La turca dio un paso hacia adelante haciendo sonar los metales de su armadura, dándole una iré imponente a su figura ahora completamente revestida de dorado mientras su gran cosmos inundaba el gran salón. Eros de piscis continuaba con su retorcida y cínica sonrisa que enseñaba una blanquísima y perfectamente alineada dentadura que parecía burlarse mas del ímpetu de la amazona dorada.
Elnath presa de sus emociones no resistió mas y dio un salto a la velocidad de la luz abalanzándose en contra del apuesto hombre de la túnica roja quien a duras penas pudo contener la embestida de la de Tauro deteniendo sus puños con ambas manos, el choque de estos dos santos de oro provoco una terrible onda expansiva que mando a volar en todas direcciones al molesto sequito de Eros y destrozo el lujoso piso bajo sus pies formando una especie de pequeño cráter.
-Eros- Al parecer eres todo un toro!
El de piscis sonreía complacido ante la titánica fuerza de la turca mientras miraba su propio reflejo totalmente distorsionado por las curvas de la metálica careta de la amazona.
La presión que Elnath ejercía era increíble, tanto que pronto hizo hincar una rodilla al suelo a Eros mientras continuaban destrozando el suelo bajo sus pies. La turca comenzó a presionar con aun mayor fuerza naciendo hincar una segunda rodilla al caballero de los peces, claramente la de tauro era poseedora de una fuerza descomunal. Cuando parecía que la mujer estaba sometiendo al de la túnica carmesí algo sorprendente sucedió: Elnath se sorprendió golpeando al vacío hasta alcanzar el piso y destrozarlo por completo, el caballero de piscis parecía haber desaparecido bajo sus puños... sin embargo en esos brevísimos instantes la turca notó que Eros en realidad no había desaparecido: se había transformado en una brillante neblina de roció haciéndolo prácticamente intangible para sus puños.
Elnath quedo arrodillada con ambos puños clavados en el piso y a su alrededor se extendía un gran agujero producto de su devastador golpe, levantó el rostro sorprendida buscando por todos lados a su enigmático contrincante. Las gotas de rocío que flotaban en el aire rápidamente se juntaron en un punto materializando al santo de piscis completamente ileso.
-Eros- ¡Vaya! ¡pero que nivel de fuerza bruta!¡¿De verdad eres una mujer?!
La turca se levanto de un salto para nuevamente envestir al caballero de oro. Cada golpe de puño que lanzaba era completamente inútil ante el desprotegido cuerpo de Eros quien nuevamente se desvanecía en una nube de rocío, causando la frustración de la joven guerrera.
-Eros- Ciertamente eres descomunalmente fuerte, pero te falta sutileza y precisión... eres como un diamante en bruto, caballero de Tauro...
-Elnath (en sus pensamientos)- Este hombre es muy extraño, no puedo golpearlo con mis puños... es como si golpeara la lluvia...
-Eros- Has comprendido que es inútil... a pesar de que también eres un santo dorado, es claro que mi nivel es completamente diferente al tuyo.
Elnath apretò los dientes y furiosa nuevamente se lanzo en contra del elegante joven de cabellera celeste. Tomo su postura de pelea y elevando al máximo u cosmos atacó con todo su poder al altivo Eros de piscis.
-Elnath- Gran Cuerno!
El ataque de la amazona causo una enorme onda expansiva que hizo gritar a las ninfas y hadas que estaban en el salón derribándolas en el acto a pesar de estar a una buena distancia de la pelea, los muros del castillo se estremecieron y los cristales de los grandes ventanales se hicieron mil pedazos. El ataque del gran cuerno impacto directamente contra el pecho y abdomen de Eros de Piscis derribándolo en el acto y haciéndolo escupir sangre.
El orgulloso Eros se limpio la sangre que le escurría por una de las comisuras labiales usando su tùnica. Su rostro ya no mostraba una expresión cínica y burlona, ahora su hermoso rostro se había deformado en una mueca de autentica furia.
-Eros- ¡Basta de juegos!
En ese instante por primera vez el extraño cosmos del santo de piscis se alzo obscuro e imponente mientras de la nada aparecieron las piezas de su armadura dorada que se fueron insertando en cada una de las partes de su cuerpo. La imagen de Eros de Piscis completamente ataviado por su armadura era hermosamente aterradora, tal como la majestuosidad y belleza de un felino a punto de atacar a su presa, Elnath de Tauro sintió un vacío en el estomago al ver que todo este tiempo el santo de los peses se estuvo conteniendo al luchar contra ella, al ver al imponente caballero dorado inconscientemente Elnath dio un pequeño paso hacia atrás.
El caballero de piscis de un rápido movimiento lanzo un buen numero de rayos azules desde su mano derecha eran tan veloces que a duras penas Elnath logro esquivarlos, notando que se trataba de rosas... rosas azules que se habían clavado como flechas en los muros de la construcción, haciendo palidecer a la amazona por lo extraño de aquella técnica. Giro su rostro hacia Eros que continuaba avanzando lentamente hacia ella con la misma expresión macabra.
