Ni Once Upon A Time, ni sus personajes me pertenecen. Esta historia ha sido escrita con el único fin de entretener a sus fieles lectores, así como para el propio disfrute de su escritora.
ESTE CAPI ES MUY ESPECIAL, MARCA EL FIN DE UNA ETAPA Y EL COMIENZO DE LA SIGUIENTE EN ESTA HISTORIA, ES UN CAPÍTULO CARGADO DE SENTIMIENTOS Y REALMENTE DISFRUTÉ AL MÁXIMO AL ESCRIBIRLO. LE HE TOMADO UN ESPECIAL CARIÑO. POR LO QUE ME ENCANTARÍA DEDICÁRSELO A UNA GRAN ESCRITORA Y AHORA SEGUIDORA DE ESTE FIC, COMO UN AGRADECIMIENTO POR HONRARME CON SU VALIOSA OPINIÓN Y COMO UNA MUESTRA DE ADMIRACIÓN POR SU ENORME TALENTO. CON TODO EL CARIÑO ESTE CAPÍTULO ES PARA TI MI QUERIDA The Little Phoenix.
Capítulo 10.
-¡Regina!, ¡hola! ¿Qué haces aquí?- Preguntaba una sorprendida Emma, sonriendo emocionada a la morena que se encontraba frente a ella.
-Tú me has llamado princesa.- Respondió la reina, correspondiendo a la sonrisa de la rubia quien la miró interrogante.
-¿Yo?... ¿Cómo es eso posible?- Espetó la sheriff, un tanto intrigada por la afirmación de la morena. -Ni siquiera sé dónde encontrarte.- Dijo, sin quitar la duda de su rostro.
-Has pensado en mí, pequeña, e intuyo que te has dormido haciéndolo. Eso me ha traído a ti.- Regina respondió. -¿Es que acaso me ha echado de menos Miss Swan?- Preguntó juguetona, pero llena de ilusión por la respuesta de la joven.
-De hecho, llevo meses pensando en ti.- Admitió Emma al tiempo que sus mejillas se tornaban rojizas. Esto hizo a la reina enternecerse. -No sé quién eres, pero no puedo alejarte de mi mente, cada noche me duermo sumida en mis pensamientos sobre ti, con la esperanza de que aparezcas.- Un pequeño rezago de preocupación apareció en los ojos verdes, y aunque la sonrisa persistía en el fino rostro de la rubia, la reina pudo notar la inquietud de su amada.
-¿Qué sucede linda?- Preguntó la morena, con toda la delicadeza de la que era capaz. Notando que Emma se tensaba levemente.
-Es sólo que últimamente no me entiendo Regina, tengo una vida aquí, una gran vida, maravillosa de hecho, pero...- Se interrumpió solo un instante para pensar en lo que diría, no sabía bien cómo explicarse. -Es que hay algo que no encaja. No quiero herirte y no sé por qué si al fin y al cabo solo eres un sueño, pero es que tú pareces conocer tanto de mí. Me tratas tan bien, tan dulcemente, con tanta delicadeza y pasión que haces que desee quedarme dormida el resto de mi vida para no separarme de ti, pero luego viene la realidad, no te conozco, no estas cuando despierto. Siento que estoy loca y que tú eres el resultado de mi locura.
-Soy una realidad distinta, pequeña.- Habló Regina, con clara tristeza en su mirada. Entendía perfectamente a la rubia, incluso ella misma se sentía así cada vez que despertaba y se daba cuenta de que en realidad su princesa estaba en otro mundo, sin un solo recuerdo de su existencia, posiblemente feliz con alguien más.
-Es exactamente eso lo que me duele Regina.- La tomó de las manos con firmeza, con ternura pero denotando desesperación. -Todo esto es muy confuso. Aquí, mientras duermo puedo verte, abrazarte y sentir tus besos, tu amor. Aquí puedo amarte tanto como tú a mí, pero cuando despierto tú no existes y me siento como una demente. No sé por qué me pasa esto, pero no quiero seguir así, no puedo...- Agachó la cabeza, claramente abatida. Suspiró profundo. -Reina, allá, en la realidad, en mi realidad, es todo distinto, tengo un hijo maravilloso, un hogar, soy feliz, lo tengo todo... Y también tengo a...- La morena colocó su dedo índice en los labios de la rubia para detener su discurso.
