Capítulo IX

Drásticos Cambios.

EPOV

Idílico, no cabía duda alguna de que era un esforzado "hombre" que se desvivía por complacer a su mujer. La unión había sido más que gloriosa, nuestras esencias mezclándose y ver la cara de ternura con que momentos antes me miro mi amada antes de poseer su cuello, no tenía precio. Ahora era un juguete más del tiempo, tendría que esperar a que éste diera los frutos de lo acaecido en la mañana y ver su reacción después del momento de pasión.

Nunca antes había experimentado deseo sexual por ella, sabía que ansiaba de sobremanera una gota aunque fuese de su sangre, pero ya no era lo primordial, mi sed ahora estaba compuesta por sentir su diminuto cuerpo junto al mío cada vez que viera el más mínimo atisbo de pasión en su chocolate mirada.

Enfermizo, lo que sea, pero era lo esencial. Quizás el echo de casi perderla me hacia satisfacerla en gran modo o más veces. Había suplido una necesidad primordial en una relación y esperaba que el "esfuerzo" con que me entregada sirviera para reparar el daño causado.

Sentir su cálida respiración en mi frente, era algo que anhelaba también en otras partes, más no podía pedir más, su cuerpo estaba sufriendo los cambios propios del placer experimentado.

Lentamente salí de su interior conteniendo un gemido por la ausencia a la cual sometía mi cuerpo y el de ella. Miraba el techo como si fuera lo más entretenido que hubiese en la vida, ahora mi cuerpo yacía junto al de ella mientras abrazaba su pequeña cintura. Los pensamientos abundaban de un lado para otro haciendo énfasis en lo que sospechaba.

Sus necesidades humanas muchas veces quedaban atascadas en su vida al estar conmigo, no compartía con nadie más y una parte de mi ser se sentía egoísta por eso, pero al mismo tiempo era difícil dejarla ir y que realizará una vida feliz plenamente, no como lo hacia cuando estaba conmigo, siempre dispuesta a entregarlo todo si yo llegaba alguna vez a perder el control en uno de nuestros tantos viajes al paraíso.

A pesar del amor que le profesaba nuestra relación ahora contenía grandes dosis de sexo y a veces me abrumaba. No digo que no sea necesario, pero había algo que inquietaba mi alma, era la espina que desgarraba mi seco corazón hasta hacerlo padecer el más insufrible dolor imaginario.

¿Qué pasaría si yo un día le faltase?

Era cierto que los vampiros estábamos dotamos de fuerza, agilidad, belleza sobre humana y en mi caso un don en especial, pero nada nos aseguraba la eterna vida. El concepto de inmortalidad era significado de eternidad ante todo, ¿pero que pasaba si un día el alimento escasease? No quería convertirme en un asesino, preferiría morir de sed antes que quitarle la vida a un frágil humano solo para alargar mi estadía en este mundo. Las alternativas a una solución eran más bien escasas, pero confiaba que nuestro amor era poderoso y con ello poder sobrevivir.

Había muchos momentos en los que con cada embestida que daba a su frágil cuerpo, "veía" en mi mente lo que hubiese sido de su futuro: una mujer excepcionalmente bella, un trabajo estable en la profesión que estudiaría y una maravillosa familia.

Al estar conmigo le quitaría cada uno de los sueños que ella ahora no veía con claridad. El amor que sentía por mí pienso que la "cegaba". No dudaba de que ella me amará, pero ¿y si se arrepentía? –. Creo que no sabría que hacer, ver la cara de culpa con la cual me miraría, pero las cartas ya estaban echadas y su destino y el mío estaban escritos.

Notaba pequeños cambios en su cuerpo a medida que pasaban nuestros encuentros: su piel estaba mucho más suave y perfecta que antes, su vientre era un lugar donde mis ojos descansarían de manera feliz por mucho tiempo, su cabello estaba sedoso y brillante mientras que su temperatura había descendido notoriamente.

¿Qué es esto?

La serie de pensamientos me hacían reflexionar sobre mí actuar, pero se venían abajo cuando ella siempre reafirmaba que quería pasar la eternidad a mi lado. Supongo que los vampiros también podíamos tener algún tipo de crisis y esos pensamientos que habían echo tener una.

