Capitulo X
ENCUENTRO
Ryu no espero más, se separó de Sora y paso por encima de Juma y de los otros maestros fuego que comenzaron a levantarse, uno de ellos le lanzó un ataque de fuego.
- ¡No idiota lo necesitamos con vida! – Gritó Bao. Aventó a Juma que estaba encima de él y fueron tras el príncipe.
Ryu corrió por los pasillos dando vueltas, buscando las escaleras que lo llevarían a la proa del barco. Al girar por uno de los pasillos se topo con el maestro fuego.
- ¡Te encontré!
Quiso correr pero lo sujeto fuertemente.
- ¡Vendrás conmigo niño!
- ¡No! – gritó Ryu golpeando con su cabeza la cara del hombre zafándose de su agarre.
Quedo un poco atolondrado por el golpe, pero rápidamente se recuperó. Vio como los otros dos soldados tomaban el otro extremo del pasillo. El que acababa de golpear se ponía de pie maldiciendo. Estaba atrapado. Se puso en posición de combate. Se acercaron a él, pero los dos guardias fueron atacados por una llama. Al caer vio la figura de Ai detrás.
- ¡Corre Ryu! – ordeno la pequeña.
Corrió hacia con ella brincando los dos que acababa de derribar.
- ¡Por acá! – indicó Ai
Llegaron a las escaleras que conducían a la proa. Al llegar vieron el globo que se mantenía amarrado con una soga y un soldado custodiándola. No se detuvieron. Ai y Ryu atacaron simultáneamente tirando al soldado por la borda.
No tuvieron tiempo de festejar, los otros tres soldados llegaron a la proa.
- ¡Vamos! – Grito Ryu a Ai, el se aferro a la cuerda y Ai también, con una llama soltó su agarre. Inmediatamente comenzaron a flotar por el aire elevándose.
- ¡Maldición se Escapan! – Bao lanzó una llama al aire.
Izao lo vio, tomo su mira lejos y vio como un globo con dos niños colgando de él comenzaba a moverse por el aire.
- ¡Ese idiota! – se quejó Izao de la ineficiencia de Bao - Rápido sigan ese globo – ordenó.
Juma corrió hacia la proa. Vio como el globo se alejaba y los dos niños acababan de subir a él. Los soldados estaban frente a ella. Cuando la vieron, no dudo en hacer uso de su agua control y tirarlos por la borda. Corrió hasta llegar al borde del barco. El globo se alejaba rumbo a los tres acorazados que estaban a lo lejos.
- ¡Por favor escapa! – rezaba. Vio una figura moverse en el agua - ¡Inaya! – le gritó, la chica se movió hacia con ella, saltó en su barca de hielo - ¡Llévame con Lavali!
- ¡Ryu! – gritó Ai, se le hacia difícil subir por la soga. Ryu que ya había llegado al globo comenzó a jalarla. Cuando logro subirla calló encima de él. Sus manos le ardían, Ai pesaba mucho.
- ¿Por qué te persiguen? – gritó Ai una vez en el globo.
- Quieren capturarme.
- ¡Eso ya lo se tonto! pero ¿por qué?
- ¡Yo tampoco lo se! – le dijo mientras tomaba el control del globo. Alcanzó a ver que los demás los seguían.
- ¿Hacia donde vas? – le preguntó Ai – ¡Debemos regresar con los demás botes! – le exigió al ver que iban en dirección contraria.
- Los atacaran si vamos con ellos. Debemos ir con nuestros padres.
Pero ni el estaba seguro de aquella idea. Su padre le había dicho que maestros fuego iban en camino a la tribu. Si era así lo mas probable es que en esos momentos se encontraran enfrentándose con ellos. Pero no debía tener miedo. Iría con sus padres.
Un fuerte golpe y sacudida hiso que sus planes se vinieran abajo. El globo acababa de ser golpeado y caían en empinada hacia el mar. Los dos gritaron por la caída, y cuando golpearon contra la fría agua, Ryu nadó hacia con Ai, para salir ambos a la superficie.
Lavali vio como detenían su ataque y aparentemente dejaban de seguirlos. Eso era extraño. Miro entonces el globo rojo que paso a la distancia seguido de los demás. Se alejaba rápidamente y llego a alcanzar a los acorazados.
- ¿Qué sucede? - pregunto Arnook.
- No lo se, han detenido su ataque.
Miro sorprendida después como derribaban el globo ¿Por qué hicieron eso?
Izao ordenó que subieran a los dos tripulantes que había en el globo al barco.
- ¡Vamos a la Nación del Fuego! – ordenó.
- Señor ¿qué hacemos con el barco de los maestros agua?
Miro el único barco se alcanzaba a ver.
- Destrúyanlo.
- ¿Y… Bao y los demás? – preguntó un tanto dudoso el hombre.
- No me importan – declaró.
Inaya se acercó al barco del jefe Arnook.
- ¡Lavali! – gritó Juma. Su hermana la miró - ¡Ryu escapó en un globo!
