Bonjour mis pequeños sobrevivientes de Raccoon City, ¿cómo han estado? Disculpen mi ausencia tan larga, pero se me habían acabado los gigas de la Internet de mi móvil y tuve que esperar a que el plan se recargara, por eso no podía actualizar. Desgraciadamente, justo cuando eso sucedió secuestraron mi celular (dos veces), ahora por fin lo tengo de regreso y con Internet (festeja bailando sobre la mesa). Pero claro que durante todo ese lapsus no estuve perdiendo el tiempo (claro que no, ¿cómo se les ocurre?) y aproveché de acabar con los últimos capítulos que nos quedan. Realmente no puedo creer que ya llegásemos al final de este fic, en verdad se me pasó volando y tengo que admitir que voy a echar de menos trabajar en él, peeeero... como ya os dije, tengo un especial de año nuevo (aunque eso ya haya sido hace un buen rato xp) que subiré mañana, así que aunque este sea el final más ''oficial'' mañana será el definitivo. Como de seguro ya notaron, este cap es bastante más largo en comparación a los otros, y es que digamos que como no tuve Internet para publicar (ni para distraerme con sandeces) me dediqué varias tardes a trabajar en él, incluso una madrugada completa; que les puedo decir, cuando la inspiración ataca ataca. Pero gracias a unos cuantos litros de jugo, varias galletas y una fotografía de Leon en tanga (?) pude acabar con este capitulo y aquí os traigo los resultados. Espero que les guste y lamento haberme alargado tanto.

MonseLuz: Perdón por la tardanza, pero ahora ya sabes por qué ha sido xp. Yo también morí de risa mientras lo escribía, digamos que necesitaba poner un toque gracioso y eso fue lo que salió. Pues este cap. también es largo (incluso más que el otro) pero ahora sí he resuelto todos los cabos sueltos... eso a menos que se me haya pasado algo. Sí, la pasé muy bien y digamos que este fic también puso algo de su magia a las festividades por aquí, espero que tu también te la hayas pasado de maravilla. Por cierto, casi lo olvido ¡Feliz año nuevo! Se me fue en el capitulo pasado, pero mejor tarde que nunca jeje. Ahora ya no te molesto más y te dejo con el capitulo. ¡Que lo disfrutes y mañana subiré el siguiente!


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Capítulo 10: Noche de Navidad

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—Genial.

—Sí.

Los tres se quedaron admirando el gran trabajo que habían hecho escondiéndolo entre las decoraciones de la terraza, ni siquiera era visible por otro lado que no fuese estando de pie bajo él, así sería mucho mejor.

Sophi extendió las manos hacia los costados y los rubios, que estaban a cada lado de la chica, las chocaron victoriosos.

—Ahora, unas buenas galletas nos esperan.


Sonrió complacida viendo cómo todo iba perfecto, era una real suerte que Leon fuera tan bueno en eso y aunque no sabía de dónde había obtenido dichas destrezas se las agradecía eternamente. El pavo estaba casi listo en el horno, así que ya por eso no tendría que preocuparse y las chicas, con mucha ayuda de Leon, se estaban encargando del resto.

— ¿Qué estás haciendo?

Claire giró para verle. El rubio tenía las manos en las caderas y miraba con una ceja alzada la botella de aceite y la cuchara que la Redfield sostenía.

—Em… ¿aderezo la ensalada?

Su pregunta tentativa le quitó un pesado suspiro al agente quien comenzó a acercarse a ella.

—Así no tiene gracia.

— ¿Cómo que no tiene gracia? ¿Acaso una ensalada debe contarte chistes?

Se colocó detrás de ella y le cogió las muñecas, obligándola a dejar la cuchara a un lado y a que se quedara solo con la botella.

—No me refiero a eso. Si no le pones un toque de pasión a lo que haces no tendría ninguna gracia, esa siempre es la clave. Sólo… déjate llevar.

Guió sus manos con delicadeza logrando que la botella fuese rociando la ensalada a su paso, con movimientos que no precisaban exactamente un patrón.

—Así es como se hace.

Claire rió dejando a un lado la botella y Leon aflojó su agarre, pero sin cambiar de posición.

—Y ahora tendremos un rico plato alto en colesterol.

— ¡Oye! Es saludable, ¿ok? Además, la Claire que conozco no se queja por eso.

El rubio le dio un rápido beso en la mejilla, algo casi imperceptible, y luego se giró hacia la encimera que tenía a sus espaldas para coger una fuente con tomates cherry. Rebecca, quien les había estado viendo hace un rato sin que ellos lo notaran, se dio cuenta del gesto y se volteó ligeramente avergonzada pero con una enorme sonrisa en el rostro, casi aguantando la emoción de lo que acababa de ver.

— ¿Qué bicho te picó Becky?

Jill le miró sin entender mucho, la castaña solo negó efusivamente con la cabeza mientras intentaba borrar aquel gesto de su rostro, pero sin lograrlo.

—Nada, no es nada.

—Ten, coloca estos, así tal vez compenses el ''colesterol'' que le hemos puesto.

Leon le extendió la fuente y ambos comenzaron a decorar con los pequeños frutos rojos. Jill sonrió al verlos, era tan evidente lo que pasaba entre ellos dos que llegaba a ser gracioso que ellos mismo no se dieran cuenta de aquello.

En la cocina siempre se forman lazos que duran…


—Rayos, debí asegurarme bien de la dirección…

La castaña miró para todos lados sin saber muy bien hacia dónde cortar, tal vez había olvidado ese pequeño detalle con respecto al número de la casa. Sabía que estaba en esa calle, de eso estaba segura, pero no sabía cuál de todas era. Si mal no recordaba le había escuchado a Leon decir que la casa era de un suave tono crema… ¿o era verde? Helena se encogió de hombros, daba igual. Se aseguró de que no viniese ningún automóvil y cruzó la calle, en la otra acera había una casa más o menos de un color claro, podría probar con esa.

Se aprontó a tocar la puerta pero se detuvo al ver que las llaves estaban puestas. Vaya que eran despistados por dejarlas ahí, tal vez las olvidaron luego de salir a comprar algo, así que sería mejor si se las devolvía. Giró el manojo metálico y abrió la puerta con una sonrisa.

—Chicos, a que no adivinan qué encontré en la…

Mierda.

En la sala había un par de ancianitos sentados en el sofá viendo la televisión y apenas vieron a la extraña entrar le miraron con una cara de sorpresa. La castaña intentó mantener la compostura y se adentró ligeramente.

