Aquellos que traman:
—Yori, creo que esto no está del todo bien —le dijo Yuki a su amiga mientras miraba con ojo crítico el pastel que acababa de sacar del horno—. ¿Por qué ha quedado hundido en el centro?
—Porque no has esperado el tiempo necesario antes de sacarlo. Te dije que no podías abrir la puerta del horno a cada momento —la regaño Sayori pero al ver la cara de tristeza de su amiga le sonrió para animarla—. Cuando lo decoremos, quedará mucho mejor.
—¡Por más que lo intento no me resulta! Zero se va a burlar de mi —Yuki miró el pastel deforme planteándose la opción de tirarlo a la basura antes de que alguien lo viera—. ¿Y si sabe mal? ¿Cómo podemos estar seguras de que no terminaré envenenando a alguien con él?
Yori se acercó hasta el humeante biscocho y cortó un pedacito que se llevó a la boca. Después de degustarlo, asintió satisfecha.
—Te has pasado un poco con el azúcar, pero por lo demás no está tan mal. Creo que si lo cubrimos con chocolate para que no esté tan dulce, sabrá muy bien. Además, el esfuerzo es lo que cuenta, ¿no crees?
Aquella tarde de sábado, Sayori había ido a ayudarla para hacer un pastel. Yuki era consciente de que sus habilidades en la cocina eran muy malas, pero como Zero ya se encontraba mucho mejor y ella se sentía tan contenta, había pensado cocinar algo especial para él. El problema era que casi siempre sus esfuerzos no eran lo que ella hubiera deseado, pero por lo menos el pastel estaba pasable. Quizas podía convencer a su amiga para que lo decorara y así no luciera tan mal.
Justamente estaba a punto de plantearle aquella idea a Yori cuando llamaron a la puerta. Zero estaba durmiendo y no quería que se despertara aun, así que corrió a ver quien era, pero nada más abrir tuvo que contenerse para no cerrar nuevamente de golpe.
—Hola, Yuki.
¿Qué demonios estaba haciendo Maria Kurenai en su casa?, pensó desesperada Yuki mientras le dedicaba una vacua sonrisa.
Si era honesta consigo misma, la chica no le desagradaba. Siempre había sido amable con ella y hasta cierto punto le parecía encantadora, pero después del encuentro del café, donde la vio tan interesada en Zero, simplemente no la soportaba. Era una actitud infantil por su parte, y lo sabía, pero no podía evitarlo.
—Eh… hola —le dijo mientras se recordaba que tenía que ser educada—. ¿Te gustaría pasar?
Maria asintió y la siguió obedientemente hasta el salón. Justo en ese momento Yori salió de la cocina y al ver quien era su visita abrió los ojos de par en par con incredulidad. Luego, la muy traidora, volvió a esconderse dejándola sola con la recién llegada.
—Siento haber venido sin avisar —comenzó a decirle Maria mientras tomaba asiento en uno de los sillones del salón y jugaba nerviosamente con el bajo de su vestido. La miró con ojos llenos de preocupación—. Estos días, no he visto a Zero en la universidad y me preguntaba si estaría en casa. ¿Podría hablar con él un momento?
No, fue la respuesta inmediata que acudió a la cabeza de Yuki en ese momento, sin embargo su boca parecía incapaz de pronunciarla. Aquella chica la seguía mirando con sus ojos plateados, aparentemente inocentes, mientras ella por dentro tenía ganas de abofetearla. ¿De verdad había tenido el descaro de ir hasta su propia casa a preguntar por Zero después de lo ocurrido? Era increíble.
—Zero está enfermo. No se encuentra bien como para recibir visitas, así que lo siento mucho, pero no podrás verlo —Yuki le sonrió como una autómata mientras seguía allí de pie sin saber que más hacer sin parecer una demente celosa—. ¿Quieres dejarle algún mensaje? Te prometo se lo daré cuando se despierte y él se pondrá en contacto contigo.
No se lo daría ni aunque estuviera a punto de morir, se dijo. Y algo similar debió pasar por la cabeza de Maria, pues a pesar de parecer tentada en un comienzo, negó con rotundidad y se puso de pie.
—Lo siento, Yuki, pero necesito hablar personalmente con Zero. Sé que ambos están muy unidos pero esto es… es un asunto personal y muy importante. Si no es problema, vendré a verle mañana. ¿A que hora crees que sería la más apropiada? No me gustaría molestarlos…
—No.
Maria se quedó callada de inmediato ante la firmeza de su negación. Incluso ella misma estaba sorprendida de haber sido capaz de hacer algo así.
—¿Mañana no es un buen día o es que simplemente prefieres que no venga en ningún momento? —le preguntó la joven con un aplomo increíble, sobre todo tratándose de alguien tan tímida.
—Maria, de verdad lamento tener que decirte esto, pero no quiero que sigas buscando a Zero —Yuki notó como se ruborizaba por lo violenta que le resultaba aquella situación, y al parecer para la otra chica estaba siendo igual de difícil—. Comprendo que en un comienzo pudieras pensar que él estaba… disponible, pero en estos momentos… ¡Dios, esto es horrible!
Se llevó las manos al rostro para intentar tranquilizarse un poco y notó con consternación el que Maria se había acercado hasta ella para darle palmaditas de consuelo en la espalda y la miraba con aflicción. ¿Cómo podía odiar a una persona así aunque esta intentara quitarle a su novio?
—Solo necesito hablar con él —le dijo la chica en apenas un murmullo—. Es verdad que Zero me interesaba, pero lo que me ha traído hasta aquí es algo mucho más importante que eso.
—Lo mejor es que te vayas, Maria —Yuki se apartó de su lado y le dedicó una leve sonrisa mientras intentaba ahogar la culpa que crecía en su interior—. Este no es un buen momento para hablar con Zero y además para mí, sigue siendo difícil después de lo que ocurrió en el café.
—¡No puedes ser tan rencorosa por algo que solo fue una simple coincidencia! —le dijo la joven con vehemencia. Su rostro reflejaba determinación y desesperación a partes iguales, haciéndola parecer profundamente diferente—. ¡Yuki, de verdad necesito hablar con Zero!
Aquella extraña fortaleza que vio en Maria Kurenai en aquel momento, fue la que determinó a Yuki sobre no dejarla aproximarse a Zero mientras viviera. Siempre la había considerado bastante frágil y poquita cosa, pero en esos momentos realmente le daba miedo saber hasta donde podría llegar esa muchacha para conseguir lo que quería.
—¡Olvídalo! —le dijo furiosa—. ¡Me da absolutamente igual lo que quieras de él! ¡Pero te advierto que te mantengas alejada o no seré responsable de lo que haga!
—Dios mío, que infantil eres —le dijo Maria con evidente frustración dedicándole luego una mirada cargada de reprobación—. Si tengo que hablar con Zero, es por un asunto urgente y muy importante. Pero al parecer tú no eres capaz de pensar más que en tonterías.
—¡Te he dicho que me importa bien poco lo que tengas que decirle! ¡Solo quiero que no te acerques a mi novio!
—Como quieras. Ya hablaré con él en la universidad.
—Maria, lo digo en serio —le dijo Yuki un poco más calmada a pesar de seguir estando convencida de que aquella chica solo traería problemas—. No quiero que hables con Zero.
Ambas se quedaron mirando fijamente. Enfadadas y decididas a no dejarse ganar por la otra, hasta que los pasos de alguien que bajaba por la escalera las alertó de la pronta intrusión. Suponiendo de quien se trataba, Yuki corrió para encontrarse con Zero antes de que este entrara al salón.
Él la miró extrañado. Estaba despeinado e iba descalzo, por lo que supuso que acababa de despertarse. ¿Cómo podía tener tan mala suerte?
