10. Campamento en Navidad

Rose y Albus se encontraban en lo alto de una pequeña colina acompañados por sus padres: Ron y Harry. El terreno estaba totalmente nevado y cubierto de árboles, lo cual lo protegía de miradas indiscretas.

-¿Por qué nosotros somos los que tenemos que recibir las visitas? -inquirió molesto Ron.

-Porque tal vez hubieras preferido quedarte ayudando a tu madre a preparar la cena de Navidad- le contestó divertido Harry.

Ron pareció pensárselo, y debió de creer que era algo justo, ya que no abrió la boca para quejarse de nuevo.

-¿Si le respondiste que los veríamos aquí? -preguntó Harry a su hijo.

-Sí -respondió Albus-. Aunque ahora que lo pienso tal vez no sepan donde queda esta colina.

-¡Imposible! -exclamó Ron-. Todo mago de Gran Bretaña sabe donde queda esta colina.

-Pero han vivido en otros lugares aparte de Gran Bretaña -replicó Rose.

-En todo caso -intervino Harry-, creo que si ellos no supieran donde queda la colina nos hubieran mandado otra carta diciéndonoslo.

Albus se quedó pensándolo. Su padre debía tener razón: si William no hubiera sabido donde estaba la colina se los hubiera dicho.

-¿Y cómo se llama ese chico? -preguntó Ron.

-William Jacot -respondió Harry.

-¿Jacot? -repitió extrañado Ron.

-¿Pasa algo malo? -le preguntó Harry.

-Es solo que pensaba que ese apellido ya no existía en Gran Bretaña -respondió Ron.

-¿Por qué? -inquirió Harry.

-La familia Jacot era la más famosa de las familias mágicas de la antigüedad. Sin embargo, se les perdió la pista en Gran Bretaña hace más de doscientos años.

-¿De famosa pasó a ser casi desconocida? -inquirió Albus confuso.

-¡No me sorprende! -exclamó Rose-. Por lo que me ha contado William, él y sus hermanos son los primeros en varias generaciones en estudiar en Hogwarts. La mayoría de los familiares viven fuera del país, y solo en época reciente han regresado a Inglaterra.

-¡Oh, vaya! -expresó Ron.

De repente hubo una especie de destello, y un momento más tarde aparecieron William y su madre. Ella era una mujer increíblemente hermosa, alta y de facciones refinadas. Su cabello era largo y negro, y sus ojos oscuros eran profundamente enigmáticos. Era delgada y de buen cuerpo, algo que a Ron le hizo abrir la boca.

-¡Hola! -saludó animadamente William.

-¡Hola! -le regresaron el saludo Rose y Albus.

-¡Buenos días! -saludó la madre de William.

Su voz era armoniosa, e incluso sonaba más segura que la de Justin. Sobre sus labios se formaba una ligera sonrisa.

-¡Bienvenidos sean! -exclamó Harry Potter.

-Es todo un placer conocerle, señor Potter. Yo soy Laura Helio -se presentó la madre de William.

-¿Helio? -cuestionó Ron-. Nunca había escuchado ese apellido.

-No me sorprende -respondió Laura-. No es un apellido inglés. Pero ¿quién es usted?

-¡Oh! Mi nombre es Ronald Weasley.

-Es también un placer, señor Weasley -contestó la madre de William-. Les agradezco infinitamente que nos hayan invitado a pasar las Navidades con ustedes.

-No hay nada que agradecer -dijo Harry-. Nos encanta que uno de los amigos de nuestros hijos esté presentes en las celebraciones.

-Y cómo dicen: mientras más sean mejor -comentó Ron.

La madre de William sonrió. Albus la observó atentamente, y llegó a la conclusión de que aquella mujer no tenía que envidiarle nada a ninguna otra, con excepción tal vez de su tía Fleur.


La casa Weasley era un total hervidero. Con toda la familia reunida y aparte algunos invitados, mucha gente prefería estar en el jardín. Este era el caso de Albus, Rose y William.

-Pues tu madre resultó ser una excelente cocinera -comentó Rose.

-Tiene que serlo -respondió William-. Justin y yo comemos demasiado.

