Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, ya todos los conocen, la trama es mía.


Bella

9

Cause you're a good girl and you know it.

You act so different around me

.

Si soy sincera debo admitir que no recuerdo mucho sobre nuestra llegada a Londres. Primero, sé que salí con Rose cuando fuimos bombardeados por ¡luces, cámara, foto! Segundo, llegué a casa de Edward y recién ahí pude asimilar lo que había ocurrido.

Algún tipo de amnesia.

Genial.

Seguía como en una nube.

—¿Bella? —oí decir—, oye, ¿fue muy traumático? —preguntó Edward preocupado por enésima vez—. Es un tanto enfermizo vivir esa situación, lo siento.

—No, no… De verdad que estoy bien, creo que son muchas cosas, como que estoy un poquito cansada —traté de sonreírle.

Me observó detenidamente y aunque nadie lo crea a estas alturas, él seguía intimidándome, sentí mis mejillas entibiarse y qué vergüenza, trágame tierra londinense.

—De acuerdo, vamos —tomó mi mano y me guió por su casa hasta el segundo piso, frente a una puerta que supuse era su cuarto porque vamos, ya lo estaba conociendo más—. Podemos tomar una siesta y luego veremos qué hacer, ¿está bien?

—Bien. Siesta. La estoy necesitando.


Dormimos horas, pero me sentía tan despierta que si hubiese durado un poquito más envuelta en brazos de Edward no me habría quejado. Nos despertó el vibrar de su celular en la mesita de noche, no se nos ocurrió acostarnos debajo de la cama así que éramos un enredo de brazos y piernas que cuando él se movió desencadenó mi despertar completo… Extrañé de inmediato su cuerpo a mi lado, creo que pude haber hecho un puchero ahí mismo.

Terminó la llamada y volvió a abrazarme.

—¿Podemos comer ahora? —preguntó pegado a mi cuello—. Son las nueve de la noche, Emmett llamó para saber si seguíamos vivos.

—Qué amable de su parte preocuparse por nosotros —dije bromeando, aún no olvidaba que él me aprobaba—. ¿Sabías que no soy buena cocinera? No me pidas algún plato, sólo te haré pan con algo.

—Mamá sabía que llegaba hoy, ella me deja comida congelada, tampoco cocino —murmuró detrás de mí besando mi cuello, me relajaba—. Demasiadas horas sin besarte.

Se movió y en un segundo lo tenía sobre mí, abrí los ojos para ver su rostro a un centímetro del mío y los volví a cerrar. Esa sensación tan no sé qué cuando me besaba o tocaba era inexplicable, demasiado todo. Envolví mis brazos en su cuello y lo atraje más a mí subiendo mi pierna derecha sobre su espalda baja. Mmm, grandioso, su lengua no dejaba de explorar y sus dientes no paraban de morder mis labios. Él sabía mis debilidades, lo que era tan injusto, soy un pedazo de nada cuando esto pasaba, Dios, yo sólo me dejo querer, lo juro.

Agarró entre sus dientes mi labio inferior y tiró de él, gemí, claro, inevitable, y luego pensé que volvía a besarme pero tiró nuevamente. Lo hizo tantas veces y gemí unas tantas más que puede que si él hubiese seguido con esa tortura yo haya experimentado alguna explosión entrepierniana.

—Oh, Dios —susurré antes de su último beso. Sentía mi maldito labio tan hinchado y sensible. Por el Santo Besador, ni siquiera tuve tiempo de usar mi lengua en él—. Ya me tocará morderte.

Su madre había cocinado y déjenme decir que cocinaba riquísimo, puede que haya comido mucho, como… realmente mucho. Me conversó mientras ambos limpiábamos que era como una regla que él pasara el siguiente día de su llegada en casa de sus padres, y entendía el por qué, apenas los veía, así que bien… ¿me lo iba a pedir?

—No te hagas la desentendida, quiero que vayas conmigo —dijo a la vez que dejaba el paño de cocina encima de la mesa—. Les vas a gustar, si es eso lo que te preocupa.

—Apenas me conoces —murmuré mordiéndome los labios, me estresaba todo esto—. Tal vez en otra oportu…

—Bella, ya estamos aquí —me interrumpió—, si quieres que sea sincero y brutalmente honesto, necesito que conozcas a mis padres como una prueba de que seguiremos juntos, porque conocer a la familia es algo importante, no quiero que huyas antes de eso.

