¡A los reviews!:
Racon Omega 98: Yes~ pero de allí nació Moon Platinum y gracias~
ElYoker2002: De nada :D, Yes, I AM! xD, muchos limones xD, tengo el poder absoluto y me la ; podría hacerlo, Issei es sorprendentemente violable, digo, perdió lo virgen a los 3 :P, haber dime esas 7 teorías
Protagonista: Bruno Buccelatti
Antagonista: El Kiras
Obviamente, es mentira, mi JoJo favorito es Josefu Josta y el antagonista…el capítulo te dirá quién es :3
(In the world – Ao no Exorcist)
El lado oscuro de mi corazón se revelará
Se mira como un par de ojos rojos brillan en la oscuridad, mientras una estrella demoniaca brillaba a un costado y la esclerótica de los ojos se volvían negras.
Una tristeza imborrable del pasado.
Los ojos son cubiertos por un enorme fuego negro, mientras plumas negras, blancas y trozos de ala de murciélago caían en ese fuego que rodeaba a un pequeño niño
No pasa nada si no lo hago en serio, dispararé mis armas y extenderé mis manos.
Una serie de cabelleras se miran, plateado, blanco, negro, rubio y rojo mientras brillos de colores similares cubrían al niño, que pasaba a ser un adolescente de cabello negro
¿Desde cuándo mi camino ha sido tan inevitable?
Aparece el símbolo de un león en su espalda, mientras caminaba lentamente hacía el brillo del sol, con un hacia dorada en mano
Y ahora no ha quedado nada... Al diablo mi destino.
Aparece Irina arrodillada enfrente de un hombre de cabellos negros con una suave sonrisa, solo para que cambiase a una Irina saliendo de allí mientras la sonrisa iba a una torcida y cruel sonrisa.
Yo me lamento por mi orgullo no puedo soportarlo.
Aparece Rias mirando como Issei camina hacía un peliblanco dejando sus pisadas en la tierra.
Ah, ah, ah, solo en mi mundo. Un aria de amor resonando a través de esta realidad distorsionada con oraciones retorcidas.
Ahora Issei aparece en la academia, mirando la sonrisa paternal del hombre de cabellos azules en frente suyo mientras parpadeaba levemente.
Mis sueños y mi futuro se derrumban.
Issei mira como enfrente de él estaba un hombre pelinegro con mechas rojas, blancas y grises de ojos dorados, con una sonrisa cansada, y apretando los puños, se lanzó contra él
Y decir mentiras sería muy aburrido.
Akeno aparece sentada abrazando sus rodillas, mirando las plumas negras debajo de él antes de que Issei aparezca en cámara y mire la espada de 377 cm en su mano.
Adiós mi preciada vida.
Ve y reescribe este destino. Hazlo por tu orgullo, cubierto de heridas.
Issei agarra un brillo dorado en la mano de un hombre pelinaranja con ojos azules, que le sonreía con orgullo junto a una mujer de cabello negro y ojos amarillos.
Ah, ah, ah, solo en mi mundo.
Un campo lleno de espadas se mira alrededor de Issei, quien ahora vestía un traje negro y un manto de color beige que se mecía con el viento.
Incluso así yo canto la canción de amor y que tu deseo de dejar este mundo distorsionado se pueda cumplir y que nuestros destinos se vuelvan a unir.
Estirando una mano, Issei mira al grupo de 7 personas enfrente suyo, encabezados por un peliplata de ojos bicolores
El arrancamiento de la mentira era importante después de todo, puesto que esta es mi preciada vida.
La imagen cambia a un pelirrojo de ojos azules, a un peliplata de ojos rojos, un pelinegro de ojos negros, un peliblanco de ojos azules y un rubio de ojos morados, hasta llegar finalmente al mismo hombre que antes
La nube oscura de mi corazón está desapareciendo y la luz empieza a salir de nuevo.
El campo de espadas vuelve a aparecer, mientras ambos vuelven a lanzarse contra él otro en combate
Peleemos, no hay nada que temer.
Dos espadas iguales chocan entre sí, y los mismos ojos se miran entre si mientras el presente se enfrenaba al futuro.
Blandiré mi espada de doble filo.
Finalmente, la espada dorada de la victoria prometida, Excalibur, brilla en el campo de espadas ilimitadas al momento que un héroe renace
Cuando tenía dos años lo conocí por primera vez. Su mirada azulada era fría como el hielo pero su rostro morado como el resto de su cuerpo presentaba una sonrisa que era dedicada hacia mí.
Junto a él había diversos seres de todas las formas y colores; de forma humanoide, vehicular, animal y hasta uno era una torre de electricidad en miniatura para que pudiera entrar en mi hogar.
Nunca averigüe el porqué, pero sentía que con él a mi lado sería protegido a pesar de las circunstancias.
Con el tiempo, descubre que aquellos seres eran una manifestación de mi "Espíritu de Lucha" y de mi "Voluntad". Lo único que no llegue a entender era por qué tenía tantos…
A la edad de 6 logré "desbloquearlo", por decirlo de alguna manera, y así averigüe su nombre.
