Wola!
Me espera un duro mes por delante, y antes de estar totalmente ausente de nuevo os he querido dejar un nuevo cap, espero q os guste!
CAPITULO 10: SOLEDAD
Sakura suspiró mientras limpiaba una de las mesas que acababan de dejar. La fiesta había tocado a su fin hace un rato, aunque algunos parecían no haberse dado por enterados, como su querida maestra y el maestro de su excompañero de equipo y mayor pervertido de Konoha.
-¿Qué se supone que están haciendo esos dos?-oyó la voz del pelinegro a su lado, mientras apoyaba las sillas en la mesa que ella acababa de limpiar.
-No lo sé, pero prefiero no saberlo- dijo ella volviéndose hacia el moreno. Estaba acostumbrada a ver a su maestra en estados muy deplorables por el alcohol pero en aquella situación tan comprometida…
-Parece que esta noche ha alterado a todos sus instintos-masculló el negro en voz baja.
-¿Por qué dices eso?-preguntó la pelirrosa curiosa.
-Naruto y Hinata, Shikamaru e Ino…
-¿Shikamaru e Ino?-hacía rato que no los veía, ¿Acaso ellos también…?
-Eso creo, hace rato que no los veo-mintió el chico, dándose la vuelta para que la chica no viese su sonrojo. Después de estar con Sakura en el almacén había pasado cerca del baño y a pesar del alto sonido de la música había escuchado con claridad los gemidos de su compañera de piso. Había sido violento. Primero Naruto que a saber qué demonios estaría haciendo y después los otros dos haciendo quién sabe que…bueno, el sabía el qué.
-Ya veo-musitó la chica. Sasuke se sorprendió al notar la tristeza en su voz, girándose justo a tiempo para observar como tomaba algo que pendía de su cuello. Una sonrisa triste adornó su rostro. El chico se quedo quieto sin saber que hacer. Frágil, vulnerable, sola. Tan sola como él. El instinto de protección que para él había sido olvidado por tanto tiempo volvía cada vez con más frecuencia en presencia de ella. No sabía que hacer. Él era un hombre de batalla, no un hombre sensible. Desvió la mirada hacia la esquina donde estaban los dos sannin y observó con indignación como aquello también iba subiendo de tono, sin importar la presencia de ellos. Se acercó en grandes pasos hacia su mesa.
-El bar está cerrado- dijo con su tono característico, tras unos segundos ambos se separaron.
-¡Qué aguafiestas, Uchiha! ¿Por qué en vez de quejarte no sigues nuestro ejemplo?-dijo Jiraiya sin apartar sus manos de la Hokage.
-Porque yo no soy ningún pervertido al que le gusta dar el espectáculo-dijo el cruzándose de brazos intentando aguantar la compostura para no sacarles a patadas de allí. Debía recordar que era la Hokage. Y él era un sannin. Pero como siguiesen con esa actitud…empezaba a pensar que hasta el idiota de Naruto sabría comportarse mejor.
-¿No será que no te dejan serlo?-dijo la rubia con la risa floja. El chico estaba a punto de explotar cuando notó una mano en su hombro.
-Tsunade-sama, por favor, es tarde y todavía tenemos que recoger todo esto, además recuerde que mañana tiene que ir a trabajar temprano- dijo la calmada voz de Sakura. Tsunade miró a su pupila y se dio cuenta de que la joven no parecía estar muy bien, la notaba triste y cansada, y aunque se esforzaba por sonreír…esa no era su Sakura.
-Vamos, Jiraiya-dijo levantándose de su asiento con cierta dificultad. El hombre soltó un gruñido de disgusto.
-Malditos críos, siempre estropeando la diversión-dijo siguiendo a la rubia.
-Sakura, mañana reúnete en mi despacho con tu equipo-se giró para salir, tambaleándose-con el actual-añadió. El estado de Jiraiya era similar, ambos se apoyaban el uno en el otro.