Sus ojos se abrieron con sorpresa, ¡El globo que derribaron! ¡Lo tenían! En ese momento varias bolas de fuego se dirigieron a ellos. No lograron detenerlas a tiempo y se estrellaron con el barco provocando su hundimiento. Rápidamente fueron asistidos por las maestras agua que hicieron que el resto de la tripulación salieran a la superficie.
- ¡Lavali! – gritó Haack desde uno de los barcos que regresaba hasta donde estaban ellos, el había visto como dos niños subían a uno de los globos, no dudo que el hijo de Katara fuera uno de ellos - ¡Vamos!
La curandera inmediatamente se impulsó para salir del agua. Al hacerlo formo una tabla de hielo, se deslizo acercándose con Haack. El saltó quedando detrás de ella. Hiso que sus pies se congelaran y quedaran firmes, entonces comenzó a deslizarse y acercase con rapidez a uno de los acorazados.
Con el agua se impulsaron hacia arriba llegando a la popa del barco. Haack con su espada derribó a los soldados y Lavali dejo caer una ola sobre la torre de mando. Se adentraron al barco, buscaron en cada habitación y pelearon contra los maestros fuego que se encontraban en su camino.
- ¡No están aquí! – grito Haack mientras continuaba derribando a los soldados.
En ese momento un fuerte golpe hiso que el barco se sacudiera. Todos incluso los maestros fuego se quedaron quietos, un horrible rechinido de metal les advirtió de lo que estaba pasando. Un segundo golpe hiso que el barco se comenzara a inclinar.
- ¡Nos hundimos! – gritó uno de los maestros fuegos. Todos corrieron despavoridos olvidando a los de la tribu agua.
Los estruendos se seguían haciendo mas fuertes y el agua comenzó a llegar. Lavali y Haack comenzaron a correr buscando una salida. Un último golpe hiso que el barco se sacudiera bruscamente. Haack se golpeó la cabeza contra el duro metal quedando inconsciente. Lavali corrió a sostenerlo, corría sangre de su frente. Quería curarlo pero no había tiempo, debía salir de ahí.
Comenzó a manipular el agua a su alrededor y con ella se impulsó moviéndose rápidamente por los pasillos hasta que llego a la escalera de proa. Salió y creo una balsa de hielo. Colocó a Haack en él. Curo la sangrante herida. Miro entonces como el barco se hundía a causa de los ataques de los otros barcos. Bastardos, no les importó hundir sus propias naves. Miraba los dos barcos que apenas y se volvían un punto visible con un rastro de humo sobre ellos.
Katara había pasado casi toda la tarde atendiendo a los soldados heridos junto con los maestros agua. Aang, con su control recuperado se encargó de quitar la nieve que cubría la parte media de la tribu. Se concentro, moviendo sus manos reconstruyó rápidamente las casas a su forma original. Después movió los dirigibles que se habían estrellado. Poco a poco parecía que la tribu regresaba a la normalidad con ayuda de su poder. Katara tenia razón, lo bueno de las tribus agua, era que podían reconstruir todo fácilmente. Su último trabajo fue la reconstrucción del palacio. Aunque no quedo como era, por lo menos logro levantar la parte alta.
- Has hecho un buen trabajo – Pakku se acercó a su antiguo pupilo – Ahora quiero un nuevo salón de entrenamiento… - Comenzó a darle instrucciones de cómo quería la edificación.
Mai tenia ligeras quemaduras, raspones y cortaduras, sin contar las horribles ampollas en los pies que la estaban matando. Las botas de nieve que le habían dado a pesar de que eran de su talla no pudo evitar ser victima de los estragos que causan un calzado nuevo en un pie no acostumbrado. Zuko ya se estaba recuperando por lo que había salido de la tienda. Suki le dijo que si necesitaba atención médica que se dirigiera a la parte baja, ahí estaban atendiendo a los heridos. Aunque sus golpes no eran tan graves, decidió mejor ayudar en algo más, la Kyoshi le dijo que necesitaban de algunas enfermeras, así que, de todas formas caminó hacia el campamento médico.
Se dio cuenta entonces que ella y Katara eran las únicas mujeres en toda la tribu, poco después se les unió la Kyoshi. Estuvo ayudando y asistiendo a algunos de los maestros agua en sus sesiones de curación, cuando creyó terminada su labor se sentó en una de las camillas, se quito las botas y pudo sentir con alivio la presión liberada. Delicadamente quitó la media. Miro con fastidio las zonas enrojecidas de sus dedos. El cansancio comenzó a llegarle y también sintió dolor en su hombro, al quitar la prenda azul que la cubría pudo ver el enorme morete que contrastaba con su pálida piel. Tenia cortaduras en sus manos y pequeños raspones en su cara, hasta ese momento no sabia si eran por los maestros fuego que la habían atacado o por el frio que le estaba haciendo estragos en su piel. Había pasado mucho tiempo que no se hacia heridas como esas.
- Eso debe doler.
Miro al maestro fuego que la observaba parado frente a la cortina que separaba una camilla de otra. Inmediatamente cubrió su hombro. Se acercó a ella y se hincó, tomo delicadamente su pie. Mai se quedo inmóvil por lo que hacia, entonces vio que tenia una venda en su cabeza ¿En que momento se hiso eso?