Star Platinum
Un nombre singular, basado en la carta del Tarot de la Estrella (en inglés Star).
Su nombre me indicó una cosa en esos años:
Optimismo
Discernimiento
Esperanza
Aquel ser que me acompaña a día de hoy y que me acompañará hasta el día de mi muerte, será quien me ayude a traer esperanza a los míos.
Hum…ahora que lo pienso…ser llamado un Cruzado del Polvo Estelar no es mala idea después de todo.
Dragontale Arco 2: [Cadenas del Pasado]
Capítulo 10: Respuesta
—Ahora, perras escandalosas—la mirada roja de Issei era similar a la mirada del ser etéreo detrás de él. Daba miedo de solo mirarle los zapatos—¿Acompañaran a su líder?
Los cuatro patiños tragaron sonoramente mientras temblaban, dando lentamente pasos hacia atrás.
La mera presencia de esos dos haría temblar hasta al más osado.
Parecían cazadores sobre sus presas, atentos a cada mínimo movimiento, listos para lanzarse sobre ellos de ser necesario.
Issei dio un pisotón al suelo, provocando que los jóvenes salieran huyendo despavoridos.
—Maricas…—gruñó el pelinegro mientras que Star Platinum desaparecía detrás de él
Se giró para ver a Joseph y notó que este se le quedaba mirando—¿Qué?
En otro lado de la ciudad, un hombre con vestimenta y cabello estrafalarios caminaba tranquilamente sin darse cuenta de que una ambulancia venía a grandes velocidades contra él.
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En otro lado de la ciudad, un hombre con vestimenta y cabello estrafalarios caminaba tranquilamente, deteniéndose justo a tiempo para dejar que una ambulancia pasase de largo.
—Que mundo tan extraño…—susurró el hombre de cabellos rosados suavemente—Lo último que recuerdo es que morí debido a ese Réquiem…—se tomó el mentón mirando el cielo—Presiento que si repito lo que hice, algo hará que me pase de nuevo lo mismo y esta vez no está Doppio para que pueda eliminarlo y así salvarme…Lo bueno es que me quedé con Epithap
Se estiró y tomó otro camino, sin saber a dónde lo llevaría el destino
En la academia, la rubia monja favorita de todos salía del edificio del Club de Ocultismo tras que su ama tuviese un ataque de rabia del cual su hermano mayor tuvo que intervenir
Ella quería tomar algo de aire, su Ise-san ya era novio de otra chica.
Y para su propio colmo, era rubia y de ojos verduzcos.
Suspiró levemente, cerrando los ojos sin darse cuenta que estaba a punto de chocar contra alguien
—¡Kya!—chilló levemente cuando su trasero se encontró contra el suelo debido al choque contra la persona frente a ella.
—¿Hum?—por el tono de su voz, era un hombre—¿Estás bien, jovencita?—Asia abrió los ojos y alzó la mirada viendo a un hombre de cabello albino cortado como militar y de tez morena vestido con un atuendo de cura morado con unos detalles dorados con su mano extendida hacia ella
—¡H-Ha-Hai!—exclamo la rubia tomando la mano del hombre para pararse y limpiarse—Muchas gracias Padre…—la Argento se mostró confundida al no saber su nombre.
El moreno sonrió levemente—Pucci, querida. Mi nombre es Pucci y soy el nuevo cura de esta ciudad—le dijo con una sonrisa
—Un gusto padre Pucci—le dijo de nuevo la rubia con una encantadora sonrisa—Mi nombre es Asia Argento
—El gusto es mío, señorita Argento—la sonrisa en los labios del cura aumentó—¿Cree en la gravedad? Pues ella fue quien hizo que nos encontráramos
La chica inclinó la cabeza, algo confundida por las palabras del hombre frente a ella.
El hombre de cabello blanco al instante alzo su mirada, viendo un enorme reloj en la iglesia más cercana, a cuatro o cinco cuadras de donde estaban en esos momentos, y como el Bigben, el enorme reloj le recordaba a todos los que lo veían el tiempo que era.
Y para él, era como si el tiempo pasase demasiado rápido, como si fuese acelerado.
Miro a la monja a su lado. Sin Dio-sama aquí, no puedo hacer nada. Buscar un mundo perfecto sería inútil. Con esta sería la 37va vez que fracasé en lograr ese cometido.
Alzó la mirada, sintiendo varias presencias en la ciudad. Además, no puedo arriesgarme, usar a Made In Heaven sería demasiado llamativo
—Bueno, Señorita Argento. Lamento no poder continuar con esta charla, pero diría que la misma gravedad es la que me atrae a otro lugar.
Asia inclino su cabeza hacía un lado, sin entender completamente de lo que el hombre de cabello blanco y piel oscura hablaba
Pucci sonrió levemente, dando una leve inclinación de cabeza se giró y camino hacia otra dirección
—Amm... este...— murmullo Asia caminando hacia él, dando los pasos más rápidos que pudiera sin empezar a correr—. Podría... ¿acompañarlo unos momentos, Padre Pucci?— pidió ella, sabia que apenas se acercara a la iglesia tendría que regresar ahora que... que ya no era humana
El hombre noto la leve tristeza en su mirada y solo sonrió—Por su puesto que sí, no me vendría mal algo de compañía—respondió, quería conocer más de ese lugar y que mejor que una habitante para que le ayudase con ello.
