Los ojos fijos de Elda reflejaban más de lo que podría expresar con palabras y eso Anju lo comprendió en el acto. No sabía si sería peor que sus padres se enteraran o que su abuela solucionara todo por su cuenta, de lo único que estaba segura era de que las cosas no terminarían bien para ellos. Como si pudiera leer sus pensamientos, Connor se interpuso entre ambas vampiresas, protegiendo a Anju con su cuerpo y mirando sin miedo a la pelirrosa frente a él.

-Te sentirás orgulloso, ¿no es así, Connor-kun? –le miró Elda- Anju cree las mentiras que le has dicho, incluso yo misma debo de reconocer que has sabido jugar muy bien tus cartas.

-Te equivocas, Elda –respondió el otro.

-¿En qué? ¿En que es falso que vinieran huyendo de los Cazavampiros? Me costó mucho trabajo creer que los humanos podrían hacer abandonar a W4 su hogar cuando ya muchas veces había sido acorralado en el pasado y siempre salido adelante, por más insostenible que fuera la situación en la que se encontraran –comentó sin despegar su vista de la de él.

-Mis hermanos no están en condiciones de pelear, por si no te has dado cuenta –respondió.

-¿Qué me dices de Zorok? ¿También en Polonia la situación era tan alarmante? –se burló, conociendo que el vampiro polaco estaba en Japón.

-Tú sabes que él va dónde se le requiera, con tres W4 dormidos, hube de necesitar de él…

-¿Necesitar? –le interrumpió- Muérdete la lengua, Connor-kun, ningún integrante de W4 ha dicho antes tales palabras…

-¡Mira a tu alrededor, Elda! –se molestó- ¿Te parece poco creíble que en estas condiciones pueda hacer todo yo solo? ¡No somos unas máquinas invencibles, también nosotros podemos caer! ¡También nosotros sufrimos, también nosotros sentimos! ¡Aún cuando nos mostremos invulnerables ante los demás, lo único cierto es que nuestro cuerpo tiene un límite! ¡Mira a Aline y Brigitte! ¡¿Crees que unas niñas de su tamaño podrían enfrentar a una comunidad entera de licántropos furiosos? ¡Y aún así lo hicieron! ¡Sacrificaron su cuerpo para proteger a los vampiros de nuestra aldea! ¡¿Y qué dijeron ellos al ver sus cuerpos destrozados? ¡¿Sabes lo que dijeron, Elda?

Connor calló, luego de lo cual la habitación se tornó lúgubre. Ni Elda ni Anju pudieron articular palabra alguna, aunque por razones muy diferentes. La peliplata tenía un nudo en la garganta que le dificultaba el respirar, mientras que la pelirrosa mantenía su postura, intentando no flaquear.

-Te lo diré, Elda… –se acercó a ella, tomando su rostro entre su mano izquierda, obligándola a verle a los ojos- "Si murieran, el poder de W4 sería nuestro…"

Anju sufrió al oír tales palabras. Después de todo lo que los Windsor hacían por los demás vampiros, después de exponer sus vidas por aquellos que aún no conocían, ¿cómo podrían tratarles de esa manera? ¿Quién estaba tan hambriento de poder para hacer o decir algo así?

-No me conmoverás con eso –respondió Elda, soltándose de su agarre- W4 está entrenado para mentir, para hacerles creer a los demás que sus palabras son reales…

-¡Claro! ¡Me encanta lucrar con el dolor de mis hermanas!

-Si es verdad eso, Connor… ellas no deberían estar con vida… ¿cómo lo explicas?

-Dylan y yo llegamos a tiempo… habíamos marchado juntos a América por un asunto de suma urgencia y al volver nos dimos cuenta de todo. Logramos recuperar sus cuerpos y trasladamos su esencia a uno nuevo…

-¿Por qué me cuentas esto, Connor? –le preguntó Elda- Todos sabemos que tienen prohibido hablar de sus misiones…

-¿De qué otra manera podrías confiar en mí? Es verdad que he hecho cosas de las que no me enorgullezco… me he infiltrado en varias comunidades, he fingido algo que no soy para obtener información y si las cosas se tornaban difíciles, incluso hube de matar… –se miró las manos, como si fueran armas a las cuales temía- incluyendo a vampiros…

-¿No sientes remordimiento por lo que acabas de decir? –le miró molesta Elda.

-¿Remordimiento? ¿Por unos vampiros que traicionarían a su comunidad si no se les detenía? ¿Tú sientes remordimiento por chupar la sangre de los humanos? ¿De humanos inocentes que no habían hecho mal alguno y que lo único de lo que eran culpables era de amar y cruzarse en tu camino?

