Holo.
Me parece mentira que ya se vaya a acabar, voy a llorar- NAH, nunca lloro por cosas como estas, pero me disgusta un poco. Me lo pasé muy bien escribiendo esto (algunas partes mas que otras a ser sincera) pero después de todo... me habeis apoyado muchísimo y eso es muy motivante. Quedan... dos capítulos contando esto, mas una pequeña sorpresita que os espera al final. Ya vereis, ya vereis.
soniasc94: tú siempre tan maja, ¡gracias, corazón!
Ivy J: hablas muy bien, y gracias por entenderme. ¡Gracias de nuevo!
Guest: no puedo decir que yo no me lo fuera a esperar, ya que mentiría.
Stefan: me alegro de que ya puedas entenderlo un poquito mejor, es algo que me alivia. Y sí, sólo yo sé qué va a pasar de ahora en adelante, lo bueno de ser omnipotente ahora.
kiarika: mae, empatizas muchísimo con todos los personajes, ¡me encantan tus reviews, y no me has decepcionado! qué casualidad lo de la canción. Captas muy bien lo que quiero plasmar y eso nunca va a dejar de asombrarme. Tan lista como siempre, pillaste lo del cetro y has resumido la parte sentimental del episodio con muchísima habilidad. ¡Gracias por todo, cielo!
Hoy, os adelanto que alguien le va a decir algo a alguien y van a pasar cosas. Creo que es obvio de quiénes se tratan, y si no, como si no hubiera dicho nada.
OMG, pusieron DC: Sendokai en la Clan el domingo a la tarde. Y no pude verlo, gggggg.
¡Disfrutadlo y comentad si os ha gustado, ya queda muy poco! - icechipsx
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¿Alguna vez te has preguntado a qué velocidad se mueve el mundo cuando cierras los ojos?
¿Alguna vez te has preguntado viendo a alguien dormir, lo rápido que se le estará pasando la fase REM? El sueño es una capa que acelera la noción del tiempo entre nubes de gloria o terror, que cumplen las reglas de la psique humana: los sueños hacen la noche dinámica, mientras las pesadillas la relentizan y te agitan entre escalofríos y carreras huyendo del pánico. Películas como fotogramas, sucesiones de imágenes o memorias que suelen tener una función alentadora o de llamada de atención. Algo tan maravilloso que como pocas veces pasa, acaban olvidándose de camino a alguna parte importante.
¿Nunca te has preguntado el porqué de algunas cosas concretas? ¿Por qué el amor? Esa sensación tan maravillosa y electrizante de amar, ligereza de ideas y falta de concentración, calores por las mejillas, debilidad en las rodillas, cambios de humor, esa sensación de estar siendo abrazada por la noche cuando tienes frío. Pero luego viene ese sentimiento contradictorio, el de odiar a esa persona cuando te parten el corazón, las ganas de perderle de vista pero nunca alejarse de él por miedo a perderle, aunque ya no deba pertenecer al libro de tu vida. El amor es una plastilina que se adapta a la mente para decirte que sentir, como una enfermedad con sus síntomas pero sin medicamento ni tratamiento. Algo... de los que muchos hablan pero pocos han sentido, otros demasiado tímidos para decirlo y otros temerosos a que los sentimientos no sean recíprocos y acaben en nada por no decirse lo que sentían.
Era todo tan gracioso, ¡tan fácil de describir cuando sabes de qué hablas, tan difícil de olvidar! Y eso Cloe lo sabía, porque lo había vivido en tan poco tiempo que parecía haber pasado un sólo respiro desde la última vez que sabía que sentir, lo que era correcto y lo que no. Todo había cambiado tan deprisa... tan extraño y caótico como un vendaval que dejaba casas destruídas detrás. Amor, odio, tristeza, felicidad, lealtad, ¿libertad?, adrenalina. Toda la aventura había sido una montaña rusa de la que ella era clienta, y no estaba segura si merecía la pena repetir la vuelta, esperar a otra cascada de emoción.
Con tanta paranoia, ni se dio cuenta de que no había abierto los ojos.
