lea1-santome, eminahinata, Arthanis... Gracias por ser valientes y comentar!

Mcflurryta, Con lo que te gustó este capítulo... te lo voy a dedicar a ti.

CellyLS: pero qué bien me cayó la enfermera!... será porque la persona en la que está basada es encantadora?

Bueno, para aquellos que quieran Bromance intenso, donde dos hombres se pueden manifestar cariño sin ser nada más, aquí llega el capítulo final...

Para los Mcdannistas como yo, estad atentos/as, porque publicaré un epílogo slash como obra independiente.

¿Tengo que suplicar por los comentarios? De rodillas, implorante, me tenéis desde el capítulo 1!


Cirugía, cuidados intensivos… cuando por fin permitieron al 5.0 estar al lado de su compañero, el SEAL ya había estado a punto de dejar K.O. a tres enfermeros y dos médicos que tuvieron la mala suerte de pasar por allí y no tener ni idea de a qué paciente podía estar refiriéndose el hombre.

Después, el moreno no se apartó de su lado, largos días de angustia en los que sólo se había concedido el tiempo necesario para ducharse e ir al entierro de Ron. Sabía que Danny hubiese querido estar.

-Tienes que dormir- le dijo Kono un día.

-Ya duermo.

-Dar cabezadas en un sofá de hospital no es dormir- corroboró Chin, que acababa de llegar de casa de Danny. Como habían sospechado, una llave que encontraron en la casa del dependiente era una copia de las del rubio. Steve recordó un día en que su amigo había tenido que regresar a la pastelería porque le habían desaparecido las llaves. Posiblemente Ron se las cogió en un descuido e hizo una copia. Luego sólo tenía que entrar para coger lo que quisiese del detective.

-He dormido en sitios peores.

Los primos se miraron y sacudieron la cabeza, como si no supiesen ya que era imposible razonar con su jefe…

Lori entró con la comida. Por supuesto, Steve se negaba a soltar la mano de su compañero, con lo que sólo comía si le llevaban bocadillos, sándwiches o cosas por el estilo.

-¿Cómo está? – preguntó mirando al detective con preocupación.

-Los médicos dicen que está mejorando- le contestó Chin. La perfiladora asintió con la cabeza.

-Danny… ¿Por qué no despiertas?- susurró el marine con un sollozo ahogado.

-Necesita reposo, Steve. Su cuerpo tiene que descansar… ha estado consciente más tiempo del que debiera, necesita este tiempo.

A pesar de guardar silencio, el SEAL no estaba conforme. Ver a su amigo inmóvil era algo a lo que no estuviese acostumbrado, era raro, era antinatural…


Pasar las noches en el hospital no es que fuese agradable. Steve no se permitía demasiado tiempo de sueño, por temor a que su amigo lo necesitase cuando él estuviese descansando. Todo estaba más tranquilo por las noches, reinaba una especie de pseudo-silencio en donde los susurros del personal y el sonido de las máquinas que controlaban las constantes vitales del policía resultaban ruidos ensordecedores.

Era un ambiente demasiado propicio para pensar en lo que podía haber ocurrido.

El Capitán de Fragata Steve Mcgarrett era un hombre que siempre había permanecido estoico ante la adversidad.

Nunca nadie de su equipo le había visto manifestar algo que no fuese una firme determinación.

Nunca nadie le había visto llorar…

…tal vez porque casi nunca lloraba.

Esa noche lloró.

Lloró recordando la expresión de su amigo antes de caer al suelo.

Lloró recordando aquel charco de sangre.

Lloró recordando que, ese día, lo único que Danny había querido habían sido unos malditos pasteles de chocolate.

Lloró porque aquel pensamiento le había hecho sonreír.

Lloró recordando a Grace, que le había dado un fuerte abrazo dándole gracias por salvar a su Danno, y que después se había quedado allí, sentada sobre sus rodillas mientras acariciaba el rostro de su padre hasta quedarse dormida en su regazo.

-Él sabía que usted llegaría- dijo una voz a su espalda. El hombre se giró. Jennifer estaba en la puerta-. Porque supongo que usted es "Super-SEAL"

Steve sonrió.

-Así me llama, a veces- contestó mirando con cariño al hombre que estaba en la cama-. Pero esta vez, no llegué a tiempo.

-No ha sido culpa suya.