-Tienes a un hombre que te ama...- Prosiguió ella. Su corazón se encogía y amenazaba con explotar con cada palabra. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Emma al notar la humedad en los ojos chocolate de su reina, en un acto reflejo la rodeó con sus brazos.
-No... Por favor, no llores mi reina... Lo siento, yo no quiero que sufras. Me duele... Regina, yo...- Dudo unos segundos, pero al sentir las cálidas lágrimas de la morena rodar por sus mejillas no lo soportó más. -Yo también te amo...-
Al escucharla, Regina intentó en vano controlar su llanto, su cuerpo temblaba en brazos de su princesa entre sollozos. Sacando fuerza desde lo más profundo de su alma, volvió a hablar.
-Emma, cariño, escúchame.- La rubia le dirigió su mirada, también cargada de tristeza. -No hay nada que desee más en la vida que estar a tu lado, en tu realidad. Pero no puedo pequeña. Y sé que tal vez él... -Inspiró profundo- Él puede darte todo lo que yo no.- Su voz se quebraba, apenas podía mantenerla. -Yo... Solo deseo tu felicidad... No puedo ser egoísta, no contigo mi vida.- Su cuerpo se estremecía por los espasmos mientras lloraba sin consuelo. -Yo me iré, Emma. Te dejaré vivir, te dejaré amar... Y desearé para ti tan solo dicha y sonrisas...- Hablaba desde su destrozado corazón. -Pero te pido... Te suplico un último favor... Un último momento de egoísmo...- Los verdes y ahora acuosos ojos de la salvadora la miraron expectante. -Abrázame Emma... Abrázame por última vez.- Susurró entre sollozos.
-Ven aquí... Tranquila...- Emma abrazó a la reina con fuerza, con una increíble necesidad de protegerla y regaba suaves besos en su frente tratando de calmar el llanto de la morena que se deshacía de tristeza entre sus brazos. -No llores más mi cielo... Me rompe el alma verte así...- Tomó su rostro, levantando la olivácea barbilla para que los ojos chocolate la miraran. Y entonces sucedió lo inevitable...
La reina penetraba el alma de la rubia con su mirada, ambas se quedaron en una especie de trance, dudando de hacer lo que deseaban con desesperación. Hasta que la fortaleza de la salvadora perdió toda resistencia. Como una declaración de su desmesurada angustia al saber que ese momento era el fin, Emma atrapó los perfectos labios de la reina en un beso que no dejaba espació a nada más que al amor... Regina acentuó con fuerza, pero con la suavidad del terciopelo a la vez, ese beso que le quitaba el aliento y hacía bailar a su alma al son de los labios rosa de su amada. La rubia colocó sus manos en la nuca de la morena, apretando más profundamente su rostro al de ella y solicitando con su lengua el acceso tan ansiado a los interiores de su boca. La reina no dudó ni un instante en permitir a su amada explorar su boca, separó sus labios sintiendo como la cálida lengua de la sheriff buscaba a la suya para fundirse en una danza sublime en la que eran una sola. Las largas y finas manos de Regina bajaban por la esbelta figura de la rubia, la que al sentir el tacto de la morena sobre su cintura se estremeció y entonces lo supo, no había vuelta atrás.
Selló el espacio entre las dos apretando su propio cuerpo al de su adorada reina, sintiendo su calor, gozando de como este vibraba ante su suave toque. Las dos mujeres se encontraban perdidas en un embriagador deseo que cada vez se hacía más presente en el aire. Se abrazaban y acariciaban desesperadamente, devoraban sus bocas como si la vida se les escapara en cada beso, entonces la rubia no pudo más y sin aliento, suplicó a la morena.
