Marshall se puso sobre la espalda del pingüino y le golpeó con el hacha, éste con movimientos bruscos consiguió quitarse al vampiro de encima. El príncipe, con valentía, se acercó y le golpeó en una pata con el palo, haciendo que su enemigo se alterara y comenzara a dar pisotones.

Mientras tanto, los vampiros se habían agrupado para intentar tirar a uno de los pingüinos al suelo pero no lo consiguieron, se dieron cuenta de que su ventaja numérica no era bastante para derrotar a aquellos monstruos.

Tres de ellos se separaron del grupo y prepararon un ataque conjunto en el que lanzaron grandes trozos de hielo sobre la cabeza de uno de los pingüinos, éste resultó herido cerca de la cara. El dolorido pingüino golpeó con una de sus aletas a los vampiros que le habían atacado.

Estaba siendo una batalla bastante dura y lenta, por mucho tiempo que pasaran intentando derrotar a aquellos gigantes lo único que conseguían era perder aliados uno tras otro.

Todo iba bastante mal hasta que al Príncipe Chicle se le ocurrió una estrategia que según él podría funcionar. Les contó a Marshall y a los demás vampiros su posible plan, quería utilizar el poder del hielo para congelar a los pingüinos. De todas formas, supuso que ellos tenían cierta resistencia al hielo y que se descongelarían rápido, pero igualmente quiso intentarlo.

Marshall sostuvo al príncipe en el aire, de la forma en que éste le había indicado anteriormente. Mientras los dos chicos estaban en el aire, los vampiros del hielo estaban congelando todo el suelo, para conseguir hacerlo resbaladizo y así tirar a los pingüinos.

Una vez congelado el suelo, los vampiros, flotando ligeramente para no resbalar, se agruparon alrededor de uno de los pingüinos. Los otros dos fueron flotando hasta la cabeza del pingüino golpeándole una y otra vez para conseguir que se mareara, mientras tanto, los vampiros golpeaban sus pies. Cuando el pingüino estaba ya bastante confundido, Marshall y el Príncipe Chicle ascendieron flotando, para conseguir impulso, y golpearon la barriga del monstruo con fuerza y consiguieron tirarlo al suelo dejándolo boca arriba.

Rápidamente, aprovechando la confusión de los otros enemigos, los vampiros comenzaron a congelar poco a poco al pingüino. Cuando lo consiguieron, se alegraron porque pensaron que ya estaban un paso más cerca de la victoria, pero los otros dos pingüinos golpearon el bloque de hielo en el que se había convertido su compañero y lo destrozaron, dejándole libre.

Cuando su estrategia fracasó, el Príncipe Chicle empezó a sentirse verdaderamente preocupado. Creía que aquellos rivales eran demasiado fuertes para ellos, se bloqueó y se quedó parado.

-¡Oye! No te vayas a quedar ahí en medio, te golpearán –Exclamó Marshall. -¡Oye! ¿No me oyes? –El príncipe parecía ausente, no respondía a los avisos del vampiro.

Aprovechando la distracción del príncipe uno de los pingüinos se acercó para golpearle, por suerte, Marshall, que estaba atento, se interpuso entre el pingüino y el Príncipe Chicle y detuvo el golpe de la aleta con su hacha.

-No podré aguantar mucho tiempo, debes apartarte –Dijo el vampiro. -¿No me oyes? Muévete de aquí, te harán daño –Insistió mientras paraba el ataque del pingüino.

Por mucho que Marshall insistiera, el príncipe no parecía responder a nada, simplemente estaba quieto, sin moverse, sin prestar atención, mirando al vacío. No duró demasiado así, cuando Marshall no pudo seguir deteniendo el ataque del vampiro salieron volando los dos con el golpe del monstruo y chocando contra una pared.

Cuando se reincorporaron encontraron a los vampiros del hielo en línea, haciendo una pared de hielo para arrinconar a los pingüinos.

-¡Vamos a conseguiros un poco de tiempo! Id a por la Reina Hielo, nosotros nos ocuparemos de éstos –Dijo uno de ellos mientras apuntaba con sus manos a la pequeña pared que estaba creando.

