me pasa. Ése es el problema…'- Ió sollozó muy fuerte y se agarró todavía más a Remus. – 'Es que… no tengo ganas de nada… Sólo lloro y lloro. Y me preocupo…'

'Vamos, tranquila…' – Remus la abrazó fuertemente y la besó en la cabeza. – 'Tranquila…'

'No me siento viva…' – Balbuceó mientras lloraba descontroladamente. – 'Sólo se preocuparme por mi familia y no sé ser fuerte. No estoy siendo como el año pasado… No me reconozco…'

'Tranquila, Ió.' – Remus apoyó su mejilla en su pelo rubio. –'Todo lo que te está pasando es normal. No es para menos estando en tu situación. Llora todo lo que quieras, mi amor…' – Le susurró Remus con voz suave y amable. Él era todo ternura para su pequeña Ió. – 'Llora todo lo que necesites. Yo estoy contigo y seré todo lo fuerte que tu no puedas ser.'

La clase de Transformaciones a la que Gryffindor asistía junto a Huffelpuf estaba un tanto vacía. No es que faltaran muchísimos alumnos, pero que Remus Lupin fuera uno de los ausentes no era habitual. Era muy raro. Demasiado raro. Sirius asestó una patada a la bancada que tenía delante, donde James estaba sentado con Peter. La profesora McGonagall estaba inmersa en su difícil explicación sobre la transfiguración del rostro humano, pero James sabía que esa mujer destacaba por tener un ojo en la pizarra y otro en los alumnos. Así que James se echó hacia atrás disimuladamente y Sirius se echó hacia delante, como si le interesara tanto como a Lily (que estaba en primera fila) la explicación de McGonagall.

'¿No sabes nada de Lunático?' – Susurró.

'¿Yo? ¿Qué voy a saber si la última vez que lo he visto ha sido en el comedor, al igual que tu?'- Susurró James. – 'Ha salido con Lily del comedor, pregúntale a ella.'

James sonrió de medio lado, sabiendo que eso no era una opción para su hermano. Sirius bufó fastidiado. No podía evitar preocuparse por Lunático, pero no sería buena idea que él le preguntara a Lily dónde estaba Remus. Bueno… Dónde estaba Remus o cualquier otra pregunta, la verdad. Estaba seguro de que Lily le echaría una mirada de basilisco. Si había alguien a quien iba a tardar en perdonar por la bronca de la enfermería iba a ser a él. Les costaba, desde siempre llevarse bien. Sirius miró de reojo a Sam. Ella podía preguntarle a Lily sin perecer en el intento. El chico se giró hacia Sam, que estaba sentada a su lado, y cuando ella le miró, Sirius esbozó la más sexy de las sonrisas de su repertorio de seducción.

Sam sonrió a medias y levantó una ceja. Nunca se sabía por donde iba a salir Sirius cuando hacía algo de eso.

'Pregúntale a Lily dónde está Remus.'

La otra ceja de Sam acompañó a la primera, en lo alto de su frente. Ahí lo tenía. Se rió en voz baja y negó con la cabeza. No pensaba hacerle ése favor a su novio.

'Está en primera fila.' – Se excusó Sam muy tranquila.

'Mándale una nota.' – La apremió Sirius.

'Envíasela tú.'

'Tu eres su amiga.' – Le dijo, como si aquello resolviera toda discusión. – 'Yo sólo soy el amigo pesado de su novio al que mandó a tomar por culo hace nada.'

'Por si no te has dado cuenta, llevo sin hablar con ella tanto tiempo como tú.' – Respondió algo molesta y no tan bajo.

'¿Y eso es ser una buena amiga?' – Inquirió Sirius.

'¡Que yo sepa también es amiga tuya!' – Exclamó Sam, enfadada y frente a toda la clase.

James se llevó la mano a la frente y suspiró. Toda la clase miraba a Sam y a Sirius y no era de extrañar después de haber interrumpido a McGonagall con semejante grito. Desde los bancos del otro lado, Anthea le hacía señas a Sam, dándose con el dedo en la sien, preguntándole si estaba bien de la cabeza.

'¡Señorita Hewitt!' – Exclamó enfada McGonagall clavando su mirada fiera en ella y Sirius.- 'Le aconsejo que deje las discusiones con el señor Black para después de clase. Están siempre peleándose y…'

'No siempre estamos peleando.' – Protestó Sirius, herido, y al momento cerró la boca. Alzó una mano y bajó la cabeza pidiéndole disculpas a la profesora McGonagall.