- Ahora regreso.
Se quedo quieta. Minutos después se acercó a ella nuevamente, llevaba un bol con agua y otras cosas. Pensó que le hablaría a algún maestro agua para que la atendiera pero con sorpresa vio como el mismo se hacia cargo de sus heridas.
Limpio su pie con el agua que el mismo entibió. No pudo evitar moverlo un poco cuando toco las rojas ampollas.
- Lo siento, mis manos son ásperas.
Zheng con mas delicadeza colocó un ungüento y cubrió parte de su pie con una venda. Dejando al aire sus dedos, pero cubiertas las ampollas.
- ¿Cómo te lastimaste la cabeza? – le preguntó Mai mientras observaba al que curaba su pie.
- Uno de los soldados me golpeó, no es grave – dijo sin darle importancia – Ahora enséñame tu hombro.
Mai dudo un poco, pero después fue aflojando su blusa y expuso el golpe. Zheng suspiró.
- Bueno, el mío esta peor – declaró, la chica lo miro con sorpresa – mejor le diré a uno de los maestros agua que te atienda.
- Esta bien – la voz de Mai lo detuvo – No me duele tanto – trato de cubrir de nuevo la herida expuesta.
Zheng fijo su vista en ella, vio la ligera mueca de dolor en su rostro al tratar de reacomodar su ropa – Entonces déjame curarla – se acercó a ella, aunque tratara de hacerse la fuerte, podía ver que si le dolía.
Se sentó junto a ella, tomo un poco del mismo ungüento en sus dedos y lo colocó suavemente sobre la piel amoratada, a pesar de que lo hacia con delicadeza, sin presionar mucho para no lastimarla pudo notar su suavidad.
Mai sintió una gran calidez donde los dedos del maestro fuego tocaban. De cierta forma se sentía bien, el dolor paso a segundo lugar en ese momento, podía sentir la cálida respiración de él que chocaba ligeramente con su cuello. Un ligero escalofrió recorrió su cuerpo. ¿Qué le estaba pasando?
- Lamento haberte hecho esas preguntas – hablo Zheng.
La había insultado, después de verla pelear no le cupo a dudas, pese a cuales sean sus verdaderas intenciones ella había luchado por defender la tribu, especialmente porque arriesgó su vida por ello. Sin dudarlo había atacado los dirigibles y enfrentado a los soldados, así como cuando saltaron para evitar la colisión de los dirigibles a una muerte segura. El lo hacia por honor, por la deuda que tenia con Katara, pero ella también lo había hecho. En ese momento se dio cuenta también de lo fuerte que era, sus habilidades en con las cuchillas y su manera de atacar eran formidables, eso no le cabía a dudas.
Se quedo callada por un momento. Mai sabia que él era amigo de Zuko y por lo que le había dicho la noche anterior también de Katara. Recordó la forma en que interrogó al hombrecillo sabio. Estaba preocupado por el hijo de Zuko, no había dudas que los estimaba. Era natural que llegase a sospechar de ella, de todos ahí, era la que menos se merecía la confianza por lo que había echo en el pasado.
- No importa – fue su única respuesta.
A pesar de que en el pasado estuvo de parte de Azula, sus acciones después la hicieron cambiar de bando. Aunque no lo hiso con las mismas intenciones que ellos poseían, lo hiso bajo sus propias ideas y eso le bastaba. Había odiado a Katara por que le arrebato a Zuko, pero no podía luchar contra eso. Pagó su deuda con la maestra agua cuando los salvó de prisión y Zuko confiaba en ella. No podía pedir mas que eso.
Zheng miraba el rostro de la chica. Podía ver un poco de aflicción en ella, a pesar de tener un semblante serio sus delicadas facciones podían ser leídas con facilidad por él. Sin querer se vio atrapado en algo que por el momento no podía estar seguro de que era, pero de lo que si estaba seguro era de que deseaba saber más de ella.
- ¿Por qué estas triste? – lo dijo sin pensarlo. Las palabras salieron de su boca en el momento en que vio su expresión. Dejo de hacer lo que estaba haciendo para mirarla.
Mai volteó a verlo, no se esperaba esa pregunta. ¿Acaso se veía así? ¿triste? Se topo con la mirada gris de él, su ojos expresan preocupación hacia ella. Solo en una persona había visto una mirada parecida. En Ty Lee, su única amiga.
- Zheng – Sokka llegó a donde estaban él y Mai – Zuko te busca.
- De acuerdo – se levanto y se fue no sin echarle un último vistazo a Mai que al parecer lo miraba un tanto conmocionada. Había tenido razón, ella tenia una ligera tristeza en su rostro, pero tenia una especie de velo que cubría sus emociones, ¿De que se escondía? Pero eso lo dejaría para después.
Los dos se dirigieron a donde estaban Zuko y los demás hombres. Se impresionó de ver a Zuko recuperado tan pronto, pero después de todo lo que hiso su esposa por él, dejo de lado aquella impresión y paso a la admiración. Si que tenia un gran poder, no solo como maestra, si no también como curandera.
