Summary Reconstruir una nación requiere de sacrificios. Sabiendo que la Nación del Fuego no aceptará a una Maestra Agua, Katara se hace a un lado de su incipiente relación con Zuko y lo incita a buscar la grandeza de la nación junto a la noble de la Nación del Fuego, Mai. Zutara

Ritmo de lluvia

Capítulo Diez

Por DamageCtrl

Disclaimer: No soy dueña de Avatar: El último Maestro Aire ni nada relacionado con él.

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N/T: Yo no soy dueña del argumento, sino que pertenece a DamageCtrl, yo sólo me limito a traducir lo que ella escribió en inglés, con su autorización por supuesto. Tampoco me pertenece Avatar: La leyenda de Aang. :)

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Zuko daba vueltas por el patio decorado, apreciando en silencio la transformación de un patio de concreto rn un salón de baile a cielo abierto. Delante de él, su Tío le señalaba los pequeños detalles, pero Zuko no estaba poniendo atención. En todo en lo que podía pensar era en que, en pocas horas, la estaría viendo de nuevo… en ese mismo patio.

Había linternas colgando y exuberante vegetación agregando color al rojo de fondo. Habían levantado unas altas lámparas para iluminar el área para la noche de la festividad. Esparcidas por los alrededores, estaban unas pequeñas mesas redondas, dejando el centro libre para los bailarines. Iroh se anotó un punto al contratar músicos de todas las naciones. El Rey Bumi había enviado sus trovadores personales.

Artistas de circo habían sido invitados para entretener a los niños de los estimados invitados y para ellos habían hecho una arena en una de las esquinas del patio. En cualquier momento, al menos dos bandas se presentarían. Una para los bailarines y la otra en la zona de comidas para regalarles una serenata mientras comían. Domadores de animales del Reino Tierra habían llegado unos días antes para presentar animales exóticos, generalmente pájaros coloridos, monos y lagartos.

Las Guerreras Kyoshi estarían entreteniendo a los asistentes, ellas habían llegado temprano ese mismo día. Su líder llegaría con el Avatar, sin embargo rodavía no habían tenido noticias suyas.

-… ¡Y luego pensé que inundar temporalmente el área para hacer una laguna era una brillante idea! –exclamó Iroh alegremente guiando a Zuko por uno de los senderos de piedra. Zuko salió de su trance y parpadeó.

-Espera… ¿Qué inundaste? –Iroh sonrió de oreja a oreja, satisfecho y señaló con sus manos el suelo bajo sus pies. Habías dos superficies cuadradas hundidas, que dejaban libre el centro del patio que había usado para pelear. Sin embargo, ahora estaban llenas de agua limpia, salpicadas con hojas de nenúfar y…

Zuko arrugó los ojos.

-¿Esos son koi? –se alejó un poco del camino-. ¿Dónde conseguiste esos peces?

-De los jardines sur –respondió Iroh-. No te preocupes, los devolveremos ni bien termine la fiesta –Zuko se frotó la frente.

-¡General Iroh! –Gritó una voz-. ¡La Tribu Agua del Sur acaba de llegar! –anunció un secretario mientras bajaba corriendo las escaleras y entraba al patio. Frenó de golpe y se inclinó respetuosamente al llegar ante ellos.

-¡Ah! Debería ir a saludarlos –sonrió Iroh. Se volvió para mirar a su sobrino-. Zuko, deberías ir a cambiarte.

-La celebración no comenzará hasta dentro de seis horas…

-Si, pero tienes que peinarte y ponerte la nueva túnica que te compre –insistió Iroh.

Zuko bufó, pero asintió. Mientras Iroh jugase al anfitrión con los recién llegados tomando su lugar, estaba bien. Aunque, una parte de él quería saludar personalmente a la Tribu Agua del Sur. Sacudiendo la cabeza, camino en la dirección contraria a la que tomó su Tío. No esperaba con ninguna ansiedad la hora de ponerse otra calurosa túnica. Especialmente cuando estuviese rodeado de gente y calor corporal.

Estaba a punto de subir las escaleras cuando oyó a alguien gritando su nombre. Familiarmente.

-Zuko, Zuko, ¡hola! ¿Te acuerdas de mí? -La voz era femenina, enérgica y alegre. Sabía perfectamente quien era. Se dio la vuelta justo cuando una joven artista de circo, vestida de rosa y de cabello castaño saltaba hacia él, con los brazos extendidos

-Hola, Ty... –se encogió cuando la muchacha le dio un aplastante abrazo- Lee.

-¡Gracias por invitarnos! –vociferó Ty Lee soltándolo-. ¡Estoy muy contenta de estar aquí!

-Escuché cosas buenas sobre tu circo –aseveró Zuko-. Tendremos muchos niños esta noche. Quería que tuvieran algo para mirar.

-Oh, no te preocupes, trajimos algunos animales con nosotros –le aseguró Ty Lee-. ¡Y acabo de empezar una rutina nueva! Tienes que venir a verla ¿lo prometes?

-… Seguro…

-¡Por cierto, oí que Mai también está aquí! –clamó ella entusiasmada-. Fui a su casa cuando llegamos a la ciudad, pero sus padres dijeron que estaba aquí, estudiando, pero que estará en la celebración. ¿La has visto por ahí?

Zuko asintió.

-Ella forma parte de un programa para aprender sobre nuestra cultura, pero no la he visto últimamente –le explicó. Hizo un paso para atrás antes de que ella pudiera seguir hablando-. Fue agradable verte de nuevo. Probablemente quieras regresar y ponerte a practicar. ¡Estoy ansioso por ver tu presentación!

La joven artista simplemente sonrió y lo despidió con la mano.

-¡Gracias de nuevo por recibirnos, Zuko! –Ty Lee sacudió la mano e hizo una voltereta hacia atrás para después echar a correr hacia su compañía circense que se estaba acomodando. El joven Señor del Fuego soltó un profundo suspiro. También lo había abrazado cuando la había perdonado. Siguió subiendo las escaleras y marchó hacia su cuarto.

Solo unas pocas horas más… y la vería de nuevo…

-El último barco proveniente del Reino Tierra ya llegó –oyó decir a alguien. Echó un fugaz vistazo a uno de los pasillos, al pasar. Reconoció a unas de las chicas de Kyoshi sin el uniforme hablando entre ellas-. Suki tampoco estaba en este.

-¿Y los otros? ¿Sokka? ¿Katara? –preguntó otra chica.

Zuko se tensó al escuchar ese nombre y quedó estático. Retrocedió unos pasos y estiró el cuello para oír mejor la conversación.

-Verifiqué la lista de pasajeros. Si tomaron un barco, no llegarán hasta mañana.

Se le cayó el alma hasta los pies. ¿Estaban hablando en serio? ¿Katara se iba a perder su celebración? Inconscientemente, se puso la mano sobre el estómago y lo presionó para detener la ansiedad que comenzaba a crecer. Había estado esperando esta noche solo para verla. Ella había dicho que vendría.

Apretó los puños a los lados y arrugó los ojos. Se habían demorado en el Reino Tierra… con ese muchacho. Aún no sabía su nombre, pero la simple idea de imaginar a Katara pasando tiempo con otro hombre, lo enfurecía y frustraba. ¿Había estado tan ocupada con su misión el Reino Tierra que se había olvidado de él? Apretando los dientes, Zuko completó la distancia que lo separaba de su habitación, detestando completamente la idea de asistir a su propia celebración ahora que se había enterado que ella no estaría.

