La bolsa que reposaba en el regazo de Yuuri crujía a cada momento. Chocando con personas, con su pierna, con otras bolsas. Aún cuando el japonés la había sostenido en brazos, cada respiración creaba una nueva nota.
El único momento en el que ya no emitió sonido, fue cuando abordaron el avión, con toda la comida comprada, y se sentaron en sus debidos asientos.
Pero entonces, cuando por fin hubo silencio, fue el propietario quien comenzó a emitir sonidos, en forma de palabras.
―Así que... Ya estamos acá, ¿Eh? ―Sonrió de manera boba el mayor, ya acomodado en el acolchado puesto. Arriba de su cabeza, en el compartimiento, yacía la manta que debía usar más tarde para cubrirse y dormir lo más cómodo que pudiese. ―Yendo a Japón... ―Habló una obviedad.
Yuri en cierta medida le comprendía. Había estado todos esos años tratando de comprenderle. Por lo tanto tan sólo se limitó a asentir, acomodándose más. Era prácticamente primera clase pero se lo había negado al japonés, así que había hablado con las azafatas para que no les atendieran.
―Exacto. ―Dijo de buenas a primeras. Luego se relajó, observando un poco por la ventana que tenía a la proximidad derecha de su rostro. ―A poco menos de un día de nuestro destino. ―Le dio la razón.
―Qué cosas, ¿No? ―Una risa nerviosa, seguida del crujido de la bolsa al mover sus piernas, donde aquella reposaba. ―Qué cosas... ―Repitió para sí.
El rubio no pudo evitar posar su siniestra encima de la mano ajena, y así tratar de transmitirle algún grado de tranquilidad.
Pero recibió una mirada por parte del japonés. Una mirada que pedía ayuda. Una mirada que le conmovió. Y si bien Yuri no era muy bueno con las palabras, se tragó su terquedad, su orgullo, y movió también su diestra, tomando la mano ajena ahora entre las propias.
―Yuuri, estoy contigo. ―Anunció, impactando verde contra café. Podía sentir cómo el temblor que recorría el cuerpo contrario disminuía paulatinamente. ―Estoy contigo así que, no temas. ―No quería decirle que él sería su fuerza, porque sabía a la perfección que Yuuri era fuerte, realmente lo era.
Sólo había que darle un empujoncito. Justo como ahora.
Yuuri sintió la necesidad de devolver con seguridad la mirada tan comprensiva que le era dedicada en ese momento, y terminó estrechando la mano ajena en un mero impulso.
―Sí. ―Asintió con ahora una determinación que no se esperaba recibir. Aunque pronto se ablandó su expresión, sonriendo. ― ¡Gracias!
Un leve rubor invadió las mejillas del menor, quien deshizo el agarre y se acomodó mejor en su lado. Acurrucándose, desvió su mirada con tal de ver la vista nocturna que podía apreciarse a esa hora.
―No es nada... ―Musitó entre dientes, causando que el japonés riera manera discreta.
― o ―
El manto oscuro y estrellado que conocemos por el nombre de noche se hallaba en su apogeo, siendo testigo de numerosas acciones en secreto, y guardando dentro de sí el descanso de los muchos viajeros, de bus, de auto, de barco, y especialmente de aviones.
En uno con destino a Japón, la mayoría de la tripulación pasajera gozaba de un sueño, quizá incómodo, quizá reparador, todo dependía de la persona y su predisposición a dormir en un transporte de ese calibre.
Aunque eran contados con los dedos de una mano los jóvenes que, por alguna u otra razón, no lograban conciliar el sueño.
Ese era su caso. Inquieto, ansioso. Podría jurar que ya era media noche, o al menos cerca, y él aún no podía respirar con tranquilidad.
Y no era que le tuviera miedo a los aviones, para nada. De hecho, podía afirmar que temía más a los barcos, por el respeto que le tenía al mar, y a los secretos que este guardaba. Pero en este vuelo, justamente en este viaje, no podía serenarse.
Claro, el tema se comprendía a la perfección. Ir a casa, después de cinco años... Le recordaba a una situación un poco ambigüa de su pasado, de la cual sólo recordaba fragmentos. Y si bien, era algo similar, esto de haber estado en coma... No ayudaba mucho.
Para sí, no había pasado más de un mes. Sólo un mes era lo que él había sufrido de la ausencia de sus seres queridos, cercanos y cualquiera que pudiese ayudarle de buenas a primeras de manera sentimental, con un lazo de confianza creado previamente.