La turca se envalentonó nuevamente y se lanzò contra el hombre para golpearlo.
-Elnath-¡Gran Cuerno!
Eros recibió de lleno el ataque de la turca deteniéndolo con ambas manos para sorpresa de la amazona, ese hombre a pesar de lo delicado de su apariencia era en verdad temible.
-Eros- ¡Rosas Diabólicas Reales!
Una nueve carmesí salió disparada de la mano de Eros, Elnath con gran habilidad detuvo la nube de flores rojas destruyéndolas en el acto con sus golpes a la velocidad de la luz quedando solo un montón de pétalos y tallos al rededor de la de Tauro.
-Elnath- ¿Que demonios fue eso?
Dijo algo confundida ante la relativa facilidad con la que hizo pedazos las rosas de Eros. Alzo su rostro para ver a su contrincante quien nuevamente sonreía descaradamente como al principio de su encuentro.
La turca noto que su vista se estaba nublando y que todo su cuerpo se entumecida, pronto comenzó a sentirse mareada manteniendo a duras penas el equilibrio.
-Eros- El veneno de las rosas diabólicas reales consumirá tus 5 sentidos en pocos minutos, con solo desearlo ya estarías muerta, mujer...
La turca se mantenía en pie a duras penas sosteniéndose de sus rodillas por el intenso mareo que la azotaba, ahora no solo su vista estaba nublada sino que también veía doble y un horrendo zumbido disminuida intensamente su audición.
-Elnath- No... no puedo rendirme... no puedo morir
Dijo la chica incorporándose nuevamente y preparándose para atacar.
-Elnath- Debo regresar con mis maestros, debo proteger a Athena... No puedo morir ni haber hecho nada...Eros de Piscis, tienes un gran poder... deberías usarlo para proteger a las personas...Es un crimen que no pongas tu fuerza al servicio de la justicia y ser indiferente al dolor de los demás...
El caballero de Piscis se acerco a la de Tauro lenta y elegantemente, y al extender su brazo formo una especie de guirnalda de rosas rojas que rodearon el cuerpo de la amazona debilitándola aun mas hasta hacerla caer de rodillas.
-Eros- Hablas de justicia, de proteger a las personas... que ingenua e inocente eres Elnath de Tauro. Esas personas a las que tu quieres proteger de una guerra santa viven sus propias guerras todos los días, ellos se matan los unos a los otros, dan mas valor a los bienes materiales que a la vida humana, humillan y maltratan al débil y enaltecen al mas vil... esos seres no merecen vivir...
La de Tauro forcejeaba con las ramas que rodeaban su cuerpo, de no contar con la protección de su aradura dorada seguramente hubiera muerto desangrada por las agudas espinas que ostentaban las rosas.
-Eros- Solo los elegidos por los dioses deben de permanecer, aquellos con suficiente talento, inteligencia o fuerza serán ascendidos al olimpo y fundar una nueva era...
-Elnath- Estas demente! parece que el haber sido el juguete de Afrodita te ha idiotizado por completo!¡¿Dónde esta tu honor como caballero de oro?! ¡¿Donde esta tu orgullo?! ¡¿Acaso prefieres ser la mascota de una deidad en lugar de luchar como un verdadero hombre?!
Las agudas palabras hirieron profundamente el orgullo del altivo caballero de oro, quien no pudo contener su humillación y soltó una fuerte bofetada en el metálico rostro dorado de la amazona partiendo en mil pedazos la mascara dorada de Elnath, arrancando un grito de asombro de las míticas criaturas que eran testigos del combate de los santos de oro.
La Amazona de Tauro estaba completamente en Shock, su corazón latía violentamente casi a punto de salirse de su pecho, se sentía mas que derrotada, estaba completamente humillada y entre la espada y la pared pues aun siendo una amazona de la jerarquía de oro, Elnath de Tauro también estaba sometida a la ley de las màscaras que dictaba que si un hombre veía su rostro ella debía matarlo o amarlo...
Las lagrimas corrian como ríos desde los azules ojos de Elnath empapando sus mejillas y cuello. Eros continuaba mirándola furioso al tiempo que le propinó una poderosa patada en la cabeza a la joven turca haciendo girar su rostro hasta la altura de su hombro derecho mandando a volar lejos el casco dorado de la armadura de Tauro.
La turca cayo pecho tierra llorando amargamente mientras escurría un delgado hilo de sangre de su boca y nariz, sus manos temblaban de furia, su corazón latía desbocado y la sangre se había subido violentamente a su cabeza inundando de un gran calor a la amazona. Sin saber de donde saco fuerzas Elnath de un rápido movimiento desgarro la guirnalda de rosas diabólicas que la aprisionaba, y a pesar de disminución de su vista y el entumecimiento de su cuerpo la turca se abalanzo nuevamente a atacar al de piscis con desesperación.
