Recuérdame

Capítulo X.- Píntame

El frío aire de invierno le calaba sus huesos, incluso sus mejillas se sonrojaron un poco más de lo normal, especialmente al ver a su hermano sentarse entre las bancas del auditorio. No esperó ver a su padre, ni a su esposa, sabía que hoy tendrían una cena importante con aquel amigo famoso y su hijo, con el que pretendían casarla.

-Es tu turno, Anna- Le indicó la maestra, sacándola totalmente de sus pensamientos.

Varias niñas intentaron burlarse, pero nada de lo que ellas decían le afectaba, aquello era sólo celos, envidia. No significaba nada en su vida ahora que tenía una razón poderosa para salir adelante, para cambiar su futuro e independizarse.

Caminó al escenario y se detuvo en seco al oír las voces de cientos de personas hablar. Era imposible, nadie más hablaba en esa habitación, sólo el breve anuncio de la directora del plantel. Su cuerpo se congeló, aunque eso poco se notó cuando la maestra de piano la animó a tomar su lugar en el taburete.

Sin embargo, esa sensación no desaparecía, no se iba. Y vio una rosa blanca caer sobre el piano. Fue un momento extraño y preciso, pero eso no la detuvo un segundo más y comenzó a tocar el instrumento con gracia y delicadeza. Su melodía era dedicada a él, y eso Yoh lo sabía, al igual que Men, quien no dejaba de quejarse de esa extraña relación.

Elevó su tonada y la nieve afuera no detuvo esa impecable interpretación, ni siquiera cuando vio un pétalo de la rosa caer. Cerró sus ojos y se perdió por un segundo en la bella imagen que se formaba en su mente.

-No puedo, amo demasiado a este hombre.- La mano en su corazón y un gran demonio atrás de ella, insistiendo en matarlo.- Tú eres el único que debe desaparecer.

Un frío invierno, como frío era el de hoy. Congelante, atemorizante de ser descubierto por alguien más. Aquello era un recuerdo único que venía a su mente de forma constante, y la deleitaba con el hecho de saber que no eran alucinaciones, sino una realidad.

Oyó los aplausos y las flores opacas y marchitas comenzaron a llover, al igual que los aplausos. Un viejo año había terminado, ahora le restaba continuar con la marcha y mirar hacia adelante, donde ahora la esperaba él.

-Fue magnífico-Le dijo con verdadera ternura.

Se limitó a sonreír con gracia y fineza, era costumbre de ella hacerlo rogar por una sonrisa, pero hoy se sentía extrañamente melancólica.

-Gracias…

-Estás distraída-Comentó extrañado- Lo pude notar desde que subiste a tocar, ¿pasa algo?

-Nada-Le respondió restándole importancia-Vámonos a casa.

Sentado ahí se veía tan bien, siempre maravilloso, siempre atento. Él era un sueño imposible de ver con frecuencia y aún así quería preservar ese recuerdo en su mente para toda la vida.

-A veces creo que podría olvidarte-Dijo con un tono de voz extraño-Siento como si no pudiera tenerte para siempre.

Y aunque su sonrisa le devolvía la fe, esta vez sólo acrecentó su melancolía.

-Me vas a tener siempre que me quieras a tu lado, eso júralo que será verdad.

Siempre con seguridad, con esa entereza que le decía que todo estaba perfecto. No había nadie más en ese gran recinto, sólo ellos dos y su perfecta soledad, tan perfecta que no dudó en pedirle un tan rutinario ritual.

-Bésame…

¿Por qué no había palabras más precisas para describir la sensación que le provocaba? Acababa de encantarse con la lentitud de sus labios sobre los suyos y de sus brazos aferrarse a su pequeño y menudo cuerpo, la inexplicable magia de sus brazos alrededor de su cuello.

-Vamos a casa-Le pidió encantado por la forma tan sutil que tenía hoy y lo sabía- Tengo un regalo para ti.

Sólo que lo había olvidado, vaya descuido de él. En realidad, no pensó que fuera de esa forma, bueno en realidad sí lo pensaba, eso sólo que se veía más serio de lo que en verdad aparentaba. Por eso cuando llegaron a casa de sus padres, se ocupó personalmente de calentar la comida que habían dejado para ellos.

-Tú no solías ocuparte de nada de la cocina-Comentó divertido, seguramente porque eso en verdad le parecía gracioso.

-Sí, seguramente es porque no eras tan torpe como ahora-Le contestó tan sarcástica como siempre, sólo que ahora veía de forma distinta el panorama.