La respuesta que buscaba era simple y fácil: ella me amaba, yo la amaba y la eternidad nos esperaba.

Un instante filosófico lo tiene cualquiera y a mí hacia tiempo que me andaba persiguiendo para plantar la duda, pero el amor era más fuerte haciéndola disiparse e ir a implantarse a otro corazón, le mío le había cerrado las puertas para siempre.

Ahora quedaba solo una palabra que rondaba en mi mente: futuro. Tenía numerosas ideas y la que más próxima estaba a cumplir era nuestro matrimonio, luego seguiría con un viaje a algún destino que representará la eternidad y la vida, baraja un lugar en África, pero todo a su debido tiempo.

Mi ángel lentamente se removió entre mis brazos y su mirada capturo mis orbes dorados.

–Hola precioso, ¿cómo estás? –.

–Bien ¿y tú? –.

–Excelente– pronuncio estirándose en mi pecho. –Sabes quiero ir a dar una vuelta por los alrededores, quiero pensar en algo, ¿te molestaría si voy sola? –.

–Claro que no cielo, pero promete que irás con cuidado y volverás antes del atardecer.

–No te preocupes, volveré antes de que me extrañes. – dijo mi ángel con una nota de preocupación en su voz.

–¿Seguro que estás bien Bella?-.

–Claro que si tontito, solo quiero unos detalles insignificantes por ahí. – A un paso veloz para ella se deshizo de mi abrazo y se dirigió a colocarse la ropa para alejarse casi corriendo de la habitación.

BPOV

Tenía leves sospechas de lo que podía pasar ahora. ¿Pero entre un vampiro y una humana era posible?. Quería salir de dudas por lo que salí casi corriendo de los brazos de mi Edward. La ciudad tendría la respuesta a lo que me pasaba, había pensado hace unos días atrás acudir a comprar eso pero algo me detuvo.

Mientras Edward en la mañana me hacía el amor, mi cabeza no soportaba ninguna idea, iban y venían, pero no estaba enferma por lo que intuía.

Me dirigí en el volvo de Edward que tenía las llaves puestas, manejaba a toda prisa, pero siempre prudente hasta la ciudad, en el asiento del copiloto había un cd con caratula negra lo cual me llamo la atención tratándose de Edward, ya que él no era de ese estilo precisamente; al abrirlo y sacar el cd, cayo por entre mis manos una nota que me emociono profundamente:

"Esta canción refleja mi amor por Bella. Su belleza incalculable, su amor infinito como las estrellas y su vida la prolongación de la mía."

–Mi loco vampiro– pensé. Coloque el cd y mí sorpresa fue que al darle play al reproductor una melodía empezó a invadir mis sentidos:

BONITA

Tan solo una mirada en tus ojos
Una mirada y lloro
Porque eres tan bonita
Tan solo un beso y estoy vivo
Un beso y estoy listo para morir
Porque eres tan bonita
Tan solo una caricia y me enciendo
Una caricia y lloro
Porque eres tan bonita
Tan solo una sonrisa y soy salvaje
Una sonrisa y estoy listo para morir
Porque eres tan bonita
Oh y eres tan bonita
Cariño
Oh eres tan bonita
Eres tan bonita
Oh nena
Eres tan bonita
Y eres tan bonita, sí
Oh cariño
Oh nena
Y eres tan bonita, oh

–¿Him? – Vaya si que estaba romántico Edward, la canción había llegado directo a mi corazón, sin querer darme cuenta unas lagrimas tímidas bajaron por mis mejillas, pero –¿qué me pasaba que una sola canción me hacia llorar? – tenía que llegar rápido a una farmacia para solucionar el "problema".

Las calles pasaban lentas a mi lado, y si era sí, –¿Qué haría? – no sabía mucho del asunto, pero afrontaría las consecuencias de mis actos, aunque hallan sido de a dos.

Finalmente apareció frente a mis ojos la dichosa farmacia. Apague el reproductor de música y me baje con paso lento del auto, aún así me maree y tuve que afirmarme de la puerta del volvo. Inhala, exhala, inhala, exhala. El aire entraba de manera dificultosa a mis pulmones mientras sentía frio en mi cuerpo, ligeros temblores se adueñaron de mi cuerpo, pero no me di por vencida.