-Tsunade-sama, sé que no es de mi incumbencia, pero hace unos días Jiraiya-sama vino a mi consulta porque tenía una venérea.
-¿Queeeeeeé? ¿Y pretendías no decirme nada maldito pervertido?- la rubia parecía haberse recuperado de golpe- te vas a enterar…-el hombre había echado a correr al notar la acumulación de chakra en su antigua compañera de equipo y actual Hokage. La rubia corría tras el gritando cualquier cosa.
-Espero no acabar como ellos-murmuró el moreno.
-Al menos ellos no se convirtieron en algo como Orochimaru-dijo la pelirrosa pensando en el tercer integrante de aquel equipo.
-Hmp…-dijo el Uchiha llevándose instintivamente su mano al cuello.
-¿Sigues teniéndolo?-preguntó la pelirrosa.
-Sí, tras la muerte de Orochimaru adquirí gran parte de sus habilidades, pero prefiero no utilizarlo más que en caso de vida o muerte-dijo con voz queda. En realidad solo lo había utilizado una vez: contra Itachi. Y aunque había vencido…casi había muerto…y ella… ¿Dónde estaría su sello? ¿En que consistiría?
-Es extraño, tu sello en vez de limitar el poder lo magnifica, algún día me gustaría estudiarlo-dijo ella en tono neutro.
-Cuando quieras-dijo él. No se miraban. Ambos se pusieron a recoger y limpiar lo que les quedaba. Él con la pregunta en su mente. Ella perdida en su nuevo estado de soledad tocaba de vez en cuando el colgante.
Las cinco de la mañana, habían terminado. Se sentaron cansados en la barra, el suelo aun estaba húmedo. La pelirrosa se quitó la peluca y sacudió su cabellera, mientras masajeaba su cuello, se veía cansada. Él no estaba mucho mejor.
-¿Has hecho recuento de lo que queda?
-Sí.
-¿Has comprobado el equipo de luces y sonido?
-Sí.
-¿Y el baño que no funcionaba?
-Arreglado.
-Bien.
La mirada de la chica vagó por el local, aquello había sido una fiesta, una fiesta que apenas había disfrutado.
-El vídeo estaba muy bien- dijo el moreno. Los ojos jade se volvieron hacia él. ¿Un halago del Uchiha?
-Gracias, me extraño que aceptases cantar el tema del montaje-aquello le había sorprendido, cuando la rubia llegó con la grabación no podía creérselo. Había escuchado la cinta un millón de veces y seguía sin saber como lo había aceptado. Lo que sí sabía es que podía recordar su voz perfectamente entonando aquellas palabras:
No se cómo lo haré, pero en tres segundos lo diré,
Has estado siempre aquí, y yo, no te he sabido ver.
Aquellas palabras en las que se había refugiado una y otra vez en la soledad de la noche, cuando todos dormían y ella tendida en la cama escuchaba la voz que la hacía temblar.
-Bueno, es difícil negarle algo a Ino-murmuró el chico. La rubia seguía amenazándole con desvelar a todos la naturaleza de los sueños Uchiha, y sobre todo a la protagonista de ellos. Desde aquella noche cerraba su puerta con pestillo. Sus sueños no serían de nadie más.
-Mmm…-dijo ella medio dormida- ¿Crees que a Neji y a Tenten les gusto?
-A todos les gustó, es bueno ver que todos hemos cambiado…-el chico se quedó mirando el techo- ¿Quién hubiera dicho que del equipo de Gai saldría una pareja? Sobretodo por parte de Neji…
-Sí, sería como decir que tú…-las palabras murieron en sus labios, medio dormida había hablado sin pensar. Sasuke se volvió a mirarla, enfrentándose a los orbes verdes.
-Tenías razón aquel día en la cena…sobre lo de Neji…sobre lo de mí-dijo el chico- al ver todas esas imágenes…siempre pensé que Hyuga era como yo… que nunca sería feliz, que el rencor era la único que nos mantenía en pie…a pesar del vacío…no era el único-suspiró-por eso cuando supe que estaba con Tenten…
-Te sentiste realmente solo-terminó la pelirrosa- porque al menos él había aprendido la lección antes de quedarse realmente solo, y tú…
-Algo así.
