Capítulo 9: Dovahkiin

El dragón cayó pesadamente contra el suelo, estaba muerto y Scott guardó sus espadas tras limpiarlas ,pero ocurrió algo raro, el cadáver comenzó a… ¿descomponerse? No es precisamente eso, pero es la única palabra que conozco que se asemeja a lo que ocurría cada vez que asesinaba uno. Su piel parecía irse dejando solo huesos limpios, un aura naranja y azulada que cualquiera describiría como un espíritu comenzó a surcar el campo de batalla rodeando a todos los presentes hasta que llegó al asesino. Esa cosa lo rodeó y pareció que la absorbía haciéndolo brillar con los mismos colores por un corto periodo de tiempo.

─ ¿Qué es esa cosa? ─ Pregunté bastante desconcertada, en mi vida había visto algo semejante.

─ Eso es… ─ Parecía asombrado, incluso le costaba formar palabras.─ el alma del dragón. ─ Dijo uno de los guardias supervivientes sin aun poder creérselo.

─ No puede ser, ¿eres Sangre de Dragón, el de las leyendas? ─ Preguntó Sven.

─ No lo sé. ─ Contestó sin parar de observar sus manos. ─ Eso explicaría muchas cosas. ─ Observó al resto, él mismo estaba confuso.

─ Prueba a gritar, dicen que los Sangre de Dragón son capaces de aprender un grito absorbiendo el alma de un dragón. ─ Mencionó Lokir.

─ No me fio, pero si es cierto que lo soy tal vez consiga desarrollar más mi poder. ─ Cogió aire y se preparó. Nunca antes lo había hecho. Empezó a pensar y como si fuera un acto reflejo las palabras que aprendió en la búsqueda de la piedra vinieron a su mente sin venir a cuento. No se había olvidado de ellas y ahora parecía que sabía pronunciarlas como si de su idioma materno se tratase. La palabra "fuerza" apareció en sus pensamientos y cobró un significado que jamás le había dado y como si de un tornado se tratase un poder devastador recorrió su cuerpo de abajo a arriba y lo expulsó por la boca cual palabras devastadoras.

[FUS]

Una poderosa pero pequeña onda azul salió de él directa al suelo levantando tierra y rocas con potencia a su paso, flojo, pero en un futuro terriblemente poderoso y destructivo.

─ Increíble, de verdad eres el Sangre de Dragón de las leyendas. ─Volvió a hablar el soldado de antes, pero esta vez bastante más emocionado.

─ ¿Qué es esa tontería del Sangre de Dragón? ─ Comenté. No lo comprendía, no conocía esa leyenda. Estaba claro que era algo exclusivo de los nórdicos.

─ No lo comprendes porque eres elfa, pero es parte de nuestra historia. ─ Defendía el mismo guardia mientras elevaba la voz. Parecía que había dado donde no debía.

─ Me da igual toda esta majadería nórdica, lo que me interesa es saber qué es. ─ Volví a interrumpir con descaro. Sabía que estaba provocando, pero necesitaba demostrarle a Scott que quería cambiar, no podía seguir siendo tan callada y distante.

─ ¡¿Majadería nórdica?! ─ Esta vez incluso agarró el mango de su maza de hierro.─ ¡Deja que la "majadería" te aplaste el cráneo, puta amarilla!

─ Básicamente es aquel que posee cuerpo de humano y alma de dragón. ─ Comentó Sven mientras Scott le partía el cráneo al soldado contra el muro y el resto, de forma un tanto cómica, ignoraban el tema. En ese instante me pareció una brutalidad, pero ahora no puedo evitar reirme al recordarlo.

─ Sí, usan sus propios gritos para tumbarlos y, a diferencia de los Barbas Grises, son capaces de aprenderlos sin años de entrenamiento al solo absorber el alma de un dragón. ─ Añadió Aela.