—Lamento la interrupción, es solo que… yo. Encontré las llaves puestas.

Mencionó colocándolas sobre una pequeña mesa que había cerca.

—Les prometo que no volverá a suceder. Ahora si me disculpan, debo estar en otro lugar.

Los ancianos seguían mirándole sin entender muy bien la situación, mientras que la chica, con la mejor sonrisa que consiguió poner entre los nervios, salió del lugar a toda prisa cerrando la puerta tras de sí.

Genial, ahora eres una allanadora de propiedades. Solo espero que nadie se entere de esto. A ver si te decides por usar la cabeza y llamas a Leon.


El chico tomó el dinero con una sonrisa y lo metió dentro de su billetera orgulloso, restregándole su victoria al rubio.

—Ah, por eso me encanta apostar contigo, Dereck.

El aludido hizo una mueca con la que solo consiguió que su amigo riera aún más fuerte.

— ¿A dónde va capitán? Pensé que quería una revancha.

Mencionó Piers quitándose la correa de la guitarra y colocando el instrumento de juguete sobre la mesa. El castaño que ya estaba parado en el marco de la puerta volteó hacia ellos y le dedicó una sonrisa maniática.

—Solo voy a hacer valer mi derecho como hermano mayor.

Sin decir más abandonó la sala provocando un escalofrío en el de ojos miel. Jake sonrió acomodándose más en su sitio; al parecer, esto se iba a poner interesante.


— ¡Listo!

Entre Jill y Emily acababan de decorar un pastel de fresas que habían horneado, siguiendo las muy claras instrucciones del rubio; el tipo bien podía ser un chef profesional o tal vez trabajaba en un restaurante por las noches, quién sabe. Viniendo de él podían esperar cualquier cosa.

—Que extraño. ¿Acaso Sherry no piensa llegar?

La pelirroja le dio un vistazo al reloj colgado en una de las paredes de la cocina, a esa hora ella ya debería de estar ahí.

—Pero Jake estaba en la sala con el resto. — el agente le miró sin entender.

—Está arriba dándose una ducha. Digamos que fue un ''pequeño accidente'' con la licuadora.

Los otros dos se quedaron fijos viendo a Jill quien solo se encogió de hombros.

—No fue solo mi culpa.

Se defendió antes de que sus miradas inquisitivas encontraran otra respuesta. Claire negó con la cabeza encaminándose hasta la puerta.

—Iré con ella. Tal vez necesite algo. — mencionó recordando su llamada telefónica.

—Puede que su ropa ya esté lista, la metí a la lavadora. ¿Te importaría llevársela de paso?

Su cuñada le hizo un gesto con la mano mientras se alejaba. Realmente esperaba que el vestido de la rubia no terminase con manchas o encogido, de otro modo sí que estaría en problemas.


Se encargó de ajustar el volumen de los parlantes y también la regulación de la calefacción, si tenía suerte eso los llevaría a caer directo en la trampa… eso o alguien más lo haría, solo esperaba no dejar a las personas equivocadas en el lugar equivocado. Tal vez debería encargarse de que Piers no saliera ni siquiera por error.


Llamó a la puerta un par de veces y no recibió respuesta, así que aprovechando que no tenía puesto el seguro se decidió a entrar. A simple vista la habitación parecía estar vacía y de no ser por el sonido de la secadora de cabello proveniente del baño realmente lo habría creído así. Se encaminó hasta la otra puerta y golpeó, pero muy de seguro no fue escuchada por el sonido del aparato, por lo que no le quedó más remedio que llamar por sobre el ruido.

— ¡Sherry, cariño, soy Claire!

Al instante se apagó la secadora y escuchó como la rubia del otro lado quitaba el portillo. No tuvo ni siquiera el tiempo suficiente para retroceder cuando la puerta se abrió y la chica saltó fuera para abrazarle.

— ¡Claire! Por fin llegas. Por cierto, te ves muy bonita. — señaló mirándola de pies a cabeza.

—Gracias.

Los ojos de la menor volvieron a centellar y su entusiasmo volvió a tomar el control sobre ella.

— ¡Oh, cierto! Realmente tengo que enseñártelo, solo aguarda y lo traeré.

— ¡Espera!

Claire alcanzó a detenerla justo antes de que cruzara el umbral de la puerta y la jaló de regreso adentro.

—Dudo que quieras salir así.

Mencionó señalando la toalla en la que estaba envuelta. Las mejillas de Sherry se tiñeron ligeramente tras darse cuenta de que no estaba vestida en condiciones, especialmente porque estuvo a punto de bajar las escaleras que pasaban justo por al lado de la sala en la que se encontraban los chicos.

—Creo que esto es tuyo.

La Redfield le entregó el vestido y la menor lo cogió un poco más calmada.

—Gracias.

Aunque claramente fue algo que no duró demasiado.

—Me cambiaré y luego iré a buscarlo. ¡No tardo!

Escuchó el portazo tras verla perderse a toda prisa, ella solo negó con la cabeza y se volteó a la habitación. Le gustaba el color celeste del cubrecama y la bonita y prolija forma en la que estaba decorada la habitación, seguramente todo obra de Jill. Recorrió tranquila el cuarto hasta llegar a la cajonera donde vio de pie un par de cuadros y no pudo evitar sonreír cuando reconoció las fotografías. La primera era de Chris y Jill junto a su equipo, cuando pertenecían al cuerpo de STARS, aquello le recordó los viejos tiempos en los que solía visitarlo a la ciudad y todos los bonitos recuerdos que tenían. En la segunda estaba ella y su hermano, el castaño estaba tras suyo apoyado en sus hombros y ambos sonreían con los ojos cerrados a la cámara haciendo el símbolo de paz; le encantaba esa foto. La última era del día en el que finalmente ella y Jill se conocieron, realmente tenía un recuerdo muy vívido de ese día. Chris se encontraba en medio de ellas sujetándolas por la cintura, los tres se veían alegres y las sonrisas grabadas en sus rostros le transmitieron una agradable sensación; de todas, estaba segura de que esa era su favorita.

Escuchó la puerta del baño abrirse y colocó de regreso el cuadro en el mueble, cuando volteó vio como Sherry ya estaba abriendo la puerta que daba al pasillo.

— ¡Voy por él!


