Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.

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Pasa y siéntate.

Escucha mi historia.

Una leyenda, de criaturas mágicas, protectores, mercenarios, duendes, druidas y oráculos.

El clan del cielo es pequeño, pero sus integrantes son muy valorados.

Dice la leyenda que el reino que posea a uno de ellos viviendo entre sus fronteras, atraerá la prosperidad a sus tierras y habitantes.

Durante siglos, los reinos han luchado por proteger sus criaturas, hasta el punto de mantenerlas prisioneras.

Pero el curso de la historia está a punto de cambiar.

AoKuro … y alguna sorpresa mas.

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Celestiales

Capítulo 10: Conocimiento.

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Sintió el día en sus carnes.

Sin necesidad de ver el sol notaba la proximidad del amanecer con todo su cuerpo.

Se giró, en el montón de pieles, buscando con la punta de sus dedos a la persona que sabía a su lado.

Su aroma le rodeaba por completo, no solo a él, toda la habitación parecía sumida en el aroma de Kuroko, en el de ambos en realidad.

El aroma de su pelaje, de su yo animal, junto al de su propia piel desnuda, la sangre, las flores, el sudor... todo era una fragancia agradable y dulzona que permanecía incluso en la piedra de las paredes y el suelo.

Encontró sin dificultad alguna la pequeña figura junto a el. Sus dedos reconocieron el suave tacto del largo cabello en cuando se topo con el en la oscuridad del cuarto.

Kuroko gimió, bajito, muy bajito, pero lo suficientemente audible como para que Daiki le escuchara perfectamente sin poner verdadera intención en hacerlo.

Estiró el brazo, acogiendo al peliceleste contra su pecho, apretando el abrazo para pegarle a su piel con ganas.

La puerta se abrió, desde fuera, desviando su atención al pelirrojo, que parado en la puerta solo les miraba.

Ni enfadado, ni sorprendido, ni feliz, solo miraba, sin mas.

Daiki no se ocultó, y no ocultó a la personita junto a él en el lecho, ambos aún desnudos, pero extrañamente en paz.

No tenéis ni idea de lo que habéis hecho, ¿Verdad?. – Solo preguntó, sin intención.

Daiki le miraba, ahora sí, interesado. Esperaba gritos, reproches y amenazas.

Pero en los ojos del protector solo había resignación, y calma. Era como si se hubiera rendido ante un enemigo mucho mas poderoso, y aún guardase de algún modo su orgullo intacto.

Su mirada recorrió al hombre de pie, buscando algo que debería estar ahí y no estaba.

El tatuaje como protector había desaparecido. Miró a Kuroko, que a su lado, empezaba a incorporarse lentamente, hasta quedar sentado con las rodillas dobladas.

No voy a disculparme. – Tomó la camisola blanca que portaba Kuroko la noche anterior y alargó la mano para ofrecérsela.

– No esperaba que lo hicierais, la verdad. – De nuevo ese tono de voz neutro, diferente en él.

Kise entró en el cuarto sin ningún problema. Odiaba tener que caminar, y mas con el molesto quemazón que atenazaba la parte inferior de su cuerpo.

Fue hasta Kuroko, y le abrazó, mirando con cierto odio a Daiki.

El mercenario, acostumbrado al ánimo cambiante del hada, ni siquiera se molestó en pensar una frase mordaz con la que darle los buenos días.

¿Te encuentras bien?... Pobre Kuroko... lo siento, lo lamento tanto... – Abrazado a él, acariciando su largo cabello, despacio, casi sollozando. – Seguro que este animal desconsiderado te hizo daño...

Estoy bien, de verdad. – levantó su mano libre, para acariciar con ella la espalda del rubio, ya que su otra mano estaba atrapada por la grande y callosa extremidad del moreno.

Daiki entrelazó sus dedos en cuanto Kagami apareció en su vista, y no le había soltado.

Era algo superior a sus fuerzas.

Como si necesitara el contacto de la pequeña criatura a su lado.

A su lado, tomó los pantalónes de cuero, y metió sus largas piernas en cada pernera después de hacer lo mismo en la ropa interior. No tenía problema alguno con el nudismo, ni con mostrarse como su madre le alumbró, pero sentía un extraño pudor al no ser el único desnudo en el cuarto.

Sentía una especie de anhelo de propiedad hacia Kuroko, era suyo, y no quería que nadie mas lo mirase, o le dirigiera la palabra.

Sacudió la cabeza al darse cuenta de lo peligroso de sus pensamientos. Pero en ese punto, fue consciente de que la pregunta del protector había quedado en el aire sin respuesta.

Debemos seguir. – Kagami clavó sus ojos, duramente en Kuroko. – Las tropas están a dos días de nosotros, y he visto unos rastreadores vuestro rey en las montañas, al este. Sus águilas están sobrevolando el bosque.

Daiki se quedó pensando, rápidamente.

– Seguramente recogerán las aves antes del mediodía, antes de que el sol esté en lo mas alto. Debemos aprovechar ese instante para seguir.

Murasakibara acude al cuarto, sumido en los pensamientos de todos los integrantes, y se arrodilla frente a la criatura.

