CAPITULO 10
SEVERUS SNAPE
La tomé en brazos y salí con ella rumbo al hospital, no podría perdonarme si ella perdía a nuestro hijo por mi estupidez. La dejé sobre la camilla mientras esperaba alguna noticia de ella, pasaban de las ocho de la noche y no sabía si debía notificarle a su familia, aunque me pesara ella seguía estando casada y mi responsabilidad era avisarle a su esposo. Aunque lo más probable era que se enfureciera al saber la razón de su ingreso al hospital.
—¿Señor Snape? Acompáñeme, su esposa acaba de despertar — me indico el mismo médico que nos había atendido la semana pasada.
Al entrar Hermione bajó la mirada, estaba sentada con las sabanas hasta el vientre, desviaba la mirada mientras el médico le daba algunas indicaciones. Tenía el temor de que ella me abandonara al saber de la nueva situación de Susan, estaba convencido que tendría dos hijos, a los cuales amaría por igual, pero con quien deseaba vivir era con Hermione, y nada me haría cambiar de parecer.
—…Y no olvides tus vitaminas y el hierro Hermione.
—Los he estado tomando, gracias doctor.
—¿Ella está bien? — le pregunté preocupado.
—En perfectas condiciones, me dijo que tuvo un día pesado, así que eso debió provocar el desmayo y los mareos con los que se vive en primer trimestre, pero no hay nada de qué preocuparse.
—¿Puede ir a trabajar o debe tomar reposo? — el médico sonrió acercándose.
—Puede llevar una vida normal señor Snape, pero le recomiendo disminuir las malas noticias o estrés en ella, llevará un embarazo mucho más tranquilo.
—Así será, gracias.
Cuando escuché la puerta cerrarse me acerqué a ella con el temor de que me rechazara, pero no lo hizo, se quedó recostada sosteniéndome la mirada dejó que acariciara su vientre, en ese momento el aire me regreso al cuerpo, ahí estaba mi hijo sano y salvo.
—Perdóname, no volverá ocurrir.
—No fue tu culpa — dijo seria.
—Hermione yo no sabía nada de su embarazo, le deje muy en claro que no quería familia ni compromisos, pero ella… actuó sola — siseé aún enfadado.
—¿Qué le dijiste?
—Mandé a Azel para que comprara una casa, estará a nombre de mi hijo y le daré una pensión que le permita pagar una niñera o una dama doméstica, a mi hijo no le hará falta nada, estaré ahí cada vez que él me necesite.
—¿No… te casaras con ella?
—Nena… voy a casarme contigo — le susurré besando sus bucles castaños — nada ha cambiado entre nosotros, serás mi esposa y tendremos a nuestro hijo. El que ella tenga más de embarazo no significa nada, ella decidió esto para su hijo y debe aceptar las consecuencias.
—Pero el niño no tiene la culpa.
—¿Quieres que me quede con ella? — le pregunté herido.
—No, te necesito conmigo, tu hijo te necesita.
—Y me quedaré contigo… siempre — le prometí besándola.
SS&HG
Firme todos los papeles que tenía sobre el escritorio, no podía dejar de ver el reloj como un maldito maniaco, necesitaba salir de ahí de inmediato antes que Hermione me llevara a la niña a la casa, y esperaba fervientemente tener el tiempo para hablar con ella, debía pasar ya los dos meses de embarazo y seguía viviendo con Weasley, le tenía que dejar en claro que no pensaba esperar a que cumpliera los tres y se le empezara a notar.
Tenía el plan de invitarlos a comer y mientras ellos jugaban yo poder hablar con su madre. Estaba tan enfadado que últimamente solo me contenía para no hacerle pasar un mal rato, pero ella me sacaba de quicio, ponía excusas absurdas, y empezaba a desconfiar que realmente quisiera separarse de su marido.
Tocaron la puerta, de mala gana permití el acceso, estaba guardando todo lo que se haría al día siguiente. Cuando alcé la vista estaba Susan vestida de muggle, algo que sucedía muy pocas veces. Usaba un pantalón negro ajustado a su cuerpo y una blusa blanca que por fin dejaba a ver su embarazo, había dejado de ocultármelo y hoy se paseaba presumiendo su estado, sonreía como si fuera la mujer más feliz del mundo, eso no podía cambiarlo ni yo ni nadie, ella era una mujer que brillaba cada vez que alguien la veía.
