Advertencia: Sí, me temo que es otro capítulo clasificado –M–, en otras palabras Lemon. Están advertidos.


JAIME

Jaime tenía rato de haberse acostado entre sus mantas incómodas y ahora olorosas después de tantas semanas de viaje; había escogido descansar junto a un árbol de espeso follaje lo más alejado posible de un olor fétido que provenía de un lago cercano. Lo habían investigado antes, durante el día, sólo para encontrarse con un cementerio acuático de cuerpos abotargados, hinchados, deformes, flotando y contaminando lo que pudo haber sido una excelente fuente de agua y comida. Pero así era la guerra, un monstruo que dejaba un camino de destrucción y llanto a su paso y ese monstruo entonaba su canción de batalla por todos los confines de los Siete Reinos.

Tenía poco de haberse dormido cuando sintió a Robb a su lado. Tenía que ser Robb, no se sentía tan grande como Brienne ni peludo como Grey Wind, además, ninguno de ellos tendría razones para yacer a su lado. Lo tenía acurrucado contra su espalda, y podía sentir su acelerada respiración golpeando la piel de su nuca. Estaba nervioso, podía saberlo sin necesidad de encararlo—. Ya se estaba tardando –sonrió contento, más de lo que hubiera imaginado que podría estar, y se giró entre las mantas encontrando a su Joven Lobo recostado sobre su hombro sano, tan cerca suyo que podía sentir sus latidos hasta que su propio corazón golpeó al mismo compás.

— No puedo dormir –le informó Stark en un susurro, cada palabra seguida de una pequeña nube de vapor que hablaba silenciosamente del frío que los golpeaba aquella noche—. Aún hay demasiadas cosas que no entiendo y que necesito saber.

Era comprensible, si él estuviera en su lugar ya estaría gritando demandando saberlo todo, pero Jaime Lannister siempre había sido impulsivo, explosivo y nada paciente—. Si yo estuviera en su lugar, ya habría tomado una espada y salido como un poseído en dirección a King's Landing o tratado de mandar de una vez por todas a Lord Frey a la tumba. Es una bendición que Robb no sea como yo.

— Bien –Jaime sintió sus dedos cosquillear, los que aún conservaba y el fantasma de los que había perdido. Quería abrazarlo, tocarlo, devorar sus labios a besos y descansar una vez más en su interior pero, aún no era el momento.

Y debo dejar de pensar en ello o Robb va a sentir contra su muslo lo mucho que lo extrañé –¡y vaya si lo había extrañado!. Por una vez en su vida había sentido un miedo paralizarte ante la sola idea de perderlo, y había estado tan cerca de fallar que aún ahora se despertaba en las noches sudando frío y temiendo que Lord Bolton no hubiese detenido su golpe, que todo fuera un sueño y Stark estuviera muerto. Más de una vez se había levantado antes del amanecer para asegurarse de que el chico respirara antes de volverse a dormir—. Por una vez en mi vida los dioses me sonrieron, ¿pero cuáles?, ¿los viejos, los nuevos, el Señor de la Luz, el Dios Ahogado? –se dijo con cinismo.

— ¿Qué deseas saber?.

— ¿Por qué me rescataste? –ya debería saber que Robb siempre hacía las preguntas más difíciles de responder, no entendía porqué continuaba sorprendiéndose.

¿Por qué lo rescaté? —¿se atrevería a darle una respuesta?, ¿la verdad?—. ¿Por qué no?, ya estoy cansado de tantas mentiras, Cersei me ha mentido demasiado…"Se ha estado acostando con Lancel y Osmund Kettleblack y probablemente con Moon Boy por todo lo que yo sé" –las palabras de Tyrion lo perseguirían toda su vida para recordarle que clase de tonto había sido amando por tantos años a una mujer como su gemela. Sí, la verdad era lo mejor, no quería comenzar lo que fuera que tuviera con Robb mintiendo.

— Porque te amo –las palabras salieron con facilidad, desde el fondo de su alma con una sinceridad y cariño que Cersei nunca conocería—. Varys me dio todos los detalles del plan de mi hermana para matarte y, yo no pude quedarme en King's Landing a esperar las noticias de tu muerte –alas negras, palabras negras. La espera lo habría matado con mayor seguridad que una espada Frey. Acarició su mejilla con la punta de sus dedos, tocándolo con la misma delicadeza que se mostraría con una flor. Lo amaba, y sentía una extraña paz al confesarlo— Un Lannister siempre paga sus deudas, y yo tengo una deuda contigo por mostrarme lo que es el amor.