'Voy a ahorrarme la molestia de permitirles que me interrumpan otra vez. Cámbiese de sitio, señorita Hewitt.' – Sugirió y señaló el sitio libre que había a la izquierda de Lily.

Sam esbozó una sonrisa forzada y recogió sus libros y pergaminos. Se levantó y fue a sentarse en primera fila, justo al lado de Lily y junto al pasillo. A su derecha tenía a Lily, a la izquierda el pasillo central.

'Hola.' – Carraspeó en voz baja cuando dejó sus cosas y se sentó.

'Hola, Sam.' – Respondió la pelirroja sin mirarla.

Sam suspiró y se dispuso a prestar más atención de la que nunca había prestado a la clase de Transformaciones de McGonagall. Durante aquel rato de máxima tensión (porque era realmente incómodo estar sentada al lado de Lily) y absoluto silencio, tuvo tiempo de acordarse de toda la familia de Sirius.

Remus tiró de la mano de Ió para meterla tras la estatua de la Bruja Tuerta en el tercer piso. Remus le hizo un gesto de silencio con la mano y Ió se puso tras su espalda y procuró no hacer ruido. La Señora Norris, la gata de Filch, pasó por delante de ellos sin darse cuenta de que estaban allí escondidos. Toda una suerte, pensó Remus, pues la puñetera gata solía descubrirles aún yendo bajo la Capa Invisible. Todavía se acordaba del día que trató de arañarles la capa delante de Filch para que este los descubriera. Lunático no pudo evitar que James le chamuscara los últimos pelillos de la cola, pero aunque no fue de su agrado, esa distracción les ayudó a escapar.

'Esto es divertido.' – Murmuró Ió cuando la gata se perdió de vista.

'¡Vaya! ¡Así que a la prefecta Keith le divierte saltarse clase!' – Bromeó Remus.

'Bueno, no me gusta saltarme clase…' – Dijo arrepentida Ió. – 'Pero es que hoy…'

'Hoy lo que necesitabas era un día distinto.' - Remus la besó en la frente. – 'Y yo voy a darte ese día distinto. Sólo que antes necesito que comas algo. No quiero que te desmayes.'

'¿De verdad que cada vez que haces esto tus padres le envían un justificante a McGonagall?' – Preguntó Ió sin acabar de fiarse. – '¿Luego no debes presentarte en la Enfermería para que Pomfrey verifique que estabas malo de verdad?'

'Sí, paso cinco minutos allí, me invento cuatro cosas y Pomfrey se las cree. A ver, tampoco es que haga esto muy a menudo. Ya sabes que no soy de los que se saltan clase.' – Se defendió Remus y señaló su brillante placa de prefecto.- 'Pero hoy tengo la excusa perfecta porque ya sabes…'

'¿Ya sé? ¡Ah! Cierto, perdona.' – Se disculpó Ió. – 'La verdad es que ni me acordaba de que hoy había luna llena.' – Vocalizó las últimas dos palabras. – '¿Crees que mis padres se tragaran lo de que estoy mala y que le enviaran un justificante a Sprout?'

'Seguro. Porque tu eres la buena chica de notas excelentes y obviamente confían en ti.'

'Bueno, tampoco es que esté traicionando su confianza.' – Dijo Ió más para ella misma que para nadie. Se sentía un poco culpable por estar haciendo novillos. – 'Me encuentro mal.'

Remus la rodeó con un brazo mientras reía. Le dio otro beso en la cabeza y tiró de ella, rumbo a las cocinas. Dejaron atrás las mazmorras y llegaron a unas inmensas puertas de madera de roble, que a Remus le recordaron las del Manantial. Una vez allí dentro, Remus pidió educadamente algo de comer a los elfos domésticos, ya que tanto él como Ió se encontraban con el estómago vacío. Uno de los elfos les hizo pasar a una zona reservada de la cocina y les ofreció sitió en unos diminutos bancos apartados de todos los fogones, calderos en ebullición, mesas y despensa. Les sirvieron zumo de calabaza, leche, infusiones, chocolate, galletas, pastas dulces, huevos fritos…

