Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mi y vuestro disfrute personal.

Pareja principal:

-Gaara/Hinata

Parejas secundarias:

-Shikamaru/Temari

-Kiba/ Ino

-Naruto/ Shion

Gracias por adelantado por los reviews.

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Sí alguien le llegara a decir alguna vez que pasaría esa fiesta humana llamada Noche Buena, precisamente acompañado de un ser humano. No, no se abría reído como haría alguien normal en esos casos, lo que haría sería pegarle un derechazo a quien fuera que le dijera tal estupidez.

Ni en su más loca desvariación de su mente estaba tal imposible idea.

Claro que la jocosa ironía, esa que últimamente le gustaba tanto tomarle el pelo, había convertido esa estúpida idea en algo demasiado real para su gusto.

Tan real como que estaba justo frente a la asustada humana en la puerta de su casa.

¿Cómo demonios llegó a esa situación tan indeseada? Sencillo. Naruto, ese que esa misma noche pensaba desmembrar con dolorosa lentitud por traerlo allí.

Tras haber tomado todas las porquerías y pertenencias que sus amigos le habían dejado como regalo en el suelo y muebles de su cuarto como si nada. Las había metido en el cubo de la basura de muy mala gana y seguidamente había bajado al patio de aquella fortaleza que era su hogar para prenderles fuego.

Se ganaría seguramente una buena discusión y pelea, pero le daba exactamente igual.

Estaba lo suficientemente enfadado con ellos como para aceptar pelearse con todos a la vez.

Les quedaría un claro recordatorio sobre que pasaba si uno abusaba demasiado de él y de su escasa socializad con los demás en su entorno personal.

Había entrado de nuevo a su habitación tranquilamente y decidió ya que estaba de pie y sin nada que hacer a darse una buena ducha.

Al contrario que los demás, se quitó la ropa y la dejó pulcramente doblada y ordenada en una banqueta junto al excusado.

Como siempre, sin medir la temperatura del agua previamente, se metió bajo el chorro de agua. Kiba, el último que se baño decidió darse un baño caliente porque el agua salía caldeada.

Un laxado suspiro brotó de sus labios mientras alzaba la cabeza y se echaba su empapado cabello para atrás. Sus músculos tensos se relajaron sintiendo el calor del agua y el pequeño estiramiento.

Dejó su cuerpo inmóvil bajo la alcachofa de ducha durante unos pocos minutos pensando.

Tal vez estaba siendo demasiado tozudo con el tema referente a la hembra humana. Sabía desde siempre y por las muchas veces que se lo habían dicho que una de las cosas que debía cambiar de su personalidad era su tozudez.

Si algo se le metía entre ceja y ceja no había manera de hacerle cambiar de opinión. Y eso que cejas no tenía.

Sabía que ella no le hizo nada, que a pesar de poder oler el miedo que ella emanaba cuando lo vio intentó ocultarlo con una sonrisa y fue amable. Pero ese pequeño detalle insignificante para él desaparecía cuando recordaba lo que le hicieron y de nuevo su odio lo cegaba.

Ella no tenía la culpa, pero el tampoco de que lo persiguieran siendo un niño.

Su mano llena de champú limpiaba todo su cuero cabelludo, disfrutando del dulce picazón de la miel y la menta en su nariz. Su palma con un movimiento limpiando su pelo rozó su única cicatriz.

Paró en seco sus movimientos y se llevó la mano llena de champú a la frente donde sentía el relieve de piel.

Con sus propias y pequeñas manos en aquel entonces, pocos meses después de su huida terrorífica de aquella turba humana furiosa. Su padre intentó deshacerse de él a través de su tío Yashamaru.

Pero este no pudo hacerlo, no podía deshacerse de la vida por la que su hermana dio la suya a cambio. No cuando al mirarle a los ojos la veía a ella reflejada. No podía ni quería matar a su sobrino.

Lo consideraba su propio hijo cuando su verdadero padre nunca lo hizo.

Así que para protegerle hizo algo que lo dejó totalmente solo y esta vez sin nadie que lo cuidará. Solo en ese mundo inhóspito que no lo aceptaba y lo quería desaparecido de entre los suyos.

