Buenos días, chicos!
Muchas gracias por sus comentarios. Espero de corazón que hayan tenido una hermosa navidad junto a su gente y sólo les deseo éxitos y bendiciones para el Año Nuevo. El día de hoy he llegado con nuevo capítulo. Desde hoy, la historia tomará su rumbo principal, lleno de emoción e intensidad. Acomódense porque nos embarcamos en una capítulo de acción y angustia ;)
Ahora bien, esto está tomando cada vez más forma, recuerden q falta camino por recorrer y compenso muy bien, los q me han leído antes lo saben :D Así q si después de leer quieren matarme, no olviden lo que les digo aquí, jejejeje.
Agradecida de su compañía, les mando un besote y Feliz Año!
Buen viaje!
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Un hielo maldito
La mañana en el Cuartel de General de Aurores estaba agitada. Un grupo numeroso de magos estaba en el interior del despacho de Gustav Lochrin esperando que apareciera Harry, quien estaba retrasado veinte minutos. El moreno llegó al inmueble con círculos oscuros alrededor de sus ojos. Había pasado la noche en vela pensando e imaginando escenas que no eran de su especial agrado. Lo confesado por su mejor amiga Hermione había hecho mella en su cabeza y corazón. Pensar en que Ron había tenido el valor de hablar con ella y además besarla, le activó los impulsos volviéndolo ansioso. No podía perder más tiempo, no podía darse el lujo de perder la oportunidad de demostrarle a la castaña que la amistad era una talla que ya no le quedaba.
Al atravesar la puerta y saludar a sus colegas, Gustav Lochrin se puso de pie bajo un aire despistado y les señaló en un mapa desplegado sobre su escritorio, el lugar preciso en donde habían visto a Icarus Prewett Black. Amsterdam era una ciudad de puerto y atravesada por el río Amstel y decenas de canales. Según los datos entregados, el fugitivo estaba en las cercanías de las embarcaciones haciendo sus espectáculos clandestinos de magia. Era sabido que Icarus disfrutaba con exhibir sus poderes ante muggles para darle trabajo al Ministerio y aseverar así que los magos eran una raza superior. Harry sentía que cada segundo detenido en el Cuartel escuchando absurdas instrucciones era valioso. Tenían que salir de allí e ir tras él.
-Se desplegarán en tres grupos alrededor de este perímetro y deberán cerrar el círculo en torno a él hasta tomarlo por asalto.- indicó Lochrin con la mirada perdida- Ya conocen su talento en los enfrentamientos. Tengan precaución y todo saldrá bien.
-¿Cómo lo sabe?- espetó Harry sin pedir la palabra- Todo lo que hemos planeado se ha ido por el caño.
-No cuestiones mis órdenes, Potter. Soy tu superior, no lo olvides. Harás lo que yo diga- alegó el hombre que no manifestaba en su rostro ninguna expresión. Nadie quiso intervenir.
Harry notó cierta somnolencia en el Jefe de los Aurores, como si hubiera pasado la noche en vela y ahora todo el cansancio se le había venido encima. Una ligera corazonada le clavó el pecho pero no le dio mucha importancia. Estaba tan ansioso por llegar a Holanda y enfrentarse a Icarus que todo lo demás parecía de menor relevancia o propia paranoia. Cuando Lochrin los despidió, el moreno se dirigió hasta su escritorio mientras preparaban los Trasladores que los llevarían hasta Amsterdam. Se preguntó si Hermione ya había llegado a La Madriguera ya que todavía no pasaba por Andrómeda ni Teddy antes de que abandonara la mansión. Quiso utilizar una de las chimeneas del Cuartel para comunicarse pero al llegar a su oficina, la presencia de su mejor amigo Ron Weasley lo detuvo en el umbral con el pómulo de la puerta firme en su mano. El pelirrojo, al verlo, se puso de pie desde la silla en la que estaba sentado para saludarlo con un gesto adusto. Harry lo conocía perfectamente y casi pudo recrear en su mente que había hablado con Ginny, por eso su presencia allí.
El ojiverde resopló demostrando que no tenía ninguna intención de hablar con Ron sobre ese tema. Estaba a punto de salir a la caza de un prófugo de la justicia mágica, no tenía cabeza para hablar sobre lealtades, mucho menos de un romance que no tuvo la fuerza necesaria para crecer y convertirse en amor absoluto. Él sabía que su amigo protegía a su hermana menor frente a cualquiera que le rompiera el corazón, pero ese nunca fue su propósito, por supuesto que no deseaba hacerle daño. Rodeó el escritorio y ordenó algunos pergaminos sobre él solamente por tener algo qué hacer frente a la pausa.