-Sí, lo ha sido. No debí meterme en aquel maldito almacén sin refuerzos. Danny siempre decía que algún día conseguiría que le matasen… ese día casi llega.

-Nadie podía prever lo que pasó.

Él debía haberlo hecho, se repetía Steve. Todo aquello se había podido evitar.


El Capitán Mcgarrett se despertó sobresaltado cuando sintió una mano acariciarle el cabello. Se había quedado dormido sentado, con la cabeza apoyada en sus brazos, que descansaban sobre la cama de su amigo.

-Buenos días.

Steve levantó la cabeza. Danny le dirigió una sonrisa cansada, era el fantasma de su brillante sonrisa de siempre, pero estaba allí.

-¡Estás despierto!

-Sí, me he dado cuenta.

-Hay que avisar a los médicos, tengo que llamar a Chin y al resto, y a Grace, le alegrará tanto saber que estás de vuelta…

-Steve… ¿Estás balbuceando?

Su amigo le miró, interrogante.

-Llevo un buen rato despierto. Los médicos ya han pasado por aquí y las enfermeras ya han avisado a los demás.

-¿Un rato despierto?

El rubio asintió.

-¿Y no me has avisado?

-Parecías necesitar dormir… dime que mi aspecto no es tan espantoso como el tuyo.

Steve soltó una carcajada.

-Es peor, de hecho. Escucha… Danny…

-No, no voy a escucharte decir que esto ha sido culpa tuya. Y ya sé que siempre digo que todo es tu culpa, pero, definitivamente, esto no lo fue.

-Pero es que…

-Nada de peros. Te metiste en un almacén desoyendo mis consejos, cierto. Me dispararon, cierto, pero nadie podía imaginarse lo que ocurrió después.

-Danny…

-Por favor, Steve… Ahora mismo vas a ir a casa, a dormir 24 horas. Y mañana vuelves y me dices, textualmente "Danny, tienes toda la razón, nada ha pasado por mi causa. Me alegro de que estés bien… en cuanto salgas de aquí te invitaré a todas las cervezas que puedas tomar, e incluso llevaré mi cartera"

El SEAL no pudo reprimir su carcajada. Tampoco es que quisiera hacerlo, se había dado cuenta de lo importantes que eran para él todas las peroratas de su amigo.

Sin embargo no fue a dormir. Sólo fue a por un café en cuanto sus compañeros del 5.0 llegaron. Cuando regresó, Grace estaba con ellos. Danny la abrazaba con fuerza mientras le repetía sin cesar lo mucho que la quería, lo importante que era para ella.

Los demás observaban la escena con un nudo en el estómago, sabían que todo aquello era por Ron, por el niño que tenía una familia que no le quería, por el niño que jamás había tenido a nadie que se preocupase por él, por el hombre al que jamás nadie había tratado con amabilidad… hasta que Danny pasó por su vida.


-Gracias.

Steve levantó la vista. Volvían a estar solos.

-¿Por qué?

-Has ido al entierro de Ron.

-Era lo menos que podía hacer. Sabía que tú hubieses querido ir.

-No era mala persona. No merecía morir.

-Lo sé… Chin ha arreglado todo para tu cambio de arma, supusimos que no querrías usar la tuya después de que Ron la utilizase para… Danny, lo siento tanto…

El policía tragó saliva mientras sus ojos comenzaban a brillar por las lágrimas que querían derramar por el pobre dependiente.

-Sé que no pudiste detenerlo. No podías haber adivinado su reacción.

El Marine miró sus manos, intentando no recordar el momento en que Danny yacía inmóvil en sus brazos mientras Ron se llevaba el arma a la cabeza.

-Steve…

-¿Recuerdas aquella enfermedad que me dijiste? ¿Urbach-Wiethe? Estoy seguro de que no la tengo. Estaba aterrado. Creí que te perdíamos, Danny. Pensé que habíamos llegado demasiado tarde.

El rubio esbozó una sonrisa, sabiendo que ese no iba a ser el momento de derrumbarse, al menos, no el suyo.

-¿Y perderme la ocasión de que me expliques por qué entre mis objetos recuperados no está mi postal de Nueva Jersey?

El líder del 5.0 se echó a reír y el policía sonrió, satisfecho. Su amigo tenía que dejar de sentirse el responsable de todo lo que ocurriese a la gente que le rodeaba, si para ello tenía que llenarle la vida de postales de su tierra, lo haría sin dudar.