-Regina... Mi vida... Hazme el amor...- Su voz era solo un susurro, y al escucharlo, la morena no tuvo más que hacer que complacerla.
Con un beso más, empezó su labor, tomó la camiseta de Emma por el borde, rozando a la vez la espalda baja de la rubia, haciéndola gemir al contacto de sus manos. Levantó lentamente la prenda por su cuerpo, sus dedos se deslizaban por la piel que se iba descubriendo. La rubia no llevaba sujetador, por lo que sus hermosos pechos quedaron deliciosamente dispuestos para la reina, quien se deleitó con ellos, mirándolos, estaban tensos y los rozados pezones se erizaban rogando atención, la morena no los hizo esperar, recorrió un corto sendero desde el cuello, pasando por los hombros hacia los turgentes pechos de la rubia, besando, lamiendo, mordiendo suavemente cada rincón de la blanca piel de su princesa. Un gemido de placer escapaba de los labios rosados de Emma al sentir los de Regina cerrarse en uno de sus erguidos pezones, mientras que atrapaba el otro entre sus hábiles dedos, halando de el con firmeza pero suavemente para estirarlo aún más.
La mujer de ojos aguamarina se encontraba perdida, las oleadas de placer que su reina le brindaba, le hacían perder todo rastro de sentido común, no pensaba, solo deseaba, solo buscaba más placer con cada nueva caricia. Su cuerpo se movía con vida propia, sus manos arrancaron violentamente el ajustado vestido de la morena, y su sensual ropa interior de encaje, dejándola deliciosamente desnuda y haciéndola gemir sonoramente al atacar su cuello con un apasionado beso, mordió justo en donde se sentía el pulso disparado de su amante, fuerte, arrancándole un grito entre jadeos, para luego calmar el dolor con las delicadas caricias de su lengua y labios. Una preciosa y clara marca se pronunció en el largo cuello de la mujer de ojos oscuros, tras la dulce tortura propinada por la rubia.
Las manos de ambas ya no tenían control, fluían libres por sus cuerpos. Sus pechos se rozaban con cada movimiento, ambas se apretaban buscando profundizar este esquisto contacto. Regina soltó a tirones el botón de los vaqueros de su amada, deslizó el cierre con rapidez y antes de que la joven mujer pudiera reaccionar, la tenía de espaldas en la cama, sin más que su pequeño tanga rojo, empapado por su excitación.
-Pero que sexy, miss Swan... Estas tan húmeda mi amor... Lista para tu reina.- Espetó con un tono grave y sensual que activó cada terminación nerviosa del cuerpo de la rubia, haciéndola gemir cada vez más fuerte. Emma era tan solo un remolino de sensaciones, sin capacidad de raciocinio. Sintió a Regina besar el borde interno de sus muslos, acercándose peligrosamente a su hinchado sexo. Sintió el aliento cálido de su diosa morena golpeando su húmeda ropa interior. Un gutural sonido salió expulsado de su garganta cuando la lengua de la reina paseo firme por encima de su tanga, saboreando sus jugos a través de esta. No podía más, su cuerpo pedía ser tomado y saciado.
-Mi vida... Tómame... Por... Por favor...- Le costaba respirar, le costaba hablar, le costaba hasta pensar con toda la adrenalina que circulaba por sus venas. La morena no se hizo esperar, quitó la prenda arrastrándola por las piernas de la rubia y como si de un manantial en el desierto se tratara, se lanzó en picada su húmedo y rosado sexo... Lo beso, lamió cada mínimo espacio de él, mordió los suaves labios estimulándolos y al escuchar a su princesa jadear pesadamente por el placer, atacó el hinchado clítoris que la esperaba impaciente, lo chupó con dedicación y desesperación. Con dos dedos firmes, la penetro, haciendo que las paredes de su exquisita vagina se contrajeran entorno a sus dedos, apresuró sus movimientos hasta que la voz de su amada la detuvo.
-Regina... Cielo... Quiero tu humedad en mi centro... Quiero acabar junto contigo...- Le rogó la salvadora entre gemidos. La reina no pudo resistir tan tentadora propuesta, se levantó rápidamente, saliendo de su interior con suavidad y se colocó a horcajadas sobre la rubia.
