Capítulo 10: No quiero perderte.

Una sensación muy conocida le llenaba los poros, corría por sus venas, se mezclaba con su sangre, inundaba sus sentidos: Miedo. El más puro miedo. Temor. Solamente que esta vez no temía por la mujer que le dió la vida, sino por la que se la devolvería. Se miraron sólo un segundo, él sabía que ella no se quedaría sin hacer nada. Sabía que saldría a luchar, a defender a esos inocentes que estaban siendo masacrados a metros de ellos.

"¿Estás conmigo Draco?" Preguntó ella, mirándolo fijamente, tratando de hacerle saber todos sus temores con una sola mirada. Temía que él no hiciera nada, que no luchase contra los mortífagos, que la abandonara en plena lucha, que no apoyara sus ideales.

"Siempre" contestó el. Le dió un beso en la frente. "Cuídate" susurró en su oído y la chica salió corriendo a la batalla. Una nueva explosión a pocos metros de donde él estaba hizo que la perdiera de vista por un momento, pero una mata de cabello castaño podía verse lanzando todo tipo de hechizos.

Draco corrió hacia la batalla también. Agradeció el estar bajo los efectos de la poción multijugos, sino sería un blanco fácil. ¿Qué se supone que Draco Malfoy haría entre mortífagos si no sólo atacar a los inocentes? Rogó a los dioses salir bien de todo eso, y rogó por ella, mientras se enfrascaba en una lucha contra un enmascarado.

Hermione lanzaba hechizos hacia los mortífagos para desarmarlos o dejarlos inconcientes, mientras defendía a las personas que estaban en la calle. Niños, mujeres y ancianos. El clásico orden de salvataje. Un hechizo le pasó zumbando por encima de la cabeza, pero ella fue mucho más rápida y a los dos segundos el mortífago que se lo había enviado estaba tendido en el suelo desmayado. Los gritos de "¡Avada Kedavra!" y "¡Crucio!" de parte de los magos oscuros eran totalmente audibles, se entremezclaban con los gritos de terror de las víctimas de la tortura. Aprovechó los pocos segundos en los que un corpulento hombre se colocaba frente a ella y los protegía en una esfera azul, para conjurar su patronus y enviárselo a Harry, necesitaban refuerzos.

Draco aturdía a todos los encapuchados que se le cruzaban en el camino. Eran como treinta mortífagos. «El grupo D» pensó rápidamente, mortífagos que no lucharían en el ataque a Hogwarts por que el Lord los quería fuertes para después de la victoria. ¿Qué ganaban con atacar ahora? Malditos malnacidos. Una pequeña niña como de cinco años lloraba a voz de cuello en mitad de la calle, él corrió hasta ella y murmurando un "Protego" corrió hacia la tienda de Madame Malkin, había visto que la mujer estaba afuera, repeliendo hechizos y protegiendo a niños y ancianos dentro. Le tendió a la niña y se colocó al lado de la mujer para ayudarla. Unos cuantos metros alejada de ellos se encontraba su castaña, enfundada en el negro vestido de diseñador, con tacones de quince centímetros y la melena suelta, luchando como toda una guerrera. ¡Que sexy se veía! Pero no era momento para ponerse a pensar en ello. Ya cuando estuvieran en la casa le haría saber lo mucho que la necesitaba con él.

De repente una nueva explosión abrió la calle, lanzando a unos y a otros de cada lado. Draco impactó contra las vitrinas de Madame Malkin, miró rápidamente a su alrededor. Había muchos heridos, incluyendo mortífagos. ¡Imbéciles! El Lord les había enseñado a usar ese hechizo, debía hacerse sólo hacia los enemigos y a una distancia de más de veinte metros. Ni siquiera para eso servían, por lo ménos también ellos habían salido lastimados. Hermione se le perdió del foco, la buscaba con la vista y no la encontraba, pero tampoco podía bajar la guardia, debía seguir luchando.

Luego de la explosión a Hermione se le nubló la vista por el humo y el polvo y cayó sentada en la acera. Sintió como de improvisto la cogían de los brazos y quiso liberarse pero quienes la llevaban eran muy fuertes y no pudo hacer nada. Le sacaron la varita y la tiraron contra una pared. Cuando pudo abrir los ojos se encontró en un callejón sucio y oscuro. No era el mismo en el que había estado con Malfoy.

