Disclaimer: En este capitulo casi no se menciona nada del mundo de Harry Potter, pero lo de siempre: Todo pertenece a JK. Los monumentos de Londres, pues supongo que pertenecerán al propio Londres.
Interludio: Inmerso en una guerra
El día ya esta cerca. Un niño muggle, nacido en el quinto mes, en antiguas tierras célticas bañadas por un río, será el único capaz de ayudar al elegido en su camino. De la antigua y noble descendencia de su familia le provendrá la fuerza que necesitará para tan peligrosa tarea, que nadie mas podrá realizar.
Profecía cifrada en enero del año 1978, contada por Atenea Tiresias, encontrada entre los restos de la sala de las profecías del ministerio de magia ingles.
Año 1997: Londres, Inglaterra.
Su hermana una vez mas se retrasaba y una vez mas le hacía esperar solo en la calle, con lo poco que le gustaba en estos tiempos quedarse solo. Esperándola, el chico, alto y moreno, se paseo cerca del puente de la Torre de Londres, admirándose de la belleza de este. Había perdido la cuenta del numero de veces que lo había visto y sin embargo cada vez que lo veía no podía nada mas que sentirse orgulloso de que aquel puente perteneciera a su ciudad. Y de fondo el Big-Ben, la belleza del Támesis…
Aquella mañana había quedado con su hermana, Stephanie, para hacer un pequeño recorrido turístico por la ciudad. La idea la había tenido su hermana que oyendo las informaciones de que el frente francés estaba a punto de llegar ya a la Gran Londres había decidido hacer algo antes de que no pudieran salir de sus casas. Pero se nota que no sería tan importante si no llegaba a su hora.
Se dio la vuelta y pensó en lo que en esos días era el único tema de conversación en el mundo: la guerra. La maldita guerra. Una guerra que no tenía ningún motivo, pero que ya había matado a más de un millón de personas, según la prensa. Y eso que todavía ninguno de los países había mostrado ni la mitad de su verdadero potencial. La guerra iba realmente en serio.
En el año que llevaba estudiando en la universidad habían dado algo sobre política y realmente era imposible explicar el motivo de esta guerra. Estaba claro que el mundo estaba totalmente loco.
Además cosas muy raras estaban comenzando a pasar. Una epidemia de una enfermedad extrañísima que volvía a la gente totalmente inútil se extendía por todo el país y el tiempo era cada vez peor. Llevaban casi dos meses sin poder ver el sol y las temperaturas eran de invierno. También pueblos enteros aparecían de repente arrasados por tornados sin explicación alguna que no dejaban nada a su paso. El primer ministro, dada la situación, había dimitido y dejado el cargo en manos de una persona que nadie en el país conocía hasta ese momento, Thomas Willis, que hasta el momento nada había hecho sino empeorar aun más la situación.
Sentado en uno de los bancos cercanos a la entrada de la torre de Londres, el chico decidió tomarse un pequeño aperitivo mientras esperaba a su hermana.
Unos minutos después de sentarse comenzó a ver gente corriendo lo más rápido que podía. Una alarma comenzó a sonar por toda la ciudad y el chico corrió rápidamente a refugiarse. Les estaban atacando.
Corriendo lo mas rápido que pudo se intento refugiar en la primera casa que vio abierta. Antes de poder entrar, pudo vislumbrar unos aviones gigantescos en el cielo de Londres, con la bandera francesa. El chico no pudo evitar quedarse quieto observando los aviones. Los franceses ya habían llegado a Londres.
Huyendo despavorido se metió en el primer portal que vio abierto y se refugio lo mas que pudo en su interior. Al final del edificio un grupo de personas, que habían hecho lo mismo que el, se encontraban apiñadas en una esquina. El chico se unió a ellos.
Durante la siguiente hora, un silencio absoluto reino sobre aquel edificio, a excepción del sonido de las bombas que cada vez parecía mas lejano. Este solía venir acompañado segundos después, por ruidos mucho mas fuertes. Estos eran, sin duda, los de los edificios destruyéndose. Los franceses estaban destruyendo su ciudad, estaban destruyendo Londres.
Después de esa hora el ruido de las bombas ceso, y los primeros sonidos provenientes de la calle, les tranquilizaron. Una mirada de alivio recorrió el rostro de los integrantes de aquel grupo, unas diez personas, que sonrieron de felicidad al ver que todo parece que había pasado.
Charlando con ellos, el chico que como dijo a las personas que estaban con el se llamaba Albert Harrison, pudo ver como la guerra les iba a afectar a todos por igual: personas mayores, jóvenes, personas inválidas, como una de las personas que estaban con ellos... Y esto había sido simplemente un aviso.
Mientras que iba saliendo del edificio, una de las mujeres le alcanzó. Tendría unos cuarenta años y le había dicho que se llamaba Jennifer.
-¿Has dicho que te llamabas Albert Harrison, verdad?
-Si, así me llamo.
-¿Y cual es tu otro apellido, Albert?
-Hurasgry. ¿Por qué lo preguntas?
Inmediatamente después de preguntarle, la mujer sacó de su bolsillo un palo de madera bastante largo y pronunció unas palabras que Albert no entendió. Un rayo de luz salió disparado hacia el y le hizo cae al suelo.