Se sacrificó desobedeciendo la orden directa de su padre e intentando hacerle entrar en razón para que cesaran sus intentos de magnicidio contra él. Pero terminó siendo también asesinado.

Esa misma noche viendo como los guardias de su padre incineraban el cuerpo decapitado de su tío se gravó en su propia piel con una daga de acero la señal de que estaba solo.

El único ser que lo amaba se fue y ya no tendría a nadie que se lo diera salvo si mismo.

Las lágrimas de pena y agonía se entremezclaron con la sangre que se llevó consigo su humanidad e inocencia hacía el mundo que sus ojos apagados miraban y en el cual se veía obligado a vivir.

Con tan solo seis pequeños años se volvió el verdadero monstruo que su progenitor le había llamado.

Cerró la llave del agua y salió de la ducha mojando el suelo por sus pisadas hasta llevar al albornoz que se había comprado y se hallaba aún dentro del trasparente envoltorio de plástico.

Las simples toallas que solo le cubrían la cintura no secaban nada, antes de llegar a secarte el cuerpo entero ya estaban completamente empapadas.

El negro albornoz abrazó su húmeda piel proporcionándole una suave caricia al ponérselo.

El vapor del agua caliente llegó a la habitación al dejarse la puerta del baño abierta. El espejo y las ventanas parcialmente empañadas eran una prueba. Pero no podía importarle menos.

Tenía pensado ir a dar un paseo por la cuidad para ver las luces de colores teñir la nieve y las calles de un nuevo panorama que solo podía apreciar pocos días del año. Así que abrió el armario para coger algo de ropa.

No se molestó en secarse el pelo, se le secaría rápido al tenerlo corto.

Colgó el albornoz en el baño en calzoncillos, se terminó de vestir y metió su cartera en uno de los bolsillos de su abrigo para salir de la habitación y cerrar con llave.

Iba tranquilo por los pasillos hasta que al llegar a las escaleras se le terminó, lo intuyó nada más verlo.

-¡Ahí estas!

-¿Qué haces aquí? –Bajó unos cuantos escalones con los ojos clavados en los de su amigo-. ¿No tendrías que estar con la humana?

-Sí, pero sucedió un pequeño detalle.

Desconfió, y mucho, por la mirada llena de tenacidad que estaba recibiendo de Naruto mientras terminaba de bajar los últimos escalones.

Nada, pero nada bueno podría salir de esos ojos decididos.

Y lo supo tras verlo agarrarle fuertemente del brazo y tirar de él hacía los portones de la entrada.

-Puedo andar yo solo-. Forcejeó un poco para que le soltara, pero no obtuvo lo que deseó. Su agarre seguía siendo férreo en su antebrazo.

-Lo sé, pero no quiero que escapes.

-¿Por qué iba a querer escapar según tú?- Algo le decía en el fondo de su mente que sabía la razón.

Los ojos azules del rubio se centraron serios en él. Muy pocas veces se podía ver esa expresión de total solemnidad en su personalidad infantil y alocada que lo caracterizaba.

-Porque el pequeño detalle que falta con la cena de Hinata eres tú.

-Explícate-. Estrechó sus ojos desconfiadamente mientras su voz salía baja y grave. Peligrosa.

-Ella ha hecho comida para ti y no voy a hacer que su detalle sea en vano.

Ahora sabía las verdaderas intenciones de Naruto al ir a buscarle, las cuales intuía como bien pensó minutos antes.

Hizo fuerza con su cuerpo parando en seco por la sorpresa a Naruto.

-No voy a ir.

-Si que iras.

-No. Suéltame.

Empezó a forcejear con fuerza para zafarse del agarre de Naruto y tomar verdaderamente el camino que le llevaría a la calle comercial para dar un paseo hasta donde sus pies quisieran llevarlo.

Si era necesario se arrancaría la manga del abrigo con tal de soltarse.

-No voy a ir con contigo a la casa de la humana.

-Hinata, se llama Hinata-. Estaba harto de oírle siempre llamarla tan despectivamente humana cada vez que se refería a ella.

Hinata era muy bonito para ser usado. Y no humana.

-Me da igual como se llame-. Volvió a forcejear queriendo que le dejara libre-. He dicho que me sueltes.

-Y yo te he dicho que no te dejo ir y te vienes conmigo.

