Keiichiro Akasaka, Ryou Shirogane, Zakuro Fujiwara y Taruto aparecieron enfrente de la gran mansión de Shirogane. El pequeño alíen quedó asombrado por un minutos, pero rápidamente volvió a la realidad

—Supongo que no vivirás tú solo aquí— Dijo Taruto mirando a Shirogane, que sonrió de oreja a hora y respondió.

—Claro que no, vivo con Keiichiro.

El niño pareció enfadarse — ¡¿Me estás diciendo que vivís dos personas en una casa en la que tranquilamente podrían habitar 50?! Los humanos sois tan egoístas…

—¿Por qué te enfadas? La compré con mi dinero— Se burló Shirogane, para entrar la casa con Akasaka. Mientras Taruto y Zakuro quedaron fuera esperando.

—Dijiste eso por la situación de tu gente ¿Verdad? — Preguntó Zakuro tranquilamente

—¿Y qué si es por eso? — Murmuró el niño apartando la mirada de ella — Es injusto, nosotros vivíamos 5 personas en lugar en el que solo entran 3, y la mayoría ni siquiera tenían un lugar en el que vivir.

—Entiendo lo que quieres decir, vosotros tenéis vuestros motivos para hacer las cosas y nosotros el nuestro.

Taruto miró a la mujer fijamente — ¿Con eso te refieres a que tenéis motivos para contaminar el planeta? ¿Para ensuciar el agua, destruir la capa de ozono y los bosques? ¿Para hacer a la tierra estéril y desperdiciar la comida? Pues siento decirte que no comprendo vuestros motivos.

—Si te digo la verdad yo tampoco— Confesó la mujer —Pero igual que vosotros tenemos líderes, y a esos líderes no le importa el bienestar de la personas ni el planeta. Solo les importa el dinero y por eso hacen lo que hacen, pero no todos los humanos somos iguales. Al igual que no todos los cyniclones sois iguales.

—¿Cómo permitís que ese líder siga mandando?

—¿Vosotros por qué obedecéis a Deep Blue?

—Porque queremos sobrevivir— Respondió Taruto mirando fijamente a la chica — No estoy diciendo que queramos vivir bien, al nivel que lo hacéis vosotros. Nosotros solo estamos tratando de sobrevivir. Estamos luchando por nuestra propia vida y la de los nuestros ¿Es algo tan malo? — El niño bajó la mirada al suelo aguantando las lágrimas que intentaban salir de sus ojos— ¿Por eso nos merecemos que nos traten como a monstruos?

—Entiendo lo que quieres decir, pero— Zakuro fue cortada por los gritos del cyniclon

—¡No lo entiendes! ¡¿Acaso sabes lo que se siente que te abucheen por la calle?! ¡Que te tiren piedras y te insulten! ¡Vosotras no sois nuestras únicas enemigas! Tenemos a Dune y muchos otros…¡Y ahora nuestro propio líder nos quiere muertos! ¿¡Cómo puedes decir que lo entiendes!? ¡Nosotros también tenemos sentimientos!

Antes de que la Mew pudiera hacer algo el niño se había ido corriendo, y dudaba que seguirlo fuera una buena opción, así que dejo que se fuera—¿Contento? — Preguntó la chica de cabellos morados al rubio que había escuchado toda la conversación

—No sé por qué, pero no.

Mientras tanto, Taruto corría por las calles cerca de la mansión. Estaban completamente vacías así que dedujo que debía ser parte del territorio de Shirogane. Se odiaba a sí mismo por haberse mostrado débil frente Mew Zakuro, ¿pero qué podía hacer? Era solo un niño. El moreno se metió en uno de los callejones y se sentó en el suelo, ocultado su rostro en sus piernas y abrazándolas.

Quería llorar, miles de recuerdos dolorosos pasaron por su mente. La muerte de muchos de sus amigos, tanta hambre que había pasado. Aún recordaba a la debilidad su cuerpo debilitado por la falta de alimento, la agonía que sufría antes de llegar a la Tierra. También recordaba el dolor de ser aplastado por las rocas y las torturas de Deep Blue. Sus extremidades congeladas y… ¡No quería recordar más! No quería volver a ese lugar, era el mismísimo infierno congelado. Finalmente el niño sucumbió a la tentación y estalló en llanto.

—¿Por qué lloras, Taru-Taru? — Preguntó cierta Mew Mew amarilla, con su rostro lleno de preocupación.

—¿Pu-Pudding…?

—¿Quién si no Na-No-Da?

—¿¡Cómo te escapaste de Dune!? —Exclamó Taruto limpiándose las lágrimas rápidamente.

—Oye, Taru-Taru…

—¿Si?

—Muere— Habló con una sonrisa aparentemente inocente, pero eso solo lo hizo más escalofriante. Las pupilas de Taruto se ensancharon al ver como Pudding comenzó a atacarlo. El chico logró esquivar todos los ataques— ¡Pudding, para!

—¿Por qué? ¿No quieres morir? — Rió Pudding, transformándose en Mew Pudding y lanzándole su ataque a su "amigo", que le dio de lleno y lo hizo caer al suelo.

— Está poseída por Dune…— Murmuró para sí.

La rubia se lanzó encima del castaño y comenzó a asfixiarlo —Pudding…tienes que liberarte de él…— Le dijo, utilizando el poco aire que era capaz de conseguir — Pudding…por favor…

No sabía como pero logró soltarse del agarre de la chica, poniéndose en posición de batalla. No quería hacerle daño a su enemiga, pero si era necesario lo haría. Comenzaron un combate en el que Pudding atacaba y Taruto esquivaba y bloqueaba. El extraterrestre aprovechó una distracción de la mew para lanzarse, se tiró encima de ella y junto sus labios con los de ella, los inundó una cálida luz amarilla anaranjada y Pudding calló desmayada al suelo—Espero que no se acuerde de esto…—Murmuró y se tele-transportaron hasta la mansión, donde Akasaka, Shirogane y Zakuro corrieron a juntarse con ella.

—¿Qué ha pasado? —Preguntó Akasaka al chico

—Es una larga historia.