Hola! Siento haber tardado un poco, pero aquí os traigo el siguiente capítulo. A partir de este volveré a mi ritmo de subir un capítulo cada dos días. Gracias por tomaros la molestia de leer y comentar :D
Capítulo 10.
Nunca había tenido tantas ganas de entrar en un hospital como ese día. La verdad es que le resultaba muy extraño, un hospital no es un lugar donde sentirse muy cómodo, y siempre había intentado mantenerse lejos de ellos; pero desde que Natalie la había abandonado se sentía sola, y el único lugar al que podía acudir era allí, junto a su prima. No entendía exactamente ese sentimiento que le inundaba cada vez que entraba en aquella habitación, lo relajante que le resultaba el pitido constante de la máquina que controlaba las pulsaciones de Natalie, lo cómodo que se había vuelto el sillón verde que había junto a la camilla. Esa habitación se había convertido en una segunda casa para ella. Por eso,cuando vio a Brittany salir al borde de las lágrimas del piso, se apresuró hacia el hospital.
Necesitaba desahogarse con alguien, necesitaba el consuelo de alguien... Dios, necesitaba a su prima, y ahora más que nunca. No se había dado cuenta de lo importante que se había vuelto para ella hasta esos días, hasta que las cosas empezaron a torcerse. Por eso, al entrar en la habitación y descubrir que ahí había alguien más a parte de su prima, sintió todo el peso del mundo sobre sus hombros.
Ryan ocupaba su lugar en el sillón, sujetando la mano de Natalie mientras la contemplaba en silencio, perdido en sus pensamientos. Ni siquiera se había percatado de la presencia de Santana, así que ésta prefirió no moverse, no hacer ningún ruido para dejarlo meditar en tranquilidad. Santana siempre sintió gran admiración por aquel chico rubio que había conquistado el corazón de su prima años atrás. Era una de las personas más inteligentes que conocía, incluso había llegado a creer que era más inteligente que Natalie algunas veces. Cuando Santana vino a Nueva York, Ryan las ayudó económicamente, a parte de que decidió buscarse un piso para que las dos primas pudieran vivir sin tener que estar él incordiando de por medio. Pegada a la pared, Santana pudo observar mejor y más calmada la escena que tenía enfrente, y no pudo evitar que una débil sonrisa asomara a sus labios. Eran los ojos de él; esos ojos marrón avellana, que miraban a la chica en la camilla con una devoción sobre humana, con una ternura que hacía erizarse el vello en los brazos de Santana.
-Puedes acercarte, Santana, no te quedes ahí.
La voz de Ryan la hizo reaccionar y poder acercarse para sujetar la otra mano de su prima. ¿Por qué les tenía que pasar eso? ¿Por qué no podía Natalie sentir lo mal que lo estaban pasando todos a su alrededor y hacerles el favor de despertar? ¿Cuánto tiempo más iba a tener que estar sola?
-¿Llevas aquí mucho tiempo?- preguntó Santana.
-He pasado aquí la noche.- Bajo los ojos de Ryan, Santana pudo distinguir el rastro de humedad propio de el llanto. Verlo así hizo que sintiera un escalofrío.- ¿Qué te ha pasado? Pareces descompuesta.
-Esta situación me permite estar descompuesta.
-Sabes a lo que me refiero...- Ryan soltó la mano de Natalie y agarró con sus dos manos la de Santana, pasando los brazos sobre el cuerpo de Natalie y acercándose todo lo posible a la latina.- Sabes que, aunque ella no esté del todo contigo, me tienes a mi. Puedes contarme lo que sea.
No supo por qué lo hizo. Tal vez fue que aún no había descansado lo suficiente, tal vez fue el tono de voz de Ryan, o tal vez fue simplemente que necesitaba el consejo de alguien. Fuera lo que fuera lo que la impulsó a hacerlo, le contó todo. Él ya estaba enterado de la existencia de Brittany y de su historia en Lima, así que le contó todo lo que había pasado desde que la encontró en Central Park hasta lo ocurrido esa mañana. Ryan no la interrumpió en ningún momento. Sujetó su mano, asintiendo de vez en cuando ante las palabras de Santana, dándole ánimos cuando su voz se cortaba por culpa de algún que otro sollozo. Al terminar la historia, Santana miró a los ojos a Ryan. Sólo necesitaba ayuda, necesitaba que alguien la guiara, y él podría ayudarla.