Ió picoteaba un poco de todo lo que había en la mesa, distraída de lo que se llevaba a la boca y concentrada en la cocina y en cómo trabajaban los elfos domésticos. Intentando captar todo lo que había en la cocina. Había una multitud de elfos domésticos, pero aún así le parecía que eran pocos para alimentar a toda la cantidad de alumnos que eran y quedó maravillada de la eficacia de su trabajo. Nunca fallaban. Montones de calderos se amontonaban en la parte más alejada de la cocina, hirviendo su contenido bajo fuegos incesantes. Una comitiva de unos diez elfos eran los encargados y supervisores. Preparaban caldos, purés, salsas y demás… Había otra comitiva, de unos veinte elfos que se repartían por largas mesas amasando, aliñando, cortando, decorando y preparando demás alimentos. Un tercer grupo de elfos se dedicaba a asar, freír y cocinar los alimentos más sólidos. Y un último grupo, el que más curioso le pareció a Ió, se dedicaba a servir la comida ya lista en la mesa. Pero no era una sola mesa, sino cinco y cada una de ellas rezaba así: Profesores, Gryffindor, Ravenclaw, Huffelpuf y Slytherin.

Ió dedujo, asombrada que todo lo que se ponía en esas mesas, era lo que luego se trasladaba a las del Gran Salón.

Con todo el trabajo que tenían los elfos, Ió se sintió un poco culpable por darles todavía más trabajo por no haber desayunado en su momento. Inmediatamente pensó en las clases que se estaba saltándo y su expresión de culpabilidad se acentuó. Remus le cogió la mano que descansaba sobre la mesa y se la apretó en un gesto consolador.

'No te sientas mal, Ió.' – Le dijo sonriendo. – 'Tus padres lo entenderían y seguro que si se lo cuentas también lo entienden.'

'Posiblemente…' – Aceptó Ió. Si Ió pidiera un unicornio a sus padres, casi seguro que se lo conseguirían con tal de hacerla sentir bien y alejarla de la guerra. – '¿Pero no les estamos dando más trabajo a los elfos?'

'¿Tú no tienes una elfina?'

'Sí.' – Ió clavó sus grandes ojos azules en los de él. – 'Vale, ya sé que ellos siempre se alegran de sentirse útiles y están dispuestos a todo, pero no sé… Son unos cincuenta elfos para, ¿cuántos somos, cuatrocientos alumnos más profesores?'

'Haz como con tu elfina.' – Remus se encogió de hombros y dijo tranquilamente.- 'Agradece todo lo que te están dando educadamente y ellos hoy se sentirán el doble de satisfechos por haber hecho bien su trabajo y el extra. Si tanto trabajo de más les diera alimentarnos, Dumbledore habría puesto más obstáculos para llegar a la cocina.'

'Pero casi nadie sabe donde están las cocinas. ¿Haces esto muy a menudo?' – Quiso saber Ió con una sonrisa traviesa. – 'Porque creo saber la respuesta ya que no hay día que no lleves algo de chocolate encima.'

'Bajo muy a menudo sí.' – Remus se rió. – 'Normalmente bajamos James, Peter o yo a por provisiones.'

'¿Y Sirius?'

'Digamos que Sirius es un poco maleducado con los elfos y que le gusta gastarles bromas.' – Explicó Remus rodando los ojos. –'Luego los elfos se enfadan y no nos dan gran cosa. Así que cuando tenemos hambre bajamos cualquiera de los tres, excepto Sirius.' – Remus se llevó una magdalena de chocolate a la boca y con la boca llena, algo poco habitual en él, le dijo:- 'Tofof falimos ganandu.'

Ió se rió y se inclinó para limpiarle los labios de chocolate. Remus se dejó hacer encantado y mejor se sintió cuando Ió le besó suavemente.

'Gracias por recordarme que todavía puedo ser yo misma.'

'Siempre lo eres.'

'Bueno, esta mañana pensaba de mí que era un muñeco inanimado casi, incapaz de sentir nada o de reír.'

'Bueno, pues hasta que yo aguante hoy, voy a demostrarte que no tienes nada de muñeco.' – Dijo convencido Remus y luego, sonriendo con picardía añadió: – 'Más bien eres una muñequita adorable y preciosa, pero con sentimientos y viva, muy viva.'

Sam no supo qué hacer cuando McGonagall dio por finalizada su clase. Comenzó a recoger sus libros, concentrándose completamente en su mochila, en sus pergaminos, en su pluma… Cualquier cosa menos mirar a Lily. ¿Qué iba a hacer ahora? Podría decirle: Hasta ahora, Lily. Ya sé que no nos hablamos pero resulta que además de dormir en la misma habitación, vamos al mismo sitio justo ahora mismo. Pero claro, estoy enfadada contigo y no puedo irme contigo charlando tan tranquilamente como siempre. Sam se mordió el labio. ¡Era todo tan absurdo! ¡Incluso lo de aquella mañana cuando Lily salió del baño! ¿Ahora era ella, Sam, la que debía salir corriendo para evitarla? Antes de que tuviera tiempo de decidir nada, Lily pasó por su lado.