Ni bien dejó el lugar, una de las Guerreras Kyoshi chasqueó los dedos y su rostro se iluminó.

-¿Sabes qué? ¡No puedo creer que lo olvidé! El Avatar Aang venía con ellos. ¡Probablemente estén viniendo en el bisonte!


-¿Y si no llegamos a tiempo? –Tartamudeó Katara mientras sobrevolaban el océano-. ¡Dije que estaríamos allí! ¡Y todos no están esperando!

-Katara, cálmate –le pidió Sokka, echado sobre la espalda de Appa-. Llegaremos a tiempo.

-Probablemente, incluso tengamos tiempo para prepararnos –le aseguró Suki, acostado junto a Sokka. Toph estaba al otro lado y los tres miraban las nubes pasar mientras volaban. Aang estaba sentado en la cabeza de Appa y Momo repanchigado debajo de la cabeza de Sokka.

-¿Prepararnos? –Repitió Katara, dándose la vuelta-. ¿Qué quieres decir con prepararnos?

-Bueno, no podemos simplemente aparecer en la fiesta vestidos así –rió Suki-. Quiero decir, hemos estado viajando por días.

-Sí, no olemos exactamente como un campo de flores –agregó Toph.

-Pero... no tenemos una muda extra –indicó Katara tontamente-. Todo lo que tengo son mis ropas de la Tribu Agua –sus ojos se agrandaron al ver a las otras dos chicas, sintiéndose traicionada de repente-. ¿Ustedes empacaron vestidos?

-No, no... –suspiró Suki-. Me presentaré con las otras guerreras esta noche, así que ellas trajeron mi uniforme.

Katara parpadeó hacia la otra chica.

-¿Toph?

La morena resopló.

-Mis padres están invitados y ellos llevan mi vestido.

-¿Sokka?

-Soy un chico. No necesito un vestido –Sonrió Sokka.

-Por si acaso, les dije a las chicas que trajeran un uniforme extra para ti –Suki sonrió con suficiencia. Y la sonrisa de Sokka se desvaneció.

Katara empezó a tamborilear la silla con los dedos.

-¿Aang?

-Soy el Avatar –anunció Aang-. ¡Esperan verme vestido así! –Katara gruñó.

-¿Así que soy la única sin un vestido? –preguntó ahogadamente.

-Parece que… sí –Sokka se encogió de hombros-. No sé porque no le dijiste a papá. Él y Gran-Gran iban a venir y podrían haberte traído algo.

Katara los miró sin expresión. Repentinamente, sacudió los brazos en el aire.

-¡No puedo creerlo! Todas y cada una de las personas más importantes de todas las naciones van a estar ahí esta noche y… y… ¡yo ni siquiera tengo un regalo! –observó casi a los gritos. Se volvió a sus amigos-. ¿Ustedes le llevan algo?

-¡La presentación! –chilló Suki.

-Padres llevar algo –añadió Toph.

-No me agrada –Sokka se encogió de hombro. Se oyó un golpe y se fricó el brazo-. ¿Qué? El tipo besó a mi hermana. ¿Qué quieres que le haga ¿Una fiesta?

Katara se dirigió ahora al Avatar.

-Aang ¡dime que no soy la única que no lleva nada!

Frente a ella, el Avatar se encorvó vergonzosamente.

-En realidad…

A Katara se le desencajó la mandíbula.

-¿También le llevas algo?

-Yo… le estoy entregando algo –sonrió Aang, abiertamente-. Pero no te preocupes; ¡estoy seguro que se pondrá feliz solo con verte!

Se oyó un ruido sordo y Katara se tiró sobre la silla de montar. Con los ojos fijos en el cielo, en las nubes que pasaban. No solo se presentaría con ropa inapropiada, sino que también iría sin ningún tipo de regalo para el líder de la Nación del Fuego. Y no era como que pudiera comprarle algo que se aproximara siquiera a las cosas grandiosas que recibiría esa noche.

-Katara –llamó Sokka a su lado. Volvió perezosamente la cabeza hacia su hermano y lo encontró mirando el cielo-. No te preocupes… -afirmó suavemente-. Aang tiene razón. Se pondrá feliz solo con verte –Katara sintió una mano cálida agarrar la suya y darle un apretón tranquilizador. Le agradeció con una sonrisa.

-Gracias, Sokka.

-Aja… -asintió y soltó su mano, asintiendo levemente-. Suki me hizo decir eso –otro golpe se escuchó-. Ouch.


Zuko inhalaba y exhalaba profundamente, tratando de controlar su frustración con el sastre mientras lo tenía con los brazos extendidos, ultimando los detalles de su túnica.

-No entiendo porque necesito una túnica nueva –estaba que echaba chispas. Delante de él, Iroh lo estudiaba atentamente, admirando como su buen gusto en ropas se reflejaba en su sobrino.

-¡Bueno, no puedes ponerte ropa que has usado cien veces en tu celebración de cumpleaños! –replicó Iroh. Asintió su cabeza, aprobadoramente-. ¡Además, tengo un excelente gusto en ropa!

Zuko se miró en el espejo del costado y fulminó su reflejo. Habían atado su cabello en una cola alta que dejaba caer el resto de su pelo alrededor de su cabeza. La corona del Señor del Fuego sostenía la cola. Su nueva túnica tenía muchas capas, era gruesa, roja con dorado y con detalles en negros sin olvidar los volados en blanco que salían del cuello y del puño de las mangas. Ni siquiera se podía ver los pies.

-No cuestiono tu buen gusto… -masculló Zuko. Aunque, esto es un poco demasiado y te voy prohibir las salidas al mercados por los próximos meses.

-Luce perfecto, mi señor –aseguró el sastre inclinando la cabeza y retrocediendo-. El color resalta sus ojos.

-Grandioso –Zuko frunció el ceño. Iroh despachó al sastre y cuando se fue, se volvió para mirar a Zuko.

-¿Por qué no estás más animado? –Inquirió Iroh-. ¡Has estado esperando con ansias este dia!. ¡Todo el mundo ha venido a celebrar contigo!

Zuko simplemente tiró de las mangas y enfrentó la mirada de su tío.

-No todo el mundo –soltó. Iroh arrugó el entrecejo.

-¿De qué estás hablando…?

-Estoy hablando de Ka… -rápidamente cerró la boca con un ruido seco. Cerró los ojos e inspiró profundamente-. El Avatar y sus amigos aún no han llegado –anunció, tan calmo como pudo.

-¡Pero la fiesta ni siquiera ha empezado! –Porfió Iroh-. Aún hay tiempo.

-A menos que puedas retrasar la fiesta hasta mañana, no hay –Zuko volvió a fruncir el ceño.

-Zuko… no entiendo.

-Escuché una conversación de las Guerreras Kyoshi –confesó finalmente el Señor del Fuego-. Dijeron que el último de los barcos que venía del Reino Tierra ya había arribado y que ellos no venían en él.

Iroh parpadeó.

-¿Era eso? ¿Nada más?

-¿Nada más? –escupió Zuko. Arrugó el entrecejo, enfadado y negó con la cabeza. ¡Ella era a quien estaba esperando ansiosamente ver toda la noche! ¡Y ella no iba a estar!-. Olvídalo. ¡Vamos y acabemos con esto de una vez!