Ryan soltó la mano de Santana y se acomodó en su sillón mientras la miraba, asimilando lo que le acababa de contar. Los segundos parecían horas eternas mientras Santana esperaba que algo saliera de los labios de su amigo.
-¿Estás enamorada de ella?
-¿Has estado escuchándome?- Santana se puso a dar vueltas por la habitación, sorprendida por las palabras de Ryan.- ¡Claro que lo estoy! ¡Estoy loca por ella!
-Entonces no entiendo por qué estás hablando conmigo.
-Pero... ¿Pero te has enterado de lo que te he dicho? ¡No pienso repetirte la historia!
Ryan se rió desde el sillón, poniendo más furiosa todavía a Santana, que seguía sin quedarse quieta en un punto fijo de la habitación.
-No me has entendido. Quería decir: ¿por qué estás hablando conmigo en vez de con ella?
-¡Porque va a casarse! ¿Qué clase de persona sería si no la dejo ser feliz?
-Querías consejo, ¿no? Pues ahí lo tienes. Sé que piensas que estás haciendo lo correcto, pero no, no lo estás haciendo. Piénsalo bien: ella siempre estuvo enamorada de ti, de pronto vienes aquí y después de siete años ha vuelto a revivir lo que sentía por ti. ¿Es justo para ella que se case con alguien al que no ama?
-Lo que pasa es que no sé lo que siente por mi. Sólo me ha tratado como a una amiga, en ningún momento me ha dicho que sea algo más para ella.
-¿Sabes qué es lo que pasa? Que tú no has venido buscando consejo.- Ryan se levantó y agarró por los hombros a Santana, obligándola a mirarle a los ojos.- Has venido para que te digan que tu idea de dejarla libre para que se case con Artie es la correcta. Pues no, Santana, no lo es. Quieres la felicidad de Brittany, pero no has pensado que si se casa con Artie después de haberte visto va a ser infeliz durante toda su vida pensando en lo que podría haber pasado entre vosotras, haciendo infeliz a la misma vez a su marido.
Santana abrió la boca para protestas, pero se vio obligada a cerrarla de inmediato. Se deshizo de Ryan y cruzó los brazos sobre su pecho, clavando la mirada en la pared. Su amigo se sentó de nuevo en el sillón, temiendo por dentro la reacción de Santana; siempre le había dado miedo el carácter de la latina. Pero para su sorpresa, no hubo ninguna reacción agresiva por parte de ella, no hubo gritos, ni siquiera una de esas miradas que le hacían temblar de miedo por dentro.
La cara de Ryan se iluminó mientras observaba a Santana salir de la habitación con la sonrisa más radiante que había visto en los últimos siete años.
-¡Me encanta!
La voz de Rachel era como un constante martilleo en el cerebro de Brittany. Le caía muy bien, pero cuando se emocionaba podía ser muy cargante. La diva no dejaba de dar vueltas al rededor de ella, levantando los faldones del vestido de novia que se estaba probando. Quinn sonreía, le encantaba ver la cara de Brittany cuando estaba molesta.
-Creo que Rachel no exagera, B. Es perfecto. Justo lo que estábamos buscando.
-¿Y por qué yo sigo viéndome horrible?- Brittany hizo un mohín con los labios mientras se miraba al espejo.
-Tal vez si pusieras un poco más de empeño... -Quinn resopló y llamó a una dependienta.- Confía en mi, Britt, éste es el que buscamos.- La dependienta se acercó finalmente y Quinn se dirigió a ella.- Hola, verá, queremos quedarnos el vestido.
La mujer habló con Quinn sobre el precio y lo que costarían los arreglos, y luego las dejó solas para que Brittany pudiera desvestirse. Rachel se tranquilizó un poco y decidió separarse unos minutos para mirar vestidos ella también.
-¡Tú no eres la que se casa!- Comentó bromeando Quinn.
-¡Pero tengo que estar preparada para el gran día! ¡Ahora os veo!
Quinn se rió mientras la veía alejarse para ver algún vestido y luego decidió dejar a Brittany sola en el probador. La puerta de la tienda se abrió de pronto, y una voz familiar llegó a sus oídos. Su corazón pegó un vuelco al reconocerla.
-Escúcheme, ¡sólo quiero saber si han visto a un par de chicas rubias acompañadas de una morena pedante y enana!