—Hola.
—Hola — le respondí saliendo de mi letargo — ¿Necesita algo? ¿Te has sentido bien?
—Sí, me he sentido muy bien, gracias. — Sonrió con cierta tristeza en su rostro.
—Ha… crecido en estas tres semanas. — Vi como acariciaba su vientre con ternura y me sentí la peor basura —. ¿Quieres tocarlo?
—No… no sé…
—Ven — me pidió con suavidad, y de nuevo no pude obedecer a mis instintos, seguí su voz, tomó mi mano y la colocó sobre su vientre —. Es papá mi amor.
—Susan no creo que… — mi frase se vio interrumpida cuando comenzó a moverse mi hijo, ella cerró los ojos disfrutando la sensación.
—Siempre se mueve cuando te oye…cuando gritas deja de moverse — confesó bajando la vista.
—No volveré a gritarte nunca, te lo juro — le prometí besando su frente.
—En una hora tengo cita con una doctora muggle, me hará un ultrasonido y me dirá el sexo del bebe… quería avisarte por su quieres ir a verlo conmigo.
—Tengo un compromiso — me disculpe, ella asintió de inmediato.
—Quizá para el otro mes — asentí viendo como se daba la vuelta.
—Susan… espera — ella se giró sin decirme nada —. Si… quiero conocer a mi hijo.
—Fantástico, te veo a las cinco en punto en el Hospital Saint Thomas, segundo piso consultorio 17.
—Ahí estaré — sonrió como esos días donde la llevaba a comer, donde ella estaba enamorada de mí y yo lo ignoraba, pero ella era feliz.
Terminé los pendientes y me disculpe con Hermione, le propuse que comprara comida y yo llegaría un poco tarde. Accedió con cierta tristeza, pero sabría compensarle la falla que le estaba a punto de cometer. Cuando llegue a la cita Susan ya estaba entrando a la consulta, me fui a la esquina de la habitación donde le hicieron la revisión de rutina, peso y medida de su vientre, al parecer todo marchaba con normalidad porque no observe que le dieran alguna indicación.
—Pasa al ultrasonido por favor Susan — me arrepentí de haber ido cuando me pidió ayuda para cambiarse, accedí por temor a que se cayera o no pudiera hacerlo sola.
Con cierta incomodidad observé como su pantalón caía al piso, llevaba ropa interior blanca, la que mejor combinaba con su tono de piel, sin embargo ésta cayó al piso también dejándola desnuda. La ayudé a colocarse la bata mientras le ajustaba las cintas por detrás… Hermione va a matarme, pensé cuando salimos del sanitario.
La ayudé a subir a la camilla, me coloqué del lado derecho, tal como lo había hecho con Hermione, me asusté cuando vi que la doctora se colocaba los guantes y le pedía a Susan colocar las piernas en las perneras, Susan volteó hacia otro lado y sentí su mano aferrarse a la mía con fuerza.
—Espere ¿qué hace?
—El tacto vaginal — me respondió como si fuera lo más obvio.
—Severus, está bien — me indicó ella calmándome, pero no lo logró.
Cuando terminó de hacerle el examen yo me encontraba más pálido que de costumbre, ella se relajó soltando mi mano y su cuerpo se destensó inmediatamente.
—Tal parece que el sangrado desapareció Susan, pero fueron dos amenazas de aborto, sabes que una tercera no lo resistirá el bebe. — Le habló con seriedad la doctora, me sentí culpable de ser el responsable de su última amenaza.
—Me estoy cuidando.
—Así está mejor, ahora veamos el ultrasonido. — Siguieron el mismo procedimiento que con Hermione, pero lo que vi fue sumamente diferente, su cuerpo estaba formado y mantenía una mano en su boca.
—Es mi hijo — soltó su mano para moverse en cuanto hablé, eso provocó que me emocionara como nunca lo había hecho.
—Sí, es tuyo.
—¿Quieren saber el sexo?