A diferencia de Tyrion y de su dulce hermana, Jaime había amado, o había creído hacerlo, estaba dispuesto a dejarlo todo, lo había dejado todo por Cersei, a su padre y a su herencia al seguir el consejo de su gemela e ingresar a la Kingsguard sólo para evitar un matrimonio con Lysa Tully— ¿Y qué gané yo con eso? –su hermana lo traicionó y su hermano, al que ayudó a escapar de una muerte segura, lo odiaba ahora— Sólo él me ha amado con sinceridad, una palabra desconocida para mi familia –la luz plata de la luna le mostró la primera sonrisa de Robb desde que dejaran los Twins, se movió bajó las mantas y se apegó aún más a Jaime, buscando el consuelo de su calor, buscando embriagarse en su aroma— Se siente tan bien.

— Jaime…¿por qué empujaste a mi hermano Bran de la ventana? –podía adivinar que Robb tenía tiempo deseando hacer esa pregunta y este momento le pareció tan apropiado como cualquiera. En esta ocasión no había reclamo, ni odio, ni furia en su voz, simplemente la necesidad de saber, y el León de Lannister lo agradeció; lo mataría encontrar odio en la persona que se estaba adueñando de su alma.

— Por amor –la respuesta fue tan inesperada como confusa, y Jaime no pudo menos que reír al ver su expresión—. Al menos esa fue la excusa que yo me di. Tu hermano nos encontró a mi dulce hermana y a mi desnudos y dispuestos y Cersei…bueno, ella siempre ha sido muy quisquillosa con lo nuestro, nunca ha querido que se sepa y estaba al borde de una apoplejía cuando vio a Bran en la ventana –suspiró, viendo de nuevo la expresión de terror y sorpresa del niño al caer, como si no pudiera comprender qué estaba ocurriendo— Así que simplemente lo empujé, por ella, por su tranquilidad; incluso si Cersei nunca lo pidió yo sabía que lo deseaba –guardaron silencio y a lo lejos pudieron escuchar el aullido de los lobos y el silbar del viento cantando una canción de cuna—. Lo siento, no es una explicación muy buena pero es la única que tengo.

— ¿Amas a la reina?.

— Creí que lo hacía.

— ¿Qué cambió?.

— La conocí –no lo había pensado de esa forma pero ahora Jaime veía con claridad—. Vi quién era en realidad mi gemela y no me gustó. Cersei sólo se ama a sí misma y me buscaba a mí sólo porque somos gemelos y en mí ve un espejo de lo que pudo ser si ella no hubiera nacido mujer –sostuvo su mirada, sintiendo como si el azul lo jalara para hundirse y perderse en lo más profundo de su alma— Seremos gemelos Robb, pero hasta ahora veo que no somos iguales.

— Has cambiado –las mismas palabras de su hermana en boca de Stark lo desconcertaron pero, a diferencia de Cersei, él no las pronunciaba a modo de reclamo— Para serte honesto esperaba otra explicación, creí que alguna razón más poderosa te habría obligado a empujar a mi hermano, incluso quise creer que tal vez mi madre estaba equivocada.

— La verdad nunca es como uno la imagina y el mundo es más cruel que galante –Jaime lo había aprendido de mala manera cuando tenía un año menos que Stark.

— Lo sé mejor que nadie –había amargura en la voz de Robb, tristeza y furia, pero sobre todas las cosas había también esperanza—. Los dioses saben lo que hacen, si yo hubiera escuchado tus razones aquel día, cuando aún eras mi prisionero, posiblemente te habría matado, pero ahora –levantó los ojos para sostener su mirada— Quisiera odiarte por lo que le hiciste a Bran pero no puedo –tragó con dificultad, como si las palabras se le atragantaran— ¿Cómo podría?, me salvaste la vida y te has convertido en un fugitivo por mí. Los dioses de mi padre me perdonen pero no puedo sentir más que amor.