-Neji no cambió en un día-la chica se afanaba por decir algo coherente, los ojos se le cerraban, estaba cansada, demasiadas emociones para un día y demasiado trabajo para una semana- fue un proceso, un proceso en el que el primer paso es darte cuenta de que no puedes con todo solo.
-Hmp…
-Es el primer paso, aun te queda un largo camino, Uchiha-dijo saltando de la barra mientras tomaba la chaqueta.
-¿Quién te ha dicho que…?-preguntó Sasuke resbalando de la barra e intentando aparentar que nada de aquello le importaba.
-¿Sino porqué íbamos a estar hablando de esto?- dijo ella mirándole por encima del hombro. El llegó a su altura y apagó la última luz que quedaba. Cerró con llave y volvió a poner su máscara, sin saber por cuánto tiempo más resultaría creíble ante ella.
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Se tiró en la cama mientras desabrochaba su camisa y la tiraba por el suelo. Parecía que nadie había vuelto a casa. Cerró los ojos, agotada, mientras bajaba la cremallera de la falda. Ahora estaba cómoda. Se puso en posición fetal como siempre que estaba tan cansada y quería dormir. Pasó el tiempo y el sueño no venía. Parecía que cada uno de sus músculos se quejaba, y sin embargo, ninguno quería dormir. Giró sobre sí misma y quedó boca arriba. El frío metal sobre su pecho la hizo cogerlo de nuevo y volver a pensar. Y volver a sufrir. Y volver a llorar. Estúpida, se dijo a sí misma. Con el dorso de la mano secó sus lágrimas de manera brusca. Debía tocarle la regla o algo así para estar tan sensible e idiota.
Se levantó y tomó una de esas camisetas gigantes que solía robarle a Shikamaru para dormir, su olor la tranquilizaba por las noches y muchas veces hacía que no apareciesen esas pesadillas. Observó en el espejo la marca bajo su pecho y no pudo evitar pasar los dedos sobre ella. Su sello. Un sello del que nadie sabía nada. Otra de las malditas consecuencias. Nunca podría ser la mejor Kunoichi, nunca podría ser la ninja que una vez fue. Tsunade lo había hecho por su bien, pero le había quitado lo único que le quedaba: su valía como ninja. Ahora sólo era la sombra de lo que pudo ser. ¿Cómo podían pensar que ella era una de las mejores kunoichis? Aquel sello le impedía utilizar la mitad de su chakra, todo para impedir que no volviese a utilizar aquella técnica.
De nada había servido llorar y prometer que no volvería a hacerlo. Ya no le quedaba nada. Había dejado de creer en la amistad cuando su equipo la abandonó; de creer en el amor, cuando Sasuke la rechazó; de creer en ella misma cuando impidieron que pudiese llevar a cabo todo su potencial…
Colocó la camiseta, tapando la marca que había matado cualquier esperanza de llegar a ser alguien. En aquel momento sólo le había quedado la promesa. La promesa. Una promesa de amistad. Salió al pequeño balcón de su habitación que daba al bosque. El viento era algo frío, pero la ayudaba a pensar. Se apoyó en la barandilla. El cielo empezaba a clarear, el día comenzaba en Konoha, un nuevo día…
Apretó con fuerza el dije y lo arrancó de su cuello de un solo golpe. Lo miró una última vez deslizando el dedo por él, notando las letras talladas desgastadas…echó el brazo hacia atrás y lo dejó volar lo más lejos que pudo.
-Se acabó- murmuró mientras se dejaba caer en una de las sillas que allí tenía. Abrazó sus rodillas, sintiéndose de nuevo como una niña a la que han dejado sola. Se preguntó si le quedaría algo que hacer ahora que todo había terminado.
