Here I am. Tres días justos desde la última actualización según mi calendario.
Disclaimer: HP de JKR, TS de SM. La historia y algunos personajes me pertenecen. ¿En serio tengo que seguir repitiéndolo aun cuando ya lo sabemos de sobra?
X - Contrastes y vampiros
RMPOV
Desperté cuando un rayo de sol me alcanzó. Me removí y me acomodé mejor sobre la cómoda, cálida y musculosa superficie… abrí los ojos al recordar lo que había pasado la noche anterior.
Cómo no, estábamos por completo desnudos. No que me importara, no era la primera vez. Nos cubría una fina sábana blanca, y los brazos de Oliver me rodeaban protectoramente.
Miré su rostro y lo recorrí con mis dedos una vez más. Sus facciones nobles seguían igual que siempre, salvo un par de finas cicatrices. Tenía revuelto el cabello castaño y cerrados sus ojos azules, aunque yo sabía perfectamente que estaba despierto.
Mi mano bajó por su cuello y trazó una cicatriz de su pecho que ya tenía la primera vez que habíamos estado así.
- ¿La recuerdas? – me preguntó Oliver.
- En mi tercer año, el último día antes de las vacaciones de navidad – recordé con una sonrisa -. Me fuiste a buscar a CCM, antes del almuerzo, y un hipogrifo alterado te atacó. Estuviste en la enfermería el resto del día y al siguiente casi te escapaste para irte con nosotros en el tren.
- Tenía que cuidar a mi novia – contestó encogiéndose de hombros. Alcé una ceja.
- ¿Aunque fuera perfectamente capaz de proteger mis espaldas?
- Aunque fueras la persona más poderosa de todo este maldito planeta, te cuidaría igual – respondió sinceramente. Sonreí y agaché la cabeza. Dejé que mi cabello tapara mi rostro y la mueca que surgió al recordar a otra persona que ocupaba mi corazón.
- No me arrepiento, ¿sabes? De ninguno de los momentos que hemos pasado juntos.
- Entonces, ¿cuál es el problema? – inquirió confundido y aliviado. Me separé de él y me apoyé en el respaldo cruzada de brazos.
- Haberlo engañado de esa manera. Siempre he sido sincera, solo cuando es muy importante puedo ocultar algo.
- ¿Le dirás?
- Sólo lo lastimaría – negué con la cabeza -. Eso me hiere, Oliver. A los dos los amo, pero contigo es… no lo sé, diferente – suspiré y reposé la cabeza en el respaldo de la cama -. Eres mi primer novio, mi primer amor, mi primer todo. ¿Entiendes?
- ¿Has estado con él? – preguntó al cabo de un rato, incorporándose también y sentándose tan cerca de mí que nuestros brazos estaban juntos.
- No de esa manera – contesté cerrando los ojos -. He estado solo con dos personas. Tú, obviamente, y Jack McKinnon poco después de que termináramos. Estaba ebria, ya sabes. No me sentía bien por haber sugerido cortar y perdí el control en la fiesta.
- Si no lo proponías tú lo haría yo – afirmó seguro de sí mismo -. El último tiempo me sentía diferente, sentía que te estaba atando a una relación sin futuro. Llámame inseguro, pero verte una vez cada dos meses me hacía pensar.
- No creo que al final lo hubieras hecho – rebatí abriendo los ojos y girando la cabeza a la derecha. Cruzó los brazos tras la cabeza y sonrió culpable -. Hubieras esperado lo que hiciera falta.
- Ya, pero eso no impidió que me diera cuenta que tenías razón cuando quisiste terminar. Te vi con McKinnon en Hogsmeade.
- Eso fue después de haber despertado a su lado – informé -. Quise darme una oportunidad, a ver si funcionaba. No lo hizo, claro. Terminé con él un par de días después de ir al pueblo.
- Me alegra oír eso – sonrió -. Pero no me gusta pensar que te impido ser feliz.
- Fui feliz contigo – intervine frunciendo el ceño -. En todo caso, no tenía punto de comparación. Simplemente no podía intentar ponerlos a tu nivel, en ese caso supongo que ni con Edward habría durado más de una semana.