-Así que rompiste con Ginny- comenzó Ron. Harry suspiró con fastidio.
-Sí, pero no puedo hablar de eso ahora- le indicó continuando su tarea de limpieza- Además, no es asunto tuyo, sólo nos concierne a ella y a mí.
-Me concierne… si el motivo por el que terminaste es Hermione.- aquello logró golpear al moreno en la cabeza sacándolo de su hastío para ubicarlo en un estado atónito. Fue iluso de su parte creer que Ginny no le contaría ese pequeño gran detalle. - ¿Es verdad?- Harry trató de alzar la mirada pero la tenía adherida sobre los papeles entre sus manos. – Contéstame- insistió Ron con denotada rudeza.
-Así es- afirmó Harry mirándolo por primera vez. El pelirrojo alzó sus cejas, sorprendido ante la solidez de su respuesta.- ¿Qué quieres que te diga, Ron?- continuó, alzando un poco más la voz- ¿Acaso quieres que te mienta? ¿Qué te diga que no me enamoré de ella? Pues, lo siento. Eso no puedo decirlo.- aquellas palabras quedaron flotando como si estuvieran en un mal sueño, un sueño confuso y bizarro. Ron negó con la cabeza como si con ello esperara borrar lo confesado.
-Estás confundiendo las cosas, Harry. Crees estar enamorado pero no es más que un impulso, un gusto pasajero debido a la intensidad de lo que está sucediendo. Ella siempre ha sido tu mejor amiga, casi una hermana…
-¡Ya no quiero que sea sólo eso!- su afanosa interrupción quedó vibrando por las paredes como pura energía contenida. Ron lo miraba con su ceño fruncido y las orejas encendidas.- Escúchame. La descubrí, la observé con otros ojos y la vi, la vi como es realmente, bella, inteligente, valerosa…
-No tienes que decirme todo eso, lo sé muy bien- reprochó el pelirrojo.
-No, no lo sabes, nunca lo has sabido- su voz logró encender llamas en sus orbes esmeraldas. Harry se sentía vulnerable, como si hubiera perdido las barreras cimentadas alrededor de su corazón. Sabía que estaba arriesgándolo todo, pero ya era hora de arrojar los dados. Continuó- La perdiste, no luchaste por ella cuando debiste hacerlo, cuando sufrió por tus inseguridades y postergaciones… y eso es un error que yo no pienso cometer.
-Eres un traidor- contestó Ron, acercándose al moreno un par de pasos. Harry no reculó.
-¿Por qué? ¿Por no negarte sobre lo que siento por Hermione? – esa acotación provocó en el joven Weasley una rabia irreprimible y empujó al ojiverde por la altura del pecho. Éste se desestabilizó pero se mantuvo en pie, testarudo, midiéndolo con la mirada. Ninguno se atrevió a decir o hacer algo más. En alguna parte de sus corazones desbocados aún residía la amistad que pedía a gritos su atención. Ron, apretando su mandíbula, giró sobre sus talones caminando hacia la puerta. Harry se dejó caer en su silla sintiendo que le temblaban las manos y las rodillas.