-Déjame, o te golpearé. Sabes que voy a hacerlo.

Si no quedaba más remedio se enzarzaría en una lucha con Naruto para poder irse. Era una estupidez pelear por algo por lo que estaban discutiendo. Incluso él mismo lo admitía.

Pero ir a ver a la humana no podía ser posible, no solo por no querer ir, sino por el temor de qué pasaría de nuevo si su aroma le llegaba.

Hace dos días que fue a cazar una humana para comer, no tenía ninguna necesidad.

Y a pesar de eso no seguía del todo seguro de poder salir bien.

-Lo sé, y estoy preparado.

De nuevo esa tenacidad en su voz y mirada. Lo estaban poniendo de los nervios.

Pensaba arremeter contra él, darle tal golpe que aunque no lo llegara a tirar al suelo lo haría perder un poco el equilibrio y con eso asestarle uno certero en la quijada para poder marcharse.

Pero no podía, era uno de sus contados amigos, no quería arriesgar a perder ese lazo.

-¿Por qué insiste tanto en querer que vaya?

-¿Por qué preguntas? -Apretó su brazo un momento antes de soltarlo y ponerse a gesticular como si fuera un mimo-. No quiero dejar solo a un amigo tan importante como tu en Navidad.

-Una fiesta que no celebramos en nuestra raza.

-Cierra la boca y déjame terminar-. Le gruñó por lo bajo molesto pero escuchando el claramente estúpido discurso que le daría-. Es una festividad que pasar en compañía de tus seres queridos, mis padres viven lejos y tú ni siquiera los tienes, eso lo convierte en un día que pasar con amigos. Y sí, puede que no conozca a Hinata tanto como te conozco a ti, pero puedo ver que es una buena humana y me gustaría ser amigo de ella.

Que quisiera ser amigo de ella no significaba que él también lo quisiera.

-¿Y? –Miró a su amigo cruzando los brazos y con la cara de importarle poco lo que hubiera dicho.

-Ya esta. No necesito más palabras para explicártelo, solo que lo veas. Quiero que sientas esa sensación de amabilidad que ella nos esta dando al invitarnos.

Claro que las palabras no llegaron como pretendía que hicieran.

Hablar con el pelirrojo sobre humanos y sentimientos era como hablar con una pared de hormigón. Y de la pared inanimada se sacaría más respuesta que era lo increíble.

-Por mucho que insistas, no me harás cambiar de opinión.

Era tozudo, no iba a convencerlo dijera lo que dijera.

-Vas a ir quieras o no.

Pero Naruto lo era mucho más.

-Oblígame si te atreves.

Se dio cuenta del tremendo error que cometió al retarle de esa manera con su frase. Cuando lo vio erguir el cuerpo amenazante y seguidamente inclinarse levemente hacía delante en pose de cazador supo que se atrevería.

Vaya si era y fue capaz.

Cuando quiso darse cuenta, Naruto estaba tras él a una velocidad imposible de ver a ojo humano y pasó los brazos duramente alrededor de su torso atrapando estratégicamente sus brazos para alzarlo en el aire.

Empezó a patalear viendo notoriamente sus intenciones.

-Bájame al suelo ahora mismo.

-Ni hablar, saldrás corriendo en cuanto lo haga- Por supuesto que haría eso, estaba más que claro-. ¡Deja de mover la cabeza me vas a dar un cabezazo!

-¿Y qué crees que pretendo hacer?

Maldijo a Naruto tanto en voz alta como mentalmente por hacerle eso. Era vergonzoso ser llevado así cuando era un ser de sangre tan poderosa y no poder soltarte por mucho que lo intentaras.

Lo malo es que Naruto también lo era, incluso un poco más poderosa que la suya.

Consiguió soltarse una vez al conseguir darle un cabezazo en plena nariz. Pero no pudo correr ni tres calles cuando ya lo tenía de nuevo empujándolo por la calle hasta un gran barrio tranquilo lleno de casas iluminadas.

Con tantos forcejeos, su codo se golpeó con el timbre de una casa de la cual no se había ni enterado de cómo había llegado al estar más pendiente por soltarse.

-Mierda-. Pensó cuando la puerta se abrió y la vio.

Y ahí se encontraba actualmente. Delante de la puerta de la claramente muda y asustada humana tan tenso como una viga de hierro.