Incluso esa mirada en su rostro, se veía distinta a la que hace unos meses le brindaba, era mucho más vivaz, más acorde al momento, pero al mismo tiempo le daba un brillo de esperanza.

-¿Has pensado en nosotros como pareja a futuro?-Se atrevió a cuestionar, esperando que la respuesta fuera una afirmación.

-A veces… -Confesó apenado- No quiero esperanzarte, yo… tendría que ser un mejor prospecto y debemos admitir que no lo soy.

¿Eso era más que una verdad? Dependía demasiado de la perspectiva y del enfoque.

-Vamos a mi habitación.

Aunque al parecer aquella orden le sorprendió mucho y no era para menos, jamás habían subido al primer piso y especialmente, él no conocía su alcoba, no era tan atrevido como Men para subir y enfrentarla.

Su perfecto orden le impresionaría, estaba casi convencida, por eso cuando subieron, no le dio una amigable presentación, sino que se sentó a la cama a comer mientras él miraba maravillado el lugar, encontrando en muchas ocasiones los retratos de su persona.

-Eres…

-Asombrosa, hermosa, tierna, delicada y grande…- Pronunció sin miedo una gran cantidad de virtudes que él le decía a menudo.

-No- Negó con aprehensión y calor en sus ojos- Eres tal y como yo te recuerdo.

Y aunque sabía que le había dedicado palabras más hermosas, éstas le dieron un nuevo significado, le brindaron una emoción que no estaba dispuesta a exhibir delante de él.

-No es verdad- Afirmó con seguridad- Ella no pintaba.

-Tal vez… pero tenía ese aura, siempre me observaba, cada paso, cada momento… justo como tú.-Le dijo al tomar un lienzo con trazos de lápiz.

-Verte es un gran pasatiempo, sueles quedarte en una pose durante horas y jamás te mueves-Describió con deleite y cierta intriga- ¿qué es lo que miras tanto?

Su expectante respuesta era un simple dialogo, porque de antemano lo sabía, casi con las palabras exactas.

-A ti-Contestó sentándose en la cama junto a ella.

Eran una niña, pero eso no importaba, cómo podría llegar a ignorar esa importante racha de sentimientos. Aunque aquel amor estaba transformándose en uno profundo, casi arraigándose a su lastimada alma.

-Píntame-Le dijo la rubia ante la mirada confusa de Yoh.

-No sé hacerlo-Le contestó de inmediato y casi con miedo de causar un gran enojo en ella.

Sin embargo, no se enfadó, simplemente mojó un pincel en la pintura del bote negro y le extendió la delgada brocha.

-El arte nunca se juzga, sólo se siente- Relató sin ningún tiemble en su voz- Píntame.

Y se notaba su inexperiencia en el ramo, porque lo único que se le ocurrió fue tomar su brazo. Alzó la manga de su vestido y ahí, en su piel blanca, comenzó a trazar una serie de kanjis japoneses. Hace tanto que no existía aquel idioma que inevitablemente se cuestionó sobre su significado.

-¿Qué dice?-Le preguntó con simpleza mientras sentía la brisa suave de su aliento cercar el trazo.

-Dice… Te amo, Anna. Hoy y para siempre.-Pronunció con vehemencia y entrega.

Una tenue y casi invisible sonrisa se coló por su joven rostro. Así que firme, le arrebató el pincel que llevaba en su mano y sin dejarla temblar un instante, tomó su brazo para escribir y dibujar una rosa con una breve leyenda.

Yoh miró impresionado la forma tan sutil en que ella lo pintaba y lo pedía. Hace tanto años se habían comprometido apenas unos días de conocerse, se habían amado casi instantáneamente y ahora…

-Cásate conmigo-Leyó Anna con tanta convicción que fue imposible creer que fuera una niña.

Un extraño y peculiar momento que jamás imaginó vivir, especialmente porque no pensaba en ello, pero para él eso ya era una opción factible y por primera vez se notaba confundido, sin saber qué decir, su rostro estaba serio, pensativo, procesando sus palabras.

-¿Por qué siempre tienes que hacer las cosas tan complicadas?-Le preguntó con serenidad, aprisionando su cuerpo al suyo-Yo quiero quererte, de verdad, pero… no quiero necesitarte.

Era la misma sensación que tenía, por eso lo entendía, incluso lo descifraba.

-¿Eso es un sí?-Cuestionó con rudeza.

-Dame tu mano- Propuso el castaño separándose de su lado- Yo te voy a responder.

Con qué sutileza tomaba su mano y con qué temperamento escribía en ella. Sintió la tibieza de la tinta deslizarse suavemente por su piel y no se sorprendió cuando los labios de Yoh besaron el dorso de su mano.