-Zuko, no has pensado que…

-Ahórratelo, Tío –rugió Zuko caminando hacia las puertas. Las abrió de un tirón y salió de sus recamaras privadas-. No me tienes que convencer de nada. Iré y saludaré a los invitados.

Iroh suspiró cansinamente y sacudió la cabeza.

-Bien… si no quieres oír… -murmuró tranquilo. Ahogó una risita. ¿Acaso su sobrino no se acordaba del medio de transporte favorito del Avatar?


-¡Llegamos tarde!. ¡Completamente tarde! –vociferaba Katara, volando sobre la Capital de la Nación del Fuego. Debajo de ellos, las calles estaban alumbradas con linternas para celebrar el cumpleaños del Señor del Fuego. Podía ver a las personas ahí abajo, celebrando, y sabía que la celebración detrás de los muros del palacio, probablemente, ya estuviera en proceso.

-Cálmate –suspiró Sokka-. Has estado en pánico todo el día...

-¡Y con razón! –replicó Katara.

-Guau… miren a esa gente… -musitó Suki mirando por el borde de la silla. Katara soltó un jadeo y gateó hasta un costado. En el palacio, una multitud de gente estaba entrando en el patio principal. Las linternas colmaban la zona y la música podía escucharse elevando en el aire.

-¡Ya empezó! –Gritó ahogadamente Katara-. ¡Y aún no hemos aterrizado!

-Pero al menos no nos la perdimos –sugirió Sokka. Katara lo miró con el ceño fruncido, enfadada-. ¿Qué? No nos la perdimos.

-Bien, chicos estaremos aterrizando cerca de los establos en el patio este –anunció Aang-. Llévanos abajo, Appa.

La bestia gruñó quedamente y empezó su descenso. Katara se mordió el labio inferior ansiosa mientras Aang dirigía al bisonte de diez toneladas al patio abierto. Podía ver a los guardias haciéndole señas con las banderas. Cuidadosamente, Appa aterrizó en el centro y varios guardias se acercaron para recibirlos.

-¡Avatar, bienvenido de vuelta a la Nación del Fuego! –exclamó uno de ellos con una grave reverencia.

-Es bueno estar de vuelta –respondió Aang bajando de un salto. Los otros bajaron deslizándose-. ¿Ya ha empezado?

-Sí, Avatar Aang –contestó otro guardia-. Iré a informarle al General Iroh de su llegada.

-¿Puede decirme dónde se encuentran las Guerreras Kyoshi? –le preguntó Suki a uno de ellos.

-Y yo necesito encontrar a mis padres –advirtió Toph.

-Podemos llevarlas hasta allí –aseguró otro guardia-. Shuu, lleva a la bestia espiritual del Avatar a los establos y dale de comer.

-¡Sí, señor! –obedeció el guardia y tomó las riendas de Appa.

-¡Te veremos luego, chico! –Se despidió Aang-. Tengo que ir al patio principal.

-Por supuesto, Avatar Aang, pero ¿no preferirías alistarse antes?... si no le molesta que pregunte.

Aang arrugó la nariz.

-¿Qué hay de malo con lo que estoy usando?

-Katara, vamos –apuró Suki mientras ella y Toph se alejaban detrás de un guardia-. Puedes venir y refrescarte con nosotras en el cuarto de las Guerreras Kyoshi.

-¡Nos vemos, chicos! –saludó Toph.

Sokka le devolvió el saludo y se volvió a Aang.

-Bueno, me voy a ver que clase de comida trajeron esta vez…

-¡Sokka, tú vas con Aang y al menos ponte ropa limpia! –Mandó Katara-. ¡No quiero que avergüences a la tribu con ese extraño olor!

-¿Qué olor?

-Avatar Aang, Maestro Sokka, síganme por favor –un guardia inclinó su cabeza ante ellos-. Los llevaré a sus habitaciones. Avatar Aang, allí hay preparada una muda de ropa limpia.

-¿En serio? ¡Genial! –Aang sonrió y le hizo señas a Sokka para que lo siguiera.

-Ey, Aang… Yo no apesto ¿verdad?


-Rey Bumi, gracias por venir –Zuko inclinó respetuosamente su cabeza mientras que el anciano y ligeramente loco rey del Reino Tierra sonreía ampliamente.

-¡No tienes que inclinarte! –Rió Bumi adelantándose y dándole un gran abrazo-. ¡Feliz cumpleaños, Zuko!. ¡Espero que te gusten los dulces de piedra! ¡Porque traje un buque lleno! –rió a carcajadas, palmeándole la espalda al joven Señor del Fuego y apartándose.

Zuko trató de no encogerse de vergüenza.

-Me encantan… gracias.

-Ah... me alegra ver que mis guardias te sirven –observó Bumi mirando a las muros circundantes. Varios soldados del Reino Tierra caminaban por los alrededores, de vez en cuando, deteniéndose junto a soldados de la Nación del Fuego-. ¡Espero que disfrutes mis juglares!

-Estoy seguro que son geniales, Rey Bumi. Gracias –el anciano volvió a estallar en carcajadas mientras se alejaba, saludando a alguien a los gritos. Zuko suspiró profundamente.

-Señor Zuko, estos son Kana y Hakoda de la Tribu Agua del Sur –presentó el secretario que estaba a su lado. Zuko se enderezó inmediatamente ante la mención del padre de Katara e inclinó su cabeza.

-Gracias por venir –empezó Zuko.

-Gracias por invitarnos, Señor Zuko –Hakoda hizo una reverencia-. Es un honor estar aquí.

-Tiene un bonito palacio, joven Señor del Fuego –comentó Kana admirando el lugar-. La laguna fue un toque muy lindo.

Zuko sonrió ligeramente.

-Usted debe ser la abuela de Katara y Sokka… recuerdo haberla visto la primera vez que fui al Polo Sur –su sonrisa se desvaneció e inclinó gravemente su cabeza, disculpándose-. Perdóneme por haber sido tan rudo aquella vez.

Kana rió entre dientes y negó con la cabeza.

-Parece que has cambiado mucho desde aquella vez. Déjame decirte, las ropas del Señor del Fuego te sientan mucho mejor que las de soldado –le dijo. Le echó un vistazo a su cabeza, con aire crítico-. Te ves mucho mejor con cabello, también.

A su lado, el secretario luchaba internamente por no reír y Zuko parpadeó varias veces.

-Ah… vamos, Gran-Gran –Hakoda rió nervioso. Como si nada, apartó a la anciana-. El Señor del Fuego tiene más gente que saludar.

-No me apures, puedo andar yo sola –porfió Gran-Gran.

Zuko suspiró y prosiguió con el siguiente grupo.

-El Jefe Arnook de la Tribu Agua del Norte.

Detrás de él, Iroh hablaba con uno de los invitados cuando uno de los guardias le dio un golpecito en el hombro. El viejo general se inclinó sobre él y escuchó lo que tenía que decirle antes de esbozar una amplia sonrisa. Clavó su mirada en la espalda de su sobrino. Riendo para sí, contento, buscó entre la multitud a una persona en particular. Sobre encontrarla, se disculpó y se dirigió a ella.

