Un ruido muy fino y agudo hizo que Escocia arrugara el entrecejo entre sueños. Otro insistente ruido. Esta vez entreabrió los ojos y se removió incómodo. Después de que el mismo ruido sonó un par de veces más, se dio cuenta de que se trataba del timbre. Y también golpeaban la puerta insistentemente. Salió de la cama, dejando a Canadá durmiendo plácidamente. Se puso una bata, bajó las escaleras para abrir la puerta, mientras abría torpemente los ojos para no dar un paso en falso y caerse.
Abrió la puerta, y parpadeó torpemente un par de veces. Eran sus hermanos menores: Gales, que sonreía pícaramente; Irlanda, que parecía nervioso; E Inglaterra, que traía cierta expresión de amargura.
-Good morning-saludó Gales. Escocia lo fulminó con la mirada. ¿Qué rayos hacían allí? Irlanda comenzó a pegar saltitos para ver qué había detrás del escocés.
-¿Qué haces?-gruñó Scott.
-¡Oh dios! ¡Scott! ¡Limpiaste tu casa!-contestó Cian. Los demás se alarmaron y quisieron entrar a comprobarlo. Escocia bloqueó la puerta.
-¿Porqué vinieron?-preguntó el pelirrojo.
-Trato de ver si Canadá está aquí, pero parece que no se puede ni mover. Hombre, no tendrías que haber sido tan brusco con él anoche~- contestó Cian. El mayor lo miró sorprendido.
-Eres un malpensado. No hicimos ninguna de las cochinas cosas que te estás imaginando… o lo que sea que haces con el francés-le dijo Scott, aunque luego agregó para sus adentros "Pero estuvimos a punto de hacerlo…". El irlandés chasqueó la lengua. Y Deian lo miró algo decepcionado.
-Yo que creía que encontraríamos algo interesante aquí…-comentó el galés –Parece que lo único que podemos ver es a Scott recién levantado, y no es una visión demasiado agradable-arrugó la nariz y le palmeó el hombro al pelirrojo -¿Sabes que los hombres también se depilan las piernas?
-No necesito depilarme las piernas-refunfuñó Escocia algo sonrojado –No estoy tan mal. Además….
-Espera-dijo Inglaterra, alarmado-¿Deian, tú te depilas las piernas?
Gales se quedó en silencio. Luego miró a sus hermanos, algo sonrojado y asintió con la cabeza. Irlanda soltó una risotada.
-Cállate-dijo el galés castaño-Las tengo súper suaves. Muérete de envidia~
-Bueno, dejemos de sacar los trapos sucios de la gente-los calmó Arthur. Luego miró al escocés con mala cara-¿Eres tan descortés que no invitarás a tus hermanos a entrar?
-¿Eres tan descortés que te presentas en mi casa a molestarme a estas horas de la mañana?-le contestó el mayor.
-Hablas como si supieras qué hora es. Vamos, hombre, ni siquiera sabes si es de mañana o de tarde-le dijo Irlanda entre risas. Escocia resopló y les cerró la puerta en la cara. No estaba de humor para soportar a sus hermanos en esos momentos. Miró el reloj. Eran las 6 de la mañana. ¿A quién mierda se le ocurría ir a molestarlo a esas horas? Sólo a ellos. Subió a su habitación, se quitó la bata, y volvió a meterse en la cama calentita, buscando abrazar el cuerpo de Matthew. En unos pocos minutos se volvió a dormir.
Estaba teniendo un sueño en el cuál él y su amado canadiense iban al Lago Ness a saludar a Nessie, tomar whisky (mucho whisky) y ver las nubes. Era precioso. Estaban tan juntitos, Canadá tan hermoso como siempre, el timbre de su casa sonando insistentemente…
El pelirrojo abrió los ojos como platos, y una mueca de enfado apareció en su rostro.
Bajó las escaleras a toda velocidad, y sin reparar en que estaba sólo en pantalones cortos, abrió la puerta enfurecido.
Como si no hubieran tenido suficiente, sus tres hermanos menores se encontraban allí.
Gales sonrió.
-Oh, creo que esta vez si te despertaste de mal humor-comentó Deian. Scott no contestó, sólo lo miró. El castaño ni se inmutó ante la severidad de la mirada del mayor. Y eso que parecía que el escocés le arrancaría la cabeza de un momento a otro.
-Mira, no me creo eso de que no hiciste nada con Canadá-replicó Irlanda.
-Son como unas viejas chusmas-gruñó Scott, a punto de volver a cerrarles la puerta. Pero antes de hacerlo, miró a Arthur, y volvió a hablar-No esperaba que tú hicieras esto.
-Estoy aburrido-contestó Inglaterra.
-Consíganse una vida-respondió cortante Scott.
-No gracias, la mía está bastante movidita gracias a Francia-soltó Irlanda.