Un mortífago le apuntaba con la varita mientras ella le miraba con furia. Dos más estaban en la entrada del callejón, como vigilando que nadie los atacase desde fuera. La batalla se podía oir aún.

"Miren nada más a quien tenemos aquí" Dijo el mortífago mientras se sacaba la máscara. Ella lo reconoció al instante. Antonin Dolohov, el que la había tomado de rehén en el departamento de misterios. "La heroína de guerra Hermione Granger. Asquerosa sangre sucia. Ahora verás lo que cuesta enfrentarse a mi señor. ¡CRUCIO!" Miles de dagas parecían clavarse en su cuerpo, una y otra vez.

"¡Maldita impura!" Gritó Dolohov cortando la maldición. Hermione cayó de rodillas pero sin apartar la vista del desgraciado que tenía en frente "¡No te atrevas a mirarme asquerosa muggle! ¡CRUCIO!" Volvió a torturarla con todo el odio posible, pero ella no bajó la vista. Se retorcía en el suelo sin cerrar los ojos. El dolor era soportable aún, no se comparaba con las maldiciones de Bellatrix.

"¿Eso es todo lo que tienes, maldito mortífago cobarde?" Le retó. La respuesta no se hizo esperar. Nuevamente la maldición cruciatus fue pronunciada con más odio aún y esta vez sí que Hermione la sintió, se mordió el interior de las mejillas para no gritar, la boca se le llenó rápidamente de sangre y los ojos de lágrimas. Pero no gritó. No quería darle ese placer.

"¡Suplica por tu vida asquerosa! ¡Pide piedad! ¡CRUCIO CRUCIO CRUCIO!" La castaña no iba a pedir piedad, jamás, pero no pudo evitar lanzar un grito de dolor esta vez.

Draco sabía que algo muy malo le estaba pasando a Granger. Lo presentía. La misma sensación que tenía cuando el Lord torturaba a su madre, la misma sensación de vértigo que le daba cuando pensaba en ella y esta estaba en peligro. Pero esta vez pensaba en Granger. Su madre estaba a salvo en Grimmauld Place, pero la chica, ella estaba por allí, tal vez siendo torturada por algún infeliz, o tal vez la habían capturado, o tal vez...No. Ni siquiera quería pensar en la posibilidad de que estuviese muerta.

Ignorando los hechizos y maldiciones que le enviaban salió corriendo hacia donde vió por última vez a la castaña. Siguió sus instintos y se adentró hacia el callejón Knockturn que aunque no estaba vacío y había gente luchando no era tan caótico como Diagon Alley.

Un grito de dolor que sobresalía sobre todos los otros sonidos le llamó la atención y sin perder tiempo se dirigió hacia un callejón oscuro y olvidado, trató de acercarse más pero dos mortífagos custodiaban la entrada. Sin hacerse notar miró hacia el fondo del lugar. Lo que vió hizo que la sangre se le helara. Hermione tirada en el piso, como sin vida, temblando solamente por los efectos del cruciatus, gritando de dolor y con la boca llena de sangre.

Fue como un flash-back, como retroceder en el tiempo. Estaba en el salón principal de Malfoy Manor. Acababan de llevar a Potter y a Weasel a los calabozos, y a ella la dejaron allí para que su tía Bella la torturara. Los mismos ojos retadores aguantando el dolor y mirando desafiante a su agresora. Las misma maldición. Los mismos gritos. Y él, un cobarde que en aquel entonces no sentía nada más que egoísmo y sólo quería salvar su pellejo. Había dejado que ella sufra, pero esta vez no sería igual. Cambiaría las cosas antes de que sea tarde.

Sin esperar iba a hacer frente a los mortífagos, tal vez moriría en el intento pero haría todo por salvar a la chica de las garras de aquel maldito. Un estremecimiento lo recorrió y se miró a sí mismo en una de las vitrinas de una tienda que tenía a su espalda. Volvía a ser Draco Malfoy. Los efectos de la poción multijugos habían terminado. En milésimas de segundo ideó un plan. Lo aprobó y lo llevó a cabo.

Susurró el hechizo que el Lord les había enseñado. "Et in specie pallium". Automáticamente sus ropas cambiaron para convertirse en largas túnicas negras de mortífago y su máscara de plata le tapó el rostro, dejando a la vista sólo sus ojos. Si no puedes con tu enemigo, únetelo. ¿No decían eso los muggles? Se acercó hasta los mortífagos que custodiaban la entrada. "Eh ¿Quién está allí adentro?" Siseó.

