Chicas perdón pero tuve que borrar el capitulo anterior y este para volverlos a subir de nuevo porque tuve un pequeño problemita...Una pregunta antes de que me pateen y se vayan a leer ¿de país me leen?

La Creepyhouse

Capitulo 9

—Bienvenida a la Creepyhouse—dijo Slender al dejarme entrar.

Todo en el interior contrastaba con el exterior. Por dentro las paredes eran de un color crema. Todo estaba limpio y ordenado, ni una mota de polvo había en el lugar.

Me llevo a una enorme sala de estar donde se encontraban varios chicos y unas chicas. Entre ellos divise al par de idiotas que me golpearon, a Jeff y Laughing Jack.

— ¿Qué diablos hacen ellos aquí? — grite señalando a los dos enmascarados.

—Ellos son mis Proxys y te deben una disculpa—dijo a modo de orden.

—Perdónanos por darte una paliza—dijo el de la máscara blanca.

—Y dejarte abandonada en el callejón—le siguió el del pasamontañas.

—Se suponía que tenían que vigilarte y protegerte pero hicieron todo lo contrario—dijo Slender.

—¿Cómo se llaman? —pregunte.

—Él es Hoodie—señalo al de la máscara negra—y yo soy Masky—les meti una buena hostia en la cabeza a cada uno—¡Oye! —me grito sobándose la cabeza.

—No les guardo rencor, pero si lo intentan otra vez—puse mi mejor sonrisa sospechosa— ir pensando donde estarán sus lapidas. Si no hubiera gente cuando me atacaron ahora mismo estarían tres metros bajo tierra—dije.

Se pudieron tensos. Creo que les di miedo.

—Él es Eyeless Jack—señalo Slender.

El tipo vestía una sudadera gris y pantalones negros con converse a juego, pero lo que más resaltaba de él era la máscara azul. Por donde deberían estar los ojos solo había cuencas vacías por donde derramaba un espeso líquido negro. Se me acerco y con un dedo toco varias veces mi estomago.

—¿Cómo están tus riñones?¿tomas mucha agua?¿me regalas uno? —pregunto.

OK este tipo está bien loco.

—Ya déjala—empujo a Jack—Hola soy Nina the killer, la pupila de Jeff. —dijo.

La chica era idéntica a Jeff solo que sus parpados estaban cosidos con hilo, de su cabello negro solo un mechón era fucsia. Vestía una sudadera morada y falda negra corta. Sus dientes eran puntiagudos dando una ligera apariencia de tiburón.

—Eres fascinante. — ¿Eh? — ¿Te gusta Slender? ¿Ya eres su novia? —pregunto.

Me sonroje como un tomate por la pregunta. Vi por el rabillo de lo ojo que L. Jack me miraba confundido.

—Yo…yo… aun no… quiero decir—estaba avergonzada.

—No es de tu incumbencia Nina—le advirtió Slender.

Se me acerco una niña de cabellos castaños y desordenados, tenía un vestido rosa y calcetines del mismo color. Me preocupe al verla ya que también estaba llena de raspones y el barro cubría la mayor parte de su cuerpo. Había sangre escurriéndole por la cara y por sus raspones.

—¡Oh dios! Estas bien, déjame limpiar eso—deje a Samuel con Slender y con un pañuelo limpie su carita.

—Ella es Sally, puede parecer angelical pero es igual a nosotros—dijo Slender.

— ¿Eh? ¿Qué quieres decir? —

—Sé que me investigaste y deduzco que sabes lo que hago y por que llaman a este lugar el bosque del fin—

—Si lo sé y eso que tiene que ver con la niña—

—Que todo los aquí presentes incluidos ella—señalo a Sally— son asesinos—me aclaro.

—Pero si es una preciosidad—le jale y le bese la mejilla— ¿quieres ser mi amiga? —le pregunte.

—Y porque no mejor mi nueva mama—dijo inocentemente.

Se me abrieron los ojos como platos. La niña parecía tener unos ocho años. Tengo un hijo de dos años uno mas no me hará daño.

—Si cariño ¿Por qué no? ¿Quieres tener una hermana mayor? —le pregunte a Samuel quien solo alzo sus bracitos hacia Sally—Yo creo que eso es un sí—dije riendo.