'Hasta luego.' – Murmuró con voz débil.

Sam fue a contestarle, pero Lily se marchó demasiado rápido. Se la quedó mirando con cara de pena y suspiró. Sirius, que se había acercado, la rodeo con un brazo y se inclinó para besarla.

'¡Hola mi amor!'

'¿Mi amor?' – Sam recibió el beso de Sirius, pero le miró de mala gana. – 'Ya tengo varios momentos incómodos al día con Lily, como para que tu encima me ayudes a tener más.'

'Lo siento cariño, no lo he hecho aposta.' – Sirius sacó un poquito su labio inferior, para ablandar a su novia. No funcionó.

'No estoy de humor, Sirius.' – Le dijo Sam mientras agarraba su mochila y se la colgaba al hombro. – 'No me gusta como están las cosas con Lily.'

'¡Por Merlín! ¡Cómo estáis todos con Lily!'- Exclamó Sirius harto. – 'James se ha vuelto insoportable, Remus ni te cuento y ahora tú… ¿Si tan mal te sabe haberte peleado con Lily, porque no vas y hablas con ella?'

'No es fácil.'

'¡Es muy fácil!' – Sirius se encogió de hombros y miró a Sam como si no la comprendiera. – 'Lily, eres una borde, una estúpida y una insoportable, pero eres mi amiga. Los amigos discuten y luego lo arreglan, punto. Yo me he peleado mil veces con James y lo hemos solucionado, ¿porqué no ibais a arreglarlo vosotras?'

'Obviamente, vosotros lo arregláis con un estúpido duelo, un puñetazo o un:"Eh, lo siento tío, se me fue la olla. Tranquilo a mi también"' – Imitó Sam con voz gutural.

'Bueno, ¿y porqué no lo pruebas?' – Sirius alzó ambas cejas.- 'Incluso puedes poner esa voz.'

'¿Estás hablando en serio?'- Sam frunció el ceño. – '¿Le doy un puñetazo en el hombro a Lily? ¿Así quieres que lo solucione?'

'Yo no hablaba de un puñetazo, sino de hablar civilizadamente como hacéis las chicas.'

'No lo sé, Sirius.' – Sam suspiró y echó a andar, seguida de su novio. – 'Me siento mal por la bronca monumental que le echamos cuando despertó. No fue la mejor manera de hablar de lo que había pasado.'

'Pues yo no me siento mal.' – Sirius esbozó una sonrisa de medio lado y soltó. –'Me jugué la vida por ella, así que yo espero un perdón por su parte y un gracias. Creo que esa bronca no estuvo fuera de lugar. Se la merecía.' – Sirius saludó a una compañera de clase guiñándole el ojo. La chica se sonrojó, pero Sirius siguió al lado de su chica sin prestarle más atención. – 'Para mí Lily es importante. Sí, no me mires con esa cara. Pero todavía me dura el cabreo y no, no la echo de menos por ahora. Me sobra el tiempo para gastar bromas y hacer lo que me da la gana porque como no se atreve a hablar conmigo no tengo límites. Así que de momento me viene bien que esté en ése plan de ofendida.'

'Yo no puedo aguantarlo más.' – Sam se echó a llorar.- 'Primero mis padres, luego Regulus, ¿ahora va a ser Lily?'

Sirius empujó suavemente a su chica tras una columna para ocultarla de los demás alumnos y que ningún entrometido la viera. Le secó las lágrimas y decidió ser una persona razonable como su amigo Lunático, pero solamente con su novia. Si alguien que no debía, un Slytherin, se enteraba de esa faceta suya de consejero personal que tenía a veces, sería su ruina como chico duro y bromista.

'Sam, estás así porque nunca te has peleado en serio con Lily. Pero eso no significa que se vaya a apartar de ti todo el mundo que quieres.' – Sirius le agarró la cara, secó sus lágrimas y le acarició las mejillas con los pulgares. – 'Tus padres están locos, como los míos. Regulus es tonto del culo y no le llega la sangre al cerebro, pero Lily es tu mejor amiga. Es una chica razonable, inteligente y que como todos, tiene defectos aunque quiera demostrar que es perfecta. A nosotros nos parece que es la más lista del mundo, la más buena y cariñosa, la más responsable y la más hábil, pero lo cierto es que es una tonta como todos los demás seres humanos del planeta. Y como tal, hace estupideces. Tiene derecho a meter la pata de vez en cuando, aunque sea de forma tan monumental.'

