-¡Feliciana!- gritó él rubio agonía mientras el cadáver de su amada iba bajando por la espada hasta caer sobre su pecho. –Tú no… Feliciana…- lloraba inundado por el pánico y la angustia. -No me dejes, eres fuerte, sé que sobrevivirás…- la abrazaba fuertemente, pero ella ya no podía hablar. Ni siquiera respiraba. Perdió demasiada sangre en poco tiempo.
-¿Ves, Louis?- identificó una voz familiar, pero no quería aceptar quien era. Mientras tanto, la extremadamente larga espada, que parecía una katana, iba saliendo del cuerpo de Feliciana, esparciendo más de su sangre por la escena. –Si te hubieras entregado, no habría tenido que hacer esto.- el asesino resultó ser Gilbert, su hermano, que tenía una cruel sonrisa dibujada mientras miraba a su hermano menor a los ojos. –Si hubiera sido ejecutada por la Orden, no habría sufrido este destino ni tu hubieras tenido que ser testigo de su muerte, pero es una pena...- suspiró mientras reía.
-Tú…- seguía abrazando a Feliciana mientras alzaba el rostro mirándole con odio. –Eres un hijo de puta…- Volvió a extender sus alas rezumando un aura de fuerte poder. -¡Te mataré, hijo de puta, aunque seas mi propio hermano!- dejó el cuerpo de su amada en el suelo y se levantó mientras alzaba su mano e invocaba una gran y afilada espada, mucho más tosca que la de su hermano y con aspecto demoníaco.
-Oh, el pequeño Louis se ha vuelto malo, sólo hay que escuchar su soez y humano vocabulario~- sacudió la sangre perteneciente de la recién fallecida de su espada. –Ponerte así por una sucia humana, un ser mucho más inferior y miserable que nosotros… eres un completo idiota.-
Ludwig sólo se limitó a soltar un salvaje grito y cargar su arma contra su hermano, pero él ya se esperaba esta acción, por lo que salió volando con Ludwig tras él. –¿Por qué la has matado, eh? ¡Ella era inocente!-
-No, Louis, te equivocas.- se giró hacia a él. –Esa estúpida sólo entorpeció tu trabajo, así que sí que tiene la culpa.- Lanzó su afilada katana contra su propio hermano menor, pero éste la esquivó.
-¡Ella no hizo nada, la culpa es mía!- cargó con su espada contra él. Gilbert estaba desprevenido invocando su katana para que volviera de nuevo hacia a él, así que a Ludwig le dio tiempo a apuñalarle en el pecho y dejarle una gran herida, pero al ser un ser inmortal no le importó en absoluto.
-Ya no eres un ángel, pequeño Louis. Sólo hay que ver cómo te comportas. Ese grito era digno de una bestia humana. Es más, haces esto por amor, ¿no?- se apartó sacando el grueso filo de la espada de su pecho. –El amor es un sentimiento humano, los ángeles no lo necesitamos. Sólo eres un despojo híbrido que nació divino y se está volviendo un ser vulgar.- volvió a tomar su espada.
-¡Cállate!- le gritó su hermano menor volviendo a cargar su espada contra él, pero ésta vez fue el mayor de los hermanos el que atacó, llevándose el menor la puñalada en el estómago y gritando en alto de agonía y dolor.
-¿Lo ves, Louis? ¿Qué sientes?- le clavó la espada hasta atravesarlo mientras el otro seguía gritando en alto y escupiendo sangre. –Eso que sientes es dolor.- la movió en círculos en su interior. –Y eso es otro sentimiento humano. ¿Sabes por qué lo sientes? Porque esa puta te ha transformado en mierda humana.- reía mientras apartaba violentamente la katana de nuevo y la sacudía. –Y ni ese mismo sentimiento ni el de amor los siento. Sólo me volverían débiles, como te está pasando. Incluso tu cuerpo se está volviendo débil, pero aún es inmortal aunque sólo te sirve para sentir dolor indescriptible durante la eternidad.-
-Y-yo…- replicó el rubio mientras se ponía la mano en el estómago y se impregnaba de su propia sangre. –era débil antes… antes de conocerla…- tosió y escupió sangre. –Ella fue… la que me ayudó... confió en mí, decía que era especial aunque… aunque fuera débil… pero su amor… mi deseo de protegerla… me dieron valor y p-poder.- preparó su espada para atacarle. -¡Y ese poder es suficiente como para acabar contigo!- volvió a cargar contra él, esta vez haciéndole un corte diagonal desde su hombro derecho hasta el costado izquierdo de su torso, pero seguía sin inmutarse.