- ¿Puedo preguntar cómo nos ves? – inquirió. Sonreí y cerré los ojos.
- Tú fuiste mi primer novio, él es el último que he tenido. Los dos son igual de tiernos y cuidadosos conmigo, ahí no puedo compararlos. Los dos son sangre pura, aunque tu familia es más respetable que la familia Masen en sus tiempos. En dinero están bastante bien, con eso no hay problemas – me dejó seguir sabiendo que no hablaba en un sentido superficial, sino del nivel de apreciación de mi familia por cada uno de ellos -. Eres guardián en un buen equipo de quidditch y la última vez que él ejerció una carrera fue hace unos treinta años. Él nunca ha explotado sus poderes mágicos, tú desde que tienes memoria has aprendido a hacer pociones y relacionar hechizos. Con ambos me siento igual. La diferencia está en que tú me conoces mejor. Tenemos historia y pertenecemos al mismo mundo, con él llevo menos tiempo y nuestros mundos están enfrentados hace siglos.
- ¿Entonces?
- No lo sé. Si tuviera que elegir a uno de ustedes, ahora mismo no podría hacerlo. Claro que estás bastante aventajado.
- Te esperaré lo que haga falta. Lo sabes, ¿verdad? Puedo seguir mi vida, pero en el momento que me necesites estaré de vuelta a tu lado.
- Ya lo hiciste – besé su mejilla y fui al baño.
- Wow. Los años te han favorecido, Rosie – me giré y vi que estaba mirándome como baboso desde la cama. Rodé los ojos, volteé y seguí caminando después de hacerle un gesto con el dedo medio.
- Idiota – murmuré por lo bajo. Se echó a reír de inmediato y le aventé uno de sus botines, que estaba junto a la puerta del baño. Un siseo me advirtió que lo había recibido.
- Ya me lo han dicho – comentó.
Casi pude ver la sonrisa en su rostro cuando dijo lo último, pero no me molesté en comprobarlo. Lo conocía a la perfección y sabía que tenía toda la razón.
Cuando salí del baño, Oliver ya no estaba y su ropa tampoco. Solo había un trozo de pergamino con una rosa sobre las sábanas revueltas. Lo tomé y con un aburrido gesto de mano ordené todo el cuarto, pareciendo que nunca había pasado nada.
Porque los años no han cambiado lo que siento por ti
Oliver W-P
Sonreí y aspiré el suave aroma de la rosa. Por dentro comenzaba a romperme. Había engañado a mi novio actual con mi primer novio. Lamentablemente, no me arrepentía. Los amaba a los dos por igual. Solo esperaba no tener que elegir.
EdPOV
Respiré tranquilo cuando llegamos a la barrera. Un chico de la Hermandad nos esperaba sentado en una roca y jugueteando aburrido con su varita. Levantó la vista cuando llegamos.
- Hey, Edward – saludó. Estiró su brazo y atravesó la barrera, haciéndonos un gesto para que cruzáramos.
- ¿Por qué nos vino a buscar este humano? – susurró Tanya.
- Ya se los dijimos, solo podemos cruzar con un miembro de la Hermandad autorizado por los Malfoy – respondió Carlisle.
El resto del camino lo hicimos caminando detrás del mago. A mitad nos topamos con Rosalie, que volvía de cazar. Nos saludamos y pronto llegamos a casa. En el patio había unos doce niños de trece años, puestos en círculo alrededor de un poste de unos tres metros de alto. Detrás de uno de ellos, mi Rose con su capa de la Hermandad y el rubio cabello en una coleta alta les hablaba. Sin embargo, ninguno despegaba la mirada del tubo ni bajaba la varita.
- ¡Ahora! – exclamó mi novia. El tubo comenzó a girar y varios rayos de colores empezaron a salir, amenazando a los chicos incluso desde arriba - ¡Concéntrate, Leanne! ¡Rufus, más potencia a tu escudo! ¡Leo, que los hechizos estén por darte no significa que debas descuidar a tus compañeros! ¡Tim, si solo te defiendes con escudos perderás energía, también debes esquivar y transfigurar!