'¿Tu la perdonas?' – Preguntó Sam, más tranquila.

'Ni de coña.' – Negó con absoluta rotundidad Sirius. – 'Pero sé que tu necesitas perdonarla y que ella te perdone a ti, ¿así que porqué retrasarlo y continuar pasándolo mal?'- Sirius la abrazó. – 'Las personas que se quieren deben perdonarse las meteduras de patas. No se trata de quién tenga razón, sino de un: me molestó que no confiaras en mí y actuaras así, pero soy tu amiga y lo respeto.'

'Yo…' – Sam cerró la boquita de sorprendida. – 'A veces no entiendo como puedes ser tan maduro para unas cosas y tan insoportablemente idiota para otras. Te juro que me dejas de piedra cuando dices estas cosas.'

'Es que tienes el novio que todas desean.' – Sirius sonrió y la encaminó hacia la nueva clase. Le aliviaba haber ayudado a su chica. – 'De verdad, valgo tantísimos galeones… ¡Merezco una estatua conmemorativa en esta escuela!'

Sam rió fuerte y le abrazó con fuerza. Sirius era uno de los pocos pilares de apoyo que tenía en su vida y gracias a él, se veía capaz de tragarse el orgullo y recuperar su otro pilar. Lily.

James llegó al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras junto a Colagusano. No había entrado todavía todo el mundo, pero muchos alumnos ya habían escogido sus bancos para sentarse cuando el profesor Edgar Bones se asomó por la puerta.

'Chicos, al Gran Comedor, que hoy quiero probar algo y va a ser una clase práctica.'

Inmediatamente los alumnos se levantaron entusiasmados y comenzaron a desfilar por el pasillo entre gritos y cuchicheos de alegría. James localizó a Sam y a Sirius al salir del aula y les dijo que la clase iba a ser prácticas. Todavía se escuchaba al profesor Bones gritando por el pasillo que los de último curso de Gryffindor se dirigieran al comedor. Casi al momento Anthea y Kaienne aparecieron junto a ellos preguntando que a dónde iba todo el mundo y se produjo un momento realmente incómodo cuando Lily les adelantó sin decir nada. Anthea la llamó y salió corriendo tras ella, no sin antes reprocharle a los demás que hasta cuando pretendían hacer durar aquella situación.

'Hasta que las ranas vuelen, reina.' – Le espetó Sirius antes de que se alejara demasiado.

'Pues es una tontería.' – Kaienne salió corriendo tras Lily y Anthea.

'¡Claro! ¡Corramos todos tras Lily!' – Dijo Sirius con ironía. – 'Ella es una santa…'

'De verdad que a veces no te entiendo.' – Le dijo Sam con el ceño fruncido.

Sirius se encogió de hombros y echó un vistazo a su hermano James, que iba enfurruñado a su lado con la vista fija en la cabellera rojiza de Lily. No era bueno para nadie que James estuviera tan enfadado, porque eso implicaba que nadie estaba a salvo de su ira. Sirius rezó para que la clase práctica no se tratara de hacer ningún duelo. De lo contrario, alguien iba a acabar en la enfermería durante la siguiente hora. Por si acaso había que hacer parejas, se aseguró de que Sam fuera a ser la suya. Ella aceptó rápidamente, pues la mala cara de James era una advertencia general.

El Gran Comedor estaba despejado, con las mesas y bancos arrinconados y apilados en el fondo, junto a la tarima de la mesa de los profesores. En mitad del salón, había unas tres filas con diez puertas aproximadamente en cada una de ella, unas al lado de las otras. El profesor Edgar Bones cerró las puertas del Gran Comedor cuando hubo entrado el último alumno de séptimo de Gryffindor. Acto seguido, se plantó delante de sus alumnos, con las puertas a sus espaldas.