"Es Dolohov. Tiene a Granger" Dijo uno que pudo reconocer enseguida.

"¿Acaso el Lord cuando estaba vivo dijo que perdiérais el tiempo con basura como ésa?" Volvió a sisear.

"Pero Dolohov está al mando y él dijo que..."

"¡No me interesa lo que haya dicho Dolohov! Aquí el que manda soy yo, malditos ineptos. ¡Stuart! Dame tu varita para llamarlos a todos"

Stuart hizo rápidamente lo que le decían. Era nuevo, no hacía ni dos meses que había sido reclutado y sabía que solamente el Lord o sus más allegados que eran dos o tres podían llamar a los demás mortífagos por la marca. Dolohov no era uno de ellos. Si éste podía entonces era superior a él. Ni siquiera se paró a pensar por qué le pedían su varita si el de los ojos grises tenía la suya propia.

Malfoy no dudó en cruzar las varitas, la suya y la de Stuart y murmurar "Desmaius". Los dos mortífagos cayeron allí mismo.

El cerebro de Hermione también era atravesado por miles de dagas. No podía evitar pensar ni siquiera en este momento. Si Dolohov seguía torturándola, posiblemente quedara como los padres de Neville. Había leído que una vez que el dolor del cruciatus llegara al cerebro no podría soportar más que unas dos o tres veces más para ser presa de la locura y quedar así por siempre ¿Por qué el desgraciado no la mataba ya? Merlín, lo único que quería en este momento era morir.

Cerró fuertemente los ojos mientras esperaba que su cerebro colapsara. Un grito de "¡Avada Kedavra!" encendió todas las luces de esperanza que tenía dentro ¡Al fin la mataría! Y repitiendo mentalmente en su cerebro la frase de «Y recibió a la muerte como a un viejo amigo, y se fue con ella de buena gana, e iguales, se fueron de esta vida» esperó. Pero la muerte nunca llegó. A duras penas abrió los ojos y se quedó absorta observando el cuerpo inerte de Dolohov a sus pies, el rayo verde de la maldición seguía impactando en su espalda. El atacante no lo soltaba, no bajaba la varita. Hasta que ella levantó la vista, entonces sus miradas conectaron.

Draco se sacó la máscara plateada y corrió a encontrarse con Hermione. La chica lo reconoció al instante. Se agachó hasta ella y la cogió en brazos. "Gatita" susurró.

Se le cerraban los ojos, la mente se le quedaba en blanco poco a poco. "No, cariño, no te duermas. No" le decía Draco. Sus palabras sonaban lejanas. "Cariño, debemos ir a casa, haz un último esfuerzo, amor. Llévanos a casa" susurró con dolor el rubio, las lágrimas caían de sus ojos sin que él pudiera controlarlas. Depositó un beso en los labios de ella. Susurró "Morsmordre" y apuntó la varita de Stuart al cielo, tal vez invocando la marca tenebrosa los malditos aurores incompetentes llegaran. No le importaba que lo arrestaran a él, tan sólo que la salvaran a ella.

«Amor, llévanos a casa» ¡A casa! Merlín. ¿Ese era Malfoy?! Sí. Draco le estaba pidiendo regresar a Grimmauld Place. Con un último esfuerzo, con la poca fuerza que le quedaba y sin abrir los ojos se aparecieron en el número doce.

"¿Por qué?" Logró vocalizar.

"Por que no quiero perderte, Hermione" Respondió él entre sollozos. Luego de eso la mente de la chica se puso en blanco y se abandonó a la inconciencia.