Incluso él sintió como el aire entre ellos se hacía más denso y pesado. Estaba claro que ninguno quería estar en esa situación.

Ella no quería verlo ni él a ella.

Ahora se debatía internamente el quedarse allí esperando que le dejara pasar o marcharse, pero la primera era poco probable y la segunda imposible porque Naruto iría a buscarle de nuevo antes de poder salir siquiera de su parcela.

Así que no le quedó más remedio que quedarse ahí, de pie como un imbécil esperando a que ella dijera algo que no fuera ese tartamudeado saludo que no se dignó a contestar.

Ella bajó la cabeza intimidada por su gélida mirada y lo exasperó. A este paso se pasaría toda la maldita noche en el umbral de la puerta.

-¿Puedo pasar o tendré que cenar en la puerta?

Sintió un poco, minúsculo, de arrepentimiento cuando la vio chillar silenciosamente ante su voz ruda y sus hombros temblaron por el miedo.

Era cierto, estaba aterrada de él pero se esforzaba por ser amable.

-S-sí, lo si-siento por hacerte es-esperar-. Se apartó trastabillando con sus propios pies-. A-adelante.

Fue poner un pie dentro del recibidor y sentir las miradas de los otros clavados en él como si fueran dagan cubiertas de fuego.

Vale, reconocía que tal vez no debería haberle hablado en ese tono.

Pero lo hecho, hecho esta. No podía regresar en el tiempo. De ser así se habría atado a si mismo a la cama aquella noche donde la conoció para no tener que estar actualmente ahí.

-Pu-puedes sentarte en el sa-salón. La co-comida no es-esta lista a-aún.

Miró como ella se perdía de vista al entrar en la cocina y fue al salón donde estaba el resto.

-Pareces un demente con la ropa mal puesta, ¿no te dio tiempo a vestirte bien para venir?

-Y tú pareces gilipollas, ¿te caíste de la cuna Uchiha? –Se sentó en el, sorprendentemente, cómodo sofá color crema de la humana.

-No, ese fue seguramente Naruto.

Sonrió ladinamente al ver al rubio alzar la cabeza con expresión molesta.

-¡Hey, que no soy sordo! –Le miró ceñudo por un rato hasta que se acordó de que estaba ayudando a Kiba a colocar el árbol para que no cayera en su soporte-. Pues listo ¡Hinata! –La aludida se asomó removiendo un bol con nata rosa que sería para el postre-. ¿Cuándo lo vas a adornar?

-A-ahora mismo. Un mo-momento.

Cuando llegó al salón ya no portaba ningún bol en la mano. Y apretó el paso cuando tuvo que pasar delante del pelirrojo. Cosa que a él no pasó desapercibida pero ignoró.

Kiba le pasó una caja que era la mitad de alta que él.

-Elegimos los adornos rojos, ¿te gusta ese color?

-Sí, es muy bo-bonito.

Estaba tan emocionada, hacía como unos seis años que no decoraba un árbol de Navidad. Y no era porque no tuvieran en casa, lo tenían incluso más grande que este, pero su padre no la dejaba acercarse.

Decía que solo era para la familia.

Y aunque fuera su hija, él nunca la vio y trató como una.

Se ajustó disimuladamente el cuello de su camiseta para ocultar las aún visibles marcas de su cuello temiendo que pudieran verse.

Pocas por no decir ninguna excusa serían creíbles si ellos veían las señales de que habían intentado matarla mediante el estrangulamiento. Las malditas marcas que estaban tardando una eternidad en irse por la palidez de su piel.

No obstante, quitando esa preocupación, pasar ese rato colocando bolas de todos los tamaños y colgando las guirnaldas ayudada de Naruto y Kiba fue estupendo.

Con lo que más se sorprendió pero divirtió en igual manera fue cuando sin previo aviso cuando daba saltitos Kiba la tomo de la cintura y la sentó sobre su hombro para que pudiera llegar a lo alto del árbol como pretendía.

Su risa burbujeante brotaba natural de ella.

Hacía mucho tiempo que no se sentía tan contenta y animada. Sabía que estaba en lo cierto cuando aceptó cenar con ellos.

Le harían olvidar todo por una noche y volverían su constante miedo en dicha.