- Estamos planeando regresar a la nación del fuego esta misma noche – hablo Zuko - ¿Cuántos maestros fuego quedaron del ataque? – pregunto a Hyun.
- Más de la mitad.
- ¿No es un poco arriesgado? – Hablo Hakoda – La mitad de la armada aun esta con ella.
- Aun si lo es, no puedo permitir que Azula escape. Si llega a la Nación del Fuego se reorganizara y enviará el doble de soldados que envió hoy para atacar de nuevo. Debo detenerla ahora, estoy seguro que quedo igual de lastimada que yo. No puedo desaprovechar la oportunidad.
- Estoy de acuerdo – hablo Zheng – Si el general Iroh tuvo éxito en recuperar la capital, estoy seguro que él, junto con mi flota ya vienen en camino. Seria inevitable que se encontraran.
- Los dirigibles son más veloces que un barco, podremos alcanzarlos – aseguró Sokka.
- Yo me adelantaré en Appa – hablo Aang – Esta vez no dejare perder mi control. Los enfrentaré – dijo con seguridad.
- Jefe Hakoda – uno de los maestros agua entro a la tienda – Un barco de la tribu esta regresando.
- Creí haber dado la orden de que regresaran hasta mañana.
Hakoda junto con los demás salieron de la tienda rumbo al puerto. El barco se acercaba rápidamente, más de lo normal. Se dieron cuenta que era debido a las maestras agua que lo hacían avanzar más rápido. Zuko reconoció que ese era el barco en donde Ryu estaba.
En el momento en que toco puerto la primera en bajar fue Lavali seguida del jefe Arnook, inmediatamente se dirigió hacia con Zuko.
- Ellos lo tienen – dijo con aflicción – Se llevaron a Ryu.
La cara de Zuko fue de enorme sorpresa.
- ¿Cómo es posible? – Hablo Sokka casi después de escuchar a Lavali.
- Tres barcos de la nación del fuego se acercaron a la bahía. Mientras tratábamos de escapar enviaron globos a los barcos – explicó Arnook.
- ¿Cómo supieron que estaban ahí? – pregunto Hakoda. La bahía del este era un lugar seguro, había partido un día antes. No había forma de que se enteraran de la ubicación de ellos.
- El puede darnos las respuestas – hablo Arnook.
Del barco bajaron sus dos escoltas con un hombre fuertemente atado. Zuko abrió los ojos con sorpresa al reconocerlo. Era el mismo hombre que estaba en la isla cuando rescató a Ryu, el mismo que trató de lastimarlo. Una inmensa furia lo embargó.
- ¡Maldito bastardo! – fue hacia con el alzándolo del cuello. A pesar de que hace unas horas estuvo gravemente herido en esos momentos su recuperación era notoria y a nadie le quedo a dudas que había recuperado las fuerzas.
- ¿Qué sucede? – la voz de Katara hiso que algunos voltearan a verla miro entonces lo que pasaba. Zuko levantando a un hombre aparentemente de la nación del fuego con intención de matarlo.
- Soldados de la nación del fuego se llevaron a Ryu – hablo Sokka dándole la noticia a su hermana.
Katara abrió los ojos con asombro. Un inmenso temor la cubrió.
- A hora dime ¿A dónde lo llevaron? – Exigió Zuko al hombre que tenia sujeto. Pero su fuerte agarre le impedía hablar. Sokka lo detuvo.
- Basta Zuko – le dijo al ver que mataba al pobre hombre. De muy mala gana Zuko lo libero de su agarre dejándolo caer. El prisionero comenzó a toser recuperando el aliento – Escucha – hablo Sokka dirigiéndose al hombre – Azula perdió. En estos momentos la capital ha sido tomada de nuevo por el general Iroh – el hombre abrió ligeramente los ojos por sus palabras – Si nos dices a donde lo llevaron estoy seguro que Zuko reconsiderara el hecho de matarte – volteo a ver al Señor del Fuego que lo miraba con gran odio, y por la forma en que lo había tratado hace unos momentos no dudo que así lo hiciera.
- No lo se… - logro decir.
- Mientes – hablo Zuko dirigiéndose amenazadoramente hacia él.
- ¡Es verdad! – hablo en su defensa – Yo… no se… La princesa Azula no sabia que veníamos, Izao pensaba sorprenderla. Sospechaba que si ustedes intentaban escapar el los podía capturar. Pero nos encontramos con los barcos en aquella bahía y creímos que ahí se encontraba el príncipe. Así que ordeno que fuéramos por el.
- ¿Izao? – hablo casi con duda Zuko - ¿El está en esto también? – expreso con furia, el hombre asintió con la cabeza dándole la razón. ¿Cómo no pudo sospechar de aquella sabandija? Le estuvo rogando por semanas que lo ascendiera, cobardemente le aseguraba que solo quería enmendar los errores de su padre ¡Maldito traidor mentiroso!