Comenzaron a caminar, charlando animadamente pero al notar que cuando pronunciaba "Dios" enfrente de Asia, parecía tensarse como si le hubieran dado una descarga, e incluso evitaba por cualquier medio decirlo
Interesante. Pensó el moreno con una sutil sonrisa. Al parecer, algunos seres se veían afectados por esa palabra
En la mente de Pucci surcaron varias ideas, pero dejo de decir el nombre del ser al que puso toda su vida para no seguir hiriendo a la monja a su lado, quien a pesar de ser herida por decir el nombre de Dios, parecía en verdad honesta en su accionar, y él era incapaz siquiera de encontrar un meo atisbo de malicia en ella
Posiblemente, un ser demoniaco, y de tan buen corazón, irónico
Este mundo está lleno de sorpresas. Pensó el albino viendo salir a un joven y a un anciano de un restaurante. Y que sorpresas
Camino tranquilo hablando con Asia, quien no notaba a los dos hombres enfrente suyo
Los ojos de Pucci por un segundo conectaron con los del joven
Rojo... sus ojos eran rojos
Una mirada fría y calmada, atenta a cada movimiento alrededor de su persona
Unos ojos rojos, había visto bastantes a lo largo de su vida. Pero solo había visto un par con ese tipo de mirada
Dio-sama...
Fue el pensamiento de Pucci mientras el joven y el anciano los pasaban de largo, y él continuaba hablando con Asia
—Disculpe, señorita Argento—llamó Pucci atrayendo la atención de la rubia—¿Usted conoce a ese joven que nos acaba de pasar?
—¿Eh?— Asia se giro hacia atrás, no viendo a nadie en particular más que unas cuantas personas caminando por allí y por allá—Perdone, padre Pucci, pero no lo vi.
—Oh, bueno, me pareció curioso que tuviera el cabello negro y ojos rojos.
Esa combinación de color al instante dejo callada a Asia.
El hombre noto el repentino silencio de su acompañante, y no dudó en expresar la curiosidad que le dio—¿Sucede algo, señorita Argento?
—¿Eh? Ahh, n-no es nada. Es… es solo que conozco alguien así y… últimamente no es la misma persona que conocí— murmuro ella frotando su brazo, levemente incomodada.
—¿Oh?—el albino alzó una ceja, realmente intrigado ante sus palabras—¿Cómo es eso? ¿Serías tan amable de explicarme, por favor?
Asia trago suavemente, no pudiendo ver ninguna mala intención en el hombre a su lado, inhalo para comenzar a hablar—Hace un tiempo conocí a… a la persona más amable en el mundo, yo nací con algo que todos decían era especial, y que me permitía ayudar a otros. Y entre más ayudaba más me daba cuenta que me temían por ello, que querían destruir lo que yo poseía o que querían arrancármelo, y cuando ayude a alguien que se supone que no debía ayudar, las personas a mi alrededor pasaron de esas sonrisas que siempre me daban a caras de ira— no menciono los múltiples insultos de herejía y brujería a la que fue sometida, ni los atentados contra su vida, ni nada que tuviera que ver con lo sobrenatural.
—…— Pucci guardo silencio, escuchándola atento.
—Vine a Japón porque me ordenaron que lo hiciera, y resulto ser una trampa para matarme— la voz de la rubia a cada segundo se hacía más débil—. Yo… siento que casi lo sabía después de como todos me trataban, y cuando me estaba preparando para morir, llego él.
El hombre vio la sonrisa en los labios de la jovencita; una sonrisa llena de felicidad y esperanza, y a su vez, de amor
—Él fue… tan sincero— murmuro para ella misma con esa hermosa sonrisa y sus ojos brillantes—. No era como todas las otras personas que conocí, era amable porque quería ser amable, se preocupaba por mi a pesar de que apenas nos conocimos, arriesgo su vida para salvarme… a mi. Le trajo más problemas el salvarme que el solo dejarme a morir, y aun así lo hizo por una completa desconocida con una sonrisa en su cara— hablaba ella mientras sus ojos se empezaban a llenar de lagrimas—. En toda mi vida él es la única persona que me trato como un ser humano , no como un objeto para curar a otros, o una criatura que debía ser asesinada, él simplemente… simplemente hizo que mi vida tuviera una verdadera razón para ser vivida.
Pucci escucho totalmente atento esa historia—Le tienes demasiado afecto—tanto o incluso más como el que le tenía a su señor
—Lo amo— declaro ella con una sonrisa, las lagrimas brillaban descorazonadoramente en su bello rostro—. Lo amo más que nada en este mundo, y es por eso que cuando revelo su verdadero rostro, yo… me sentí como el ser más egoísta que ha vivido— la sonrisa lentamente flaqueaba, la cara de Asia lentamente deformándose para tratar de controlar el llanto.