Buscó en su memoria los recuerdos que habían formado aquellos días en el hospital. Cuando despertó, lo primero que había visto fue la dulce sonrisa de Hinata. Durante un tiempo ninguna de las dos hablaba, observando las heridas de la otra, conscientes de que estaban allí por algo más que puras heridas físicas. Poco después Shikamaru se unió a su silencio.
No recordaba quien fue el primero en hablar, pero cuando empezaron, estuvieron horas sin callar, dejando salir todo lo que les había dañado durante años. Ninguno había sido escuchado nunca, y por primera vez, se sentían seguros, aunque hacía nada habían sido desconocidos. Shikamaru habló de la misión que casi le llevó a la muerte, una muerte de la que se salvó por el sacrificio de su maestro y amigo Asuma, se encontraba solo, Asuma había muerto, Choji estaba de misión indefinida en Suna e Ino…les contó cómo se había declarado a su compañera y como nunca había recibido una respuesta mas que el nombre del heredero Uchiha… Hinata le sonrió conmovida, al menos él había tenido el valor de confesarse, su amor por el Uzumaki la quemaba por dentro, pero su forma de ser…se odiaba a sí misma, y ahora que Hanabi la había superado como shinobi…fue rechazada, quisieron sellarla con el bouke, pero ella prefirió dejar la familia, su propia hermana fue la encargada de demostrarle que ella no era lo suficientemente buena para esa familia…las heridas de todo su cuerpo eran la prueba de su "amor fraternal", ahora era una simple desconocida para ellos…estaba sola, sus compañeros estaban en Suna con Chouji, y Kurenai, intentaba salir adelante tras la muerte de Asuma y enterarse que estaba embarazada… Ella les contó lo inútil que siempre se había sentido, cómo se sintió cuando la abandonaron, cuando se enteró de la noticia…
Y lloraron, lloraron todas aquellas lágrimas que habían tragado por tanto tiempo, porque un shinobi no puede tener emociones, porque no podían dejar de mostrarse fuertes al mundo…aunque su interior estuviese roto. Lloraban por ellos y por cada uno de sus compañeros perdidos, por lo que sintieron, por lo que callaron, por lo que podían haber hecho…y eso les unió, les hizo más fuertes. Haciendo una promesa: no sufrir, no llorar, no volver a ser débil…pero sobretodo olvidar…a aquellos que seguían haciéndoles daño, a aquellos que les dejaron atrás, al actual equipo 7.
El dolor les unió, y el amor ahora los separaba. Una sonrisa cansada volvió a formarse en sus labios. ¿Acaso era ella la que estaba equivocada?
Suspiró, apartó los mechones que ahora cubrían su rostro… estaba cansada y no se sentía bien. Aquello volvía a doler, y esta vez estaba sola.
-Sola, siempre sola- murmuró levantándose de la silla, empezó a entrar en la habitación, pero cambió de opinión y se apoyó en la puerta- un día…un día me iré lejos…quizá.
Miró los alegres colores del amanecer. Entró dentro, cerró la puerta tras ella y corrió las cortinas. Se tiró en la cama. Estaba cansada de pensar, cansada de todo.
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Tumbado en su cama observaba el brillo metálico que despedía aquel objeto. ¿Qué era? ¿Una hoja? El colgante daba vueltas mientras el chico lo sostenía en alto. En cuanto ella había entrado en el cuarto él había saltado a buscarlo.
Había sido pura casualidad, bueno, debía agradecérselo a su compañera de piso, que seguía su "fiesta particular" en el cuarto contiguo al suyo. Ino era todo lo escandalosa que se podía esperar, a Shikamaru a penas le oía. ¿Serían todas las mujeres igual de escandalosas? En eso pensaba cuando notó la puerta del balcón contiguo al suyo abrirse, y utilizando sus habilidades distinguió con facilidad el chakra de la pelirrosa. Ocultó el suyo y salió fuera, con cuidado de no ser visto.