—No huiré, y eso de los padres es como algo serio, agreguemos que eres famoso y agreguemos también que soy una fan, o quiero violarte o intento obtener fama de esto.

—Sí, tienes tatuado en la frente que eres una busca fama, de hecho creo ver algo aquí… —se acercó y acarició mi frente con una sonrisa, suspiré frustrada—. No te preocupes, ¿quieres que te presente como una amiga?

—Soy una amiga —repliqué con énfasis y arqueando una ceja.

—Bueno, eres más que amiga, lo sabes —me dio un corto beso—. Mañana temprano debemos ir a tomar desayuno con ellos, les gusta aprovechar el tiempo.

Traté fuerte de no poner mala cara ni hacer una mueca ni nada. De verdad traté.

—Bueno, soy visita, debo decir que sí.

Si digo que dormí poco es mentir, si digo que dormí sola en la cama también, pero si digo que podría dormir otra vez en esa posición y con esa compañía… sí, por favor, lo ruego, para toda la vida si es posible, gracias. Edward era un gran compañero de cama, no de ese modo, sino que era cálido y blandito y me hacía sentir tan bien que a pesar de que demoro en dormirme, con él es como que en tres segundos ya estoy fuera de este mundo.

¿Ya dije que lo quiero para siempre a mi lado? Bueno, es en serio. No estoy bromeando.

—¿No quieres secar tu cabello antes de salir? —preguntó cuando me vio bajar ya arreglada—. Estamos en invierno, te dará frío si lo llevas mojado.

—Sólo está húmedo, no me gusta usar el secador de pelo de todos modos —asintió y se puso su chaqueta, me pasó la mía y ayudó a ponérmela—. No había razonado bien los horarios de comida en este país.

—¿A qué hora desayunas? —preguntó mientras tomaba sus llaves y salíamos de su casa al auto.

—Sólo desayuno cuando me levanto muy temprano, sino espero al almuerzo. No me gusta desayunar, la verdad.

Abrió la puerta para mí, la puerta del conductor en mi mente.

—Bueno, sin desayuno no se puede vivir el día, mientras estés aquí desayunarás todas las mañanas.

Hurra por mí.

A medida que avanzábamos a casa de sus padres comenzó a llover muy fuerte, las gotas no dejaban que el limpia parabrisas nos dejara ver algo cada vez que las quitaba. Amo la lluvia, sin embrago tener algún accidente de auto por no poder ver bien, no gracias. Nos estacionamos fuera de una casa común como la mayoría de Londres, la verdad es que era grande, no era pareada y tenía un jardín delantero muy amplio, no, de común no tenía nada, pero sí al verla uno se dice: Oh, casa londinense.

—Voy a decirle a papá que abra el garaje —marcó un número y esperó—. Hey, ¿podrías abrir para guardar el auto, por favor? Sí… ¿Puedes poner otro asiento? Traje a alguien.

Trágame tierra, llévame de aquí antes de sufrir alguna humillación, por favor, sálvame y ¡ten piedad!

Antes de poder seguir pensando ya estaba siendo sacada del auto por él. Tomó mi mano y dándome una mirada de «¿estás bien?» y yo diciéndole que sí, claro, me llevó hacia una puerta que daba al interior de la casa. Vi a un hombre esperarnos cerca con cara curiosa, yo obviamente lo conocía, no me reconoció ni nada así que antes de decirme algo, Edward fue a saludarlo dándole un fuerte abrazo.

—¿Nos extrañaste? —preguntó bromeando y ambos rieron—. Tu mamá está arriba, ya viene.

—Bien —se acercó a mí y tuve que dar un paso hacia su padre—. Ella es Isabella, una divertida e interesante amiga, y él es Edward, mi padre —dijo haciendo las presentaciones.

—Un gusto —dijo estirando su mano con una sincera sonrisa—. Lo siento, pero no sabemos nada de ti, creo que estamos en desventaja.

—Oh, no se preocupe, no hay mucho que saber —contesté sonriéndole.

—¿Edward?