- Aun así no nos has respondido – hablo Katara dejando de lado la noticia que revelaba a uno de los traidores - ¿Donde esta mi hijo? – demandó con un enojo oculto que solo se podía ver en sus fríos ojos.
Bao miro a la mujer con algo de asombro. Nunca conoció a la esposa del Señor del Fuego, aquella princesa de la tribu agua. Era la primera vez que la veía. Su mirada azul se clavó como hielo dentro de él, sintió su sangre congelarse, no podía moverse, como si estuviera bajo alguna clase de hechizo.
- Respóndeme – exigió pasiva pero amenazadora. El frio se volvió intenso dentro de él y la parálisis también. Zuko observaba a detalle aquella reacción, era como si hubiera una extraña conexión entre Katara y el traidor, pareciera que trataba de luchar contra algo y podía ver el terror en sus ojos.
- La Nación del Fuego – fueron las palabras del hombre y poco después de eso pareciera que fue liberado de aquel encantamiento y comenzó a respirar agitado.
- No creo que alcancen a llegar – hablo Zheng – Si Iroh viene para acá los interceptará en el camino junto con la flota de Azula.
- Eso es lo que más temo – hablo Zuko, todos lo voltearon a ver.
- ¿Qué quieres decir? – hablo Sokka.
- Azula no sabia lo que Izao planeaba, ¿Qué crees que hará cuando se vea atrapada por mi tío y se llegara a enterar que uno de sus hombres tiene a Ryu?
Por un momento Sokka pensó - Lo usara como chantaje – dedujo.
- O algo peor – Concluyó Zuko - Aang, llévanos en Appa, nos iremos ahora – ordenó.
Azula deseaba convertirse en el señor del fuego, a pesar de los años aquel seguía siendo su objetivo. Acaba de ser derrotada y el sabia como podía reaccionar por ello. Si se enteraba que tenia a su hijo solo había una cosa que podía hacer. Venganza. Lo mataría, por mucho que le costara aceptarlo él sabia que lo haría. Debían llegar con Izao y pronto, antes de que Azula se enterara que tienen a Ryu.
- De acuerdo – aseguró Aang entendiendo la preocupación de Zuko, el mas que nadie sabia del alcance de Azula, lo había atacado a muerte sin dudar y también hiso lo mismo contra Katara cuando ella y Zuko se enfrentaron. Azula no dudaría en matar a Ryu, eso no lo cuestionaba.
- Iré con ustedes – hablo Katara mirando a Zuko con seriedad, el supo en ese momento que ella no aceptaría un no como respuesta.
- Yo también iré – expuso Sokka.
En menos de lo esperado el grupo ya estaba partiendo, el antiguo equipo tenia una sola misión. Rescatar a Ryu, pero Juma revelo que también tenían a Ai, ambos habían tratado de escapar de los soldados. Cuando Hyun se entero de eso y vio a su hija bajar del barco afligida aseguro que el también iría como apoyo pero lo haría en los dirigibles, Zheng lo acompañaría.
Suki, aunque quisiera ir Sokka se lo impidió, como regresó el barco donde iban sus hijos, ella ahora debía hacerse cargo de ellos, especialmente por que Sora no quiso despegarse de ella. Comprendió que no podía acompañarlos.
- Mas vale que regreses – fue la advertencia de la Kyoshi hacia su esposo.
- Lo hare – aseguró el guerrero y la beso antes de partir.
Inmediatamente Zheng y Hyun se pusieron en movimiento. Los maestros fuego y los guerreros de la tribu se habían recuperado gracias a las atenciones de los maestros agua.
- Se que esto es repentino – hablo Hyun cuando reunió a los hombres a su cargo, estaba acompañado del jefe Hakoda y Pakku – Pero hace un momento nos enteramos que los soldados de la nación del fuego han capturado al príncipe Ryu y a mi nieta. El señor del fuego junto con el avatar y los príncipes de la tribu han partido en su rescate. El Almirante Zheng y yo iremos como apoyo, no están obligados a acompañarnos pero aquel que quiera unírsenos es bienvenido.
Los hombres se miraron entre ellos. Después uno hablo – Iremos – aseguro el guerrero.
- Partiremos en una hora – declaró Hyun agradecido por el apoyo. Acaban de pelear contra una armada, no podía exigirles que lo acompañaran, que lo hicieran voluntariamente valía más para él.
Al salir de la tienda se toparon con Kenai, el esposo de su hija junto con un grupo de maestros agua.
- Nosotros también iremos – expuso su yerno.
Hyun ya sospechaba que los acompañaría, se trataba de su hija después de todo. Antes de partir los dos hombres le aseguraron a Yuna que traerían a su hija de regreso.
- Papá, Kenai, por favor no dejen que nada malo le pase – hablo con angustia y lagrimas en los ojos la madre de la niña.
Recordó como Ai había salido corriendo cuando el príncipe huyó de los soldados, hiendo tras él. Su corazón se detuvo al saber que ella y el príncipe había sido capturados por los soldados.