-Pues a la abuela le encantará contar con buena ayuda, porque siendo sinceros, mi mamá no es nada buena con la cocina -dijo Rose.

-¿Y Justin está con tu padre? -inquirió Albus.

-Sí, se fue hacia allá tres días después de salir de Hogwarts, y regresará una semana antes de que finalicen las vacaciones.

-¡Eh, Albus! -gritó una voz conocida.

Los tres amigos voltearon la cabeza, y vieron como James se acercaba a ellos con la pequeña Lily colgando de un brazo y el pequeño Hugo del otro.

-¿Qué pasa? -inquirió Albus.

-Te toca cuidar del par de bestias -le dijo James.

-¡No somos un par de bestias! -exclamó enfadada Lily.

-¿Por qué tengo que cuidar de ellos? -preguntó Albus.

-Porque yo tengo que limpiar el desastre que han creado en la sala -contestó James-. A menos que quieras limpiarlo tú.

-Gracias, pero prefiero cuidar de ellos -respondió Albus.

James les dejo a los dos pequeños, y se dio la vuelta para dirigirse a la Madriguera.

-Vamos a jugar, Al -pidió Lily mientras jalaba de la manga a su hermano.

-¿Y cómo que quieren jugar? -inquirió Rose.

-Juguemos a las atrapadas -propuso de inmediato Hugo-. Tú las traes.

Así se pusieron a jugar con los pequeños durante más de media hora. Al cabo de ese tiempo los tres estaban jadeando, pero no así los pequeños.

-¡Oh, vamos! -exclamó burlona Lily-. No me digas que ya te cansaste.

-¡Ese es el problema de la edad! -exclamó Hugo-. Ya ves Lily, cuando uno es viejo se cansa de todo.

-¡Ahora verán, pequeños demonios! -dijo Rose mientras se lanzaba sobre ellos.

-¿No hubiera sido mejor limpiar la sala? -inquirió William a Albus.

-Créeme, conociendo a estos dos, no -le respondió Albus-. Lo más seguro es que si James lo está haciendo solo todavía no lleve ni la mitad.

-¡Eh, chicos! -los llamó una voz.

Hugo y Lily se adelantaron corriendo al darse cuenta de que el abuelo Weasley había llegado.

-¡Es nuestro abuelo! -le dijo Al a William mientras caminaban hacia él.

-¡Hola pequeños! -los saludó el abuelo Artur en cuanto llegaron junto a él-. Y supongo que éste es el amigo que invitaron a pasar las Navidades.

-Es William Jacot -presentó Rose-. William, éste es nuestro abuelo Artur Weasley.

-¡Es un placer, señor Weasley! -expresó William.

-¡Lo mismo digo! -respondió el abuelo-. Y dime, ¿eres hijo de magos?

-¡Eh… sí! -contestó algo confundido William.

-¡Oh, bueno! -exclamó un poco decepcionado el abuelo-. Entonces nos veremos más al rato. ¿Y que les parece si me llevo a éste par de pequeñazos para que ustedes puedan divertirse?

El abuelo Weasley se retiró, llevándose consigo a Hugo y Lily. Los tres amigos se quedaron solos en esa zona del jardín.

-¿Fue mi imaginación -preguntó William-, o a su abuelo le decepcionó el saber que yo no era hijo de muggles?

-Probablemente -contestó Rose-. Verás, el abuelo es una gran amante del mundo muggle, así que el ser hijo de muggles te hubiera puesto al tanto y así hubiera podido interrogarte sobre cualquier cosa que se le ocurriera.

-¡Oh, vaya!


La noche llegó, y como no había espacio suficiente dentro de la casa para todos, se decidió que los hijos de Harry y Ron durmieran acampando en el jardín, y William se propuso acompañarlos.

-¿Por qué tenemos que dormir nosotros aquí? -cuestionó molesto James a su padre mientras éste levantaba la tienda de campaña.

-Velo por el lado positivo. Tendrán tranquilidad y paz -respondió su padre.

-¿Con Hugo y Lily aquí? ¡Ya lo creo! -exclamó sarcásticamente el chico.