—Deja de gritar, quieres. Haces que me duela la cabeza —le dijo Zero mientras posaba la mano en su barbilla y le daba un ligero apretón—. ¿Por qué has hecho todo este escándalo? ¿Estas discutiendo con Sayori? ¿Has incendiado la cocina? Creo que huelo a quemado.
Justo en ese instante los ojos violeta de él se posaron en un punto tras ella y Yuki comprendió de inmediato de quien se trataba. Se volvió deprisa justo a tiempo de ver como Maria le sonreía abiertamente y lo saludaba con un gesto de la mano.
—Hola, Zero. Lamento interrumpir de este modo, pero me preguntaba si podría hablar unos minutos contigo de algo importante —le dijo Maria con dulzura—. En privado si es posible.
—Eh… claro —respondió él sin ser consciente de lo que aquellas simples palabras significaban realmente.
En aquel preciso instante, al ver la evidente satisfacción en el rostro de la joven, Yuki comprendió que iba a cometer un asesinato.
Zero apenas tuvo tiempo de sujetar a Yuki por la cintura y pegarla a él antes de que hiciera no sabía que tontería. Durante unos instantes ella se revolvió enojada para que la soltara, pero poco a poco se fue tranquilizando hasta que simplemente dejó de luchar. Como estaba de espaldas a él no podía verle el rostro, pero estaba convencido de que no parecería demasiado feliz.
Observó con curiosidad a Maria Kurenai que no les quitaba los ojos de encima y parecía incluso un poco asustada. No podía imaginar que querría esa chica de él, pero había dicho que se trataba de un asunto importante. Esperaba que fuera algo que realmente valiera la pena. Y el enfado de Yuki.
Ella se volvió para mirarlo con ojos entrecerrados.
—Ni se te ocurra hablar con ella —le siseó por lo bajo—. No quiero que te quedes solo con esa chica. Si lo haces no te lo perdonare, Zero.
¡Dios, las mujeres eran un problema! ¿Qué debía hacer? Si hablaba con Maria, seguramente Yuki querría sacarles los ojos a ambos; pero si la otra chica había ido expresamente ha hablar con él, tampoco podía despacharla sin más. E intentar que ambas compartieran la misma habitación parecía un suicidio. Estaba enfermo, sí, pero aun no había perdido completamente el juicio.
Cuando vio aparecer a Sayori desde la cocina, no sabía si dar gracias al Cielo por ello, o gemir de frustración.
—Hola, Maria. Que sorpresa verte aquí —la saludo Yori con su habitual buena educación haciendo caso omiso a toda la tensión reinante. Luego lo miró a él con evidente diversión ante lo que estaba ocurriendo—. Me alegra ver que ya te encuentras mejor, Zero. Como al parecer no necesitas ayuda, te robaré por un momento la atención de Yuki si no te molesta.
Ni siquiera les dio tiempo a reaccionar, porque con una eficacia y fuerza sorprendente para ser alguien de apariencia tan delicada, la joven tomó a Yuki de un brazo y prácticamente la arrastró hasta la cocina sin perder la compostura ni la sonrisa. Ahora comprendía porque Kaito decía que en ocasiones Sayori daba miedo.
—No quiero que pienses que solo he venido hasta aquí para darte problemas —se apresuró a aclararla Maria una vez estuvieron a solas—. Lamento que las cosas con Yuki hayan llegado hasta este punto, pero en verdad tenía que hablar contigo.
—Comprendo, pero eso no me evitará los problemas con ella, ¿sabes? —pasó a su lado sin mirarla, se dirigió hasta el salón y se dejó caer en el sofá. Maria se sentó recatadamente frente a él. La imagen perfecta de la inocencia y el arrepentimiento—. Realmente espero que lo que tengas que decirme sea importante, Maria. Por lo general no me gusta perder el tiempo con tonterías.
—Yo… bueno. La verdad es que he averiguado un par de cosas sobre ti que me han dejado intrigada. Yuki me contó que vivían juntos desde hace bastante tiempo. Que son como una familia. Entonces, investigando un poco supe que no tenías padres y que por ese motivo el padre de Yuki te había criado. ¿No tienes más familia, Zero? ¿Abuelos, tíos, primos?
Entre todas las cosas que habían pasado por su cabeza, aquello realmente no se lo esperaba. Aunque no era precisamente un secreto, muy pocas personas sabían que no tenía más familia aparte de Kaien y Yuki. ¿Por qué Maria Kurenai había averiguado cosas sobre él? No era tan presuntuoso como para creer que solo se tratara del interés de una chica que se sintiera atraída por él. Estaba seguro de que debía existir otro motivo, pero, ¿qué?
Zero se tomó su tiempo antes de responderle. Atento completamente a la expresión de la joven, esperando descubrir algo que la delatara.
—No tengo más familia, que yo sepa. Mis padres murieron y Kaien Cross se hiso cargo de mi porque me conocía de pequeño. El hecho de que trabajara en una escuela y tuviera una hija de una edad similar a la mía, lo convirtieron en el candidato apropiado. ¿Estas satisfecha? Espero que sí, porque no suelo hablar de mi pasado con personas a las que apenas conozco. ¿Por qué quieres saber de mí?
Maria se ruborizó visiblemente. Estaba avergonzada y él sabía que la estaba haciendo sentirse incomoda a propósito para romper aquella perfecta compostura. Lo había irritado, eso era cierto, pero no solo estaba molesto con ella por generarle problemas con Yuki que no quería ni merecía, sino que también porque el hecho de que investigara en su pasado no le agradaba. Aquella muchacha seguía pareciéndole levemente familiar, pero no podía recordar a quien se parecía.
—Curiosidad, supongo —le dijo ella intentando aparentar una despreocupación que evidentemente no sentía—. Me ha parecido extraño el hecho de que te encontraras tan solo en el mundo.
—Mentirosa —Zero sonrió al ver lo confundida que parecía ante su declaración—. Por lo general, se me da muy bien saber cuando me mienten y tú lo haces bastante mal, Maria. ¿Qué es lo que quieres realmente de mí?
La vio dudar. Debatirse entre la necesidad de guardar silencio para conservar aquella pequeña ventaja que parecía tener y a la vez desear ansiosa contarle toda la verdad. Pero lamentablemente para él, ganó el miedo.
—Debo marcharme. Lo siento mucho, pero me esperan en casa —ella se apresuró a ponerse de pie.
A pesar de encontrarse ya bastante mejor, Zero aun se notaba un poco cansado y aquella sorpresiva visita solo había servido para agotarlo aun más. Por ese motivo no opuso resistencia a la repentina marcha de Maria y la siguió hasta la puerta de casa respetando su silencio.
—Por favor, dile a Yuki que no quería darle problemas. Que comprendo como se siente, pero mis intenciones jamás fueron malas.
Zero asintió y Maria le sonrió con timidez.
—¿Me contaras la verdad en algún momento?
Ella lo miró con evidente pesar, como si el secreto que guardara la atormentara muchísimo pero aun así no pudiera confiárselo a él.
—Quizas en otra oportunidad —le dijo ella cuando salía fuera. Un coche la estaba esperando, sin embargo antes de subirse en él, se volvió a mirarlo un poco preocupada—. Zero, se que me has dicho que tus padres están muertos, pero me preguntaba, ¿nunca tuviste un hermano?
Pensó en no responderle, porque aquel asunto simplemente no era de su incumbencia, aun así, quizás motivado por aquella extraña sensación que lo estaba invadiendo, decidió hacerlo.
—Tuve un hermano. Gemelo. Está muerto igual que mis padres.
Maria lo miró llena de genuino asombro antes de recuperar la compostura y meterse a toda prisa en el coche. Zero la vio marchar mientras intentaba encontrar las respuestas a la avalancha de preguntas que le rondaban por la cabeza.