Los dos chicos no se lo pensaron mucho, agradecieron a los vampiros toda su ayuda y cruzaron la puerta hacia la sala del trono.


Se encontraron con una sala enorme, oscura, con grandes ventanas que estaban cubiertas por gruesas cortinas. La sala estaba totalmente vacía, tan solo contaba con una larga alfombra roja que llegaba al enorme trono. Una tenue luz lo iluminaba pero no se podía distinguir nada más.

-¿Tienes miedo? –Preguntó Marshall mirando al príncipe a los ojos.

-No. Creo que no. Llegó el momento de ser valiente y lograr lo que me propuse –Dijo el Príncipe Chicle con decisión.

-Te has convertido en un héroe –Dijo el vampiro mientras se reía. –Te convertiste en mi héroe, me salvaste de aquella celda y aún no te lo he agradecido como es debido.

-No importa, tú me has salvado muchas veces más –Respondió. –Además, lo hice porque quería.

-¿Querías qué? –Preguntó Marshall acercándose un poco al príncipe.

-Quería salvarte, claro, ¿Qué más podría ser? –Dijo el Príncipe Chicle un poco sonrojado.

-Tú… ¿Me quieres? –Le preguntó Marshall.

-Yo… Te quiero.

Los dos se quedaron callados mientras se miraban, ninguno de los dos quería estropear el momento. Ambos tenían sus motivos para tener dudas acerca de lo que sentían por el otro, pero aún así, mirándose a los ojos podían notar que lo que sentían era real y estaba ahí, no se podía ocultar.

-¿Quieres que vayamos cogidos de la mano hasta que lleguemos al trono? –Propuso el Príncipe Chicle.

-Sí, me gustaría.


Cogidos de la mano avanzaron lentamente hasta el trono, tuvieron que andar bastante, aquella sala era realmente larga. Conforme iban acercándose podían distinguir cada vez mejor el rostro de la Reina Hielo esbozando una siniestra sonrisa mientras les esperaba.

-Pensaba que no ibais a llegar nunca –Dijo levantándose. –Veo que al fin y al cabo sí que vinieron a rescatarte. ¡Qué bien por ti! De todas formas este será vuestro final.

-¡Te equivocas! –Exclamó el príncipe adelantándose. –Este será tu final, vamos a liberar a nuestras amigas, no conseguirás salirte con la tuya.

-¿Sí? ¿Vosotros dos pensáis ganarme? –Dijo la Reina Hielo autoritariamente. –Vamos a ver qué podéis hacer contra mí –Mientras decía esto dio un salto en el aire y les apuntó con las manos, disparando rayos de hielo que rozaron sus pies.

Los chicos retrocedieron y se alejaron un poco de su enemigo. Marshall desde la distancia saltó y se quedó flotando en el aire, el Príncipe Chicle, por su parte, se quedó en el suelo, tratando de atraer a la Reina Hielo hacia él para despistarla, aprovechando así los momentos de confusión para que el vampiro pudiera golpearle con el hacha desde arriba.

Una vez dieron el primer golpe, la Reina Hielo se puso colérica, cegada por la rabia y el dolor lanzó numerosos rayos de hielo que congelaron todo lo que tocaron. Por desgracia, uno de estos rayos congeló la mitad inferior del cuerpo de Marshall, impidiéndole moverse. Sufriendo por el dolor que sentía a causa del hielo pidió ayuda al príncipe para poder apartarse del punto de mira del enemigo.

La sala del trono que se había convertido en un verdadero campo de batalla estaba a rebosar de grandes cubos de hielo que fueron creados durante el ataque de la Reina Hielo. Marshall usó uno de estos grandes cubos para ocultarse hasta que pudiera romper el hielo de las piernas que le impedía moverse.

El príncipe, por su parte, cuando dejó al vampiro oculto detrás del bloque de hielo, fue a llamar la atención de la Reina Hielo. No intentó atacarla pues sus armas eran insuficientes, tan solo contaba con el palo que había encontrado en el bosque y prácticamente no podía conseguir nada con él. Por esto, decidió atraer a la Reina Hielo para huir de ella y así conseguir tiempo hasta que Marshall pudiera volver a moverse.