-¡Kana! –llamó acercándose a la anciana, todavía con la enorme sonrisa en la cara.

-General Iroh, otra vez muchas gracias por enviar a alguien para que nos recogiera del puerto –reparó Kana mientras el se ponía a su lado-. Mis pies le están muy agradecidos.

Iroh se rió y asintió.

-Fue un placer. Cualquier cosa por una invitada –le aseguró. Se inclinó, oteó el alrededor y se acercó un poco más-. Y hablando de invitadas, creo que la más honrada ha llegado.

Kana agrandó los ojos.

-Ya veo… ¿y dónde está nuestra invitada más honrada?

-El guardia dijo que la escoltaron a la habitación donde las Guerreras Kyoshi se están preparando. Creo que fue con la líder –le informó Iroh.

Kana cabeceó.

-Excelente, le llevaré su vestido entonces.

-Gracias, Kana. Tu presentimiento es asombroso –Iroh inclinó la cabeza.

-Por supuesto que sí –reconoció Kana. Y anduvo hacia su yerno-. Hakoda. Regresaré en un momento. Sosten mi trago –le entregó la copa que tenía antes de alejarse sin más explicaciones.

Hakoda quedó un poco confundido, pero sacudió la cabeza y siguió hablando con Bato. La anciana discretamente atravesó la muchedumbre y entró en el edificio. Una vez adentro, se encaminó hacia el ala de huéspedes del palacio.


-¿Katara? –Suki golpeó la puerta del baño-. Tenemos un uniforme de más. ¿Quieres ponértelo?

-No, está bien –respondió Katara. Estaba sentada en una tina llena de agua, haciendo agua control para limpiarse lo mejor posible. No quería ir al patio apestando como un bisonte volador-. Tengo algunas ropas en mi mochila. Usaré esas.

-¿Segura?

-Segurísima.

-Está bien… -suspiró. Regresó a la habitación donde el resto de las chicas estaban casi listas. Se acomodó la armadura alrededor de la cintura y después, frente al espejo empezó aponerse el maquillaje rojo y blanco.

Un suave golpe sonó en la puerta y una de las chicas se apresuró en abrir. Se rió tontamente mientras se hacía un lado y le dejaba paso a una anciana.

-Suki… ¡mira! –suspiró una de sus compañeras.

Su líder se volvió y una enorme sonrisa iluminó su rostro. Gran-Gran cargaba un paquete que se veía bastante pesado, envuelto en piel de animal. Una de las muchachas se lo quitó de las manos y lo puso sobre una de las camas.

-Gran-Gran… -empezó Suki, pero la anciana se llevó un dedo a los labios, silenciándola.

-Es una sorpresa –susurró con voz queda.

Suki agrandó los ojos y miró la puerta cerrada, detrás de la cual Katara todavía se estaba bañando. Después sonrió y miró con interés a la mujer que desenvolvía el paquete. Sacó la piel de foca, develando una rica tela azul oscura con pieles.

Las demás chicas se detuvieron cuando vieron a la abuela de Katara desdoblar las ropas de la Tribu Agua. El vestido consistía en un saco largo contorneado con suave piel blanca. La tela del interior era una versión más elaborada de la ropa que Katara usaba normalmente y estaba finamente bordada. Gran-Gran sacó una pequeña bolsa del paquete y la abrió. Varias piedras azules, joyas, rodaron sobre el vestido.

Suki rió.

No puedo esperar a que Katara vea todo esto.

Adentro del baño, Katara deshacía su peinado y se mojaba la cabeza en el agua. Pasaba los dedos por su pelo trenzado, intentando alisarlo. Estiró la mano y agarró una botella de vidrio. La destapó y vertió un poco del líquido fragante en sus manos antes de poner la botella en su lugar y desparramar el liquido por su cuerpo.

Su corazón estaba acelerado. Le decía que se apresurara, cuanto antes estuviera lista, antes podía verlo otra vez. Sacó la cabeza del agua y dejó que las burbujas de jabón cayeran en su cuerpo. Repentinamente, su corazón se encogió en su pecho. No se habían visto por meses... ¿había cambiado algo?

Un pequeño dolor se esparció por su cuerpo y se llevó una mano al pecho. No se habían despedido en los mejores términos. Un beso fugaz no es una promesa de futuro. No había oído nada de él, a excepción de la carta de Iroh y se preguntaba si algo cambió. ¿Sería que había alguien más? Se le heló la sangre en las venas ante la simple idea.

¿Qué estaba haciendo? Había volado como loca un océano y ahora estaba sentada en una tina llena de agua, tratando de prepararse para él. ¿Y si todo era en vano? Miles de posibles escenarios invadieron su mente, pero solo sacó en claro algo.

Saludaría a Zuko con una inclinación de cabeza. Sus miradas se encontrarían, intercambiarían una conversación amable, y después no lo vería por el resto de la noche. Cientos de invitados eran más importantes que ella; y él, sin remordimientos, pasaría más tiempo hablando con ellos. Estar junto a él no era su lugar. Se le cayó el alma a los pies ante la inutilidad de todo. ¿Había viajado miles de kilómetros solo para verlo unos segundos?

Había estado tan emocionada. Con cada segundo que pasaba, casi podía verlo. Podía oír su voz llamándola y ella quería estar con él. Pero ahora que estaba allí, en el Palacio del Fuego… su hogar, se dio cuenta de lo estúpido que había sido esperar algo más. Zuko era un hombre importante. Ella solo era una maestra agua de una tribu en el Polo Sur.

Dejó caer las manos a los costados y permaneció sentada, paralizada. Se suponía que eran amigos. ¿Cómo podía soñar con algo más? Sus ojos empezaron a llenarse agua y los cerró.

No pienses en eso, Katara… solo anda y velo. Es todo lo que tienes que hacer... es todo a lo que viniste hacer.

Incluso aunque lo pensaba, sabía que era una mentira.

Un golpe resonó en la puerta.

-¿Katara? –Llamó de nuevo Suki-. ¿Ya estás lista? Estamos por salir ya.

-¡Casi estoy! –contestó Katara. Sacudió la cabeza y bruscamente se secó las lágrimas de los ojos y se enjuagó el pelo con agua control. Se paró en la tina y se concentró en secarse el resto del cuerpo.

-¡Apresúrate o te perderás todo! –Rió Suki.

Tan pronto su cabello y torso estuvieron considerablemente secos, salió de la tina y agarró una toalla. Empezó a secarse con ella y miró alrededor. Había olvidado su muda extra al otro lado de la puerta. Negando con la cabeza, inspiró profundamente para calmarse. Se miró al espejo para asegurarse de que se veía bien, antes de envolverse con la toalla.

Katara abrió la puerta y salió, todavía con la toalla. Lo primero que vio, fue una figura azul que parecía desentonar dentro del mar rojo y verde de las muchachas de Kyoshi. Agrandó los ojos cuando un rostro curtido por el sol le sonrió.

-¿Gran-Gran? –jadeó. Una verdadera sonrisa iluminó su cara-. ¿Qué estás haciendo aquí, Gran-Gran?

-Me invitaron –le contestó la mujer suavemente-. Estás retrasada, sabes.

-Lo siento –murmuró Katara y rápidamente cruzó la habitación para abrazar a su abuela-. ¿Cómo supiste qué estaba aquí?