—Él es Ben—dijo Sally presentando a un niño de cabello rubio vestido como Link del juego de Zelda.

—Serias tan amable de mostrarme tus bragas—dijo.

Y a estaba a punto de golpearlo cuando Sally se me adelanto.

—No seas pervertido ¡Es de papi Slender! —grito provocando que todos se me quedaran viendo.

—Como sea te presento al último de mis proxys Ti…—

No lo dejaron hablar porque un chico vestido de sudadera café y azul con pantalones de mezclilla le interrumpió. Tenía un bozal simulando una sonrisa y unos googles anaranjados en su cabello café desordenado contrastando con su pálida piel.

—Hola soy Toby Rogers pero todos me dicen Ticci Toby—dijo sacudiendo mi mano.

—Oh, mucho gusto Toby, soy Susana—dije zafándome de su agarre porque sentía que me quedaría sin brazo si no lo hacía.

—No me vuelvan a interrumpir—dijo enojado Slender. —El es Jeff pero ya lo conoces—.

—Para ti Jeff The Killer—me señalo— si no fuera porque le gustas al fideo ya te hubiera matado—dijo apuntando su cuchillo a mí.

—Jeff no me llames fideo…Joker—dijo riendo.

Jeff solo salió al bosque refunfuñando.

—Él es Bloody Painter, es muy callado así que no creo que te responda—dijo señalando a un chico de pantalón negro y bata azul. Portaba una máscara blanca en la que con sangre se dibujaba una sonrisa. Se acerco a mí quitándose la máscara.

—Helen, eres tu—dije sorprendida.

—Hola Susana—dijo sonriendo.

Chille de emoción y lo abrace dando salto con él.

—Maldito hijo de… donde diablos te habías metido. Cuando fui a buscarte supe de ese incidente así que te busque por todos lados pero no te encontré—dije sonriéndole.

—Sí, bueno ahora sabes que paso conmigo—dijo haciendo una mueca.

—Siempre serás mi hermano menor, por cierto un día te metiste a mi casa, ahora entiendo porque no me atacaste jajaja—

—¿Se conocen? —pregunto Slender.

—Nos conocimos cuando yo aun no era "normal", fuimos vecinos un tiempo hasta el dia en que ella se tuvo que mudar—dijo Helen.

—Seguido tenía que salvarlo de los matones—dije recordando que los pocos meses que conviví con él fueron los más agradables.

—Por cierto ese día que entre vi en tu cocina una foto que me llamo la atención—dijo mirando a L. Jack— quería preguntarte su origen—

Mierda ojala no sea la que estoy pensando.

—¿Cuál de todas? —pregunte nerviosa.

—Una foto en blanco y negro de un circo contigo y Lau…—

No termino de decir porque le interrumpí. Ok hoy es el día de no dejar a las personas hablar.

—Yo y un idiota que se metió en la foto—dije enojada viendo a Jack.

—De acuerdo—dijo arrastrando las palabras—me voy a conseguir más pintura( creo que quiso decir más sangre) nos vemos—se despidió saliendo al bosque.

—Wow esa es la primera vez que lo veo a Otis decir más de dos silabas—dijo Nina—¿Qué te traes con Laughing? ¿También a él lo conoces? —pregunto.

—Nos pueden dejar solos a los tres—ordeno Slender—Susana porque no dejas que Sally cuide un momento Samuel. No le pasara nada— se apresuro a decir al ver que iba a replicar.

—Está bien— suspire entregándoselo a Sally.

Se hizo un silencio incomodo hasta que Jack comenzó a hablar.

—A pasado tiempo Susana, veo que ya eres madre. Como te ha ido —

—Y eso te importa— dije fríamente—porque te recuerdo que fuiste tú quien se fue sin decir siquiera adiós—dije enojada.

Me dolía tenerlo cerca. Ya no sentía el amor que una vez creció en mi hacia él, ahora solo había resentimiento en mi corazón.

—Quería protegerte. Sabias que yo era peligroso y con ello el mundo que me rodeaba. No quería involucrarte—

— ¿Protegerme? Tienes suerte que no te deje inconsciente de un golpe. Con solo conocernos ya me había involucrado contigo, fuiste tú quien me enseño a defenderme y a usar mis dones—mi enojo iba en aumento—y saliste huyendo cuando te dije "eso" —le grite aun más fuerte.