En esta ocasión Jaime sí lo abrazó, con fuerza y desesperación, escondiendo su rostro en el ángulo de su cuello, haciéndole cosquillas con sus pestañas—. Como extrañé su aroma –Robb rodeó su espalda con torpeza, su hombro aún dolía pero al menos ya podía caminar sin temor a desmayarse.

— Robb, el hombre que venciste en el Whispering Forest, murió –susurró Jaime golpeando su piel a cada palabra, haciéndolo estremecer tanto como el frío— Y el hombre que se encuentra frente a ti es libre de amarte si tú se lo permites.

Stark besó su frente.

— El Rey en el Norte que te venció también está muerto –respondió con intensidad— Y con los viejos dioses como testigos yo estoy dispuesto a permanecer a tu lado hasta el final de mis días.

Jaime lo besó de llenó en los labios pero está vez se fundió con él, dándose todo él, dejándole saber todo lo que sentía, lo mucho que había temido perderlo, lo que lo había extrañado. Y Robb lo besó de vuelta con la misma intensidad, abriendo su boca para él, saboreando sus labios y bebiendo su aliento. Subió una pierna a su costado y Jaime se giró para caerle encima, escuchándolo gemir con suavidad cuando su peso lo aplastó ligeramente. Podía sentir lo mucho que Robb estaba disfrutando de sus besos y la sensación de su excitación contra la propia lo hizo suspirar con suavidad.

— Te extrañé…tanto…—dejó escapar Stark dentro de su boca, hundiendo las manos debajo de su pesada ropa de lana. Jaime se estremeció, las manos de su Joven Lobo estaban heladas, pero no tuvo tiempo de prestarle más atención a este detalle pues Robb meció su cadera contra él, arrancándole un largo gemido, casi musical.

— No tanto como yo –Jaime ronroneó, saboreando su labio inferior. Sabía que moriría si lo alejaban de esos labios.

Brienne dormía a unos cuantos pasos de ellos pero a ninguno pareció importarle. Robb lo ayudó a desatar sus ropas, eso de tener una sola mano era en verdad molesto, y luego se ocupó de las propias, abriendo broches y desatando amarres pero sin llegar a estar completamente desnudo. Jaime no tardó en cubrir a besos su piel expuesta, cada fibra de su cuerpo parecía arder al escuchar a Stark gemir y cuando el chico se arqueó de bajo de él, el León de Lannister creyó que había alcanzado el paraíso— No puedo vivir sin él –dejó un camino de besos húmedos por su pecho, sintiendo su cuerpo tensarse de pies a cabeza cuando atrapó su pezón entre sus labios, succionando con fuerza, casi como si esperara que algo brotara.

Robb hundió los dedos en su cabello, jadeando y temblando cuando la mano de Jaime desapareció entre sus piernas.

— Jai…me…Mm…—el Joven Lobo mordió su labio inferior, abriendo las piernas aún más, completamente rendido ante él. Antes lo habían asaltado dudas al entregarse de esta forma a su enemigo, siendo un rey rebajándose así, atormentado por el qué diría su familia si se llegase a enterar. Pero no más. Ya no era un rey, ya no era un gran Señor, ya no tenía familia y Jaime ya no era su enemigo. Ambos eran al fin libres para amarse.

No quiero lastimarlo –pensó Jaime, liberando su pezón, arrastrando sus labios por su cuello para lamer y succionar su largo mientras las manos de Robb se deslizaban arriba y abajo de su espalda. Sus dedos parecían quemarlo, su piel hipersensible lo hacía gemir a cada roce con sus ropas, con el cuerpo del otro, enviaba chispas por todo su sistema nervioso. Jaime saboreó la piel de su mandíbula y apoyó el codo derecho contra las mantas, escuchando a Robb suspirar largamente al arrastrar los dedos arriba y debajo de su largo— ¿Cómo puedo hacer para no lastimarlo?.

Nunca se había acostado con un chico antes de conocer al Joven Lobo, no conocía a nadie que disfrutara de la compañía de su mismo sexo y, aunque conociera a alguien, o suponiendo que los rumores acerca de Ser Loras, su nuevo Hermano en la Kingsguard, fueran ciertos, no podía haber aparecido un día y preguntado cómo era que Renly lo tomaba sin causarle dolor, porque tenía que haber un modo, ¿verdad?— Es tan diferente, Cersei siempre estaba húmeda cuando la tocaba entre las piernas…¿húmeda? –creía tener la respuesta, sólo esperaba que funcionara.