Cloe desplegó la mirada al techo, y se sentó en su cama. Era la misma posición en la que se encontró al principio del camino. Parecía haber vuelto a empezar, todo de nuevo para ser descubierto. Ella había cambiado, pero todo a su alrededor seguía estático y fiel a su percepción general: amigos fieles, padres algo obsesivos pero buenos, salud controlada de nuevo. Todo estaba igual, pero a la vez había cambiado. Como quien coge un peluche con algunos fallos, lo arregla y lo deja en el mismo sitio poco tiempo después; el peluche era una auténtica réplica de aquella etapa de tiempo, pero la peliazulada sabía que no era tan perfecta como debería, aunque ¿sinceramente? no lo cambiaría por nada. Los defectos son un tesoro para algunos: quien ve a la inmadura como alguien dulce y divertido; alguien que tiende a desobedecer que es, en el fondo, alguien espabilado y con deseos en la vida. Sólo habría que mirar algo más allá.
Cloe se destapó, y se dio cuenta de que ya no llevaba el uniforme de batalla al que se había acostumbrado, si no un camisón de manga larga blanco y suelto en las muñecas, de poca longitud pero gran comodidad, sin vuelo pero sin estar ceñido. Sus movimientos delicados para levantarse no la dejaban tocar la tela: estaba demasiado tensa como para darse cuenta de ello. Llevaba días dormida, reposando y sin salir de su habitación. No dudaba que le hubieran suministrado somníferos para adormilarla: seguramente la querían durmiendo y no haciendo el tonto por cualquier parte. Se había dejado toda su energía y deseos en visualizar todo el alcance del conjuro, en convocar desde una esquina de su cerebro a Lunna y a Quimera por un segundo, en dejar a Senza parado en el sitio para que los demás pudieran ocuparse de él.
Y seguía sin parecer nada porque ella no había hecho ni la mitad de lo que ellos hicieron por sí solos. Y ese tirón por no haber hecho nada, era estresante. Zak lo debilitó, Fenzy y Kiet abrieron el techo para que algún viajero aéreo les ayudara, ella sólo hizo algo que ni siquiera alcanzaba a recordar ni adivinar.
La vista del pueblo estaba intacta. Caía un poco de nieve, minúscula, y debía haber nevado durante muchos días si los tejados del poblado estaban cubiertos de nieve. Antes, no apreciaba mucho esa sensación de ver a la gente desde la estratosfera del reino, pero ahora era muy tranquilizador ver a la gente sana y salva, respirar el aire limpio y fácil de inspirar, refrescando sus pulmones y haciéndola sonreír un poco. Comparado con todo lo que había vivido, la simple rutina era el cielo y cada paso sin temor a caerse sabía a pura agua bendita. Todo estaba tranquilo: no había vientos horribles, ni fieras oscuras, secretos musgosos o razones para huir.
Poquito a poco, se empezaba a instalar de nuevo en la rutina.
Pero antes de nada, recordó algo que se juró muy en silencio si salía viva de allí, cosa que veía improbable pero posible. Esa pequeña posibilidad la había devuelto a su casa, y ahora le debía una promesa que no iba a dejar incompleta. Andó hacia su cama, se agachó, y sacó aquella caja tan familiar a la luz de su balcón. Lo posó en la mesita cerca de su silla de terraza, azul oscuro y flexible. Le quitó la caja, y acarició instictivamente la madera de su querido violín.
Se sentía saludando a un desaparecido hermano, tímida por su presencia y con miedo a abrazarlo y estrujarlo en sus brazos, a pasar por idas y venidas con él. Le traía tantos recuerdos aquel instrumento, tanta agonía, pero a la vez le animaba saber que tenía algo especial en sí misma: una partitura que se sabía de memoria, un fragmento de su vida que había sido muy importante en muchas ocasiones. Una lista de decisiones que tomar impartidos por la autora de la partitura.
Su abuela había sido la compositora con más talento de su época, cosechando grandes éxitos con avanzada edad. Pero llegó un momento en el que tuvo que alejarse del mundo de la música para descubrir a la feliz criatura que Cloe era por aquella época. Felices tiempos en los que su mínima preocupación era perder sus pinturilas de colorear, aquellas que usaba para crear bellos paisajes y pintar muñecas. La buena mujer tocaba el piano con gran maestría e interpretaba sus propias creaciones, creando un lazo con su nieta porque la peliazulada siempre la veía tocar. Ella misma encargó el mejor de los violines a Nollia personalmente, y cuando Cloe cumplió los 8 años, le enseñó a manejarlo. Le sorprendió mucho la capacidad de su nieta para tocarlo, y en un año lo tocaba con destreza. Le enseñó la mejor de sus partituras, y le cedió los derechos con su muerte, que sumió a la chica en una gran tristeza que le dio más ganas de tocarlo en su honor. Pero nunca pudo llegar a terminar de tocar la partitura completa, con temor a tocar aquella en particular.