-Un pajarito que bebe té me lo dijo –replicó Gran-Gran. Apartó a su nieta y la llevó hasta la cama-. Te traje algo para que te pongas.

Katara abrió los ojos como platos.

-Gran-Gran… -Katara no pudo completar la frase.

-Hecho en la Tribu Agua del Norte –le explicó con orgullo-. Ya no hacen vestidos así.

-Es el vestido de bodas de tu abuela –le contó Suki. Katara se giró y vio a todas las chicas sonriéndole-. Nunca vi algo así.

-Debes prepararte, Katara –le dijo una de las muchachas con timidez-. No quieres dejarlo esperando.

Sintió sus mejillas encenderse y apartó la mirada.

-¿Estuvieron hablando sobre…?

-¡Vamos, chicas! –Exclamó Suki-. ¡Dejemos que Katara se cambie! ¡Espero buenos resultados, Gran-Gran! –se despidió Suki descaradamente, apurando a sus compañeras a salir.

-¡Ey, aguarda un segundo! –la puerta se cerró y Katara quedó parada inmóvil.

-Bueno… -dijo Gran-Gran levantando un cepillo-. Empecemos.


-¡Guau! –un grupo de niños aplaudió a la acróbata que se balanceaba en la cuerda floja mientras hacía una serie de saltos mortales hacia atrás.

-Sí, mi hija ama el circo –Zuko reconoció la voz del padre de Ty Lee entre la muchedumbre y lo descubrió junto a su esposa mirando orgullosamente a su pequeña bola de energía asombrar a los niños. Zuko se acordó de los sucesos de años anteriores, cuando su padre había tenido un ataque porque su hija quería unirse al circo. Cuando amenazó con casarla, al otro día, desapareció sin rastro.

Ahora la joven de rosa hacía alarde su equilibrio y flexibilidad delante de la multitud y sus padres presumían de ello. Tomó un sorbo de su copa mientras permanecía de pie detrás de las hileras de niños y del Rey Bumi. Ty Lee saltó de la cuerda floja, aterrizando graciosamente ante los niños haciendo una reverencia. Niños y adultos aplaudieron. Zuko también le dio una cabeceada aprobadora antes de darse la vuelta.

-¡Mai! ¡Me viste! ¿Me viste? –volvió apenas su cabeza para ver a la gimnasta abrazar a una joven noble con cara de aburrida.

-Estuviste genial, Ty Lee –aseveró con poco entusiasmo-. No sabía que ibas a venir a presentarte.

-¡Oh, yo también me sorprendí!. ¡Pero luego me dijeron que Zuko había pedido que alguien del circo viniera a exhibirse y pedí venir con ellos! –explicó Ty Lee-. ¡Ah! ¡Ahí está!

Zuko se encogió, sabiendo que lo habían visto. Un segundo más tarde, Ty Lee se le acercaba con una enorme sonrisa acompañada por Mai. Las saludó con una sútil inclinación de su cabeza.

-Ty Lee, excelente presentación. Mai, es bueno verte.

Ty Lee esbozó una sonrisa.

-¡Te ves muy bien, Zuko! Linda ropa ¿Es nueva?

-Sí –asintió Zuko-. Y gracias.

-Debo reconocer que tiene razón –dijo Mai quedamente, desviando la mirada tímidamente-. Son túnicas muy finas, Señor Zuko.

-Gracias –respondió. Vaciló un momento antes de continuar-. Por cierto, Mai. Examine tu propuesta para fundar escuelas vocacionales. Tiene muchas cualidades –la expresión de Mai no cambió de la de aburrimiento, pero un ligero rubor tiñó sus mejillas.

-Gracias, Señor Zuko –le hizo una solemne reverencia.

-¡Guau, Mai! ¡Presentaste una propuesta! ¡Eres buena en esto! –vociferó Ty Lee, orgullosa abrazando a su amiga una vez más.

Zuko volvió a saludarlas con la cabeza.

-Espero que disfruten la velada, señoritas –ambas se inclinaron respetuosamente, permitiendo a Zuko alejarse.

Soltó un profundo suspiro mientras caminaba por el patio, tratando de evitar a cualquiera que quisiera hablar con él. Acababa de pasar la primera hora saludando a todos los invitados importantes. Mientras todos empezaban a acomodarse, unas cuantas personas se le acercaron. Realmente no tenía ganas de hablar, pero el protocolo insistía que lo hiciera. Paso unos minutos aquí y allá conversando casualmente con aquellos que eran en verdad importantes, como los dignatarios del Reino Tierra.

Había evitado a cualquiera de las chicas que había echado del sistema luego de que las presentaciones fueron hechas. Pero aún así, varios nobles se le habían acercado para presentarle sus hijas. Sacudiendo la cabeza, pasó junto a una de las bandas que tocaba una balada del Reino Tierra. Docenas de personas estaban cerca de la pista, mirando a las parejas del Reino Tierra bailar al ritmo de la música.

De vez en cuando, algunas de las parejas se separarían y animarían a la gente de la Nación del Fuego o de las Tribus Agua para que se les unieran. Incluso vio al malhumorado de la Tribu Agua siendo arrastrado a la pista de baile. Sonrió con suficiencia. El maestro de agua control de Katara era un tronco.

-¡Zuko! –el joven Señor del Fuego se giró justo cuando su Tío salía de entre la multitud. Parecía sin aliento, pero tenía las mejillas coloradas-. ¿Ya bailaste? Debes bailar antes de que la banda tome un descanso.

Zuko sonrió débilmente y negó con la cabeza.

-No, Tío. Está bien. En serio.

-¿Seguro? –Preguntó Iroh-. No debes tener vergüenza si no sabes bailar...

-Yo sé bailar –declaró Zuko con firmeza. Había tomado clases de baile mientras aprendía a ser un buen Príncipe cuando era un niño-. Es sólo que no quiero.

-Si tú lo dices... –suspiró Iroh-. Te estás perdiendo la diversión –repentinamente, la música se acabó y Iroh hizo un puchero-. Justo estaba a punto de regresar...

-¡Presentándose por primera vez en la Nación del Fuego –anunció un hombro al mismo tiempo que la pista de baile se despejaba-, las jóvenes de la Isla de los Guerreros Kyoshi!

Una serie de aplausos sonaron alrededor de la pista mientras varias chicas ocupaban sus lugares.

-¡Buenas noches a todos! –Exclamó Suki poniéndose al frente de las demás-. ¡En nombre de la Isla de Kyoshi, queremos desearle al Señor del Fuego un alegre cumpleaños! –todos aplaudieron de nuevo y buscaron a Zuko.

Iroh, como si nada, empujó y pinchó a Zuko hacia delante hasta quedó en el borde de la pista. Fulminó a su Tío con la mirada antes de enderezarse y cabecear reconociendo a las guerreras. La banda hizo sonar los tambores y las muchachas abrieron sus abanicos.

-Ah… Suki está aquí –dijo alguien a su izquierda. Zuko levantó la mirada y vio a Hakoda hablando con Arnook-. Eso significa que Katara y los demás ya han llegado.

Su corazón se detuvo. ¿Katara estaba ahí? ¿En el palacio? ¿Dónde? Empezó a escudriñar la multitud con la mirada, deteniéndose en cada figura azul deseando que fuera ella.

