¡Atención!: Esta ocasión hago dos entregas: parte cinco y parte seis, si comienzas con esta mejor regresa.


Parte seis.

Como muchos de otros días el sol estaba en el cielo y las nubes no se molestaban en cubrir ni un poco de sus odiosos rayos, que hacían sudar a más de una persona en el colegio.

Ahí estaba de nuevo el alumnado buscando cubrirse del sol, quizá escapar de uno que otro compañero.

-No gracias, estaré ocupado apoyando en las actividades extraescolares al consejo.

Ese era Uchiha Itachi, negándose a ir a una fiesta. A su lado el pobre Kakashi, cargaba un gigantesco lote de libros, que más bien parecía ser una columna de libros con piernas, y cabellos grises asomándose por un costado.

Minato estaba a una prudente distancia mirándole. Ese era uno de los pasillos que llevaban hacia las canchas deportivas, de donde venía Minato, y también era la banca que estaba enfrente del edificio en donde se reunía el consejo. Minato se preguntó por qué ponía tanta atención en cada cosa y pensar en que eso era tal o cual. Su cerebro se estaba secando o como mínimo aparte de hidratación necesitaba un masaje.

Kakashi saludó como pudo a sus amigos cuando los vio; Kushina le sonrió hermosamente agitando duro la mano, para luego matar (o intentarlo) con la mirada a Itachi, aunque desafortunadamente para ella no lo logró. Minato se limitó a ofrecer una sonrisa débil para despedirse de los dos. Itachi devolvió la despedida con un simple asentimiento de cabeza.

A Kakashi se le empezaron a liar muchas ideas extrañas en la cabeza. Otra vez.

A Kushina se le antojó que Minato, ya la había ignorado lo suficiente. Llevaba alrededor de quince minutos hablándole, Minato asentía sin realmente poner atención. Incluso cuando Kushina, a propósito empezó a decir disparates para probarlo, Minato siguió asintiendo y así comprobó que su atención era nula.

-¿Entonces puedo compartir sus ganancias?

-Ajá.

-Si Kakashi te prostituye me dará el cuarenta por ciento de ganancias.- Esa era una plática real, aunque en broma, que había tenido con el de cabellos plata.- Él se encargará de traer a los compradores, yo sólo te pondré guapo.

-Si.

La ceja de Kushina tembló de rabia contenida.

-Y prostituiremos a Naruto.

-… Ajá.

-¡Escucha de una vez, estúpido Minato!

Esa era Uzumaki Kushina, golpeando tras la cabeza del rubio con una sonora colleja, para ganar su atención.

-¡Y te atreves a decirme "ajá" cuando se trata de Naruto!

-¿Qué?... ¿Qué le pasa a Naruto? –Se extraño Minato, mirándola con el gesto serio.

Eso le ganó otro buen zape. Kushina quería a Naruto, como si fuese su propia familia. Ni hablar de que Minato le amaba. Si estaba tan distraído como para no regresar de la nada desde que Kushina, le nombro al inicio, era algo serio.

-Mira yo… -se sentó, estrujándose las manos de forma poco usual.- Yo no soy la que… pues tú ya sabes, es el otro el que sabe cómo sacarte la sopa cuando estás preocupado y esas cosas… aunque no pasa seguido, tú sabes de veras, porque arreglas todos tus asuntos ¡y hasta los nuestros!, como cuando nos molestan los de la maldita fraternidad y los bastardos esos... ah me desvié. El punto es que… ¿Qué era?

Minato sonrió, mirando el aprieto de Kushina.

-Que tú no eras quien sabe qué… y el otro si era el de la sopa.

-¿Qué? ¡Ah no me confundas! –le metió un codazo que casi lo deja en el suelo, ¡tenía la guardia baja! - El punto es que… ¿a ti que te pasa? Llevas días así de raro.

-No tengo nada.- Fingió una sonrisa despreocupada, Kushina lo miró mal. Sus ojos azules no tenían el mismo brillo de siempre.

-Los amigos no sólo se dicen la verdad por ley, sino por mandatos del corazón. ¿Qué hay de eso? Siempre nos andas diciendo cosas para que te digamos todo, pero no nos dices nada.- Giró la cara con molestia. Minato suspiró profundamente.

-Sé que puedo arreglarlo, es un pequeño problema.