Tambaleante camine hacia la puerta de la farmacia, reuní toda la fuerza que había en mi débil cuerpo y empuje el cristal. No estaba a la vista en el sector de autoservicio, así que fui hasta el mesón.

–¿Señorita se siente bien? – me pregunto la dependiente.

–Necesito que me venda por favor un test de embarazo. – mi voz se oía temblorosa pero seguía siendo lo suficientemente fuerte como para que me escuchara la vendedora.

–Como no, de inmediato se lo traigo–. Al cabo de unos minutos la mujer volvió con la cajita entre sus manos. – Son $12 dólares–.

Le pase el dinero y tome la dichosa cajita que solucionaría mi futuro de alguna forma. Ya estaba más recuperada del mareo por lo que camine deprisa hasta el volvo. Tome asiento y deje en el asiento del copiloto el test.

¿Y si da positivo? –.

No encontraba una respuesta lógica puesto que él no era "humano".

¿Qué hago con un bebé? –.

La reacción de Edward no me la imaginaba. No estábamos casados ni nada por el estilo, además si estaba encinta él no me creería nada, puesto que él estaba "muerto".

Me mataban las dudas por lo que saque el instructivo de la caja y lo leí. Era fácil, ninguna complicación me traería hacer la prueba, solo me mataría la espera del resultado.

Puse en marcha el motor del volvo y me dirigí hacia mi casa. Al llegar al cabo de un rato inspeccione el lugar para ver si estaba Edward a la vista. Nada en las cercanías, por lo que entre y también vi si no estaba cierto vampiro loco. Despejado el paisaje subí a la habitación, eche el cerrojo solo para prevenir, aunque era ridículo, existía la ventana que era la puerta para Edward. El baño me llamaba y al estar con la puerta abierta parecía que se reía de mí.

Cálmate Bella, no puede ser algo tan terrible.

Hice la dichosa prueba y espere. El tiempo se hacia eterno, quería tener a Edward a mi lado ahora, pero no sabía donde estaba. El test reposaba sobre el lavamanos. Frío. Nervios. De pronto una musiquita empezó a sonar y vi mi celular era un mensaje de Edward.

Amor mientras saliste

fui a dar una vuelta yo también.

Nos vemos en un rato más.

Te amo.

Eres mi vida.

Genial. Lo único que me faltaba ahora, estaba sola mientras esperaba. El tiempo que antes parecía inagotable ahora llegaba a cumplir su parte. Estire la mano, lo tome entre mis manos, inhale una gran bocanada de aire y lo mire mientras recordé mentalmente las instrucciones: una raya negativo y dos rayas positivo. Gire el aparato hacia mi rostro y lo vi. Salí del baño y también de la casa. Necesitaba pensar por lo que me adentre un poco en el bosque que estaba en las cercanías de la mansión.

El aire acariciaba de manera tierna y gentil mis mejillas, alborotaba mis cabellos y traía consigo un leve olor a manzanas. –Manzanas que rico– pensó mi mente hambrienta, por lo que seguí ese embriagante olor, hasta que encontré mi objetivo: un hermoso árbol rodeado de manzanas rojas que representaban una tentación para mí en estos momentos. Como pude me subí al árbol que tenía unas especies de brazos que hicieron más fácil la subida.

La miraba, ella me miraba. Sabía que tenía que pagar por arrebatarla de su ambiente natural, pero la necesitaba. Ahora comprendía a Edward cuando me decía que podía apreciar el buquet sin beber el vino. Yo tenía el vino al alcance de mi mano y el buquet me estaba volviendo loca ya. Estire mi mano y la cogí.

De manera lenta la aprecie como una drogadicta a su línea y mi cuerpo ya no pudo aguantar más. Enterré mis dientes en aquel cuerpo frágil y jugoso, iba en mitad de la manzana cuando la rama del árbol en la cual estaba sentada comenzó a ceder y mi último recuerdo fue ver una sombra que se abría paso por entre los árboles.

Un dolor que me recorrió las entrañas fue el que me hizo volver a la vida. Estaba tendida en el suelo y unos ojos dorados me miraban preocupados.

–Edward, ¿qué paso? –. Me acordaba de la manzana solamente y nada más.