Sin muchas ganas, se dirigió hacia la cocina donde Yuki y Sayori decoraban un pastel. O mejor dicho, Yori lo hacía, ya que Yuki solo se dedicaba a lanzarle miradas asesinas al biscocho como si este tuviera la culpa de todos sus problemas.
—Mmm… ¿Por qué han hecho un pastel? —les preguntó a ambas mientras se acercaba hasta donde se encontraba Yuki.
Ella se apartó, dejando claro que no quería estar a su lado.
—Yuki lo ha hecho para ti —respondió alegremente Sayori aun concentrada en su tarea—. Como ya te encuentras mejor…
—Pero ahora eres hombre muerto. No quiero que vuelvas ha hablarme en la vida —le espetó ella antes de salir furiosa de la cocina.
Zero cerró los ojos y dejó escapar un suspiro de frustración. Oyó a Sayori reírse y la miró con suspicacia.
—¿Te parece divertido?
—Bastante —reconoció ella con una sonrisa—. Además, Kiryu, deberías darme las gracias por haberte quitado a Yuki de encima durante unos minutos, creo que realmente podría haber matado a esa pobre chica. Por cierto, ¿has podido hablar con Maria?
—Mmm, sí. Pero no ha dicho nada que haya valido realmente la pena —Zero fue a meter un dedo en el chocolate del pastel pero ella lo apartó de un manotazo—. No he podido averiguar para que ha venido realmente.
—¿No será solo porque le gustas?
—Claro que no. Ya le había dejado claro que no estaba interesado.
—Porque ahora estas con Yuki, ¿verdad?
Zero notó como se ruborizaba al sentir la atención con que Yori lo miraba tras oír sus palabras. Nunca había sido bueno admitiendo sus sentimientos ante nadie, y la única excepción ante eso era Yuki y en algunas pocas ocasiones, Kaito. Que otra chica le estuviera preguntando sobre la relación que tenía con su amiga le parecía más de lo que se creía capaz de soportar.
Sayori negó divertida ante su reticencia y le indicó con la mano la puerta de la cocina.
—Vete a buscarla y prepárate para pedir disculpas de rodillas si es necesario. Está furiosa contigo por lo de Maria Kurenai.
—¡Pero si yo no he hecho nada! —se defendió ofendido sin poderse creer aquello—. Ella fue la que vino a verme a mí. Yo aquí soy la víctima.
—Pobre, Zero. Que poco conoces a las mujeres —Yori le dio unas palmaditas en la espalda y se echó a reír—. Esa tonta amiga mía está celosa, y si no pudo desquitarse con Maria, lo hará con el culpable que ha provocado la aparición de esos sentimientos tan horribles, o sea, tú. Buena suerte.
Obedientemente se fue a buscarla. No quería que Yuki estuviera enfadada y menos por una tontería. Para él las cosas habían quedado solucionadas entre ambos el día anterior. Bueno, tendría que esforzarse y recordarle que había cosas importantes que los unían a ambos. Tan importantes como que ella era lo que más quería en la vida y por lo cual jamás se arriesgaría a perderla.
Porque la amaba.
Estaba harto y furioso por lo que había ocurrido el día anterior, pensó Kaname. Su discusión con Yuki lo había alterado más de la cuenta y en ese momento todos sus planes se habían desbaratado un poco. No demasiado, claro, pero sí lo suficiente como para molestarlo. No le gustaba perder, y el hecho de que ella lo hubiera dejado para quedarse con Kiryu le parecía una clara derrota.
No se lo había esperado. A pesar de ser consciente de que dejar a Yuki libre para que tomara sus decisiones era un riesgo, siempre había contado con el hecho de que ella le quería lo suficiente para dejar atrás aquellas estúpidas ideas y que una vez satisfecha su curiosidad, volvería tranquila y obedientemente a su lado. Agradecida por su paciencia, la comprensión y el tiempo que le había dado. Pero las cosas no ocurrieron así, porque aquel idiota se metió en medio arruinando su vida.
Quería matarlo.
Solo era cuestión de tiempo, se recordó. Solo era cuestión de tiempo.
Y cuando Kiryu ya no estuviera allí para inmiscuirse, Yuki regresaría a su lado y él podría a volver a tener paz. Ella le pertenecía, y no la iba a dejar escapar jamás, por mucho que lo intentara.
Al abrir la puerta de la habitación donde Shizuka estaba encerrada, esperaba encontrarse una imagen similar a la de los días anteriores, con aquella mujer furiosa y dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias por defender su libertad, pero para su sorpresa ella estaba sentada y en silencio. Observándolo atentamente con sus ojos rojizos.
—Que recibimiento más agradable —le dijo Kaname con una sonrisa mientras se apoyaba en el marco de la puerta para estudiarla con detenimiento—. ¿No vas a atacarme ni maldecirme esta vez?
Shizuka también sonrió lánguidamente.
—Me he cansado de luchar —reconoció ella y con un vago gesto de su mano le señaló la habitación donde se encontraban—. He comprendido que seré incapaz de salir de aquí por mis propios medios, y la única persona que hubiera estado dispuesta a ayudarme, ahora está muerta. ¿De que me sirve oponerme a lo inevitable?
—De nada, porque no podrías salir de aquí viva, a menos que hayas pensado en mi oferta y estés dispuesta a aceptarla. ¿Tienes buenas noticias para mí?
Kaname notó de inmediato como la rabia asomaba a sus ojos pero, con una determinación asombrosa, Shizuka logró mantenerla rápidamente bajo control. Eso era admirable en alguien que se encontrara en semejante situación. Quizas su contacto tuviera razón y aquella mujer fuera una demente, pero a pesar de ello seguía siendo inteligente y valiente.
—Lo hare. Mataré a Zero Kiryu por ti —le contestó ella con seguridad.
Una sonrisa de puro deleite asomó a sus labios sin que pudiera evitarlo. No es que hubiera dudado de su plan, pero durante los últimos días, Kaname se había preparado para que Shizuka la presentará una batalla feroz. Pero ella había cedido con sorprendente facilidad.
No era tan ingenuo como para creer que aquella mujer sería fácil de tratar ni mucho menos se convertiría en su mascota obediente, pero se conformaba con el hecho de que cumpliera con su parte del acuerdo y eliminará a Kiryu de una vez por todas. Sin que ninguna sospecha pudiera recaer sobre él, claro.
—Has tomado la decisión adecuada.
—¿En verdad lo crees? Porque para mi, hacer un trato contigo es como hacerlo con el Demonio, pero no tengo más opción.
Arriesgándose un poco, Kaname se acercó hasta donde Shizuka se encontraba y se acuclilló frente a ella para quedar a su misma altura. Aquello era claramente un peligro, porque en aquella postura y con tan poca distancia entre ellos podría atacarlo con facilidad, pero en aquel momento su mayor prioridad era ganarse su confianza, o por lo menos, hacerla sentir un poco más segura en su presencia.
—No quiero que luches contra mi, Shizuka. ¿Es que no ves que podemos ser aliados y beneficiarnos mutuamente? —tomó sus manos y las notó frías, aunque sin embargo no temblaban ni estaban húmedas. Esa mujer tenía un gran autocontrol cuando se lo proponía, y eso le gustaba—. Solo ayúdame, y te prometo yo no permitiré que nadie te haga daño.
Ella soltó una carcajada completamente carente de humor, sin embargo seguía estando allí tranquila, aceptando aquella situación lo mejor posible.
—Confiar en ti, dices. No soy tan estúpida. Te he dicho que haré lo que quieres porque en parte también es lo que yo deseo, ya que tengo cuentas pendientes con ese chico. Pero lo haremos a mi manera, Kaname. Cuando quiera y como me sea más conveniente.