Siguieron así por unos minutos más y, repentinamente, el tubo dejó de lanzar rayos y se quedó quieto. Los chicos se mantuvieron tensos hasta que Rose les dejó descansar, entonces todos se tiraron al suelo y cerraron los ojos. Ella se giró y nos miró algo sorprendida.
- ¿Tantos? – murmuró. Carlisle se adelantó.
- Les explicamos que había una guerra en Inglaterra y que podía extenderse al resto del mundo. Se ofrecieron a ayudar y les hablamos un poco sobre la Alianza, la Orden y la Hermandad.
- Bien, gracias. Pueden instalarlos en esa cabaña – apuntó a su izquierda donde, en una entrada del gran claro que era ahora nuestro patio al bosque, se veía una casa de madera -. Tiene encantamientos de expansión y silencio, no molestaremos. ¡Ron! – el pelirrojo llegó un minuto después.
- ¿Sí, Rose?
- Quiero que les expliques la situación a los nuevos. No te preocupes por tu clase, alguien ya la habrá tomado.
- De acuerdo.
Se fueron todos a la cabaña y mi familia los siguió. Yo me quedé ahí en el patio. Rose agitó la varita y un agujero se abrió en la tierra. Miré asombrado cómo bajó por las escaleras que tenía, seguida de sus alumnos.
Fui tras ellos y vi que había una especie de mirador apuntando a una habitación circular, completamente vacía. Rose estaba en medio. Agitó la varita y las paredes comenzaron a girar rápidamente, lanzando multitud de rayos. Ella saltaba, se tiraba al suelo, lanzaba rayos e invocaba escudos y diferentes objetos para detener los hechizos que provenían incluso del techo, sobre nuestras cabezas.
Estuvo media hora así y los chicos apuntaban cosas en un pergamino. Finalmente la habitación dejó de dar vueltas y una puerta apareció. Salimos todos y no la encontré por ningún lado.
Fruncí el ceño mirando alrededor hasta que un chasquido tras mi espalda me hizo girar abruptamente, para encontrarla mirándome divertida. Rodé los ojos y la abracé.
- ¿Cómo estás? – pregunté.
- Todo en orden – respondió.
- ¡No creas! – intervino Draco, salido de quién sabe dónde. Continuó ignorando la mirada asesina de su hermana – Casi se muere por hacer hechicería superior a sus capacidades. Apenas ayer se recuperó, y gracias a Dumby.
- Draco, si en algo valoras tu vida, cállate – comentó un chico de la Hermandad que iba pasando hacia una clase de catorce.
- No te metas, Wood – replicó molesto el rubio -. No olvides que ahora sí puedo darte una paliza en duelo como Merlín manda.
- Y no olvides quién te envió a la enfermería por querer batirte con él, hermanito, así que creo que mejor tú te callas – el rubio bufó y volvió a la casa -. Oliver, ¿la clase tres de quince…?
- Con Ginny en la sección cuatro de la biblioteca – contestó rápidamente -. Ella los tomó cuando llamaste a Ron.
- Gracias. Ahora ve con tus alumnos – el chico, que tendría unos veintiún años, asintió y se marchó después de enviarle una indescifrable mirada a mi novia. Ella volteó a verme -. Ve a nuestro cuarto y trae una caja negra del velador. Estaré en la cabaña con los demás – me besó suavemente y se alejó caminando de una forma inconscientemente elegante y provocadora.
Pocos segundos más tarde, estaba revisando su mesita de luz en busca de lo que me había pedido. Al final la encontré en el cajón inferior, sobre un montón de pergaminos. El superior me llamó la atención. Era corto, simplemente el título de un libro supuse.
Hechicería merliniana
No le di importancia y corrí a la cabaña. Rose ya estaba ahí, explicando a los demás que nos iba a hacer unas pruebas especiales para saber si éramos como ella. Ron y Neville estaban a sus costados, con la mirada decidida que caracterizaba a todos los miembros de la Hermandad y a la mayoría de la Alianza.
- Edward, la caja – me pidió. Se la entregué y me indicó ir con los demás. Estábamos sentados en diferentes sillones, ella de pie frente a nosotros y resguardada por sus compañeros -. Ahora quiero que vengan de a uno para hacerles esta… prueba.
