BUMI AND KORRA TIME!
Son los(as) mejores. De verdad no tengo cómo agradecerles todo el ánimo que me inyectaron con sus mensajes de apoyo por la muerte de mi Abuelita. No tengo cómo pagarles sus buenos deseos y quiero que sepan que aunque no los conozca personalmente, les tengo mucho cariño :) Mil gracias.
Estoy pasando una mala racha, tuve que ponerme al día con el trabajo y por eso he tardado en escribir. Mañana mismo comento los reviews :D
Los quiero :*
La canción que va con éste capítulo tal vez en el ritmo no concuerde, pero la letra es hermosa. La puse completa porque de verdad vale mucho la pena, ojalá puedan buscarla. Abel Velazquez murió hace unos años, pero dejó canciones maravillosas. Se los recomiendo muchísimo.
Éste capítulo tiene varias escenas pequeñas, escribir todo lo de un día sería difícil D:
El Héroe – Abel Velázquez.
Ella es mi luz, mi paz mi voz,
mi fe mosilábica y compleja,
que juega hacer y a no querer
mientras descansa en nubes de tormenta.
Pero nunca quiere hablar de amor
porque le recuerda su tragedia
y teme que en alguna depresión
mis labios lleguen hasta su dolor.
Ella creyó que el corazón
vivía conectado a la cabeza,
y que al llegar al fin del mar
un héroe salvaría su primavera.
Llevándola en los brazos a dormir
hasta una cama entre las hojas secas,
diciendo estoy muriéndome por ti,
descansa mientras yo te hago feliz.
Y yo que intento ser el héroe que ella espera,
Cuando baja la escalera,
con sueños remojados en café.
Un héroe de silencios y de grandes promesas
Que extienda lienzos viejos,
Para que ella con sus besos dibuje lunas nuevas.
Y yo que intento ser y que no soy.
¿Cómo le explico que en el mundo ya no hay héroes sólo tipos como yo?
Mientras se colocaba el saco, Iroh no puedo evitar sonreír al escuchar la conmoción afuera de su tienda de campaña. Era temprano, pero la líder del día ya estaba dando órdenes para que se levantara el campamento lo más rápido posible, lo único que faltaba era parte de su tienda.
Rió para sí mismo, no podía negar que tenía mucha curiosidad de saber cuál sería su destino del día.
— ¡Ustedes dos! Adelántense a la villa y renten habitaciones para todos por la noche.
— ¿Uhm? ¿Una para cada quién, Avatar?... ¿Con qué dinero?
Escuchó un silencio y negó con la cabeza. Korra no había planificado nada sobre el dinero que necesitaría para llevar a cabo sus propias órdenes. Al menos no le faltaba ésa identidad de líder que requería; o como diría Azol: "Mandona".
— ¡Una para cada quién! Estoy seguro que nuestro querido Príncipe pagará con gusto. — Apoyó Bumi haciendo que la castaña riera y él se apresurara a terminar de vestirse.
No que no quisiera pagar, pero, Bumi y Korra conspirando juntos le parecía una muy mala idea a su economía.
Un grito de celebración de sus soldados lo hizo desistir de cualquier idea, por mínima que fuera, de negarles una habitación; además sólo serían ocho en total, los demás soldados estaban en el barco rodeando el continente.
Suspiró y salió de su tienda siendo casi al momento interceptado por unos ojos azules que lo miraban con reproche.
— ¡Tardaste mucho!
— No fue tanto, sólo algunos minutos.
— Bueno, como sea. Bumi, tú y yo nos adelantaremos en Naga.
— Pero tenemos un automó…
— Iroh, sin quejas.
El aludido levantó las manos en señal de rendición. Era extraño que no tuviera voz en los planes del día pero sí las cuentas. Sonrió de medio lado ansioso de ver qué había planeado ella.