- No te preocupes Yuna – Su esposo trataba de calmarla, especialmente por su estado. Estaba embarazada, por eso no se quedo a pelear, desde joven, aunque no era una maestra fuego, su padre le enseño a usar la espada y a defenderse con ella, incluso entrenaba con Katara cuando se hallaban como refugiados en la tribu, pero en su estado, ella no podía combatir – Ai es fuerte. La mejor de su clase ¿Recuerdas? no se dará por vencida fácilmente, además no esta sola.
Su esposa trato de encontrar consuelo en sus palabras.
- Cuida a tu madre Kansu – se dirigió a su hijo. El pequeño asintió la orden de su padre.
Zheng se hallaba preparando el dirigibles para el viaje. Había pedido a uno de los maestros agua que curara su hombro y sus heridas. Si partiría a enfrentarse al resto de la armada tenía que estar en sus mejores condiciones. Mientras lo hacia vio a Mai que estaba en la entrada de las calderas, donde el se encontraba en esos momentos.
- Escuche lo que planean hacer.
- No.
Mai lo miro con extrañeza - ¿No? – repitió ella.
- No nos acompañaras – dijo continuando con la revisión del dirigible – Estas herida.
-Puedo pedirle a uno de los maestros agua que me cure.
- No hace falta, ya somos suficientes. No te necesitamos – seguía hablando tajante y serio.
Mai no lo entendía ¿Que rayos pasaba con él? le había pedido su ayuda para derrotar los dirigibles y habían peleado en equipo para lograrlo, y ahora simplemente la echaba de lado.
- No te estoy pidiendo permiso – hablo con rudeza – Iré así te guste o no.
- No lo harás – se acerco quedando frente a ella muy cerca – Quédate aquí y espérame – ordenó seriamente.
- No soy débil y si crees …
- ¿Te quedan alguna de tus cuchillas? – le cortó su reclamación.
Mai se quedo callada. Le quedaban solo tres, había perdido el resto en la batalla y no pudo recuperarlas pues los dirigibles se estrellaron.
- No te quedan muchas, puedo adivinarlo y ya que venimos aquí de manera inesperada se que no traes más contigo. Te quedaras – volvió a ordenar.
Una parte de él quería que ella se encontrara a salvo. Cuando estuvieron peleando reconoció que era buena en combate, pero cuando saltaron a una muerte inevitable se lamento por arrastrarla a ese destino, el pudo haberse hecho cargo de los dirigibles solo, pero no pudo resistirse a llevarla con él en esos momentos. No dudaba que se pudieran ver en un peligro igual cuando se enfrentaran ya sea a Izao o al resto de la armada de Azula, aunque el avatar y los otros hayan partido, cualquier cosa podría suceder y no permitiría que ella se viera en peligro nuevamente. Especialmente estando indefensa.
- ¿Esperas que me quede de brazos cruzados esperando a que ustedes regresen? – le reclamó. Aun sin sus cuchillas ella podía arreglárselas. Y no necesitaba que él ni nadie le dijera que hacer. Estaba molesta
- Así es.
Su inconformidad subió al tope y explotó
- Estas muy equivocado si piensas…
Sus exclamaciones fueron calladas por los labios de Zheng. Ella no se lo esperaba y quedo en shock por la acción del maestro fuego
- Lo lamento – fueron las palabras de Zheng al terminar el beso. Mai no entendía, segundos después sintió un fuerte golpe en la base de su cuello y todo se volvió obscuridad.
Zheng la tomo en brazos para que no cayera y miro el rostro inconsciente.
- Capitán, se aproxima una tormenta.
De mala gana Izao tomo esa noticia. El quería llegar a la nación del fuego lo antes posible. En esos momentos seguro que Azula ya habría destruido el polo sur, y tal vez ya se hubiera dado cuenta que el príncipe no estaba ahí. Esperaba recibirla en la capital con aquella grata sorpresa. Pero las noticias de sus hombres solo arruinaba sus planes.
- ¿Y que? – expuso de mala gana – Este barco podrá resistirlo.
- Me temo que la tormenta es más grande de lo que usted piensa capitán.
En ese momento salió a la proa y vio la enorme nube negra que se extendía frente a ellos. La nube de tormenta abarcaba kilómetros frente a ellos, no seria nada agradable pasar por ella.
- Estamos cerca de las islas de los nómadas aire. ¿Quiere que nos desviemos hacia allá? – sugirió el soldado.
- Esta bien – acepto de mala gana.
- ¿Y ahora que haremos? – hablo Ai a su compañero de celda.
Ryu examinaba la celda donde se encontraba. En esta ocasión no le pusieron grilletes ni mordaza en la boca. Escapar de ahí podría ser fácil si hacia lo mismo que la última vez. Derretir las cerraduras, o mejor aun los barrotes. El único problema era el guardia. No podía escapar con el ahí. y lo peor de todo sospechaba que estaban en medio de una tormenta, el movimiento brusco del barco se lo decía.
Ai al no recibir respuesta se molestó - ¿Por qué quieren atraparte? – le preguntó de nuevo un tanto exigente.
- No lo se, ya te lo dije.
- Esos soldados son maestros fuego – dijo algo que era más que evidente – ¿Acaso hicieron algo malo tu y tu papá? – le recriminó.