Robb protestó con un gruñido en cuanto sus manos lo dejaron y su frente se arrugó observando a través de sus ojos entrecerrados como se lamía sus dedos índice y medio. Parecía tener fiebre, sus mejillas ardiendo y la mirada vidriosa pero eso no hacía más que alimentar el fuego en su interior, una pasión salvaje que lo consumiría— Hermoso –dejó un beso en su mejilla y un quejido acompañó el avance de sus dedos en el interior del Joven Lobo.

— ¿Qué…Mm…haces…?.

No tengo idea –se dijo, enterrándose con cuidado en su interior.

— Confía en mí –no supo bien qué había hecho pero, en algún momento cuando sus dedos lo rozaron, Robb se arqueó y gimió con tal fuerza que estaba seguro que en el Muro lo habían escuchado.

— ¡Dioses! Jaime…has…eso…Mmm…de nuevo…

Claro, si tan sólo tuviera idea de qué fue lo que hice –jamás había visto a su Joven Lobo así, tan excitado, tan necesitado, tan…magnífico. Tenía que hacer algo pronto, escucharlo pronunciar su nombre de nuevo de esa forma, y ese deseo fue el que le hizo mover sus dedos hasta rozar ese punto que hizo a Robb derretirse y retorcerse, ese punto que derrumbó todas sus defensas liberando su más puro y escondido deseo animal.

— ¡Jaime! Mmmm…—jadeó y gimió aferrándose a los brazos del León de Lannister, asustado al sentir su cuerpo arder con tal intensidad y buscando desesperadamente asirse a alguien o a algo antes de que la mareo de emociones lo arrastrara al olvido. Y él no pudo más, tenía que tomarlo en ese momento así que Jaime sacó los dedos y se introdujo en él, embistiéndolo con fuerza, sintiendo como Robb rodeaba su cintura con las piernas y tiraba la cabeza hacía atrás, su boca una "O" permanente.

Mío –pensó entrando y saliendo de él con mayor facilidad que en otras ocasiones, no sabiendo en qué punto terminaba su cuerpo y comenzaba el del otro, sintiendo que, por primera vez, era uno en verdad con otra persona— Mi verdadera otra mitad.

-o-o-o-

— ¿Jaime? –la voz de Robb, ronca, adormilada y perezosa, parecía acariciarlo al igual que sus dedos jugando en su cabello dorado. Ambos estaban deliciosamente agotados después de semejante explosión de pasión y, este momento de paz, parecía casi un sueño. Incluso el frío parecía haberse retirado para darles privacidad.

Podría quedarme aquí por el resto de mi vida –se dijo, la cabeza descansando sobre el pecho del otro, disfrutando de sus dedos entre su cabello y escuchando el latir de su corazón que parecía decirle sin palabras cuanto lo amaba. "Eres un hermoso tonto" le había dicho su dulce hermana— Sí, un tonto enamorado.

— Dime.

— Tengo una idea de a dónde podríamos ir.

— Te escucho.

— Al Muro.

-o-o-o-

— ¿Al Muro? –Brienne sonaba tan incrédula como él cuando escuchó la propuesta la noche anterior—. ¿Van a tomar el Negro?, me sorprende escucharlo pero es una buena opción; una vez que formen parte de la Night's Watch todos sus crímenes pasados quedan olvidados y, además…ustedes…estarían…er- juntos –se sonrojó.

Nos escuchó hacer el amor ayer –se dijo Jaime divertido. No lo podía evitar pero le encantaba molestar a la joven.

— No vamos a tomar el Negro, Brienne –explicó Robb, enganchando su pulgar de su cinturón—. Mi hermano bastardo, Jon, está en el Muro y estoy seguro que nos recibirá por un tiempo en lo que pensamos qué hacer.

— A ustedes tal vez, pero no a mí –a juzgar por la expresión del Joven Lobo, no había reparado en ese detalle— La Night's Watch no recibe mujeres.

— Será sólo por un tiempo, además, los Hermanos reciben mujeres cuando han tenido que proteger a los aldeanos del Gift de algún ataque de los wildlings –explicó Jaime peinando su cabello con los dedos, recordando sus oxidadas clases de historia.