Hoy se negaba a achatarse. Nadie sabía de su despertar, y quería hacer su entrada a lo grande, pero no de una manera muy cantosa. Empuñó el violín, miró al cielo y murmuró un par de palabras incomprensibles antes de coger el arco y deslizarlo suavemente contra las cuerdas. Pero pronto, la melodía acogió un ritmo más acelerado y acompasado, obligándola a hacer puras maniobras con la muñeca, aún encogida por la pila de recuerdos y sentimientos que le traía aquella dulce sinfonía. Era como recibir una sobrecarga de mariposillas en el estómago que se desintegraban al más mínimo recuerdo de una lágrima derramada, de un soneto sin completar o una tecla sin tocar.
Sin saberlo, la momentánea violinista tenía las ventanas de todo el pueblo escuchando su vuelta a casa, y a sus padres desde la puerta de su habitación con la lagrimilla en el ojo.
Sin saberlo, ya había logrado rellenar uno de los dos huecos vacíos en su corazón. Lo que no sabía era si lograría rellenar el otro que llevaba un nombre escrito.
Zak.
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Kiet nunca habría pensado que en el Reino del Sol se podrían organizar jardines tan floridos alrededor del castillo real, ni que el mejor temporal llegaría, irónicamente, cuando menos lo necesitaban.
Cloe y Fenzy llegaban tarde, haciendo que los dos chicos, atraviados en esmóquines negros como el rey de Akros exigió, se impacientaran. Eran muy incómodos y picaban, como si miles de picaduras de mosquito les recorrieran los brazos y el pecho. Eran muy típicos y fijos para algunas fiestas, concretamente esta.
Se había organizado un baile conmemorativo a la victoria sobre Senza, quién fue inmovilizado y retenido en los calabozos del palacio de Laynn. Eran un completo laberinto bajo tierra, lo cual reducía las posibilidades de que se escapara. A Zak no le terminaba de convencer la idea de que un ser como él estuviera cerca de Cloe, pero sabía que protestar sólo empeoraría las cosas y no serviría para nada. Mientras estuviera lejos de ella, le daba igual el dónde.
Era una tarde completamente despejada y sólo había pájaros en el cielo acompañando al sol, que chocaba suavemente con el suelo y disipaba el vientecillo por todo el jardín. Había flores por doquier, mariposas, arcos rodeados con flores y hiedras. Los brazos de las escaleras estaban coronadas con jarrones llenos de orquídeas y rodeados con florecillas alrededor. Una alfombra roja fuerte bajaba la escalinata con saltos y llegaba hasta la entrada por la que estaban llegando toneladas de invitados de todos los reinos. Pero desgraciadamente, no se podía ver a ninguna de las princesas asomando entre toda la gente.
"Me estoy empezando a asustar." comentó Kiet ajustándose la corbata, "Se había confirmado que iban a venir las dos, y temo que les haya pasado algo."
Zak le miró despectivamente, "No me metas miedo. Al menos Fenzy tiene todas las papeletas para venir, pero Cloe... se supone que tenía que despertar ayer, y ha despertado hoy. ¿Y si ha vuelto a dormirse?"
Afortunadamente, un rayito de sol con pelo rosado salió del barullo de gente corriendo con la falda algo arremangada. Llevaba una tiara con alerones de color plata, una parte de arriba muy corta de color blanco y una falta de cintura alta de media longitud, llegándole hasta las rodillas. Calzaba un par de sandalias rosas oscuras y parecían comodísimas. Llegó hasta la pareja entre respiros, "Antes de que lo pregunteis, hay más gente ahí que en el Festival de Primavera en pleno apogeo, así que llegar tarde es inevitable."
"¿Dónde está Cloe?" preguntó Zak, viendo por el rabillo del ojo a Kiet admirando a Fenzy.