—Mmm… podría aceptarlo, mientras te encargues de que sufra. No quiero una muerte rápida y limpia para él.
—Y no la tendrá, pero todo se hará bajo mis condiciones —Shizuka apartó las manos de las suyas, obligándolo a ponerse de pie cuando ella misma se levantó de la cama—. La vez anterior cometí el error de permitir que otros interfirieran en mi plan y se cometieron muchas equivocaciones. En esta ocasión, no quiero fallos que pongan mi seguridad en peligro.
—Perfecto —accedió Kaname—. ¿Qué es lo que necesitas para llevar a cabo tu parte del trato?
—Lo primero, es salir de este sitio —le dijo mientras miraba con evidente desagrado aquella habitación que había sido su prisión durante los anteriores días—. Necesito un lugar tranquilo y discreto donde prepararme.
—Me parece justo. Lo tendrás para mañana, si soportas quedarte un día más aquí.
Ella asintió.
—Luego, solo necesitaré dos semanas —una sonrisa apareció en los labios de Shizuka otorgándole a su bello rostro un aspecto encantador—. En dos semanas más, Zero Kiryu estará muerto y yo seré libre para siembre de ti y tu familia, Kaname Kuran. Ese será mi pago: mi libertad sin condición alguna, ¿estas de acuerdo?
Kaname se acercó hasta ella lo suficiente para poder sujetarle la barbilla y besarla en la mejilla. Al apartarse, pudo apreciar en sus ojos el profundo odio y rencor que aquella mujer sentía por él y se regocijó por ello. Por mucho que se necesitaran en ese momento para ganar ambos su libertad, no perderían jamás de vista el verdadero motivo de su unión.
—Completamente, Shizuka —le dijo satisfecho—. Una vez que Kiryu deje de ser un problema para mí, serás libre y podrás olvidarte para siempre de la familia Kuran. Te doy mi palabra de que no volveremos a molestarte nunca más y pasarás el resto de tus días en paz.
Sin perder más tiempo ni esperar su respuesta, la dejó nuevamente encerrada en aquella habitación. Tenía muchas cosas que hacer aquella tarde, y así prepararlo todo para facilitarle las cosas a su pequeña marioneta asesina.
Darle libertad, sí, pero mantener un férreo control sobre ella. Shizuka podía ser inteligente y acatar sus normas a la perfección, pero no estaba dispuesto a arriesgarse y que ella se descontrolara antes de tiempo.
Kaname estaba más que dispuesto a concederle la tranquilidad que tanto deseaba, sí. Pero no de la forma que ella creía. Una vez Shizuka Hiou hubiese matado a Kiryu, ella sufriría el mismo destino.
Solo dos semanas más, se dijo. Dos largas semanas para borrar aquel error de hacía once años, porque tanto Kiryu como Shizuka debieron haber muerto también en aquella masacre.
A pesar de que todo estaba resultando mejor de lo que esperaba, se sentía un poco triste y solo. Extrañaba a Yuki y hubiera deseado desesperadamente estar con ella, pero por culpa de aquel imbécil no podía.
Pronto, se recordó. Pronto podrían volver a estar juntos, y esa vez no la dejaría escapar nunca más de su lado y así tendrían la vida que él siempre había deseado para ambos.
Porque la amaba y necesitaba desesperadamente.
Yuki estaba sentada en el alfeizar y observaba por la ventana abierta de su habitación como el cielo se iba volviendo cada vez más gris hasta que comenzó a lucir amenazador. Probablemente en las horas venideras se desataría una tormenta. Podía oler la lluvia en el aire.
Se rodeó las piernas con los brazos y apoyó la frente en ellas. A pesar de que no quería llorar no podía evitarlo y las lágrimas habían terminado rodando por sus mejillas. Estaba furiosa con ella misma por lo infantil de su reacción, con Zero por acceder ha hablar con Maria y con aquella joven por atreverse a romper con su visita la pequeña burbuja de felicidad en la que estaba habitando. Se sentía tan frustrada.
Yori la había reprendido por su comportamiento y era consiente de que en parte su amiga tenía razón. Zero jamás le había dado un motivo para dudar de él, pero el problema era ella, que muchas veces no se sentía lo bastante buena. Quizas fuera una consecuencia de sus años junto a Kaname, en los que siempre se sintió poca cosa y minimizada a su lado. Insignificante y afortunada por haber logrado que él se fijara en ella. Zero nunca la hacía sentirse así, pero en algunas ocasiones cuando aparecía otra chica…
No tuvo que mirar para saber que él había entrado en su habitación. De algún modo podía percibir su presencia a pesar de que era sigiloso. Siempre había podido hacerlo, como si de algún modo estuvieran conectados.
Él posó una mano sobre su cabeza con suavidad y le acarició el cabello. Yuki sabía que no iba a presionarla para que hablaran ni iba ha iniciar una confrontación entre ellos en aquel momento. Ella tampoco la quería.
Giró levemente el rostro y lo miró.
—No me gusta que llores por tonterías —le dijo él mientras apartaba la mano de su cabello y la secaba las lágrimas con ternura—. De hecho, no me gusta que llores en absoluto.
—Tienes que pensar que soy una tonta —le dijo ella avergonzada.
Zero se arrodillo a su lado, le dio un beso en la nariz y apoyó su frente en la suya.
—Claro que no, simplemente eres humana —se apartó un poco y le sonrió—. ¿No vas a matarme?
—No —Yuki volvió a esconder el rostro en sus rodillas—. Siento haberte dicho esa tontería. Estaba un poco enfadada.
—Yuki, mírame.
Ella obedeció a pesar de lo avergonzada que se sentía, y el hecho de que Zero se lo estuviera tomando tan bien la hacía sentir aun peor. A pesar de todo el tiempo que se conocían, las cosas en su insipiente relación se habían dado de manera tan rápida que en ocasiones la asustaban profundamente.
—Lo siento. Lo siento mucho —volvió a disculparse ella.
Zero la hizo apartarse un poco para sentarse a su lado en el alfeizar, instándola luego a recostarse contra él mientras la rodeaba con sus brazos.
—No sé que te ocurrió con Maria Kurenai, pero… me sorprendió un poco —le dijo él y se puso a reír—. Por un momento temí que le intentaras sacar los ojos. ¡Dios, estabas furiosa!
—Lo pensé —reconoció Yuki relajándose por fin al sentirlo junto a ella—. ¿Cómo no te has cuenta de que le gustas, Zero? Cuando te vio parecía horriblemente feliz. La odio. Por cierto, ¿de que quería hablar contigo?
—Mmm… no lo tengo muy claro. Me preguntó por mi familia. Dijo que había averiguado algunas cosas sobre mí y sabía que no era hijo de Kaien. También estaba al corriente de que mis padres están muertos. Quería saber si tenía hermanos.
—¿Solo eso? —Yuki lo notó asentir y que la estrechaba aun más entre sus brazos—. Es extraño que haya venido solo por algo así.
—Lo sé. Pero olvidémonos de eso, ¿vale? —Zero la besó suavemente en el cuello y se acercó a su oído para susurrarle—. Yori me aconsejó que te pidiera disculpas de rodillas si era necesario para que me perdonaras, ¿quieres que lo haga?
Yuki se giró un para poder mirarlo. A pesar de que su sonrisa denotaba que aquello era parte de aquel juego, cierta determinación en sus ojos le decía que por el contrario, se tomaba su perdón tan en serio como para plantearse hacer lo que su amiga le había sugerido.
—Realmente lo harías si te lo pido, ¿verdad? —le acarició le mejilla con la punta de los dedos notando como un sentimiento cálido y profundo comenzaba a tomar vida dentro de ella—. No quiero que hagas algo así por mí. Nunca.