-Japonés, ¿de nuevo?

-Sabes que espere por ti casi quinientos años, y así como antes te prometí liberarte de una maldición, hoy… yo te prometo que serás libre.

-¿Y?-Lo animó a continuar después de que él le mostrara lo que había escrito.

-Voy a casarme contigo-Leyó las palabras que él mismo había escrito-Porque eso es destino.

Su mirada chocó tempestivamente con la de él y por un segundo creyó ver un reflejo y un aura encantadora, lo había sentido con anterioridad, era… amor.

-Gracias…- Le dijo en respuesta, no sabía qué más decir, siempre había pensado que se negaría, que la dejaría irse así como así.

-No, yo soy quien debe agradecerte, siempre estuviste ahí para mí y por eso ahora yo quiero estar ahí para ti-Contestó tan cerca de su rostro- Hasta el día que tu decidas que es suficiente.

Percibió sus labios juntarse a los de ella con suavidad, rozándose mutuamente en un efímero beso, casi intangible.

-Nunca será suficiente –Le dijo segura.

-Lo sé- Afirmó con tranquilidad- Por eso, no pienso dejarte ir, ya lo he decidido.

Sus dedos se perdieron en la salvaje y arrogante cabellera castaña, era tan suave su cabello y muy emocionante el sentir la respiración cerca de su hombro, rozando continuamente con las temas de sus dedos su piel.

-Eres muy hermoso-Comentó Anna fascinada por las sensaciones que le producía.

Cerró los ojos y apoyó su frente contra la mejilla de Yoh. ¿Los momentos durarían para siempre? Lo quería saber y quería que todo fuera perfecto.

-Dame mi regalo-Le pidió imperativa como siempre.

-Está en mi casa y no quiero dejarte sola-Recitó con la misma pasión que tenía al querer protegerla de todo.- Yo…

-Ve por él, en verdad deseo verlo-Pidió de nueva cuenta, tomando su rostro con su mano y obligándola a mirarlo.-Cumple lo que quiero.

Fue pensativo, demasiado para su gusto pero finalmente había accedido y antes de marcharse le había regalado una suave caricia a sus labios.

-Regresaré pronto.

Y lo dejó marcharse. Corrió por las calles, sin ninguna precaución. Adoraba esa insensatez, a pesar de que la niña era ella. Sólo que cuando cerró la puerta y caminó hacia su habitación no esperó jamás ver a alguien reflejarse en el espejo.

-¿Te divertías, princesa?-Escuchó la interrogante llena de furia.

Era imposible que él estuviera ahí, Su padre y él tenían una cena esta noche, era por esa razón que estaba solo con Yoh. Sin embargo, no se asustó, a pesar de que él tiró un objeto directo al espejo.

-Te vendieron para que mi hijo y tú se casaran en cinco años y mira con las cosas tan sucias que encuentro.- Pronunció con braveza el hombre- ¡Fui a ver lo talentosa que eras con el piano y encuentro un vil engaño!

Jamás había visto tanta agresividad en un hombre, ni siquiera cuando convivía con borrachos de niña y éste parecía ser demasiado violento.

-¡Pero tú vienes conmigo, de hoy en adelante cuidaré de ti y tu padre va a estar de acuerdo!

No, eso jamás. Y corrió hacia la puerta de salida, pero inesperadamente la golpeó contra ella. Nadie la había tocado de esa forma, ni su padre, ni Yoh.

-¡Vas a venir conmigo!

-¡No!-Le gritó soltándose de sus gruesas y toscas manos.

Sólo que cuando lo hizo y corrió a las escaleras no esperó que el optara por perderla, por desdeñar el tesoro que tanto se jacta de haber comprado. No lo pudo creer hasta que cayó al suelo de golpe.

Su visión se empañó de lágrimas, no podía moverse, no podía respirar con normalidad…. Y vio sangre correr por su frente. Todo comenzó a oscurecerse hasta que lo último que vio fue una rosa blanca que él tranquilamente le dejaba en su lecho.

-Elegiste mal, Anna.

Continuará...


N/A: El próximo capítulo es probable que no ponga nota de autor, pero sí responda como casi casi siempre sus reviews en mi blog, de antemano quiero dar las gracias a quienes siguieron esta historia, incluso aquellos que se estremecieron con algunas partes, gracias a cada uno y acaba en una parte decisiva, pronto verán el final, la próxima semana.

Agradecimientos especiales a: Katsumi Kurosawa, , Majo-Sonolu, M. Fragrance of Winter y Seyram Asakura