-Si, si, si, ¡claro! El perfecto Minato, no necesita a una boba, un genio inadaptado y el resto de los estúpidos que lo rodean y llama amigos nada mas de nombre, porque puede solo siempre, ¿no? Nos exiges confianza cuando tú mismo estás todo ojeroso y desnutrido desde hace días, ¡y no nos la tienes! Estoy preocupada. Hasta el idiota de Kakashi lo está.- Se puso en pie, caminando con los brazos cruzados de lado a lado.- Pero dijo "déjale solo, él tiene que pensar las cosas, no lo presiones"… ¡bah! Él también dice y no hace… tampoco come todo en su charola, y se la pasa despegando su vista del libro porno que lee para ver qué haces o no, y eso es una señal alarmante… ¡idiotas!.

Minato deseaba poner en serio cara de regañado, pero no pudo menos que soltar una carcajada. Incluso preocupada, Kushina era adorable. Dio unas palmaditas en la banca, invitándola a sentarse. Aún en morritos y de brazos cruzados, se dejó caer sentada a su lado.

Se quedaron en silencio un rato. Kushina tuvo que morderse más de una vez los labios para no hablar.

-Está bien… te diré que es lo que me pasa.- Suspiró profundamente. Hundió su labio superior dentro de la boca en gesto preocupado.- Tengo un gran y serio problema. –Miró a Kushina, que tenía un inusitado gesto calmado y serio en el rostro. No daba rastros de exaltarse o hablar, y eso fue algo que a Minato, le dio valor. – Me parece que soy homosexual.- Cerró fuerte los ojos. ¡Ella era su ex novia, maldición!- y… me gusta un muchacho de la escuela.

Esperaba un golpe, gritos típicos de sorpresa, cualquier tipo de reacción marca Uzumaki. Pero lo único que sintió fue un abrazo.

-Gracias por confiar en mi.- Le susurró ella al oído.- No se como pero vamos a solucionar esto. ¿Quieres contarme más?

La acción fue tan reconfortante que Minato, por primera vez en su vida, quiso hasta llorar de sentirse consolado, precisamente por esa persona en esas circunstancias. Se limitó a carraspear, sonreír y retirarse un poco del abrazo tras corresponderlo brevemente.

-Es que no se si sea correcto contártelo a ti.

- Que más da, ¿es porque soy tu ex o que?

Minato asintió, teniendo la decencia de sonrojarse un poquito.

-¡Bah! Agua pasada. Lo único que me trauma –tomó su barbilla fingiéndose pensativa.- Es que por mi culpa te hayas hecho gay… ¿fue así?

Minato se carcajeó ante la cara excesivamente preocupada de Kushina.

-¡Claro que no!

-Ay que bueno, eso me tranquiliza… como sea. A ver, cuéntame quien es el que si te hizo. –Acercó su rostro, con los ojos engrandecidos y encendidos de una extraña chispa. Esa era en realidad una situación extraña, pero Minato supo que si podía contárselo a alguien por como se desarrollaban las cosas, era a ella.

Le contó cómo es que había mantenido a distancia la relación de amistad con Itachi, la forma en que había esperado a que creciera gradualmente. Kushina supo así, como es que un pesado como el odioso bastardo maldito, podía "de la nada" como todos creían hablarle a Minato. Para Kushina era difícil creer que Itachi, fuera la persona sensible y apasionada que contaba Minato, pero decidió (raramente prudente) callar su perspectiva. Se emocionó cuando Minato, comenzó a contarle como fue dándose cuenta de que le quería. Y finalmente, llegó lo que Minato esperó desde el inicio: el gran grito de sorpresa.

-¿Qué? ¿Qué ustedes se acos… -La gran mano de Minato, le tapó la boca. Kushina luchó para poder liberarse (y respirar, porque le tapó hasta la nariz), porque Minato, estaba volteando para todos lados para ver si nadie muy conocido había escuchado. Sólo uno que otro volteó, pues la mayoría había partido a sus clases, pero siguieron en sus asuntos.

-Gracias por la discreción.

-No tienes que ser sarcástico… oye, no todos los días uno se entera de que su amigo anda cogiéndose a bastardos malditos. ¿Qué te preocupa, si ya te lo comiste? ¡Lo tienes en tus garras!