—Si — respondí de inmediato, después de algunos segundos y de mover ese artefacto sobre el vientre de Susan encontró el resultado.
—Tendrán una dulce y sana niña.
—Una niña — respiré como si fuera lo que había estado esperando, juré que nunca le daría un disgusto a Susan, mi hija debía nacer fuerte y sana, mi pequeña Amber…
Caminé con ella en silencio hasta llevarla a su casa, Azel ya se estaba encargando de conseguir una casa donde ambas podrían vivir sin la menor preocupación. Iba bastante callada y tranquila, cosa que me inquietaba un poco pero agradecía enormemente.
—¿Quieres pasar? — me preguntó al abrir la puerta.
—Tengo que irme Susan — Ella sonrió sacando el ultrasonido de su bolsa.
—¿Quisieras conservarlo?
—Me encantaría — le expresé recibiendo el regalo, ella se quedó callada por unos momentos y sus ojos se pusieron tristes —. ¿Qué ocurre?
—Severus, quiero que recapacites…
—Susan…
—La niña va a necesitarte… — me suplicó tomando mi mano.
—Ella me tendrá.
—Cada dos semanas, cada vez que tengas tiempo… ella te necesitará siempre, Severus no me dejes sola con la niña por favor, no te pido amor pero quédate.
—¿Y ver que tu y yo no nos amamos? Llegará el punto donde ni siquiera vamos a soportarnos— intenté explicarle con calma.
—Yo te amo, tendré paciencia — su voz temblaba, en ese momento me pregunté cómo iba hacerle cuando tuviera que decirle que Hermione tendría un hijo mío.
—Descansa Susan, no quiero que discutamos y le haga daño a la bebe, vendré el fin de semana por si necesitas algo.
—Te necesitaré a ti — me gritó cuando me marchaba.
…
Cuando entré a la casa Hermione había preparado algo de cenar, en cuanto me vio sonrió sacando algo del horno. En ese momento sentí que había llegado a donde radicaba mi felicidad, ella con ese calor que irradiaba y la alegría a pesar de estar preocupada, Rose que significaba para mí la esperanza en un momento donde todo lo sentía perdido y Hugo implicaba el desafío.
—Hola princesa…
—Severus ¡mamá hizo tu comida favorita!
—Sí, huele delicioso, hola Hugo —el pequeño solo alzó la vista y siguió rompiendo el Profeta con tranquilidad.
Fui hasta donde se encontraba Hermione, me hizo aquella señal con la mirada para que no me acercara, sus hijos estaban cerca y ella procuraba guardarles el máximo de los respetos. Coloqué la mesa mientras no dejaba de pensar en el problema en que me veía envuelto por ser padre de dos hijos con diferente mujer.
—Listo, a cenar.
—A papá le encantaría comer lo que preparaste mami — le dijo emocionada Rose, sostuve la mirada de Hermione antes de subir a la recámara, queriendo olvidar esa pequeña frase.
Abrí el cajón de la mesa que se encontraba a un lado de la cama, el viejo cuaderno que Hermione me había regalado seguía ahí, en medio de tantas cartas, fotografías y notas guarde el ultrasonido, no sin antes dedicarme a observarlo por última vez. No preví hasta que Hermione se acercó a mí desde la puerta, cerré con rapidez el libro, pero ella me lo quitó de las manos con suavidad. Observó el ultrasonido y el nombre de Susan del lado derecho.
—Tu hijo — susurró seria.
—Me pidió que la acompañara — le dije sin recibir respuesta —. Le dije que me haría cargo de mi hijo y… creo que era uno de mis deberes.
—Entiendo… ¿y qué será?
—Una niña — sentí como su corazón se quebró en ese momento.
—Tendrás la hija que siempre has querido.
—Hermione — la abracé intentando calmarla antes de que perdiera la paciencia que tan amablemente había acumulado —. Nosotros tendremos un hijo… es eso lo que siempre he querido.
—Por supuesto. — Me dijo en forma frívola dejándome solo.
HERMIONE
Había preparado todo para esa noche, en cualquier momento Ginny pasaría por los niños y así yo podría hablar con Ron del divorcio y mi embarazo, temía tanto lastimarlo, y su reacción me ponía a temblar. Sin embargo yo me acercaba con peligro a los tres meses y pronto se notaría.