Pronto Korra llamó a la perro-oso polar y se subió de un brinco haciéndole una señal para que él lo hiciera también. Al quedar justo en medio entre la castaña y el comandante, no encontraba un lugar al cuál aferrarse.
— ¿Por qué no sujetas la cintura de Korra, querido Iroh? — Sugirió el hijo mayor de Aang, moviendo las cejas de manera sugestiva, así que el más joven volvió a verlo con desdén.
— Vamos, Iroh, agárrate de mí, ya quiero llegar.
Ante la feliz sugerencia de la Avatar y sin desear arruinarle el gran momento que ella estaba pasando, llevó sus manos a la cintura femenina intentando no sujetarla con fuerza, mirando para su lado derecho sabiendo que estaba completamente rojo en ése momento.
Korra notando su sonrojo rió por lo bajo y le tomó las manos colocándoselas adecuadamente. Lo último que necesitaba era a un Príncipe herido en el hospital justo ése día al caerse sólo por tenerle miedo. — Muy bien, soldados los esperamos en la Villa, no tarden ¡Vamos Naga!
Apresuró la castaña logrando que su compañera saliera disparada y que por el impulso Iroh tuviera que sujetarse con más fuerza.
Bumi dio un grito de alegría levantando los brazos, su rostro al viento en lo que él consideraba una cabalgata salvaje.
— ¡Yaju! ¡Esto es vida!
Iroh frunció el ceño, cierto que Bumi tenía todo el derecho del mundo a expresar su sentir, pero no en su oído que podía ser roto por uno de sus numerosos gritos. Cuando escuchó a Korra reír feliz y aumentar la velocidad olvidó por completo su antagonismo contra el Comandante, empezando a disfrutar el viaje.
Al estar en el Reino Tierra el paisaje era seco y caluroso para la hora en que estaban viajando pero había algo muy curioso… No estaban siguiendo ningún camino.
De verdad no quería ser considerado como que no cumplía su palabra, pero ¿Y si se perdían? Además, todos parecían saber a dónde se dirigían menos él.
— Korra, no deseo ser imprudente pero ¿Estás segura que estamos siguiendo la ruta adecuada?
La castaña le sonrió de oreja a oreja mirándolo por sobre su hombro.
— Relájate, Iroh. Ya revisé con el Comandante el mapa y vamos por un atajo. Confía en mí.
Ante la sonrisa sincera de la morena, el General no pudo hacer otra cosa que responder del mismo modo e intentar disfrutar el árido paisaje de ésa parte del Reino Tierra, aunque el camino no fuera precisamente el más estable por el que hubiera pasado.
Al llegar a la Villa lo primero que el General notó es que había mucha gente… usando máscaras con rostros que de primer momento sólo le parecieron familiares. Había puestos de comida, juegos mecánicos, otros en donde se probaba la destreza de los concursantes; el típico ambiente de un gran festival.
Miró a la Avatar esperando una respuesta, pero ella se limitó a bajar de Naga, sonreír ampliamente y extender los brazos.
— ¡Feliz día del Avatar! — Brincó en el aire haciendo que las mascaras tuvieran sentido, puesto que cada persona llevaba la de su Avatar de elección.
Él no pudo evitar reír abiertamente.
— Yo soy quien debería estar felicitándote. — Remarcó bajando de Naga y notando que Bumi corría a un puesto cercano. — Así que, feliz día, Avatar Korra. — Agregó haciéndole una reverencia profunda.
Korra rió por lo bajo y de inmediato sujetó el brazo de su futuro esposo cuando éste se puso de pie, dirigiéndolo hacia donde estaba el hijo de Aang seguidos por Naga.
— ¿No es genial? ¡Tengo mi propio día!
— Tengo entendido que ésta ceremonia en un inicio estaba pensada en expresar su odio al Avatar.
La de ojos azules se detuvo conteniendo aire y abriendo los orbes cómicamente.