Icarus salió de su escondite en el despacho de Gustav Lochrin con la sensación de haber visto en los ojos de Harry Potter un dejo de desconfianza. Aquello le preocupó, tenía que actuar rápido antes de que descubriera que iría tras una falsa pista a Amsterdam y directo a una emboscada. Dejó al Jefe de los Aurores paseándose alrededor del escritorio como una marioneta a cuerda y voló hacia la chimenea para contactarse con ese pelmazo de Callahan. Luego de dar con esos ex mortífagos en el Callejón Knockturn merodeando al igual que perros sin dueño, el número de interesados por la fortuna en Galleons se incrementó. Habían corrido la voz como esperaba. Si bien no superaban los veinte miembros, resultaba ser una cantidad suficiente para mantener a los Aurores ocupados, lejos de Londres. Esperó pacientemente que Harry y sus compañeros salieran del Cuartel General para beber de la poción Multijugos que guardaba en el interior del abrigo. Al hacerlo, la transformación no tardó en realizarse. Gracias a la información proporcionada involuntariamente por Horace Slughron, los efectos eran inmediatos y mucho más duraderos. Un nuevo Harry se materializó en el despacho, esperó unos minutos y tratando de pasar desapercibido entre el resto de los funcionarios ministeriales, nadie advirtió su presencia por estar concentrados en sus propios asuntos. Salió del inmueble con un único destino…
Hermione reparó que Harry ya no estaba en la mansión cuando atravesó la puerta principal. Andrómeda la recibió con su sonrisa ancha y Teddy, como de costumbre, corrió a sus brazos preguntándole qué harían de entretenido aquella mañana. La castaña le sonrió y le propuso visitar a los Weasley para comer las exquisiteces que muy bien preparaba Molly. Lo primero que preguntó el pequeño fue si Victoire también estaría allí por lo que Hermione asintió para salir del paso y anotar mentalmente que debía avisarle a Bill vía chimenea antes de salir. Teddy comió de su cereal favorito aún vestido de su pijama y Andrómeda lo llevó arriba para darle un baño. La castaña, por su parte, esperaba que todo saliera bien en Holanda, que su mejor amigo tuviera el mayor cuidado posible y que por fin atrapara a ese malnacido de Icarus. Nadie podría lograrlo más que él. Algo le decía que debía tener precaución, que debía tener los ojos bien abiertos. Aquel mago, convencido de ser el mejor hechicero del mundo, tenía tantas cartas bajo la manga que lo volvía un peligro impredecible. Hermione se puso nerviosa. Deseaba con todo su corazón que nadie saliera herido por atraparlo.
Una vez listos, Hermione, Andrómeda y Teddy viajaron vía Red Flú hasta La Madriguera, hogar de Arthur y Molly Weasley. La mujer de encendido cabello pelirrojo, les dio la bienvenida dedicando especial atención en el pequeño. A Teddy le encantaba esa casa, le encantaba su aroma, los extensos jardines y la vegetación en ellos. Tantos días encerrado en la mansión de Grimmauld Place que sentir el viento fresco en su rostro lo puso frenético queriendo salir para corretear a los gnomos. La energía de ese niño era algo impresionante. Hermione se sentó en la mesa del comedor para platicar con quienes pudieron haber sido sus suegros. Se preguntó si Ron les había contado lo sucedido en su apartamento pero se respondió de inmediato que no. De lo contrario, Molly se hubiera encargado de comentarlo en el mismo instante de poner un pie en esa casa.
-¿Y dónde está Harry?- preguntó ella mientras bebía de su taza de café.
-Recibimos una notificación de que Icarus fue visto en Amsterdam- informó la joven- Decidimos separarnos como medida de precaución. Le pedí a Lochrin que enviara refuerzos para cuidar los terrenos cercanos a Teddy por si acaso, pero no he recibido novedades al respecto.
-No creo que Icarus venga hasta aquí. No se "rebajaría" por ningún motivo.- apuntó ilustrando con sus dedos las comillas.
-¿Nunca se llevaron bien?- quiso saber Hermione.
-Nunca. Icarus tenía una especial conexión con Bellatrix, desde que eran unos niños. Eran inseparables.- dijo la señora Weasley perdiendo la mirada unos segundos ante los recuerdos que atestaban su mente- Recuerdo muy bien que le encantaba hacernos llorar. Icarus posee una mirada inquietante, como si sus pupilas estuvieran hechas de hielo y roca. Con sólo mirarte fijamente podía hacerte sentir una congoja horrible a mitad de la garganta- Andrómeda, al escucharla, asintió enérgicamente. Hermione supo muy bien a lo que se refería, a ella le había sucedido lo mismo al tenerlo enfrente.
Luego de un par de horas, Victoire apareció por la chimenea acompañada de su madre Fleur. Teddy no dudó en tomarla de la mano y llevarla a correr por los jardines alrededor de la casa. Hermione sonrió dichosa. Era en verdad desconcertante lo mucho que esos niños se querían. Tenían una química única y sin quererlo, se le vino a la mente su complicidad con Harry. Sonrió para sus adentros. Tantas cosas vivida con ese moreno buscapleitos que no se imaginaba sin él. Sintió una clara amargura al saberlo molesto con ella, molesto por lo que le había contado del beso con Ron, pero no podía mentirle. Lamentaba que no le hubiera dado tiempo de explicarle que todo había cambiado, que no volvería a cometer el mismo error de llorar en su hombro para luego correr de regreso a los brazos del pelirrojo olvidándolo todo. Por supuesto que debió ser fastidioso para él dar consejos que luego sabía ignorados. No quería abusar de su amistad y tolerancia por nada del mundo.