Mientras corría de un lado hacia otro, trataba de no tropezar con ningún trozo de hielo para no resbalarse. Después de un rato, la Reina Hielo, que sospechaba lo que él estaba tramando, decidió dejar de correr y utilizar otro ataque.

-¡Sé lo que intentas! ¡Pero no vas a poder huir de mí! –Gritó enfurecida. -¡A ver como consigues huir de esto! –Mientras decía estas palabras colocó los brazos hacia arriba y empezó a crear una especie de nube, ésta se hacía cada vez más grande. Poco después, cuando la nube había crecido empezó a nevar. Al principio se trataba de una ligera nevada, pero poco a poco aumentó la intensidad y acabó siendo una gran ventisca con nieve, hielo y viento. La temperatura bajó muchísimo y el Príncipe Chicle no podía esconderse ni huir, fuera donde fuera dentro de la sala iba a recibir los golpes del granizo y la nieve.

-¿Qué puedo hacer yo? –Pensó. –Tan solo soy un chico normal, no tengo poderes especiales, tampoco tengo un arma, no tengo nada con que atacar ni expectativas de ganar este combate yo solo. Si llegué tan lejos ha sido por la incondicional ayuda de Marshall que siempre estuvo a mi lado. Ahora mismo él no puede luchar y siento que le estoy defraudando. ¿Qué podría hacer? ¿Cómo podría ayudar? ¿En qué destaco? ¿Cómo podría ser útil? Nunca he tenido la necesidad de luchar, siempre he tenido a alguien que me ha protegido, pero ahora tengo a alguien a quien defender y salvar, no puedo quedarme de brazos cruzados. Estoy dispuesto a luchar hasta el final… Aunque sea con un palo. Si solo tengo un palo, eso es lo que usaré. Lucharé con un palo.

Cargado de esperanza, el Príncipe Chicle fue hacia la Reina Hielo, quien estaba muy confiada, y le golpeó con el palo en la cabeza. Aunque él no creía que este ataque iba a ser efectivo, la Reina Hielo quedó totalmente sorprendida por el ataque y quedó fuera de sí. Al perder el conocimiento la ventisca cesó.

El Príncipe Chicle aprovechó el momento para volver con Marshall. Una vez juntos, le ayudó a romper el hielo que tenía en sus piernas con el palo. De todas formas, fue crucial la utilización del hacha del vampiro para romperlo.

-Vamos a terminar con esto –Dijo el vampiro levantándose del suelo.

Los dos se dirigieron hacia donde estaba la Reina Hielo, la cual estaba recuperando el conocimiento y poniéndose de pie. Ésta perdió la confianza que tenía minutos antes. Marshall saltó en el aire de nuevo y aprovechó el impulso para volver a golpearle, no obstante, la Reina Hielo se defendió con una especie de espada hecha de hielo. En unos segundos el combate se había transformado en un duelo de espadas.

La Reina Hielo se defendía muy bien con su espada de hielo, no dejaba ningún punto sin defensa y a la vez conseguía atacar al vampiro. Éste, desesperado, recurrió a sus poderes de invisibilidad. Gracias a estos poderes, consiguió evitar los siguientes ataques de la Reina Hielo y a la vez también consiguió golpearle con tanta fuerza que pudo tirarla al suelo.

Una vez que la villana no volvió a levantarse, los chicos pudieron dar el combate por terminado y empezaron a buscar a Fionna y Cake. Las chicas debían estar en algún sitio oculto de aquella sala pues en las mazmorras no estaban y pensaron que la Reina Hielo las querría tener cerca. Empezaron a buscar por las paredes, por el suelo e incluso por debajo de la alfombra. Finalmente, movieron el trono y encontraron una trampilla y unas escaleras para bajar.

En aquella especie de mazmorra encontraron a Fionna y a Cake dentro un gran bloque de hielo.