"La perdí entre la muchedumbre." respondió la pequeña tajante, "Vinimos en tren y al llegar, me cogió de la mano para avanzar sin perdernos de vista la una a la otra. Pero de repente, me soltó y lo último que sé es que la perdí de vista al completo. Eso sí, creo que la ví hablando con Lon cerca de la entrada, pero entre tantos empujones no pude ver más."
Justo al mencionar a Lon, salió Cloe de la multitud propulsada y tropezó con una piedra, sin llegar a matarse ni caerse. Se atusó un poco el vestido y avanzó hacia ellos con una sonrisa muy extraña en la cara, como si se estuviera disculpando por algo que no había hecho. Llevaba un vestido azul oscuro de un tejido algo fino, con dos aberturas rectangulares en su cintura izquierda. La falda era recta y era más larga por detrás que por delante, y sus zapatos negros con tres dedos de tacón le daban una apariencia más alta. Pero no llegaba a ser más alta que Zak o Kiet, ya que ambos habían crecido un poco y ahora las chicas eran algo más bajitas. Y fue el turno de Kiet para ver a Zak medio embobado mirando a Cloe. ¿Qué tendrían aquellas dos chicas que les volvían locos?
"Perdón por llegar tarde." se disculpó, al contrario que Fenzy, "Me entretuve hablando con Lon sobre un par de asuntos... y bueno, ya sabeis."
"¿Y eso de que estabas hablando con Lon?" preguntó la pelorosada antes de que el rubio pudiera hacerlo, "Es tu ex políticamente hablando. Me parece raro."
A la otra se le subió una ceja involuntariamente, "Eh... cosas. ¿No tengo derecho a hablar con un príncipe de otro reino? Es buena persona cuando está a buenas."
Un incómodo silencio abatió al grupo, que iban siendo rodeados por gente que entraba a la fiesta. A la chica del pelo del color del cielo se le había oscurecido la mirada durante un instante. Cada uno de sus amigos fueron yéndose lentamente, cada uno a ver a sus padres o a hacer algo más importante.
Pero Cloe se quedó, dándose cuenta de cuanto había cambiado todo sin darse cuenta de ello, y lo inocente que fue, lo ingenua que quiso ser, al creer que todo seguía igual. Todo había sido distorsionado de una manera que ella odiaba; sus ocurrencias habían cambiado a sus amigos drásticamente.
Sus dudas.
Su salud.
Sus errores.
Sus asuntos.
Todo. Todo había influído a sus amigos demasiado. Ya nada daba igual, el más mínimo detalle contaba, todo era drama y tragedias por todas partes. Estaba siendo controlada, limitada, encarcelada en una jaula invisible de preocupación por sus seres vivos. Había querido creer que nada había cambiado, pero en realidad todo había cambiado. Ese fragmento de su vida que quería olvidar se había enquistado en muchas de las mentes de sus amigos profundamente. Ya no eran los mismos que conoció una vez, y ahora por su culpa, ya nada sería igual. Habían madurado demasiado rápido, demasiado mal, demasiado forzado.
Querría volver atrás, arreglar las memorias que habían hecho que todo cambiara o incluso alejarse de ellos para no fastidiarlo todo más, pero sabía que era imposible. Además, si se alejaba de ellos y se borraba de sus vidas se preocuparían más, pero si se acercaba demasiado, acabaría cambiándoles aún más. Sólo esperaba poder estarse quieta y no hacer absolutamente nada que les afectara. Drásticamente real. Yo creía que había vuelto al principio de esta etapa mi vida, pero parece que he acabado en esa fase de ser asocial y tener miedo otra vez a herir a los demás. Al menos no tengo esa paranoia de estar congelándome, no voy a casarme ni estoy loca.
"¿Cloe?" la mencionada se giró para ver a Uriah y a Silenna detrás de ella, ambos vistiendo ropas muy elegantes. Silenna llevaba puesto un vestido sin mangas beige con pedrería en los bordes de la parte de arriba y gasa en la falda, que se desvanecía antes de tocar el suelo y contrastaba con la piel algo bronceada de la soberana. Uriah llevaba el esmoquin reglamentario con gran agrado y una sonrisa en la cara, que se desvaneció al momento cuando vio a Cloe con esa expresión tan sombría muy atípica en ella para él, "¿Estásbien? ¿Nobailas? Yahaempezado haceunosminutos, yestabas comoida."