—Lo admito—alzo ambas manos—tenía miedo de lo que pudiera resultar, fui un idiota y quiero remediarlo— suplico.

—Ya es tarde ahora. Sea lo que sea que haya sentido ya no existe— grite.

—Si lo creo ya que ahora andas detrás de Slender—murmuro. —Te dije que te mantuvieras alejado de ella, no quiero que nada le pase—señalo a Slender.

—Yo soy igual de fuerte que tu o ya lo has olvidado. Se defenderme gracias a ti. Piensa lo que quieras me interesa una mierda—voltee a ver a Slender— Me llevas a casa por favor— casi le rogué.

Con uno de sus tentáculos me sostuvo por la cintura y me llevo a una habitación de color rosa lleno de peluches (la mayoría sin cabeza). Allí estaba Sally jugando con Samuel.

—Hola Sally. Cariño es hora de irnos despídete de tu hermana—le dije a Samuel.

Aun estaba colgada del tentáculo de Slender y creo que eso les hizo gracia a los dos por que se rieron como tontos los dos.

—Sally eres bienvenida en mi casa siempre, solo avisa a Slender donde estarás—

Diciendo esto Slender tomo con otro tentáculo Samuel y un segundo después nos encontrábamos en la sala de mi casa con Slender a tamaño humano.

—¿Qué tipo de relación tenias con Jack?— intuí por su tono de voz que estaba celoso.

—¿Por qué? Estas celoso —pregunte—Es una larga historia. Te la cuento si te quedas a comer con nosotros —le ofrecí.

El asintió dejando a mi hijo en un sillón y yo fui a la cocina a calentarla. Tenía curiosidad por como comería. Sorprendentemente tenía boca. Primero una fina línea se le dibujo por el rostro que cuando la abrió dejo entrever una hilera de filosos dientes puntiagudos.

—Wow ¡Genial! —dije asombrada.

—¿Genial? Y yo que creí que saldrías corriendo—dijo riendo.

Después de eso la comida fue muy tranquila. Mi hijo le agradaba cada vez más a Slender. Samuel se quedo jugando en su cuarto para no tener interrupciones. Lo conduje a mi biblioteca personal. En esta, había tres libreros con un pequeño escritorio y dos sillones uno frente al otro. Cuando entro vi que se tenso al ver el cuadro que adornaba el lugar.

—¿Por qué tienes esto? —señalo.

—Mi padre adoptivo lo pinto cuando yo tenía 15 años—dije admirando el cuadro.

Era un demonio negro y rojo. Con ojos rojos como la sangre y siete bocas, algunas de ellas en el torso. De su cabeza salían dos enormes cuernos negros. En si, el cuadro destilaba maldad pura.

—Mi padre lo llamo Zalgo y que de una de sus bocas anunciara el fin de los tiempos. No quise deshacerme del cuadro así que lo conserve aquí ¿Por qué ¿—dije curiosa.

—Por nada, pero creo que deberías de quemar un cuadro como ese—dijo serio pero no le tome importancia.

Nos sentamos en los sillones y le relate toda mi historia incluyendo a Jack y mis sentimientos. Todo lo escucho atentamente.

—Ahora entiendo. En ese tiempo Jack llego abatido y triste. Todos le preguntamos qué sucedía pero él se limito a decir que ella estaba a salvo ¿Esa persona eras tú? verdad— dijo afirmando.

—Lo único que siento por el ahora es rencor—dije incomoda.

—Aun falta algo, no me has contado sobre el origen de Samuel ¿Qué fue del padre de él?—

Si algún día quería sacar a la luz esto, seria hoy.

—Yo aún seguía queriendo a Jack, así que trate de sustituirlo y en consecuencia acabe embarazada. Cuando lo supo huyo como un cobarde sin dejar el más mínimo rastro. —Sonreí al recordar lo siguiente—Luego de eso mi padre me dio un largo sermón —suspire levantándome del sillón. Me sentía intranquila al contarle todo eso.