Sumida a su trabajo, la joven cogió desde el bolso que siempre llevaba consigo, el pergamino tantas veces revisado. No podía ser unas líneas estuvieran escritas en otro alfabeto rúnico, no era lógico. Volvió a leerlo. Con el razonamiento que muchas veces aparecía para ayudarla, Hermione dio vuelta el trozo de papel y se preguntó una sola cosa: ¿Y si está escrito de una manera criptica? ¿Por su reflejo o combinaciones de vocales y consonantes? Trató de dar vueltas las palabras incontables veces hasta que vencida, reflejó las runas contra un espejo de mano abriendo sus ojos de color miel como platos. Allí logró leer una línea importante:
"La fuerza oscura poseerá una maldición que apagará al hijo de muggle…"
¿Apagará? ¿Qué quería decir eso? Hermione sintió la boca seca hasta que una voz infantil la sacó de sus pensamientos.
-Tía Hermione… cuéntanos otra de tus aventuras con mi tío Harry- le pidió Teddy desplegando una blanca sonrisa en su pequeño rostro. Victoire lo apoyó, aplaudiendo entusiasmada.
-Está bien…- concedió la joven llevándolos hasta la sala para sentarlos en el enorme sofá a un lado de la chimenea. Necesitaba despejar su cabeza con otra cosa. Escogió una historia al azar y comenzó:
Harry, Ron y yo nos hicimos amigos cuando teníamos once años. Cursábamos el primer año en la escuela Hogwarts- lugar que les encantará- y todo nos resultaba nuevo y emocionante. Durante la noche de Halloween, alguien había dejado entrar a un Troll, un gigante lento y torpe que merodeaba por los pasillos del castillo. Todo el mundo entró en pánico. Yo estaba en el baño de mujeres, tratando de calmarme luego de tener un pequeño disgusto, - en ese punto pensó en el pelirrojo. Qué irritante fueron esos momentos en los cuales no hacían más que pelear. Continuó- cuando de pronto, sin aviso alguno, vi que el Troll estaba de pie frente a mí. Quise escapar de él pero de un solo movimiento de su mazo destruyó las cabinas de madera y caí al suelo, cubierta de polvo y escombros. Mientras intentaba huir e incorporarme, vi que Harry se colgaba del Troll sin importarle lo peligroso que eso hubiese sido. El gigante trataba de golpearlo con el mazo una y otra vez, mientras que Harry se debatía para que lo soltara de una buena vez… - Hermione siguió relatando aquella anécdota consiguiendo que los niños le tomaran tal atención que casi ni parpadeaban. Mientras hablaba, la castaña comprendió una cosa que había obviado no por desconsiderada, sino que por la típica manera que tenían las personas de dar por sentadas algunas cosas. Harry siempre luchaba por ella, no importaba el riesgo, no importaba absolutamente nada. En ese entonces tenían once años, ¡once años! Ahora, con sus veintiún años encima, podía decir con toda confianza que habían sido unos imprudentes de mierda. Cuando estaba a punto de terminar la historia, Teddy se tensó y dirigió su mirada de plata hacia una de las ventanas de La Madriguera. Frunció el ceño preocupantemente y Hermione se detuvo en seco.
-¿Qué sucede, hijo?- preguntó mirando en la misma dirección.
-Hay alguien en los jardines.- y dicho esto, el hechizo Anti-intrusos implementado por la castaña resonó como una alarma.
Algo mareado por la revuelta de la aparición, Harry llegó a Amsterdam con ocho de sus compañeros por medio de un Traslador con forma de viejo neumático. Al caer en la calle Rusland cerca de un puente que cruzaba el río, los Aurores se desplegaron en los tres grupos que había ordenado Gustav Lochrin y se separaron para abarcar un radio mucho más amplio. Harry, acompañado por Carmichael y Samuels, bajó por el curso del río hasta la avenida Zwanenburgwal en donde una cantidad considerable de muggles paseaban en sus quehaceres cotidianos. Los magos tuvieron que guardar discreción escondiendo sus varitas bajo sus abrigos y recorrieron el lugar consultando el mapa de vez en cuando. Según lo señalado por Lochrin, Icarus se encontraría en las cercanías de Groenburgwal, barrio colindado por un canal que dividía el vecindario. Harry y compañía sabían que estaban a sólo unos cuántos metros. Avanzaron cuidadosamente, pendientes de la presencia de algunos habitantes por lo que esperaron hasta tener el área despejada.