La vio allí, apoyada en la barandilla, enfundada en aquella camiseta mucho más grande que ella y que le daba un toque realmente atractivo. Maldita sea, la combinación de sus ya de por sí alteradas hormonas y los gemidos de su compañera no era muy buena en aquellos momentos, pero aquella visión… Observó sus facciones cansadas, su pelo alborotado, sus ojos entrecerrados…tristeza, ¿Dónde estaba la sonrisa que siempre la había caracterizado? Refrenó el impulso de abrazarla, de prometerle que todo iría bien… la protegería… pero desde las sombras. Todavía no tenía claro sus sentimientos…y muchos menos los de su excompañera.
La chica se llevó la mano al cuello, tiró de algo y lo lanzó al aire. Alcanzó a ver un destello perderse entre los arbustos. Después se encargaría de eso.
-Se acabó- la oyó murmurar mientras se sentaba en una silla. Ahora, abrazada a sus rodillas, le recordaba más que nunca a la niña que él había ignorado durante años, a la niña que había llorado por él. Y entonces se dio cuenta. Ni una lágrima. El semblante serio, triste, pero sin lágrimas. Reconocía aquella actitud porque era la que él llevaba utilizando toda su vida. También hubo una época en la que él era un niño alegre y cariñoso, bueno, todo lo cariñoso que podía permitirse ser un Uchiha. Pero la vida te da un golpe y… Y suponía que ellos habían sido el golpe de su amiga, el detonante de su máscara. ¿Cuánto más había? ¿Cuánto más que no sabía?
-Sola, siempre sola.
La chica se levantó de nuevo, parecía que se iba, cuando estaba a punto de meterse la vio apoyarse en el larguero de la puerta.
- Un día…un día me iré lejos…quizá.
La puerta se cerró y el pelinegro suspiró destensando su cuerpo un poco. ¿Irse lejos? ¿Por qué? No podía irse, no ahora que él había regresado. ¿Tan mal estaba? Saltó al suelo y buscó lo que ella había tirado. En pocos minutos tenía el colgante en su mano, ¿Acaso esa era la cable?
Ahora, tumbado en su cuarto, se afanaba por entender algo de la complicada mente de aquella mujer. Porque le importaba. Dios, cuando volvió no pensó que todo iría así. Fue un estúpido, siempre pensó que le esperaría, que ella no tenía nada más. Pero se equivocó, como llevaba haciendo tantas veces en su vida: se equivocó al creer que al matar a su hermano sería feliz, al creer que Naruto era un estúpido, al creer que no necesitaba a nadie, a pensaren ella como en una molestia…
Notó como la puerta del piso se abría, notando el chakra del portador del Kyubi. Se levantó y salió de su cuarto en boxers, buscando a su amigo. Un Naruto muy sonriente se encontraba hablando con Hinata en el sofá, lleno de barro. La chica se perdía entre las mantas del sofá, todavía con la indumentaria que llevaba en el bar, el rubor en sus mejillas le daba un aspecto dulce y frágil.
-Ya era hora, dobe- dijo apoyándose en la pared frente a ellos. Naruto ni siquiera le había sentido, pero en cuanto le vio sonrió como cuando eran críos y se lanzó sobre él.
-¡Teme! ¡Vas a ser el primero en saberlo! Hinata-chan y yo somos novios- gritó eufórico en rubio.
-Me alegro por vosotros, dobe- dijo con una suave pero genuina sonrisa.
-¡Wow! Tú sonriendo, ¿te ha ido bien la noche a ti también?-dijo pegándole un codazo en el estómago.
- No, a parte de que nos habéis dejado todo el trabajo…vaya compañeros- dijo adoptando de nuevo su pose de enfado.
-¡Ey! Estabais cuatro, ¿no? ¿No puedes hacerle un favor a un amigo?- digo agarrándole por el cuello.
-¿Cuatro? Sí, cuatro fuisteis los que desaparecisteis, y dos los idiotas que nos quedamos trabajando, hemos llegado hace poco.