Elda bajó la cara, sabiendo que todo era cierto.

-Sí, Elda, tengo remordimiento –respondió a su pregunta-. Nuestra última orden es exterminar, realmente intentamos hablar con ellos, realmente optamos por borrarles la memoria a todos los involucrados, realmente luchamos porque una guerra más temible no se desate… y cuando todo eso fracasa, cortamos la maleza desde la raíz.

-¿Así de simple? –volvió a verle.

-No… nunca fue simple… nunca ha sido simple ser un Windsor. El resto de los vampiros piensan que somos los Vampiros Máximos, los elegidos, los más poderosos, los privilegiados. Yo opino que estamos malditos… Muchos de ellos no estuvieron en esa reunión hace siglos… incluso tú, Elda, debiste haber sido apenas una bebé cuando todo ocurrió…

-La reunión donde los Windsor fueron elegidos… –murmuró Elda.

-Donde fuimos condenados… –le corrigió.

-No te hagas la víctima, Connor-kun, no puedes engañar a mi gusto –le miró molesta.

-¿Tu… gusto? –se confundió Anju.

-No me siento atraída por tu sangre, Connor… kun… –agachó la mirada, volviéndose más sombría su voz- Lo cierto es que… no amas a Anju…

La vampiresa retrocedió dos pasos al oír eso. Miró a Connor, sólo pudiendo apreciar su espalda, el chico no dijo palabra alguna, ni siquiera se movió.

-Connor… –murmuró.

-¿Le creerás, Anju? –escuchó de parte de él- ¿Creerás lo que ella te dice?

-Anju… –le llamó su abuela- ¿Qué es aquello que amas de Connor?

-¿Ehhh? –volteó a verle.

-¿Qué es aquello que amas de Connor, de este vampiro? ¿Qué sabes de él? ¿Cuánto sabes de él? ¿Crees en sus palabras?

-No ha hecho nada para dañarme o a ninguno de ustedes –contestó segura-. Y quizás no le conozco de mucho tiempo, pero me gusta lo que sé ahora: que es un vampiro capaz de proteger a personas inocentes, un vampiro que ha sufrido mucho, un vampiro con buenas intenciones…

-¿Pensarás lo mismo después de saber que sólo eres una más de sus misiones? –le interrumpió Elda.

-Eso no es verdad… antes también lo creí… pero ya no… no más –volteó a ver a Connor, tomando su mano.

-Anju… –murmuró Connor, soltándose.

-Connor… –tres voces dijeron a coro.

Ahí estaban, esos ojos azules, mirándoles fijamente. Los tres Windsor restantes aparecieron de la nada en el centro de la habitación. Dylan llevaba un libro negro grueso en una mano, Brigitte portaba una pequeña bolsa del lado derecho y Aline cargaba un pequeño peluche entre sus manos, el cual era un conejo negro con ojos hechos de botones, uno rojo y otro azul, que inmediatamente se puso a hablar.

-Sabía que estaría aquí –comentó con una voz profunda pero burlona-, ¿cómo castigarán al niño desobediente?

-Connor… se te ha acabado el tiempo… si no has logrado lo que prometiste… olvídalo de una vez… –se acercó Aline, mirándole a los ojos.

-Obaasan, siempre arruinas mi diversión –musitó, sonriendo de medio lado.

-Connor-kun… ¿de qué está hablando? –le tomó de la gabardina la peliplata.

-Una chiquilla como tú no tiene derecho a llamarme "kun" –le miró despectivamente-. Te dije que jugabas con fuego y aún así, te acercaste, Anju Marker…

-Maaka –le corrigió, soltándole.

-¿Realmente creyeron que cambiando su apellido podrían esconderse por siempre? Tarde o temprano ellos vendrán por ti –le señaló con un dedo la frente, simulando una pistola-, y no serán tan bondadosos como yo.

-¿"Bondadoso"? ¿Llamas bondad a fingir que me querías? ¿Que era importante para ti? ¡Eso fue cruel, Connor… san! –le miró molesta.

-Fue muy amable de nuestra parte el venir desde Inglaterra a proteger a una chiquilla –continuó el peliplata-. Considérate afortunada, casi ninguna vampiresa recibe ese privilegio y menos aún el ser besada por un Windsor.

En respuesta, Anju le dio una fuerte cachetada, al tiempo que sus lágrimas comenzaron a salir. Los demás observaron en silencio. Connor mantuvo la vista gacha, esperando por lo que tuviera que decir.

-¡No me importa que seas un Windsor o no! ¡Márchate, márchate de mi vista! ¡No quiero volver a verte, idiota!