-Oye Harry -llamó Ron-. ¿Me echas una mano con esto?

Ron estaba haciendo un desastre para armar la tienda de las chicas. Daba la impresión de no tener ni la menor idea de cómo armarla.

-¿Se puede saber qué haces cuando has ido a acampar con los chicos? -inquirió Harry alzando una ceja.

-Mamá es quien se encarga de levantar la tienda -contestó de inmediato Rose-. Y pues papá es quien se encarga de recoger leña y buscar comida.

-¡Eso lo explica todo! -expresó divertido Harry mientras agitaba su varita.

En un instante estuvo lista también la tienda de las chicas. Ya estaba listo todo para que los chicos acamparan.

-¿Quieren ir a comer algo antes de dormir? -inquirió Ron.

Hugo y Lily de inmediato se apuntaron. James se lo pensó un poco, pero finalmente aceptó. Mientras tanto, Albus, Rose y William decidieron quedarse afuera.

-¡Por fin! -exclamó Albus tumbándose sobre una manta-. ¡Algo de tranquilidad!

-Pero ¿de qué hablas? -preguntó Rose sonriendo-. En esta ocasión no hemos tenido que hacer nada. La madre de William nos ha ayudado bastante.

-Pues precisamente por eso -contestó Albus-. Después de no hacer nada necesitamos un descanso.

William se echó a reír con aquel comentario, tal vez de una forma muy exagerada.

-¡Tranquilízate William! -le pidió Rose-. No fue para tanto.

-Lo siento -se disculpó el chico conteniendo la risa-, pero es que estoy feliz de poder pasar la Navidad en compañía de alguien más que mi mamá y Justin. Además, el estar aquí hace que me olvide de mis problemas, como si en este momento solo existiéramos nosotros tres.

-Hablando de problemas… -comenzó Rose.

-¡Por favor Rose! -rogó Albus-. En estos momentos no empieces a molestarnos con la tarea. Ya le adelanté un poco, y el resto lo puedo hacer pasando la Navidad.

-¡Yo no iba a hablar de la tarea! -exclamó ofendida la chica-. Yo iba a preguntarles sobre que creen que esté haciendo el profesor Sinclair en este momento.

-Bueno, pues salió hacia Sicilia ¿no? -inquirió Albus-. O eso nos dijeron.

-¡Eso es precisamente lo que me preocupa! -expresó Rose.

-¡No te preocupes Rose! -exclamó William-. En caso de que no se haya ido hay algunos alumnos que se quedaron, y creo que además se iban a quedar la profesora McGonagall, la profesora Phoe y el profesor Baster. Supongo que ellos pueden controlarlo. Aunque…

-¿Aunque qué? -cuestionó Rose.

-Es que cada día que pasa me parece más difícil de creer que aquella profecía hable realmente del profesor Sinclair -comentó William.

-¿Qué quieres decir? -inquirió Albus.

-Que yo no creo que el profesor Edward sea el hombre que llegó al colegio con el fin de regresar al Señor Oscuro -contestó William.

Rose y Albus se sorprendieron con aquella declaración. Siempre les había parecido que William creía en lo que decía la profesora Phoe, y por eso se había empeñado en buscar la profecía.

-¿Por qué no crees que el profesor lo sea? -cuestionó Albus.

-No me parece que sea una persona malvada -contestó llanamente William.

-A veces el amor nos ciega -comentó en voz baja Rose.


-¡Las historias de terror se cuentan al aire libre! -exclamó molesto James.

Albus, James, Lily, Rose, Hugo y William se encontraban encerrados en la tienda de campaña de los chicos. Hugo y Lily habían insistido en que contaran historias de terror hasta que los demás aceptaron, pero Rose aceptó bajo la condición de que lo hicieran dentro de alguna de las tiendas.

-Lo siento -dijo Rose-. Pero estás loco si crees que yo voy a estar allá fuera en el frío, escuchando los sonidos del campo, mientras tú nos cuentas historias de terror.

-¡Pero así no tiene chiste! -exclamó Hugo decepcionado.

-Créeme, no dirás lo mismo cuando oigas a James -le dijo Al.