Santana sintió cómo alguien agarraba su muñeca y la arrastraba fuera de la tienda, acorralándola contra la pared. Levantó la vista asustada y se encontró con unos familiares ojos marrones moteados en un verde esmeralda.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Quinn cruzándose de brazos frente a ella.
-Vaya Fabray, yo también me alegro de verte...
-No estoy para bromas, Santana.
La morena suspiró y la miró a los ojos. Trató de no sonreír al pensar en lo bien que le habían sentado los años a su antigua amiga.
-Sólo quiero hablar con ella, ¿vale?
-Va a casarse, San. Creo que ya no hay mucho de qué hablar.
-No, te equivocas, sí que lo hay.- Santana intentó volver a entrar en la tienda de vestidos, pero Quinn la retuvo.- Joder, Quinn, mira que eres plasta...
-¡Quieres empezar a pensar en los demás! ¡Piensa en ella! ¡Piensa en su felicidad!
Santana se encogió de hombros y cruzó los brazos sobre su pecho, con una media sonrisa para Quinn.
-¿Acaso dejé de hacerlo algún día?- pudo ver a Quinn suspirar y bajar la mirada.- Q, tengo que hablar con ella... Tengo que saber qué es lo que ella siente. Me dices que piense en su felicidad, pero ¿estás pensando tú también en su felicidad? ¿Y si casarse con Artie no es lo que tiene que hacer?
Quinn quiso protestar, pero conocía a Santana y sabía que las dos eran demasiado testarudas como para ponerse de acuerdo.
-Vete a casa, Santana. Os quiero muchísimo... a las dos. Pero hoy Brittany está mal, y sé que es por culpa tuya. Déjala descansar, dale un poco de tiempo, y si quiere verte, te verá.
-No puedo seguir dándole tiempo, Quinn. Cada día que pasa está un paso más cerca de convertirse en la señora Abrams.
-Por favor... Vuelve mañana.
La mirada se Santana se encontró con la de Quinn, y no pudo hacer nada más que ceder ante el ruego de su amiga. Quinn le dio un abrazo y besó su mejilla, dándole las gracias por comprenderla y no enfadarse; Santana le devolvió el abrazo, nunca se había dado cuenta de lo que había echado de menos a Quinn hasta que ésta la abrazó. Quinn, por parte, se debatía con ella misma. Tenía tantas preguntas que hacerle a Santana, tanto que echarle en cara. Pero sabía que hablar con ella sería en vano; si a Brittany no le había dicho nada, menos a ella.
Santana se separó de la rubia y se montó en un taxi libre. No quería volver al hospital ni encerrarse en su piso, así que decidió que pasaría por la oficina y se pondría al día en el trabajo, seguramente estaban notando su ausencia. Volvería a casa, dormiría y al día siguiente intentaría ver a Brittany de nuevo, pero esta vez no le importaría lo que Quinn le dijera.
El primer día de trabajo después de tanto tiempo fue exhaustivo. Habían podido arreglárselas sin ella, pero le habían dejado mucho trabajo acumulado que no podían resolver por su cuenta, así que hasta bien entrada la noche no pudo llegar a su edificio. Sentía que sus párpados se habían vuelto dos persianas de plomo que sólo querían cerrarse y no volver a abrirse hasta dentro de unos días, y encima los siete pisos sin ascensor... Subió lo más rápido que pudo, con la única idea de ponerse el pijama y acostarse por fin, pero al llegar a su piso se sobresaltó al ver a alguien sentado en su puerta. En seguida se relajó y se acercó a Brittany, estaba dormida. Sonrió sin darse cuenta, estaba apoyada contra su puerta y con la boca entreabierta en una postura muy tierna. ¿Cuánto llevaría ahí sentada?
Se agachó para despertarla suavemente. Acarició su mejilla, apartando los mechones rubios de su cara y colocándolos detrás de las orejas, susurrando su nombre varias veces. Finalmente Brittany frunció el entrecejo y abrió los ojos lentamente. Al principio parecía confundida, separó la cabeza de la puerta y miró al rededor, luego se dio cuenta de en dónde estaba y volvió a cerrar los ojos, apoyando la cabeza de nuevo.
-Britt... venga, despierta.