-¿Quieres decir que…?-preguntó el rubio mientras pensaba visiblemente concentrado- ¿Quiénes se escaquearon?
Sasuke se rascó la cabeza cansado, Naruto seguía siendo tan idiota como siempre.
-¿Hablabais de nosotros?- Ino apareció con el cabello enmarañado y un camisón mal puesto seguida del Nara.
-Vaya, ¿al fin podré dormir?- dijo el Uchiha mirando a los recién llegados. Shikamaru se rió mientras Ino se sonrojaba- muchas gracias- dijo retomando el camino a su cuarto.
-Sasuke-kun, ¿Qué es lo que llevas en la mano?- preguntó Hinata al ver un brillo plateado entre las manos del moreno. El chico escondió el objeto en sus manos. No quería dar explicaciones.
-Es ese colgante, ¿verdad?-dijo Ino avanzando hacia él. Sasuke le miró asombrado, ¿Qué sabía la rubia?- Hinata, ¿Tú tienes el tuyo?- la chica asintió con la cabeza- ¿Es de Sakura, verdad? ¿Qué ha pasado?
-No ha pasado nada- dijo él volviendo a su camino. Notó la fuerte mano de Shikamaru en su hombro, apretando con excesiva fuerza.
-¿Por qué lo tienes tú? ¿Ella está aquí?-su mirada parecía preocupada. Todos estaban cansados.
-¿Por qué iba a estarlo? La dejé hace casi una hora en vuestra casa, después de que recogiésemos todo- intentó retomar su camino, pero el presión del Nara en su hombro no cedía.
-Uchiha, no juegues con nosotros- su voz se había vuelto amenazante.
-Si tan preocupado estabas por ella no haberla dejado sola- dijo de manera hiriente, sabiendo donde podía hacer daño, y no se equivocó. El rostro de Hinata y Shikamaru era signo inequívoco de culpabilidad.
-Sasuke-kun… ¿Sakura-chan…?-Hinata no podía pronunciar las palabras. Lo había hecho. Había traicionado a su amiga, había pensado solo en ella… se sintió culpable, ella no era mucho mejor que los demás- el colgante…
-Ella lo tiró- dijo el moreno- parecía sentirse mal, pensé que podría ser algo importante y lo recuperé, es todo.
-Uchiha- dijo el Nara-gracias.
Aquello descolocó totalmente al chico. ¿Gracias? ¿Gracias por qué? Sólo había recogido aquel estúpido colgante. Enarcó una ceja sin entender. Había tomado una decisión. Avanzó hacia el grupo y se sentó en el sofá, cerca de Hinata. Dejó el colgante sobre la mesa.
-Ahora vamos a hablar-dijo secamente, clavando su mirada de hielo en todos los presentes.
Nadie fue capaz de llevarle la contraria.
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Sakura se levantó con un continuo martilleo en su cabeza.
-Genial, tengo resaca y no bebí ni una gota- se dijo a sí misma al mirarse en el espejo. Cogió algo de ropa limpia y se dirigió al baño, creyendo que una ducha caliente la ayudaría. Se equivocó. Se puso a desayunar y tomó un analgésico con el zumo. Miró el reloj sobre la mesa. Las tres de la tarde. Buena hora para levantarse. Al menos hoy tenía el día libre.
Oyó como una puerta se abría al final del pasillo. Reunió sus renovadas fuerzas y esbozó su característica sonrisa.
-Ohayo-dijo a una adormecida Hinata.
-Ohayo-repitió la peliazul. Se sentó a su lado en la mesa y se sirvió un poco de café. La "charla" había durado hasta hacía tres horas y se sentía realmente agotada, tanto física como psicológicamente. Pero al oír ruidos por la casa supo que su amiga se había despertado, y no pudo quedarse en la cama. La culpabilidad le quemaba.
-¿Estás bien, Hinata-chan?- preguntó la chica buscando los ojos blanquecinos de su amiga.