Sonreía alegremente colocando guirnaldas sobre los hombros de Kiba mientras este discutía con Naruto por quien sabrá que tontería ajena a la mirada que el pelirrojo le dirigía sentado desde el sofá.

No entendía que veía de feliz en colocar bolas de colores en las ramas de un abeto.

-Humanos… -Pensó, solo ellos eran capaces de divertirse con cosas tan extrañas.

Sin embargo, a pesar de eso, Naruto y Kiba también se divertían cuando no estaban discutiendo. Incluso Sasuke poseía una expresión serena y afable al observarlos interactuar.

Todos alegres menos él. La oveja negra del grupo en aquel momento.

-Es adorable-. Sasuke habló refiriéndose a la humana, pero no quería hablar de eso. No quería hablar con nadie ahora mismo-. ¿Tu qué piensas?

-Nada.

-¿Seguro? –Alzó los ojos para centrarlos en dos rendijas afiladas en los oscuros del moreno. Pero ignoró la amenaza no dicha para darle un una respuesta que no supo como encajar-. No es lo que han dicho tus ojos hace un momento.

Pensaba levantarse, agarrarlo del cuello y exigir que le dijera las cosas claras y se dejara de tanto misterio. Pero lo interrumpieron.

El timbre del horno sonó y Hinata saltó veloz desde los hombros de Kiba al suelo asustando en el proceso al castaño por semejante habilidad inesperada.

No mostró señas de haberse hecho ningún tipo de daño a pesar de la altura en la que estaba.

Salió disparada a la cocina ante las miradas curiosas.

-Po-podéis sentaros en la me-mesa del comedor. -Pu-puse unos cuantos a-aperitivos mientras se en-enfría un poco pla-plato principal.

Desde el comedor podían verla ir de un lado a otro de la cocina tomando las bebidas.

-Mirad que pinta tiene todo para ser solo aperitivos. Esto si que parece comestible y no la porquería que nos ponen en la fortaleza.

Kiba asintió estando totalmente de acuerdo con la afirmación del rubio. Eso si eran platos con pinta apetitosa y no lo otro.

Se sentaron uno junto al otro dejando la silla central para la anfitriona. Sasuke hizo lo mismo dejando la silla junto a la principal libre para el pelirrojo el cual gruñó al ver que lo había hecho adrede.

Tomó asiento de mala gana.

Entró alegremente al comedor con las botellas en brazos, pero la sonrisa se volvió una mueca extraña al ver quien estaba a uno de sus lados en la silla que le dejaron.

-¿Qué son los platos?

Sé acercó a su sitio respirando para tranquilizarse tanto de la idea de tener que estar toda la noche sentada junto a Gaara como para no tartamudear.

-Este es bacón relleno de dátiles y gambas-. Señaló el plato aplaudiéndose a si misma mentalmente por no haberse trabado la lengua.- Frente a ti están los huevos rellenos de atún en salsa de tomate o de cangrejo en salsa rosa.

Y siguió comentando los platos viendo divertida los rostros hambrientos de Kiba y Naruto con cada plato.

Se sintió doblemente orgullosa cuando tras pinchar algo de comida y llevársela a la boca, los dos abrieron los ojos con expresión de gloria.

-¿Lo has hecho tu de verdad?- Asistió sonrojada y se asustó un poco cuando Naruto golpeó la palma de la mano en la mesa-. ¡Hinata esto esta riquísimo!

-El cabeza hueca tiene razón. La comida esta tremenda.

No se le daba bien aceptar cumplidos. No los recibía a menudo así que no sabía sobrellevarlos de otra manera que no fuera adquiriendo el color del pelo de Gaara en las mejillas y bajando avergonzada la cabeza.

Lo que les causó cierta gracia a los dos.

-Cierto, esta muy bueno.

Les sonrió tímidamente en agradecimiento mientras se echaba un poco de cada plato en el suyo imitando a Naruto y Kiba que al contrario que ella, se llenaron el propio hasta arriba de comida.

Todos comían alabando sin parar a la peliazul por la comida.

Gaara con el plato vacío y de brazos cruzados miraba a sus amigos devorar la comida como si no hubieran probado bocado en días.

Todo ante la mirada más que sorprendida de la humana al verles comer como si no hubiera un mañana.