Estaría en la boca de todos, eso lo tenía bastante claro. En el trabajo sabrían de mi embarazo y que me estaba divorciando, temía tanto de eso, al igual que Severus, siempre preocupado por mantener mi reputación intacta, yo la eché a perder en el momento en que no me cuide con la poción.
Después del divorcio tendría que vivir con Severus, quería disfrutar mi embarazo y cada detalle de mi hijo, se encontraba en todo su derecho, sin embargo pensaba mucho en lo que sucedería conmigo o con mis hijos, ellos terminarían sufriendo, y más al conocer el error que cometió su madre, eso sin contar con que rezaba para no matar a la mía con la noticia.
Tocaron la puerta a lo cual lo abrí con magia sin ir hasta allá.
—Pasa Ginny, estoy en la sala — le grité desde ahí, llevaba una caja en las manos donde iba depositando los juguetes tirados.
—Soy yo — me incorporé inmediatamente encarándola, una parte de mí con odio y otra con temor.
—¿Qué se te ofrece Susan?
—Hablar — me dijo levantando un tren de juguete.
—No veo en que pueda ayudarte — le dije intentando ignorar su vientre que presumía ya con orgullo, sin temor ahora a decir la verdad.
—Supongo que Severus te dijo que estoy esperando un hijo de él — empezó acariciando su vientre —. Y también creo que te dijo que no se piensa casar conmigo.
—Algo mencionó sobre eso.
—Sí, cuando él sufría era yo quien lo escuchaba, supongo que ahora todo regresa a la normalidad y tú lo oyes.
—¿Qué quieres exactamente? — cuestioné molesta al ver que mis hijos estaban escuchando todo.
—Eres madre y conoces la importancia que un hijo crezca frente a su padre. Tú tendrás otro hijo, eres feliz con tu familia y yo merezco ser feliz también, mi hija lo merece. Tú podrías hablar con él, decirle que cumpla como corresponden todas sus obligaciones, va a escucharte a ti, más cuando le dejes en claro que toda oportunidad morirá cuando nazca tu hijo, no le des más esperanzas y dale a mi hija esa oportunidad.
—¿No crees que Severus es un adulto para que yo ande pidiéndole tal cosa?
—Te escuchará.
—Susan si él tomó una decisión nada lo hará cambiar de parecer.
—Por la amistad que un día nos unió — me suplicó cambiando de gesto.
—¿Amistad? ¿La misma que tú respetaste callando mi pasado? Cuando te metiste con lo que más amaba esa amistad desapareció Susan. Eres la responsable de tus actos, él no quería hijos y violaste el acuerdo… lo que suceda con tu hija es tu problema. — Le dije con firmeza, ella hiperventiló furiosa.
—Tal vez, pero en cuanto le dé a la hija que siempre quiso, ustedes pasarán a segundo plano — me aseguró viendo a mi hija, se refería a ambas por igual.
—No veo que haces aquí entonces.
—Deja de causarle lastima llevándole a tus hijos, y tu… Rose no te sientas tan cómoda, la habitación que hoy ocupas pronto será de mi hija, viva con Severus o no, mi hija ocupará los pensamientos de su padre.
—Severus me ama — le aseguró defendiéndose.
—Y a mi hija la adora — le dijo tomando su vientre —. Será esa princesa que siempre deseó, y se la daré yo.
—Eres mala ¡por eso Severus no te quiere!
—¿Qué has dicho?
—No te acerques a mi hija — la amenacé poniéndome frente a ella, me jaló hacia el otro lado provocando que sacara la varita, pero recordé aquella mañana en el hospital y mi sangre hirvió de rabia, le di una cachetada que la hizo caer sobre el sillón — Vete de aquí.
—Severus va enterarse de esto.
—De eso puedes estar segura.
La observé irse furiosa, respiré profundo arrepintiéndome de lo que había hecho, pero instintivamente abracé a Rose sin decirle nada, tenía que terminar con todo eso antes que se me saliera de las manos.
—¿Mami? ¿Tendrás un bebé?