"¿Eh?" la chica se giró para ver a todos bailando, con pareja y muy felices. Deseaba con todo su corazón estar allí, pero su mente de cervatillo asustado le imploró entre sudores que se fuera a algún lugar sola, para disfrutar de una tranquilidad que seguramente no tendría allí si se quedaba, "Creo... creo que voy a irme un ratito, ¿vale? Os veré después... ¡hasta luego!"
Antes de que la Princesa de los Astros pudiera detenerla, la otra ya había salido corriendo hacia algún paradero desconocido, "¡Espera!" gritó la rubia, pero ya era innecesario, "Joe, ¿qué le pasa? ¿Ya empezamos con Zak de nuevo? Definitivamente, debo hablar con él."
"Notepreocupes poresoestanoche." dijo el chico del pelo color pera, ofreciéndola su brazo con altanería y un guiño, "Bailemosunpoco."
Aunque no lo parezca, esa fue la pareja más feliz de la velada, porque alguien se había quedado solo sin saber dónde estaba su pareja. Afortunadamente, sabía dónde encontrarla.
Y supo que era la hora de poner las cartas sobre la mesa.
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Por algo lo llamaba paradiso y no isla.
El sol empezaba a irse a dormir cuando Cloe llegó a Travallah, con el corazón en un puño y dispuesta a tirárselo a alguien si se irritaba demasiado. Siempre se preguntó porqué, pero aquel lugar era siempre tranquilo y no había casi ninguna pega que le pudiera poner al ambiente ni al paisaje. Ella se bajó del Tropicus y empezó a andar por la costa, con la esperanza de encontrar un lugar con mucha arena para sentarse.
Era todo tan magnético, tan fotográfico y relatable... parecía que su historia hubiera sido sacada de un libro de fantasía y aventuras, que no debía estar siendo un buen día para el autor si la hacía sentir así. Pero muy en el fondo de su conciencia, sabía que todo lo que había pasado había sido culpa suya y de nadie más. Había tomado una serie de decisiones que había afrontado con toda su voluntad, con su buena intención y a veces algo de cansancio. Sentía en el alma pensarlo, cambiar tanto de opinión, pero era posible que no fuera a cambiar nada si tuviera la oportunidad. Llegó a un paradero alejado de las vías y vio varias piedras de la costa.
Cada vez que lo pensaba lo veía más convincente. Todo lo que les había pasado les hizo más fuertes, a veces más vulnerables pero nunca llegó a matarles. ¿Y si debía darse una oportunidad y empezar a preocuparse un poco por ella misma? Quizás ser un poco egoísta no dolería, igual dedicarse un poco de tiempo a la soledad y a encontrarse de nuevo después de estar perdida no le vendría mal. Las cosas como son: nunca recuperaría el tiempo perdido y debía hacerse a la idea de que lo hecho, hecho está, y que alejarse de sus amigos que querían su bienestar no sería bueno. Cloe cogió una piedra de cerca del agua y la lanzó, Estúpida bipolaridad mental. y lanzó otra piedra al agua, estúpida yo y estúpido el que me maldijera con tal empanada mental.
Tenía que empezar a cambiar su manera de pensar, a mirarse un poco al espejo y a mimarse algo más. Si Zak no iba a hacerlo... lo haría ella misma.
Ay, Zak...
Sólo mencionar su nombre la ponía al borde de la histeria para caer en el puro sentimiento de el corazón roto. Aquel chico- no, aquel fuego abrasivo había arrasado con mucha de la confianza e ilusiones que le quedaban a flote en Cloe, pero nunca parecía darse cuenta. Demonios, ¿es que no sabía que la hacía daño? Ella no quería pensarlo, pero poco a poco empezaba a encontrar razones para inculcarle rabia pasional al chaval, por mucho que doliera. Era verdad y todos lo sabían, que el chico mostraba preocupación cuando le convenía y se desentendía cuando le parecía. Siempre defraudándola por cualquier tontería que luego no importaba, ya que ella tenía facilidad para perdonar pero no para olvidar.