'Debido a la situación actual, Hogwarts da prioridad a mi asignatura. Algo que encuentro muy razonable.' – Dijo tranquilamente. – ' No debéis alarmaros porque vaya a entrar más materia en los exámenes, no va a ser así. Nos ceñiremos al guión que os dí al principio en cuanto a teoría. En cuanto a práctica, las clases se han aumentado y se ha decidido que sólo estéis por clase los de vuestra casa.'- Edgar Bones comenzó a pasear arriba y abajo frente a sus alumnos.-'Vosotros, que estáis en séptimo, necesitáis salir de aquí bien preparados. Vosotros más que ningún otro curso.' – Afirmó con rotundidad.- 'Sólo quiero que cuando abandonéis Hogwarts, podáis defenderos a vosotros mismos y a los vuestros y que al menos tengáis un lugar seguro.' – Señaló a las puertas. – 'Por esa razón hoy vamos a aprender cómo proteger vuestra casa.'- Sonrió. – '¿Quién hace memoria y nos recuerda a todos los encantamientos protectores del hogar? Prometo hablarle bien a Filius para que os suba un poco la nota.'

Se hizo un momento de silencio y los alumnos murmuraron entre ellos, consultándose unos a otros. Después de diez segundos de que nadie se atreviera a hablar, Lily alzó la mano.

'Fidelio sería el más adecuado si tratamos de proteger a una persona o nuestra ubicación.'

'Bien, eso es correcto.' - Admitió el profesor Bones con una sonrisa. – 'Pero, ¿y en caso de que no quisiéramos escondernos? Simplemente mantenernos a salvo en casa para poder dormir tranquilos por las noches.'

'Partis temporus.' – Dijo una chica.

'Ése es perfecto para una protección de tiempo determinado.' – Admitió Bones. – '¿Otro? A ver si dais con el que vamos a practicar hoy.'

'Protego horribilis.' – Dijo James en voz alta.

'Ése es de mis favoritos, pero no es el de hoy.' – Dijo Bones. – 'Imaginad una burbuja que envuelva vuestra casa. Nada ni nadie que vosotros queráis podrá entrar mientras nuestro encantamiento esté en pie.'

'Protego totalum.' – Dijeron Anthea y Lily a la vez.

Lily y Anthea se miraron y se sonrieron cuando el profesor Bones dijo que ése era su encantamiento. Anthea lo había aprendido ése mismo verano, en Francia, justo al terminar el curso. Viajó por primera vez a casa de su hermano, junto a Axel y allí vio cómo este y su esposa Ayleen, hechizaban su gran casa de la bretaña francesa, con el fin de protegerse.

Edgar Bones les ordenó que se repartieran en grupos de tres o cuatro por cada puerta. Anthea, Kaienne y Lily formaron grupo en la última fila de puertas. James, Sirius, Sam y Peter lo hicieron en una puerta de la segunda fila. Pasaron la primera media hora de clase practicando el encantamiento sobre las puertas. Sirius, se escaqueó un momento y se paseó por el Gran Comedor, saludando y hablando con todo el mundo. Iba buscando a Lunático, porque ya se estaba empezando a preocupar de que este no apareciera tampoco en esa clase. Cuando estuvo delante del grupo de las chicas, chistó a Anthea para que se acercara. Ella se alejó un poco y dejó a Lily y a Kaienne practicando.

'Rubia, ¿sabes algo de Remus?'- Le preguntó.- 'Me tiene preocupado este niño tan irresponsable. Se ha saltado todas las clases de la mañana. Hemos tenido un pequeño desacuerdo en el desayuno, pero dudo que ésa sea la razón por la que no ha aparecido.'

'¿Qué ha pasado?' – Anthea alzó ambas cejas.

'Nada. Lily, Lily y más Lily.' – Sirius puso los ojos en blanco. – 'Me van a volver loco con la pelirroja.'

'Si quisierais arreglarlo, no te volverías loco.' – Anthea se encogió de hombros, pensando que se lo tenía bien merecido por no poner de su parte para solucionarlo. – 'Imagino que estará con Ió. Tengo entendido que volvió hace un par de días, pero que no quería verle. Se habrá cansado de esperar y habrá ido a por ella.'

'¡Anthea! ¡Sirius!' – Les regañó Bones desde la otra punta de la clase. – 'Cada uno a lo vuestro. Dejad los cotilleos para la hora de la comida.' – Se acercó la varita a la garganta y murmuró: - 'Sonorus.'- Se aclaró la garganta. – 'PARAD UN SEGUNDO.'

Todos los alumnos fueron dejando el ejercicio y se congregaron de nuevo alrededor del profesor Bones. Estaban listos para que les explicaran el siguiente paso a dar con el encantamiento Protego totalum. En general, había habido buenos resultados y ahora era momento de ponerlos a prueba.