— ¿Qué? Pero… ¿Por qué? — Preguntó agachando ligeramente el rostro, tratando de ocultarse, a lo que Iroh rió y siguió caminando con ella del brazo.
— Bueno, antes era porque consideraban a Avatar Kyoshi la asesina de uno de sus antiguos líderes. — Korra frunció el ceño realmente no dudando que la anterior Maestra Tierra llegara sin dudar a cualquier consecuencia por cumplir sus objetivos. — Así que hacían grandes figuras de los Avatares y les prendían fuego. Sin embargo, cuando Aang vino, a pesar de haberle hecho un juicio por su encarnación pasada, los salvó de unos brabucones de la nación del fuego.
Se detuvieron a unos metros de Bumi quién estaba pangando y Korra sonrió.
— Entonces estoy a salvo.
— Completamente ¿Supongo que revelarás tu identidad para ser festejada como deberías?
El rostro sin ojos de Roku repentinamente reemplazó al de la nueva Avatar haciendo que él girara a mirar al hombre "responsable" de los jóvenes.
— No ésta vez; Rayito de sol. Tengo planes yo también y es imprescindible que nadie nos reconozca. Pero ya que todos están enmascarados, pasaremos inadvertidos. — Dijo el Comandante mientras le daba a Iroh la máscara de Roku, una de ella misma a Korra, otra para sí de Aang y se las colocaban los dos anteriores. — ¡Aw! Hoy soy mi Papi.
Korra rió divertida ajustando la máscara a la forma de su rostro y notó al Príncipe mirando la suya dudativo.
— ¿Y Naga?
— ¡Cosplay! — Respondieron la líder del día y su aparente asistente, haciendo que se miraran entre sí y rieran escandalosamente.
El General levantó una ceja y se colocó la máscara de su antepasado, suspirando.
— No creo que alguien crea eso.
— ¡Es increíble tu disfraz! ¡Y traes hasta a una Naga! ¿Cómo lo hiciste? ¿Qué animal es en realidad?
— Bueno, fueron muchas horas de trabajo y mucho pelo artificial también. Es una osa común.
— ¿No un oso-pato, ni un oso-perro?
— Nop, solo osa.
Iroh miró incrédulo a un grupo de personas que rodeaban a la castaña… creyendo absolutamente todo lo que les decía, mientras una risa escandalosa a su lado le hizo fruncir el ceño y le pasaban un brazo por los hombros.
— ¿Lo ves? Sí funcionó.
El General gruñó por lo bajo y le dio una mordida a su no tan delicioso elote crudo. Acaban de descubrir que no freían ni tostaban los alimentos en honor a no haberlo hecho con Aang.
Iroh miró con desconfianza el par de lazos que les servirían de guía durante su caída al vacío. Sentía bastante incomodidad al no haber sido medido, pesado y que se aplicaran los cálculos correctos para saber si la cuerda resistiría. Pero justo cuando iba a solicitar una inspección a la Física con sus leyes de gravedad y resistencia, Korra lo había jalado para que los amarraran juntos y subieran.
Por un momento había sido distraído al notar demasiada cercanía a la Avatar. Afortunadamente para el sonrojado Príncipe habían sido atados de espaldas. Sin embargo después recordó que ahora las cuerdas tendrían que soportar el peso de la castaña también.
Si algo fallaba podría usar su fuego control para impulsarse a tiempo durante la caída y así evitarles una muerte segura, pero, los habían hecho firmar un papel para evitar responsabilidades… Lo cual hacía mucho más dudoso ése juego.
Giró a su derecha el rostro tratando de ver aunque sea un poco de su acompañante.
— Korra, en verdad. Esto es absurdo.
— ¿Te mueres de miedo no?
— Por supuesto que no, además tú eres la que está temblando.
— Es el frío.
— ¿Frío a una hora de distancia del desierto? ¿Durante el día? ¿Por una Maestra Agua que ha vivido casi toda su vida en el Polo Sur?