-Es una pena que no se presente con ellas esta noche –respondió Arnook al otro hombre-. Escuché que Katara es un miembro honorario de las Guerreras Kyoshi

¿Cuando pasó eso? La mente de Zuko era un remolino. Se fijo en las chicas de nuevo, instantáneamente imaginando a Katara vestida con el uniforme verde de guerrera, sosteniendo los abanicos de metal y con su bronceado rostro pintado de blanco. Casi podía verla moverse con pasos fluidos y gráciles, con los ojos concentrados en sus elegantes movimientos como cuando hacia agua control. Levantó la mano y tiró del cuello de su túnica. De repente, hacía un poco de calor.

-¡Mira, ahí está!

Zuko agrandó los ojos.

-El Avatar…

Se dio la vuelta y vio al muchacho con la flecha tatuada en la calva entrando en el patio, abriéndose camino hacia él. Les echó un último vistazo a las guerreras antes de meterse dentro de la muchedumbre para tratar de encontrarse con Aang.

-¡Zuko! –parló Aang alegremente, saludándolo-. ¡Gracias por invitarnos!

Como si hubiera podido no hacerlo… pensó Zuko secamente.

-Avatar...

-Está bien, Zuko. Puedes llamarme Aang –le aseguró el monje mientras el lémur que tenía en el hombro chillaba.

Zuko suspiró amargamente.

-Aang… bienvenido a mi celebración.

-¡Gracias por invitarnos! –Repitió Aang-. ¿No es así, Sokka?

Zuko miró por encima del hombro del Avatar y vio al joven Guerrero de la Tribu Agua casualmente parado detrás de él.

-Sí, como sea.

El Señor del Fuego arqueó una ceja. Aparentemente, Sokka no había olvidado haber visto el beso de Katara y de Zuko en jardín.

-Sokka –empezó Zuko con cautela-. ¿Sobre lo que pasó…?

-¡No pasó nada! –Le interrumpió Sokka, obviamente cerrándose en la negación-. Ahora, si me disculpas, ¡voy a ver la presentación de mi novia! –le hizo un desaire a Zuko y pasó de largo.

Zuko arrugó los ojos y acribilló con la mirada la nuca de Sokka. Si no fuera el idiota hermano de Katara…

-Gracias por las ropas, Zuko. Me alegra tener otra muda –sonrió el joven Avatar. Zuko asintió.

-Mi Tío lo sugirió.

-Ya veo… entonces…. –añadió Aang como si nada-. ¿Pasándola bien?

-Apenas –Zuko frunció el ceño. Quería que Aang le dijera que sí; que Katara realmente estaba allí y que estaba por ir a saludarlo.

-Mmm… -prosiguió Aang, tratando de llenar el incómodo silencio que Zuko estaba dejando prolongar entre ellos-. Eh… ¿recibiste buenos regalos?

Zuko arrugó los ojos.

-No tienes que quedarte aquí y hablarme

-Oh, bien… -Aang soltó un suspiro de alivio. Rápidamente agrandó los ojos-. Digo… ¡no es que no quiera hacerlo! Mmm… -Aang arrugó la nariz un poquito-. ¿Katara está aquí? –sugirió.

Vio un pequeñísimo destello de emoción en los ojos de Zuko.

-Está bien –Zuko tosió ligeramente y se volvió, obligándose a ocultar la enorme alegría que sentía al oír que ella realmente estaba ahí… y no en el Reino Tierra con otro hombre. Rápidamente apartó ese último pensamiento-. ¿No está contigo?

-Nah, ya sabes como son las chicas –Aang se encogió de hombros-. La arrastraron para que se cambiara y esas cosas.

Así que se está preparando para verme… una pequeña oleada de orgullo masculino lo atacó ante la idea.

-Ya veo.

-Bueno… te dejaré disfrutar la presentación –le dijo Aang-. Momo y yo vamos a comer algo de fruta y a buscar a Bumi.

-Está en el rincón de los niños mirando el espectáculo de circo –le informó casualmente. Aang sonrió brillantemente.

-Gracias Zuko… ¡Oh! –Replicó Aang antes de girar y ponerse en camino al lugar donde había oído a los niños, y a un genio loco, riendo-. ¡Feliz cumpleaños!

Zuko no pudo evitar la sonrisa que iluminó su rostro. Ella había llegado… y se estaba preparando para verlo. Arrugó el entrecejo levemente. Si el último barco había arribado y ellos no estaban en él, cómo… su tren de pensamiento se estrelló contra una pared de ladrillos y tuvo ganas de golpearse a sí mismo. ¡El bisonte volador! De sus labios se escapó una risita, incapaz de creer que había podido olvidar a un bisonte de diez toneladas.

Negó con la cabeza.

-Veo que saludaste al Avatar –comentó Iroh detrás de él. Zuko se volvió y se encontró con la sonrisa ladina de su Tío. Agrandó los ojos.

-¡Tú sabías! –gritó ahogadamente, acusándolo, el hombre simplemente rió.

-Traté de decírtelo, pero me dijiste que me lo ahorrara –le recordó. Zuko se encogió ligeramente-. ¿Todavía no las has visto?

-No… no vino con Aang y Sokka.

-Bien, entonces no estoy muy retrasado –aseveró Iroh. Se adelantó y le hizo señas para que bajara la cabeza. Zuko estiró el cuello-. No que estás siendo vigilado… incluso aquí. Contrólate cuando veas a Katara.

Zuko por poco le grita. Movió bruscamente su cabeza y lo fulminó con la mirada.

-¿Por quién me tomas? –siseó en voz baja. Iroh le dio una mirada cómplice y Zuko gruñó. Tenía que admitirlo, quería tomarla en brazos en el momento en que la viera y escaparse con ella. No iba a hacerlo, pero al menos iba a abrazarla… de la forma más platónica que pudiera.

-Sólo estoy diciendo –Iroh se encogió de hombros-. Me han dicho que estará completamente vestida esta noche –agregó.

Una sonrisa de triunfo iluminó la cara de Iroh cuando las mejillas de Zuko se colorearon un poco. El joven Señor del Fuego le regaló a su Tío una mirada asesina por poner esa idea en su cabeza mientras su imaginación volaba con imágenes de Katara usando alguna toga de la Nación del Fuego. Tiró del cuello de su túnica una vez más. Estaba haciendo bastante calor de nuevo.

-Tío, te aseguro, que actuaré normalmente sin importar cómo esté vestida –replicó Zuko en voz baja. Iroh simplemente se encogió de hombros y sonrió.

Repentinamente, algo llamó la atención del viejo General. Miró por encima del hombro de Zuko hacia la pista de baile. Las Guerreras Kyoshi habían terminado su exhibición y estaban mezclándose con los demás invitados mientras la banda empezaba a tocar de nuevo con una vieja balada de la Nación del Fuego. Esta vez, docenas de nobles y oficiales de la Nación del Fuego entraron a la pista con sus compañeras.

Zuko siguió la mirada de su Tío, pero otra cosa llamó su atención. Varias Guerreras Kyoshi estaban rodeando a alguien. Podía ver a Hakoda abriéndose paso para llegar, se inclinó y abrazó a una pequeña figura con una sonrisa de orgullo en sus labios. Desde dónde estaba, Zuko sintió que su corazón se aceleraba. A los lados, las manos le sudaban y tragaba con dificultad.

Hakoda se apartó y Zuko la vio.