–Te caíste Bella del árbol y no alcance a llegar a tiempo, Alice me aviso, pero no pude evitar que te calleras. Tenías la mitad de una manzana entre tu mano.

–Ed me duele el cuerpo–.

–Claro que te tiene que doler si te rompiste las costillas parece, un brazo y una pierna– dijo de manera solemne, como él no estaba casi todos los huesos rotos. –¿Cómo llegaste tan alto? –.

–No lo sé, pero no era tan alto, además tenía antojos y al introducirme al bosque sentí un dulce olor a manzanas, y como ves, estoy aquí con mi esqueleto a medias– dije entre risas a lo que Edward frunció el ceño.

–Tiene que haber sido una gran altura para que te quebrarás los huesos de esa manera– de pronto su mirada se volvió oscura y se posiciono sobre mi cuerpo para descender sus labios sobre los míos. Empezó siendo un beso suave, el cuerpo me dolía pero no era impedimento para profundizarlo. Me soltó y busco con su mirada mis ojos, después bajo su cabeza hacia mi cuello y sentí como sus fríos colmillos acariciaban mi piel. Se posiciono mejor sobre mi cuerpo mientras con sus manos aferraba mis muñecas, humedeció con su lengua mi cuello por sobre la vena yugular, exhalo un frio aliento primero y luego sentí la presión de sus colmillos en mi piel.

–Nooooooooooo– grite de manera brusca mientras jadeaba. Edward no me soltaba y sentía que sus dientes estaban a milímetros de mi cuello.

–Siempre lo has querido y ahora no tengo miedo, se que resultará bien– dijo, yo quería ser como él, pero en estos momentos no podía.

–Si quiero…– dijo esto volvió a presionar sus colmillos en mi piel. – Paraaaaaaaa– le grite nuevamente.

–¿Por qué Isabella? – susurro sobre mi piel logrando que se me erizara el vello.

–Porque no puedes– le dije.

–Dame una razón de peso amor, esto te causara dolor solo 3 días, no soportaras la recuperación y el dolor que conlleva tener en tal manera los huesos quebrados como los tienes tú ahora–.

–Hay un inconveniente Edward–.

–Así, ¿cuál es? –. Estaba impaciente. Sus colmillos aún no se alejaban de mi cuello, mi respiración era agitada, podía sentir el rubor teñir mis mejillas de carmesí.

–Me siento mal Edward–.

–Pero esto te dolerá solo un poco, es más puedo darte mucho placer mientras te muerdo para que confundas el dolor con el placer–. La idea era exquisita, pero él no podía transformarme ahora.

–¿Edward perdiste todas tus facultades como humano? – inmediatamente se alejo de mi cuello y posaba su mirada sobre mis ojos.

–¿A qué te refieres Bella? –. La duda estaba impregnada en su angelical rostro.

–Algo resulto fuera de lo esperado, algo que ninguno esperaba–.

–No se me ocurre algo Bella, si al transformarme en vampiro perdí todo lo humano, menos mi físico. – dijo con voz triste.

–Te tengo una novedad o sorpresa que cambiará tu existencia–. Me miro sorprendido pero un brillo especial nació en sus ojos.

–¿Qué es Bella esa sorpresa? –. Los hechos quedaban, las palabras se las llevaba el tiempo muchas veces aunque sabía que en su memoria perdurarían por siempre. Tome sus frías manos y las pose en mi vientre.

–Estoy embarazada Edward–.

Silencio.

Y más silencio.

Minutos de silencio.

Aún estaba sobre mi cuerpo pero solo se escuchaba el silencio, su respiración estaba parada y la mía apenas se escuchaba.

–¿Edward? –.

Tenía miedo de su reacción, pero todas mis dudas se desvanecieron cuando su rostro se enterneció se una manera nunca antes vista por mí. Enterró su cabeza en mi hombro mientras se escuchaba un llanto que no tenía lágrimas salir de su garganta. Su cuerpo se convulsionaba y había relajado un poco su peso sobre el mío sin llegar a aplastarme del todo.

–Te amo Bella, a ti y a nuestro bebé–. Pronuncio en mi hombro para luego salir de su "escondite" para dirigir sus labios a los míos y formar una tierna unión de nuestras bocas.