Minato la miró con odio fingido, y se cruzó de brazos.

-El punto es que a él no le importa.

Aunque sólo le contó lo relevante sin entrar en grandes detalles que le comprometieran (mas, si se podía), Minato tenía vívidamente el momento en su mente. Tras la gran sorpresa, notó el frío rostro de Itachi, mirarle sin emoción alguna. Itachi se sentó al borde de la cama. Minato asustado, notó una mancha de sangre en la sabana del lado de Itachi. Por si las dudas, Minato revisó mentalmente su cuerpo y no percibió más dolor que aquel que generaba uno que otro moretoncito en su pecho y cuello. Le había preguntado muchas cosas, a las que Itachi respondió con monosílabos. De alguna manera, si habían llegado a ese punto, ebrios o no, Minato se hizo a la idea de que se debía quizá a cierta tensión sexual que era bien correspondida, así que se hizo ilusiones. Al final, tras vestirse le miró directamente a la cara, y con su rostro inmutable, Itachi le dijo claramente que le agradecería mucho si olvidaba todo, porque por su parte nada había pasado.

El corazón de Minato, que por un momento había tenido una pizca de esperanza, se había destrozado en pedazos. Sin embargo, Itachi aseguró que dado que eso no había sucedido, entonces ellos seguían siendo amigos. El rubio no supo si dolía más el saber que tras haber tenido relaciones sexuales –y por su parte, hacerle el amor,- seguir siendo su simple amigo, o le hubiera dolido más que lo alejara para siempre por lo mismo.

-¡Que idiota, ese bastardo desgraciado! –Refunfuñó Kushina, retorciendo el borde de su falda como si fuera el cuello de Itachi.- Debería estar agradecido de que te fijas en él y besar el suelo donde pisas… ¡uy como lo detesto!

Minato sonrió tristemente, y puso su mano sobre la de ella para que parase.

-Estará todo bien. Me parece que sólo tenía que hablarlo.

Kushina dejó todo movimiento, dedicándose a poner nervioso a Minato, con la mirada fiera y fija de sus ojos verdes.

-Es que tú estás pendejo.

-¿Qué?

-Bien que me oíste, pero si quieres lo repito. Como estás acostumbrado a que te digan lo genial que eres siempre, cuando te dicen una verdad de ese tamaño te espantas. ¡Más deberías espantarte de que sigas en ese estado de estupidez crónica! ¿Quién diablos eres tú, y qué hiciste con Minato Namikaze, el gran rayo amarillo de este pueblucho?

Él la miró como si estuviera bajando de una nave espacial. Pero era verdad, excepto por Kakashi, o su padre, difícilmente alguien le hablaba de manera dura cuando asomaba algún error. De alguna manera sabía también que estaba cometiendo un error grande, si Kushina le estaba hablando así, el punto era que aún no identificaba cuál era.

-Sé que fue una tontería acostarme con él, y no puedo decir que sea una excusa el exceso de alcohol. El punto es que el único remedio que hay como él dice, es seguir con nuestras vidas.

-¿Cómo si nada hubiera pasado?

-Si.

-Pero paso.

-Si pero…

-Y para ti significó algo.

-Kushina es que…

Otro zape resonó.

-¿Ya se te movieron las ideas, o necesitas otro más duro?... Mira, voy a explicarlo tan sencillo, como para que un genio como tú lo comprenda fácilmente.

Minato frunció el seño, tomando la nota mental de hacer que ella se alejara un poco de Kakashi, porque manejaba un sarcasmo bastante molesto seguramente por su causa.

-El Minato que yo conozco, no se sienta a ver lo que codicia desde una banquita, suspirando idiotamente como una colegiala enamorada. –Exageró con las manos en gesto teatral.- No. Él va y lucha con todo lo que tiene por lo que desea.

Minato se mordió el labio.

-A él no le interesan los hombres.

-Ya… -entrecerró los ojos.- Por eso deja que Kakashi lo ronde; pasa de largo de sus admiradoras, pero no de ti, a quien se nota a kilómetros que te roba la mirada. Además en vez de alejarse definitivamente finge frialdad y madurez para espantarte, o en su defecto, romperte el corazón, porque o le gusta demasiado sentirse admirado, o le gustas mucho tú. Quizá está asustado porque su educación fue distinta y esas cosas; no es que no le vayan los muchachos, ¡es que tiene prohibido aceptarlo!