—Haría lo que fuera por ti —le dijo él, y sus palabras tenían una sinceridad tan intensa que la abrumaron—. No quiero que te arrepientas nunca de haberme elegido a mí.
Durante unos minutos, se quedaron simplemente así, mirándose el uno al otro. Zero también tenía miedo, se dijo Yuki al comprender la complejidad que aquella confesión encerraba. Al igual que ella, él temía no ser lo suficientemente bueno para merecerla.
—¿Por qué me has elegido a mi, Zero? —le preguntó y notó con horror como se le quebraba la voz y se le llenaban nuevamente los ojos de lágrimas—. Soy desastrosa. Tengo un montón de defectos y tú podrías… haber elegido a alguien mejor. No comprendo porque puedes quererme cuando en muchas ocasiones solo te he traído problemas e infelicidad.
—No quererte nunca fue una opción —él le acarició la mejilla instándola para que volviera a mirarlo—. No te elegí, ¿sabes? De a poco te me fuiste metiendo dentro y en algún momento me di cuenta de que amarte de esta manera ya era algo inevitable. No fuiste mi elección y me alegro por eso, ya que creo que si hubiera estado en mis manos, no lo hubiera hecho tan bien. Para mí, Yuki, tú eres un regalo.
Aquello, pensó, era la diferencia y el motivo por el cual había tomado la decisión de estar junto a Zero. Porque a pesar de estar lejos se ser perfecta, con él sentía que estaba un paso más cerca de conseguirlo. Porque la hacía sentirse segura de si misma, y capaz de conseguir lo que se propusiera. Ninguno de ellos se había exigido nada jamás, y sin embargo habían hecho lo posible por dar lo mejor de si mismos por el otro. ¿Por qué habían tardado tanto tiempo en darse cuenta de que debían estar juntos? Quizas, fuera porque tenían que esperar el momento adecuado para encontrarse.
—Soy tu peor elección —le dijo ella repitiendo las palabras que él mismo le había dicho en una ocasión—. Pero también soy demasiado egoísta como para dejarte ir ahora. No puedo prometerte que las cosas entre nosotros vayan a ser fáciles y sé que aunque no lo quiera, lograré que en muchas ocasiones te enfades conmigo… Pero puedo amarte, Zero. Con tu pasado, tus rabias y tus miedos. Con lo que el futuro nos depare a los dos. Puedo amarte, y nunca arrepentirme de ello. ¿Te basta con eso?
Su respuesta fue envolverla entre sus brazos y besarla lenta y apasionadamente, hasta que todas aquellas dudas y miedos dejaron de tener relevancia, porque para Yuki, aquello era más que suficiente. A veces, pensó, las palabras estaban de más. Sobre todo cuando los sentimientos de aquellos que necesitaban expresarlos eran tan grandes, profundos y complejos que unas cuantas frases no bastarían nunca para describirlos. Cuando eran tan súbitos y violentos como la tormenta que estaba comenzando a gestarse fuera y también dentro de su corazón.
Durante la media hora siguiente se quedaron sentados en el alfeizar de la ventana. Abrazados y en silencio observando como el cielo poco a poco se iba oscureciendo y el viento arreciaba furioso contra los árboles, castigando sus ramas y obligándolas a inclinarse a su paso.
Yuki apoyó la cabeza en el pecho de Zero y cerrando los ojos se concentró en oír los latidos de su corazón. Nunca había pensado que el destino podía guiar su vida, pero en aquel momento, dejándose envolver por sus brazos y notando el calor que desprendía su cuerpo, se dijo que quizás tuviera que replanteárselo. Siendo niños, la vida de ambos había cambiado irremediablemente. No hubieran debido conocerse nunca, y sin embargo habían terminado encontrándose. ¿Destino?, se preguntó mentalmente. O quizás, solo suerte. Como fuera, estaba satisfecha con el resultado.
—Te he hecho un pastel —le dijo ella rompiendo aquella calma perfecta—. ¿Quieres probarlo?
—Mmm, ¿está envenenado?
—Eres un tonto, Zero —Yuki le dio un codazo en el estomago y lo oyó reír.
Como le gustaría poder guardar en una caja aquellos momentos tan simples y llenos de felicidad. Sí, atesorarlos y enmarcarlos. Juntar tantos recuerdos perfectos de modo que aquel a quien amaba no tuviera que recordar nunca más los tristes.
Era un bonito sueño. Ojala algún día pudiera hacerlo realidad.
A pesar del dolor que sentía en el costado y del increíble esfuerzo que le suponía mantenerse de pie, Ichiru terminó de vestirse dispuesto de irse de allí cuanto antes. No podía perder más tiempo.
Estaba terriblemente preocupado por Shizuka y temía que le hubieran hecho algo horrible. Ella le había advertido cuando emprendieron aquel viaje que no sería fácil, ya que algunos hechos de su pasado la pondrían en peligro y por ese motivo se había negado a llevarlo en un comienzo. Solo después de mucha insistencia de su parte logró convencerla para que lo dejara acompañarla.
¿Qué sería aquello que la asustaba tanto? Y también, ¿por qué habían intentado matarlo a él?
Era consciente de que se había salvado de milagro, y gracias a la ayuda que le había prestado Maria Kurenai. Aquellos tipos lo habían dado por muerto cuando lo dejaron tirado cerca del sitio donde había estado la casa en la que él y Shizuka habían estado escondiéndose los últimos días. Si no hubiera ido a pedir ayuda…
Oyó pasos en el pasillo y maldijo por lo bajo su mala suerte. Planeaba abandonar aquella residencia sin que nadie lo viera porque se negaba a poner en peligro a quienes lo habían ayudado, pero si era aquella chica nuevamente, estaría perdido. Ella no le permitiría irse.
Tal y como pensaba, Maria entró en la habitación, y al verlo de pie y vestido, la expresión de asombro de su rostro se transformó en una de horror y luego de enfado al comprender el motivo. Lo fulminó con la mirada.
—¡No estoy de humor para tener que discutir también contigo, así que métete de inmediato en esa cama! —le exigió con rotundidad mientras lo miraba impaciente—. ¡Ahora!
—Eh… si no te has dado cuenta… aun estoy vestido. No me importa si miras mientras me quito la ropa, pero no quisiera herir tu sensibilidad.
La vio sonrojarse violentamente ante aquel comentario y sonrió. Había esperado que saliera indignada de la habitación, pero ella simplemente se sentó a los pies de la cama dándole la espalda y dejando claro con ese gesto que esperaba que obedeciera sus órdenes. Y él lo hiso.
Una vez acostado nuevamente, esperó paciente a que Maria se dignara a mirarlo. Le estaba muy agradecido por todo lo que estaba arriesgando al mantenerlo escondido y haberlo cuidado en su convalecencia, pero no podía permanecer por más tiempo allí. Aunque ella se enfadara.
—Ibas a marcharte sin despedirte de mí. Si no hubiera llegado en este momento lo más probables es que lo hubieras conseguido —le dijo ella y cuando lo miró, notó que tenía los ojos llenos de lágrimas. Se odió por ello—. Sigues preocupado por Shizuka, ¿verdad?
—Sí —no tenía sentido mentirle—. Por favor, compréndelo. Ella es mi única familia, por eso necesito encontrarla y saber que está bien.
—Lo sé, pero, ¡mírate! Ni siquiera puedes mantenerte en pie —le dijo indignada y preocupada a partes iguales—. Yo también estoy preocupada por lo que haya podido ocurrirle a mi tía, pero soy capaz de ver que en esas condiciones no le serás de mucha ayuda.
A Ichiru, aquello le dolió, porque sabía que ella tenía razón. Desde niño había tenido que luchar contra su propia debilidad física y lo odiaba. En muchas ocasiones hubiera preferido darse por vencido, sin embargo Shizuka se había preocupado por él cuidándolo y ayudándolo a aceptar aquello que podía y no podía hacer. ¡Estaba tan asustado por ella!