-Es mejor que lo dejes, Louis.- le miraba a los ojos. -¿Sabes por qué tus ataques no me afectan en absoluto, verdad? Claro que sí, seguro que lo sabes, pero te lo recordaré.- rió. –El arma de un ángel sólo actúa cuando en verdad quieres dañar a tu oponente y...- le cogió de la barbilla acercándolo hasta él. -¿Qué clase de hermanito pequeño quiere herir a su hermano menor a pesar de haber matado al ser que más amaba?- le sonrió.
-¿Y qué clase de hermano mayor… quiere herir a su hermano menor?- le miraba a los ojos desafiante.
-¿Hermano? ¿Yo?- rió en alto mientras le soltaba bruscamente. –Tú no eres mi hermano, sólo eres un ser inmundo, un híbrido de ser celestial y humano, nada más. Mi hermano murió poco después de bajar al mundo humano a causa de su debilidad.-
-¡Basta!- se oyó de nuevo una voz familiar, esta vez más grave. Los dos hermanos miraron hacia la dirección donde venía la voz encontrándose a su abuelo, el Gran Ángel. –Sabía que pasaría algo así.- alzó las manos y formó una especie de campo de energía, separando a los dos hermanos.
-¡Pero abuelo, ya estaba perdido desde hace mucho, no importa lo que le haga!- replicó el albino aún con la gran espada de su hermano menor clavada.
-No me importa, Gilbert, es tu hermano, quieras o no.- miró al rubio. –Has de tener compasión al menos.
-¿Compasión?- soltó su típica, larga y molesta carcajada. -¡No caeré tan bajo como él aceptando un sentimiento humano!-
-La compasión no es sólo humana.- le replicó. –Hay ciertos sentimientos y pensamientos que se deben tener para poseer un cierto grado de moral, la cual repercute en todos los seres que poseen un elevado grado de inteligencia. ¿Sabes lo que sientes cuando realizas bien un trabajo, Gilbert?- lo miraba mientras que el peliblanco permanecía cabizbajo. Sabía que siempre su abuelo llevaba razón, quisiera o no.-Ese sentimiento es satisfacción. Tú lo posees, y no eres humano.- Gilbert no levantó la cabeza para nada, permaneció tragándose sus palabras en silencio mientras que el otro miraba a su abuelo con algunas lágrimas en los ojos. –En cuanto a ti, Louis…- suspiró y bajó los brazos desvaneciendo los campos de energía. –Sabes que lo que has hecho no tiene remedio, ¿verdad?- se fue acercando a él.
-Lo sé…- agachó la cabeza, al igual que su hermano. –Ya no me importa nada, que pase lo que me tenga que pasar.-
-No creas que me hace gracia. Eres mi nieto, al fin y al cabo.- lo cogió de los hombros. –Pero no me queda otra alternativa, aunque te admiro.- le alzó el rostro cogiéndolo de la barbilla. –Lo creas o no, yo también me enamoré de un humano. Recuerdo sus ojos color miel y su pelo castaño despeinado y lleno de rizos. Lo conocí estando de paso por el mundo humano, pero al contrario de tu caso, yo nunca hablé con él. Sabía que me encariñaría aún más de él y la humanidad empezaría a crecer en mi interior, así que me limitaba a observarle desde lejos hasta que tuve que llevármelo.- se quedó cabizbajo melancólico. –Sí, yo fui su Ángel de la Muerte, así que la primera vez que hablé con él fue para llevarlo al otro mundo.-
-No sabía nada respecto a eso...- dijo el rubio mirándole a los ojos con tristeza.
-Pero no me entristecí del todo, porque supe que vivió una larga vida junto a su esposa, con la que tuvo muchos hijos. Sé que si yo hubiera permanecido a su lado le pasaría como a Feliciana y moriría joven.- Se hizo un silencio. Ninguno de los hermanos se atrevió ni si quiera a emitir el más mínimo sonido, si no que permanecieron cabizbajos. –Le daré el entierro que se merece esta humana.- se acercó a Feliciana y la cogió en brazos con cuidado.
Los tres se dirigieron a una amplia pradera verde y, mediante su magia y hechizos, cavaron un socavón e invocaron un ataúd de cristal, donde depositaron a la joven cuidadosamente. Enterraron el ataúd y taparon el socavón con tierra que después adornaron con flores, incluso Gilbert, que parecía bastante arrepentido tras haberlo razonado todo con ayuda del sermón de su abuelo. Tras esto, el Gran Ángel rezó por ella tras un buen rato junto con sus nietos.