Con el destornillador en mano la volteó y se acomodó en el suelo. Se aseguró de dar otro rápido vistazo alrededor para verificar que aún seguía solo, por suerte así era; los chicos seguían jugando en la otra sala y podía escuchar a las chicas en la cocina, además, estaba en una posición tan buena que, aunque él pudiese verlas, ellas no así lo harían.

Je je je. Esto va a ser perfecto y lo mejor de todo es que jamás lo verá venir.


Como Leon no la había dejado hacer demasiado mientras no estuviese bajo su supervisión, se decidió por lavar el desastre que iban dejando, pero cuando escuchó que la pelirroja había salido de la habitación notó cómo un extraño silencio se había apoderado del lugar y no pudo hacer más que cerrar el grifo y voltear por la curiosidad. El chico de los cabellos cenizos estaba haciendo algo en una fuente dándole la espalda al resto, mientras que Jill y Rebecca parecían mandarse mensajitos en secreto. Notó que Jill le había dicho algo a la bioquímica, modulando sin emitir sonidos una cosa que no entendió muy bien; su receptor se encogió de hombros y ambas le dieron una mirada a Leon. Emily abrió los ojos con sorpresa, ¿acaso ese par en serio pensaba aprovechar la ocasión e interrogar al ojizarco? Tenía que detenerlas antes de que cometieran una locura.

Su pantalón vibró y soltó un suave sonido haciendo que dejara aquello de lado y que también se detuvieran sus acosadoras. Sacó el aparato y vio la llamada entrante.

—Vuelvo al rato. Por favor, no quemen nada.

Suplicó antes de salir de la cocina marcando la opción de contestar.

—Helena…

Emily se acercó al par que lo veía con una autentica cara de decepción marcharse y les pasó un brazo amistoso por los hombros a ambas.

—Ustedes sí que están locas.


— ¡Ey! ¿qué tal? Pensé que ya estarías aquí.

¿Podrías decirme dónde mierda están? Ni siquiera estoy segura a estas alturas de si me encuentro en la calle correcta y dudo que ir entrando a casas por ahí me ayude mucho.

Le escuchó decir con cierto fastidio que le robó una sonrisa.

— ¿Entrar a casas? Qué hiciste.

No importa, luego te cuento. ¿Podrías darme la bendita dirección de una vez?

Sabía que se estaba fastidiando, así que soltó una pequeña risita decidiendo que seguiría molestándola cuando llegara.

—Aguarda, ya te la envío.

Gracias.

Tecleó rápido un mensaje y adjuntó a él la imagen de un mapa, así no habría forma de que la chica se perdiera… bueno, mejor dicho ''de que siguiera perdida''. Apretó el botón de enviar y en cosa de segundos le respondió de regreso.

Te debo una.

—Luego acordamos.

Guardó el aparato y se dispuso a volver a la cocina, pero un extraño ruido llamó su atención haciéndolo girar. Vio a Chris unos metros más allá dándole la espalda y alejándose de puntillas, como si quisiera que él no le viera.

— ¿Chris?

El mencionado se quedó inmóvil en su posición bajo la extraña mirada de Leon, hasta que finalmente decidió voltearse colocando la mejor de sus sonrisas.

— ¡Leon! Tanto sin verte.

— ¿Cómo una hora? ¿Qué haces ahí?

Preguntó arqueando una ceja ante el extraño comportamiento del castaño.

— ¿Yo? Pff, nada. Solo vine a ver si Jill necesitaba ayuda.

Mencionó señalando a sus espaldas con el pulgar. Sí, definitivamente estaba ocultando algo.

—La cocina está del otro lado.

La sonrisa de Chris desapareció tras notar que la cocina estaba verdaderamente a las espaldas del rubio, en ese momento se golpeó mentalmente.

—Claro que lo sé; vivo aquí. Y es justo hacia donde me dirigía.

Le restó importancia a su pequeña conversación y siguió de largo. El de cabellos cenizos se quedó observándolo sin entender muy bien, pero sí había una cosa de la que podía estar completamente seguro: se traía algo entre manos.


Claire lo miró enternecida, casi queriendo estrujar a su pequeña por lo adorable que era. Sus ojos azules seguían mirándola con impaciencia mientras ella mantenía entre sus manos la suave prenda, tocándola como si quisiera descubrir la magia tras la textura de sus hilos. Giró para finalmente verle, entre ese tortuoso silencio que había estado matando expectante a la menor y le dedicó una sonrisa, como aquellas que le había dado hace mucho tiempo, en un lugar que se había vuelto un simple nombre fantasma entre sus recuerdos, y una gota de aquella misma tranquilidad que le infundía le devolvió la calma al rostro.

—Es precioso, Sherry. Te aseguro que le gustará.

La chica le sonrió también, y entre su eterno agradecimiento y amor pudo hacer lo único que podía: abrazarla de la forma más sincera.


La cocina se veía realmente radiante, miles de cosas se repartían por todos lados, platillos que con solo verlos le abrieron el apetito y ya ni hablar del olor. Pero lo que más le llamó la atención fue la pequeña pila de pastelillos cubiertos con azúcar, la boca se le hizo agua al instante y su estómago soltó un pequeño rugido. Dio una rápida mirada por la cocina, el trío de chicas estaba del otro lado de la isla y de espaldas a él, lo más seguro es que ni siquiera se hubieran percatado de su presencia así que dudaba que notaran demasiado si una de esas esponjosidades desaparecía. Sonrió zorrunamente y cogió un pastelillo que engulló a toda velocidad, justo antes de que Leon entrara.

— ¿Qué estás haciendo?

Mencionó de forma pausada dándole un escalofrío. El trío se volteó con un ligero sobresalto creyendo que ya habían echado algo a perder, pero esta vez no se trataba de ellas. Chris tragó sonoramente y se volteó; era la segunda vez en menos de cinco minutos que lo atrapaba.

—Nada.

— ¿Te estás comiendo los pastelillos?

— ¡Claro que no!

Intentó defenderse, pero Jill, que en algún momento había llegado hasta ellos, le tomó del hombro y lo obligó a girarse para verla.

—Entonces, ¿qué es eso en tu boca?

Pasó un dedo por la comisura de su labio y le enseño el polvo blanco que le había quitado.

—Um… Eh… Cocaína.

Jill entrecerró los ojos y Leon echó a reír.

—Cocaína mis calzones. ¿Crees que soy idiota?