—Tengo que marcharme de aquí. No solo porque necesito encontrarla, sino porque también te estoy poniendo en peligro a ti al permanecer tanto tiempo oculto en esta casa. No puedo asegurarte que los hombres que me hicieron esto no hayan vuelto a buscarme, y temó que de algún modo los pueda traer hasta ti. Si te ocurriera algo por mi culpa no me lo perdonaría jamás.
—Bueno, no tiene sentido preocuparse se este modo si no estamos seguros de lo que ha ocurrido —le dijo Maria con su habitual buen humor y se acercó hasta él para arreglarle las almohadas—. Quiero ayudarte, Ichiru, de verdad. Pero antes de hacer cualquier cosa, tienes que recuperarte bien. Concédete unos cuantos días más y después te prometo que yo misma te ayudaré a buscar a mi tía.
Algo que él no iba a permitir mientras estuviera con vida, se dijo, pero claramente no se lo haría saber a Maria. Esa muchacha no estaba hecha para vivir con el peligro pisándole los talones. Con solo mirarla podía darse cuenta de que había tenido una vida privilegiada y absolutamente protegida. Y él se alegraba por ella.
—Dos días —le dijo con desgana y no pudo evitar sonreír al ver la satisfacción que pareció iluminar su pálido rostro—. Después de eso tendré que ponerme en marcha te guste o no, Maria.
—Lo comprendo, aunque no comparto tu plan —ella se acercó hasta la ventana y miró preocupada el cielo que comenzaba a oscurecerse—. Vaya, parece que habrá tormenta. No me gustan mucho.
Una sensación extraña lo invadió ante aquel comentario. No era un recuerdo en si mismo, porque prácticamente no tenía ninguno de antes de comenzar a vivir con Shizuka, pero notaba… algo. Como cierta clase de añoranza. Extrañar aquello que no recordaba haber perdido.
—En ese caso, debo agradecer su oportuna aparición. No hubiera llegado muy lejos herido y con un tiempo tan intempestivo.
—Claro, esa soy yo. Completamente eficaz —le dijo ella con alegría, aunque cierta tristeza parecía esconderse tras sus palabras.
Ichiru recordó lo que le había dicho nada más llegar y sobre todo su expresión levemente molesta nada habitual en ella. No la conocía lo suficiente como para poder descifrar a la perfección sus emociones, pero podría apostar a que le había ocurrido algo más aparte de encontrarlo a punto de huir de su casa.
—¿Qué ha pasado para que estés tan triste, Maria? Hoy no pareces tu misma.
Ella se sentó en la silla que había dispuesto junto a su cama. Lo miró atentamente y dejó escapar un suspiro.
—Hoy he hecho una visita que no resultó muy bien, por distintos motivos. Uno de ellos, es que soy una cobarde y no me atreví ha hacer todas las preguntas que necesitaba ni quería oír las respuestas que podían darme —Maria sacó una de las flores del jarrón de la mesita de noche y la olió distraídamente—. Eso es lo que siempre ocurre conmigo. A pesar de las ganas que tengo de hacer cosas, el miedo siempre termina logrando que me arrepienta de intentarlo.
Él conocía bien esa sensación, pensó Ichiru, y comprendió que de algún modo ambos habían pasado por cosas similares. Muchos de sus temores aun hacían presa de él de vez en cuanto, pero la mayor parte del tiempo podía mantenerlos a raya. Quizas debería ayudarla y enseñarle ha hacer lo mismo. Como una muestra de agradecimiento por sus cuidados.
—No es malo tener miedo, porque es una reacción natural. Lo malo, es no intentar superarlo —le dijo Ichiru logrando que ella le prestara atención y lo mirara sorprendida—. Para mí, tú eres una de las personas más valientes que he conocido, Maria Kurenai.
La sonrisa que en esa ocasión asomó a su rostro, era genuina. Tan maravillosa que daba la impresión de que acababan de hacerle el mayor cumplido del mundo. Y quizás para ella lo era.
—Tengo que pedirte un favor —le dijo ella y le tendió la flor que aun tenía en las manos. Él la recibió—. Antes de que te marches y decidas seguir adelante con todo esto, necesito que conozcas a una persona.
—Maria, sabes que es peligroso —le recordó él pero solo logró que ella negara con vehemencia.
—Es importante —le insistió—. Creo… que puede estar relacionado con tu familia. Con tu verdadera familia.
Ichiru, no supo que contestarle. Aquello, no podía estar ocurriendo, ¿o sí?
—Vaya, parece que te está gustando esto de estar enfermo, idiota. ¿No piensas salir más de esta habitación?
Zero apartó la vista del libro que estaba leyendo y se sorprendió un poco al ver a Kaito parado en la puerta de su habitación. No lo había oído subir, pero pensó que en parte era lógico, si su amigo no quería hacerse notar, podía llegar a ser muy sigiloso.
—Se está bien, sí, pero la verdad es que ya estoy bastante aburrido —le dijo a Kaito mientras apartaba las mantas y se levantaba de la cama—. ¿Tienes alguna invitación interesante para mí?
—Ya lo quisieras, Kiryu, pero no. Solo he aprovechado la ocasión para venir ha hacerte una visita. Por cierto, tu hermanita me ha ordenado que no te agote demasiado porque aun estás convaleciente.
Zero se rió y cerró la puerta de la habitación. Apartó la silla de su escritorio para que su amigo se sentará y él hiso lo propio a los pies de la cama.
Tenía un montón de cosas que preguntarle a Kaito, sobre como habían ido las investigaciones que le había estado ayudando a seguir por el asunto de su familia hasta el motivo por el que parecía tan preocupado y triste. Eran amigo desde hacía años, y sin embargo en algunas ocasiones a Zero aun le incomodaba un poco traspasar aquella delgada línea que protegía la intimidad de las personas. Quizas todo se debía a aquel miedo absurdo de aferrarse a los demás, porque inconscientemente aun creía que si lo hacía, tarde o temprano los terminaría perdiendo. Tenía que superarlo.
—¿Aun sigue en pie tu oferta de que me vaya a vivir contigo? —le preguntó Zero intentando que la ansiedad que comenzaba a sentir no se reflejara en su voz—. Necesito encontrar otro sitio.
Kaito lo miró sorprendido durante unos instantes pero después sonrió ampliamente.
—¿Problemas en casa? Vaya, no me lo esperaba —reconoció él. Ladeó la cabeza y lo miró con ojos entrecerrados—. ¿Yuki te está complicando la vida más de lo habitual?
—No, idiota. Pero creo que va siendo hora de… independizarme.
—A una parte de mi le alegra oír eso, sin embargo creo que este no es… el mejor momento —Kaito se pasó una mano por el cabello con frustración—. ¡Maldición, es el peor momento que podías haber elegido para esto!
Zero notó de inmediato que algo realmente importante preocupaba a su amigo. No era un capricho ni los arrebatos de genio que él podía llegar a tener. Aquello, se dijo, era en parte el motivo de aquella visita y de los extraños comportamientos que había tenido días atrás.
Kaito, le estaba ocultando algo.
—¿Qué es lo que en verdad está ocurriendo? —le pidió con calma aunque dentro de él, Zero notaba como empezaba a forjarse una tormenta. Si su amigo le había mentido…—. Vamos, Kaito, cuéntamelo.
Rápidamente él se puso de pie para comenzar a pasear nervioso por la habitación. Zero no quería presionarlo más de la cuenta porque temía que si lo hacía, su amigo se largara sin decirle nada.
—Alguien me ha estado siguiendo —soltó Kaito de golpe y lo miró con cierto pesar—. Hace algunos días alguien entró en mi apartamento. No fue algo demasiado obvio, pero lo… sentía. Al igual que la sensación de que me estaban observando, por ese motivo, me he ido a vivir nuevamente con Yagari.