Volteamos a la voz que había preguntado. Elizabeth Cullen bajaba las escaleras con movimientos elegantes, quedó sorprendida al verme, pero algo pasó por sus ojos, iguales a los de su hijo, que sonrió tan ampliamente que no sabía si sentirme aliviada o más nerviosa. Se acercó a mí primero.

—Un gusto, querida —dijo tomándome de los hombros y besando mis mejillas dos veces—. ¿Tienes hambre?

—Um, un poco —dije tímidamente.

—Bueno, pasemos a desayunar —invitó con su mano, caminé siguiendo al señor Cullen—. Espero que te quedes más que la última vez, Alice quiere hacer un día completo para todos.

—Máximo dos semanas, mamá, debo volver a L.A. para ver lo de una campaña.

—No sabíamos que vendrías, si no te gusta algo sólo debes pedirnos qué quieres —dijo la señora Cullen detrás de mí—. A veces mi hijo olvida sus modales, culpo a la industria.

Su sonrisa me dijo que estaba bromeando. La mesa era para ocho personas, me senté al lado de Edward y su mamá frente a él, era muy bella y joven, ya veía muy bien dónde sacó todo el encanto su hijo. Antes de siquiera poder pensar en qué comer y no sentirme tan nerviosa ya que sólo era comida, Elizabeth comenzó a ofrecerme todo lo que había encima.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no ser maleducada, pero realmente no era de desayunar tanto, la verdad es que una taza de té y un pan era todo. Ellos me ofrecían huevos, tocino, salchichas, tostadas, jugo, té, waffles, fruta, Dios, no entendía cómo podían con tanta mezcla.

—¿No tienes hambre? ¿Te incomodamos? —inquirió la madre de Edward con preocupación y me hizo sentir tan mal.

—No. No, por favor, no piense eso, es sólo que no acostumbro a desayunar —le dije—. Las tostadas están bien, gracias.

—Ya le advertí que mientras estuviera aquí debía aprender a desayunar —agregó Edward Traidor a mi lado.

—¿Estás sola aquí, Isabella? —curioseó el señor Cullen—. No te ofendas, pero tu acento te delata —sonrió.

—Con una amiga… —contesté sin saber qué más decir, no le podía decir que su hijo lavó mi cerebro y estaba durmiendo con él en su casa—. Era un tour, en realidad debería estar viajando a USA ahora.

—¿En serio? —preguntó la señora Cullen con interés—. ¿De qué parte eres?

—Seattle, Washington.

—Oh, ahí también llueve bastante —comentó con una sonrisita—. ¿Te gusta Inglaterra?

—Desde siempre, sólo pude conocer ciertas partes pero no descarto la idea de volver, hay mucho que ver —sentí la mirada de cierta persona en mí.

Menos obvio, Cullen, están tus padres, gracias.

—Si vuelves debes pasar a visitarnos, ¿ya conociste a Emmett?

Reí, claro que lo conocí.

—Sí, ya lo conocí, interesante personaje —le dije a Elizabeth y ella rió también.

—¿Tu amiga también está en Londres?

Miré al señor Cullen para responderle.

—Sí —le di una mirada a Edward y se encogió de hombros divertido—, más interesada en el personaje interesante que en su amiga, por cierto.

—Ella diría «ídem», Bella, no la culpes —dijo sabihondamente, levanté una ceja omitiendo comentarios—. ¿Cómo está la abuela, por cierto?

—Bien, era un comienzo de gripe pero se lo cuidó a tiempo, dijo que quería verte —contestó su padre—. Podrías pasar por su casa, ¿o la invitamos? —le preguntó a su esposa—. Tu madre a veces es extraña.

—Soy su hija —dijo Elizabeth divertida—. La llamaré, es domingo, no sé qué estará haciendo.

He ahí algo que no sabía, Edward tiene una abuela materna. Nunca se termina de conocer a alguien que sólo conoces por una pantalla, eso es como algo obvio en la vida. De lo que sí sé es que sus padres me acogieron bastante cálidamente para no saber nada de mí, quizás mi rostro es demasiado angelical para ser una busca fama o puede que mi aura se sienta bien, no sé, es un alivio que al parecer no me odien ni nada.

O peor, que piensen que soy la causante de que Edward y Tanya no regresen. Oh, Dios, qué pensarán de eso.

—¿Cómo fue la película? Vimos algunas fotos, sabes que siempre alguien de la familia manda esas cosas.