Ai no era tonta, sentía que había una relación con la repentina evacuación de la tribu y el que quisieran capturarlo.
- No hicimos nada malo – dijo un tanto molesto. Después suspiró, dada las circunstancias debía contarle la verdad – Hace unos días me encontraba con mi padre en un festival. Unos hombres entraron en nuestra casa y nos atacaron, yo fui secuestrado – Ai abrió lo ojos enormemente – Mi padre fue a rescatarme.
- ¿Por que? – No entendía como personas de su misma nación le quisieran hacer algo especialmente si no habían echo nada.
- No lo se – se estaba cansando de repetir esas palabras. Ni el mismo sabia por que lo habían secuestrado. Ya no.
- El que nos fuéramos de la tribu tiene que ver con esto ¿verdad? – a pesar de que podía ver algo de molestia en el por sus preguntas ella necesitaba respuestas.
Ryu asintió – Mi papá me dijo antes de irnos que las mismas personas que me habían secuestrado venían en camino, pero el me dijo que no venían por mi – después agregó - Tampoco sabia que eran personas de la Nación del Fuego – apretó sus puños con fuerza.
- Pero… ¿No atraparon a los culpables?
EL negó con la cabeza – Cuando mi papá me rescató nos dirigimos al sur, mi papá estaba herido, el había ido a buscarme solo, así que no había nadie más para atrapar a los culpables.
Al principio cuando fue secuestrado por los maestros tierra pensaba que lo hacían por venganza hacia su nación por lo que habían hecho hace años, pero cuando se encontró con los maestros fuego la noche que escapó con su padre todas esas ideas cambiaron y cuando lo fueron a buscar al barco pudo deducir una sola cosa. Traición. El barco en el que se encontraba eran los que usaban los capitanes y almirantes de su nación. Así como su padre le dijo, algo muy malo había pasado en la capital y el, en esos momentos se daba cuenta de la gravedad del asunto.
Ai no entendía, ¿por qué el Señor del Fuego había ido a buscarlo él solo? Lo mas normal era que lo ayudaran. Se imaginaba un ejercito o algo así buscando al príncipe. Todo eso le resultaba demasiado extraño y confuso para era ella. Especialmente porque personas de su misma nación los habían capturado. Entonces poco a poco comenzó a deducir de que se trataba todo eso.
- Debemos escapar – hablo Ai muy despacio. Ryu la miró – Eres el príncipe Ryu, si vinieron por ti es por que quieren lastimarte o usarte para hacerle algún daño a tu padre.
Las ideas de su compañera no estaban lejos de las suposiciones de él, pero se impresiono que no estuviera asustada. Cuando el fue atrapado estaba muy asustado, lejos de la pequeña calma que ahora tenia y la que veía en ella. Tal vez era porque ahora no estaba solo es que no sentía tanto miedo y tal vez ella también por eso no se veía asustada.
- Lo se – hablo apoyando su idea – Pero por ahora no podemos – la cara de Ai le decía que no estaba muy de acuerdo con sus palabras - Estamos en un barco en medio del océano – se explico - ¿A dónde escaparíamos? Además hay una tormenta allá afuera.
A pesar de que tenia algo de razón ella no apoyaba su idea. Ryu miro su cara.
- Escucha Ai, se que quieres escapar y yo también, pero estoy seguro que mi padre ya viene en camino a buscarnos, la Señorita Lavali o tu mamá debieron haberles avisado. Solo tenemos que esperar.
- ¿Sabes a donde nos llevan? – indagó ella con reproche.
- No, pero la ultima vez me llevaron a las islas de los nómadas aire.
- ¿Y cómo podría saber tu padre que vamos para allá? O quién sabe a donde nos lleven ¿Cómo podrán encontrarnos? ¡Debemos escapar nosotros! – le exigió.
Esas fueron sus mismas conjeturas cuando había sido secuestrado la primera vez y eso lo llevo a querer escapar. Podía entender la desesperación de Ai.
- Mi padre fue capaz de encontrarme el solo, sin ayuda de nadie. Estoy seguro que lo hará de nuevo.
Ella gruño por la necedad del príncipe, debían hacer algo, no esperar de brazos cruzados.
– Escaparemos Ai – le dijo Ryu para calmar su molestia – pero por ahora tenemos que esperar.
El entendía que no podían escapar en esos momentos. Ai pareció comprender un poco sus palabras cuando el barco se comenzó a mover más violentamente. La tormenta de afuera era muy peligrosa y aunque lograran salir de la celda ¿qué harían después? ¿Escapar en un bote en medio de aquella tormenta? Reconoció que, aunque era una buena idea resultaba muy peligrosa.
- Esta bien – le dolía admitir que Ryu tenia razón. Debían esperar a que los rescataran.