—¿Sabes cual puede ser el motivo o que es lo que buscan?
—Tuve muchas opciones, pero me decidí por la más arriesgada de todas: tú —Kaito volvió a sentarse y maldijo por lo bajo—. El caso del asesinato de tu familia es complicado, y hemos estado metiendo las narices donde no nos incumbe, así que pensé que podía deberse a eso. Por ese motivo, hice unas copias de algunos documentos del caso y las dejé escondidas en casa —una pesarosa sonrisa asomó a sus labios cuando lo miró—. Hoy he ido a mirar un poco, pero, ¡sorpresa! Ya no estaban.
—¡Maldición! ¡¿Por qué no me habías dicho nada de esto?! —Zero estaba furioso por aquellas noticias. Lo que más temía era poner a otros en peligro por aquello y sin embargo en ese momento Kaito podría haber sido una victima—. ¡Te podrían hasta haber matado, idiota!
—O a ti —Kaito se levantó y acercándose a él le posó las manos sobre los hombros para que lo mirara, en un intento de tranquilizarlo un poco—. No soy tan inútil que no sepa defenderme, Zero. Además, yo nunca he sido un verdadero objetivo. Creo que todo este teatro es solo para ponerte nervioso, pero no está demás ir con cuidado, por ese motivo, es mejor que no te quedes solo durante un tiempo. Aquí, con Kaien, estarás más seguro.
O podría poner también a los demás en peligro, pensó, pero no podría marcharse de momento. Aunque no le gustara, sabía que estaría más tranquilo sabiendo como se encontraban las personas a las que quería.
—¿Crees que Shizuka Hiou está detrás de todo esto?
Kaito se encogió de hombros.
—Es una posibilidad que no hay que descartar, así que más te vale estar atento porque esa mujer ya ha demostrado en una ocasión lo peligrosa que puede llegar a ser.
—Estoy preocupado por lo que pueda hacer —reconoció Zero y se cubrió el rostro con las manos—. No puedo quedarme de brazos cruzados esperando a que ella decida venir por mí. Tengo que hacer algo, pero no sé que… Después de la última información que descubrí sobre la muerte de mi familia, reconozco que me da cierto temor saber que más se oculta detrás de todo esto.
Zero notó la mano de su amigo sobre la cabeza en un gesto típicamente consolador. Ya no era un niño, pero parecía que Kaito lo olvidaba con facilidad. En aquel momento, le daba igual.
—Yo me he quedado sin más ideas de momento. De tu hermano simplemente no se sabe nada aparte del hecho de que todos piensan que está muerto, incluyéndonos a nosotros. Sobre Shizuka Hiou… se ha desvanecido en el aire. La han visto y no la han visto. Es como un fantasma, ¿sabes? ¿Cómo demonios encuentro a un fantasma?
Zero levantó levemente el rostro para mirarlo. Kaito le revolvió el cabello y apartó la mano.
—¿Le has dicho algo de esto a Yagari o a Kaien?
—Claro que no, se habrían puesto como locos —reconoció Kaito—. Pero he estado tentado de hacerlo, aunque preferí hablarlo antes contigo.
—Gracias —le dijo él con sinceridad. Aquella muestra de lealtad lo reconfortaba—. Lo que tenemos no nos está llevando a ninguna parte, ¿verdad?
—Verdad —le dijo Kaito con sinceridad—. Por ese motivo, creo que ha llegado el momento de que pienses en buscar ideas donde los demás no lo hayan hecho. Intenta recordar que ocurrió los días antes de ese "hecho". Si es que oíste alguna conversación de tus padres. Es obvio que debe existir un motivo que gatilló todo esto. No creo que esa mujer haya matado a tu familia por nada.
Y él también lo creía, pero no se le ocurría que podría ser aparte de venganza por alguno de los casos de su padre. Era la opción más lógica y casi la única que tenían, pero, ¿podía haber algo más?
—Necesito pedirte otro favor —le pidió Zero a su amigo—. Averigua todo lo que puedas sobre Maria Kurenai y su familia. Puede que sea un asunto sin importancia, pero algo en ella me intriga.
—Dalo por hecho. Tengo un montón de trabajo pendiente, pero intentaré ser lo más rápido posible con lo que me pides.
Algunos minutos después, cuando Kaito ya se había marchado, aquella conversación con su amigo seguía rondando por su cabeza, como un susurro constante que no lo dejaba en paz.
Tenía que buscar respuestas donde los demás no lo habían hecho. Había cosas que quizás solo él podía saber… pero, ¿qué?
Una idea absurda comenzó a tomar forma en su cabeza. Las probabilidades de descubrir algo que le sirviera eran pocas, no se hacía falsas ilusiones, pero aquello era una opción. Lo que lo perturbaba era… ¿cuan doloroso podría llegar a ser?
Yuki se despertó inquieta y un poco asustada por el aullido constante del viento. La tormenta que se aproxima aun estaba en ciernes, así que hasta que la lluvia no comenzará a caer, sabía que estaría intranquila. Además, tenía un poco de frío, así que bajaría a la cocina para prepararse algo caliente. Le hubiera gustado meterse en la cama junto a Zero, pero si su padre los encontraba juntos a la mañana siguiente estarían en serios problemas.
Apenas salir de su cuarto se dio cuenta de que en la habitación de él estaba la luz encendida. Eran cerca de las cuatro de la madrugada, ¿qué estaba haciendo Zero despierto a esa hora? ¿Se encontraría mal?
Sin pensar en nada más e impulsada por el miedo, entró sin llamar. Él la miró visiblemente sorprendido, sin embargo aquella sorpresa inicial se tornó en culpabilidad casi al instante. Al mirar hacia la cama, Yuki comprendió por que.
—¿Por qué estas empacando tus cosas? ¿Dónde vas?
Zero no le contestó de inmediato. Por el contrarió, terminó de meter algunas cosas en su bolsa y la dejó a un lado mientras se dirigía hacia el escritorio para alcanzar una libreta donde estaba escrita una nota.
—Tengo algo que hacer, Yuki —le dijo él sin mirarla todavía—. Volveré dentro de unos días.
—¡Estás enfermo, maldita sea! ¡Va ha desatarse una tormenta! —ella lo sujetó del brazo para que la mirara—. Zero, ¿dónde vas? Llévame contigo —le suplicó desesperada.
Lo vio dudar por su petición una fracción de segundo, pero él la apartó con delicadeza de su camino para seguir con sus preparativos. Cuando lo vio sacar la pistola y algunos cargadores para guardarlos en el bolso, notó como se le revolvía el estomago por la ansiedad.
—¿De verdad ibas a marcharte sin decirme nada de esto? —le preguntó dolida. Estaba convencida de que la visita de Kaito tenía algo que ver con aquel repentino cambio en la actitud de Zero.
—No podía contártelo porque sabía que iba a ocurrir esto, Yuki —le dijo Zero y la miró con evidente pesar—. Una vez que tomé mi decisión, comprendí que si te lo decía no estarías de acuerdo con mi idea y me suplicarías que no fuera. Lo más probable es que hubiera terminado aceptando complacerte para no disgustarte. No podía arriesgarme a eso. Por favor, no me lo pongas más difícil.
Yuki era capaz de ponerse en su lugar y comprender la situación. Zero no quería lastimarla por nada del mundo, porque la quería, pero su búsqueda de justicia muchas veces se interponía entre ellos dos. Las opciones de ella eran igual de limitadas: o aceptaba lo que Zero necesitaba hacer y lo ayudaba, o luchaba contra él. Lo irónico de todo aquello era que ya había tomado su decisión con respecto a eso.