Le sentía tan lejos, tan cerca a la vez pero tan frío en su mente. Ya parecía inalcanzable, estúpido luchar por su amor y estúpido el seguir colada por él. Pero al mismo tiempo, no podía estar sin él y le quería tanto, ¡le necesitaba tanto!
"Sabía que estarías aquí."
Y si tanto lo necesitaba, ahí lo tenía. Con su armadura casual que siempre llevaba puesta como príncipe y una sonrisa suave en el rostro, estaba a unos tres metros de ella, y Cloe se preguntó cuanto tiempo llevaría ahí. Si la acabara de encontrar, la habría visto recorriendo la costa, y estaría a su lado y no detrás. Menos mal que no dijo nada en voz alta, que si no parecería otra.
"Te estaba buscando." dijo él sentándose al lado de su amiga, que no llegó a imitarle y se quedó de pie, "Silenna me dijo que estabas rara, y que algo te pasaba."
Silenna, maldita chivata. Ahora seguro que Zak regañaría a su amiga por haberse ido. Pero en vez de eso, le dijo algo muy diferente.
"Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿no?"
Cloe sacudió la cabeza un poco y se encogió de brazos, acercándose al agua y mirando al horizonte. Ya dudaba que pudiera contarle algo al chico sin que la mirara por encima del hombro. Le encantaría correr hacia él y contarle todo, llorar sus penas y darle un beso para que viera sus sentimientos. Pero algo no ma dejaba moverse, un sentimiento de estar atada o de no tener la suficiente confianza como para plantarle cara. Ya lo hizo antes, y no salió bien del todo. No lo habían podido hablar en privado ni en público, ya que sólo habían hablado un par de minutos. En parte, Cloe esperaba con ilusión que él estuviera a su lado cuando despertara, pero en las historias reales eso no pasa y tenía que saberlo ya de sobra.
Entoces, lo soltó.
"Zak... ¿por qué?"
Ella se giró un poco con los brazos cruzados y la expresión cansada de tanta pamplina. A Zak se le encogió el corazón al verla así, pero tenía miedo a decir algo mal, así que optó por ser tonto.
"Qué... ¿qué quieres decir?"
"Me refiero a..." ella dejó sus manos caer a sus lados con otro pesado suspiro, "¿cómo hemos llegado a estar así, Zak?"
Ahora sí que estaba claro. Ahora debía explicarle todas las razones por las que la había tratado así, intentar hacerla entrar en razón y hacerla entender que lo hizo con buen corazón. Pero estaba tan acostumbrado a poner la razón por delante que le costaba muchísimo dejarla en segunda división, relegarla y olvidarla. Era extraño tener que soltar un discurso para convencerla de algo que tenía que haber sabido desde el principio, pero se lo calló y ahora pagaba las consecuencias. Se levantó y le agarró los brazos por detrás, no atreviéndose a mirar a la puesta de sol porque no se la merecía. Mirando a la arena con una línea fina como mueca, Zak habló, "Creo... que te debo un par de explicaciones."
El Príncipe del Sol se metió aún más en el agua, hasta alcanzar una profundidad que le llegaba hasta las rodillas. Era bastante bonito ver a Zak en contraste con su elemento, que iba desapareciendo de la faz del reino poco a poco. Cloe esperó a que el chico hablara, y un minuto después, habló. Y lo que dijo la dejó sin habla.
"Es gracioso que siendo el más atontado del grupo recibiera el diario de los Guerreros de la Estrella antes que tú, y aún más que me enterara de lo que podía pasar. No quería que lo leyeras por que sabía que necesitabas un referente para seguir la batalla, y me aterraba que tomaras a Lunna de ejemplo. Decía cosas preciosas pero muy tétricas que al final se hicieron realidad. No podía dejar que la imitaras, por encima de mi cadáver." explicó Zak rápidamente, "Pero sé que no es esa la explicación que buscas, así que iré directo al grano."
Ella esperó. Y esperó.
"La verdad es que nunca creí que fueramos a llegar tan lejos como para estar así. Y... tenía miedo a perderte, ¿sabes? Soy un tanto hipócrita, ya que no te dejé tomar ejemplo pero yo lo tomé de Quimera como advertencia." soltó un gran respiró que parecía haber estado conteniendo, "La verdad es que... tenía miedo a... desconcentrarme." antes de que Cloe pudiera replicar, él rió un poco, "Sé que sonará estúpido, pero es así. Yo estaría dispuesto a hacer lo que fuera para protegerte, pero sabía que si te levantaba un poco la tapa de la vigilancia, acabaría por dejarte hacer una locura. Te aseguro que si no hubiera sido así, no estarías aquí."