'Bien, quiero que ahora, uno embruje la puerta con el hechizo. Poned mucho empeño y esfuerzo al conjurarlo, porque vamos a averiguar cómo de efectivo y potente es.' – El profesor Bones encantó una de las puertas y al momento una burbuja azul claro, muy brillante rodeó la puerta. Al momento, la burbuja se tornó transparente.- 'Si la burbuja aparentemente desaparece, es que lo habéis hecho bien. Pero falta una cosa más: ¡Animo Linky!'

El chorro de luz roja salió disparado contra la puerta, impactó en la burbuja y esta se tornó azul brillante otra vez. Ni una grieta apareció en la burbuja, que volvió a ser transparente. El hechizo lanzado se había desintegrado al tocarla. Bones sonrió:

'Eso es que lo habéis hecho bien. Al lío.'

Anthea, Lily y Kaienne volvieron a su sitio. Kaienne fue la primera en ponerse frente a la puerta para conjurar el encantamiento y ponerlo a prueba. Mientras tanto, Anthea y Lily se quedaron un poco más retiradas, a la espera de que su amiga terminara.

'¿Sabes algo de Remus?' – Le preguntó Anthea a Lily. Le extrañaba que el empollón y responsable de Remus Lupin estuviera haciendo novillos.

'Está con Ió.' – Lily sonrió. – 'No creo que aparezca en todo el día. Imagino que querrá estar con ella y darle cariño después de todo lo que le está pasando.'

'Ay…'- Anthea suspiró. – 'Que bonito es el amor. Que bonito tener a tu novio en Hogwarts, poder verle cuando quieres, besarle a escondidas tras una columna y dejarse llevar en un aula vacía…' – Anthea miró al cielo. –'¿Porqué a mí? Axel debería haber repetido y este curso habría sido perfecto.'

'¡No seas mala!' – La reprendió Lily pellizcándola suavemente. Anhea se separó de ella riéndose. – 'Axel hizo muy bien en aprobar todo y con buena nota.'

'Ya, claro…' – Se quejó la rubia de morros. – 'Por cierto Lily, ¿estás bien? Y no me refiero al follón con estos, sino a ti. Te he notado muy fatigada en esta clase.'

'Pues no sé que me pasa, pero no me encuentro muy bien.' – Admitió Lily extrañada. – 'Imagino que será por todo el estrés de estos días con Sam, James... No he estado comiendo bien tampoco.'

Un grito de júbilo les indicó que Kaienne había realizado su encantamiento y la prueba de este con éxito. Anthea sonrió y se fue hacia ella. Lily observó riendo como Kaienne se metía con Anthea, diciéndole en broma que a ver si era capaz de igualarla. Inconscientemente buscó con la mirada a Sam, donde sabía que estaba practicando el hechizo. La observó como se concentraba antes de disponerse a lanzar su encantamiento y de repente, una explosión la alertó:

'¡CUIDADO!' – Gritó Anthea agarrando a Kaienne.

Lily vio como Anthea empujaba a Kaienne al suelo y una milésima de segundo después, una puerta pasaba a toda velocidad sobre ellas y directa hacia ella misma. Sacó su varita y apuntó a la puerta:

'¡Protego!'

Y sin embargo su escudo se deshizo casi al momento de conjurarlo y la puerta se la llevó por delante. Lily sintió un gran dolor en la cara, la nariz y el pecho. Por unos segundos no supo si estaba bocarriba, bocabajo, de espaldas o de frente y finalmente se estampó violentamente contra el suelo. La puerta aún dio un par de golpes más y acabó lejos de ella, pero Lily se llevó la mano a la cara y se asustó cuando se manchó las manos de sangre. Sintió que se mareaba y que todo se desvanecía a su alrededor.

'¡Lily!' – Oía a Anthea y Kaienne llamarla. – '¡Lily!'

'¿¡Pero quién ha sido el gilipollas que ha usado Bombarda máxima!? – Dijo otra voz.

'¡Por Merlín!'- Distinguió la voz de Sam. – '¡Sirius para a James!'

Y cuando Bones llegó hasta ella, la reincorporó mínimamente entre sus brazos y le comenzó a hablar se desmayó.