-Al tiene razón -concordó Rose-. A mí no se me olvida aquella vez que acampamos el año pasado. Es por eso que prefiero que ahora nos quedemos adentro.

-Pero nosotras vamos a tener que salir de todas formas después -expresó Lily.

-No había pensado en eso -dijo Rose.

-Pues demasiado tarde -expresó James-, porque es hora de empezar.

Todos se sentaron al centro de la tienda, formando un círculo. Albus apagó unas cuantas luces y quedaron en una semipenumbra, lo cual los hacía sentirse a todos un poco nerviosos, y más cuando escuchaban como el viento soplaba.

-Muy bien, hace algún tiempo, existía un enorme bosque -comenzó James-. Era un bosque al que nadie se atrevía a entrar, ya que quien lo hacía nunca llegaba a regresar. Se le conocía como el bosque de la Muerte. Incluso aquellos que solo pasaban cerca de él aseguraban que escuchaban con frecuencia ruidos extraños, ruidos que solo podían ser provocados por criaturas sedientas de sangre.

Un día de invierno, cuando la luna brillaba en el cielo, justo como hoy, una niebla comenzó a salir del bosque, inundando todas las poblaciones que rondaban al bosque. Los pobladores se sintieron de pronto rodeados por la oscuridad…

En ese preciso instante, la luz que rodeaba a los chicos disminuyó. Rose y William gritaron de inmediato.

-Albus, no hagas eso -exigió molesta Lily.

-¡Yo no he hecho nada! -se defendió Albus.

-Debe de ser una nube que está tapando a la luna -los calmó James, aunque el también parecía ligeramente asustado-. Apuesto que si nos asomamos lo comprobaremos.

Pero nadie se atrevió a asomarse. De repente el ruido del viento había aumentado, y todos fueron concientes de que la humedad presente en el viento era mayor de lo normal.

-Debe ser la nieve, eso debe de provocar la humedad -dijo Rose intentando calmarse.

-Pero eso es imposible -refutó William-. Este tipo de tiendas no permiten el paso del frío ni de la humedad.

-¡William, me estás asustando! -exclamó Rose.

-¡Tengo miedo! -expresó Hugo abrazándose a su hermana.

La luz pareció seguir bajando, pero dentro de la tienda nadie apagaba nada. Es más, Albus había comenzado a prender todas las luces del interior de la tienda.

-¡Esto no es normal, James! -exclamó Al.

-Lo sé, Al -respondió James-. Tal vez sería bueno que fuera a buscar a papá.

-No estarás pensando salir ¿o sí? -inquirió William.

-No tenemos otra forma de avisar a los mayores.

En aquel momento en el aire se escuchó una especie de gemido, que hizo que a todos se les pusieran los pelos de punta. Rose y Lily fueron en aquella ocasión quienes gritaron, mientras que William empezó a revolver cosas en su mochila.

-¿Qué demonios fue eso? -inquirió asustado Albus.

-No lo sé -le contestó su hermano.

William sacó de su mochila su magicel, y de inmediato se puso a decir el nombre de su madre.

-Laura Helio -dijo con voz clara.

Sin embargo en el magicel no pasó nada. Parecía una simple esfera de cristal.

-¿Qué es lo que sucede? -cuestionó-. ¿Por qué no puedo establecer conexión?

Se volvió a escuchar aquel gemido lastimero, esta vez mucho más cerca de los chicos. Sin embargo, eso no fue lo único que se escuchó.

-Mortifuoco -se escuchó rezar a una voz.

De repente los chicos vieron como una intensa luz empezaba a brillar fuera de la tienda. Pero no solo brillaba, sino que consumía la tienda, encerrándolos entre las llamas.

Rose, Lily y Hugo empezaron a gritar con desesperación, mientras que todos se arrejuntaban en el centro de la tienda, con el fin de localizarse lo más lejos posible del fuego. Nadie sabía que hacer, no parecía haber forma de escape.


¿Que sucederá con los chicos? ¿Será posible que escapen del infierno en que se han convertido sus tiendas? ¿Quién fue el responsable de eso? ¿Por qué lo habrá hecho?

Espero les guste esta parte de la historia.