-Hai, hai- calló por unos segundos- ¿Y tú, Sakura-chan?
-¿Mmm? Claro, un poco cansada, pero todo bien- dijo encogiéndose de hombros y terminando el contenido de su taza- antes de que se me olvide, Tsunade-sama me dijo ayer que fuésemos a verla.
-¡Oh! Debemos ir inmediatamente, ya debe ser muy tarde- dijo Hinata dejando la taza.
-No hace falta, ayer se fue la última y hoy debe tener una resaca…y quizá algo más, algo como un excompañero de más de ochenta kilos en su cama-dijo con una mueca. Los ojos de Hinata se abrieron desorbitados.
-¿Tsunade-sama? ¿Jiraiya-sama? ¡Oh, Dios!-dijo tapándose la boca- ¿Cómo?
-El alcohol causa estragos…prefiero no recordarlo- se volvió a su amiga- ¿Y tu noche? ¿Qué tal? ¿Qué tal con Naruto-kun?
Las mejillas de Hinata se sonrojaron respondiéndola.
-Estamos saliendo- dijo la chica sin atreverse a mirar a su amiga. Cuando notó la calidez de los brazos de Sakura alrededor de ella, no pudo evitar echarse a llorar.
-Felicidades, Hinata, me alegro que tus sueños se hagan realidad- susurró en su oído. Hinata escondía su rostro en el pecho de su amiga.
-Pero la promesa…-empezó a farfullar.
-¿Eso? No te preocupes, en el fondo era una tontería-dijo soltándola y llevando sus vasos a la fregadera- me alegro que os haya ido bien a los dos- Hinata iba a decir algo, pero Sakura cogió su chaqueta y se le adelantó- tengo que ir a hacer unos recados, nos vemos en la oficina de la Hokage a las cinco, ¿De acuerdo?- le dedicó una sonrisa antes de irse- intenta que Shikamaru se puntual.
Al cerrar la puerta tras ella echó a correr, alejándose antes de que Hinata reaccionase. Cuando se encontró sola tomó aire, se apoyó en un árbol y empezó a llorar. No sabía por cuánto tiempo podría aguantar todo eso. Se sentía una mala persona. No se alegraba por Hinata y Shikamaru, sólo podía pensar en su propio dolor. Al final ella no era tan distinta del resto. Tenía dos horas para reconstruirse. Una vez más.
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-Shikamaru-kun, Shikamaru-kun-la suave voz de Hinata sacó de su letargo al muchacho, se tapó con el brazo el rostro.
-¿Qué hora es?-dijo aún sin verla, estaban a oscuras, y él apenas podía abrir los ojos por el cansancio.
-Las cuatro, dentro de una hora tenemos que presentarnos en la oficina de la Hokage.
-¿Para qué?
-No lo sé, es lo que Sakura-chan me ha dicho antes de irse- el chico se sentó en su cama. Sakura…
-¿Se ha ido? ¿A dónde?
-No lo sé, creo que tenía que hacer unos recados.
-¿Qué aspecto tenía?
-Cansada, pero parecía alegre, incluso me ha felicitado cuando le he dicho lo de Naruto-kun…
-¿Sabe también lo de Ino?
-Creo que sí.
-Uf, necesito una taza de café-dijo levantándose. La muchacha levantó las persianas.
-Lo tienes en la mesa- dijo saliendo del cuarto, el muchacho la siguió de cerca.
-¿Crees que deberíamos decirle lo que hablamos ayer? ¿Qué ellos saben todo lo que le pasó?
Hinata jugó con la cucharilla pensando una respuesta, pero era incapaz de darla.
-Si lo que nos contó Sasuke-kun es verdad, Sakura-chan ya está sufriendo demasiado.
-Dios, debimos pensar en ella… me parece increíble que al final tuviese que quedarse con el imbécil del Uchiha por nuestra culpa…-dijo golpeando la mesa.