—Oh cariño…
Iba a decirle todo de una forma en que ella no saliera herida pero entró Ginny con mis sobrinos, la pequeña Lily corrió hacia mí dándome un beso lleno de chocolate. No podía hacer tonta a mi amiga, ella supo inmediatamente que algo ocurría, se lo hice saber cuándo bajé la vista, cuando quería gritarle que necesitaba su ayuda, su apoyo, y cuando esa tristeza me invadió al saber que la perdería.
—¿Todo bien?
—Sí, claro que si — mentí sosteniéndole la mirada, me sentí peor que una traidora.
—Por dios mira la hora, llegué tarde y me voy inmediatamente, mi hermano no debe verme aquí — ordenó buscando la maleta —. Vámonos chicos, es noche de papis.
—Ginny… — volteó a verme con maletas en mano y encaminando a los niños —-. Cuídalos y gracias, siempre has sido buen amiga, no te merezco.
—Ay no seas tonta, claro que me mereces.
—No es así.
—Tiene razón Ron, estas… extraña, una buena sesión de sexo te dejará como nueva — susurró dirigiéndose hacia la puerta, mis hijos me dijeron adiós con la mano, y tuve tanto miedo de lo que fuera ocurrir, con ese adiós se me estaba yendo la vida.
…
Estaba en la sala con la misma ropa con la que me había ido a trabajar, un pantalón con zapatillas planas y una blusa holgada color rojo. Lo escuché llegar, las llaves ser depositadas en la pequeña mesa, la chaqueta tirada sobre una de las sillas del comedor. Abrió el refrigerador y abrió una soda que bebió con ansias.
Me vio sentada en la sala y todo mi matrimonio paso sobre mis ojos, él se limpió la boca casi atragantándose con la bebida.
—Creí que aún no llegabas, ¿y los niños?
—Con Ginny — él asintió sin emoción, antes le decía eso y era recargada sobre la mesa del comedor, me arrancaba la ropa con desesperación y me penetraba sin piedad, pero eso había cambiado, sabía que no lo recibía en mi lecho y ya ni siquiera intentaba tocarme —. Pensé que podríamos hablar, hay algo importante que quiero decirte.
—Por supuesto — aseguró desabrochándose la camisa, se sentó frente a mí, lo cual agradecí con el alma, tenerlo cerca iba dificultar las cosas —. De que se trata.
—Eres un buen hombre Ron, has sido un esposo atento, cariñoso, responsable y un padre amoroso con mis hijos…
—¿Por qué presiento que vendrá un "pero"? — dijo sonriendo con tristeza.
—No merezco algo tan bueno como tú.
—No te entiendo hermosa — tan sólo esa palabra me dejo muda evitando que pudiera seguir con eso —. ¿Qué pasa?
—Ron…yo… quiero el divorcio — la mano que me acariciaba cayó, estaba sorprendido, esperando que todo fuera una broma de mal gusto o que yo estuviera jugando con eso —. Perdón.
—¿Por qué? no entiendo, ¿qué pasó?
—Ya no siento lo mismo por ti — me disculpé queriendo omitir esa parte, pero recordando a Harry que me pedía decir la verdad.
—¿Desde cuándo?
—No sé.
—¿Qué hice?
—No fuiste tú.
—Claro que fui yo, dime.
—Soy yo.
—No mientas — me pidió con suavidad.
—Es la verdad, deje de sentir amor, quiero que nos separemos.
—Dime por qué.
—Ya te dije.
—Dime.
—¡Estoy embarazada! — grité cuando me sentí acorralada, él me vio interrogándome.
—¿Aún así quieres que nos separemos? ¿Me quieres alejar de mi hijo? — cuestionó herido.
—Perdón — susurré antes de llorar sin que él comprendiera la razón — tengo dos meses y medio — le confesé, el negó con la cabeza.
—No… no… — repitió mintiéndose a sí mismo.
—No es tuyo — dije antes de soltar ese llanto, cubriéndome la cara buscando mi propia protección —. Perdóname.
—¿Por qué? ¿Por qué Hermione? Te lo di todo, todo, todo por ti. No querías andar con un jugador de Quidditch porque era algo inestable y lo dejé, querías un trabajo en el Ministerio y lo obtuve, accedí a que nuestros hijos se criaran en el mundo muggle y el mágico, deje de salir con amigos, ¡deje de vivir por ti! Para hacerte feliz.