La aludida guardó silencio mirando hacia abajo notando dos puntitos que representaban a Bumi y a Naga. Tragó. Tal vez sí había sido una mala idea, pero no lo iba a admitir.
— ¿Qué? Puede pasar, estoy desacostumbrada al frío.
El General levantó una ceja y se mantuvo en silencio unos segundos al notar que finalmente habían dejado de subir. Ahora, los dejarían un rato allí arriba y cuando menos lo esperaran los dejarían caer al vacío.
— Muy bien Korra, éste es el plan. Si vemos que la cuerda se rompe entonces ¿Podrías usar aire control para liberarnos de las cuerdas? De inmediato tendrías que girar y aferrarte a mí. Utilizaré mi Fuego Control para que nos impulse y no caigamos a una muerte segura.
Por un momento ella quiso decirle que estaba exagerando y que debía relajarse, pero escuchó un crujido que la hizo voltear hacia arriba y darse cuenta; con terror, que un cuervo-canario había decidido que una hebra de la cuerda principal sería perfecta para su nido.
Apretó los dientes asustada.
— Iroh, un cuervo-canario nos va a matar.
El General levantó una ceja intrigado, deseando ver el rostro de la castaña para entender su comentario ¿Un cuervo-canario asesino?
— ¿De qué hablas? — La sintió moverse como si se tratara de liberar de las cuerdas y tomó aire por la boca. — Korra, tranquilizante, nos harás caer.
— Sólo quiero asustarlo, ¡Vamos! ¡Vete! ¡Shu, shu!
El de cabello negro giró su rostro a la derecha notando que ella miraba hacia arriba y siguió su línea visual, descubriendo con perturbación al ave que jalaba la cuerda con insistencia.
— ¡Espíritus! No puedo creerlo ¡Un ave nos va a matar!
— Te lo dije.
Por un momento ambos se quedaron inmóviles no sabiendo qué hacer sin poder por lo menos utilizar las manos para asustar al cuervo-canario. — Podría utilizar fuego o aire control para asustarlo.
El de ojos ámbar pensó en la propuesta un par de segundos.
— Si usas fuego control podrías quemarlo o a la cuerda. Y si usas aire control podrías aflojarla y hacer que se rompa más rápido.
El ave sobre sus cabezas silbó alegremente al estar obteniendo tan buen material para su nido, haciendo que la pareja se asustara más al escuchar otro crujido.
— Bueno ¿Entonces qué hacemos, genio?
Por un momento Iroh estaba tentado a responderle que ella era la líder del día así que ella debía pensar en una estrategia, pero al estar en una situación de vida o muerte; literalmente, se mordió la lengua pensando en algo que los pudiera ayudar.
— Podríamos balancearnos para asustarlo, pero eso sólo causará más fricción.
— Eso no es un qué hacer, es otro no hacer.
— Estoy eliminando posibilidades.
— ¿Podrías apresurarte a eliminar posibilidades? ¡Ese pájaro nos va a matar! ¿Te imaginas? Sobrevivimos a Amon y al espíritu oscuro más poderoso de la historia ¿Y nos mata un cuervo-canario?
— Técnicamente lo que nos mataría sería caer al piso con tanta aceleración.
— Que pasaría por ése estúpido pájaro…
— Debatible. Fue tu idea que subiéramos aquí.
— ¿Me estás culpando de nuestra muerte?
— Aún no morimos.
— Pero me culparías.
— Está bien, está bien; todo es culpa del cuervo-canario.
— Lo ves, ése es un cuervo-canario maligno.
— No creo que esté haciéndolo a propó...
La extraña conversación quedó en silencio ya que el seguro que los mantenía suspendidos había sido desactivado, dejándolos caer con velocidad y produciendo que la Avatar gritara fuertemente al sentir que su estomago quedó junto al cuervo-canario asesino.