Lo último que oyó antes de caer al suelo fue a Jennifer diciendo algo parecido a por fin lo hemos encontrado sev…
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Que pocas fuerzas tenía. No podía ni abrir los ojos. Pero sería mejor que los abriera. Algo en su interior le decía que todo no marchaba bien. Cuando abrió los ojos pudo ver que se encontraba en una habitación pequeña, tumbado en una cama. A su lado, una mujer cuya cara le sonaba muchísimo le miraba alegre.
-Por fin despiertas- aquella voz le sonaba mucho- Hay que ver lo que un simple desmaius puede hacer en un muggle- claro que le sonaba. Era Jennifer, la mujer que había conocido en el edificio cuando ocurrió el ataque.
Pero ahora que empezaba a darse cuenta de las cosas, se acordó de que esa mujer le había atacado. Y que ahora hablaba utilizando unas palabras muy raras. Como le había llamado. Ah si mugle o algo así.
-¿Qué se supone que está pasando?- preguntó Albert, intentando imprimir en su voz un tono autoritario, aunque en el fondo el miedo le asolaba. Esa mujer, con un simple palo, le había derribado. ¿Qué más podría hacer?
-No te preocupes, no te voy a hacer nada. No te podría herir después de tanto tiempo buscándote.
-¿Pero de que estas hablando?
-Paciencia, Albert. La historia que te voy a contar es larga y seguramente no te creerás nada, pero tendrás que escucharme.
Aquella mujer, con aspecto tan normal, le empezó a hablar sobre magia. Sobre un sitio llamado Howars en donde los jóvenes magos aprendían magia, de un chico llamado Harry Potter, que era el elegido para matar a el que no debe de ser dicho, o como fuera, y de un montón de historias sobre un mundo mágico.
-Y es aquí donde entras tu Albert. Concretamente en una profecía.
Aquella mujer, que evidentemente estaba loca, le contó algo sobre una profecía. Una profecía que decía que el tenía que ayudar al Harry Potter ese a yo se que misión, y que el descendía de alguna familia muy importante.
-Estos que es una broma de cámara oculta ¿no? Una gracia o algo.
-¿Una camaque? Estos no es ninguna broma, te lo aseguro Albert.
-Si, claro. Seguro que esta lo ha organizado mi hermana.
-No te crees nada, por lo que veo. Pues entonces empecemos con las pruebas que lo demuestran. Para empezar, seguro que siempre te habrás preguntado sobre tu otro apellido Hurasgry. ¿Te acuerdas como se llamaban los fundadores de Hogwarts?- Albert negó con la cabeza- Hufflepuff, Ravenclaw, Slytherin y Gryffindor. ¿No se puede formar con ellos tu apellido?
Albert lo pensó un momento. Era verdad.
-Pero esos nombres te los puedes haber inventado tú para que cuadraran.
-Tienes razón. Pero ahora llega la prueba irrefutable de que esto es verdad.
La mujer cogió el palo que había utilizado antes y comenzó a hacer una serie de florituras con el. Una silla y unas flores aparecieron delante suya. Después, con otro movimiento transformó las flores en un gato, y este se subió a ella con gran facilidad.
-No puede ser….
-Pero es. Te aseguro que esto no tiene truco. Y esto es lo mínimo que se puede hacer. Y aún tengo mas pruebas.
Albert miró sorprendido a la mujer. No se lo podía creer. Si sus ojos no le estaban engañando la magia existía. Pero había algo…
-Pero entonces ¿Qué diablos quieres de mí?
-El chico de la profecía eres tu Albert. Muggle significa no mágico y tú eres el chico no mágico del que habla la profecía.
-¿Y como sabes que soy yo?
-Todo cuadra. Tienes 19 años, que es la edad que debes tener, naciste en mayo, en Londres. Pero la clave son tus apellidos, que demuestran que eres heredero de los fundadores de Hogwarts.
-Pero entonces yo…
-Tú serías el que ayudaras al elegido, a Harry Potter.
Todo esto se salía de lo racional, de lo lógico. De todas sus ideas.
-Sin tu ayuda, el elegido jamás podrá derrotar al señor oscuro. Necesitamos que vengas con nosotros.
Albert miró sorprendido a aquella mujer. Lo que le estaba ocurriendo no podía ser real.
-¿Me esta diciendo que tengo que dejarlo todo e irme con usted?
-Solo si tú aceptaras, Albert. Pero recuerda que el mundo mágico depende de ti.
Y pensar que hace solo unas horas estaba esperando tranquilamente a su hermana. Y ahora le decían que se tenía que ir a un mundo que acababa de conocer y que dependían de el.
-¿Pero que pasaría con mi familia?
-Lo tenemos todo planeado. Protegeremos a tu familia y no habrá ningún problema. Además así también podrás acabar con la guerra en tu mundo- aquella mujer también le había contado que la guerra estaba provocada por el señor oscuro ese- Qué me dices Albert ¿Vas a dejarnos plantados, a nosotros y a tu mundo?
Albert se quedó un rato pensando. Se encontraba ante la más loca de todas las cosas que había oído en su vida. Pero lo más curioso es que realmente no había ningún motivo para no creerlo. Pero también sabía que esa mujer le había retado. Además también se encontraba ante la más grande aventura que en su vida pudiera tener. Y a Albert le gustaban las aventuras.
-Iré.
Notas del autor: Bueno un capitulo corto, pero muy importante. Espero que os guste y ya sabéis tampoco es tan difícil dejar un review, y anima mucho al escritor