La castaña le dio un fuerte pellizco en el brazo que le sacó más risas al rubio.

— ¡Auch!

— ¡Sal de aquí y dile a los chicos que ya está listo!

—Como digas, amor.

Mencionó sobándose el brazo adolorido. Cuando dio la vuelta para salir notó como Leon lo miraba con una sonrisa burlona.

—Macabeo. Ajam. — soltó aclarándose la garganta.

—Cállate.

Luego de un, para nada sutil golpe al rubio, salió del lugar.


Ya se había encargado de avisarle a los chicos y, aunque con el dolor de su corazón tuvo que desconectarles la consola en medio de una partida, lo hizo, sin importarle demasiado las miradas de odio que se ganó luego; prefería aquello antes que otro reproche de Jill. Ahora solo le quedaba esperar a que todos llegaran y así podría poner su infalible plan en marcha, mientras se mantuviese atento era algo que no podía fallar.

No hubo que aguardar mucho para ver aparecer por la puerta a los tres chicos que acababan de ser sacados de una emocionante partida de Mortal Kombat. Dereck y Billy venían discutiendo por quién de los dos habría ganado la partida si hubiesen logrado acabarla, mientras que Jake solo se reía de ellos en silencio. Chris supuso que realmente eso era algo que nadie jamás descubriría.

— ¿Cuál es el puesto de Claire?

Leon acababa de salir de la cocina y miraba con curiosidad al castaño a la espera de su respuesta, Chris alzó una ceja con una evidente pisca de molestia en el rostro.

— ¿Quieres sentarte con ella?

Desde atrás se escuchó el claro ''Uh'' de los chicos que animaba a una pelea, pero que el par decidió ignorar por el bien de todos.

—Tal vez… Solo dime dónde se sienta, me pidió hace un rato que trajera esto.

Levantó en alto un vaso de cristal que tenía el dibujo de una chica montando en motocicleta en la ciudad de Paris, algo bastante lindo y que había tomado por sorpresa al agente. Ese era el vaso favorito de su hermana y le había extrañado no verlo sobre la mesa; suspiró y le indicó el segundo puesto al lado de la cabecera, ese era el lugar por el que la chica sentía una extraña atracción cada vez que se sentaban a comer ahí. Leon hizo el cambio de vasos y cuando realizó el ademán de irse notó algo extraño por el rabillo del ojo y Chris le miró curioso.

— ¿Sucede algo?

Él negó con la cabeza volviendo a mirarlo.

—No. Nada.

Así que de eso va todo.


— ¿Crees que deberíamos llevarlos ya?

Preguntó Jill al ver entrar al rubio, este miró las cosas servidas sin prestarle real atención mientras metía de regreso el vaso en uno de los gabinetes.

—Sí, pero…

Le dio una mirada al reloj mostrándose un tanto intranquilo y Jill entendió al instante lo que sucedía.

— ¿Por qué no le llamas para saber dónde viene? Si está muy lejos podríamos ir a buscarla.

Habló refiriéndose a la compañera de Leon, este asintió dándole la razón y sacó su móvil, pero cuando estuvo a punto de marcar sonó el timbre haciendo que el rubio sonriera.

—Creo que ya no será necesario. Avísenle a Claire y Sherry que ya está listo, volveré para ayudarles.

Valentine asintió con una sonrisa y Leon salió corriendo.

Dio un vistazo a todo lo que había y suspiró con algo de cansancio, tenían muchas cosas que llevar.


—Ya creía que tendría que enviar un helicóptero para rescatarte.

Mencionó abrazando a la castaña. La chica le correspondió con fuerza, no sabía lo mucho que le alegraba estar ahí finalmente, al menos luego de haber vagado un buen rato.

—Pues debiste hacerlo.

Los dos rieron mientras se adentraban al recibidor. Leon recibió la chaqueta de la chica, esta tenía una ligera película de nieve encima.

—Al parecer tendremos una buena nevada.

— ¿Qué te hace pensar eso?

Leon sonrió y le pasó un brazo amistoso por los hombros.

—Vamos adentro, podrás calentarte un poco, además, la comida ya está lista.

—Mmm, eso suena muy bien. Por cierto, Ingrid te envía esto.

Mencionó entregándole el paquete que traía consigo.

—Gracias. Me pregunto qué será.

La castaña se encogió de hombros.

—No lo sé, dijo que era algo que podrías querer y había algo que realmente querías.

Así que lo consiguió…


—Amor, ¿te importaría avisarle a Claire y Sherry que ya está listo? Están arriba.

Señaló Jill asomándose un poco desde la cocina para hablarle a Chris, el castaño asintió complaciente.

—Claro, cariño. ¡Claire, Sherry, bajen! ¡Ya está listo!

Su novia le miró con los ojos entrecerrados.

—Si era por gritarles para eso lo hacía yo misma.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

Mencionó entre una sonrisa, una que se borró muy rápido cuando la castaña le revoleó un tenedor por la cabeza.

— ¡Oigan! ¿Qué están haciendo?

Leon acababa de aparecer y pasó a centímetros del tenedor, al menos siempre corría con suerte, una muy extraña pero suerte al fin y al cabo.

—Dejen de hacer desastre y siéntense de una buena vez.

El rubio arrastró a Helena con él hasta la puerta de la cocina y las bandejas y platos comenzaron a aparecer. Los chicos por su parte tomaron asiento, todos donde solían hacerlo siempre, esa no era la primera vez que celebraban algo grande en la casa del Redfield. Incluso los niños aparecieron corriendo entre risas a tomar lugar en la mesa. Finalmente aparecieron las chicas con las cosas acompañadas por Leon, el delicioso aroma del pavo se dispersó por toda la sala, haciéndose aún más fuerte que antes y el apetito de todos pareció abrirse en ese instante. Colocaron los platos sobre la mesa y los chicos comenzaron a aplaudir sorprendidos, eso se veía realmente fabuloso.

—Vaya, esta vez sí que hicieron magia. ¿Así que por eso no quisieron que nos acercáramos a la cocina, no?

Preguntó Billy recorriendo con la mirada la diversidad de platos.

—Pues… digamos que Leon…

—Yo solo fui a mirar, ellas hicieron el resto.