Miró los pocos aperitivos que habían dejado en los platos por si él quería comer.

La comida, por muy terco que fuera, reconocía que tenía buen aspecto. Y las expresiones llenas de autentica felicidad de quienes tenía en frente le confirmaban que rico era una definición que se quedaba corta con aquellos alimentos.

Tomó un tenedor y pinchó un dátil con bacón de los que ella había nombrado al principio de todo y se lo metió en la boca.

No mentían cuando dijeron que estaba delicioso, para nada. Sabía muy bien. La comida de la fortaleza era una autentica basura si se comparaba a esta.

Era un golpe a su orgullo contra humanos pero lo reconocería. Ella cocinaba de maravilla.

Y aunque no le dijera en voz alta que estaba bueno, lo demostró llenando su propio plato con los aperitivos que quedaban.

Pudo ver que el mensaje llegó perfectamente al mirar la sonrisa que le había dirigido. Tímida e insegura pero una sonrisa al fin y al cabo lejos de la forzada y asustada que se esperaba.

La vio de repente tomando la botella de vino que había junto a Naruto para quitarle el papel. Su rostro fruncido le llamó la atención al empezar a ponerse rojo por segundos. Solo cuando ella bajó la cabeza suspirando bajito con derrota y se miró la enrojecida mano supo que trataba sin éxito de quitar el corcho de la botella.

Se miraba su dolorida mano tras casi dejarse la piel en el corcho. Fue un gran despiste de su parte no comprar un saca corchos para esa noche si no tenía ninguno en casa.

Le apetecía una pequeña copa de vino para calmar los nervios que sentía.

Dio un saltito en la silla al ver como una mano grande y masculina le quitaba la botella de su regazo.

Cuando alzó el rostro vio que se trataba del pelirrojo quien lo había hecho y destapó como si nada la botella llamando la atención del restó con el sonido del corcho.

Le dejó silenciosamente la botella frente a ella en la mesa y siguió comiendo.

Parpadeó perpleja unos segundos para sonreír suavemente al comprender que la había ayudado desinteresadamente.

-Gra-gracias.

No recibió respuesta por parte de él pero eso no hizo que su sonrisa se fuera.

Se sirvió media copa para darle un pequeño sorbo y se levantó llevándose consigo los platos vacíos de la mesa para despejar y hacer hueco para el plato principal. Con la mirada de reojo del pelirrojo siguiendo cada movimiento.

Sasuke rió por lo bajo captando su atención.

-Que-. Su voz sonó venenosa.

-No he dicho nada –. Alcanzó la botella de vino que abrió antes para llenarse la copa-. Por cierto, bonito detalle con ella.

-No he tenido un detalle con ella.

-Cierto, has tenido dos. Extraña tu manera de decirle que cocina bien.

-Cállate-. Dejó caer el tenedor a la mesa para evitar doblarlo si lo apretaba sin darse cuenta- Yo no he hecho nada de eso.

Kiba y Naruto miraban atentamente y de manera intercalada a sus compañeros. Sin saber ciertamente de que estaban hablando.

La tensión se empezaba a respirar.

-Eso es lo que tú te crees.

-¿Qué estas insinuando?- Apretó los puños y las luces del árbol tintinearon.

De nuevo estaba burlándose de él porque sabía cosas que desconocía referente a la humana.

E intuía que tenían que ser sobre sus problemas con su aroma.

-No me corresponde a mí decirte eso, tienes que darte cuenta tu mismo.

Pensaba replicarle, no, levantarse y agarrarle del cuello para obligarle a dejar toda esa mierda del misterio y le dijera de una vez que diablos ocurría que él ignoraba.

Lo habría hecho si ella no hubiera entrado de nuevo con la enorme fuente entre las manos.

-Si-siento la espera.

En los nuevos platos limpios que tenían debajo del que usaron para los aperitivos, repartió según la cantidad que le pedían.

Se quedó anonada, sin palabras al ver la cantidad que tanto el rubio como el castaño le pidieron. Parecían muertos de hambre, que no habían comido en días, semanas incluso.

Lo que comerían por lo menos tres personas es lo que se habían echado al plato.

El moreno fue más normal, al igual que el pelirrojo que se echaron solamente un poco más que ella.