Esas palabras, las mismas palabras que ella había mencionado. Las palabras escuchadas de sus labios, aquellas que le hicieron jurar algo que nunca cumplió. Pero ahora aún tenía oportunidad de redimirse, aún podía hacer algo al respecto. El vampiro fijó su mirada en ella, volviéndose de un carmín brillante, Anju retrocedió dos pasos.

-Te guste o no, W4 vino por ti; nos guste o no, la luna rosada se hará presente pronto debido a la alineación de Marte; para bien o para mal, vendrás con nosotros –le tomó con fuerza de la muñeca.

-¡Me haces daño! –se molestó aún más.

-¡No te atrevas a tocarla!

Al instante, Ren apareció, interponiéndose entre ambos y liberando a su hermana del agarre del otro vampiro. Los Windsor miraron sin actuar, sabían que Connor podía manejar la situación y, de no ser así, probaba que ya no les era de utilidad, por lo que debería ser desechado.

-Aléjate –los ojos del adolescente brillaron, mirando a Ren, quien de pronto se sintió a merced de él, obedeciéndole mansamente.

-¿Onii… chan? –le miró Anju, notando que estaba en un trance.

-Anju…

Escuchó la grave voz de Connor, esa voz que te cautivaba de inmediato. La peliplata cerró los ojos con fuerza y se tapó los oídos, negándose a ser sometida de esa manera. De pronto, oyó la voz de Connor en su mente.

-Anju… si alguna vez he necesitado que confíes en mí, es justo ésta… por favor… abre los ojos… prometo no hacerte daño y contarte todo después… si alguna vez creíste en mis palabras… si alguna vez creíste en mis acciones… por el cariño que me tienes… por el cariño que te tengo…

¿Confiar o no hacerlo? ¿Después de todo lo escuchado? ¿Después de todo lo visto? ¿Después de tantas acusaciones? Y entonces recordó las palabras de Karin, si su hermana confiaba en el cariño de Connor, ella también lo haría. Sintió cuando Connor la tomó de ambas muñecas y se puso frente a ella, abrió los ojos con lentitud topándose con dos brazas de carbón al rojo vivo y luego… luego esa mirada del ámbar otra vez.

-Vendrás con nosotros –dijo sin titubear.

-Sí… –respondió quedamente.

-¡Anju!

Elda quiso interferir, pero Connor simplemente le miró con esos ojos rojos y dio una corta orden:

-Duerme…

El cuerpo de Elda se desplomó ante ellos, Connor se quitó la gabardina y se la puso a Anju, quien mantuvo la vista gacha todo el tiempo, temiendo que los demás notaran que no estaba siendo controlada. El peliplata simplemente le abrazó, rodeándola por completo y trasladándola a su habitación en la mansión que los Windsor compraran. Luego de ello se separó y, con el mismo tono glacial, agregó:

-No salgas, espera por mí.

Anju llevó una mano hasta su corazón, sintiendo cómo le latía a mil por hora. ¿Qué había pasado? ¿Qué había hecho? No podía sacarse de la mente la imagen de Ren siendo controlado con tanta facilidad y a Elda desplomarse como una vampiresa débil. Indudablemente los Windsor tenían más poder del que se esperaba, pero si Connor no les había matado ni hecho daño alguno, entonces aún podía confiar en él. O al menos eso quería creer…

o0o

-¡Connor-kun es muy astuto! –se burló el conejo- Casi podría decir que es inteligente… pero estoy seguro de que ustedes notaron todo, ¿no… mis señores?

Un viento helado se levantó en la habitación, envolviendo a los niños, cuando se calmó, en ese mismo sitio se hallaban tres bellos jóvenes. Las gemelas tenían el cabello más largo, Dylan poseía una mirada cautivadora y algunos mechones rebeldes caían por su rostro.

-Eso se acaba hoy mismo… –musitó Aline, mirando detenidamente y con rabia el cuarto, donde los muñecos le devolvieron la misma mirada- Connor debe volver a ser el de antes, sino… será destruido…

La rubia miró el juguete de una bruja sobre la cabecera de la cama, que explotó apenas recibió contacto visual, uno a uno el resto siguió el mismo destino. Los otros Windsor parecieron disfrutar de la acción realizada.

-¿Qué haremos con Ren y Elda Marker? –preguntó Brigitte, acercándose al Playboy, quien seguía en un estado de estupor.

-Necesitaremos alimento –se relamió los labios Aline, acercándose al cuello del vampiro.

-¿Sin control, obaasan? –la voz de Connor se burló de ella y sólo en unos instantes estaba de nuevo allí.

-Tardaste –avisó Dylan, con una sonrisa ególatra- ¿Dónde está la avecilla?

-En la mansión –comunicó.