Mencionó guiñándole un ojo a las chicas, al parecer, ese sería su secreto. Otro día se encargaría de darles más clases de cocina. Claire y Sherry bajaron desde la escalera y aunque quisieron ayudar, ya habían puesto los platos en la mesa, así que Leon solo les hizo un gesto de que se sentaran. Como siempre, Claire escogió su asiento favorito en donde se encontraba el vaso que el rubio había colocado y Sherry se sentó tres asientos más allá para quedar al lado del pelirrojo, Helena se sentó a su lado y quedaron tres asientos vacíos. Leon dejó el último plato y se dio la vuelta para tomar su asiento, Claire le había hecho una sutil seña para que tomara uno al lado suyo, entre ella y Chris. Fue a tomar la silla pero en ese momento Piers apareció, al parecer estaba en el baño y nadie se había percatado de su ausencia.

—Chris, ¿te importaría ir por una botella de jugo? Olvidé traerla y ni yo ni los niños podemos tomar champagne.

Mencionó haciéndole un gesto. El castaño se levantó para encaminarse a la cocina con una sonrisa mientras Jill le veía alejarse. Por otro lado Piers se quedó de pie mirando los tres puestos vacíos, Leon aún no tomaba asiento y se percató de que el menor miraba el asiento que estaba sosteniendo, el que quedaba justo al lado de Chris, así que sonrió y le dio paso al chico de ojos miel.

—Adelante, yo me sentaré del otro lado.

Créeme que no tengo nada contra ti, pero no caeré en su juego.

—Jill…

El susurro de Emily le hizo girar hasta el otro extremo de la mesa. La chica señaló rápido a Chris y luego a Sherry, intentaba explicarle algo que Valentine no entendió para nada.

—La licuadora…

De pronto se percató de ello. Si bien habían lavado los platos y demás utensilios que habían usado, nadie se había dado tiempo para arreglar el desastre que habían dejado con la licuadora… y la ensalada incendiaria. Se levantó rápido y corrió para detener a Chris.

— ¡No! Eh… yo iré por él. ¿Qué tal si tu sirves el pavo?

No entendió muy bien el repentino cambio de parecer, pero aceptó sin darle más vueltas al asunto. La chica corrió rápido a la cocina y él se dio la vuelta para volver a la mesa, justo para ver como Piers se sentaba en la silla que estaba destinada para Leon.

— ¡Espera, no te…

Demasiado tarde. El chico se había sentado y al instante las patas de la silla se abrieron y el muchacho calló con todo y silla al suelo.

—… sientes.

Chris había desatornillado las patas esperando a que Leon se sentara en ella, pero desgraciadamente no había contado con que Piers quisiera justo hoy tomar ese asiento. Grandioso, pero lo peor de todo es que la silla no era la única broma que le tenía planeada…

Leon intentaba contener la risa mientras Claire a su lado ayudaba a que el chico se levantara, pero cuando estuvo de pie ya no pudo evitarlo y echo a reír junto con todos los que estaban sentados de ese lado de la mesa, incluso Claire.

— ¿Qué? ¿Qué tengo?

Preguntó volteándose. El pobre tenía una gran mancha roja en el pantalón, justo en el trasero, y aunque sabían que solo era pintura no podían negar que eso era gracioso. Chris había puesto plasticola de color bajo la silla, de ese modo cuando esta cediera, Leon caería sobre la pintura, pero el rubio estaba intacto en su sitio y el pobre de Piers había pagado su venganza. No le quedó más de otra que ir arriba y prestarle un par de pantalones al chico y aunque le quedaban un poco holgados, el muchacho realmente no se quejaba. Cuando por fin estuvieron todos sentados a la mesa decidieron hacer un brindis que Chris llevó a cabo, por supuesto, todo idea de una entusiasta Sherry.

—Entonces, ¿Por qué brindamos?

Preguntó Claire con una sonrisa alzando su copa de champagne junto con los demás, su hermano le dio una tierna mirada y se dirigió primero a ella.

—Por esto, por nosotros, por la familia que somos. — alzó la vista para ver a todos. —Brindo porque nuestra amistad jamás se rompa, sin importar lo que pase, las discusiones, las peleas — mencionó mirando a Leon de reojo quien le devolvió una sonrisa. — los buenos y los malos momentos. Por los lazos que hemos formado. Porque sin ustedes, la lucha que llevamos no tendría ningún sentido…

— ¡Salud!

Todos aceptaron el brindis con más que una sonrisa para luego dar un pequeño sorbo a sus copas, pero Chris aún seguía de pie y al parecer, tenía algo más que decir.

—Ahora, hay algo que Jill y yo queremos contarles.

Todos miraron a la aludida haciendo que sus mejillas se tintaran ligeramente.

—Claire Redfield… vas a ser tía.

Los ojos de Claire se abrieron de par en par al escuchar aquella noticia, de pronto reparó en la copa con jugo que Jill sostenía y los engranajes parecieron encajar; sin poder resistirlo más se levantó de un salto y corrió para abrazar a la castaña. La noticia causó más que entusiasmo en la mesa y todos felicitaron a la pareja. Desde su asiento Leon veía con alegría cómo Claire parecía estrujar a su hermano con el abrazo tan efusivo que le daba, al parecer finalmente la pelirroja se había salido con la suya y estaba muy feliz por ella y en especial por la pareja.

El resto de la cena transcurrió tranquila… o al menos sin más trampas o noticias tan inesperadas. La comida sacó más de un halago hacia las chicas, puesto que todos la habían disfrutado, incluso los gemelos habían tenido espacio para todo pese a haberse comido el soborno de galletas de Sophi. La comida terminó cerca de las doce de la noche, un poco más de media hora era todo lo que los separaba de poder abrir finalmente los tan ansiados regalos. Habían retirado ya todo de la mesa y aguardaban en la sala y para hacer más amena la espera habían colocado música para divertirse un rato y de paso, para evitar que los niños se quedaran dormidos todavía. Claire miraba divertida como Chris bailaba con su pequeña Sherry en medio, entre aplausos y risas de los demás y, aunque realmente se estaba divirtiendo, sintió la necesidad de salir un rato a la terraza a tomar un poco de aire. Claro que no se dio cuenta de que alguien había notado dicha acción y le había seguido en silencio.

— ¿Ya te aburriste de nosotros?

Preguntó Leon apareciendo con una sonrisa ladina en el rostro. Claire rió mientras el chico se abría paso para colocarse junto a ella en la barandilla.

—El calor estaba un poco sofocante y la música un tanto alta para mi gusto.

—Podías bajar el volumen.

Señaló Leon en un tono obvio mientras miraba como los copos de nieve caían desde lo alto del cielo.