─ Sigo sin ent─ Sin previo aviso unos gritos retumbaron la tierra y alteraron el viento interrumpiéndome. Repetían todo el rato lo mismo: "Dovahkiin". ─ ¡¿Qué son estos gritos?! ¡Retumban en mis oídos como el zumbido de las abejas! ─ Eran tan insoportables, parecía que me iban a reventar los ojos por los zumbidos.

─ ¡Son los Barbas Grises reclamando al Sangre de Dragón! ─ Exclamó otro soldado. Miro al afectado. ─ Reclaman tu presencia en Alto Hrotgar. Te han convocado como no hacían desde el mismísimo Tíber Septim, después llamado Talos de Atmora.

─ No tengo tiempo para eso ahora mismo, he de ir a ver al Jarl y solucionar diferentes problemas. ─ Se dirigió al interior de la ciudad. ─ Primero iré a ver a cierto palurdo. ─ Continuó caminando serio mientras era seguido por nosotros, su séquito, pero se detuvo y echó la mirada atrás. ─ Sven, ─ Llamó. ─ te vienes conmigo. ─ El chico no lo entendió. ─ Que te vengas conmigo siendo uno más de los míos. Ese bruto no te merece y solo desperdiciarás tu habilidad muriendo en alguna tontería como alguien enfadado por perder su bollo dulce. ─ Se acercó y lo encaró. ─ Yo haré que tus habilidades reluzcan como un diamante y seas tan temido como un ejército de troles. Que tus palabras lleguen a los nueve divinos y sean, no un sonido producido por tus cuerdas vocales, sino un hecho innegable. Se de los míos y tendrás todo eso y más. Poder, riquezas, mujeres y alcohol.─ Le tendió la mano la cual no tardo en agarrar con una sonrisa confiada. Se fiaba del hombre, no sabía por que, pero se fiaba, un sentimiento que todos compartiamos pero nunca entendimos, aunque no hizo falta. Reemprendimos la marcha a la Cuenca del Dragón.

Nada más llegar fuimos recibidos por el Jarl sentado en su trono. Scott lo notó, esto acabaría mal. El rubio se levantó y se dirigió frente a frente contra el proclamado asesino de dragones y rio.

─ Bien hecho, Sangre de Dragón. ─ Aplaudió mientras empezaba a andar de vuelta al trono. ─ Ha sido esplendido como has matado a ese dragón. ─ Se giró para volver a ver al enmascarado. ─ Te voy a dar esto de recompensa. ─ Sacó de su bolsillo un septim y se lo lanzó a sus pies. La moneda cayó y empezó a girar. Todo el palacio se mantenía en silencio, uno sepulcral. El metal no paraba de moverse y la presión del momento aumentaba. ─ Adelante, disfrútala. ─ Volvió a reír a carcajada suelta, cabe resaltar que era el único que lo hacía. El resto solo nos miraba con miedo, soberbia, rabia e incluso pena.

─ Bien, mi Jarl. ─ Recogió la moneda lentamente mientras el cuero de sus guantes gritaba enfadado. ─ Me la voy a guardar para usarla en algo útil. ─ Se la puso en uno de sus bolsillos. ─ La flecha que atraviese el cuello de tu hijo será comprada con este septim.─ Pronunció sádicamente y con cierto sarcasmo. ─ Y cuando este llorando y agonizando en los momentos previos a la muerte me descojonaré de ti. ─ Se giró mientras Balgruuf lo mira con rabia. ─ Te crees muy listo, pero acabas de hacer la elección equivocada. Ahora comprobarás porque no se ha de enfurecerme. ─ Marchó mientras sus maliciosas carcajadas resonaban junto al paso de todos los presentes. En el fondo deseaba esto. No por nada lo había provocado para que ocurriera. Algún día lo mataría, de eso estaba seguro.

─ No lo entiendo. ─ Comentó la loba mientras salían del lugar. ─ ¡¿Por qué te dejaste humillar de esa manera?!