-Ahora sólo falta la pieza final, ¿no? –se burló el rubio, retomando su lectura.

-Me encargaré de los Marker –comunicó sin brindar oportunidad a una objeción.

-¿De todos ellos? –preguntó Brigitte, recargando su rostro en la mano derecha- ¿No podemos tomar un pequeño aperitivo antes?

-Ya hemos llamado mucho la atención –colocó una mano sobre Ren, de la cual salió un brillo plateado durante unos segundos-. Lo mejor será que todos olviden lo visto y oído esta noche… que olviden que W4 vino a Japón… y que alguna vez tuvieron una hija llamada Anju…

Connor se inclinó sobre Elda, repitiendo la operación; bajó las escaleras, llegando hasta la sala, donde Henry y Carrera tomaban sangre, borrándoles la memoria en sólo segundos y luego subió hasta el cuarto de Karin. Instantes después, la habitación de la peliplata era destruida, quedando en su lugar sólo cacharros amontonados, como si siempre hubiera sido un almacén.

-Sabes lo que esto significa, Connor-kun –se burló el peluche de Aline.

-Lo sé…

El conejo negro comenzó a emitir una sonora carcajada.

o0o

Anju esperaba ansiosa el regreso de Connor, quería saber qué pasaba, por qué tanto secreto, qué escondían los Windsor y sus padres en relación con la luna rosa. La puerta se abrió, entrado por ella el vampiro de cabellera plateada.

-Anju…

Sin esperar contestación de su parte, el chico le abrazó. La vampiresa se sorprendió por este hecho, él se recargó en su hombro, oyendo el suave latir de su corazón y sintiendo su tranquila respiración.

-Los Windsor despertaron… –le comunicó.

-Creí que aún faltaba mucho para ello –contestó la otra.

-Así es… los despertaron…

-¿Quién?

-Eso no importa, Anju, te protegeré, lo juro… –se separó de ella, tomando ambas manos entre las suyas- Pero debes confiar en mí, ¿confías en mí, Anju?

-Sí… –murmuró.

Connor le besó. Le besó de una manera dulce, tierna, delicada, lenta. Era un beso muy casto, un beso que nunca antes había experimentado y, aún así, muy triste, muy nostálgico. Quería que el mundo se detuviera, que dejara de girar y quedarse así más tiempo, probando la suavidad de los labios del peliplata, degustando su sabor, sintiendo cada una de las mariposas en su estómago, pero él se separó. Sonrió dulcemente y retiró un cabello rebelde de su rostro.

-Te amo… Anju…

Fue lo último que oyó antes de caer presa de sus ojos rojos. La chica movió los labios, tratando de detenerle, pero las palabras no salieron de ellos.

-Olvida, Anju… –le dijo- olvida que eres una Marker… olvida a tu familia… olvida estos días que pasamos juntos… olvida que me quieres… Olvídame…

Luego, cayó dormida sobre la cama. Connor besó su frente antes de salir del cuarto, cerró la puerta detrás de sí con lentitud.

-¿Estarás ahí toda la noche? –preguntó en voz alta.

-Sólo el tiempo que sea necesario… –respondió Dylan- En realidad, esperaba por ti… rompiste las reglas…

-Lo sé…

-Honor… dejaste ilesos a los Maaka.

-No me arriesgaría a matar si no hay necesidad –contestó sin voltear a verle.

-Pero no fue eso lo que te motivó, sino el saber que ella jamás te lo perdonaría…

-Piensa lo que quieras…

-Iniciativa… no seguiste las órdenes dadas por Él.

-Creí que mi plan era más seguro.

-No existimos para creer… sino para obedecer…

-¿Hasta cuándo seguiremos asì?

-Eso no lo decides tú…

-Ni tú…

-Sentimentalismo… quieres a Anju.

-Puedo manejar mis emociones…

-La cuestión es, oniisan… que no deberías tener…

Connor no respondió.

-Rastro… los demás Maaka notaron tu presencia y te vieron…

-Así lo decidí yo.

-¿Desde cuándo trabajamos así?

-Este fue un trabajo diferente…

-Torpeza… no ocultaste tus acciones cuando Elda te descubrió.

-Pensaba borrarle la memoria.

-Falso… –murmuró en su oído- ¿Sabes lo que se le hace a las armas rotas?

Connor miró el piso, sabía por dónde iba todo eso. Dylan se cargó de un aura oscura, le miró con detenimiento y luego le enterró la mano por la espalda como si se tratara de una espada. La sangre de Connor inundó el piso con prontitud, el aire se fue de sus pulmones y cayó de rodillas ante él, lo último que pudo ver frente a sí fue los ojos rojos de Aline y Brigitte, luego todo se nubló.