- Rose, ¿estás segura? – inquirió el pelirrojo. Nev parecía igual de nervioso al respecto. Mi novia asintió.
- ¿Quién primero? – Eleazar se levantó.
- Yo voy – se ofreció, aunque en su mente pude ver que no tenía la menor idea de lo que iba a pasar.
Se paró frente a Rose. Ella abrió la caja y sacó una barra de metal llena de runas y símbolos extraños. Se la puso en las manos al vampiro, le indicó que dijera lumos y se concentrara en que la punta se prendiera. Él obedeció y cuál no fue nuestra sorpresa al ver que ésta se iluminaba, aunque ella se veía bastante satisfecha.
- Bien… 8477394756 – recitó mirando al centro de la barra, donde habían aparecido unos números. Ron lo anotó en un pergamino -. ¿Siguiente?
Así fuimos pasando uno por uno. Éramos alrededor de cuarenta vampiros, de los cuales 17 logramos que la punta de la barra se iluminara. Todos en mi familia lo logramos, además de Eleazar, Kate, Garret, Benjamín, Zafrina, Kachiri, Senna, Joham, Pire y Nahuel. Rose nos avisó que pronto iríamos a visitar a un amigo suyo, no aclaró para qué. Acto seguido se fue escoltada por Ron y Neville.
Nos quedamos ahí, conversando y aclarando las dudas que podíamos responder, hasta que Rose volvió seguida de Draco y Harry, ambos cargando con varios libros. Los dejaron sobre la mesa, uno en cada puesto, y noté que todos eran iguales.
- Pociones curativas, hierbas y criaturas mágicas – señaló ella -. Aunque no hayan pasado la prueba, esto les servirá si van a luchar. Quiero un resumen completo de cada libro, especificando qué, cuándo y cómo – soltó de sopetón. Nos miramos confundidos -. Tienen pergaminos, tinta y pluma en ese estante. No me hagan detallar más, sé que el menor de ustedes tiene cincuenta años y que todos saben leer y escribir. Si tienen dudas sobre algún concepto, enciclopedias – apuntó al mismo estante -. Son las cuatro de la tarde. En veinticuatro horas quiero todos los pergaminos listos, con sus nombres y el número que obtuvieron. ¿Está claro?
Todos asentimos e inmediatamente ellos se marcharon. Los demás nos miraron aturdidos.
- ¿En verdad tiene 17 años? – preguntó Eleazar.
- Hace unos meses – aclaré.
- No había visto a nadie como ella en mis quinientos años de edad – soltó Joham asombrado -. Y eso que he visto bastante.
En cinco minutos, todos estábamos sentados en la enorme mesa con un libro abierto, un pergamino extendido y la pluma cargada de tinta. Avanzábamos bastante lento, desacostumbrados a todos los conceptos e información que aparecía en las gastadas hojas.
Sería medianoche cuando Emmett soltó su pluma y miró resignado los dos rollos que ya había llenado, el pergamino que estaba por terminar y el libro que iba a la mitad.
- Esto es muy malditamente frustrante – suspiró haciendo crujir sus nudillos y su cuello -. Hace décadas que no escribo tan lento.
- Te entiendo – murmuramos todos.
La tarea era demasiado aburrida, pero de momento ya habíamos encontrado pociones y hierbas útiles. Nadie pasaba aún a las criaturas.
Al amanecer miré por la ventana y mis pensamientos volaron a Rose. Mi Rose. La chica por la que perdía la razón.
¿Qué tal?
De acuerdo, un anónimo "annairo" me dijo en review al capítulo anterior que yo "pido reviews pero a veces no cumplo mis promesas". Esta es mi respuesta: no tengo la menor idea de lo que me estás diciendo.
Política de actualización: si recibo un comentario al capítulo nuevo antes de tres días desde la publicación del mismo, esperaremos al plazo. Si ya ha pasado, me apareceré tan pronto como me sea posible.
Por cierto, últimamente he decidido responder a todos los comentarios que pueda y regalarles una pequeña idea de lo que se viene al siguiente.
Nos leemos!
Ayla Hale Potter
PD: ¿Se darían una vuelta por mi nuevo short-fic de Harry Potter?
