Capítulo 10

Para ti Han, la chica solucionaproblemas, la que ha hecho posible que me atreva a contar lo que llevo dentro, la nena rápida, la corredora de fondo, la niña que entra y sale del chat como una brisa fresca por mi ventana...


Edward supo en ese mismo instante lo que Bella reclamaba. Mientras el demandaba no solo su amor incondicional sino su cuerpo, ella se debatía en dudas.

Edward: Lo sé, soy consciente de esta urgencia, de tus necesidades de las mías, de que es demasiado pronto.

Bella rió sobre su pecho, ¿poco? Solo llevaban uno o dos días, ya ni se acordaba, dos días una sola noche y habían hablado tan poco, pero habían sentido tanto.

Bella: Escuchame Edward.

Se volvió de espaldas a él y agarró sus brazos para que siguiera estrechándola. Apoyó su cabeza en su hombro y respiró. Tomó aire.

Edward: Cariño, ¿por qué no me miras?

Bella recordó su niñez...

Bella: Edward cuando era pequeña y quería decirle a mi padre cosas íntimas, cosas de las que me avergonzaba, cosas que no entendía, me colocaba entre sus brazos de la misma manera que estoy ahora contigo. No podía mirarlo a los ojos porque pensaba que lo que pudiera decirle no le gustara, me daba miedo ver su decepción, o que el observara mi interior, que viera mi ignorancia.

Es la persona a la que más amo, la que siempre estuvo para mí, la que jamás me ha herido.

Edward la abrazó más fuerte, la estrechó contra sí con adoración, era una mujer fiera y sin embargo tan frágil que era imposible no verla como a una niña, dependiendo de la confianza de los que consideraba suyos y luchando por ellos.

Edward: Habla entonces si quieres, mi amor.

Bella tosió un par de veces antes de comenzar.

Bella: No te alarmes esto también es parte de mí, toso cuando me asusto.

Edward: Asustada ¿de qué nena? ¿De mí?, sabes que jamás te haría daño.

Bella: No Edward, no de ti, sino de mí, de no saber cómo explicarte lo que siento, de no ser capaz de decir con palabras que emociones despiertas en mí. Mi cuerpo me traiciona cada vez que te pienso. Si te tengo cerca, quiero que no existan distancias. Me vuelvo loca y pido más, sin saber siquiera que estoy pidiendo.

...Soltó todo el aire de su pecho y llevó una de las manos de Edward hasta su corazón... ¿Lo oyes?

Desde que fui a ti no sabe ir más despacio, ríe, tiembla, sufre por ti, solo por ti. Ha dejado de ser mío, lucha por escapar con el tuyo. Yo Edward me muero porque no sé si puedo ser suficiente para ti.

Me llamas nena y es lo que soy, una niña grande que lucha cada día por ser mujer, por crecer.

Antes el tiempo no importaba, daba igual lo que tardase en conseguirlo. Ahora quiero serlo por y porque estas tú. Quiero estar a la altura de lo que puedas exigirme, de lo que necesitas. Quiero derretirme en tus brazos, pero también quiero sentir mi poder sobre ti. También siento que las dudas me matan, no llevamos más que horas conociéndonos y esto se desborda. Quizá tú estés acostumbrado a tener las cosas de esta manera, pero yo no. Necesito conocer a las personas, saber si los pasos que doy son debidos solo al placer que me proporcionan o a una realidad que se construye en torno a ellos. Me siento a veces respecto a mi vida como si tuviera delante un inmenso precipicio que unas veces me llama para que me lance y otras me frena.

Cuando estoy entre tus brazos todo es perfecto, ese instante de dudas, de miedo, de las novedades que experimenta mi cuerpo, de cómo te reclamo y te rechazo, ese conjunto de emociones, no las cambiaría por nada, porque en si son perfectas. Me desgarran y me cosen, me muerden y me besan, me queman y me curan.

Quiero aceptarte cómo eres, avasallador y tierno, impetuoso, irrefrenable, no quiero pasar por tu vida cambiando nada, ni quiero que la mía se vea invadida de algo que no sé cómo manejar.

Cada vez que me dices que soy todo para ti, quiero arrojarme al vacío, a lo desconocido, intentar ser tuya sin medida, sin preguntas, sin explicaciones; pero yo no soy así Edward, nunca lo he sido.

Me asusta no poder decirte lo mismo, me asusta no sentirlo en la misma medida. No quiero sentir como no puedo corresponderte de la misma manera. Lo que llevo dentro de mí, por ahora es solo mío, con mis angustias por la manera de sentirlo, por la prisa de querer llegar a la meta, por el tiempo que pueda hacerte esperar mientras llego a ella. Quiero disfrutarlo y temerlo, quiero no reprimirlo, quiero saborearlo, porque si es verdadero solo lo sentiré una vez.