—Aún así quería salir.

—Sabes, realmente no creí que te fueras a salir con la tuya.

Mencionó mirándola divertido.

—No eres el único que está sorprendido, yo tampoco esperaba que dijera eso.

Jugueteó un poco con sus dedos recordando lo sucedido en el brindis. El chico a su lado se acercó un poco más tratando de buscar su mirada.

—Parece que se cumplió el deseo de tu carta a Santa.

Ella finalmente le miró a los ojos.

—Aunque eso no es lo único que estaba en mi carta. Pero al menos he conseguido algo. — sonrió.

—Así que ahora serás ''la tía Claire'' Solo espero que el bebé no se parezca a Chris, sino, pobre niño.

Mencionó con falsa tristeza, ella se rió un poco y luego le dio un suave codazo.

—No digas eso, mi hermano no es tan feo.

— ¿''Tan''? Pensé que lo defenderías mejor.

Ambos echaron a reír a costa del pobre castaño, al menos no estaba ahí para regañarlos. Leon no pudo evitar quedarse viéndola mientras reía, realmente se veía preciosa esa noche y mucho más con aquella sonrisa en el rostro, aunque claro, ella siempre se veía linda. Muy dentro sintió cómo algo pareció moverse y un extraño cosquilleo le recorrió la piel, hace unos días atrás habría dicho que era por el frío del invierno, pero luego de haber estado conviviendo con ella el último tiempo en su casa podía afirmar que no se trataba de eso, más bien era ella la causante de que se sintiera tan extraño. Y es que desde que ella le invitó a quedarse hace diez días atrás se dio cuenta de algo que ni siquiera él sabía, algo que ahora lo mantenía preso y que incluso le había tomado por sorpresa; los constantes piquetes en las manos cuando caminaban juntos, la extraña sensación en el estómago cuando la tenía cerca, las constantes ganas de querer hacerla reír, desear verla sonreír. Las ansias de buscar su mirada deseando perderse en sus ojos. Simplemente no sabía cómo explicarlo; lo que sentía a su lado era lo que había hecho que su vida recobrara el sentido que había perdido y esos diez días que había pasado con ella se lo habían demostrado, habían aclarado las dudas que durante tanto tiempo llevó consigo y habían conseguido que el nombre de ese fantasma que le acosaba en sus sueños desapareciera haciendo que sus desvelos comenzaran a llevar otro nombre.

Ahora lo entiendo, esto es a lo que llaman amor.

—Claire.

Sus palabras pronunciando su nombre hicieron que la chica girara buscando su mirada. No pudo evitar perderse en el brillo de sus ojos cuando finalmente dieron con los suyos y es que esa mujer realmente tenía algo que le hacía perder la cabeza.

—Claire, yo…

El suave viento invernal removió sus cabellos y el tintineo de unos cascabeles se dejó escuchar por sobre sus cabezas. Miró hacia arriba y sus ojos se abrieron con sorpresa para luego hacer que una sonrisa apareciera en su rostro, Claire también subió la vista buscando lo que él había encontrado y descubrió la pequeña trampa oculta en lo alto del techo.

Así que todo un día escapando de esto y finalmente vienes y te paras por voluntad propia justo bajo él.

Buscó la mirada de Leon otra vez, el chico estaba riendo mientras negaba suavemente con la cabeza, no estaba segura de qué era lo que le causaba gracia, pero una sonrisa también escapó de sus labios. Finalmente le miró a los ojos sin apartar la sonrisa de su rostro y le miró inquisitivo, ella se sonrojó tras notar lo que el rubio estaba tratando de decirle.

Así que me das la decisión a mí…

—Sabes que jamás haría nada sin tu consentimiento, pero si te soy sincero, no me gusta romper las tradiciones.

Susurró acercándose un poco más a ella. Claire le miró hesitando unos segundos y luego dejó ir un suave suspiro.

—Pues... No es la tradición la que me importa, sino saber si la persona de la que estoy enamorada siente lo mismo por mí…

Mencionó mirándolo fijo a los ojos, con un sonrojo que bien hacía competencia con el color de su cabello. Sus palabras habían tomado por sorpresa a Leon, realmente el sentía algo por ella y lo había sabido desde hace mucho tiempo, pero no fue hasta hace poco que finalmente pudo definir de qué se trataba. Unos días atrás, cuando estuvieron en el parque con Sophi y la niña puso el muérdago sobre sus cabezas, él realmente había deseado besarla, pero el miedo lo había hecho retroceder, miedo a que ella lo rechazara, miedo a que destrozara sus ilusiones. Ya había sufrido bastante por mendigar amor tras una mujer que jamás se interesó verdaderamente por él y no quería que con Claire fuese lo mismo, en verdad estaba enamorado de ella. Pero ahora le estaba dejando en claro lo que sentía por él y ya no le quedaban motivos para dudar más.

Se acercó aún más a ella hasta el punto en que podía sentir su cálida respiración chocar contra su rostro y le acarició una mejilla con la mano.

—Entonces dejemos a un lado las tradiciones…

Mencionó en un susurro rozando sus labios. Finalmente acabó con la maldita distancia y se apoderó de sus boca para besarla. Al principio no fue más que un simple apretón pero luego se convirtió en el beso que ambos habían estado todo ese tiempo deseando en secreto. Era un beso cálido y que rápidamente encendió las emociones de los dos, aún pese a todo lo que habían luchado por esconderlas, eso ahora era algo que realmente no importaba. Leon le daba mordiscos sensuales a sus labios, explorando la boca de Claire con su lengua, deleitándose con el dulce sabor de sus labios que ni siquiera en la más loca de sus fantasías habría podido sentir.

Desde adentro Jill, Rebecca y Sherry celebraban viéndolos a través del cristal del ventanal, incluso Chris les había visto y tras una pequeña pelea consigo mismo decidió no intervenir esta vez, no cuando ya sabía del pequeño secreto y porque veía a su hermana tan feliz.

—Te amo, Claire.

Susurró entre sus labios mientras recuperaba el aliento, ella le regaló una sonrisa sintiendo cómo la sujetaba de la cintura para apegarla más a su cuerpo. No podía creer lo afortunada que era y la suerte que tenía, todo lo que había puesto en su lista de Navidad se había cumplido, todas y cada una de las cosas que pidió.

—Yo también te amo.