Kuroko permanece sentado en el lecho, sin moverse, siguiendo la conversación de los dos hombres y el hada en silencio.

Deja su mano sobre la rodilla, la mirada perdida mas allá del gigante frente a él.

– Akashi desea verte. – Toma sus dos manos, despacio, como si Kuroko fuera una criatura de cristal, delicada. – A solas. Te espera en la sala del conocimiento, en el templo.

La mirada del gigante le dice que sabe algo que nadie mas conoce, algo que imprime a sus gestos y movimientos un toque de lástima.

Acuna a la criatura con dulzura entre sus brazos, y le ayuda a ponerse en pie.

La sangre, manchando las pieles que le servían de colchón quedó a la vista cuando el gigante le alzó entre sus enormes brazos.

Daiki fijó su mirada en la mancha, mientras Kuroko era acompañado fuera. Salió tras él, empujado por una fuerza invisible que le impedía dejar de mirarle, o incluso no estar en el mismo espacio que él.

Al cruzarse con Kagami le mantuvo la mirada, solo unos segundos, hasta que Kise se interpuso entre ellos, señalando la cesta de fruta sobre la mesa de la estancia mas grande y el recipiente con agua, limpia y fresca.

– No lo permitiré. – Su voz, sentenció con firmeza. – No dejaré que muera, encontraré un modo de salvarle, como sea.

– Espero que tengáis razón... y podéis contar con mi ayuda, pero os prevengo, de que si ha concebido esta noche, no disponemos de mucho tiempo para encontrar un modo de evitar su muerte.

Daiki tomó una manzana y mordió, pensando en las palabras del guardián.

– Se me ocurre que... bueno, es solo una conjetura, pero si quedan mas de los suyos, quizá sepan algo que no esté en el conocimiento humano.

– ¿Proponéis ir al territorio del clan del cielo?. – Kise murmuró, pensativo.

La idea era buena, pero aun tenían la dificultad añadida de dos reyes, cada uno con sus razones para darles caza.

Siguieron comiendo, en silencio. Las mejores ideas llegan con el estómago lleno.

Sus pies descalzos le llevaban hasta el joven pelirrojo, de espaldas a él, mirando el horizonte por una ventana circular tallada a la perfección.

El mármol, blanco cegador de toda la estancia, se extendía sin fin por suelo y paredes, efecto espejo y liso, simulando un trozo sin tiempo del cielo que podía contemplar desde la ventana.

Frente al espejo de agua, un recipiente redondo y perfecto a sus pies, el mundo se sucedía en imágenes, que pasaban rápidas y sin orden.

Solo Akashi podía comprender aquello que estaba mirando Kuroko, o eso creía.

La criatura sollozó, al ver su futuro, nítido en aquél reflejo.

– No es inevitable. – La voz del oráculo reverberóen la enorme estancia. – El destino cambia, constantemente. Cada acto, decisión o pensamiento, varía el rumbo, traza una línea diferente para cada ser vivo, y tu no eres la excepción.

Se giró, mientras hablaba, mostrando sus ojos, ahora en el interior de las cuencas.

La respuesta a tu pregunta es no... y mi consejo es que te dirijas al este, a las tierras de tu clan. Evita las montañas, sobre todo el acantilado, y llegarás sano y salvo... aunque la verdad puede que te haga mas daño que el dolor físico. – Kuroko le miró, serio. – Desconfía, criatura, de aquellos que dicen amarte... aférrate a aquello que sabes es tuyo, y solo tuyo, y no te rindas, jamás... la recompensa a tanto dolor merecerá la pena...

– P-pero yo...

– Debéis marcharos, inmediatamente. Los rastreadores que van a pie no tardarán en llegar, y es mejor que no os encuentren aquí. – Acarició su cabello, recogiéndolo con dulzura entre sus manos. – Aún no eres consciente de lo importante que sois para el mundo. – Sus ojos se desviaron un instante al vientre del chico. – Protégelo, con tu vida si es necesario... protégete tu y no temas usar tu don, deja que fluya, no temas hacerlo... manteós a salvo, ayúdale a ver, Daiki necesita que le muestres la realidad... ahora vete.

Akashi abandonó la sala del conocimiento, dejándole a solas.

Kuroko sumergió los dedos en el líquido del tiempo, aspirando profundamente. Había muchas cosas que no comprendía, y la verdad del mundo, que siempre le había sido maquillada, se mostraba ante él con brutalidad descarnada.

Solo una cosa en mente: Mantenerse a salvo, a como diera lugar.

Regresar al origen de su raza, mas preguntas que hacer... el hogar de las criaturas celestiales... aunque tenía la sensación de que no sería recibido amistosamente por los suyos.

Pero ya se enfrentaría a ello cuando ocurriera, aún le quedaba un largo viaje y lo mejor era comenzarlo cuanto antes.

Regresó con el resto, pasos tranquilos, resonando de nuevo entre las piedras.

Ya le esperaban, para continuar, aunque su rumbo había cambiado ligeramente, seguían juntos... y no sabía si pensar que esa circunstancia era buena o mala.

El tiempo lo rebelaría...

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Ale, other cap, ya quedan tres, cuatro como mucho.

Espero que os guste

Besitos y mordiskitos

shiga san