—¿Egoísta? ¿Por qué egoísta?—el rumbo de la conversación empezaba a preocupar al padre, en su vida nunca había conocido a ser tan puro y sincero. Ahora que lo conocía, temía que algo le pasara
—Él estaba tan… lleno de Odio— dijo ella, su voz lentamente quebrándose—. Era más odio del que nunca sentí en mi vida, no hacía mi, no hacía nadie a su alrededor, ni siquiera podría decir que era hacía alguna persona que lo hirió, pero era odio hacía si mismo.
—…
—Él lo perdió todo, sus padres, su hermana, su hogar, su libertad, su sueño…— Asia trato de quitarse las lagrimas de la cara, ya se le hacía difícil ver por el dolor y ardor, pero el agua lo hacía peor—. Mientras yo reía, mientras le abrazaba y deseaba vivir a su lado a cada instante, él estaba llorando lagrimas de sangre, la persona que más amo en el mundo sufría mientras yo reía a su lado, y… y lo peor de todo, es que a pesar de describir todo esto, no puedo hacer nada.
Y allí estaba, incluso Pucci sintió un leve estremecimiento en el corazón al ver el rostro de Asia caer presa del llanto.
—Nací con él don de poder sanar a otros, y no puedo siquiera tratar de sanar la herida que tiene en su corazón— las lagrimas bajaban sin fin por la cara de Asia, el suelo debajo de ella hacía un sonido de salpicadura cada segundo ante cada gota que caía—. Él estuvo sufriendo en silencio todo este tiempo mientras yo era feliz. Ese odio a si mismo que lo esta matando es algo que yo no puedo sanar, daría mi vida si pudiera hacer que él deje de sufrir… y lo peor de todo, es que a pesar de todo el dolor que él sufre, lo único que quiero es volver a ese día donde me encontró en ese parque cuando me perdí camino a la iglesia
Y allí no aguanto más. Asia rompió en llanto, sollozando por lo bajo mientras lo hacía.
A la distancia, aquel joven de ojos rojos se detuvo, un llanto que ablandaría el corazón de la bestia más cruel taladraba sus oídos, pero su cara no cambio de expresión en ningún momento, hipidos y sollozos que lentamente subían a un llanto de puro dolor no parecieron siquiera afectarle, e incluso cuando escucho un susurro que llamaba a su nombre, solo siguió caminando.
De su pecho, un corazón negro salpico una única gota de liquido rojo al suelo.
—[No puedes ser tan bastardo]—bramó Ddraig, escuchando igualmente el llanto de la pequeña [Alfil] de el grupo Gremory.
No respondió, sabía bien que le escucho, pero simplemente siguió caminando como si nada hubiera pasado. Pucci cubriendo a Asia con su manto, tratando de consolarla y reconfortándola, dando una mirada hacía donde aquel joven de ojos rojos se había ido, casi jurando ver esos orbes color rubí que parecían eso, dos rubíes, no dolor, no arrepentimiento, no tristeza o felicidad, solo dos piedras rojas que sin dar un segundo vistazo se giraron.
Realmente...es demasiado parecido a él. Pensó el albino al notar la indiferencia y frialdad del joven, comparándola con la que su señor tuvo por la humanidad en general.
—Señorita Argento— le dijo, viendo como la rubia trataba de calma su llanto mientras se sentaban en una banca—. Lo mejor será que regrese a su hogar y descanse, cargar con todo esto debe ser muy duro para usted… ¿su amigo de ojos rojos tiene a otros a su lado?— pregunto, recibiendo un tembloroso asentimiento de ella—. ¿Esas personas también quieren ayudarle?— nuevamente, un asentimiento seguido de hipidos para tratar de conseguir aire—. Bien, no esta sola en esto, sus amigos la acompañaran, y si usted sola no puede hacerlo, recuerde algo, incluso nuestro señor estuvo acompañado de mucha gente al bajar al mundo, él no abandonarle, él que todos estén a su lado para acompañarlo en su dolor es lo mejor que pueden hacer para sanarle.
Asia asintió con lentitud, aun hipando y sollozando suavemente. Notando que el sol lentamente se ocultaba.
—Espero poder verla otra vez, recuerde, si necesita cualquier cosa, ya sabe donde estaré— le dijo mientras le daba un pañuelo para que ella limpiara sus lagrimas.
—Gra…Gracias… muchas gracias padre Pucci— dijo ella haciendo una leve reverencia, y en segundos, ambos dieron media vuelta y fueron cada uno en su dirección, una llorando hasta que sus rojos ojos ya no tuvieran lagrimas, y el otro cerrando sus ojos al entrar a la iglesia, más pensativo que en cualquier otro momento de su vida.
Antes de que el sol se ocultara, Asia Argento ya estaba en su habitación. Echada, con el rostro contra la almohada, dejando que el llanto y el cansancio la llevasen a los brazos de Morfeo.
En la fría noche, su cuerpo temblaba mientras la humedad de su rostro se congelaba, en la oscuridad, dos puntos rojos brillaron, mirándola desde arriba aparentemente sin emociones, antes de agarrar la manta y cubrirla delicadamente, como temiendo que si lo hacía bruscamente ella se rompería como vidrio.