―Cómo estarán... ―Se preguntó internamente.
¿Se le notarían los años a su madre? ¿Y a su padre? ¿Qué sería de la profesora Minako, seguiría igual que siempre? ... ¿Y Yuko...? ¿Y las trillizas? ¿Su hermana?
Podría preguntarse por tantas personas a las que, supuestamente, no había visto hace años... Al menos no de manera consciente... Y aún faltaban aquellos a los que no podría ver aunque llegase a su patria pues... Así era su profesión...
A mitad de un intento de envejecer las imágenes mentales que tenía de cada uno de sus conocidos, tal cual como lo harían los teléfonos inteligentes con sus miles de filtros y aplicaciones, un movimiento brusco a su lado le distrajo, logrando que su atención se redirigera hacia el lugar de origen.
Sus ojos se abrieron un poco más de lo normal al percatarse de que Yuri, a un lado suyo, presentaba incomodidades para poder conciliar el sueño de manera apropiada, pues, a pesar de ya estar a mitad de camino, de una forma inquieta a tal punto de alarmar al japonés, había comenzado a moverse y quejarse reiteradamente.
Un quejido para acá, otro para allá. Mientras más se movía el ruso, su frazada avanzaba en su carrera de llegar y tenderse en el suelo. Pero eso, Yuuri no lo permitiría, por nada del mundo.
Corriendo el riesgo de sacar el diablo interior de Yuri, al despertarlo en ese estado -pues al menos, su caso así era cuando lo despertaban de malas-, aventuró su diestra a aproximarla al menor, más específicamente, a su hombro.
La inquietud ajena incrementó, logrando que Yuuri pasara saliva, y se cuestionase si debía despertarlo o no.
Frunció el entrecejo ante su flaqueante determinación, y se reprendió mentalmente, a sabiendas de que no era ni un ápice de agradable lo que Yuri debía estar soñando. Su expresión, era así, rebelaba todo.
Inhaló con fiereza para poder tomar el coraje que le faltaba para molestar, o aliviar, no sabía bien, al menor. Lo bueno fue que sirvió; lo malo, que sin querer no midió su fuerza, y su diestra pasó de largo hasta chocar de manera, un tanto tosca, contra el hombro ajeno.
El primer reflejo que tuvo ante eso, fue pegar su mano al propio cuerpo, como si eso deshiciera lo que había hecho.
Lo que no se esperaba, fue la reacción que el rubio tuvo. De un momento a otro se había enderezado, como si alguien delante suyo estuviera, y él, fúrico, tuviese ganas hasta de... matarlo.
― ¡Cómo te atre...!
Silencio. Aquello había dejado más preguntas de las que realmente respondía.
A un par de asientos, una joven señora, algo robusta y de sueño no tan pesado, hizo un ademán de silencio, como si supiera exactamente quién había sido el emisor de aquel grito.
Yuri abrió los ojos de golpe, y titubeó, buscando orientarse y poder decir con certeza dónde se hallaba, y con quién. Nada de tiempo hizo falta para que se percatase de la situación, y por consiguiente, de su falta de control en cuanto a temperamento se trataba.
Dirigió su mirada verdosa a su acompañante, quien no podía estar más sorprendido, o aterrado, no tenía la capacidad de decir con seguridad cuál de las dos era. Pasó saliva, y se enderezó de mejor forma, arreglando su propia frazada. Coló su mano entre sus largos mechones rubios, un tanto avergonzado.
―Yo... ―No pudo evitar sentir cómo daba un pequeño salto el japonés a su lado ante aquellas palabras. ―Genial, Yuri. ―Se dijo así mismo, mentalmente. Soltó un pesado suspiro, y su diestra terminó posada en su nuca, mientras intentaba mirar a Yuuri. ―Yo lo lamento, eso... Eso fue...
Yuuri parpadeó repetidas veces, y entonces reaccionó, negando de un lado a otro. Su natural sonrisa, aquella comprensiva, se posó en sus labios, mientras su diestra caía en el hombro ajeno.
―No importa, Yuri, tranquilo. ―Le restó importancia a las acciones que hace nada habían logrado mantenerlo estático en su asiento. Sí, lo realmente importante era otra cosa. ―Más bien, ¿Qué estabas soñando?
En una situación así, pensaba el rubio, sería normal, una reacción natural preocuparse. Lo sabía, pero no pudo evitar sentirse feliz ante la interrogante que planteaba el mayor.