Volvieron a buscar los labios del otro, pero antes de que consiguieran profundizar el beso se escucharon las campanas que indicaban la media noche. Escucharon el griterío de los niños adentro acompañado de un ligero alboroto, incluso un grito de Sherry se filtró por ahí; se separaron ligeramente dejando que sus frentes chocaran y se quedaron mirando unos segundos.

— ¿Te importa si soy el primero en darte tu regalo?

Preguntó con una sonrisa seductora a la que Claire no se pudo resistir, ella negó con la cabeza mientras él sacaba un pequeño paquetito de entre su ropa que luego le entregó.

—Ábrelo.

La chica lo desenvolvió mientras él le abrazaba por la cintura. Sus ojos voltearon a verle con sorpresa tras descubrir lo que era: dos pasajes de avión con destino a Paris.

—Quiero que vengas conmigo.

Susurró en voz baja dándole un suave beso en el cuello, la chica se quedó viéndolos sorprendida y luego se volteó entre sus brazos para quedar frente a él.

—Pero, ¿qué pasará con mi trabajo? No puedo desaparecer así como así.

—Hunnigan me ayudó con eso y ya no tienes de qué preocuparte, consiguió que te dejaran libre por esos días. Son solo dos semanas, no fue muy difícil.

— ¿Y mi casa?

—Sherry puede cuidar de ella.

— ¿Y quién cuidará de Sherry?

Preguntó divertida mientras él le daba un beso en la punta de la nariz.

—Ella puede cuidarse sola, además, Jake puede ayudar en eso también.

— ¿Y Chris?

—Él tiene asuntos más importantes que atender ahora, la noticia de ser padre lo mantendrá ocupado por un largo tiempo.

Claire se rió sin poder evitarlo, realmente había pensado en todo.

—Así que ya tenías la respuesta a todas mis preguntas. ¿Hay alguna que no sepas?

—Si vas a aceptar o no.

Soltó para luego volver a besarla, al parecer comenzaba a hacerse adicto a sus besos.

—Está bien, iré contigo. — dijo cuando rompieron el beso. —Pero con una condición: que tú le digas a Chris por qué desapareceremos.

—No hay problema, podemos llamarlo desde el aeropuerto.

Claire negó con la cabeza para luego volver a besarlo.

— Hey, par de tortolos. Entren antes de que cojan un resfriado, ya es hora de abrir los regalos.

Jill les miraba divertida desde la puerta, ambos le vieron sin siquiera soltarse y echaron a reír.

—Supongo que podemos seguir con esto más tarde, después de todo igual quiero mis regalos.

Mencionó Claire guiñándole un ojo, Leon aceptó la indirecta y luego de darle un rápido beso le tomó la mano y ambos volvieron adentro.


No podía creer que realmente estaba pasando, aún no lograba asimilarlo por completo pese a que tenía la prueba en sus manos. El muérdago había funcionado y ese par finalmente parecía haber aclarado las cosas entre ellos y ella, en medio de todo el alboroto, había conseguido tomar una fotografía del beso con la cámara del móvil de su madre. De seguro que luego cuando se enteraran de que la tenía todas querrían una copia, incluso estaba más que segura de que su tía Sherry la pondría como fondo de pantalla. Aún con todo y fotografía no acababa de aceptarlo, incluso cuando los vio entrar tomados de la mano sintió que un grito de emoción y sorpresa intentó escaparse de sus labios, por suerte gozaba de un mejor autocontrol que el que sus tías tenían.

Volvió a dejar el teléfono en la cartera de Rebecca y decidió concentrarse ahora en abrir los regalos, ya había cumplido con su objetivo y ahora podía darse el gusto de disfrutar del resto de la noche.

Dio un vistazo a la sala, ya muchos habían recibido sus regalos. Vio cómo su padre le colgaba al cuello una hermosa cadena con brillantes a su madre, el regalo que ella había estado guardando. Más allá estaba su sonrojado tío Jake con un bonito abrigo puesto en el que se veían las iniciales ''J & S'' bordadas en el pecho y al lado de él a su tía Sherry abrazando un bonito osito de peluche y admirando un pequeño brazalete que, al parecer, tenía las mismas iniciales grabadas. Así que aprovechó que todos se entregaban regalos para sentarse bajo el árbol junto a los gemelos y buscar los suyos, para su buena suerte no tuvo que buscar demasiado pues el primer paquete que cogió llevaba su nombre. Lo abrió con prisa movida tanto por la emoción que embriagaba la sala como por la emoción en sí de abrir un regalo en Navidad. Quitó el envoltorio y lo dejó a un lado para descubrir una caja de color blanco, algo que se le hizo ligeramente familiar aunque no le tomó demasiada importancia. Levantó la tapa y una preciosa muñeca apareció ante sus ojos; la tomó con cuidado, realmente era hermosa y era justo la que le había pedido a sus padres, pero que estaba agotada en todas las tiendas. No sabía cómo lo habían hecho pero estaba realmente feliz de tenerla.

—Vaya, es muy bonita. ¿Quién te la dio?

Su madre se había agachado a su lado observando la bonita muñeca, Sophi le miró con algo de extrañeza mientras ella la cogía para admirarla más de cerca. Revisó el envoltorio otra vez, pero ahí no había nada más que su nombre. Le dio otro vistazo a la caja y encontró dentro una tarjeta escrita con letras en dorado.

''Veo que has conseguido darle un buen uso a mi muérdago, realmente me alegra saber que funcionara. Como te dije, tiene poderes mágicos y nadie puede escapar de ellos. Espero que te haya gustado mi regalo, supuse que la querrías luego de haberla visto en aquel aparador; como te lo prometí, este es mi premio. ''

Atte.: Santa.

Los ojos de Sophi se abrieron a más no poder y sujetando con fuerza la carta corrió hasta la puerta de la terraza. Ahora todo tenía sentido, ¿cómo pudo tener una caja lista con un muérdago adentro? ¿Cómo pudo escribir su nombre en la tarjeta si ni siquiera se lo había dicho antes de que la hiciera? ¿Cómo pudo decir con tanta certeza que ella estaría en una fiesta ese día, una que sería en la casa de alguien más? ¿Acaso sabía que necesitaría de las galletas para convencer a Amber? Ninguna persona podría haber sabido todo eso, la única forma de que él supiera aquello era que fuese…

—Santa…

A lo lejos vio como el hombre en el trineo le saludaba con una mano en alto y aún pese a la distancia pudo escuchar su característica risa. Dio un golpe a las correas y el carro se elevó en el aire junto con las patas de los renos que lo tiraban, un grito de sorpresa se ahogó en la garganta de la niña mientras lo veía desaparecer en el cielo, esa en verdad era la mejor Navidad de todas.