—Perdóname. — Repetí con dolor.
—Sólo quería… ser el hombre que tú querías, para que no me dejaras, para… quería… ser merecedor de alguien tan maravilloso como tú — me dijo con voz trémula, alcé la vista para ver esos ojos llenos de vida, azules como el cielo nublado, lloraba sin poder hacer nada para consolar su llanto.
—No tengo palabras para expresar lo mal que me siento, lo siento… no quise hacerte esto, se… me salió de las manos.
—Fue una aventura… si… un maldito bastardo jugó contigo, y se aprovechó que yo… trabajo y… estabas sola, ¿se aprovecharon de ti verdad? — me preguntó en último intento por seguir viéndome de esa forma pura.
—No… fue consentido.
—Fuiste débil pero no importa, nadie tiene que saber que el hijo no es mío, aprenderé a aceptarlo y… no será difícil, lo sentiré crecer en tu vientre, lo amaré tanto como a ti…
—No Ron, no puedo.
—Sé que te sientes culpable pero yo te perdono. — Afirmó desesperado.
—No puedo… él no me engañó… sabe de mi embarazo y quiere al niño.
—…¿y tú? — me preguntó con miedo —. ¿Quieres… irte con él?
—… Sí — respondí con sinceridad, él se alejó viéndome como si me desconociera, como si fuera tan ajena a él.
—Te facilitaré entonces todo.
—¿Me darás el divorcio? — pregunté confundida.
—Claro que te lo daré, y para que puedas irte con él, puedes hacerlo desde ahorita…
—¿Qué?
—Toma tus cosas y lárgate.
—Ron… — quise debatir pero no lo hice, la casa no me importaba.
Asentí sin decirle nada, subí a la recamara donde empaqué mis cosas con lentitud, escuché sus pasos al subir por la escalera. Cuando entró a la recamara me vio con desprecio, alzó la varita provocando que todas mis cosas entraran a la maleta con rapidez, por un momento me asusté pero salí de inmediato sin decirle nada.
Tomé otra maleta entrando a la recámara de Rose, puse ahí su ropa y saqué algunas de sus pertenencias más preciadas, pero la maleta se cerró y cayó al piso, salté por un momento.
—¿Qué haces?
—Empaco… lo de los niños, serán 10 minutos solamente.
—No, no me has entendido — dijo despacio acercándose —. Quiero que te vayas ya.
—Vendré por sus cosas cuando estés en el trabajo.
—Sigues sin entender… te metiste con otro faltándome, olvidándote de tus hijos, no te los vas a llevar.
—No me iré sin ellos Ron — respondí con firmeza.
—Egoísta, te vas hacer familia con ese malnacido, con mis hijos, sin dejarme ¡nada! Estás muy equivocada, vete hacer familia con él, lo elegiste por encima de nosotros ¿no? Vete…
—No — se acercó a mí tomándome de la mano mientras arrojaba la maleta de una patada, ésta cayó por las escaleras haciendo un ruido que me asustó aún más.
—Agradece que mis hijos no se enterarán la clase de mujer que eres.
—No, no los dejaré, no Ron — le supliqué mientras abría la puerta.
—Frente a un tribunal… has perdido todo derecho sobre ellos — me aseguró dejando la maleta afuera de la casa —. Que seas feliz con ese bastardo con el que me engañaste… ni siquiera deseo saber quién es.
—¿Ron? No… no me los quites, Hugo me necesita… Ron no… — lloré al mismo tiempo que cerraba la puerta, quedándome como último recuerdo sus ojos llenos de lágrimas, escuché como se dejaba caer por detrás llorando amargamente mi traición — ¿Ron? Ron ábreme por favor… mis hijos no…
Duré media hora suplicando que me dejara pasar, pero no lo hizo. Como pude le avisé a Harry, quién acudió inmediatamente, me vio en el piso sin poder creer lo que había pasado.
—Me echó de la casa.
—¡Por Merlín! Ven, levántate, te llevaré a Grimmauld Place, no tardará en ir a Godric por los niños, te dejo ahí y luego te los llevo.