Ron había esperado pacientemente en el Callejón Diagon toda la tarde. Quería hablar con Hermione cuando estuviera a solas, ella había dicho que iría de compras. Sería el momento perfecto. La había visto salir de Florean Fortescue y caminar por la calle acompañada de un rubio que no le sonaba de nada. Las personas a su alrededor cuchicheaban "Es el novio de Hermione Granger". ¡No lo podía creer! ¡Lo estaba engañando! Los siguió y los vió en una escena lamentable en un callejón abandonado. ¡Él dijo que era una fresca! Y tan modosita que él creía que era. ¡Una fresca! Pero luego llegaron los mortífagos y todo se destruyó. Ron corrió a esconderse a una de las tiendas, iba a esperar escondido hasta que la lucha terminase. Pero una de las explosiones hizo que la pared que lo protegía cayera. Tuvo que correr hacia Knockturn a esconderse. Fue cuando vió que dos mortífagos custodiaban un oscuro callejón, no quiso acercarse, aunque escuchaba perfectamente que estaban torturando a alguien allí. No quería morir, y si intentaba ayudar a quien estaba siendo torturado seguramente uno de los mortífagos no dudaría y le enviaría la maldición asesina. Pero cuando vió que otro enmascarado los aturdía y caían suelo corrió hasta allí para ver qué sucedía. La escena que vió lo dejó paralizado. El mortífago había asesinado a otro, a quien estaba torturando a Hermione. ¡Hermione! Por más que quiso levantar la varita y aturdir al tipo que quedaba no fue capaz, sus músculos no le obedecían. Vió como el hombre se sacaba la máscara y la capucha y tomaba en brazos a su amiga-posiblemente-ex-novia. Pero no pudo ver su rostro, estaba de espaldas, solamente pudo ver que era rubio, tal vez el mismo que decía ser su novio. Le dió un beso en los labios a la castaña y convocó la marca tenebrosa, luego se desaparecieron. No podía terminar de procesar todo lo que acababa de ocurrir. Pero de una cosa estaba seguro, Hermione era una maldita perra traidora.

Narcissa tenía un mal presentimiento. Sabía que algo estaba mal. Sabía que tenía que ver con su hijo. Por eso estaba en la puerta de entrada de la casa, hacia dentro, esperando el momento en que su hijo y Hermione entraran por allí. O se aparecieran. Pero no se esperaba el grito desgarrador de Draco llamándola desde la sala. Corrió lo más rápido que pudo y la imagen la dejó helada. Draco, vestido de mortífago, con la máscara de plata en una mano junto con dos varitas, estaba arrodillado en el suelo con una Hermione llena de sangre y posiblemente desmayada.

"Mortífagos atacaron el callejón Diagon. Dolohov la torturó sin piedad. ¡Ayúdala madre!" Suplicó el rubio a su madre. Narcissa pudo ver la desesperación en cada poro de su niño.

"Llévala a su habitación" Ordenó. Sabía que Draco no aguantaría si ella se mostraba débil, por más que el corazón estuviera rompiéndosele en mil pedazos al imaginar que la chica no saldría bien de esto.

Draco obedeció sin chistar. Subió de dos en dos las escaleras hasta llegar a la habitación de Hermione. La castaña estaba como muerta. Y él muriendo lentamente al verla así. Su madre no tardó en llegar con los dos elfos de la mansión. Lo sacaron afuera y le hicieron esperar unos largos y terribles minutos, en donde Narcissa junto con Winnie y Pinky se encargaron de curar las heridas de la chica, meterla en la tina, darle poción revitalizante, y ponerle ropa limpia.

Cuando Bellatrix había salido de Azcaban, había contado con detalles a su hermana la manera en la que había torturado a los Longbottom. Gracias a Merlín que Bella era muy detallista y se esmeraba en contarle hasta el último pasito que había dado. Tanto es así que le había detallado la manera en la que cada vez que Frank o Alice se desmayaban, ella hacía uso de un antiguo hechizo para despertarlos, volverlos a la conciencia y darles un poco de fuerza para después volverlos a torturar. Hasta le había enseñado el hechizo. Y ella se lo había memorizado, claramente no con las mismas intenciones que Bella.

Recitó sobre la chica un largo conjuro que hizo que la castaña abriese poco a poco los ojos y enfocara la vista. "¿Cómo te sientes, querida?" Preguntó dulcemente Narcissa.

"Adolorida" murmuró Hermione.

"¿Recuerdas algo?" Preguntó la rubia.

Hermione hizo memoria. El Callejón Diagon. La boda. Scorpius. Los besos. Mortífagos. Explosiones. Dolohov. La había torturado. Deseos de morir. Y luego, había aparecido él. Oh, Merlín, Draco había matado a Dolohov. ¡Lo había asesinado! Empezó a llorar sin saber muy bien porqué. Draco había matado a una persona, por ella. ¡Por defenderla a ella! Pero iría a Azcaban, lo condenarían al beso del dementor, iría preso, oh Merlín Merlín Merlín...

"Ssshh, no llores, mi niña" Le dijo Narcissa. "Tienes que descansar. Estoy segura que todos tus amigos están bien, no te preocupes por ellos. Y respecto a Dolohov...puedo borrarte ese recuerdo" Sugirió la rubia.