"¿Entonces-? Espera, déjame ver si lo tengo claro:" se confundió Cloe, "¿me estás diciendo que me hiciste creer (supongo) que no me querías por miedo a despistarte y dejarme hacer una locura?"
"Suena estúpido, lo sé..." dijo él sacudiendo la cabeza, "Te dejé de lado por tu propio bien. Tenía tanto miedo a perderte, a dejarte ir..."
La Princesa de los Hielos Eternos no podía encontrar mucho sentido en esa idea, "¿Y de veras creías que tratándome como me tratabas ibas a mejorar las cosas?" Esa pregunta no tiene sentido, si lo hizo sería porque lo creía así.
La respuesta que le había dado era muy defraudante y desconcertante. Se esperaba algo más impactante, algo que hubiera sido evidente pero no lo hubiera llegado a ver. No sé, ¡algo más importante que una distracción! Le daba pena pensar que él también lo pasó mal por ella, pero es que esa excusa era tontísima y no tenía ni pies ni cabeza. Se supone que debería alegrarse de que se lo hubiera explicado después de tiempo con esa tensión entre ellos, pero no terminaba de encontrarle el regustillo para digerir la noticia.
Pero, pensándolo bien... Zak solía obviar las cosas más importantes y montaba un drama por cosas pequeñas, él era así y nunca lo cambiaría, cosa que Cloe tampoco quería. Era tan tonto... incluso había llegado a un punto de sorpresa en el que le empezaba a parecer tierno que hubiera puesto su seguridad por delante de su amor, que aunque la hubiera dolido mucho en su momento, ahora empezaba a encajar que Zak sólo quería estar a la altura del soldado que Cloe siempre quiso de pequeña, serio y apto para todos sus deseos. Sólo con imaginarselo se desplegó una sonrisa bondadosa hacia el chico, que aún le daba la espalda como si fuera a ignorla por el resto de sus días.
Y esta vez, la joven con la mirada de los delfines, siempre despierta, se acercó a él y le cogió de la mano, con una delicadeza que ya podría haber tenido él algunos días. Tenía la piel llena de escalofríos, de gallina, y le temblaba un poco. Le pasaba como al principio de la historia de Lunna y Quimera, que parecía sereno y de piedra pero estaba muy nervioso cada vez que ella se acercaba, perturbando su seguridad como si fuera una víbora. Era tan espontáneo a veces, pero también tenía su lado tímido y eso no lo dejaba asomar muy a menudo.
"Lo hiciste por mí." dijo ella con cariño, quedándose en silencio un par de segundos, "No fue estúpido si también pusiste un poco de tu parte, y me da igual todo lo estúpido que te crees."
"No me lo creo, lo soy." repuso Zak, apreciando el gesto de su enamorada pero repulsivo ante ello por fuera, "No me merezco que me perdones todo lo que hice."
Cloe seguí intentando convencerle de que no era para tanto, aun entendiendo que después de todo lo sucedido le costara ser perdonado. No era de extrañar – se habían hecho todo tipo de infiernillos el uno al otro: discusiones, sobreprotección, faltas de confianza, alguna que otro enfado puntual, distanciamiento, etcétera. Parecían un matrimonio que no se aguantaba el uno al otro, pero entre ambos latía un gran amor que les mantenía dónde estaban. Ni la realeza, los poderes ni nada de eso les había hecho igual de fuertes de lo que estaban ahora, todas esas tonterías les mantenían en pie día tras día, y no sólo hablando de los eternos incomprendidos, ya que Fenzy y Kiet aún tenían un largo recorrido que empezar. Ahora la Princesa de Laynn lo tenía claro.
"Deja de decir eso."
Zak se giró, y se dio cuenta de que Cloe ya no le agarraba su mano. Ya echaba de menos su piel de seda dándole significado a lo que era el amor tímido. Pero ahora quería oírla a ella hablar.
