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Sólo olvida el mundo
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Dos días. Hacía ya dos días enteros que la guerra había terminado. Pasé ese tiempo con mi familia, celebrando el fin de la pelea y llorando a nuestras numerosas pérdidas. El golpe más duro para nosotros había sido la muerte de mi hermano, Fred. La pérdida fue tan abrumadora que casi no parecía real. Sentía que de un momento a otro, Fred vendría caminando hacia la puerta y nos preguntaría el por qué de nuestras lágrimas en tan espléndido día. Supongo que aún me encontraba en la etapa de negación. Me rehusé a creer que él se había ido para siempre. Incluso pensando en él sentí el impulso de sollozar, pero supe que él se burlaría de mí al hacerlo.
Sin embargo, aún seguía pensando en él. Todo el tiempo, de hecho. Aunque en general lo hacía solo, afuera en el claro del lago. Había observado el agua y pensaba acerca de la vida, la muerte, y el fin durante horas. Nadie me había interrumpido, hasta esa noche en particular. De hecho, en esa noche las estrellas ya habían comenzado a mostrarse a sí mismas como el sol más allá del horizonte. Mientras yo miraba el resplandecer de esos cuerpos celestes en el cielo, preguntándome si Fred estaría en algún lugar allí arriba también, escuché un leve susurro detrás de mí.
—¿Ron?
Ya estaba dispuesto a decirle a aquél entrometido que se alejara, hasta que escuché su voz. Esa pequeña, tímida voz era la única a la que le permitiría entrar. Después de todo, no le había prestado demasiada atención a ella desde que la guerra había terminado.
—Hola, Hermione.
No fue hasta después de que dije esas palabras que noté que mi voz sonaba ahogada. Me aclaré la garganta y luego agregué: —Puedes sentarte a mi lado, ya sabes.
Ella se sentó sin decir una palabra. Luego de un momento, empezó a hablar.
—Ron, de verdad lamento todo lo que pasó esta noche y también no haber estado allí para ti. Pero como no sé si algo cambió entre nosotros, y como no soy parte de tu familia, pues, no...
—Hermione —le silencié, dándome cuenta de que ella se había guardado esas inseguridades durante los últimos dos días y que posiblemente entraría en crisis si no la interrumpía—. No te preocupes por eso. En parte también es culpa mía. ¿No podríamos olvidarnos de todo ello tan sólo por un par de minutos?
—¿Olvidarlos? Pero Ron, tan sólo han pasado…
Levanté ligeramente mi voz: —Hermione, lo sé, ¿de acuerdo? Pero aún no quiero hablar de eso.
Ella lucía demasiado temblorosa al intentar levantarse.
—Está bien, entonces yo… me voy, supongo…
No, no. ¡Eso no es lo que yo quería! Tomé su mano antes de que se alejara.
—No, quédate. Quiero que te quedes. ¿Pero podríamos simplemente… sentarnos?
—Puedes sentarte solo. En realidad no me necesitas aquí.
Pero sin embargo, a pesar del reproche ya se había sentado a mi lado. Yo aún seguía sosteniéndo su mano.
—Sí, lo necesito. Te necesito a ti.
La miré directamente a los ojos e intenté transmitirle todas las emociones que me hacía sentir; cuánto la amaba, cuánto la necesitaba en ese momento. Quizás me haya equivocado, pero ví en sus ojos cuánto le importaba y cuánta compasión sentía por mí. Quizás sólo lo haya soñado, pero podría haber jurado escucharla decir: —Yo también te necesito.
Entonces simplemente pasamos una hora así, juntos. Sin decir nada en particular. Nos recostamos sobre el terreno; mis brazos envueltos alrededor de ella, con su cabeza en mi pecho. Besé su frente a cada instante durante un tiempo, para demostrarle cuánto apreciaba que simplemente se encuentre a mi lado.
Varias veces, ella volvía su rostro para así poder besarme los labios.
Puedo decir con total honestidad que estar allí con ella y olvidarlo todo por unos momentos fue la mejor manera de pasar el tiempo. Y jamás olvidaré las palabras que intercambiamos justo antes de levantarnos para regresar: "Te amo".