Después de ayudar a recoger la mesa y que se me negara el poder secar los platos, fuimos a la sala donde una chimenea estaba encendida y oh, qué ambiente tan agradable era ese… Edward se sentó a mi lado. Rozando mi pierna. Con sus padres presentes. No me quejaría pero de verdad es incómodo porque recién me conocen y a él no le importa nada.

—Estuvo bien, lleno de gritos, ya saben.

—Y paparazzis y muchas fotos —agregó su mamá dándome una mirada—. ¿Estuviste en la premiere?

—Sí, una gran experiencia, mis oídos siguen llorando —ella rió y miró a su hijo.

—Mamá, siento que te vas a ahogar si no haces la pregunta.

—No tengo ninguna pregunta —dijo ella haciéndose la desentendida.

—¿De verdad? ¿No quieres saber quién es Bella o dónde la conocí? —siguió Edward molestándola.

—Sí, por supuesto que quiero saber, pero preferiría preguntarte después, la estás incomodando.

Edward me observó y supongo que leyó mi mente porque no me apetecía perderme la conversación de ellos, así que contestó de igual manera.

—De hecho es una historia bastante atípica, les va a encantar.

Se lo dijo. De verdad les contó a sus padres, a los que venía recién conociendo y al parecer dándoles una buena impresión, que nos conocimos en un bar. No sentí sus miradas juzgándome, lo que agradezco al universo, se rieron, en serio, su madre ahora me miraba con otros ojos, no literalmente, sino que sentí que… si antes me sentía aliviada ahora era como si ella pensara que me iba a casar con su hijo o algo así.

Me asusté un poquito.

Nada que unas horas no arreglaran. La familia Cullen era pequeña, pero entre ellos no había más que anécdotas y bromas, ya entendía por qué Emmett había durado tanto por estos lugares, quizás son parientes lejanos. Elizabeth me enseñó su invernadero, preguntó sobre mi familia, me ofreció su casa para cuando yo quisiera, lo que era demasiado pero le dije que gracias, claro. No había podido hablar con Edward, su familia pululaba alrededor como era esperable, así que los cuatro creamos un muy buen grupo durante todo el día, jugamos a las cartas, lo que me entusiasmó porque en casa a nadie le gustaba jugar, aburridos. Ganó mamá Cullen peleando conmigo, y perdió papá Cullen, Edward no se burló pero le dijo que era bueno verlo perder ya que siempre le ganaba. Hijos.

—¿Cuándo vendrán de nuevo? —preguntó Elizabeth mientras nos arreglábamos para irnos—. Edward, deben volver, pasar unos días aquí, sabes que hay varios dormitorios arriba.

Oh, Dios, esto no paraba de impresionarme.

—Te avisaré, ¿de acuerdo? —respondió sin comprometerse, su mamá le dio esa mirada de «eso fue un no, ¿cierto?»—. Recién nos vamos y ya nos extrañas, qué linda eres, madre.

—Conduce con cuidado, listillo —le dijo ella dándole un abrazo de despedida—. Fue un placer conocerte, Bella, espero que vuelvas —me dio otro abrazo y se lo devolví, era tan tierna—. No dejes que lo demás les afecte, ¿de acuerdo? Las relaciones son de a dos —susurró antes de soltarme.

¿Su madre me daba la aprobación o sólo fue otro producto de mi imaginación? Insisto, no es que sea pesimista pero es todo tan lindo que dónde está la trampa, ¿es Hollywood, las fans, los medios, los paparazzis, Tanya, los haters?

En cuanto estuvimos en las calles de Londres y antes de poder decir algo, mi celular empezó a sonar. Rose.

—Hola, ingrata —dije saludándola.

—Hola, ingrata número dos —respondió ella—. ¿Dónde estás?

—Camino a casa de Edward, ¿por qué? ¿Dónde estás tú?

—En casa de Emmett, ¿crees que le molestaría si fuéramos? Quiero verte —su tono era lastimero, me hubiese asustado si no fuera porque la conocía tan bien.

—No lo sé, deja preguntarle —quité mi celular de mi oreja y miré a Edward—. Rose y Emmett preguntan si pueden ir a tu casa ahora, mi amiga tiene el síndrome del nido vecino vacío.