Después de hartarse de dulces en la cocina, Remus Lupin había llevado a Ió a la orilla del lago, junto al haya donde solían tomar el sol los Merodeadores cuando hacía buen tiempo. Todavía no hacía demasiado frío. Estaban a finales de septiembre, pero el otoño llegaba tarde, no había vencido al calor del verano aún, por lo que los días, cuando no había lluvia, seguían siendo agradables. Ió y Remus estaban sentado bajo el haya, con las espaldas apoyadas en el tronco del árbol. Ella tenía sus piernas sobre las de él y Remus la sostenía con un brazo sobre su espalda. Los ojos azules de Ió se clavaron en los ambarinos de Remus un momento antes de que ella cerrara los ojos y le besara largamente. Remus la rodeó con el otro brazo y la atrajo hacia él aún más. Ió notaba su corazón latir desenfrenado y se llevó las manos a las mejillas cuando el beso finalizó.

'¡Estás colorada!' – Se rió Remus, rozando su nariz con la de ella.

'Oye, no te rías de mí.' – Ió se deshizo del jersey del uniforme, se arremangó las mangas de la camisa y se aflojó la corbata. Estaba muerta de calor gracias a Remus. No tenía nada que ver con el tiempo. Y le alegraba tanto. Por fin se sentía viva otra vez.- 'Es culpa tuya que tenga tanto calor.'

'¿En serio?' – Preguntó Remus con picardía. Él tampoco estaba muy sereno, cada vez que tocaba a Ió sentía descargas de electricidad recorrerle la columna. Eran pura atracción. Poco a poco se fue dejando caer sobre Ió y la tumbó sobre el césped, mientras ella reía sin parar, cada vez más colorada y un poco avergonzada. – '¿Mejor así?'

'Esto no va a acabar bien, te lo advierto.' - Dijo riendo nerviosa mientras le rodeaba el torso con sus brazos. – '¿Qué te pasa hoy para que estés tan desinhibido?'

'Supongo que la luna llena.' – Remus se encogió de hombros y la besó con fuerza. – 'Y que te he echado mucho de menos todo este tiempo. Desde el día en que lo dejamos hasta que volvimos.'

'Gracias por hacerme sentir viva otra vez.' – Ió le acarició la mejilla. – 'No esperaba poder volver a ser feliz con todo lo que le está sucediendo a mi familia. Aunque sólo hayan sido unas horas, gracias por regalarme esta burbuja de felicidad.'

Remus volvió a besarla, esta vez muy suavemente. Abrió los ojos de golpe cuando notó las manos de Ió colarse por debajo de su jersey. Ella rió contra sus labios y se dedicó a desabotonarle uno a uno los botones de la camisa, para acariciarle el pecho con las manos.

'¿No se supone que tu eres la niña bonita y buena, como dicen James y Sirius?'

'Es la luna llena.' – Bromeó Ió.- 'Me afecta.'

Estallaron en carcajadas, para luego volver a besarse apasionadamente sobre la hierba. Unos acalorados minutos más tarde, el barullo de gente les indicó que ya habían terminado las clases de la mañana. Cuando vieron a varios alumnos salir por las puertas del jardín, se reincorporaron y se adecentaron los uniformes entre risas y bromas.

'Me gustas tanto, Remus…' – Ió le agarró de la corbata y tiró hacia abajo para poder besarle en los labios. – 'Te quiero.'

'Yo también te quiero.' – Remus la abrazó. – 'Esta tarde y noche voy a desaparecer del mapa. Pero mañana en cuanto esté recuperado iré a buscarte.'

'Te estaré esperando impaciente' – Ió le plantó un beso en la mejilla.

Remus no podía creerse que ése sueño perfecto se estuviera haciendo realidad por fin. Eran pareja. Podían besarse, hablar, buscarse y quererse como los dos adolescentes que eran. Eran tantas cosas buenas las que le sucedían, que si pensaba en el pasado, no podía creer cuánto había mejorado y cómo su presente y futuro se había vuelto brillante, colorido y hermoso, gracias a esa chica rubia de ojos saltones.

¡Hola a todos!

Espero que os haya gustado el capítulo. Después de tanto tiempo sin publicar y ni siquiera escribir en el pc por gusto, me he notado bastante oxidada, así que espero ir mejorando poco a poco. Debido a distintas circunstancias en mi vida dejé de escribir y este fic, al que tanto cariño le tengo, quedó colgado. Ahora que tengo tiempo y que he recuperado las ganas y la energía, espero ir subiendo capítulos habitualmente, aunque no será de semana en semana. Muchísimas gracias por volver a entrar en el fic después de tanto tiempo y seguir dándome la oportunidad de que os agrade. Encantada de conocerte si has empezado hace poco. =)

Muchos besos y un abrazo enorme, Eneida.