Una vez sirvió a todos, a uno de ellos un tanto nerviosa al no haberle dirigido palabra alguna en toda la noche, se sentó. Y de nuevo una tanda de elogios por su comida floreció a modo de conversación haciéndola sonrojar y tartamudear ante la vergüenza.

Kiba le dio un posible remedio para la tartamudez, y se llamó boba a si misma por no pensarlo antes.

Era un método que tradicionalmente se utilizaba para no decir tacos. Pero también podía servir para no tartamudear como bien le había dicho.

Echar una moneda en un tarro de cristal cada vez que tartamudeara. Tan simple como eso.

Masticaba en silencio sin levantar la vista de su plato.

No le interesaba la conversación a pesar de que no sabía ni de que estaban hablando porque no estaba prestando atención a otra cosa que no fuera la carne en salsa con guarnición.

Estaba molesto, enojado, enfadado. No solo con el Uchiha, que era el principal junto a Naruto por llevarle allí a rastras. También lo estaba con ella.

¿Y por qué? Pues porque con el olor de la comida cubría todo, pero al tenerla ahora sentada a su lado y con el aroma de las especias menguando. Otro olor en especial, el de su sangre, comenzaba a hacerse notar.

De nuevo comenzaba la picazón en su nariz, el temblor en sus colmillos mientras intentaba por todos sus medios mantener ocultos en su lugar sintiendo como se habían alargado un poco y amenazaban con hacerlo más.

Apretó los puños con fuerza clavándose las uñas en el proceso cuando un escalofrío le recorrió la espalda.

Se levantó abruptamente de la silla y vio por el rabillo del ojo a Sasuke poniéndose en guardia.

-¿Dónde esta el baño? –Su voz gruesa la hicieron sentirse pequeña e indefensa por su raspes.

-A-al final del pa-pasillo. La puerta bla-blanca-. Parpadeó tras el repentino susto por su brusquedad al levantarse y lo vio marchar con fuertes pisadas.

-¿Le habrá sentado mal la comida?

Se encerró en el baño y corrió el pestillo para tener ese invisible muro de seguridad que le protegía de lo que fuera que le alteraba de ella.

Apoyó la espalda en la puerta y se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo.

Abrió la boca dejando sus colmillos salir libremente con un siseo ante el dolor que sentía al mantenerlos ocultados cuando apenas cabían en su boca. Un ligero dolor tomó lugar en sus manos.

Al abrir los puños vio pequeñas heridas que ya comenzaban a curarse por si solas causadas por si mismo al apretar demasiado los puños para contenerse instantes antes.

Gruñó lamiendo las pequeñas gotas de sangre que caían y se levantó pasadamente del suelo para acercarse al lavabo y echarse agua fría en la cara y el cuello.

Dejó el grifo abierto un momento mientras contemplaba su reflejo en el espejo.

El aspecto que tenía era endemoniado, pelo alborotado y húmedo. Ojos perdidos, oscuros e inyectados en sangre. Colmillos afilados preparados para morder y la respiración forzada.

Su risa forzada y cínica resonó en los azulejos del baño.

Menuda noche iba a pasar estando constantemente yendo al baño para controlarse y no hacer la estupidez de saltarle encima y dejarla seca. Pero era lo único que podía hacer para mantener a ralla su autocontrol.

-¿Por qué ella me produce esto?

De nuevo se formulaba la pregunta sin respuesta.

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Hola queridos lectores, al final publiqué mucho antes de lo que le dije a algunos por mensajería privada. Me emocioné escribiendo al ver la buena acogida que esta teniendo este fic.

¡No sabéis lo mucho que hacen los ánimos que me dais en cada review!

Es más largo que los demás ya publicados, pero no quedaba bien cortar la cena a la mitad en este momento de la trama. Quedarían cositas sueltas.

Bueno, no os molesto más hablando.

Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:

-Giii: No pasó nada como ves, ha sabido controlarse por esta vez, pero quien sabe si lo hará la siguiente. Todavía queda para el primer beso, ten paciencia.

Gracias por el review.

-lalatosa: No ha pasado gran cosa, solo que Sasuke sabe cosas que Gaara no. Y eso le molesta.

Gracias por el review.

Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.

Publicado el 19 de Mayo de 2014.