— El Muro aún está lejos de aquí –les recordó Brienne, nada convencida de que éste fuera un buen plan— No podemos tomar un barco en esta ocasión gracias a los hombres de las Iron Islands y en el camino es muy probable que encontremos bandidos.

— Lo mismo le dije yo –Jaime señaló a Robb con el mentón.

— Y yo respondí que los Brave Companions y los hombres de Dondarrion rondan las Riverlands, no atacan tan al norte –Stark le dedicó una mirada traviesa y por un instante Jaime creyó que le sacaría la lengua como un niño. Aquello lo hizo extrañamente feliz, era un alivio ser inmaduro e infantil de cuando en cuando.

— No son los únicos bandido en los Siete Reinos –replicó Brienne, haciéndolo reír. Él le había dicho lo mismo al Joven Lobo; ésto era casi como revivir la conversación de la noche anterior.

— El principal problema del norte son los Ironmen –Robb explicó como lo había hecho con Jaime— Créeme que lo sé mejor que nadie, hasta hace poco a mí era al que le llegaban los reportes de la situación en el norte –Jaime pudo ver como hacía un esfuerzo por mantener la tristeza a raya. En verdad estaba dispuesto a creer lo que le había dicho la noche anterior: el Rey en el Norte había muerto— Mientras nos mantengamos alejados de la costa y del Kingsroad tendremos más posibilidades de pasar desapercibidos y alcanzar el Muro.

Brienne resopló. Era claro que no estaba convencida pero al mismo tiempo sabía que no tenían muchas opciones.

— ¿Tú estás de acuerdo, Ser Jaime?.

— Moza, concuerdo contigo en que éste es un plan arriesgado poniéndolo en palabras amables, o suicida siendo más realistas –peinó su cabello hacía atrás—. Pero le admito una cosa: el Muro es el último lugar donde nos buscarían.

-o-o-o-

— ¿En serio te acostaste con Jeyne pensando que se trataba de mí? –Jaime no podía parar de reír tras escuchar su triste historia. Tenían días avanzando hacia el Muro y cada noche se tornaba más fría que la anterior, cada vez era más difícil encontrar alimentos, a cada milla los peligros se intensificaban, pero cada día ambos eran más felices. Todas las noches dormían juntos, hablaban hasta tarde y, para completo bochorno de Brienne, hacían el amor tan seguido como se les antojaba, lo cual era muy seguido.

— Tenía fiebre y deliraba –se defendió Robb, acurrucado de lado contra su pecho, acariciando distraídamente su muñón.

Cersei nunca tocó mi brazo mutilado, no lo miró siquiera –se dijo, sintiendo las cosquillas que el cabello de Stark le provocaban en su barbilla. "Inválido"…recordó la voz de su dulce hermana y se alegró de encontrarse tan lejos de King's Landing.

— Y la hiciste tu esposa para salvar su honor condenando el tuyo. Si yo hubiera sido Lord Frey también habría querido matarte –escuchó el aullar de los lobos a lo lejos y se preguntó si Grey Wind se encontraría con ellos. Tenía un par de horas desde que el direwolf se había perdido de vista—. Dime, ¿tomaste a Jeyne de nuevo en tu noche de bodas?.

— Su madre podrá haberme traicionado y yo no seré más el hombre que desposó a Jeyne, pero eso no quiere decir que vaya a deshonrarla contándote acerca de nuestra noche de bodas –Robb respondió con esa seriedad tan propia de él.

— Entonces la respuesta es sí –Jaime continuó hablando como si el otro no hubiera dicho nada—. ¿También pensaste en mí cuando estabas dentro de ella en esa ocasión?.

Como única respuesta Robb mordió su pecho sobre la tela, últimamente le había nacido una manía por morderlo, no que él se quejara, pero en esta ocasión, sólo por seguirle el juego, lo empujó para pronto verse atrapado en una juguetona lucha entre las mantas que terminó con él aplastando a Stark y sacándole todo el aire.

— Me rindo –pidió Robb jadeando, con el rostro tan rojo como el vino de Dorne.

Jaime se tomó su tiempo para admirarlo antes de pronunciar su veredicto.

— Hermoso –Stark frunció el ceño.

