La guerra de los siete años había iniciado en el viejo mundo cuando Prusia atacó Austria y éste perdió Silesia. Roderich estada determinado a recuperarla. Asó había iniciado la guerra y se había extendido hacia el nuevo mundo

Inglaterra y Francia habían entrado a esta disputa desde la guerra de sucesión austriaca y ahora que tenían colonias en America, no habían podido evitar involucrarlas en la guerra sobre todo por los intentos expansionistas de ambas potencias.

Nueva Francia era una franja de territorio que llegaba desde Quebec hasta Luisiana evitando el expansionismo de Nueva Inglaterra hacia el norte y hacia el oeste. El británico le había declarado la guerra al francés cuando notó como evitaba el expansionismo y como se había adueñado de las tierras de su amada América Nativa.

Pero ese era el pago por haberse desentendido de América durante 100 años

-¡Todos a sus puestos!-gritaba Arthur-Saquen los cañones

Alfred se aferraba a la pierna del europeo mirando como todos los hombres corrían por el fuerte preparando los cañones.

De pronto, un estruendo estremeció el fuerte. Los franceses habían lanzado un ataque con ayuda de una catapulta. El ojiazul comenzó a llorar por el miedo ocultando la cara en la ropa del mayor.

-¡Fire!-gritó y los cañones estallaron atacando a los enemigos

-¡Hon hon hon~ ríndete mon lapin!-gritó el francés con una sonrisa de satisfacción

-¡Over my Bloody dead body!-gritó el inglés furioso

-Como quieras…-dijo el mayor encogiéndose de hombros

Entonces se escuchó un fuerte golpe contra las puertas del fuerte. Varios franceses habían tomado el tronco de un árbol y estaba forzando la entrada. El alma se le fue a los pies a Arthur. Iban a entrar.

-¡Preparen las armas!-gritó a sus hombres-¡Todos los cañones en posición!

Se seguían escuchando los golpes y Alfred no podía dejar de temblar de miedo. La puerta no aguantaría por mucho tiempo. Arthur sujetó con fuerza su mosquete apuntando a la puerta.

Finalmente, ésta cedió, cayendo con un fuerte estruendo. El ojiverde disparó derribando a uno de los enemigos que comenzaron a invadir la fortaleza al igual que el resto de sus hombres. Inglaterra sacó su espada y comenzó la batalla. Alfred seguía aferrado a pierna del mayor, éste buscaba protegerlo a como diera lugar.

La batalla era cruel y sanguinaria. Arthur atacaba a los adversarios que se acercaban sin piedad y sin dudar, no dejaría que le tocaran un cabello al menor. Éste había cerrado los ojos mientras escuchaba gritos y el sonido de la espada del ojiverde cortar el aire una y otra vez.

De pronto sintió un tirón en su mechón por lo que abrió los ojos, soltando un gritito de dolor. Inglaterra miró al menor instintivamente y de un rápido movimiento, le hizo un profundo corte en la mano al hombre que se había atrevido a tocar a su colonia para rápidamente clavarle la espada en el abdomen alejándolo de una patada. Alfred lo vio todo y se tapó los ojos, horrorizado.

El mayor odiaba con todo su ser que su pequeña colonia tuviera que ver eso pero no podía alejarse de él en un momento así. Acarició el cabello del menor con ternura a modo de disculpa. Pero esa distracción le costó caro. Francia lo tomó por el cuello lanzándolo contra el suelo.

-Has perdido, mon petit-dijo el francés con una sonrisa de superioridad. Un grito salió de la boca de Alfred cuando vio que el ojiverde había sido sometido y de pronto se vio rodeado por varios franceses. En sus manitas sujetaba el arma que le había dado el inglés- Ahora me quedaré con tu colonia

-¡Sobre mi cadáver putrefacto y lleno de gusanos! –exclamó el británico furioso tratando de zafarse del agarre del francés

-Eso es asqueroso, mon lapin-dijo el mayor mientras uno de sus hombres sujetaba al americano que le mordió la mano con fuerza. El hombre gritó y lo lanzó contra el suelo con fuerza.

-¡Bloody bastard!-gritó Inglaterra furioso viendo como el hombre se acercaba al menor para patearle el estomago- ¡Son of a…!- El soldado levantó la pierna para pisar al menor con fuerza…

De pronto se escuchó un solitario disparo. Los ojos de ambos europeos se abrieron con asombro cuando el hombre cayó al suelo, muerto. Alfred sujetaba el arma con sus manos temblorosas, su labio sangraba levemente y traía un moretón en el brazo y en la rodilla. Una cortada cruzaba su mejilla derecha.

-Vaya vaya-dijo el francés sorprendido-¿Quién diría que educaste a tu colonia como un soldado tan pequeño? Dado que él ha atacado a uno de los míos, ya puedo considerarlo el enemigo también…

-¡NOOOOO!-gritó el inglés cuando escucharon un disparo que resonó en todo el lugar. El británico empujó al francés con una fuerte patada y como un tornado comenzó a matar sin piedad a todos los que se le atravesaron en su camino- ¡ALFRED!

La ropa del menor comenzaba a teñirse de rojo. El americano cayó de rodillas sujetándose el vientre, al ver sus manos llenas de sangre, comenzó a llorar.

Arthur eliminó sin misericordia a los franceses para rápidamente hincarse al lado del menor, las lágrimas rodaban por las mejillas del europeo. Cargó al menor con muchísimo cuidado antes de mirar al francés con profundo desprecio

-Debería matarte en este mismo segundo, Bloody bastard-le espetó fríamente- pero tengo que hacer hasta lo imposible por salvar a mi colonia… pero algo si te digo… si pierdo a mi colonia, tu perderás la cabeza…

Y pasando a su lado, con su capa ondeando tras él, se dirigió a toda velocidad a la casa donde vivía con el menor

-Artie…-murmuró el americano que estaba pálido como la cera- Tengo frio…

-Alfred… por favor no me dejes…-dijo el mayor llorando sin dejar de correr- Yo estaré contigo, y haré lo que pueda para salvarte

-¿Esto es un castigo?-preguntó débilmente- ¿Es porque le disparé al hombre feo?

-No es un castigo-sonrió débilmente y besó su frente-lo hiciste bien…

Entró a la casa y se apresuró a preparar su círculo de conjuros, salvaría la vida del menor a través de la magia, pero por más que se apresuró, Alfred dio su último aliento cuando lo acostó en el suelo.

-¡ALFRED!-gritó con desesperación al ver que el menor no respiraba- ¡ALFRED!

Se apresuró a hacer el conjuro, debía utilizar mucha magia para romper la barrera de la muerte y traerlo de regreso, pero lo haría. Sentía como su fuerza vital escapaba de su cuerpo para trasladarse al cuerpo del menor. Cayó de rodillas sintiéndose débil, casi al borde del desmayo cuando de pronto, Alfred dio un profundo respiro, su corazón comenzó a latir de nuevo. El precio que el británico tuvo que pagar fue la mitad de su vida lo cual quedó representado cuando uno de sus ojos verdes se tornó azul cielo como el de Alfred.


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