Gales lo miró horrorizado, e instantáneamente el irlandés reparó en que no debió haber dicho eso frente a sus hermanos mayores. El pelirrojo estaba demasiado irritado para hacerle caso, por lo que cerró definitivamente la puerta. Mientras subía las escaleras podía escuchar los reclamos del inglés y los miles de insultos que éste dedicaba al francés y a todos sus antepasados. Volvió a mirar la hora. Eran las 8. Sólo habían pasado dos horas. Se metió en la cama, y rodeó con sus brazos al rubio que estaba de espaldas a él. También le pasó una pierna por encima. Sólo una muestra más de cariño.
Y así como estaba, se concentró en conciliar el sueño hasta que su subconsciente, Matthew, o sus pesados hermanos lo despertaran. Sabiendo que el canadiense se quedaría un par de días con él, comenzó a imaginar la infinidad de cosas que tenía para mostrarle en su casa. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro antes de caer rendido en brazos de Morfeo… por tercera vez.
Un rato más tarde, Matthew despertó. Abrió los ojos lentamente, acostumbrándose a la luz que entraba por la ventana. Se removió entre las sábanas, y se percató de que algo le molestaba. Alzó una ceja sorprendido al ver la pierna del escocés encima de él. La apartó. Instantáneamente, Scott lo rodeó con ambas piernas y se abrazó más contra él. Era un hecho. Escocia era increíblemente molesto por las mañanas. Sobre todo si estaba dormido o medio zombi.
Canadá intentó liberarse, pero el escocés lo abrazaba con bastante fuerza, y él no tenía ganas de forzarlo, ya que lo despertaría. Comenzó a moverse poco a poco. Con mucho esfuerzo, finalmente logró escurrirse de los brazos del pelirrojo. Se cambió de ropa y bajó las escaleras para prepararle el desayuno al dueño de la casa. Al llegar a la cocina, comenzó a revisar la heladera y realizar algo con lo que hubiera allí, que no era mucho. Debía salir a abastecer la cocina de su…. ¿novio? ¿Amigo? El rubio paró en seco con su tarea. ¿Qué eran ellos dos? No lo sabía. Pero… algo tendrían que ser. No podían ser sólo amigos, teniendo en cuenta las cosas que hacían juntos. Suspiró, y comenzó a aprontar todo. Mientras lo hacía, se dijo que cuando el mayor se levantara, se lo preguntaría.
Pasó un buen rato. El desayuno estaba sobre las mesas. Canadá había lavado los platos de la noche anterior y barrido el piso. Subió a ver a Scott. Seguía dormido, pero la diferencia era que se había despatarrado sobre toda la cama. El norteamericano suspiró, y se puso los zapatos y un abrigo para ir a hacer compras.
Al poco tiempo volvió. Entró a la casa, y cuando fue a la cocina…
-¡Matthew!-exclamó una voz masculina. Era Escocia -¿Dónde estabas?- preguntó algo enojado. Cuando el pelirrojo había despertado, una cantidad de teorías (cada una más descabellada que la otra) acerca de lo que podría estar haciendo el canadiense cruzaron su cabeza a toda velocidad. Y el rubio suspiró, dado que sólo Scott se levantaba en los únicos 20 minutos que él se ausentaba.
-Lo siento. Fui a buscarte comida, dado que no tienes casi nada.
-Pero no tenías que irte sin avisarte. Me preocupé-confesó el británico, bajando la mirada. El canadiense le sonrió tímidamente mientras guardaba la comida en el refrigerador. Escocia se sentó en la mesa. Canadá también tomó asiento y lo acompañó con el desayuno. Estaba escuchando atentamente al otro hablar sobre las visitas matutinas de sus hermanos, cuando la duda de esa mañana volvió a su cabeza.
-Oye Scott-el europeo lo miró –Nosotros dos… ¿qué somos?-
El escocés se quedó de piedra ante la pregunta. Él tampoco tenía una respuesta exacta a eso. Intentó responder, pero ninguna palabra le salía de la boca. Finalmente, sólo pudo decir una de las mayores cursiladas de su vida.
-Quiero estar contigo. Quiero ser especial en tu vida. Quiero ser el único que tenga tu corazón-lo tomó de las manos-Te amo Matthew. Me importa un bledo lo que seamos, sólo quiero ser el único.
El rubio se ruborizó enormemente ante eso. Nunca esperó que alguien le dijera esas cosas. Maldición, ¡Scott era increíblemente directo!
-Me dejas sin palabras-le contestó tímidamente Canadá –Pero, volviendo al tema central… esto… ¿somos novios?
-Si eso significa que los demás se den cuenta de que eres sólo mío, entonces estaría encantado de que seamos novios.
-¿Siempre eres así de celoso?
-Es parte de mi encanto-le dijo, y se inclinó sobre la mesa para darle un suave beso en los labios.