Confiaba ciegamente en sus palabras. Pensar que el padre de Ryu, el Señor del Fuego, fue el solo a buscarlo resultaba algo admirable. ¿El se enfrentó a todos esos hombres? Pensó en todos los soldados a bordo del barco, seria casi imposible que unos niños se hicieran cargos de ellos, y pensar que una sola persona también pudiera hacerlo resultaba igual de imposible. Ella no sabia los detalles de su huida. Se imagino que tenían a Ryu en una celda como esa custodiado por soldados y su padre enfrentándose a todos ellos. Tenia que ser alguien muy fuerte para haber logrado vencerlos a todos y escapar con Ryu, reconoció la pequeña maestro fuego.
Pasaron algunas horas y de pronto ambos sintieron algo.
- ¿Qué fue eso? – pregunto Ai.
- Creo que nos detuvimos.
- ¿Estas seguro?
El barco aun se movía a causa de la tormenta pero ya no avanzaba. Ryu sabia que era de noche, a pesar de que en su celda no había ventanas el ya no sentía el sol. Por la distancia recorrida pudo deducir que se encontraban en un solo lugar.
- Creo que… hemos llegado a las islas de los nómadas aire… - dijo un tanto dudoso.
- ¿Por qué lo dices?
- Si nos detuvimos es por que llegamos a un lugar. Estamos lejos de tierra firme, tal vez decidieron parar por la tormenta, Además ahí fue donde me llevaron cuando me secuestraron.
Creyó en sus palabras o eso intentó, a esas alturas era difícil pensar o tratar de adivinar en donde estaban, ella nunca había salido de la tribu. Así que su orientación de donde podrían estar era mala, al parecer Ryu podía saber más de eso que ella.
Izao vio casi con asombro que, en la costa de las isla se encontraba la Armada Imperial, o parte de ella. Gruño un poco. Azula ya estaba regresando de su invasión del polo sur, al parecer había sido más pronto de lo que él había pensado, pero no importaba, a pesar de que no hubiera podido adelantarse y esperarla en la capital, el le mostraría el pequeño trofeo que se encontraba en la celda de su barco.
Han estaba afuera del camarote de Azula. Era el único que se atrevería a verla. Desde que huyeron del polo sur, ella había permanecido inconsciente. Hiso aterrizar el dirigible en uno de los barcos y atendieron a la princesa. Por la tormenta se vieron obligados a esperar en las islas de los nómadas aire, pero ahora ella había despertado.
El saber que habían huido como perros, así como ella los había llamado y sumándole a eso su evidente derrota la hicieron perder el control. Había gritado y demandado que nunca debieron de haber hecho eso, su flota debió de haber continuado el ataque. Pero Han sabia que aquello era imposible. Aun sin el avatar, ellos habían perdido. Subestimaron a la tribu del sur. El incluso desconocía que existían maestros fuego ahí. Eso fue una sorpresa que no se imaginó ver. Ese grupo de soldados se había dado la tarea de derrotar a la mitad de la flota. El Almirante Liang había perdido, sabia o sospechaba que lo había hecho en manos de los maestros agua por la forma en que vio el barco empalado en hielo.
Lo mejor en esos momentos era regresar a la capital y ver la manera de planear un nuevo ataque. Pero fue llamado por ella. Cumpliendo su llamado toco la puerta del camarote, después de escuchar la aprobación entro. Vio como todo en ella estaba prácticamente destruido. Se había desquitado con todo lo que había ahí vio a Azula en medio de todo ese caos.
- Eres un incompetente - las palabras de la princesa de fuego lastimaron un poco al soldado – Pero pienso perdonarte si me traes la cabeza de Zuko – se dio la vuelta para míralo.
Lo que vio Han no era la princesa de la cual el se enamoró al verla en la prisión aquella vez. Veía a alguien totalmente diferente.
- ¿Me has escuchado? – su demandante voz lo trajo de regreso – Hasta el momento no deseo verte. No vuelvas a aparecer delante de mi hasta que cumplas con lo que te he pedido.
- ¿Así que fue tu culpa que perdieran? – la voz de un tercero hiso que voltearan hacia la puerta.
- ¿Qué haces aquí? – demandó Azula al ver a Izao en la puerta de su camarote - ¿Cómo te atreviste a desobedecer mis ordenes? – le amenazó. Con lo furiosa que estaba, planeaba descargarse con alguien e Izao parecía ser el blanco perfecto.
- Viene a entregarte un regalo – hablo para justificarse al ver el evidente enojo en ella – Tengo al príncipe – declaró finalmente.
El rostro de Azula cambió al escuchar la declaración y mas aun cuando vio que entraban al camarote dos niños. Fijo su vista en uno de ellos. El que tenia la mirada dorada, podía reconocerlo. Solo con mirarlo era como mirar a Zuko de niño. Sonrió maliciosamente. Las cosas ahora cambiaban por completo.
Ryu observaba a la mujer que estaba en la habitación.
- Hola pequeño – hablo aquella mujer y se acercó a el - ¿No sabes quien soy yo verdad?
Por algún motivo aquella extraña le daba un mal presentimiento, ¿Sera que ella estuvo detrás de su captura?
- Soy tu tía Azula – dijo con una horrible sonrisa macabra - y soy la persona que matara a tu padre y toda tu familia – declaro la princesa.
...