Katara sonrió, alzando la manga de su vestido de pieles blancas. Se sonrojó, avergonzada por todo la atención al mismo tiempo que muchos miembros de la Tribu Agua se acercaban y la saludaban. Su largo cabello castaño no estaba trenzado sino que lo llevaba en un rodete. Sus típicas mechitas enmarcaban su rostro sonriente y su pendiente brillaba a la luz del fuego. Piedras preciosas de color azul estaban prendidas en su cabello, salpicando el mar castaño con pequeños destellos azules.

Zuko soltó el aliento que había estado conteniendo. Su mirada se suavizó ante lo que veía. ¿Así era como se veía una princesa de la Tribu Agua? Porque le sentaba bien… muy bien. La observó voltear la cabeza para saludar a alguien y fue ahí cuando sus ojos se encontraron.

Sus ojos azules se agrandaron ligeramente y de repente, Zuko se sintió intimidado. Él, el Señor del Fuego, intimidado por una campesina de la Tribu Agua. La mirada de Katara se suavizó y una sonrisa cálida afloró en sus labios. Todo pensamiento coherente escapó por la ventana.

-¡Katara! ¡Wow! ¡Te ves hermosa! –la voz del Avatar se metió dentro de su mundo de fantasía y lo devolvió a la realidad. Con brusquedad giró la cabeza a un lado y vio al Avatar correr hacia ella, con una enorme sonrisa y un ligero rubor en sus mejillas. Sus ojos se apartaron de los de él y dirigió su sonrisa a Aang.

¡Pequeño diablillo! Zuko maldijo a Aang por haber dicho lo que él quería decirle a Katara. Por un momento, estuvo celoso.

Como tonto, Zuko se quedó en su lugar, mirando como todos sus amigos la saludaban. No le gustó la mirada eufórica del Maestro Pakku cuando éste vio a Katara. Oyó algo como "justo como Kana". ¿Pero Kana no era la abuela de Katara? Parecía que su padre la estaba presentando a los miembros de la otra Tribu cuando ella saludó a Toph con la mano.

Apenas reconoció a la petisa maestra tierra con ropa de etiqueta. De no haber sido por su risa característica, hubiera pensado que era una persona completamente diferente. La niña abrazó a Katara y deslizó las manos sobre el saco y las mangas, sintiendo el vestido que no podía ver con sus ojos. Y después su Tío Iroh fue a saludarla.

Zuko se quedó congelado. ¿Su Tío no había estado a su lado? Miró alrededor y se dio cuenta que el viejo general lo había abandonado sin previo aviso. Zuko empezó a perjurar contra el anciano mientras veía a Katara abrazarlo y haciéndola sonrojar con sus halagos.

-Katara, quitas el aliento –le aseguró Iroh-. Nunca antes he visto a una mujer de la Tribu Agua tan hermosa como tú.

Katara se ruborizó violentamente y sacudió la cabeza.

-Gracias, Iroh.

-Excepto por tu abuela, por supuesto –rió entre dientes, guiñándole el ojo a la anciana. Katara también se rió.

-¿Qué puedo decir? Es hereditario –rió de nuevo. Katara se rió también, nerviosa y volvió a mirar a Zuko.

Su enorme sonrisa se suavizó al inclinarse sobre Iroh.

-¿Qué le sucede a Zuko?

-¿Mmm? –Iroh se giró y frunció el ceño. Zuko aun estaba donde lo había dejado, parecía molesto por haber sido dejado de lado-. Ah… no te preocupes por él. Solo esta irritado porque pensó que no llegarías a tiempo.

-¿En serio? –preguntó Katara sin aliento, dejándose invadir por la esperanza. El viejo General asintió.

-¿Qué estás esperando? –Inquirió Suki, dándole un codazo-. ¡Apúrate y salúdalo antes de que Sokka empiece a jugar al perro guardián!

Katara asintió automáticamente y Iroh la agarró de la mano, escoltándola hasta el Señor del Fuego. Cada paso que daba, creía que su corazón se incendiaba. Empezó a tener calor y podía sentir sus mejillas coloreándose. Iroh miró a su sobrino con complicidad al detenerse delante de él. Le dijo a Katara que volvería en un ratito antes de de alejarse como si nada, dejándolos solos.

-Katara –su corazón se detuvo cuando su voz llegó a sus oídos. Levantó la cabeza y encontró sus ojos dorados una vez más. La miraron con atención, tratando de decirle tantas cosas-. Gracias por venir.

El alivio colmó su cuerpo y cerró los ojos. Probablemente había dicho esa frase miles de veces esa noche, pero cuando se las dijo a ella, lo sentía de verdad. Abrió los ojos e inclinó su cabeza.

-Gracias por invitarme –sus miradas se encontraron otra vez y contemplaron fijamente. Un millón de palabras intercambiaron mientras permanecían en silencio.

-El… el vestido –empezó. Se avergonzó por lo patético que había sonado-. ¿Es nuevo?

¿Es nuevo? ¿Eres estúpido?

-En realidad, era el vestido de boda de Gran-Gran –le contó sonriendo ampliamente-. Me lo trajo para que lo usara esta noche.

-Entonces debo agradecerle por haberlo previsto –Zuko tenía ganas de abofetearse. No podía creer que acabara de decir eso. La sonrisa de Katara se ensanchó y rió, divertida.

-Le diré que dijiste eso –aseguró-. Entonces... ¿cómo va la fiesta? –Gran-Gran le había indicado que cuidara su accionar esa noche, especialmente en público.

"La gente habla", le había dicho. "Y quizás no estés lista para su charla."

-Está bien… ¿has visto la pequeña laguna que hay en el centro? Mi Tío inundó el lugar para hacerlo. Hay peces y flores… -comentó-. Puedo acompañarte si no la has visto –agregó rápidamente.

-No, está bien –le contestó-. Mi padre lo hará.

Ella vio la decepción dibujarse en su rostro y maldijo mentalmente.

Eso fue estúpido, Katara.

Ambos permanecieron en silencios, inseguros de que decir a continuación. Las cosas que querían hablar no podían ser dichas y eso era suficiente para volverlos locos. Con cada segundo que pasaba, el silencio se volvía más y más incómodo. Muy distinto a sus horas de silencio en el jardín.

-Escuché que te convertiste en una Guerrera Kyoshi honoraria…

-Tu Tío dijo que reinstauraste un sistema para entrenar a las señoritas de la corte –con un ruido sordo, los dos cerraron la boca cuando se dieron cuenta que el otro estaba hablando. Katara apartó la vista y rió nerviosamente-. Digo… sí… Suki y las otras me dieron un uniforme.

-En serio…. –murmuró Zuko-. ¿Aprendiste su estilo?

-Sólo lo básico –asintió Katara-. Nada muy estrambótico.

-Ya veo… -otra vez silencio. Zuko la miró, queriendo desesperadamente contarle cosas. Decirle que la había extrañado-. ¡Los patos-tortuga! –exclamó de repente.

-¿Qué? –preguntó Katara, pegando un respingo. Zuko sonrió.

-Los patos-tortuga te… extrañaron –explicó Zuko. Pudo ver el destello en sus ojos al entender y una sonrisa significativa iluminó su cara.

-Yo también los extrañé… -susurró bajito. Zuko apretó sus manos, para no acercársele.