Una mano toco la mejilla de la Argento, secando sus lagrimas, y la figura se arrodillo para verla enfrente, su rostro dormido, a pesar de lleno de lagrimas, se miraba tan pacifico.
Aquella figura oscurecida le vio por unos 10 minutos más, asegurándose de que su sueño no sea perturbado por nadie.
Y fue entonces, cuando salió de la habitación.
Pero antes de poder salir, los ojos verdes se abrieron, y aun adormilada, se levanto de la cama al ver a esa figura oscura con sus ojos rojos como vidrieras de vino hervido.
—Ise...san...—fue un simple y bajo susurro, insuficiente para que la figura la oyera.
Y cerró la puerta.
Ni un segundo después, fue abierta y Asia paso por ella, agarrando únicamente una mano helada y callosa, dura y áspera como el acero oxidado.
—... Iré a hacer la cena—susurro el Hyodo suavemente—Tendremos invitados...
Antes de poder siquiera continuar, fue abrazado.
Ninguno de los dos dijo algo. Se quedaron allí, callados.
Ella no lloro, sus lagrimas se habían acabado hace bastante, solo enterró su cara en su pecho, él agarrando su pequeña cabeza con una mano y abrazándole.
—Asia… yo…
—Me quiero quedar contigo.
—…
—No me importa si no me amas, o si alguien que no sea yo estará a tu lado, incluso si me odias… no me quiero ir de tu lado.
—Mira a mi alrededor, Asia. Fuerza tu vista en la oscuridad— le dijo, esos ojos rojos era lo único que podía ver, no había pupila ni cornea, solo rojo sangre.
Ella no lloro, sus lagrimas se habían acabado hace bastante, solo enterró su cara en su pecho, él agarrando su pequeña cabeza con una mano y abrazándole.
A su alrededor palpitaba un enfermizo rostro de océano rojo negruzco, lleno de oleadas de oscuros tonos oscuros y sin nombre y rostros deformados. Las bocas se abrieron y estiraron, deformadas a niveles enloquecedores, hasta que las mandíbulas se expandieron más allá de la cara y se consumieron por completo en auto canibalismo. Lo peor de todo era que las caras se amontonaban alrededor del pelinegro, alisaban su pelo negro y puntiagudo y acariciaban suavemente su espalda con los costados de sus colmillos.
—A mi alrededor...solo hay muerte y oscuridad...— agarro el mentón de Asia, ella estaba temblando, y no era para menos, toda persona que viera lo que estaba a su alrededor estaría igual o peor—. Si te quedas a mi lado, nunca podrás descansar, una vida pacifica es algo que no podrás tener. Esta es mi pelea, no la tuya, no tienes porque ayudarme a cargar mis pecados…
Y la boca de Issei fue callada, el rojo hervido de repente desapareciendo, mostrando unos ojos rojos sorprendidos, un gentil abrazo en su cuello, los pequeños pies de Asia alzados para alcanzar su estatura.
Los labios de ella contrarrestaban con los suyos, unos secos y rotos con unos suaves y sedosos.
Se separaron, una con timidez, el otro con sorpresa, mirando al suelo por la vergüenza, Asia volvió a hablar—Quiero estar contigo, Ise-san… Ise— le llamo por su nombre, sin honoríficos, la vio reunir todo su valor y mirarle a los ojos sin una sola pizca de duda—. No me importa vivir en paz ni en que te conviertas, yo voy a estar siempre a tu lado sin importar lo que pase, porque…— el rojo carmín baño el rostro de la rubia, la sonrisa más inocente, pura y llena de amor que Issei hubiera visto en su vida brillo en el rostro de Asia—. Te amo, Ise.
El nombrado no hablo ni nada, solo se quedó sorprendido viendo la sonrisa de la rubia que solo se dio vuelta y entro en su habitación.
Pero, de repente, hubo algo diferente, su boca se doblo hacía arriba, sus ojos se cerraron y resoplo por la nariz, su sonrisa mostrando el leve momento de paz que consiguió—Yo también, Asia.
Lástima que la rubia no lo escucho, pero el haberlo dicho, bastaba para el joven de cabellos negros.
—[Huh, al final, no eres tan bastardo]—murmuró Ddraig con un deje de orgullo en su voz.
—Hay gente que no merece mi indiferencia—le dijo su usuario bajando las escaleras—Asia es una de ellas—completó entrando a la cocina.
—¿Me debo sentir celosa?—el pelinegro rio levemente al oír una voz femenina venir de la sala.
Alzó la mirada y vio a su novia viéndole desde el mueble con una sonrisa, de esas que le enamoraban aún más.—No creo—respondió alzando los hombros, arremangándose y lavándose las manos para cocinar—¿Guardaste todo lo que compramos?
—Si amor, si lo guarde—respondió la rubia girando los ojos, riendo levemente
—Bien, es suficiente para alimentarte esta noche—se giro y se agachó, esquivando una pantufla azul que iba a su cabeza—Necesitas ser más rápida
—Y tú necesitas cerrar la boca de vez en cuando—contradijo Arturia, cruzándose de brazos haciendo un adorable puchero. Más que nada porque lo que dijo, era cierto.