"No eres estúpido. La estúpida he sido yo, y el problema es que no me he querido dar cuenta antes." se frotaba los brazos, gesto de inseguridad que hacía constantemente muy a su pesar, "Mételo en la mollera, que no pienso rendirme hasta que te enteres." se soltó los brazos y se metió un poco más adentro del mar, cuando la marea le mojaba hasta la cintura, "He estado todo este tiempo tan centrada en todo lo que estaba sufriendo que no llegué en reparar en otras cosas, como el hecho de que tú sufrías porque yo sufría y viceversa. No me dí cuenta de ese asunto entre Fenzy y Kiet y estoy segura de que ella me quiso hablar de ello, pero he estado enfuscada con mis cosas y no pude verlo. Podría haberlo disfrutado- ¿eh?"
El rubio de ojos miel como la de las abejas se había aferrado al cuerpo de la guerrera y se había acurrucado en el costado de su cabeza, notando el pelo de Cloe cosquillearle la oreja sutilmente. Se agitaba un poco, y a veces hacía pequeños sonidillos ahogados, como si no quisiera que ella los oyera, "Eh... ¿Zak? ¿Estás llorando?"
Al no recibir ninguna respuesta del chico, prefirió callar y abrazarle también, sintiéndose mal por estar sonriendo ante su tristeza. Pero no era de maldad, era más bien benevolencia. Zak lloraba en su hombro y Cloe prefería callar para que él se sintiera como quisiera; siempre había sido así y siempre lo sería. Por rara que fuera la situación, le gustaba que al chico se le cayeran los escudos y se mostrara algo más humano. La peliazulada le notó levantar la mirada, y le vio quitarse algunas lagrimillas a unos centímetros seguros de su cara.
"Perdona... no quería-"
Le puso un dedo en los labios, riendo un poquillo, "Sh. No pasa nada, Zak. Es sano llorar un poco a menudo."
"Me dio. Es que verte tan segura a estas alturas me hace sentir tan bien... quiero que olvidemos todo esto, ¿te parece?" le ofreció él.
No estaba muy segura de si debía volver a aceptar una propuesta como la suya, pero totalmente hundida en alegría. Le quería tanto y parecía que por una vez le devolvía el amor, y eso le bastaba. Se acercó un poco más, "Trato hecho."
Y tal y como una historia había comenzado, se cerraba y daba paso a otra más, con otro beso de los protagonistas que se habían vuelto a enamorar el uno del otro.
Pero, detrás de toda la escenita, un personaje observaba desde la sombra.
Un Quimera muy sonriente les observaba, sentado al pie de una palmera que no le cobijaba de la sombra del sol poniente, pero sí le daba apoyo. Sabía que estaba condenado a la eterna soledad, víctima de un silencio que nunca cesaba y de el anoninato existencial más absoluto. Lo tenía asumido, pero a pesar de que hubieran pasado años desde lo ocurrido, la imagen de Lunna tardaba en difuminarse de su mente como el agua de mayo. Era una sentencia que acogió con gran dignidad, y Cloe era lo más próximo a su amada que podría tener al alcance visual. Zak y la chica eran una visualización de lo que siempre quiso pero Lunna siempre se negó a sentir. Siempre orgullosa y rota, así se sacrificó y así partió a Quimera en dos.
Pero tenía las ideas claras. Lunna nunca había muerto, y esa filosofía siempre le sacaba una sonrisa. Mientras se acordara de su cara, su sonrisa y su voz animándole en el viento norte, su amada nunca moriría. Cómo la pluma que se dejaba llevar, le enternecía ver ahora a los amados vivos, sólidos, salpicarse con agua entre risas y bromas pesadas. Ahora les tocaba a ellos vivir la vida que se merecían, habían tomado el tren que les correspondía.
Y ese fue el día en el que la Princesa de los Hielos Eternos dejó de ser fría y distante. Ese fue el día en el que la Princesa de los Hielos eternos se dejó ver a una nueva luz y el agua de su hielo calaría en la sequedad espiritual de los demás.
Y pronto, muy pronto, todo el valor, esperanza y dolor se verían recompensados.
•fin del capítulo nueve.•
Os lo dije. Yo ya os dije que acabarían bien. ¿Cómo voy a romper una pareja principal?
Ay, qué bonito. Creo que es el único capítulo con el que estoy satisfecha.