La pelirroja colocó el gran paquete sobre sus manos y le dio el permiso de abrir los ojos, realmente se sorprendió al ver la gran caja que sostenía y con algo de curiosidad le preguntó con un gesto si podía abrirlo.

—Ya es Navidad, así que es legal.

No tuvo que decir más para que él comenzara a arrancar el envoltorio, cuando finalmente consiguió descubrir la caja no pudo evitar un grito de sorpresa y un fuerte brillo de emoción en sus ojos.

—No puede ser, es justo lo que quería. ¡La secadora de cabello 2000! Oh, ahora sí que me veré fabuloso.

Mencionó Leon mientras se restregaba la caja de la secadora de cabello contra la mejilla. Claire se rió al verlo, parecía que en cualquier momento fuese a lamer la caja de tanta felicidad.

—Creo que te lo debía, después de todo.

Del otro lado de la habitación Chris se encontraba de rodillas frente a Jill alzando una rosa entre sus manos. La castaña la miró curiosa y la tomó sin entender muy bien, el mayor de los Redfield le miraba con una sonrisa traviesa, como un niño que acababa de cometer una travesura. Eso no podía ser una simple rosa. La miró con algo de detenimiento y descubrió un suave brillo que venía desde adentro, volvió a mirar a su novio con algo de sorpresa y este solo se encogió de hombros fingiendo no saber nada. Jill metió los dedos entre los pétalos y sacó el pequeño objeto: una argolla de oro blanco con un precioso diamante en solitario justo en medio, aún sin caer del asombro le volvió a mirar.

—Jill Valentine, ¿me harías el honor de casarte conmigo?

Al escuchar la pregunta un silencio pareció formarse y todos voltearon ante la escena de la que parecían verse ajenos hasta entonces.

De algún lugar Sherry había sacado una cámara y se puso a grabar el momento, la castaña tenía una cara de sorpresa total y una sonrisa de felicidad que realmente le hacía verse preciosa. Sus palabras le ganaron antes de que siquiera pudiera moverse y asentir con la cabeza.

—Sí, sí quiero.

Todos estallaron en aplausos mientras Chris le colocaba el anillo en el dedo y luego se levantaba para besarla. Las felicitaciones por supuesto no se hicieron esperar, en especial por el grupo de chicas que corrió emocionado para ver la joya en el dedo de Jill. Claire sentía que el pecho no le podía más con tantas cosas, demasiadas emociones para un solo día. De pronto sintió como unos cálidos brazos le rodearon por la cintura y un suave beso era dejado sobre su hombro descubierto.

— ¿No irás a felicitarle? — preguntó suave en su oído.

—Puedo hacerlo luego, digamos que por ahora está un tanto ocupado.

Mencionó señalando al grupo de chicos que le rodeaba dándole palmaditas en la espalda y felicitándolo. En cuanto a la situación de Jill, tampoco era muy diferente.

—Pensé que terminaría por acobardarse y no lo haría.

— ¿Tú sabías de esto?

Preguntó con sorpresa volteando entre sus brazos. Él solo se encogió de hombros y desvió la mirada hacia un costado.

—Qué te puedo decir. Digamos que tuve que darle una mano, me alegra saber que el anillo le quedara; no me equivoqué después de todo. Pero en fin, lo importante es que finalmente lo hizo y ahora tal vez puedas tener más sobrinos.

—Sin contar el que viene en camino. — soltó sin resistir la emoción.

—Parece que esta ha sido una buena Navidad, ¿no crees?

Ella pasó los brazos alrededor de su cuello y Leon le miró con ternura apegándola más hasta sí.

—No, más bien ha sido perfecta.

Ambos se regalaron una sonrisa para luego fundirse en un beso que les robó el aliento y que congeló ese precioso momento para que pudieran disfrutarlo aún más.

—Feliz Navidad, Claire.

—Feliz Navidad, Leon.


¡Oh! Realmente no puedo describir lo emocionada que me siento por haber terminado de escribir este fic, en verdad es una sensación de satisfacción total, finalmente logré completar una historia y me siento muy feliz con el resultado. Espero haber atado todos los cabos sueltos y que no se me haya pasado nada, aunque sí quise poner otro par de cosillas por ahí pensé que sería mejor dejarlo así, pues ya estaba demasiado largo, pero básicamente consistía en un par de regalitos que se entregaban los chicos que no decidí mencionar. En definitiva esa confesión y todo me ha dejado hasta a mí por las nubes, en serio es difícil describir lo que siento en este momento. Espero haber cumplido con sus expectativas para el final de este fic que al menos a mí me ha dejado más que contenta. De todos modos cualquier duda, o si tal vez se me pasó algún detalle que dejé inconcluso, déjenmelo en los comentarios y con gusto se los resolveré.

Ah, pero aún queda un pequeño regalito y es que no me he olvidado de que les prometí el capitulo extra que irá sumado al pequeño Bonus, eso ya está listo pero tendrán que esperar hasta mañana para verlo. Lo que no estoy muy segura es de si publicar el capitulo extra y el bonus juntos o ambos por separado, si pudieran decirme cómo les gustaría más se los agradecería. Saben que amo todos sus comentarios, todo siempre es bien recibido y siempre respondo a todos.

Con respecto a la parte de los ancianitos, eso es algo que realmente le pasó a uno de mis amigos. Estábamos en una salida de la escuela y uno de nuestros amigos se equivocó de cabaña y entró a la de unos ancianitos que acababan de llegar ese día, su cara de trauma cuando volvió no tenía precio; nos reímos de él como toda una semana. Sobre los tres puestos vacíos en la mesa: uno era el de Leon, el otro de Piers y el que quedó fue el de Hunnigan debido a que no pudo asistir, eso por si se lo preguntaban. Y con respecto a lo de Piers, siento que lo molesté demasiado en este capitulo, no es que tena algo contra él, pero no lo pude evitar XD. Ahora sí creo que ya está todo aclarado.

¿Ya les he dicho que los amo? Si no, ahora se los recuerdo :D

Nos estamos leyendo mañana en el especial de año nuevo.

¡Un beso enorme y Au revoir!