De pronto, algo cruzó su cabeza—¿Quiénes vendrán?—le pregunto, viendo cómo cortaba unas verduras— Vi las alacenas y la nevera. Tienes suficiente para alimentar un batallón entero y demasiado licor y gaseosas
Issei suspiró y habló—En la tarde volví a la academia; Jiji se enteró que vivía con Rias y le dijo que podía invitar a su familia y a los demás—luego gruño—Rias le dijo a Sona y ella traerá a su séquito, Serafall viene de colada, Sirzechs le dijo a Azazel y Azazel traerá a Vali, Vali le avisará a Griselda y ella le dirá a Gabriel y Gabriel traerá a Michael—hizo un poco de memoria y suspiró nuevamente—Y Jiji traerá a Giovanna y papá va a venir, allí son más de 20 personas y varias beben. Al menos que se te haya ocurrido invitar a alguien…
Cuando dijo eso, un silencio inundó el lugar, haciendo que Issei alzase la mirada y notase que Arturia desvío la mirada—Turi…¿A quién invitaste?—no hubo respuesta—Dime que no fue al doradito…
—Lo siento amor, pero le prometí que le darías una cena para que dejase de molestar—se disculpo la rubia, agachando la mirada, su ahoge cayendo también.
Issei aspiró levemente, antes de mover el cuchillo en su mano—Luego lo mato
Luego de decir eso, le acaricio la cabeza a ella con suavidad, jalando suavemente su ahoge mientras reía levemente.
—No juegues con mi pelito—renegó la rubia haciendo un puchero con las mejillas sonrosadas, haciendo reír suavemente a Issei
—¡NNNNunca!— exclamo Issei jugando un poco más con su cabello, antes de salir corriendo cuando ella saco una espada de color dorado.
—¡Caliburnuuuuuus!—grito corriendo detrás de él, dando resultado una graciosa persecución por toda la sala
Mientras Issei esquivaba y le jalaba el cabello a ella… por accidente le arranco su ahoge—Oohhhhh… no— murmuro mientras veía como un aura de pura y malvada oscuridad cubría a su amada.
¡ZAS!
Todo su cuerpo se erizó cuando un látigo golpeó el suelo frente a él
GLUP
Hice trago levemente mientras veía salir a una Arturia de cabello más pálido y ojos amarillos salir… llevando un látigo de quien sabe donde que hizo que oscuros recuerdos reprimidos salieran a la luz.
—Dios, se que tu y yo no somos muy amigos, pero si tienes algo de amor por tu creación, ¡Mátame!— rogo antes de que un látigo se cerrara alrededor de su cuello.
—Haz sido un chico muy malo—Issei trago pesado al oír el tono sensualmente peligroso de su amada—Y los chicos malos merecen un castigo.
Un grito poco femenino y un par de horas después, Issei salía de su cuarto temblando, bastante… azotado.
Las marcas rojas se le veían hasta en la cara.
Oyó unos ronroneos en su habitación y vio a su novia ya con su ahoge dormida y solo las sábanas cubriendo su desnudez.
Sabanas bastante… humedecidas… por decirlo de alguna forma, o simplemente que ella estaba bañada en su "amor".
—Nota mental: Quitarle y no quitarle tan seguido su ahoge—eso fue más una advertencia que un aviso para él mismo mientras bajaba las escaleras de su casa hasta llegar a la cocina, viendo a unos clones de él mismo terminar de cocinar todo.
Sacando una daga de su chaqueta encontrada en su chaqueta, los clones se acercaron a él y se volvieron a fusionar con su cuerpo.
Sonrió levemente, amaba esa habilidad como nadie tenía idea.
Giró la cabeza para ver la hora. 8:00 PM. Pensó, la gente dentro de poco llegaría y con su novia y Asia dormidas, no tenía mucho que hacer.
Entonces recordó a aquel hombre con quién vio a su amiga en la tarde. Se le hacía algo extraño en realidad, Star Platinum se mostró incómodo—por no decir molesto—cuando vio a ese sujeto.
Se mostró serio y apagó todo, dejando que el calor residual cocinase todo mientras él salía.
Su objetivo. La Iglesia de Kuoh.
En la oscuridad del único lugar cristiano que presentaba la ciudad que vio nacer al Sekiryuutei, el padre Pucci mantenía los ojos cerrados con una biblia en su regazo mientras estaba sentado en el confesionario. Como si esperase a alguien.
Oyó las puertas abrirse y unos pasos acercarse a dónde se encontraba. Abrió los ojos cuando vio por la rejilla la figura de otra persona del otro lado del lugar.
—¿Vienes a confesar todos tus pecados?—cuestionó con un tono suave pero formal, haciendo reír a la otra persona.
—¿Acaso cuentas las rebanadas de pan que comiste desde pequeño?—Pucci enarco una ceja ante su pregunta/respuesta. Tan familiar y tan diferente al mismo tiempo.—Pues esa es la cantidad de pecados que tengo.
Sonrió levemente antes de responderse así mismo—Entonces, es un no—dijo, sacando una risa del joven quien, con sus ojos rojos, le veía desde su lado del confesionario—¿Qué haces aquí, joven?