-Yo creo que Sasuke-kun se preocupa por ella.
-Es lo menos que podía hacer después de que ella le salvase la vida- de un sorbo se tomó toda la taza.
-Siempre he pensado que la aprecia de verdad, más allá de lo que ella hizo por él, pero Sasuke-kun es como Neji, le cuesta expresar el cariño por los demás, solo hay que ver como trata a Naruto-kun.
-No me gusta para ella- Hinata se rió ante el gesto serio del chico.
-Pareces un padre celoso- el chico hizo una mueca.
-Si la vuelve a hacer daño…
-Todos merecen una segunda oportunidad, si tú se la has dado a Ino-chan y yo a Naruto-kun, ¿Por qué él no puede tenerla también? Su preocupación por ella… ¿viste lo cansado que estaba? Y aun así nos mantuvo allí, no por curiosidad, sino porque quería saber como ayudarla…la aprecia mucho, quizá hasta…
-Como le toque un pelo le parto las piernas- Hinata volvió a reír. El Uchiha tendría un camino muy difícil, y no solo por su amiga.
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Sakura corría por las calles, a punto de dar las cinco y se encontraba en la otra punta de Konoha. Saltaba por los tejados como en los viejos tiempos. Se paró ante la puerta del despacho jadeante, justo a tiempo. Tocó la puerta.
-Pase- se oyó la fuerte voz de la rubia. Sus compañeros ya estaban allí.- Me alegro de que por fin estéis los tres aquí reunidos.
-¿Qué es lo que quiere de nosotros, Hokage-sama?-preguntó Hinata.
-Debo daros una nueva misión- dijo dándose la vuelta para completar las vistas desde su torre. Los chicos se miraron entre ellos extrañados, no solían hacer misiones juntos. Era cierto que eran un grupo ninja, pero ellos se encargaban más de ayudar a recuperar heridos que a otra cosa, y Shikamaru se encargaba de la logística de las misiones desde un despacho continuo a la Hokage.
-¿De qué se trata?- preguntó el chico curioso. La mujer se volvió a mirarles, se apoyó en la mesa y habló claramente.
-Suna ha sufrido grandes deterioros debido a los movimientos de la arena y sus habitantes se están viendo afectados por enfermedades que transmiten una mutación de insectos típica del desierto. Si a eso le sumamos la inestabilidad del terreno… Suna está en problemas, y ha pedido ayuda a Konoha- tomó aire para continuar, ante la mirada expectante de los shinobis- he decidido que vayáis allí a ayudarles, Hinata y Sakura a nivel de apoyo médico, y tú, Shikamaru, en la recomposición de la ciudad y el refuerzo de sus murallas, el Kazekage os espera en tres días, no hay tiempo que perder.
Ninguno dijo nada. El silencio se hizo tenso por unos minutos, al fin el Nara decidió hablar.
-¿Cuánto tiempo?
-Esperamos que podáis volver por Navidad- dijo no muy segura de sus palabras.
Hinata y Shikamaru se miraron significativamente. Ahora que habían logrado estar con la persona que querían se tenían que ir. Lejos, por tiempo indefinido.
Los pensamientos de Sakura eran distintos. Lo que había pedido le había sido concedido: volar lejos. Ahora ya no estaba tan segura. Su intuición le decía que Suna les traería problemas.
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-Parece que estás de buen humor, ¿A qué se debe?- preguntó un chico enfundado en un ropaje negro, con marcas violetas adornando su cara. El hombre al otro lado de la mesa le tendió un papel con el emblema de Konoha. El chico lo leyó con rapidez, y cuánto más avanzaba, su sonrisa se ampliaba- espera a que Temari sepa esto- dijo dejando el papel sobre la mesa.
-Démosle una sorpresa, Kankuro- dijo posando sus ojos azules en su hermano.
-Claro, esto si que es un golpe de suerte, ahora entiendo porqué estabas tan contento.
-Tengo ganas de volver a ver los cerezos en flor.