Después de unos minutos eternos, Harry reparó que otro grupo de Aurores estaba repartido al otro extremo del canal. Se hicieron señas a la distancia y se aproximaron a los inmuebles con el sigilo de unos felinos. Sin embargo, antes de que pudieran establecer el perímetro y cerrar el paso como lo propuso Lochrin en el Cuartel General, dos rayos rutilantes salieron disparados hacia ellos obligándolos a arrojarse al suelo. Algunos transeúntes se vieron tomados por asalto y corrieron lejos de allí en medio de gritos y escándalo. Carmichael respondió el ataque proveniente de la ventana alta de un edificio y logró ganar tiempo. Harry, incorporándose de un salto, advirtió que en ambas esquinas los cercaban algunos hombres que por su aspecto tenían que ser la calaña que huyó al caer Voldemort. El moreno apuntó hacia ellos sabiendo que los estaban rodeando. Expelliermus, vociferó sin conseguir su objetivo de desarmarlos. Junto a Samuels, el ojiverde se protegió tras una pared viendo el intercambio de hechizos entre sus compañeros más cercanos y los insurrectos que de seguro fueron influenciados por Icarus. Habían llegado a una emboscada.
-¡Tenemos que alejarnos de aquí! ¡Nos tienen en un maldito callejón!- gritó Carmichael.
-¡Hay que proteger a estas personas! ¡No podemos irnos!- protestó Harry saliendo de su guarida para desarmar a uno de sus enemigos. Tal fue su agilidad que el mago salió despedido por los aires para caer el agua entre una batahola de agua y gritos.- ¡Cúbranse!- les ordenó a los muggles que tuvieron la mala fortuna de tropezar con un enfrentamiento surrealista de rayos y varitas. Harry dirigió su atención hacia la alta ventana desde donde salían maleficios a diestra y siniestra, se concentró e ignorando las palabras de Samuels a su lado, se Apareció en el interior de lo que parecía un apartamento común y corriente. Allí estaba un mago que al verlo tan de repente fue tomado por sorpresa y no logró reaccionar. Harry lo cogió por el cuello estrellándolo contra la pared a un costado de la ventana.- ¿Dónde está Prewett?
-No lo sé.
-¡No me mientas! ¡Es con él con quien quiero enfrentarme! ¡Ustedes no son más que una maldita distracción!- espetó el moreno fuera de sus cabales.- ¿Dónde está ese cobarde?
-¡Ya te dije que no lo sé!- ante esa insatisfactoria respuesta, Harry lo golpeó en el estómago haciéndolo perder el aliento. Volvió a tomarlo por el cuello para enderezarlo y mirarlo a sus ojos grises.
-Si algo le llega a pasar a mi ahijado, les juro que… - el moreno no pudo continuar con aquella oración. Su estómago se comprimió tan sólo imaginarlo. El mago aprovechó esa debilidad y luchó para zafarse de él, no obstante, entre la resistencia impuesta por ambos, se empujaron en dirección a la ventana y salieron por ella estrepitosamente cayendo de lleno en las aguas del canal. Sumidos en la confusión de las burbujas, la presión en los oídos y los golpes ciegos, Auror y contrincante se debatían en quién salía primero a la superficie. Harry sentía sus pulmones ardiendo, exigiendo una bocanada de aire y la desesperación lo hizo su presa al no sentir la varita empuñada en su mano. Cuando estuvo a punto de perder la conciencia, un rayo luminoso aturdió a su enemigo y una mano lo sacó al exterior con fuerza. La oportuna intervención de Eddie Carmichael le había salvado la vida…
Hermione se puso en alerta de inmediato. Se dirigió hacia la chimenea para contactarse con Lochrin pero se detuvo. Algo le dijo que primero debía asegurarse que no ingresaran a la casa. Tomó a Teddy y a Victoire entre sus brazos con una fuerza que desconocía en sí misma y les ordenó a Andrómeda y a Molly refugiarse con ellos en las habitaciones superiores. Las brujas obedecieron corriendo escalera arriba. De pie en la sala principal, la castaña se hizo de su varita al igual que Fleur Delacour mirando entre las cortinas de las ventanas. En las afueras ni siquiera se movía una hoja lo cual parecía muy sospechoso. En el aire se respiraba la expectativa. Hermione intercambió una mirada con la chica francesa pensando lo mismo: había demasiada paz como para estar tranquilas. ¿Dónde estaba ese refuerzo que le había pedido a Lochrin? ¿Por qué no habían llegado aún? La joven Auror se sintió desamparada, no subestimaba el talento de Fleur, por algo había sido elegida como la representante de su escuela hace algunos años por sus especiales capacidades, pero le hubiera venido bien un poco más de apoyo. Pensó en Harry de inmediato. Lo necesitaba con urgencia. Sentía un miedo terrible.