— No hables de mí como si fuera una doncella –trató de levantarse pero Jaime se lo impidió, sentándose a horcajadas sobre su vientre y aprisionando sus manos por las muñecas.

— Lo dejaré de hacer cuando seas más fuerte que yo –una sonrisa de perezosa arrogancia curvó sus labios—. Debería darte vergüenza que yo, con una sola mano, pueda derrotarte –Robb supo mejor que dignificar eso con una respuesta. Se inclinó para besarlo pero Stark le retiró el rostro agrandando aún más su sonrisa antes de que depositara un beso en su mejilla y arrastrara los labios detrás de su oreja.

Podía sentir qué era lo que Robb deseaba pero en esta ocasión decidió jugar con él un poco y se dejó caer a su lado. Stark lo pateó y pronto ambos comenzaron a reír, incapaces de detenerse.

— Brienne debe odiarnos –dijo Robb entre susurros en cuanto recuperó su aliento—. Nunca la dejamos dormir.

— Una moza tan fea como ella debería agradecer poder escucharnos –se giró para tomarlo de la barbilla con sus dedos índice y pulgar— En especial cuando esta dulce boca grita mi nombre justo antes de venirse –esta vez Stark sí le permitió besarlo.

— Podrás decir lo que se te venga en gana de Brienne pero ella sigue venciéndote cada vez que entrenan –ahora fue el turno de Robb para sonreír. Jaime entrenaba todas las noches para poder ser el espadachín que los Siete Reinos temieron en alguna ocasión utilizando su mano izquierda. La idea había parecido sencilla en un principio, después de todo ¿qué tan difícil podía ser?.

Infernalmente difícil –se dijo recordando como Brienne lo derrotaba noche tras noche sin que él sintiera que mejorara. Lo único que conseguía era irse a dormir con más golpes que el día anterior.

— Mañana podríamos entrenar tú y yo –propuso Robb, deslizando sus labios por la mejilla de Jaime hasta alcanzar sus labios—. A estas alturas Brienne ya debe estar aburrida de vencerte –rió divertido.

Desde que perdió esa odiosa corona de hierro y bronce sonríe más seguido –pensó.

— La moza es demasiado testaruda para aburrirse tan rápido pero está bien, mañana serás tú el que se vaya a dormir con más golpes que yo.

— Eso está por verse –Robb se acurrucó de nuevo contra su pecho—. Brienne tiene una espada magnífica –aquello hizo que Jaime se congelara en su sitio— ¿Oathkeeper es su nombre?, apuesto a que fue regalo tuyo, dudo que en Tarth le hubieran forjado una espada con empuñadura de leones.

— Robb –la seriedad en su voz lo hizo levantar el rostro, extrañado por el súbito cambio— Hay algo que debes saber acerca de la espada de Brienne –¿cómo iba a explicar aquello? No tenía idea pero debía hacerlo. Sabía que ésta era otra de las muchas cosas que debía de explicar tarde o temprano— Es acero valyrio, y fue un regalo de mi señor padre; él mandó forjar dos espadas como esa, una para mí y la otra para Joffrey.

— ¿De dónde sacó tu padre acero valyrio?.

Aquí voy, va a odiarme después de ésto –se dijo.

— De Ice, la espada de tu padre –Robb se apartó de él y tomó asiento, dándole la espalda y Jaime se hincó detrás suyo, colocando su mano en su hombro. No sabía que decir así que simplemente guardó silencio— Van a pagar por esto –la voz de Stark era fría y dura como el hielo— En King's Landing, van a pagar por todo esto.

— Nadie tiene tanto derecho a reclamar venganza como tú –Jaime habló cerca de su oreja— Y si tú decides marchar ahora mismo contra mi dulce hermana, yo iré contigo –le juró con intensidad— Pero escúchame –Robb se giró para encararlo, la furia brillando en sus ojos como el fuego de dragón— Ahora no podemos hacer nada, necesitas tiempo antes de poder hacerles pagar por lo que te han hecho.

Podía sentir la ira de Robb como si se hallara de pie frente a un brasero, pero su Lobo era de pocas palabras, en especial cuando se encontraba muy triste o muy enojado, y Jaime sospechaba que este caso era una mezcla de ambas. Entendía más de lo que Robb imaginaba por lo que estaba pasando y sabía que no había nada que él pudiera decir para hacerlo sentir mejor.