— ¡Iroh! ¡Vamos a morir! — Gritó revolviéndose entre las cuerdas y haciendo su cráneo hacia atrás. Había sido una pésima idea esto.
Después de unos breves segundos notó que el General no le respondía y al ladear su rostro descubrió que éste estaba desmayado. — ¡Tienes que estar bromeando! ¡Iroh!
Al llegar al límite de la cuerda ésta dio un rebote mandándolos hacia arriba de nuevo y Korra apretó los dientes, descubriendo que la cabeza le dolía y que ella había sido la causa del cuerpo inerte a su espalda.
Sin poder evitarlo y viendo la tontería de todo ese momento; además del gran alivio ya que la cuerda no se había roto, rió a carcajada abierta disfrutando por fin de ése juego. Y como extra, tendría de qué burlarse del Príncipe durante toda su vida. Cierto que ella lo había noqueado, pero jamás lo admitiría si eso le permitía hacer mofa de él.
— ¿Quién lo diría? El Príncipe Heredero de la Nación del Fuego; el General más joven en la historia de las Naciones Unidas. El hombre que derrotó varias avionetas de Guerra… Se desmayó del miedo en un juego mecánico.
Korra rió hasta llorar ante el comentario de Bumi que después se unió a ella. Los tres sentados alrededor de una gran mesa donde esperaban la llegada de los soldados para comer y disfrutar de la tarde noche en el pequeño bar local.
Iroh sin embargo, con una bolsa de hielo en su cabeza, no le hizo gracia el comentario para nada.
— Korra me noqueó.
El par explotó en risas de nuevo haciendo que a causa de los espasmos la de ojos azules se cayera de su silla haciendo así que el adolorido Príncipe se uniera a su festividad.
Los otros clientes en el lugar ni siquiera les prestaban atención, eran bastante comunes situaciones como esas en un lugar, donde la especialidad de la casa eran bebidas "felices".
— Digas lo que digas, para mí, te desmayaste del miedo. — Dijo la castaña levantándose del piso aún riendo.
El General la imitó haciéndolo por lo bajo.
— Ambos sabemos que eso no es cierto.
— Yo mantendré mi palabra diciendo que eso fue lo que pasó.
— No tengo ninguna duda que lo harás. Te gusta burlarte de mí.
— No, no me gusta ¡Amo burlarme de ti!
Los tres rieron de nuevo, más tranquilamente.
Una mesera se acercó a ellos sirviendo una especie de masa con formas de Aang; aparentemente lo único que comercializaban durante la festividad del Avatar e intentando enseñarles el menú de bebidas, pero el comandante se le adelantó.
— Empezaremos con cuatro rondas de cerveza, querida, y en la quinta tráenos por favor, la bebida especial del lugar. — Dijo el hijo de Aang guiñando y logrando que la mesera riera suavemente.
— Como deseen.
Respondió aún muy risueña y alejándose de la mesa, trayendo después la cerveza.
El General lo miró con sospecha, recordando lo que pasó la primera vez que había estado con ése hombre en ésa región.
— Comandante, espero que ésa bebida "especial" no sea la que estoy pensando.
Bumi sonrió ampliamente y levantó su tarro.
— ¡Por lo pronto bebamos! ¡Salud!
Iroh rió suavemente ante un comentario que había hecho uno de los soldados, quienes se les habían unido durante un momento en la segunda ronda de cervezas.
No podía negar ni un poco que a pesar de todo había disfrutado mucho ése día. Ni siquiera recordaba algún momento en su vida en que la hubiera pasado tan bien. Se sentía tranquilo y muy contento.
Alguien hizo una réplica al comentario de su soldado y cuando Korra volvió a reír escandalosamente él no pudo evitar ensanchar su sonrisa, sintiendo su corazón latir completamente contento.
Justo en ése momento; se dio cuenta, estaba feliz.