Luego de estar sumidas en el más completo de los silencios, el ataque se inició sin darles tiempo de nada. Un rayo rompió los vidrios de un ventanal rozando a Fleur por poco en su cabeza. La chica había reaccionado en el momento justo. Hermione blandió su varita y salvaguardó la segunda planta de La Madriguera con un hechizo de protección. Esperaba que surtiera efecto mientras luchaba contra los intrusos sin tener que preocuparse. Al voltear hacia el frontis, varias sombras se movían en los jardines. Hermione pudo contar cinco siluetas sin problemas y supo perfectamente que podían ser muchos más. Trató de dirigirse hacia la chimenea para contactarse con su superior y pedir ayuda pero una explosión la empujó con violencia hasta el otro lado de la sala. De la chimenea sólo quedó un montón de piedras y un enorme agujero que daba hacia el exterior. Entre el polvo, Hermione y Fleur vieron cómo tres magos allanaron el lugar con una propiedad irritante. La rubia lanzó un Depulso que envió a uno de ellos de regreso a los jardines para aterrizar de espaldas. Hermione, por su parte, batió su varita hacia los otros dos atándoles las piernas con cadenas luminosas que apretó con furia y cayeron al suelo como sacos de papas. Uno de ellos respondió el ataque y su maleficio reventó contra la pared por el costado de la castaña. Gateando para evitar los hechizos, Hermione y Fleur se protegieron tras un enorme sofá. Esperaron que sus enemigos bajaran la constancia y al mismo tiempo, se pusieron de pie para disparar y dar justo en el blanco. Ambos intrusos quedaron aturdidos a mitad de la sala. Sin embargo, no pasaron ni dos segundos para que otros encapuchados ingresaran por la cocina y las sumieran en rayos que las cegaron por un instante. Hermione empujó a Fleur para quitarla del camino y resguardarla, al tiempo que gritó un Incendio que generó una llamarada desde su varita hacia los insurrectos. El fuego mágico era la especialidad de la castaña. Los magos salieron gritando de la casa, envueltos en llamas.
-Debemos sacar a los niños de aquí- dijo Hermione, agitada.
-¿Cómo? La Aparición no puede realizarse desde aquí- respondió la rubia, temblando de pies a cabeza. Tenía razón. Desde hacía tiempo que se había tomado la precaución de no admitir Apariciones en el interior de la casa. No terminaban de hablar cuando un nuevo grupo de encapuchados reinició el ataque. Las jóvenes cayeron al suelo cubriéndose la cabeza con las manos. Casi por instinto, Hermione giró sobre su propio cuerpo para lanzar un maleficio sin clara dirección. Tenía la esperanza de que alcanzaría a alguno de ellos y no se equivocó. Su Petrificus Totallus dio de lleno en uno dejándolo como estatua de piedra. No obstante, la devuelta de mano no se hizo esperar, un Stupify dio en Fleur dejándola fuera de combate. Hermione perdió la calma por unos segundos. Se vio sola frente a un grupo numeroso de intrusos que buscaban limpiarle el camino a Icarus. No lo permitiría. Sólo la idea de que Teddy estuviera protegido en la segunda planta la consolaba.