No quiero sentirme culpable todo el tiempo de no ser esa chica perfecta que tú necesitas, que tú esperas, que tú piensas que soy.

Mira a tu alrededor Edward, todo lo que tienes, todo lo que eres, las mujeres con las que has estado, tu experiencia, tu inteligencia, tu influencia, tu poder sobre las personas, no son para mí más que muros que nos separan, muros que tengo que ir saltando hasta llegar a ti. Por mucho que quieras entregármelo todo, quiero conseguirlo por mí misma. No sé si me entiendes, si me entenderás algún día, no se tan siquiera se me estoy explicando correctamente.

No sabes nada de mi vida, de mi familia, si tengo o no hermanos, de mis amigos, de con quien me relacioné en el instituto o en la universidad, de mis ideas de mis principios, de porque sería capaz de luchar, de mis sueños, de hasta donde soy capaz de llegar, de mis limitaciones, de mi coraje.

Para mí no es suficiente con sentir como mi cuerpo responde al tuyo, como si le perteneciera, como si siempre hubiera sido para ti. Quizás eso sea suficiente para otras personas, pero no para mí. Tampoco es suficiente que tú me digas que me amas, porque todavía no tengo claro donde empieza y donde acaba el deseo para transformarse en algo que dure.

Siempre pensé que todos estos sentimientos surgían de manera lenta, pausada, dando tiempo a ir asimilándolo, a ir entregándolo sin apenas darse uno mismo cuenta. Pero esto ha movido todos mis cimientos. Tú me entregas tanto que yo no puedo dar en la misma medida y eso me hace sentir terriblemente pequeña. No quiero convivir con un gigante, quiero vivir con un igual, no necesito héroes, ni quiero tener más de lo que necesito. ¿Sabes? al final del día miro lo que tengo y soy feliz porque poco o mucho es mío, lo he conseguido yo. Esa es mi forma de luchar Edward, esas son mis armas, mi control, mi dignidad, mi honor. Quizás no llegue jamás a ser la mejor, ni la más hermosa, ni la más perfecta. Quizás mis miedos a lo desconocido, a las prisas, a la entrega y la rendición incondicional me impidan llegar más lejos, obtener más cosas, conocer el amor de verdad, ese que tú me ofreces sin reservas, pero es lo que soy, es lo que siempre he sido. Puedes llamarme cobarde, incluso puedes estar enojado por escuchar todo esto, pero es lo que llevo dentro. Si todo lo que estamos sintiendo es el principio de algo importante, no quiero restricciones, ni mentiras, ni escuchar las cosas que deseo, quiero la verdad, quiero poder desnudar mi alma, sabiendo que al otro lado tengo al amigo, al amante, al compañero, al que jamás deseará estar por encima de mí, del que podré ir de la mano sin miedo a rezagarme, el que escuchara mis quejas, vivirá con ellas, y jamás me escuchas jamás dudará de mi amor por él.

He oído muchas veces que en toda relación existe un amante y un amado; yo no quiero solamente ser uno de ellos, quiero ser los dos.

Edward, escuchaba cada vez más atento, emocionado por la sinceridad de Bella desnudando su corazón.

Como en un campo de batalla dos adversarios, Bella se acercaba lentamente a él mostrándose lo que parecía ser desarmada, y lo que no sabía es que luchaba a corazón abierto, mostrando tanto coraje que asustaba, llevando tanta verdad en sus palabras que no había replica posible.

Edward: Eres preciosa, grande y magnífica. Eres lo único que quiero. Me dijiste que tú dirías cuando y yo acepté. Ahora quiero regalarte el cómo, ese al que yo tenía derecho. Cuando tú digas, como tú digas, donde tú digas. Jamás te exigiré nada que no puedas, que no quieras darme. Mirame ahora, quiero que veas algo.

Cuando Bella se volvió una lágrima se deslizó por su rostro y cayó sobre su pecho. Como un cristal, como un brillante de incalculable valor.

Edward la bebió como un náufrago como un hombre perdido en el desierto. Esa lágrima también era suya, y cuando levantó los ojos para mirarla vio el cielo. Si existía no podía ser diferente a los ojos de Bella.

Nota: Hay veces que las palabras no son suficientes para explicar un sentimiento, las palabras se vuelven víctimas como reos en una prisión de sus limitaciones. Solo lo que soñamos nos hace llegar a lugares que nunca imaginamos, o a sentir emociones que no conocemos, pero que sabemos que de alguna manera nos agrandan el alma.