Hermione negó lentamente con la cabeza. "No es eso lo que me atormenta. Es Draco" confesó a la mujer quien se quedó mirándola con una expresión de ternura nunca antes vista en ella.

"Draco está bien, cariño. Lo enviaré a darse un baño, curaré sus heridas y dejaré que venga a verte. ¿Está bien?"

"Lo llevaran preso" susurró la chica.

"No dejaré que lo hagan, mi niña" Le dijo Narcissa depositando un beso en su frente. "Descansa". Y mágicamente, tal vez reconfortada por las palabras de la mujer, Hermione cerró los ojos y se abandonó al sueño.

Ahora le tocaba dominar al basilisco. Sabía que Draco estaría hecho un manojo de nervios a causa de la situación. Pero ella también necesitaba explicaciones. Hizo tal y como le había dicho a Hermione, le curó las heridas, le mandó a darse un baño, pero luego no lo dejó salir de la habitación, no sin que le explicase qué había ocurrido.

Draco sabía y entendía que su madre quisiera saber todo sobre lo que pasó. Así que no dudó en contarle todo, desde que habían salido de casa para ir a Londres, hasta que volvieron a aparecerse en el número doce.

"¿Y la varita, Draco? ¿Es de Stuart?" Preguntó su madre. Él asintió. "Mataste a Dolohov con esa varita, no?" Asintió nuevamente. "¿Y la Marca Tenebrosa?"

"También fue hecha con la varita de Stuart" murmuró el rubio mientras jugaba con la varita del muchacho. "¿Y si localizan la varita que invocó la Marca, madre? ¿Crees que me sobrepasé?"

"Eso tiene solución, cariño" dijo Narcissa arrebatándole de las manos la varita ajena y partiéndola al medio con las manos, como si fuera un pedazo de palo común y corriente. Un débil humillo fue despedido de la varita. "Ya nunca podrán localizarla" lo tranquilizó acariciando sus rubios cabellos. Su bendita madre, siempre con soluciones a todo.

Narcissa lo dejó descansando en la cama y fue rumbo a la sala, seguramente llegarían los aurores en cualquier momento, buscando a Draco. Seguros de que el chico estaba implicado en algo. Gracias a Merlín que Hermione los había hecho aparecer dentro de la casa, así los aurores que estaban fuera no podrían decir que habían visto a su niño salir de casa, con ni sin la bruja.

Draco miraba el blanco techo de su habitación, las manos le hormigueaban, aún podía sentir la adrenalina y la furia correr por sus venas. Verla allí tirada en el sucio suelo mientras era torturada por el imbécil de Dolohov. Quería ir a revivirlo solo para volver a matarlo. "He matado" susurró bajito. Por ella, había asesinado a un hombre ¡Por ella! Sus manos ahora estaban manchadas como las de su padre, como las de su tía Bella, como las de Rodolphus, Rabastan...como las de Dolohov. ¡Como las del Lord! Ahora él cargaba sobre sus hombros el peso de una vida, por ella. Ahora se convertía en el mismo hombre que había aborrecido por tantos años, por ella. Ahora era un mortífago más, por ella. Ahora era lo que nunca había querido ser, un asesino. ¡Ni siquiera había podido matar al viejo cuando la vida de su madre estaba en riesgo! Ni por su madre, ni por la mujer que le había dado la vida. No, ahora era por Granger. No había dudado ni dos segundos para acabar con la vida de Dolohov. La rabia, el odio y la desesperación lo invadían en ese momento y no tenía más opciones que ponerle fin al existir del mortífago. Por salvarla a ella, por querer estar más tiempo con ella, para no perderla, para que ella no lo abandonase, por desearla, por quererla a su lado, por que ella era la mujer ideal, por necesitarla, por amarla.

Y la verdad le caló más fuerte que cualquier Avada Kedavra.

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¡Hola! Aquí otro nuevo capítulo, cortito esta vez. ¡Muchas gracias por sus comentarios! Me alegran un montón.

No me gustó como quedó el capítulo, no sé, ustedes dirán si está bien o faltó algún detalle.

Con respecto a Harry y Ginny, que aún no se entiende muy bien qué pasa ahí... No se preocupen, pronto van a saberlo ;)

Una última cosa.. Me cambié el username, antes era "AnaLestrangeMalfoy". Ahora es "Ana Malfoy Lestrange" No hay mucha diferencia ¿No? Pero bueno, quería contarles.

¡Espero sus reviews! Muchos besos.

Ana.