Haciendo uso de su último suspiro de valor y fuerza, Hermione se incorporó de un salto aturdiendo a dos de sus enemigos con una agilidad increíble. La emergencia la había nutrido de una destreza mayor y sorprendió a los intrusos que optaron por refugiarse en distintos puntos de La Madriguera. Uno intentó subir las escaleras pero el hechizo de protección lo desvaneció como si se tratara de un insignificante insecto frente a una luz repelente. Hermione sonrió al comprobar que funcionaba excelentemente. Cuando recuperaba la confianza, la castaña se vio superada por los maleficios proyectados hacia ella desde distintas varitas enemigas. No tenía cómo defenderse ni salir de ese embrollo. Se volvió a agazapar para protegerse pero las chispas y el polvo de las paredes golpeadas la desorientaban. Quiso a Harry con ella con tanta vehemencia que sus ojos se llenaron de lágrimas. Esperaba que llegara en cualquier momento, que le ayudara a vencer a ese grupo de encapuchados sin escrúpulos… ¿Estaba Icarus entre ellos? No, él tenía mucha clase como para atacar así, sin orden ni estrategia. Ellos sólo estaban allí para facilitarle las cosas. De pronto, la voz del moreno gritando hechizos la hizo creer que estaba desvariando. Entre los escombros y el polvillo que flotaba en el ambiente, Hermione vio a contraluz del boquete en donde estaba la chimenea a su mejor amigo, desarmando a los intrusos uno a uno como un verdadero espadachín. El alivio y la alegría de verlo le devolvió el alma al cuerpo de manera tan brusca que hasta se sintió mareada. Cuando Harry logró reducirlos a todos, el silencio volvió a reinar La Madriguera.
-¿Hermione?- la llamó el moreno sin poder ver con claridad. La castaña salió de su refugio y corrió hacia él para abrazarlo. Sin poder contenerse se puso a llorar sobre su hombro. – Tranquila, ya pasó… ¿estás bien?
-Sí, estoy bien. Fleur está aturdida pero fuera de peligro.- le informó sin poder soltarlo. Después de un rato, se separó de él cegada por el brillo del sol matutino invadiendo la sala.
-¿Dónde está mi ahijado?- preguntó el moreno.
-Arriba. Nos tomaron por asalto. No supe qué más hacer además de protegerlo allí con un hechizo.- Harry asintió con la cabeza y se dirigieron hacia las escaleras. Hermione quitó la protección y subieron. En la antigua habitación de Ron estaban Molly, Andrómeda y los niños. Sus rostros reflejaban angustia y terror. Al verlos, se pusieron de pie de un salto y los abrazaron, felices de que todo hubiera pasado. Teddy se aferró de las piernas de la castaña como si su vida dependiera de ello. La joven le acarició la cabeza con ternura.
-¿Qué hacemos ahora?- preguntó la señora Weasley.
-Tengo que llevarlo al Cuartel General, ya no es seguro aquí- dijo Harry mirando al pequeño.- Icarus puede enviar más compañía y debilitarnos con sus ataques. – Hermione sintió que Teddy le apretaba más las piernas y lo tomó en sus brazos. Por alguna razón, el pelizulino estaba inquieto y se abrazaba a ella con cierta urgencia. – Dámelo. Iré con Lochrin y buscaremos un refugio más adecuado.- ordenó el moreno.
-Pero la mansión sigue siendo un lugar seguro- refutó Hermione.
-No lo creo. Dámelo.- el rostro de Harry se frunció levemente, como si sintiera algún tipo de dolor. La castaña, sin saber por qué, experimentó un soplo de desconfianza que le entumeció la espalda. El moreno movía una de sus manos de forma incesante. Aquello le llamó tanto la atención que no dudó en ponerse a la defensiva. De repente, al observarlo bien a los ojos, reparó que no eran del verde esmeralda que tan bien le conocía. Eran azules, como dos pozos profundos de agua congelada y al instante, supo la verdad. Teddy se puso a llorar. – Entrégamelo.- volvió a decir Harry y Hermione retrocedió.