—Dime por lo menos a donde vas —le pidió ella con tranquilidad y se sentó en la cama. Se miraron fijamente.
—A casa.
Yuki sonrió con tristeza.
—Esta es tu casa, Zero.
—Voy… a la casa donde viví con mis padres.
Aquello, no se lo esperaba. Dios, nunca se había preguntado de donde venía Zero y solo sabía de su pasado las cosas que él mismo le había ido contando a lo largo de los años. Volver a su casa… Solo con mirarlo, podía entender lo doloroso que le estaba resultando tomar aquella decisión. No quería hacerlo, y sin embargo se estaba obligando a seguir adelante con aquello.
Yuki se acercó hasta él para abrazarlo. En un comienzo, Zero no de devolvió el gesto, pero pasados unos minutos, pareció rendirse ante lo inevitable y la envolvió entre sus brazos también. Ella notó como la tensión que lo embargaba comenzaba a desvanecerse poco a poco.
—¿Por qué tienes que ir, Zero? Sé que no quieres hacerlo.
—Porque necesito encontrar respuesta donde nadie más las ha buscado —Yuki notó como él apoyaba su mejilla sobre su cabeza—. Tengo que recordar algunas cosas aunque no quiera.
En ese instante, ella también tomó su decisión.
—Voy a ir contigo —le dijo con absoluta seguridad. Se apartó un poco para poder mirarlo a la cara y vio como el recelo empañaba sus ojos violeta—. Si te niegas a llevarme, te seguiré de igual forma, Zero.
La miró con enojó y soltó un suspiró cargado de frustración. Se deshizo del abrazo y volvió a preocuparse de terminar de guardar sus cosas.
—Tienes diez minutos para arreglarlo todo —le advirtió él con seriedad—. Si en diez minutos no estás lista, me marcho sin ti. ¿Entendido? —esperó a que ella asintiera obediente—. No hagas ruido ya que es mejor que Kaien no se despierte. Puede que estemos fuera una semana, así que guarda lo que necesites para esos días. ¡Dios, cuando regresemos tu padre nos va a matar!
A pesar de todos sus esfuerzos, los diez minutos terminaron convirtiéndose en veinte, sin embargo él no cumplió su amenaza y la esperó.
Una vez que ya estuvieron en camino, Yuki observó a Zero que conducía concentrado en la carretera. Tras su calma habitual parecía ser tan dueño de sus emociones como hacía siempre, pero ella era capaz de percibir aquella frágil hebra de vulnerabilidad y el inmenso alivio que sentía por tenerla a su lado.
Se sorprendió un poco cuando sintió que él buscaba su mano y entrelazaba los dedos con los suyos.
—Gracias —le dijo Zero.
Sus palabras apenas fueron un susurro, pero a ella no le importaba.
Mirando sus manos unidas, se convenció de que aquello era lo correcto. Estaban juntos en las cosas buenas y en las difíciles. Él la protegía. La hacía sentirse importante. Y ella, estaría junto a Zero cuando él la necesitara.
Tenía miedo por lo que aquel viaje pudiera depararles, pero podrían soportarlo. Estaba segura de ello.
Porque estaban juntos, y eso era lo único que realmente importaba.
Bueno, a pesar de que a comienzos de semana dudé en poder sacar hoy este capítulo por lo mucho que tenía que hacer para la universidad, robando un poquito de tiempo de todos lados por fin lo he terminado, así que espero les guste.
Gracias a todos los que se dan el tiempo de leer y también a los que dejan sus comentarios. Me doy por satisfecha con saber que la historia sigue siendo de su agrado.
Akari hiroyuki: Me alegro que la historia te siga gustando y sobre Zero, ¿es que alguien duda de que sea tierno? En el manga aunque haya muchas cosas que no diga, de todos modos las demuestra. De Kaien, ya podrán estar unos cuantos días sin él ya que han tenido que marcharse y con relación a Kaname, aun falta mucho por saber sobre todo lo que está detrás de él, esté involucrado directa o indirectamente.
Neko589: Me alegra saber que el capítulo anterior te gustó y espero haya ocurrido lo mismo con este. De tus historias, he podido leer solo una por cuestión de tiempo (necesito vacaciones con urgencia) y te he enviado un MP sobre él. Este finde espero poder ponerme al día con los otros dos.
Taormina: Es gratificante saber que el capítulo anterior te haya gustado tanto. Me parece divertido jugar con situaciones cotidianas imaginando como estos personajes podrían reaccionar ante ellas, espero no estarlo haciendo tan mal. Sobre lo del "lemon" como comente en un mensaje anterior, lo más probable es que aparezca entre el capítulo 11 o 13, dependiendo de lo que mi imaginación prolifere, pero no pasará de allí. Sobre Kaito, repito que me encanta, por mi que saliera mucho más en el manga, y por lo menos yo aun no pierdo las esperanzas de un final Zeki, creo que de momento tanto Zero como Kaname, tienen las mismas posibilidades, solo nos queda esperar.
Linwen: Muchas gracias por seguir leyendo mi historia. Sobre Kaname, la verdad es que aun falta mucho por saber sobre él, tanto en lo que está haciendo ahora como por lo que tuvo que pasar once años atrás. Todo tiene su motivo, no te quepa duda. Para que Yuki y Zero este juntos, ya no falta mucho, solo es que hay que encontrar el momento adecuado para ello, y sobre Ichiru, ya desde este capítulo se pudo comenzar a ver las cosas desde su perspectiva y poco a poco irá tomando parte activa en la historia.
Vampyr: Repito en que los agradecimientos son para ustedes que se dan el tiempo de leer lo que sale de esta cabeza tan loca. Lo de lemon o lime, ya se decidió por el lemon, así que la escena quedará tal cual la había armado en un comienzo. Sobre Kaname, creo que su personalidad es tan compleja que se puede jugar perfectamente con ella, manteniéndolo en una fina línea entre lo bueno y lo malo, es un personaje que da mucho. Y en el caso de Kaito, al fin se ha develado el motivo de tanto misterio, o por lo menos parte del motivo, porque aun no se sabe quien está detrás de todo aquello.
ShadowDancer: Me alegra saber que la historia te sigue gustando. Lo de Kaien, simplemente era necesario porque hay que esperar el momento adecuado para que Yuki y Zero estén juntos, pero ya falta poco. Con Kaname, es que simplemente como malvado me parece muy bueno. Y bueno, como podrás ver, ya desde este capítulo Ichiru ya ha tomado parte más activa en la historia y seguirá así en los siguientes.
Tania: Lo primero, muchas gracias por seguir mi historia a pesar de que lo tengas difícil. Muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias. Sobre lo de Kaien, aunque molesto, era necesario, pero ya en los próximos capítulos se viene el lemon, lo prometo. La verdad es que se extrañan tus comentarios más largos, pero como te he dicho antes, te agradezco muchísimo que a pesar de todo sigas pendiente de mi historia.
Meel Fozthii: Muchas gracias por seguir leyendo. La verdad es que el personaje de Kaname a mi sí me gusta a pesar de que muchas seguidoras del Zeki lo odian. Personalmente encuentro que tiene muchísimo potencial y creo que su lado manipulador y un poco malvado en esta historia calza muy bien. Lo de Kaname y Shizuka, se viene la confrontación de dos manipuladores declarados, la cosa será ver quien consigue más que el otro. Espero que puedas seguir leyendo y que no termines tan agotada esta semana.
Yahiro: Muchísimas gracias por tus palabras, me alegra saber que a pesar de todo la historia sigue gustando tanto. Como habrás visto, lo del lemon no ha salido en este capítulo (cuestión de compaginación de escenas, que la mayoría de las veces se me tienden a alargar bastante), pero del capítulo 11 al 13 es seguro, lo prometo. Espero que este capítulo también te haya gustado.