Tenían muchas situaciones qué resolver, pero ambos estaban enfocados en hacerlo. Ella lo hacía sentirse dichoso, ligero, que podían comerse al mundo juntos. Sentía que podía abrirse a ella y hasta mostrarse vulnerable y Korra no pensaría menos de él.
Tomó el último trago de su cerveza.
Después de algún tiempo cuando llegó la quinta ronda, notó que el Comandante se ponía de pie y la bebida había cambiado a una qué él reconocía muy bien.
Tragó aire.
— Señorita, Caballeros. Éste es el motivo por el que yo he participado en éste plan ¡Jugo de cactus!
Los soldados corearon felices, abrazándose alegremente, mientras el General sólo podía observar estupefacto la situación.
Korra rió acercando su bebida.
No acostumbrada a beber ya estaba sintiéndose mareada.
— ¿Qué no es ilegal?
Bumi rió aún más y sonrió después.
— No en ésta zona, además éste es jugo rebajado. No delirarás del todo.
Los soldados realmente estaban felices, levantando sus tarros y comenzando a beber… Pobres de los que se habían ido en el barco, aburridos, surcando los mares.
La Avatar encogió los hombros y llevó el tarro a su boca. Justo cuando iba a darle un sorbo una mano se lo impidió.
— No bebas eso, Korra. — Alertó el General un tanto asustado, lo que causó que Bumi se arrojara sobre él alegremente.
— ¡Aw! El pequeño Iroh sólo lo dice por lo que pasó cuando bebió jugo de cactus.
El de ojos color ámbar frunció el ceño y empujando al Comandante por los hombros lo sentó.
Y entonces, Korra hizo la pregunta que lo cambiaría todo ésa noche. No la respondió el General, sino, Bumi.
— ¡Perdió su virginidad!
La mesa completa quedó en silencio, todos asombrados. No pudiendo ni si quiera imaginar lo que había pasado.
El increíblemente sonrojado Príncipe de la Nación del Fuego no era para nada una persona a la que se le pudiera asociar con una aventura fugaz.
Todos lo voltearon a ver al mismo tiempo, haciendo que él dejara caer su rostro contra la mesa, avergonzado.
— Iroh, ahora sí, tienes que terminar de contarme ésa historia. — Llamó su atención la sonriente castaña a la que él volteó a ver momentáneamente y después volvió a su posición con la frente en la mesa.
— No lo haré. Es demasiado vergonzoso.
Bumi rió a carcajada abierta.
— Fue interesante.
El de ojos ámbar gruñó de nuevo y se incorporó, aún muy sonrojado. Mirando a Korra con decisión, esperando que esto no lo hiciera restar puntos con su futura esposa.
— Tarde o temprano te contará Bumi, así que prefiero hacerlo yo mismo. Pero solo a ti.
Un abucheo general se hizo presente, pero mientras conociera la historia Korra estaba feliz, así que asintió y el General llevó su boca a su oído derecho.
— Tenía dieciocho años y por mi rango estaba bajo las órdenes de Bumi. Llegamos a una Villa cercana a cumplir una misión. Después, bueno, Bumi siendo Bumi me invitó un tarro de Jugo de Cactus. — La castaña asintió sonriendo, queriendo escuchar lo que seguía.
— ¡No es justo! Yo también quiero saber. — Replicó un soldado acercándose pero Korra solamente lo empujó de regreso con Tierra control.
— Honestamente no tengo idea de cuánto tomé, pero de repente empecé a ver cosas extrañas.
La de ojos azules levantó una ceja separándose un poco y hablándole bajito.
— ¿Cosas cómo qué?
— Bueno… — El General se sonrojó nuevamente y colocó una mano en la nuca tímidamente. — Bumi dice que me quedé varios minutos quieto con los brazos extendidos y cuando me preguntó qué pasaba, dice que le respondí que era una flor.
Korra soltó una carcajada contagiosa. Los demás en la mesa no sabían qué era lo que decía, pero se unieron a ella haciendo que Iroh sonriera.