Minato entreabrió un poco los labios.

-¿Puedo saber quien eres?

Ella se dejó caer a su lado. En realidad excepto por el dato de saber que se acostaron, era una plática que había tenido con Kakashi, -y ahora usaba casi textualmente las palabras de su otro amigo,- cuando Kushina sospechó algo, y para evitar que ella se entrometiera, Kakashi tuvo que explicarle las cosas. Con eso al menos les permitiría ir a su paso. A regañadientes y diciendo que el paso parecía el de una tortuga, Kushina aceptó. Pero ahora, si todo se estaba presentando de esa manera y por fin Minato, estaba lo suficiente triste para estirar la mano en busca de ayuda –un poco obligado por la pelirroja,- ella de ninguna forma le dejaría solo, y le ayudaría a retomar el camino hacia su felicidad.

-Si es que eso podría suceder con un bastardo odioso y pesado.

-¿Qué?

-Nada, pensaba en voz alta. Como sea, el punto es este. ¡Anda sólo imagínalo! –ella volvió a ponerse en pie, más entusiasmada.- Visualízate ya de una vez con el bast…- carraspeo,- con Itachi, como tu pareja.

-Kushina…

-Maldición, anda, sólo cierra los ojos y hazlo.

Él no podía dejar de reír y lo que al inicio le pareció estúpido, cuando comenzó a sumergirse en el juego, le tocó realmente una fibra interna profunda. Se vio a sí mismo besando a Itachi, tranquilamente, sin desesperación. Nada de exceso de sensualidad, sólo el hecho de que no existía nada más que Itachi, y el beso compartido. Precisamente era eso: Itachi daba la misma entrega que él. Era correspondido.

Cuando abrió los ojos, bajó la cara con el seño fruncido.

-Eso fue cruel.

-¿Eh? Ah no, si resulta lo contrario. Ahora que ya te viste viene la siguiente fase.

-No puedes ver una siguiente fase, porque no hay una primera.

-Cállate, ¡claro que la hay! Ya aclaramos que existe la posibilidad de que el bastardo Uchiha, no sea después de todo asexual, sino nos salga gay.

Minato movió negativamente la cabeza, dándose (un poco) por vencido. A Kushina se le había metido algo en la cabeza, y no había poder que se lo sacara. Y él estaba siendo más ingenuo, quizá estúpido por escuchar todo. ¡Rayos, se supone que era un genio! Y desde que se enamoro todo cambiaba radicalmente, y su mente se iba a dar un largo paseo.

-¡Hazme caso!

-Te oigo, si.

-Bien, porque lo que te diré es muy importante. Tú y yo volveremos a salir como novios.

-¿Qué? –exclamó Minato, seriamente asustado. No porque le pareciera mal alguien como Kushina, sino por las circunstancias de las que hablaban ¡y ahora salía con eso!

-Shh, calla. Luego dicen que la gritona soy yo. Fíjate bien, el bastardo odioso tiene una especie de enfermedad o… un instinto innato, de que siente como que todo lo bueno le pertenece y nadie puede ganarle en nada. ¿Y qué si finjo que le gane la partida? ¡El no soportara el hecho y luchará en mi contra por tu amor!

Minato se palmeó la frente. Por un momento juraría que a la muchacha le saldrían alitas en los pies, y corazones en los ojos.

-Debes estar bromeando.

-Claro que no, hablo muy en serio. ¿Tienes otra idea mejor para conquistar su corazón?

-No se trata de eso, Kushina, es que…

-Ash que pesado. Solías ser más inteligente cuando salíamos.- Posó su mano en la mejilla del muchacho, acariciando con el pulgar la piel.- Aunque no te veías tan bien.

Él no pudo menos que sonreír ante el gesto.

-Entonces quizá fue bueno que nos separásemos. Le hizo bien a mi imagen… ¡Auch!

Ella le dio un pisotón.

-Tranquilo Minato, todo estará bien.- Dijo ella, ignorando al pobre rubio, que sobaba su pie.- ¡Tu heroína favorita, Uzumaki Kushina, te ayudará a conquistar a Itachi, es una promesa, y yo nunca retiro mi palabra!

Y esa última frase, le dio escalofrío a Minato.


Continuará.