Brittany gruñó y se llevó las manos a los ojos para despertarse. Abrió por fin los ojos, aunque seguía apoyada contra la puerta. Santana le sonrió y la rubia le devolvió una sonrisa algo más cansada. Le tendió la mano para poder levantarse, y Santana la ayudó.
-¿Cuánto llevas aquí?- Dijo tirando de Brittany para ponerla de pie.
-No lo sé- su voz aún sonaba adormilada.- Después de comer fui a ver a Natalie por si estabas ahí, pero como no estabas vine aquí.
Santana abrió la puerta y negó con la cabeza. No le gustaba la idea de que Brittany hubiera estado sola durante tantas horas esperándola frente a su puerta. Agarró la mano de la rubia y entraron en el piso, Brittany se dirigió a la cocina de inmediato, llevar horas sin comer pasaba factura.
-No tengo nada, Britt.- gritó Santana desde la habitación mientras se cambiaba.- Pide unas pizzas, el teléfono está en el salón.
Brittany obedeció y encargó las pizzas. Santana salió de la habitación con otro pijama en su mano y se acercó a Brittany; la rubia le sonrió mientras aceptaba su pijama.
-Ya se ha convertido en costumbre...- comentó mientras dejaba el teléfono en su sitio.
-¿A Quinn no le importa quedarse sola?
-Eso es lo que le he preguntado, y como Rachel estaba delante le ha ofrecido su casa... Bueno, más bien la ha raptado. ¡Ha entrado en nuestro ático y ha metido la ropa de Quinn en una bolsa para llevársela a su casa!
La morena no pudo evitar reírse ante aquella anécdota. De pronto recordó lo enfadada que se había ido Brittany esa mañana de su piso y pensó en lo relajada y feliz que estaba ahora. No entendía ese cambio repentino en su comportamiento, pero no sabía si preguntar. Brittany se dirigió al baño y se cambió de ropa. Santana nuca se lo diría, pero le encantaba ver a Brittany con sus pijamas.
-¿Puedo preguntarte algo, Britt?
Brittany estaba poniendo la mesa para cuando el chico de las pizzas les llevara la cena. Buscaba un par de platos para las dos mientras Santana sacaba los vasos.
-Claro, ¿qué pasa?
-¿Por qué has venido si esta mañana...? -Santana no supo cómo seguir la frase, pero Brittany la entendió perfectamente.
-Fue sólo un enfado tonto.- contestó como si nada, colocando los platos sobre la mesa.- Pero de todas formas siento haberte dicho lo que dije. No estuvo bien.- Hizo una pausa mientras preparaba una jarra con agua para el centro.- Además, Quinn me dijo que necesitabas verme.
Santana sonrió, no se esperaba que Quinn le contase nada de lo que había pasado a Brittany pero lo había hecho. En el fondo era una buena amiga. Brittany se acercó a Santana y le pellizcó los carrillos como a una niña pequeña, haciendo a Santana estallar en una carcajada.
-¿Qué haces?- preguntó la latina sorprendida.
-¡Estás muy rara! Ríete un poco. -Brittany volvió a pellizcar sus mofletes y Santana se rió de nuevo ante el gesto.- ¿Ves? ¡Cuando te ríes estás adorable! Como un bebé.
-¡Porque me estás tratando como a un bebé!- replicó sin perder la sonrisa.
De pronto oyeron el timbre de la puerta y Brittany corrió hacia ella, cogiendo el dinero que Santana había dejado encima de la mesa para las pizzas. Volvió en seguida cargada con las dos pizzas y las dejó sobre la encimera.
-¡Creía que me iba a morir de hambre! Siéntate, ahora las pongo en los platos.
Santana hizo caso y se sentó, esperando mientras sus tripas rugían a que Brittany sacara las pizzas de las cajas de cartón. En un momento, Brittany ya estaba sentada a su lado, dejando las pizzas frente a ellas. Se abalanzaron sobre los dos platos, el olor de la pizza recién hecha era demasiado tentador. Santana se quemó la lengua con el primer trozo, a lo que Brittany se rió y llenó sus vasos con agua. Cuando se le pasó la quemadura comenzó a comer de nuevo.
Ya estaban acabando cuando de pronto Santana sintió el dedo de Brittany atravesar su mejilla de arriba a abajo. Lo había untado con la salsa de la pizza y se había limpiado en la cara de Santana. La rubia no podía parar de reírse mientras Santana abría los ojos como platos.