—Vine a hablar contigo, padre—respondió el chico recostándose en sus brazos
—¿Oh? ¿Hablar conmigo?—cuestionó, ahora curioso—¿Qué es lo que tienes que hablar conmigo?
—Tu presencia me incómoda—respondió, haciendo reír al peliblanco
—Ni siquiera me conoces y te desagrado, que caso tan curioso—murmuró Pucci apoyando una mano en su mejilla.
—Nah, no me desagradas, como dijiste; apenas te conozco—notó un brillo por sobre la figura del joven, un brillo dorado—Pero conozco a alguien que aparentemente, es el caso contrario
Pucci intento no mostrar nerviosismo alguno al ver a la figura frente suyo pero las gotas perladas de sudor que caían por su frente, surcando su rostro hasta caer por su barbilla.
Los ojos aguamarina mostraban una furia fría inmensa, dirigida en su totalidad hacia él.
Trago pesado viendo la enorme figura irguiéndose frente a él. Lo conocía perfectamente, de hecho, él lo asesino hace tantos reinicios tras reinicios tras reinicios.
Pero, aparentemente, está vez sí le recordaba.
Aspiró profundamente intentando calmarse, pensando en números primos y sonrió. Sus pecados no quedarían impunes después de todo.
—Verte aquí ciertamente me sorprende, Star Platinum—comentó el moreno con tranquilidad—Tan lejos pero tan cerca de tu usuario, las almas fragmentadas son ciertamente algo impredecible—el guerrero no dijo nada, no es como si supiera decir otra cosa que no fuera "ORA"—¿A que otras personas te encontraste? ¿Tus amigos? ¿Tu familia? ¿Aquellas personas que por mi culpa perdiste?
Manteniéndose firme y frío, Star Platinum no dijo nada no mostró sentimiento alguno haciendo sonreír más a Pucci—Tan expresivo como siempre—no pudo evitar reírse y soltar las siguientes palabras—La gravedad quiso que este encuentro fuese fortuito
El guerrero frunció el ceño y no hizo nada más, tras eso solo desapareció y volvió con su usuario que se mantuvo callado todo ese tiempo.
El padre volvió a su postura inicial, sacando un pañuelo para limpiarse el sudor de la frente antes de seguir—¿Tienes algo más que decirme?—cuestionó, las emociones que sintió por esos minutos fueron exorbitantes.
Issei lo pensó y lo pensó, antes de soltarlo—¿Cómo puedo llegar al Cielo?—cuestionó con seriedad haciendo que Pucci sonriera levemente.
—Supongo que no hablas del cielo que todos conocen, ¿o me equivoco?—fue la respuesta de Pucci ante su interrogante.
El pelinegro no respondió, solo se mantuvo callado y con la mirada gacha. Eso fue suficiente respuesta para el albino.
Made in Heaven.
Un leve brillo blanco inundo el lugar por unos instantes, provocando que Issei alzase la mirada.
Sus ojos se abrieron en estado de shock cuando vio al ser frente a él.
Tenia la apariencia de un humanoide delgado, masculino, fundido en su cintura al extremo delantero de un caballo (parecido a un centauro de dos cabezas. Con un cable grande, que forma un arco limpio, une la mitad humanoide entre sus omóplatos al tronco posterior del caballo.
El caballo lleva anteojeras y riendas, sostenido en las manos de la mitad humanoide, que lleva un cuello de plumas largas, y una larga para rodea su corona. Su cabeza puede ser comparada con la de un Xenomorfo; ligeramente alargada, con una superficie lisa y negra; incrustada con una gran esfera de reloj en la región de sus ojos y nariz, con su boca en su mandíbula como una pieza con la mayoría de su cuerpo claro o blanco.
Poseía grandes velocímetros también incrustados en su cuerpo al lado de la articulación de las piernas del caballo y la frente del caballo, con los más pequeños en el hombro del humanoide, sus antebrazos y la parte posterior de sus manos, y en las anteojeras del caballo.
—Ese es el resultado de alcanzar el Cielo—le dijo el cura con seriedad antes de agregar—Bueno, una parte de él—Issei salió de su trance y le miró, confundido ante sus palabras—Te contaré una pequeña historia; hace mucho tiempo yo seguía a un hombre al que considere y aún considero la par de Dios. Su sueño, al igual que el tuyo, era alcanzar el Cielopero debido a ciertas circunstancias, no lo pudo alcanzar.
El joven de ojos rojos prestaba atención a la historia de Pucci, era importante para él. —Entonces, me encomendé a realizarlo por él. Pero tenia que tener en mano un diario que, para mi desgracia, había sido destruido; por lo cual tuve que conseguir la información por…otros medios—tosió levemente contra su mano, aparentemente incomodo al recordar lo que hizo—Logre conseguir todo lo necesario o eso creí yo, y así nació este chico—acarició levemente al ser plateado, mas este no hizo nada más que zapatear el suelo levemente
—¿Luego que?—cuestiono Issei algo impaciente al no hallar entre sus palabras las respuestas a su interrogante.
