NUESTROS HILOS INVISIBLES DEL DESTINO

Candy estaba acostada pensando el por qué no le había dicho nada Albert.

- Habrá pensado que soy una infantil al querer que me lo pidiera formalmente y si a lo mejor ya se arrepintió, ¿qué voy hacer ahora? Le diré que no me importa que no me lo haya pedido yo acepto.

Candy se quedó pensativa hasta quedarse dormida; cuando despertó eran casi las cuatro de la tarde, escuchó el teléfono sonar.

- Hola Candy, ¿tienes tiempo de haberte despertado?

- No, acabo de despertar, ¿acaso me hablas para cancelar nuestra cita?

- Claro que no Candy, paso por ti a las seis espero que estés lista.

- Claro, te veo en recepción chao.

Candy se quedó más confundida, porque Albert fue muy seco y distante. Se comenzó a arreglar.

Se puso un vestido largo con encaje; en la parte superior tenía un corte en V, lo cual pronunciaba sus senos, la parte de atrás era escotado hasta la parte inferior de su espalda, técnicamente su espalda quedó descubierta, el traje era de un color rosa de palo. Además de usar unas zapatillas color plateadas, su peinado era recogido con una trenza como corona y con varios rizos traviesos sobre su cara y hombros, su maquillaje era sutil nada exagerado.

- Llegó la hora tendré que hacer todo para que Albert aún se quiera casar conmigo.

Al sonar el teléfono Candy contestó.

- Bueno...

- Buenas noches señorita Candy, la están esperando en recepción

- Gracias, en un momento bajo.

- ¿Por qué me hace esto? Él pudo haberme llamado, ¿por qué actúa así? ¿Será que acaso me quiere terminar? No pienses en esas cosas Candy, él no es así.

Candy bajó lentamente; lo vio ahí parado con un smoking color blanco sin corbata muy casual.

Se ve tan guapo, esos hermosos ojos azules resaltan aún más, pero ¿Por qué no me mira? Así podría saber qué es lo que tiene.

- ¿Nos vamos?

- Claro.

EN EL AUTO.

¿Por qué no me dice nada? ¡Que frustración! Tendré que dar el primer paso.

- Te ves muy guapo Albert.

- Gracias Candy tu igual oye te quería preguntar, ¿si ya tienes hambre o me puedes acompañar a otro lugar? Si no te importa.

¿Qué Le Pasa? Se supone que era una noche para nosotros dos y para colmo no me voltea a ver, esto me huele mal.

- Claro, no te preocupes…

Llegaron a un hermoso jardín la entrada era un túnel de platas y flores, en el interior del túnel habían luces y en el suelo pétalos de rosas color blanco con rojo.

- ¿Qué significa esto Albert?

- Pues, como no pude hacerte una propuesta como se debe pues…

Candy vio a una persona al final del camino.

- Nos casaremos Candy, eres el amor de mi vida y quiero compartir mi vida contigo la juez viene a casarnos.

- Pero Albert no me estas mintiendo, ¿una juez a esta hora y en este lugar? Por favor, no juegues conmigo.

- Son las ventajas de ser un Andrew, dime, ¿quieres ser la señora Andrew?

- ¡Claro que acepto!

- La tomó por la mano e iniciaron la marcha nupcial hasta quedar frente a la jueza.

- Buenas noches señores, ¿podemos comenzar?

- ¡Claro!

Dijeron los dos en unísono

- Estamos aquí para certificar ante la ley el matrimonio de la señorita Candy White y el señor William Albert Andrew. Señorita Candy, ¿acepta al señor William Albert Andrew como su legi ….?- Candy la interrumpió.

- ¿Puedo decir mis propios votos?

- Sí.

- Te tomo a ti Albert como mi esposo para cuidarte y atesorarte estar contigo en las buenas, pero más en las malas estar ahí cuando te caigas para poderte sostenerte ser tu sustento en situaciones difíciles ser tu fortaleza y amarte por siempre te acepto como mi amigo, mi amante, mi esposo y el padre de mis hijos.

Candy derramó algunas lágrimas de emoción al igual que Albert.

- ¿Dígame señor usted también quiere decir sus votos?

- Claro. Candy te tomo como mi esposa para cuidarte y protegerte tenerte a mi lado siempre, gracias por ser parte de mi vida y te juro que siempre estaré para ti eres lo mejor que me ha pasado y le doy gracias a Dios por ponerte en mi camino para poderte amar y, créeme que nunca te haré daño ni dejaré que nadie te lo haga, deseo que seas muy feliz a mi lado te amo Candy.

- Sin más que decir y bajo el poder que la ley me otorga los declaro marido y mujer; señores Andrew, por favor firmen.

Los dos firmaron.

- Ahora si puede besar a su esposa señor.

Albert la agarró por la cintura para aproximarla a su cuerpo.

- Te vez hermosa, pareces un ángel pensaste que no lo había notado, ¿verdad? Pero te digo algo, te ves mucho mejor sin ropa amada esposa.

Candy se ruborizó de inmediato. Albert se echó a reír por lo sonrojada que estaba.

- No tienes por qué ponerte así, ahora eres mi esposa ante la ley-

Se besaron lentamente, pero al a vez apasionadamente.

- Te amo mí amor, ¿quién iba a imaginar que en este viaje me convertiría en la señora Andrew?

Continuara…

Gracias por leer