-Serás cerda... - Santana se untó su propio dedo de salsa y lo limpió en la cara de Brittany. Repitió el proceso todas las veces que pudo antes de que se levantara de la silla para alejarse de ella.- Ah, ya no te ríes, ¿verdad?
Brittany agarró la mano de Santana y restregó el trozo de pizza que estaba comiendo sobre la otra mejilla de la latina. Ésta gritó y se levantó de la silla antes de que pudiera mancharla más. Miró cómo su amiga parecía estar a punto de llorar por culpa de la risa y se acercó a por las servilletas para poder limpiarse la cara.
-Anda, deja que te limpie, que no lo haces bien.- Brittany le arrebató el papel al ver que se estaba dejando partes de la cara cubiertas de salsa. Pasó el dedo índice por la cara de Santana para recoger los rastros de comida y se lo llevó a la boca.- Creo que me gusta más la pizza así. ¿Crees que podemos crear una pizza nueva? Voto por llamarla ''Sabor Santana''.
-Mejor no, no quiero ser lamida por todo Nueva York.
Cogió otra servilleta y comenzó a limpiar la cara de Brittany mientras ésta limpiaba la suya. Una vez que había terminado de limpiar la cara de Brittany, llevó la servilleta hasta su boca, limpiando los rastros de salsa que le quedaban en las comisuras. Los ojos de Brittany contactaron con los suyos, y de pronto sintió que se quedaba sin respiración al darse cuenta de la proximidad de sus cuerpos. Brittany enlazó sus dedos al rededor de la muñeca de Santana para alejar suavemente la servilleta de sus labios. Con la otra mano levantó la barbilla de Santana para obligarla a mirarle a los ojos.
Fue visto y no visto. De pronto Brittany había acortado la poca distancia que tenían y había presionado sus labios contra los de Santana. Estaba nerviosa, y Santana podía notar que se sentía insegura, así que cerró los ojos y llevó sus manos a las caderas de Brittany. La rubia entendió que Santana le daba permiso para continuar, así que enredó los dedos en su pelo oscuro, dejándose llevar por aquel mágico beso. De pronto, Santana sintió que la lengua de Brittany acariciaba su labio inferior, esperando a que la dejara entrar. Juntó las caderas de Brittany con las suyas y abrió los labios, llevando las manos desde las caderas hasta la parte trasera del cuello de Brittany, pegando su cuerpo al de ella todo lo que podía. Notó cómo Brittany emitía un pequeño gemido sobre su boca.
Ahí estaba de nuevo, aquella corriente eléctrica que sintió con el roce de labios de días anteriores había vuelto al cuerpo de Santana, pero esta vez multiplicada por diez, cien, ¡mil! Estaba pasando, ¡estaba besándola! Siete años habían pasado, siete años desde que había probado aquellos labios por última vez y sentía que sabían mejor de lo que nunca lo hicieron. Una lágrima rodó por la mejilla de Santana y se obligó a separarse de Brittany para poder respirar. Brittany jadeaba mientras se separaron, intentando recuperar el aire que le faltaba y luego abrió los ojos para encontrarse con los de Santana. Llevó un dedo a su mejilla y secó la lágrima que le caía. Luego volvió a inclinarse y besó su mejilla, su mandíbula, su barbilla. Besó sus labios de nuevo, sonriendo al saber que otra vez eran suyos, y luego comenzó a bajar, besando cada centímetro de su cuello.
-Britt...- susurró Santana entre jadeos, intentando controlar su respiración.- Quiero contártelo.
-¿El qué?- Brittany volvió a besar su mejilla y enterró la cara en el pelo oscuro de Santana, respirando su aroma mientras besaba su piel y abrazaba su cintura.
-Lo que pasó hace siete años.- Sintió que Brittany se ponía rígida y se alejaba de ella lentamente para mirarla a los ojos.- Tienes que saber por qué me fui.
Quiero decir que aceptaré comentarios del tipo ''Zorra, ahora tengo que esperarme a que subas el siguiente para saber qué coño pasó''; ''Lígate las trompas''; ''Pídele a alguien que te saque el palo que tienes incrustado en el cu**''; etc. etc.
Creo que me merezco vuestro odio por haceros esperar tanto. ¡Sed originales! (Y aprovechad, yo lo haría).