Aun así, cuando recordó la respuesta a esa incógnita, toda la felicidad se le fue. El esbozo de sonrisa que no se dio ni cuenta de cuándo se había abierto paso en sus labios, de la misma manera, fugaz, desapareció; se esfumó.
No pasó desapercibida para el japonés aquella melancolía, fundida con molestia que tomó lugar en la hermosa mirada del menor.
―Era algo que... ―Yuuri esperaba ansioso una respuesta, una señal, algo. Una muestra sincera de la confianza que le podía tener en esas circunstancias. Sin duda, se decepcionó luego. ―Sucedió hace mucho, da igual. ―Yura se obligó a sonreír.
Por unos segundos, el castaño pensó en insistir. Pero pasó por su mente la posibilidad de que fuese algo difícil para el menor, y negó. Podía ser una persona ambiciosa a ratos, pero nunca pasaría a llevar de esa forma la complicidad que Yuri guardaba para consigo.
―Está bien... ―Fue la mansa respuesta que dedicó al rubio.
Aquel tan sólo asintió, y volvió a posicionarse para dormir. Aunque a medio camino, quedó mirando fijamente a su acompañante. Fue imposible que Yuuri no se incomodara, preguntándose el porqué de una acción como esa.
― ¿Yu...?
Antes de poder decir su nombre por completo, el rubio había procedido a arroparlo. Arreglar aquellas pequeñas fugas de calor que se generaban ante la descuidada forma en la que había puesto encima de si la frazada.
La morena mirada no se podía despegar de aquel extraño chico, que aún hacía cosas que no se esperaría en dichas situaciones.
― ¿Yuri? ―Buscó llamar su atención, cuando ya no hacía falta arreglar más la tela, pues terminaría igual o peor que una de esas raras masas de comida, que hacían lo posible por aguantar tanto ingrediente como la gente quisiera ponerle.
Sólo entonces el menor reaccionó. Y aunque por un ápice de segundo se mostró un poco de vergüenza en su expresión, lo que perduró y por tanto, el japonés apreció, fue su decidida mirada, protectora, preocupada.
―Debes dormir abrigado, ¿Vale? ―Fue lo único que dijo.
Apenas Yuuri asintió, el otro se volteó, tapándose así mismo y disponiéndose a dormir. Apesar de eso, no fue muy difícil para el japonés darse cuenta de cómo enrojecía el rostro ajeno. Su oreja era un activo delator.
Yuuri rió, y tan sólo lo dejó pasar, acurrucándose en su lugar para intentar concilar el sueño, como suponía, su acompañante lo haría.
Pero su inconsciente no tenía las mismas intenciones que él. Apenas cerró los ojos y logró serenarse, la imagen de Yuri levantándose y gritando de manera explosiva, se fusionó con el supuesto «recuerdo» que había recuperado en un inicio.
Temperamental, agresivo, terco, amigo de su idea... Habían muchas ideas agrupándose en su mente, con muchas imágenes que no lograba ver con la debida nitidez como para reconocerlas.
«Yurio»
Abrió los ojos de golpe, sorprendiéndose a sí mismo.
¿De dónde había salido ese apodo? No pudo evitar preguntárselo, dejando el esfuerzo ajeno en nada cuando, en un acto poco premeditado, se elevó de su asiento, e inspeccionó de los pies a la cabeza a Yuri.
Algunas de las imágenes pasaban a ser flashes, confundiéndolo de cuánto de eso era verdad, y cuánto mentira. Lo veía sonriendo, lo veía llorando, lo veía resfriado, lo veía... gritando... Una patada...
―Él... Era hostil... ―Esa fue la conclusión a la que llegó, titubeando y tratando de conectar todo lo que ya sabía, con las imágenes y sucesos cortos que de repente atacaban su mente.
Se sentía incómodo.
¿Era?; ¿Acaso, ahora era distinto? ¿Qué había acontecido, de manera tan importante en todos esos años, como para cambiar de esa forma...?
―Algo que sucedió hace mucho, ¿Eh...? ―Sus párpados cayeron, sumiéndose en observar cómo dormía el menor.
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¡Amores, lamento tanto la demora!
Pero es que entre las clases, tener que desinstalar Office y escribir en Wordpad, además de las pruebas y demás... Cómo que quedé exhausta ((además perdía cada tanto la hoja de planificación, alv))
De todas formas, juro que me esforzaré en no demorar tanto para la próxima.
¡Ya saben, en el próximo capítulo, reencuentro!
Adióooos. 3