— ¿Y siendo una flor es como perdiste la virginidad?
El de cabello negro rió suavemente.
— En parte sí. Yo estaba alucinando y no sabía en realidad lo que pasaba, Bumi dice que una… Dama, de unos cuarenta años se me acercó. En mi alucinación yo la veía como una mariposa, le hablaba así y ella me seguía el juego.
Korra no podía parar de reír, llorando y sujetando su estomago. — Todos estaban en condiciones similares a la mía, así que a nadie le importó cuando ella; aprovechando mi alucinación, me dijo algo sobre ir a esparcir el polen para que crecieran más flores y me sacó del bar.
La de ojos azules sentía que estaba a pocos segundos de asfixiarse por tanta risa, todo eso era completamente irreal, hilarante.
— Esparcir el polen, espíritus.
Iroh se le acercó un poco más.
— Habla más bajo.
— No puedo. Esparcir el polen. — Y siguió riendo.
El de cabello negro rió un poco.
— Y bueno, cuando regresé al mundo real estaba en un cuarto de hotel, con la ropa completamente rota y sentía que ya no era virgen.
En su desesperación por tranquilizarse un poco, Korra le dio un sorbo grande a su bebida, olvidando completamente los efectos que podría ocasionarle esto.
— Esto es lo más divertido que he escuchado en toda mi vida ¡Ni siquiera recuerdas cómo perdiste tu virginidad en realidad!
Iroh negó con la cabeza, sonriendo divertido.
— Lo ves, por eso no te quería contar.
— Pero no fue tan malo.
Él resopló.
— Eso es lo que dices tú.
— Todos brindando ¡Yo oh! Yo oh, yo oh. Pirata siempre ser…
Iroh sonrió a la media dormida y muy ebria Korra, a la que llevaba cargando en sus brazos hacia su habitación en el hotel. Definitivamente ésa noche había sido épica y todos la habían pasado maravillosamente divertidos.
— Llevo diciéndotelo toda la noche; nosotros estamos contra los piratas. — Alegó recordando a la Avatar cantando sobre la mesa y haciendo que el bar completo se le uniera; chocando tarros entre sí y creando un sorpresivo ambiente de hermandad. Hasta que él la hizo bajar y junto con Naga emprendieron camino al hotel.
Los gritos de "aguafiestas" no se hicieron esperar, pero ella ya estaba apenas logrando sostenerse de pie, ya había disfrutado más que suficiente.
Era obvio que la perro-oso polar podría cargar a su dueña más fácilmente, pero él deseaba estar cerca de la castaña más tiempo.
— Deberíamos unirnos, tienen canciones geniales. Nosotros podríamos ser los héroes y ellos los que hagan un gran ambiente. — Respondió la Avatar arrastrando las palabras e intentando levantar un brazo; fallando miserablemente.
Iroh rió.
— Bueno, eso podría servir para los soldados de las Fuerzas Unidas. Pero Bumi, tú y yo sólo somos tripulantes ahora. — Respondió nostálgico sintiéndose apenado de tener que dejar su vida en el mar.
Korra se quedó callada por varios segundos, a tal punto que Iroh pensó que finalmente se había dormido.
— Deberíamos unirnos a ellos ¿Te imaginas? Podríamos viajar por el mundo y salvarlo. Conoceríamos mucha gente.
Él la miró sonriendo.
— Me encantaría eso. Si regresara a las Fuerzas Unidas necesitaría un nuevo Comandante, apuesto a que tú lo harías muy bien.
— ¿En serio crees eso?
— Por supuesto. — Le respondió mirándola a los ojos y asintiendo. Después desvió la mirada tristemente. — El problema es que tenemos otras responsabilidades.
— En verdad me gustaría viajar contigo y salvar al mundo ¿Sabes? Creo que debería cambiar de equipo; el nuevo equipo Avatar no es muy buen… equipo.
El pelinegro rió por lo bajo.