Menos aún cuando es mi propia familia la que le ha causado tanto dolor –Jaime pasó el resto la noche en vela. Stark no estaba a su lado cuando lo buscó y él y el amanecer encontró al Joven Lobo alejado del pequeño campamento, sumido en sus pensamientos y ahogándose en su dolor, sentado sobre un tronco que el moho había reclamado hacía mucho tiempo. A Jaime sólo se le ocurrió una solución para animarlo, sólo esperaba que funcionara.

— ¿Qué es esto? –preguntó Robb extrañado cuando colocó la espada frente a él, su voz ronca y los ojos enrojecidos daban testimonio de su falta de sueño la noche anterior. Lucía terrible, pero ¿quién luciría mejor en su lugar?.

—Mi padre mandó forjar dos espadas, una es Oathkeeper, la otra es ésta –explicó desenfundando la espada para dejar la hoja con líneas rojas y negras desnuda frente a Robb— Esta era la espada de Joffrey: Widow's Wail –se la entregó por el mango— Ahora es tuya –Stark tardó un poco en reaccionar, casi temeroso de tocar el arma forjada a partir de la legendaria Ice. Widow's Wail, un nombre tan terrible como el monstruo para quién fue forjada. La espada debería pertenecerle a Tommen ahora pero él la había tomado la noche que partió hacía los Twins.

Le dije a Brienne que con Oathkeeper estaría defendiendo a la hija de Eddard Stark con su propia arma, y lo mismo pensé cuando tomé a Widow's Wail. Quería salvar la vida del Lord de Winterfell con lo que queda de Ice –se dijo.

— Si lo prefieres le pediré a Brienne que me devuelva Oathkeeper, estoy convencido de que no se negará.

— No. No lo haré –fue todo lo que dijo y Jaime entendió que deseaba estar solo. Era lo mejor.

Brienne ya estaba despierta cuando él volvió y preparando el desayuno. A juzgar por su expresión adormilada tampoco la habían dejado dormir la noche anterior y en esta ocasión a Jaime le remordió la conciencia…un poco.

— Pronto nos quedaremos sin alimentos –le informó la joven—. Sé que la idea no te gusta pero tendremos que visitar el pueblo más cercano.

En efecto la idea no le gustaba, mucha gente en el norte conocía a Robb y no quería arriesgarse a que el rumor de que marchaban hacia el Muro alcanzara a su hermana pero la moza tenía razón. A penas y comió un poco de pan duro y carne salada y, cuando estaba preparado para ensillar su caballo, apareció Robb, listo para marchar. Jaime sonrió cuando vio la espada colgando de su cinturón.

— Gracias –era un "gracias" seco pero no carente de sentimiento y Jaime sólo asintió.

Conforme pasaron las horas Robb lució mejor e incluso platicó con Brienne parte del camino— Tiempo. Sólo necesita tiempo y estoy seguro que superará todo esto —se detuvieron un momento para dejar descansar a los caballos y fue entonces cuando Stark se le acercó.

— Jaime, agradezco todo lo que haces pero, hay algo que me inquieta –aquello atrapó su atención.

— ¿De qué se trata?.

— ¿Qué hay de tus votos como miembro de la Kingsguard? –preguntó como buen hijo que era de Lord Eddard— Tu deber es para con el rey, no deberías estar aquí arriesgándote conmigo.

Como siempre sabe qué preguntar para meterme en problemas –se dijo.

— Yo también me he hecho la misma pregunta –admitió Jaime, de hecho había pasado mucho tiempo pensando en esto. Era el Lord Commander de la Kingsguard, su deber era proteger al rey y a la familia real, su lugar estaba en King's Landing y al estar ayudando a Robb, al Traidor en el Norte, como lo llamaba Cersei, una vez más iba en contra de sus juramentos sagrados—. No quiero romper mis juramentos, a pesar de lo que la gente dice de mí, me gusta pensar que sí tengo honor, a mi manera si quieres verlo de esa forma. Pero… en esta ocasión creo que haré como Ser Barristan Selmy.

— ¿A qué te refieres?.

Jaime besó su mejilla.

— Te lo diré cuando esté listo.

Continuará…