-Katara, yo…

-¡Señor Zuko! –llamó alguien. Ambos levantaron la cabeza y las giraron en dirección a la voz. Zuko frunció el ceño, molesto al ver a uno de los nobles caminando hacia ellos. Katara se enderezó y puso atención al noble que apareció con una jovencita a su lado-. Señor Zuko, perdóneme por no haberlo saludado antes. Me temo que mi hija y yo nos retrasamos un poco.

-Está bien, noble Yan –aseveró Zuko. Se apartó y señaló a Katara-. Recuerda a la Señorita Katara de la Tribu Agua. Ella está aquí con el Avatar.

-Noble Yan –Katara lo saludó con una inclinación de su cabeza-, es un placer conocerlo.

-Lo mismo digo, señorita –respondió el noble. Zuko pudo ver los engranajes de la cabeza del hombre empezar a funcionar-. Esta es mi hija, Yin Li.

Katara sonrió y volvió a inclinar la cabeza.

-Hola.

Su hija, la que Zuko personalmente había sacado del sistema, le hizo una cortés reverencia a Katara.

-¿Estamos… interrumpiendo algo? –curioseó Yan como si nada.

Sí. Quiso decir Zuko.

-No –contestó Katara fríamente, antes de que Zuko tuviera oportunidad de hablar-. Estaba saludando al Señor del Fuego por un momento. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vi a mi viejo amigo, ¿no es así, Señor Zuko?

Zuko asintió con la cabeza.

-Me temo que sí, Señorita Katara.

-Bueno, se los dejó para que hablen –anunció Katara con una brillante sonrisa-. Aang dijo que el Rey Bumi andaba por aquí y quisiera verlo. Noble, Yin Li, que tengan una linda velada –inclinó la cabeza por última vez y se marchó.

Zuko se contuvo de verla alejarse y mantuvo una estoica expresión en su rostro cuando se volvió hacia el noble. Dos horas más tarde, se encontró a sí mismo cruzando el punte de piedra una vez más. El patio todavía estaba repleto de invitados y la música y el baile abundaban en el lugar. Una parte de él estaba aliviado de que todos se estaban llevando bien. Incluso había visto a algunos guardias de las tres naciones riendo entre ellos en una esquina.

Sin embargo, también habían sido dos horas desde la última vez que había hablado con Katara. La primer hora, había estado deambulando por ahí saludando a todos. Los doctores la encontraron y la arrastraron en su conversación. Después había ido a ver a los artistas de circo con el Rey Bumi. Él no podía entender por el que el hermanito de Mai estaba sentado en su regazo aplaudiendo animadamente.

Después, la había perdido de vista, en los últimos minutos Zuko había estado yendo de aquí para allá, tratando de encontrar a la joven sin resultado. Ni la más mínima señal de ella en los últimos minutos. Se empezó a preguntar si ya no se habría ido. Soltó un suspiro profundo y frustrado cuando una voz lo llamó.

-¡Ey! ¡Señor del Fuego!

Se giró y se encontró con la maestra tierra Toph caminando hacia él.

-Mis padres y yo te trajimos algo. Un regalito de cumpleaños.

Levantó una caja y Zuko la tomó, distraído.

-Gracias, Toph. Lo pondré con los demás.

-Oh, sí –la chica morena replicó pensativamente, siguiéndolo-. Me estaba preguntando cómo estaban los patos-tortuga.

-¿Qué? –Zuko la miró por encima del hombre mientras le entregaba el presente a uno de los sirvientes. Arrugó los ojos, estudiándola con recelo-. ¿Qué dijiste?

-Ya sabes… los patos- tortugas que alimentamos una vez. ¿ crees que podamos ir a verlos? –enfatizó Toph.

Zuko agrandó los ojos ligeramente. Una pequeña sonrisa atravesó sus labios y asintió.

-Sí, definitivamente puedes ir a verlos.

-No te preocupes por el pan –añadió Toph-. Alguien llevará.

Una sensación de aturdimiento lo invadió y la maestra tierra le dedicó una sonrisa satisfecha.

-Gracias por decirme –replicó.

-No hay problema –le aseguró Toph alejándose, Zuko miró alrededor. Sus invitados estaban ocupados divirtiéndose y no notarían su ausencia por unos minutos…

Sin vacilar, el joven Señor del Fuego desapareció dentro del Palacio. Mientras se abría camino a través del enorme laberinto de pasillos y salones, trató de evitar a cualquiera que pudiera verlo. Lo último que quería era que alguien lo siguiera hasta los jardines y los importunara.

Los dobladillos de sus togas se arrastraban contra los limpios pisos del palacio a medida que aceleraba su andar. No tardo mucho en empezar a correr por las galerías. La historia de su Tío sobre los patos-tortuga apareció en su mente mientras corría. Se dice que cuando separas a la pareja, regresan al lugar donde se hicieron pareja y esperan ahí hasta que el otro regresa.

Sentada sobre la piedra estaba una figura azul. Varios patos tortugas graznaban alegremente cuando una mano tostada por el sol les arrojaba pan al agua. El alivio invadió su cuerpo y no pudo evitar sonreír.

-¿Y bien? –preguntó Katara, mirando por encima de su hombro. Levantó un pedazo de pan que había tomado de la celebración en el patio y sonrió de manera seductiva-. ¿Por qué te tardaste tanto?


N/A: éste capítulo fue escrito tan rápido, que aquí está. Finalmente se encontraron. Espero que estén disfrutando la historia. ¡Gracias por leer!

N/T: Estoy de salida, chequeo mañana. Cualquier error, repórtenlo, para hacérmelo más fácil. :) Lo que dijo ella, lo digo yo. Son geniales, gente bonita. Se merecen una actualización por hora, es una lástima que no pueda hacerlo xP. Muchas gracias a:) (Carita feliz uno, la que no tiene mail y me hizo preocupar! Pensé que era culpa mí que no le llegaran mis mensajes ¬¬, gracias!) Kyaia (cariño, lees rápido, jaja yo también pero no estés tan segura de mi actualización, Un beso y muchas gracias (que Sokka viera ese beso, fue lo mejor, ese chico es mi celoso favorito)), GeminiIlion, azrasel (leíste amiga, no me tardé nada ¿viste?), Aiko1504 (resucitaste!, ejem, hay otra escena de Zuko sin camisa, vos no leiste el fic en ingles? El chico pierde algo más que la camisa, por ahii jajaja), Honey-sempai MaKAkiSs, carita feliz dos o es la misma que uno? (¿? Grossa, te mando un beso y resolveme esa duda. xP) Vieron que tierno Zuko poniéndose orgulloso, celoso, defraudado, yo quiero uno así... ya lo dije, pero no me canso de repetirlo.¡Deséenme suerte en la fiesta! (Sí me voy de parranda) Os quiero, me gustó como soné a extranjera, xP. Y no sé… perdónenme pero no podré actualizar tan pronto. :S

MTBlack

Edito: Me agarró el apuro cuando llegó el remis, la desesperación mejor dicho y cerré la ventana, antes de subir el cáp, PERDON Gracias a : xxmabelxx (gracias por todo cariño), kata xX-Fallen Angel Hikari-xX (de quienes acabo de ver los reviews) Y no se preocupen, le pase una revisada, pero cualquier cosa que se me paso por alto, digan!

Edito:25/12/08