─ Todo a su debido tiempo, te aseguro que lo haré sufrir de la peor forma. Tanto, que deseará incluso la muerte a mi presencia. ─ Apretó el puño. ─ Lo haré llorar grasa, pues se quedará sin lágrimas que soltar ni sangre que derramar. ─ Como siempre hacía en sus momentos de rabia hizo notar su presencia, todos callaron ya que podría descargar su rabia con cualquier cosa.

─ ¿Y qué harás con los Barbas Grises? ─ Me atreví a hablar a pesar del miedo.

─ Ya iré algún día, pero por el momento hay asuntos más urgentes que atender. ─ Caminaban mientras salían de los terrenos de la ciudad por un puente al este.

─ ¿Y cuales son? ─ Preguntó Lokir.

─ Los Capa de la Tormenta.

─ Espera, ¿nos vamos a unir a rebeldes? ─ Exclamé muy sorprendida, eso nunca me lo hubiera esperado. ─ ¿De verdad te tomaste en serio la propuesta de Ulfric?

─ No lo hago por la liberación de Skyrim, como ellos lo llaman. Sé que eso es una burda mentira de Ulfric para hacerse con el poder, es lo mismo de siempre, la mentira de siempre. ─ Seguían avanzando por lo que parecía ser a Ventalia cruzando un puente. ─ Tengo mis motivos, y son más que suficientes como para tener que unirme a ellos. ─ Todos callamos, era explicación de sobra. ─ Me importa una mierda si este gélido sitio pertenece al Dominio o a una facción rebelde. El bienestar de Skyrim no es mi problema. ¡Que se jodan los nórdicos, nunca sentiré pena por ellos!─ Reclamaba con decadente furia.

Avanzamos durante dos días en donde pasamos de unos verdes bosques llenos de preciosas flores que alegran la vista a unos blancos y helados más típicos de la zona, bosques más "Skyrim". Todos teníamos frío, las armaduras a veces no abrigan lo suficiente, y sobretodo Sven, el cual, con su armadura de guardia de Carrera Blanca todavía puesta, pasaba más frio que ninguno a pesar de ser nórdico, pero el asesino no parecía afectarle en nada. No se le veía la cara pero a veces sabes que expresión está poniendo con solo verle su único ojo azul claro. Estaba concentrado, no sentía ni frio ni calor y su mirada reflejaba odio, un odio constante hacia los dioses saben qué. "¿Por qué llevaba máscara?" Siempre la tenía puesta, incluso cuando dormía. No ahorraba en tapujos para quitarse el resto de la ropa y mostrar su hercúleo cuerpo pero nunca el rostro. "¿Alguna cicatriz de la que se avergüence? Sería lo más probable, pero no sorprendería que fuese otra cosa aún más extraña." La cuestión aquí es que siempre sabía qué hacer, por donde ir e incluso como reaccionar, era un guerrero muy bueno, casi perfecto pero tal vez demasiado ansioso de sangre. "Quien sabe, a lo mejor acaba llegando a la historia por sus hazañas." Que cojones, ¡ya estaba en los libros de historia! Era un Sangre de Dragón, solo por eso ya figuraba en ellos como toda una leyenda. Como se notaba que en aquel entonces no era consciente de todo, no sabía absolutamente nada y solo podía hacerme una pregunta tras otra. Pero Scott era más, mucho más de lo que dictaba su sangre. Tal vez el Dovahkiin era algo más que el Dovahkiin, tal vez solo era un hombre que anelaba algo más que destrucción. Soy capaz de entender que la gente lo odiara, ¿quien no odiaría a un sádico torturador, asesino, secuestrador, vilador y cínico asesino? Es de cajón, pero todo iba más allá, todo tiene un motivo, su temperamente; su odio; sus acciones e incluso el que ahora mismo esté redactando esto.

De repente mis pensamientos fueron interrumpidos al chocarse con la espalda de mi líder. ─ Bienvenidos a Ventalia. ─ Dijo levantando ambos brazos. ─ Bienvenidos a los Capas de la Tormenta.─ Sin duda sería de las épocas que más acabé aborreciendo en mi vida.


Editado: 1/07/2017