— Tu equipo es bueno, nunca te han dejado sola cuando los necesitas. Lo único es que necesitan resolver ciertas cosas. — Respondió animado, aunque secretamente se sentía emocionado al saber que ella lo prefería sobre sus amigos… tal vez.
— Bueno… Entonces deberías unirte tú oficialmente. Además, tal vez pasemos juntos toda la vida. Sería más fácil así ¿No crees?
Él se detuvo y agachó el rostro, sintiendo demasiadas emociones que lo estaban conflictuando de tal forma que no pudo evitar abrazarla contra su pecho. Tomó aire y siguió caminando, ya estando en el hotel y subiendo a la habitación que le habían indicado sus soldados.
Una vez en el lugar esperó a que Naga se acomodara junto a la cama y depositó su preciada carga en el colchón. Después quitó sus botas y la arropó.
De pie, la observó unos segundos y se animó a hablar cuando ella abrió los ojos ligeramente y le sonrió agradecida.
— Korra… Si no pudiéramos divorciarnos ¿Me odiarías porqué a mí me gustaría pasar mi vida a tu lado?
Ella intentó hacer funcionar su intoxicado cerebro, para responder lo que para Iroh parecía ser importante.
— Nunca podría odiarte Iroh y a mí también me gusta estar contigo. — Se sentó torpemente y el de cabello negro se apresuró a sostenerla, quedando muy cerca.
Él sentía que su corazón entraría pronto en una arritmia fulminante. Tenía años de experiencia, pero jamás había sentido algo como eso. Ella llevó su mano a la fuerte mejilla masculina y lo miró analizándolo. — ¿Sabes? Siempre me han gustado tus ojos. Tienes unos muy bonitos.
Y sin poder decir más, su frente cayó en el hombro del de cabello negro, haciendo que él riera suavemente y la recostó de nuevo.
— Es bueno saber que algunas cosas no han cambiado, Korra. — Dijo depositando un beso en su frente y salió de la habitación cerrando la puerta tras él. Sintiéndose tranquilo puesto que Naga la cuidaría perfectamente.
Bumi aún se sentía "feliz" cuando escuchó que alguien golpeaba su puerta.
Rió para sí pensando que tal vez alguna de las lindas chicas de la Villa había quedado impresionada con él y lo había seguido, así que se apresuró a atender lo y se llevó una gran desilusión al ver a Iroh en lugar de alguna fémina.
Dejó caer la boca y los hombros decepcionado.
— Ah, sólo eres tú.
El General sin ningún tipo de aviso llevó su puño derecho atrás para tomar impulso y después golpeó al hijo de Aang; en el rostro, haciendo que cayera al piso.
— ¡Hey! ¿Cuál es tu problema, chico? — Preguntó colocando sus manos frías sobre su mejilla, viendo que el más joven rodaba los ojos y tomaba el picaporte de su habitación.
— Dijiste que te avisara cuando lo aceptara, te respondí que te daría un puñetazo y dijiste que como fuera pero que te avisara.
Y cerró la puerta sin decir más.
Bumi parpadeó varias veces intentando comprender lo que acababa de pasar, pero agradecido que no hubiera sido golpeado en el ojo. Seriamente, ése era su mejor atributo físico.
Lentamente se incorporó del piso y entendió todo causando que diera pequeños brinquitos, y llevara sus manos a la boca intentando controlar su emoción.
D: No me acuerdo qué iba a aclarar.
Hmm… Bueno, otra vez no revisé el capitulo bien, esta recién terminado y salido del horno.
¡Ah sí! Una de las cosas es que tal vez por el tiempo del libro 2 de Korra y el fic, estaría como 1 mes atrasada la historia en cuanto al festival del Avatar xD Pero de verdad quería ponerlos en una situación más alegre.
No me acuerdo que más… D: Si notan algo raro mándenme una patada.
Mañana respondo reviews :D
