RUN AWAY

( Corre lejos, hacia el horizonte, escapa de estos lugares sombríos, poblados de guerra)

3 de Septiembre de 1939

Antonio no se sentía bien, el mal presentimiento que había tenido desde que Rusia abandonase la casa no solo no se había ido, sino que iba en aumento, temía que algo malo iba a pasar.

-Dios, por favor, que esté bien-rogó mirando al cielo mientras pensaba en Iván

Llamaron a la puerta de la casa, Antonio se sobresaltó, ¿quién podría ser?, amigos del eslavo seguro que no eran, cogió la muleta con una mano, mientras con la otra cogía la semiautomática con fuerza de la cual no se había separado ni para dormir , se acercó a la puerta con cautela, quitó el seguro a la pistola y abrió apuntando a la cabeza de su visitante.

-Jope España, ya sé que nuestra relación está algo mal, pero tampoco es como para que me apuntes con un arma a la cabeza.

-Prusia-bajó el arma-¿Qué haces aquí?

-Vine a verte-se le notaba algo nervioso-¿puedo pasar?, tengo que hablar contigo.

-Pasa-dijo apartándose para dejarle entrar.

El albino pasó a la casa tras mirar a todos lados, se había escapado de su casa, tenía que hablar con su amigo, tenía que advertirle.

-Bien, tu dirás- dijo guardando su arma entre la ropa.

-Antonio, mira, siento mucho lo que ocurrió hace menos de tres años-dijo haciendo referencia a la guerra de su amigo- te juro que no sabía nada, West solo me dijo que estabas en guerra y que necesitabas ayuda- se explicó mientras el hispano le miraba sin saber que decir- eres mi amigo, así que ni lo dude y para cuando me quise retractar ya era tarde.

Antonio se acercó a su amigo y le abrazó, sorprendiéndole, el albino también le abrazó.

-Me lo imaginé-dijo el de ojos esmeralda- cuando volví de Portugal y tu hermano me atacó me lo imagine, no es nada awesome prepararme una trampa así.

-West ha cambiado, su jefe le ha comido la cabeza con sus teorías y su palabrería-dijo- ya no reconozco a mi hermano pequeño, no me contó lo de Portugal-admitió- ya no me cuenta nada, si lo hubiera sabido te hubiera avisado

-Lo se Gilbo, tu sabes lo que echar mucho de menos a tu hermano-le sonrió- conozco tus métodos y no son tan rastreros.

-Antonio, me gustaría seguir hablando contigo, pero tenemos que irnos- dijo recordando el porque había ido a por su amigo.

-pero, ¿A dónde?-inquirió confuso.

-A Polonia-dijo tomándole de la mano y llevándole hacia la salida trasera- con el ruso

-¿Qué pasa Gilbert?-preguntó siguiéndole como podía, ignorando el dolor de la pierna.

-La wehrmatch viene a por ti- dijo el albino deteniéndose y sacando su pistola al escuchar como trataban de tirar la puerta principal- Hitler te quiere.

Prusia le explicó que hacía unos días había escuchado por casualidad la conversación entre Hitler y Ludwing, querían conseguir a España para tapar el avance de Inglaterra cuando invadieran Francia, y como el plan de atraparle en Portugal había fallado, habían hecho ir a Iván a Polonia para capturarle (a España) ahora que estaba herido y sin el eslavo cerca.

-No quiero que tú acabes como West-dijo mientras corrían como podían- no me lo perdonaría y prefiero mil veces verte feliz en brazos del ruso loco que infeliz como el loco de mi hermano.

Antonio miró enternecido a su amigo, era un gesto muy grande que se preocupase tanto por él, hasta el punto de arriesgarse a ser atacado por sus propios hombres tan solo por ayudarle.

-Eres awesome Prusia-le dijo.

-Ore-sama siempre lo es.

En ese momento se escuchó un disparo y una bala pasó rozando la oreja del albino que se detuvo un momento para disparar y se encogió de dolor al ver como aquel hombre se desplomaba muerto. No quería hacerlo, no quería matar a su propia gente, pero decidió que lo mejor era olvidarse que era una nación y centrarse en salvar a su amigo que también comenzño a disparar.

-Vamos-dijo cargando al hispano cual saco de patatas y empezando a correr todo lo rápido que podía, un disparo casi le alcanza.

-Bastardos, que soy Ore-sama-gritó- no me alcanzaréis.

Mientras Antonio disparaba, no quería matar a esos hombres, so lo hacía su amigo sufriría por lo que sus tiros solo les pasaban rozando

-Toño si disparas mátalos-le dijo.

-Pero Gilbert.

-Pero nada, ¡dispara!

Ante esa orden la mirada de Antonio cambió, se veía más fría, más calculadora, y en su rostro, la sonrisa había desaparecido. Apuntó y disparó acertando de pleno en la cabeza de uno de los soldados.

-Pasame la tuyoa-ordenó tirando la suya que ya no tenía balas.

Con todo el dolor de su corazón Gilbert se la dio, había notado esas muertes, era doloroso notar como mueren dos segundos después de que su amigo apretase el gatillo.

-Ya no hay más balas- dijo Antonio mirando a su amigo.

-Los perderemos de vista en esa calle-dijo acelerando el ritmo.

-No Gilbo, esa es- no le dio tiempo a avisar- una calle cortada.

-Verdammte Secheibe-maldijo el de ojos rojos.

-Señor Prusia, suelte al español y entréguenoslo-ordenó un soldado de la wehrmatch

-Nein- negó bajando al hispano y poniéndose entre este y los soldados- no pienso dejar que os lo llevéis, antes tendréis que acabar conmigo.

Antonio miraba a su amigo defenderle, estaba siendo muy valiente, ¿tan arrepentido estaba de los actos de su hermano menor?,.

Fue a decir algo pero un dolor le recorrió todo el cuerpo, un dolor igual al que había estado sintiendo durante los tres años más largos de su vida, estaban cayendo bombas sobre su país. Sus piernas no pudieron sostenerle y cayó al suelo abrazándose a si mismo, escupiendo sangre mientras las lágrimas salían de sus ojos, dolía, dolía mucho.

-¡Antonio! –gritó Gilbert agachándose a su altura- ¿qué te pasa?

-Parece que ya ha empezado-rio el soldado, el prusiano le miró sin entender- Sabíamos que vendría tras escuchar "accidentalmente" al füther, por lo que se decidió atraparos y en caso de que os revelaseis atacaríamos España con nuestros bombarderos.

-Hijos de puta- gritó el albino- Antonio, vamos, aguanta.

El de ojos esmeralda le miró, estaba notando morir a su gente de manera masiva bajo las bombas, oía sus gritos, el sonido de las explosiones, de los disparos. Sus heridas se reabrieron a un ritmo alarmante manchando su camisa blanca de un doloroso color carmesí que tenía la albino muy asustado, su amigo se estaba desangrando.

-Gilbert, haz que pare-dijo con la voz débil antes de desmayarse.