—¡Te oí, Bella! —gritó ella.

—Sshh.

—Diles que pueden, Emmett tiene hasta una llave, por qué anda preguntando —respondió Edward frunciendo las cejas.

—Dijo que sí, y que iba a golpear a Emmett por andar preguntando cosas que no debería preguntar, de paso lo golpeo también, me debe una.

—Ay, Bells, él es como un osito, cómo puedes querer golpear algo tan tierno —dónde está mi ruda amiga—. Nos iremos ahora, ¿ya están cerca?

—Sí, nos vemos ahí.

—Adiós, Bells.

Edward no dijo nada en lo que quedaba de camino, no creo que se haya molestado por la visita pero por si acaso cuando estuvimos dentro de su casa le pregunté. Odiaba ese ambiente de no saber si era o no era.

—No estoy molesto, sólo estaba pensando —dijo dándome un abrazo, suspiré sobre su cuello, lo había extrañado—. Quería hacer esto en casa de mis padres, pero sabía que te iba a incomodar.

—Gracias, hubiese salido corriendo en ese caso.

—Les gustas —besó tiernamente mi nariz y la arrugué sonriendo, volvió a besarla—. ¿Te sentiste bien?

—Igual me gustan, y sí, no fue tan terrible, tus padres son personas encantadoras —pasé mis brazos por su cuello y lo acerqué a mí—. Ahora estoy resolviendo mi dilema de si eres o no hijo de ellos.

—Sigues siendo tan graciosa.

Esta era mi revancha. No lo besé ni tierna ni lentamente, no fui dulce, él me debía un beso. Me apretó más a él por mi cintura y dejé de tocar el suelo, mi trasero ahora estaba sentado en alguna superficie que desconocía y esta vez sí usé mi lengua en él, no le dejé ganar, la que llevaba el beso era yo, y la que mordió su labio fui yo, muchas veces cabe decir, era como algo adictivo, sinceramente no sabía que me gustase morder hasta que él me besó por primera vez. Cantar victoria antes de terminar el juego no era muy inteligente, jamás lo hagan, sean más humildes, porque la que terminó perdiendo y creo que siempre perderé en este arte, fui yo.

—¿Mordiste lo suficiente? —murmuró mordiendo por enésima vez mi labio, saqué mis dientes, tenía mi orgullo, y lo mordí de nuevo—. Ya veo.

—Algún día voy a ganar —susurré sobre sus labios, le di un último piquito que él terminó convirtiendo en un caliente beso—. De acuerdo, no más.

Sonrió divertido y me bajó, no sin antes… Dios, esto es vergonzoso. No lo diré ni en mi mente, sólo diré que sentí cosas muy placenteras mientras me bajaba por su cuerpo hasta que toqué otra vez el suelo.

El timbre sonó y nos quedamos mirando, éramos un desastre caliente andante, la verdad. Él arregló rápidamente mi cabello y yo mi ropa, él pasó sus manos por su pelo y con ayuda mía o no siempre estaba desordenado. Me dio un piquito y fue a abrir. Di varios respiros para aclarar mi mente y caminé hacia la sala mientras oía voces.

—¡Beeella! —exclamó yendo a abrazarme.

—Se vieron ayer —dijo Emmett desde atrás—. Disculpen mi falta de entusiasmo pero soy un macho, lo siento.

Reí y Rose se despegó de mí, me dio una mirada extraña y luego sonrió pícaramente, observó a Edward, a mí, y así estuvo como siete segundos.

—¿Los labios hinchados son una moda también en Londres?

Pésima amiga.


Han pasado un mes y algo, debería disculparme pero si soy sincera este es mi último semestre antes de terminar con la práctica y de verdad siento que ha sido el más pesado de todos los años, lamento la tardanza, de hecho debería estar haciendo un trabajo pero quise acabar el capítulo y no demorar más.

Muchas gracias a los reviews y alertas que me llegan, son un amor, espero que comenten sino no importa, bien sabré yo cómo es eso, ups.

Tuve un bloqueo mental en la parte donde los padres de Edward conocen a Bella, me trajo dos recuerdos tan lindos y otro tan feo que tuve que tomarme un momento para que el bien le ganara al mal aunque sea en un fic.

Eso, saludos y que tengan un lindo inicio de semana, yo ya estoy estresada.