-Esto es lo que provoca Srta. Swan.- le susurró al oído mientras tomaba la mano de la sheriff y la pasaba por su sexo empapado hasta los muslos, a lo que Emma respondió con un gruñido de lo más sensual. A acto seguido se retiró un poco, abrió mucho más las piernas de su princesa y se colocó entrecruzándolas con las suyas, de manera que sus sexos ávidos de placer se juntaban deliciosamente apretados. Automáticamente las caderas de ambas mujeres empezaron un balanceo, al principio suave, pero que aceleraba progresivamente, produciendo una maravillosa fricción, la cual elevaba al cielo a las dos amantes, que ahora eran una. Entre jadeos, gemidos y guturales gritos, tanto la reina como la salvadora fueron azotadas por un sublime orgasmo que las arrastró a un profundo abismo de placer y amor. Temblando, enredadas, y bañadas en sudor, recibieron aquella dulcísima descarga final, que fue la confirmación de su mutua entrega absoluta... Su amor fue plenamente consumado.
-Regina... Te amo...- su voz fue apenas un apasionado gemido y aun sintiendo los temblores y espasmos en su vientre por el intenso orgasmo que experimentó, una sudorosa Emma despertaba. -¡Oh Dios!. No pudo haber sido solo un sueño.- Decía, mientras internamente agradecía que Henry hubiera pasado la noche en casa de uno de sus amigos... No quería ni imaginar las cosas que pudo haber dicho mientras tenía ese intenso y maravilloso sueño erótico, nada más y nada menos que con una exageradamente hermosa reina morena. Se tapó la cara con sus manos, algo avergonzada, pero invadida por la alegría que le produjo esa subconsciente visión.
-Emma... Te amo...- la sensual voz de la hechicera de ojos chocolates escapó como un suspiro desde su alma, mientras aún se estremecía por el soñado orgasmo otorgado a manos de su amada... Pero salió de golpe de su ensoñación al notar la presencia de alguien más en sus aposentos.
Una estupefacta Snow la miraba, con las manos cubriendo su boca tan abierta que parecía que su mandíbula se caería.
-¿Qué es lo que has dicho Regina?- espetó en un tono entre confuso y furioso la mujer más pequeña. Regina trató de explicarse, pero no lograba articular palabra alguna.
La reina se levantó rápidamente, tratando de acercarse a su ex hijastra para aclarar las cosas, pero algo llamó su atención. Al pasar frente a un enorme espejo en la pared junto a su cama, vio en su cuello algo que le quitó el aliento. Sobre su yugular, yacía muy acentuada una marca violeta y roja, un perfecto moratón, producto de una mordida pasional.
-¡Oh por Dios!... ¡Fue real!...- con los ojos como platos, la reina se dio cuenta de lo que pasaba, su magia, combinada con su infinito y desesperado amor, la habían transportado corporalmente durante sus horas de sueño hacia su amada. Todo lo que había vivido en sueños, era real... Había declarado su amor a Emma, la había besado... La había hecho suya...
Snow, al ver a la morena perdida en sus pensamientos mirando esa extraña marca en su cuello, buscó irritada una explicación a lo que había escuchado decir a la reina, pero antes de que pudiera articular palabra, una enorme y tenebrosa nube mágica se cernió sobre el castillo, sin darle tiempo para nada más que para aferrarse a los brazos de su ex madrastra... Todo se puso negro y un segundo después, no había nada...
Una sorprendida y confusa Regina se vio en Storybrooke, en su blanca mansión, abrazando a una Snow igual o más perdida que ella...
La alcaldesa se disponía a interrogar a la pequeña morena acerca de los motivos que tenía para estar en su casa, abrazada a ella, pero se detuvo de golpe al contemplar completa a la mujer de ojos claros y abriendo los ojos hasta el límite de lo posible, exclamo.
-¡Por todos los cielos Snow!... ¡Estas embarazada!...