—El poder que sentí cuando alcance el estado base fue totalmente increíble—murmuro Pucci con una sonrisa que se desvaneció al instante—Pero ocurría un problema…
—¿Cuál?—pregunto el joven ojirojo con el ceño fruncido.
—Seguía siendo humano. Verás, alcanzar el Cielo es transcender en todo sentido, yo solo lo transcendí de forma espiritual superficial, logrando que solo Made In Heaven naciera.
—…Tch…—Issei chistó por lo bajo—Entonces no tienes respuestas…
—Oh jovencito, nunca dije eso—con una sonrisa, metió su mano en su hábito morado y saco un libro de pastas marrones el cual le entregó—Allí tienes las respuestas a todo; solo recuerda mis palabras: Treinta y seis, poder de quitar y agrupar y catorce grabadas en una parte del cuerpo
—¿Qué?—espetó, y fue entonces que en un parpadeo, tanto Pucci como Made In Heaven ya no estaban.—…Yare Yare Dawa (Dadme un puto respiro)—murmuró agachando la mirada mientras Star Platinum salía nuevamente
—Ora Ora Ora Ora (Me sorprende ver ese diario)—comentó, Issei entendiendo en su mente el mensaje que le quería dar—Ora Ora Ora Ora Ora Ora (Pucci lo recreó a partir de lo que vio en mis recuerdos, todo a la perfección)
—¿Encontraré alguna respuesta aquí?—le preguntó en voz baja.
—Ora Ora Ora Ora Ora Ora (Eso solo lo descubrirás por tu cuenta)—el Bisshamonten sonrió levemente, colocando una mano en su hombro—Ora Ora Ora Ora Ora (Ya tienes la llave…)
—Solo me falta encontrar la puerta…—murmuró, sonriendo levemente viendo cómo su Bisshamonten desaparecía—Gracias, Star…—suspiró y miró su reloj que marcaba las 9:00 PM, se había demorado una hora. ¿Ya habrán llegado?.
Mientras tanto en la residencia Hyodo, cierta rubia de ojos verdes despertaba de su delicioso sueño viéndose el cuerpo lleno de mordidas y marcas rojas, sintiendo como algo espeso bajaba por sus muslos.
Sus mejillas se llenaron de rubor al instante mientras se sonaba los brazos. No llevaban ni dos días de haberlo hecho por primera vez y ya cogían como conejos en celo.
Mea culpa. Pensó tapándose el rostro con las manos, avergonzada consigo misma al reconocer que ella era el motivo por el que Issei se…incentivaba tanto.
Suspiró y se paró, la sábana cubriendo su desnudez mientras que buscaba sus ropas para ponerse en el baño.
Tomó una toalla, se la coloco y salió. Topándose con tres personas que provocaron que se detuviera y se ruborizara brutalmente.
—Ara Ara~—Venelana Gremory se llevó una mano a su mejilla, una pícara sonrisa presente en su rostro al ver a la ruborizada rubia—Con razón no supimos nada de ti ni de Ise-kun, se estaban divirtiendo~
—Se lo dije Venelana-sama—le dijo la Maid peliplata a su lado con una sutil sonrisa
—Lo sé Grayfia, pero esperaba que fuera por asuntos importantes y no por andar cog–
—¡Madre!—interrumpió Rias roja de los celos, solo siendo superada por el blanco de las burlas de la mujer de cabellos castaños parecida a su hija.
—¿Qué sucede?—preguntó inocentemente con sus ojos brillando levemente—No es como si Ise-kun y tú fuesen algo—sus palabras me cayeron como agua helada a Rias.
—Ugh…—soltó la pelirroja con un aura negativa a su alrededor, eso sí que le había dolido.
Venelana y Grayfia rieron levemente, antes de ver a la rubia que seguía parada allí como poste—Bueno querida—las palabras de la mayor entre todas la sacó de su trance, provocando que la viera—Conociendo a Ise-kun se habrá ido a otro lado apenas despertó
—No se preocupe…estoy acostumbrada a eso—su novio era así, uno de sus defectos y le amaba con todo y ellos.
La castaña sonrió, notando la mirada que poseía Arturia—De verdad se aman—le dijo con un tono feliz, colocando sus manos en los hombros desnudos de la Pendragon, aprovechando que su nuera consolaba a su hija—Arturia...—la nombrada presto atención a sus palabras apenas oyó su nombre salir de sus hermosos y pintados labios—Tú puedes ser de los mejores sucesos que le han ocurrido al pequeño Ise-kun…Pudiste sanar una pequeña parte de él…—el solo recordar como era aquel niño antes y después de todo lo que ocurrió, hacía estremecer su corazón—Será un duro camino para él…pero confío en que estarás a su lado para apoyarle en todo momento
Arturia solo sonrió ante sus palabras llenas de confianza—Cuente con ello, Venelana-san
La nombrada le acompañó con una propia sonrisa mientras la veía ir al baño y entrar en el.
Miro el suelo y sonrió de forma pícara al ver un pequeño rastro blanco salir del cuarto al baño—Ara~ Solo espero que esperen al matrimonio para los hijos
—Dudo que ese sea el caso, Venelana-sana
—He~