—En todo caso su nacimiento me hizo darme cuenta que no valía la peña seguir llorándole a alguien que te olvido. Seguí adelante por el—dije orgullosa.

—Yo no te olvidare—dijo—Dame solo una oportunidad, es todo lo que te pido—

Este hombre sí que era un cabezota, terco e insistente.

—Está bien, pero no puedo llegar tarde a casa— dije resignada.

—Paso por ti a las 7:020 p.m. ponte algo cómodo, nada de faldas y tacones—se levantó y junto con sus manos nuestras cabezas—nos vemos mañana Susy—susurro. Desapareciendo dejándome ansiosa y feliz por lo que se avecinaba mañana.

Contemple el cuadro de Zalgo antes de salir de ese lugar. Cada vez que lo veo me da una sensación de ya haberlo conocido, cosa imposible.

El resto del día se me paso volando aparte por el hecho de que no había ido a trabajar ese día pero me excuse por la desaparición de Samuel, pero no me salvo de un regaño por parte de mi jefe.

Al día siguiente antes de ir a trabajar deje a Samuel con su niñera Jenny. Ella era una chica de 15 años recién cumplidos. Cabellos castaños y ojos cafés claros recordando al capuchino. Muy responsable, se ganó mi confianza muy pronto. Ella se quedaría mientras mi CITA (que raro me suena).

Me dijo que vistiera cómoda así que opte por unos jeans flojos y una blusa rojo carmín de manga larga por si hace frio. Me calce mis botas marrones favoritas. Me peine dejando libre mis rizos y me maquille ligeramente solo con brillo labial y delineando mis ojos.

Salí al borde del bosque y espere a Slender quien no tardó en aparecer con su siempre impecable y elegante traje.

—Tan guapo como siempre—adule.

—Y tú tan hermosa cada día—dijo regalándome una rosa blanca.

—Adonde iremos—pregunte.

—Confía en mí y cierra tus ojos—

Los cerré y sentí enroscarse un tentáculo suyo alrededor de mi cintura seguido de un cambio de temperatura más fría que el de mi casa.

—Puedes abrirlos—dijo soltándome suavemente en el suelo.

M e quede en blanco al ver semejante paisaje. Reconocí de inmediato el lago cristalino en donde en la orilla se encontraba puesta una mesa. Estábamos rodeados de velas de varios tamaños y colores. Cada una desprendía un olor a vainilla ¡Casi igual al perfume que uso diario! Tengo que admitirlo Slener se esmeró en hacerlo romántico.

—¡Es precioso! Dime ¿De quién fue la idea? —dije divertida.

—Yo no necesite ayuda—le alce una ceja—está bien lo admito, Helen me ayudo—

En todo el tiempo que estuvimos allí, nos atendió Toby vestido de camarero. Comimos un rico Salmón, bebimos un suave vino blanco y de postre una tarta de manzana. Hablamos de nuestros gustos, lo que nos disgustaba y de algunos temas banales y comunes.

—Ya es tarde, te llevo a tu casa—dijo mirando el cielo.

¿Tan tarde era? Mire el reloj y efectivamente era casi medianoche. Las mayorías de las velas ya se habían consumido. Le agradecí a Toby antes de estar de vuelta en mi patio con Slender.

—Gracias por todo, fue maravilloso—le bese la mejilla y el titubeo un poco.

—¿Susana? —

—Sí, ¿qué paso?—respondí.

Se me acerco y susurrándome al oído me dijo:

—Siempre estaré allí para ti, en las buenas y en las malas—

Luego de eso me robo un beso abrasador. Me quede en shock por un momento hasta que de a poco fui dejándome llevar devolviéndole el beso y apretándolo contra mí.

Sentí un calor recorrer mi cuerpo como llamas ansiosas de consumirse. Me sentía arder, un ardor que estaba yendo peligrosamente a cierta zona baja. Me faltaba el aire y él lo noto, separándose lentamente de mí.

—Lo siento, no debí hacer eso. Me pediste tiempo—dijo apenado.

—No pasa nada—dije en un jadeo— Nos vemos luego—dije y corrí entrando a la casa.

Le pague a Jenny y revise el cuarto de Samuel.

Me dormí con un solo pensamiento: Eso fue peligrosamente placentero.