El cosmos de Elnath era monstruoso y lleno de hostilidad, tanto que Eros instintivamente retrocedió un par de pasos al verla incorporarse, y sintió después de mucho tiempo lo que era el temor de enfrentar a un enemigo a su altura, el terror de iniciar una guerra de 1000 días.
La turca estaba convertida en una verdadera fiera, sus golpes eran devastadores e impresionantemente veloces, tanto que el de piscis apenas y lograba bloquearlos con bastante dificultad, sin embargo conforme los instantes pasaban los puñetazos de la de tauro se hacían cada vez mas fuertes y cada vez mas ràpidos logrando alcanzar en varias ocasiones al altivo caballero de piscis que con un ultimo golpe de la turca fue mandado a volar hasta hacerlo impactar con un muro.
El corazón de Eros latía con furia, hacia mucho tiempo que no gozaba de la excitación de una batalla, después de muchos años de hedonismo en el palacio de Afrodita nuevamente se sentía vivo, se sentía un hombre completo tras sentir el ardiente dolor de los poderosos golpes de la amazona de Tauro. Y aunque la batalla era muy pareja el Caballero de piscis ya había tomado una resolución ante la propuesta de la turca.
Cuando Elnath estaba a punto de golpear nuevamente al caballero de piscis una especie de fuerza invisible hizo caer en el piso a la guardiana del segundo templo, como si de repente su armadura dorada pesara tanto que le era imposible mantenerse en pie. Aun bajo los efectos del veneno de las rosas diabólica reales la guerrera noto como las extrañas criaturas que acompañaban a piscis se fueron arrodillando ante la presencia de una brillante figura que acabada de entrar al gran salón.
-Eros...¿ me podrías explicar que significa todo este escandalo?
Se trataba de una mujer alta de cabellos dorados y ojos azul celeste, tan blanca y perfecta como Eros de piscis, sin embargo emanaba luz propia y un aura infinita y aterradora. Esa debía de ser la mismísima Afrodita, la diosa del amor y la belleza. El caballero de piscis sonrió y extendió su mano para que la diosa bajara los destruidos escalones en un gesto de galantería pura.
-Eros- No es nada... es solo que Athena ha solicitado mi regreso al santuario.
La diosa miro molesta al santo de los peces señalando lo destruido que había dejado el gran salón de su palacio.
-Eros- Discúlpame... es solo que deseaba saber la valía de los otros caballeros de oro... mera curiosidad, ya me conoces...
-Afrodita- Entonces, ¿no conforme con destruir mi castillo piensas abandonarme?
-Eros- ¿Qué pasa? ¿Acaso no me dejarás marchar?
La diosa frunció el seño en actitud infantil
-Arodita- Jamás te he retenido por la fuerza, puedes marcharte cuando lo desees
El caballero de oro se retiro el casco dorado y miro hacia donde permanecía Elnath en cuatro patas incapaz de poder levantarse presa del impresionante cosmos de Afrodita. El rostro de Elnath era bastante hermoso, sus enormes ojos azules empapados en lagrimas brillaban como gemas contrastando con los pequeños cortes que trazaban su piel y los hilos de sangre que emanaba de su nariz y boca.
Afrodita miro por encima del hombro a la amazona de Tauro y regresó su atención a Eros que permanecía de pie sosteniendo su casco dorado en su mano derecha.
-Afrodita- Entonces... significa que le eres leal a Athena después de todo...
-Eros- Conoces que mi lealtad esta mas allá de los dioses, yo no soy siervo de nadie
La diosa se colgó del cuello de Eros plantándole un sensual beso en los labios mientras Eros colocaba su mano libre en la espalda baja de Afrodita. Una vez que se separaron la diosa aun muy pegada a la coraza dorada del de piscis prosiguió con su interrogatorio.
-Afrodita- Entonces... ¿Por que abandonas mi palacio?
-Eros- Quiero probar mi poder y mi honor... El valor de Elnath de Tauro me ha convencido de regresar al Santuario de Athena y pelear en esta guerra santa...
Dijo el de cabello azul mientras miraba a la amazona de Tauro que continuaba estupefacta observando la escena.
Afrodita aun colgada del cuerpo de Eros giro su mirada hacia Elnath de Tauro y levantando una ceja despectivamente se desprendió del hermoso caballero de piscis.
-Afrodita- Asi que Elnath de Tauro...
Eros sonrió encantadoramente mirando a la diosa que por muchos años había sido su amante para después tomar una de sus blancas manos y besarla delicadamente.
-Eros- Por favor comprende, que es algo que debo hacer...
-Afrodita- Lo comprendo perfectamente... como desde el primer día, eres libre de irte cuando lo desees...
Dijo con tono sarcástico la celosa diosa de la belleza obteniendo como respuesta otra deslumbrante sonrisa de Eros de Piscis que poco a poco avanzo entre los escombros del destruido salón, tomo en brazos Elnath y salió con la amazona de Tauro a gran velocidad lejos del palacio de Afrodita.