En menos de un segundo, el moreno agitó su varita con ligereza y aturdió a Andrómeda y Molly a unos metros de distancia. La castaña trató de escapar hacia las escaleras pero la puerta se cerró de un solo azote cortándole el paso. Victoire también explotó en un llanto pavoroso. Cuando Hermione se disponía a enfrentarlo empuñando su varita, la cercanía de quien no era su mejor amigo la invalidó. Trató de no soltar a Teddy en el forcejeo, retenerlo contra su pecho, pero una de sus manos se dirigió a ella por instinto reposándola a la altura de su vientre. La castaña sintió un hielo terrible, un fuego helado que la atravesó sintiendo un dolor quemante por toda la región lumbar. Ahogó un grito mientras veía en ese rostro tan familiar una tétrica sonrisa. El pequeño trato de defenderla tirando de los cabellos negros de ese extraño. No obstante, no pudo hacer nada. Hermione cayó de rodillas al suelo invadida por un frío antinatural invadiendo su carne. Sacudida por terribles convulsiones, trataba de controlar el castañeo de sus dientes y soltó al niño. De pronto, un líquido tibio comenzó a correr por entre sus piernas como un torrente incontrolable. Era sangre. Todo para ella había vuelto negro…
Entre sacudidas, Harry se repuso de un ahogo seguro después de casi una hora. Tosió con fuerza expulsando agua desde sus pulmones y respiró con suavidad debido al ardor en su garganta. A las orillas del canal, el moreno no vio más que a sus compañeros que lo miraban preocupados. Se sentó en el suelo con su ropa y cabello empapados. No pudo precisar cómo había terminado en esas condiciones hasta que los recuerdos en su mente fueron tomando su orden cronológico de manera gradual. Había Aparecido en el interior de un apartamento desconocido, luchado con un encapuchado y caído por la ventana con él hacia las aguas del canal. Se preocupó por su varita perdida pero Carmichael la había recuperado antes de que se perdiera en la corriente. Tratando de sacar el líquido de sus oídos, Harry preguntó por Icarus pero ninguno de sus colegas pudo darle una respuesta concreta. Un peso se sumó en su estómago y tragó saliva.
-¿Prewett no está aquí? ¿Cómo pudo entonces Lochrin enviarnos hasta Amsterdam sin estar seguro?
-Volvamos al Cuartel, esto me huele mal- dijo Carmichael, temblando de frío.
Al regresar a Londres, Harry irrumpió la oficina de su superior sin hallarlo. ¿Qué estaba pasando? Con su desasosiego conocido, fue hasta la chimenea sin poder comunicarse con La Madriguera. No obtuvo nada. Aquello comprimió sus entrañas. No escuchó a nadie. Atravesó la planta hacia los elevadores y llegó al Atrio sintiendo algo inusual en su pecho. El sudor helado en sus manos le pronosticaba malas noticias. Fue en ese momento que Arthur Weasley lo detuvo a mitad de camino. La mirada benevolente de aquel hombre expresaba sólo pesar y Harry creyó que sus rodillas habían perdido la fuerza. No deseaba oírlo, no aceptaba ninguna palabra que sabía resultaría negativa. Se maldijo, sin enterarse siquiera de lo que había sucedido ya se renegaba por haber sido tan iluso, arrebatado e inconsciente. Por querer obtener todo rápido había olvidado la mesura con la cual se conseguían las cosas. La única palabra que escuchó del pelirrojo fue St. Mungo y hasta allá se dirigió como alma en pena.
Los pasillos jamás habían sido tan largos, las habitaciones tan numerosas, ni las sanadoras tan burocráticas… Harry corrió, corrió y corrió hasta alcanzar la esquina que esperaba. Allí estaban Ron, Ginny, Molly, Andrómeda, pálidas como calaveras, y Fleur abrazada de Bill, con ciertas heridas frescas en su rostro. La pequeña Victoire no dejaba de sollozar en un rincón y al no ver a su ahijado, una bola de acero se depositó en cada fibra de su cuerpo. Preguntó por él pero no consiguió respuesta alguna. Las lágrimas llenaron sus ojos. Andrómeda se acercó con intenciones de abrazarlo pero Harry la detuvo con una mano alzada. Si lo tocaban se caería a pedazos irremediablemente. Sin esperarlo, Luna salió de la habitación con una sombra tal en sus ojos que hasta la volvía una desconocida. El moreno no podía encontrar el lenguaje adecuado para expresarse, ¿cómo traducir los latidos del corazón en palabras coherentes? Hermione no estaba allí, en el pasillo junto a los demás, eso era una mala señal. La mirada dolorida de su mejor amigo le explicó todo sin palabras. La rubia lo miró unos segundos cruzando sus brazos contra el pecho. Caminó restando la distancia entre ellos y Harry apretó los dientes aguantando el dolor que ya se hacía dueño de él.
-¿Qué diablos pasó, Luna?- dijo oyéndose ronco y perdido entre las notas de una voz rasgada.
-Es Hermione…
-¿Está bien?- preguntó sabiendo la respuesta con antelación. La sanadora negó con la cabeza.
-Llegó de urgencia… sufrió un daño desconocido en la zona del útero- Harry frunció el ceño. La rubia continuó- Hemos detenido el sangramiento a duras penas, pero debido a la severidad, creemos… que Hermione ha perdido la capacidad de tener hijos.- y con ello, el moreno cayó sentado en el frío piso del hospital.