—Me los quitó…lo escuché usar la… chimenea… fue por ellos.
—Santo dios… — me levanté sintiendo la aparición, con dificultad subí las escaleras y entramos a la primera habitación, me ayudó a recostarme sobre la cama, estaba en shock, jamás creí que reaccionaría de esa manera —. ¿Qué te dijo?
—Que… cualquier tribunal no me dejará quedarme a los niños… por mi infidelidad.
—¿Sabe quién es el padre?
—No.
—Mejor que no lo sepa, si llega a enterarse indicará que la infidelidad lleva años… perderás todo derecho.
—No puedo… no… Rose y Hugo me necesitan.
—Intenta calmarte…
—No… iré a buscarlo, le diré que me quedo con él… que… dios… no quiero abortarlo y no quiero perderlos — grité desesperada.
—Iré por Snape… no puedo calmarte yo solo.
Salió rápido mientras me recosté en la cama, ahogue mi llanto en la almohada. No supe cuanto tiempo paso pero escuché los fuertes pasos de alguien que subía, cuando me incorporé vi a Severus asustado.
—Me quitó a Rose… a los dos — lloré —. No los voy a volver a ver… lo hará legal y… no… ¡que me los devuelva!
SEVERUS SNAPE
Cuando la vi en esa recamara no podía reconocerla, estaba despeinada y lloraba a gritos, le había ordenado a Potter llevar una poción pero sabía que no querría tomarla, me preocupé por el hijo que crecía dentro de ella, sino lograba calmarla lo perdería también a él.
—Me echó de la casa… mis pequeños — lloró tomándose la cabeza.
—Nena intenta calmarte.
—No permitas que me los quite — me suplicó con ingenuidad.
—Vamos a casa — le dije levantándola, Potter asintió dejándome el paso libre.
—No dejes que me separen de ellos.
—No te los quitará, no lo dejaré — le prometí inútilmente cuando nos aparecimos en nuestra casa, la cargué para depositarla en la cama y me recosté con ella, poco a poco el mismo llanto la hizo caer en un profundo sueño, del cual tenía miedo que despertara.
SS&HG
Bajé las escaleras rápido esperando que Susan no subiera, mi elfina había sido prácticamente derribada al abrir la puerta, cuando estaba en los últimos escalones ella ya se estaba proponiendo subir a buscarme.
Estaba tan tenso y ansioso para que Hermione descansara que no me importaba ponerme firme con Susan, vi esa mirada triste en ella y me arrepentí de mis pensamientos, tenía que cuidarlas a ambas por igual.
—Susan… estoy ocupado en este momento.
—Severus no me he sentido bien — me confesó preocupada.
—¿Qué te pasa?
—Es el embarazo, creí que podría venirme a vivir aquí, solo en lo que la bebe nace, podría quedarme en la otra habitación, tengo miedo de quedarme sola.
—Susan… contrata a una enfermera — le sugerí.
—¿No te importo? Hermione me abofeteó ayer… y me caí, por eso me siento mal — se quejó molesta.
—¿Te caíste? Por Merlín, haz cita con la doctora, iremos a verla esta tarde.
—Si… pero… piénsalo vamos a vivir juntos un tiempo, sólo en lo que me recupero.
—No puedo Susan.
—Severus las cosas con Hermione no van arreglarse nunca.
—Basta Susan — le reprendí molesto.
—¿Por qué no puedes hacerme ese favor a tu hija y a mí?
Pensé en la valentía que había tenido Hermione con todo lo que había pasado, y sabía que debía hacer lo mismo con Susan, terminar con todo eso para que pudiéramos estar juntos, eliminando eso tan sólo tendríamos que preocuparnos por recuperar a sus hijos.
—Hay algo que debo decirte, es sobre Hermione.
—¡Ella tiene familia y esposo! ¡Tendrá otro hijo con Ron! — me dijo desesperada.
—No es todo cierto eso… yo soy el padre de ese bebe — confesé, provocando que ella quedara en shock —. Lo confirmamos hace poco y no sólo eso, va a divorciarse… de hecho… está viviendo aquí conmigo.
